Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Ángel Oscuro

(Dark Angel)

Un fic de Camaro

Traducción por Apolonia


"Ella lo mató..." había dicho él, mirando fijamente hacia arriba al gran, ensangrentado techo. Aunque por fuera, podía permanecer con la misteriosa y engañosa calma que siempre se había recompensado, por dentro estaba reviviendo todo el calvario. Cada segundo, cada momento. Y lo desgarraba.

¿Cuánto tiempo atrás había sido todo que había decidido huir para siempre de las mujeres? ¿Fue el día que Akasha dejó el marcante periodo cuando subconscientemente se había cerrado de ellos? ¿Se había prometido que nunca de nuevo se permitiría que una se infiltrara en su mente? Imaginó que sí. Pero estaba secretamente decidido que en el momento que ella había empujado a su primer nacido al hoyo de fuego, que nunca confiaría de nuevo en las miserables criaturas. Tal vez ni siquiera había sido consciente del profundo odio que se sembró y se expandió dentro de su ser ese día, pero supuso que no importaba. La lección estaba aprendida.

Pero eso no quitó el dolor. Había pasado mucho desde que había intentado convencerse que era para mejor, sus razonables orígenes seduciendo sus pensamientos en creer que no importaba. Era demasiado joven para haber sido un padre. Sólo tenía 16. Así pareciera de su edad o no, merecía la libertad que se asociaba con ella. Además, era sólo un bebé. Sólo una bestia sin nombre y gritona nacida de una engañosa puta que debería haber matado tiempo atrás. No era raro. ¿Entonces por qué debería importarle un carajo? Fue sólo un error. Un gritón, berreante, implacable pequeño error. Un nada. Ella le había hecho un favor. ...¿verdad?

Cerró sus ojos, toda la escena corriendo una y otra vez a través de su cabeza y representándose como una película para que sus retinas atestiguaran.


"Él es tuyo... Vegeta." Pronunció ella, su rostro retorcido con feo asco. Él podía todavía ver esa despreciable mirada plantada a través de sus facciones mientras mantenía a su hijo suspendido en el aire de una pierna. Lo estaba sosteniendo de la pierna... ¡la pierna! Y tan lejos de ella como era posible. Como... como si tocara la cosa como cercana aproximación y le arrojara un hechizo sobre ella, o infringiera una enfermedad incurable.

Pero a pesar que incluso fingió incredulidad y desconfianza, lo había sabido. El incesante gemido de sus poderosos pulmones. Ese increíble ceño fruncido y furioso cabello negro. Y la penosa criatura estaba pateando y retorciéndose sin descanso, obviamente enfurecida ante el ardiente calor y la incómoda posición. Incluso entonces, incluso a esa edad. Debió haber sabido cuan mal estaban las cosas. Debió haber sabido que no era querido... Y Vegeta cerró sus ojos de nuevo. No querido... Su hijo nunca debió haberse sentido de esa manera.

"Él es tuyo," repitió ella, como si al decir la noción dos veces removería la miserable verdad de las palabras. Él sólo miró. Sólo se sentó allí mientras ella sostenía a su hijo demasiado cerca del fuego, las llamas aventurándose peligrosamente cerca de la suave piel de bebé. Todavía podía escuchar los gritos. Los gemidos penetrando sus oídos pero mayormente fluyendo como un mal sabor en su intestino.

Una repugnante sonrisa se hundió en el deformado rostro de Akasha. Fue en ese momento que la verdadera, alocada criatura había sido revelada, horrible y desenmascarada. Estaba vacía... como nada más que un bonito cuerpo siendo la herramienta de una monstruosa bestia. Como si, aunque su cuerpo hubiera sobrevivido y prosperado a través de los años, su alma se hubiera podrido a nada dentro de ella. Estaba muerta.

"Besa a tu hijo, Vegeta." Sonrió, nunca dejando su mirada mientras arrojaba al gimiente niño al rojo fuego. Podía oler la carne quemarse en su nariz hasta este día. Pero en el momento, no se había movido. Quizás, quizás podría haberlo detenido. Podría haberlo hecho. Podría haberlo detenido. Pero no lo hizo.


