Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Ángel Oscuro

(Dark Angel)

Un fic de Camaro

Traducción por Apolonia


"¿¡QUÉ!" Draco gritó, su innecesario chillido sacudiendo los muros de piedra de la cueva. Había sido obligado a permanecer en la ridícula taberna, y aunque en un momento había sido un arreglo temporal, declaraciones de Akasha fueron rápidamente confundiendo su esperanza de alguna vez ser liberado del lúgubre refugio. Era su escondite en un punto... ¿Ahora su hogar?

Nunca.

"¿¡Todavía vive?" Jadeó, respiros entrando y saliendo como fuego. Venas sobresalidas de sus sienes, y todavía se negaba a calmarse, meciéndose de atrás a adelante en una loca manera. Akasha miró hacia arriba, encontrando sus ojos en minué humor.

La oscura criatura era tan parecida a su hermano. Impetuoso, bullicioso, sumamente imprudente en cada sentido de la palabra. Era por estas razones que ella adoraba a los dos. Sus diferencias se basaban únicamente en la apariencia Porque Vegeta retenía la absoluta belleza e indiferencia de su madre, Draco era uno más masculino como su padre. Se dio cuenta por supuesto, que Vegeta parecía desde lejos a su padre reencarnado, pero lo conocía lo suficientemente bien para ver el fuerte parecido que tenía a Sasha. La maldita Reina del Inframundo, Incluso muerta la criatura le recriminaba, recordándole a Akasha a diario de su falla en dejar el trono a través de Draco. Él había sido el más grande. Ella ni siquiera había sabido de su presencia hasta que apenas había estado envuelta con el joven Vegeta.

Tan hermoso que había sido. Era tan joven. Vano y descuidado, provocando tumultos y muertes por donde quiera que sus huellas hubieran manchado la tierra. Lo había amado por estas razones, si realmente pueden creer que tal mujer pudiera verdaderamente ser inspirada con tal emoción. Akasha era la Demonio viviente de más edad. Al menos eso era conocido. Y en todo su tiempo, nunca había estado tan embelesada por un hombre. Nunca creyó que nadie pudiera cautivarla de la manera que Vegeta lo había hecho. Él siempre tendría un pedazo de ella que se había escapado el día que ella se había ido de la cama de Draco, sabiendo que al hacer eso, mantendría su lugar como Reina. Pero ahora estaba de pie, mortificada y ensombrecida en su propia engañosa falla.

"Escuché una vez que los guardias de la princesa relatando la historia a otro. Él está muy bien, descansando en su trono." Le informó, su voz muerta de emoción incluso mientras su espeso acento allanaba cada sílaba.

"Hasta ahora ninguno de los otros ha regresado. Sin duda han perecido en la guerra." Akasha, aunque hermosa en cada sentido de la palabra, estaba completamente vacía de cualquier sentido de dignidad o lealtad. Esto Draco lo sabía.

Siempre lo había sabido. No le había molestado que ella simplemente se hubiera sometido al único propósito de ser coronada por su Rey. Él lo hubiera hecho, ya saben. Hubiera establecido un buen premio sobre cualquier pedestal que hubiera deseado. Ella se lo merecía al igual que él.

"¡¿Entonces por qué no él?" gruñó, silenciosamente enfadado que ella ni siquiera había movido un pelo mientras su estruendosa voz sacudía las resistentes paredes.

"¿Por qué está mi hermano, el que yo quería muerto, bailando con el trono? ¡Debería estar muerto! ¡No pavoneando con su precioso pequeño Ángel en total, riéndose en mi cara por el mero hecho que haya sobrevivido a mi plan!" Arrojó su puño en la sólida roca, destrozando fragmentos de filosa piedra en el aire Akasha se veía menos que impresionada, sus perforadores ojos sólo estudiándolo con remota atención.

Hubo un tiempo donde él hubiera matado por su hermano. Un tiempo cuando él hubiera asesinado a cualquier alma que se atreviera a siquiera poner una mano sobre el hombro de Vegeta sin su aprobación. Había sido muy joven entonces. Menos sediento de poder. Menos monstruo. Pero su honor y orgullo habían sido destrizados, al igual que las irregulares piezas de roca que ahora yacían sin movimiento sobre el suelo. Él había robado el trono, y no fue hasta ese momento, cuando el corazón de su padre yacía descuidado sobre el suelo de mármol, que se dio cuenta cuanto había deseado el título.