Jadeó en voz alta, un abandonado grito escapando de su misma alma. Sólo vociferó un arrebato, cerrándose y ocultando el resto. Se acurrucó, enterrando su rostro en sus manos y mordiendo sus labios para opacar el agonizante dolor que rompía su cuerpo mientras una y otra vez veía, escuchaba, y olía la muerte de su hijo.

Pero Bulma estaba allí. Como siempre estaba allí, aferrándose a él en esa manera de necesidad. Se abrazó a su brazo, su otro brazo a través de su espalda mientras él jadeaba por respirar. Sabía que él no podía llorar. Sabía eso. Cualquier parte del alma de una persona que permitía la liberación había sido desgarrada de él hace mucho tiempo. Era su maldición, pero para él era una bendición. Como Demonio, no tenía duda que había sido maltratado y arrancado de toda emoción. Mataba un espíritu y distorsionaba el periodo regular de llanto por el que un niño pasa. Sin duda, las lágrimas se habían extinguido cuando él era sólo un pequeño niño. Era un milagro en sí mismo que hubiera llegado tan lejos. Estaba lamentándose y ella supuso que era la primera vez.

Rascó sus uñas a lo largo de su espalda, suavemente calmándolo mientras los jadeos iban y venían. En este momento, él no estaba en control, tan obviamente reviviendo las escenas y recuerdos que había intentado olvidar. Pero no debía olvidar. No estaba bien. Simplemente no lo estaba. Incluso si lo hacía para calmarse, no mostraba ningún honor a su hijo.

"Ella lo arrojó a los fosos del Infierno. Justo frente a mis ojos..." soltó sólo un gemido, revelando solamente tembloroso labios bajo el abrigo de sus codos.

"Lo hizo frente a mí... y ni siquiera fui lo hombre suficiente para detenerla. Ni siquiera lo intenté."

Tanto dolor ató sus palabras y cada una se hundía como una roca en su estómago. Él era un monstruo. ¿Por qué tenía que estar tan tonta por él? Pero incluso después de su confesión de acciones imprudentes hacia la vida de su hijo, no podía odiarlo. Odiaba que no lo intentara, pero él se odiaba a sí mismo. Era suficiente. Cómo podía pasar el juicio. Lo estaba pasando sobre él todos los días.

"Ni siquiera tenía un nombre." Jadeó, ira penetrando cada palabra como agua empapando una tela.

"Ni siquiera tenía un nombre..."

Vegeta pudo no haber sabido, pero ella sí pudo decirlo. Se había dado por vencido ese día. Renunciado a tanto que a una vez tuvo que irse. Había renunciado a la esperanza. Había renunciado a su hijo. Su confianza. Su compasión. Había desperdiciado en un día, ahora sólo una descorazonada caparazón del hombre que podría haber sido. Si sólo las cosas fueran diferentes. Qué gobernante podría haber sido. Qué noble criatura.

Pero ahora estaba manchado. Hecho jirones. Corrupto. Arruinado.

¿Pero algo de eso realmente le importaba a ella? Se preocupaba por él, sin corazón o no. Y entendía por qué el Demonio despreciaba tanto a Akasha. Ella lo había matado. De una manera u otra. Lo había matado. Le había quitado a la única persona que había significado algo para él. Y destrozado el amor que podía haber sido sembrado. Mató a la única persona que podría haberlo entendido alguna vez.

Tiernamente envolvió sus brazos alrededor de su cuello, obligándolo a acercarse más a ella. Él enterró su rostro en su cuello, cerrando sus ojos y permitiéndose, por tal vez una única vez, controlarlo. Sometió cada músculo de su cuerpo a su tranquilizante tacto y ella corrió cautelosamente sus dedos de arriba a abajo por su cincelada espalda. Acarició su salvaje cabello, pasando sus dedos a través de las indomables puntas y masajeando su cuero cabelludo en un gesto que lo hizo ronronear. Era un suave casi gemidor ronroneo, pero era adorable a la vez.

Aunque quería entender a Vegeta, sabía la verdad, que no podría lidiar con todo. Había demasiado dolor. Demasiados horribles recuerdos. Y aquí estaba ella, un Ángel... un supuestamente comprensivo Ángel, enorgulleciéndose de ser el epítome de la lógica... y sin embargo había sido la primera en juzgarlo y dictar que era una causa perdida. Eso, fuera de otra cosa había sido una cosa malvada.