Incluso podía recordar un tiempo cuando había deseado rechazar su Reinado. Nunca quiso la responsabilidad siendo joven. Había sido como cualquier otro adolescente tonto, queriendo un descuidado, libre estilo de vida por vivir como había elegido. Había odiado haber nacido en una vida que ya estaba decidida por él. Pero ahora había supuesto su "libertad", no quería nada más que clamar su lugar que había sido establecido antes que él hace mucho tiempo.

Todavía podía recordar cada vez que había sido a su hermano brutalmente manejado por su propio padre. Había crecido para aceptar este barbárico castigo como trato usual para el insolente, incluso yendo a tanto como para unirse. Sabría alguna vez Vegeta los sentimientos de remordimiento y arrepentimiento que habían surgido a través de su estómago esa noche, después de que esos episodios hubiera dejado a su demoníaco hermano inconsciente.

Había maldecido a su padre entonces. Maldecido al bastardo por instar en sus creencias que simplemente no eran verdad. No era normal ser tratado de esa manera. ¿Alguna vez prestaba atención el Rey a su segundo hijo excepto como un frente por su enfrascada frustración? Lo dudaba. Pero eso no importaba ahora, ¿o sí? Esos días de culpa y vergüenza terminaron. Ya no eran más niños, eran hombres ahora. ¿Entonces por qué las reminiscencias? No le serviría de nada a su negro corazón. Sabía eso.

"Hay otra manera, lo sabes Draco." Akasha parecía bostezar, obviamente frustrada por su falta de creatividad. La idea de extinguir a Dodoria había sido de ella, completamente. Draco levantó una ceja, preparándose para sorprenderse ante otra de sus revelaciones, con las que a menudo bendecía a sus oídos. "Juega su juego Draco." Se mofó salvajemente, sus afilados colmillos brillando incluso en la oscuridad de las sombras de la cueva.

"Secuestra a su preciosa Princesa." Escupió la palabra 'princesa' malvadamente, como si esa palabra fuera simplemente miserable puesta sobre su lengua.

"Es obvio que él ha sido capturado por ella, ahora hazlo pagar por su debilidad." Dijo cada palabra como si hubiera un profundo odio alineándose que se había sembrado debajo de su seno, pero él no prestó atención alguna a ese tono, simplemente maravillándose ante el fondo de sus oraciones.

"Hazlo entregar su Reino por lo que él... se preocupa."

Draco frunció el ceño, repentinamente dudando de sus palabras, aunque nunca lo había hecho antes.

"Mi hermano no es una criatura débil." Frunció el entrecejo. "Conozco su corazón... No rendirá al Infierno por un Ángel." Lo dijo dando por hecho, una oleada de ira brilló en los cristalinos azules ojos de ella, extraños al normal ónix de su raza. Pero perezosamente cerró sus ojos, recordándose de la insolencia de los hombres. Idiotas, Tal vez si intentaran pensar con sus cabezas y no tan seguido con sus penes, algo en realidad podría hacerse por aquí.

"Te olvidas de mí muy fácilmente Draco." Ronroneó, dándole la mirada que había capturado las mentes y corazones de innumerables hombres que había encontrado.

"Puedo ver el pasado mi joven Rey." Usó su supuesto título en burla y halago, sin prestar atención a la indignada mirada que él intentó suprimir detrás de su usual máscara de indiferencia. Pero conocía esa mirada. Era común entre los hombres de su línea familiar.

"Vegeta está destinado a enamorarse de ella." Sentenció, su mente corriendo carreras con visiones del pasado. Las vidas pasadas que alguna vez había intentado bloquear. ¿Realmente había sido todo hace tanto tiempo? Parecía sólo hace una semana atrás que había rogado ser liberada de la maldición de ver lo que pocos otros podían. Sí, había otros que tenían el "don"... pero al mismo tiempo. Se sentía sola. Nunca había pedido ver lo que los hombres habían hecho en vidas anteriores. No quería saber, porque al ver tales cosas, uno casi podía predecir el futuro. Porque a menudo... la historia y el destino se repetían.

Y como si fuera cierto en el caso de su amado Rey Demonio, ella perdería más que su oportunidad a la Realeza. Pero las cosas no siempre eran iguales. Vegeta nunca había tenido un hermano antes. Al menos no que ella hubiera visto en las dolorosas visiones a través de sus recuerdos. Él le había preguntado una vez... lo que había visto... qué veía cuando lo miraba... Ella había respondido sólo lo que había sabido que sería mejor en su interés. Nunca le había dicho la verdad. Nunca.

"Él está destinado a renunciar a una vida de realeza y honor por ella. El último sacrificio por ella. Todo lo que puede dar." Sonrió. Fue seguido el ejemplo por Draco, un oscuro brillante hormigueo destellando en sus despiadados ojos.

"¿Y cuándo lo hace?" Preguntó, aunque ambos sabían que la respuesta no tenía fin de ser dicha.

"El Rey Oscuro no es invencible. Cuando entregue lo que es suyo, ambos perderán todo lo que les quede para dar... todo."


En los siguientes día y medio, Vegeta durmió profundamente. A veces, ella tenía que moverse de un lado a otro de la cama para evitar ser aplastada por sus temblorosos puños mientras él luchaba contra sus oponentes de pesadilla. Ocasionalmente, él gimoteaba incoherentemente, y ella se inclinaba más cerca, sus oídos estirándose para entender las galimatías que escapaban de sus gruesos labios. Luego, en la noche mayormente, se encontraba completamente parada en la cama, rudamente despertada por sus gritos y gruñidos a sus enemigos. Incluso había gritados palabras que nunca había escuchado antes. ¿Kakarotto? ¿Trunks? ¿Y qué Demonios era Saiyajin?

En ese momento ni siquiera había intentado entender, arrastrándose sobre él, y vacilante quitando las tiras de metal que marcaban su pecho donde su armadura había sido rota en cientos de pedazos. Había quitado cada parte, algunas tan pegajosas y empapadas en sangre seca, que había tenido que arrancar mientras haciendo tan simplemente para evitar inducir el vómito. Y así... en nada de tiempo, fue liberado de su apretado material negro, cubierto por repugnantes cantidades de carmesí.

Todavía no había quitado el charco de sangre de sus mejillas, con miedo de hacerlo, por si lo despertaba. La idea era inquietante en sí misma simplemente porque no quería saber las consecuencias de él despertándose por ella agachada sobre él y sacándole la ropa. Cualesquiera que fueran los resultados, estaba segura que no serían buenos.

Él no la amaba. Y ella se negaba a abrir sus propios mezclados sentimientos por él. No... no, ella lo amaba. Eso era evidente para ella y Radditz solamente. No era algo que hubiera descifrado por sí misma, juntando conclusiones. Ni siquiera había sido la clase de pensamiento que golpea como una bofetada en al cabeza. Era simplemente. Simplemente era... Ella No estaba enamorada... no... eso era demasiado serio. Pero le había dado algo a él que nunca podría recuperar, sin importar lo que el sombrío futuro deparase.

Gohan había entrado en su habitación. Er... la habitación de VEGETA... cuando el Demonio había despertado.

Gohan no había estado llorando. No... ese periodo de dolor había terminado para el joven guerrero. Había sido un temporal lapsus en fuerza, algo que el pequeño soldado no tuvo duda de castigarse interiormente por ello. Pero una triste mirada había parecido tener permanentemente adherida a sus ojos. Una distante mirada que gritaba dolor oculto.

Y así... contra los propios deseos del niño, ella lo había puesto sobre su regazo, acunándolo en su fuerte abrazo. Se preguntó si el niño sabía que no estaba haciendo esto no tanto por él sino por ella misma también. Necesitaba a alguien de quien sostenerse, tanto como él, aunque él se negaba a reconocer esa noción exteriormente.

Ahí fue cuando sintió la temperatura en la habitación iluminada desde un gélido frío a un cómodo calor. No era de ira, sólo que estaba consciente. Ella escuchó sus patrones de respiración ir de lento y profundo, al usual entrar y salir. Pero negó que su resentimiento corporal en ser negada una mirada a sus expresiones faciales se mantuviera. Se negó a mirar en dirección donde se había enredado entre las sábanas.

Gohan pareció no notarlo, reducido a una pequeña, cálida bola de comodidad de ser ubicado bajo el peso de su hechizo. Ella apretó su agarre sobre él, enterrando su rostro en su indomable enredado cabello.

"Lirto a muy tarte. Muy falto embracio agape." Susurró en su oído, silenciosamente esperando que el observante Vegeta no hubiera escuchado. Besándolo tiernamente sobre la frente, colocó al adorable pequeño demonio de pie, liberándolo para pasear fuera de la tensa habitación. ¿Había sido Vegeta alguna vez tan inocente y pequeño? Lo dudaba.

"¿En qué idioma fue eso?" Sonó la débil voz de Vegeta. Ella se volteó para mirarlo frunciendo el ceño profundamente, sin duda perturbada por el tono de sus palabras. Maldita la criatura era atractiva, incluso mientras yacía contra el respaldar de la cama.

"Una antigua lengua Angélica que mi padre me enseñó." Ahora, ¿era sólo ella... o él había temblado cuando ella dijo padre? Qué raro.

"El niño no te entendió." Sentenció con firmeza, pareciendo casi indignado con ella. Ella no estaba exactamente sorprendida. Era muy de él. Imbécil. Pero simplemente sonrió suavemente en acuerdo, no exactamente segura como actuar en torno a él.

¿Alguna vez hacen eso? Un minuto son libres y valientes alrededor de una persona... y luego tan pronto como se dan cuenta que tienen sentimientos por ellos... ¡WHAM! Ahí termina... y están luchando por clasificar las palabras y preguntas que pudieron haber jurado no hubieran traído problemas antes.

"No. No... no entendió." Rió casi nerviosamente, esas malditas mariposas rebotando en las paredes de su estómago. Malditas criaturas. ¡¿No tenían a alguien más a quien podían estar intimidando?

"Pero entonces, realmente no lo necesitaba."

"Qué dijiste." Preguntó casi curiosamente, una emoción que ella había visto brillar en él miles de veces antes. A pesar de su nerviosismo y complejos sentimientos, todavía estaba tan feliz de ver al bastardo vivo, incluso si su sentido de gratitud se había escapado de él por el momento. Típico.

"Lirto a muy tarte. Muy falto embracio agape." Él le frunció el ceño, intentando tontamente cruzar sus brazos sobre su pecho. La respuesta que recibió fue enorme en magnitud como el material negro cubriendo su brazo puesto sobre la carnosa herida sobre su pecho. Hizo un gesto de dolor sólo internamente, nunca mostrando el dolor detrás de una despreocupada máscara.

"Quiero decir en mí idioma." Hizo un hmph en arrogancia. Insistente.

Ella cruzó sus brazos repugnantemente, mirándolo de nuevo duramente a través de una furiosa fachada. Pero... supongo que técnicamente no era una verdadera "fachada". Realmente estaba molesta por sus descaradas demandas.

"¿Por qué debería?" Demandó enojada en respuesta. No podía importarle un carajo en el momento si todavía estaba al borde de la muerte. Estaría condenada si la mortalidad sobrepasara la cortesía.

"Sólo me llamarás idiota... ¡me acusarás de hacer suave a Gohan!" Dijo, sólo ligeramente sorprendida cuando los ojos de él se acostumbraron a la levemente dolorosa expresión y tocó el área junto a él en la cama.

"No..." le aseguró amablemente mientras ella tomaba su bastante apetecible invitación, acurrucándose debajo de las cómodas cubiertas y recostándose de costado, mirando lejos de él.

Realmente deseaba que pudieran simplemente dejar el tema, pero incluso pedirle a Vegeta por tal regalo era inútil y básicamente nunca sucedería. Su curiosidad era casi tan fuerte como su maldito orgullo. Suspiró, rindiéndose.

"Quiere decir... sé fuerte, te abrazo porque te quiero." No había esperado una reacción... así que pueden imaginarse por qué jadeó en un profundo respiro mientras los fuertes brazos de él se envolvieron sin galanterías alrededor de ella en un abrazo.


Tan tan cansada... no puedo leer palabras... debo ir a la cama... oh... tengo más fan art... muy bueno. Amor Camaro