Era tan fácil nunca conocer el rostro detrás del nombre. Tan fácil permitirse asumir que no hubieron acontecimientos previos que había creado la maldad en un corazón. Pero ahora lo sabía. Sabía demasiado y no había vuelta atrás.

Pero no quería.

Simplemente quería abrazarlo, llorar suavemente. Por él... pero también por su hijo. Tal vez las únicas lágrimas que habían sido derramadas por la muerte del bebé.

Lo abrazó fuertemente hasta que recuperó el control, alejándose para mirar seriamente en sus ojos. Aunque intentó ocultarlo, el dolor todavía estaba allí, tirando de sus párpados inferiores.

"Después de eso, me hice más fuerte." A decir verdad, se había hecho más fuerte en la misma manera que su padre lo había condenado a hacerse. La auto tortura. Cada día podía recordar el insano entrenamiento, a veces con Nappa, pero más secretamente solo. Nappa no podía haber sabido las incontables horas que él simplemente había gritado en horror mientras su cuerpo era desgarrado por los salvajes ejercicios y despiadadas rutinas. Se empujaba al borde de la locura, a veces impulsándose de nuevo una vez más.

Una vez en dicho episodio, había volado justo en el corazón de un Demonio de fuego, quemando las ropas que había poseído en su piel, el dolor era de inconmensurable magnitud. Pero lo había amado. La emoción, el dolor, la agonía. Lo merecía. Lo había querido. De hecho, por tanto como podía recordar. Había querido morir.

Si no era lo hombre suficiente para proteger a su hijo en el presente, lo arreglaría en la otra vida. Si iba a ser un padre, era todo o nada. Realmente había sido Radditz quien lo había salvado de su prematuro suicidio. Como si los suicidas pudieran ser llamados oportunos. Mala elección de palabras.

"Detente Vegeta." Había dicho, mirando sólidamente en los adoloridos ojos de un muchacho de 16 años roto. Había agarrado sus hombros, intentado sacudir la mirada de muerte de las piscinas de ónice sin vida.

"No te castigues Príncipe. Piensa tu venganza cuando sea debido." Y así Vegeta... tal vez por primera vez... había escuchado.

"Imaginarías que hubiera tomado mi desesperada venganza sobre Akasha directamente. Podía haberla desolado en la nada que se achica dentro de ella. Pero me decidí por sobre táctica." Nunca lo había dicho... por supuesto que no... pero no había destruido directamente a Akasha porque no había podido. Todavía sentía cosas por ella. Siempre lo haría.

"Me volví más fuerte... más fuerte que nunca. Más fuerte que Draco... pero más importante, más fuerte que mi padre." Pedazos de inmaculados rompecabezas se juntaron.

Vegeta se había vuelto más fuerte, y en lugar de matar al culpable, había planeado una venganza incluso más grande. Construir el suficiente poder para robar el trono. El último de los sueños de Draco y Akasha.

"Así que ves mi Ángel... Akasha no sólo fue mi prometida... Fue y es mi enemiga. Mi torturadora. Pero también... es mi inspiración. A través de ella, me volví lo que soy. En ella, obtuve la última meta de Reinado. En ella, me encontré e mí mismo." Sus palabras tenían un tono inquietante, como habían sugerido que él básicamente había sido amoldado en el monstruo que ella observaba en sus brazos.

"Puedes imaginar que no mucho después de mi coronación, ella dejó a Draco, para nunca ser vista o escuchada de nuevo hasta la noche de tu ceremonia." Respondió como un pensamiento posterior. Bulma sintió esa constante, insistente picazón que la alertó del hecho que era su señal para hablar. Le sonrió cálidamente, sus manos cayendo casi subconscientemente en sus mejillas, sosteniendo su rostro a sólo meras pulgadas del de ella.

"Pero Vegeta," cantó suavemente en esos impenetrables ojos. "Eso fue hace ocho años atrás. Puedes empezar una nueva vida ahora. Olvídalo. Comienza de nuevo. No estoy diciendo que deberías olvidar, pero tal vez la vida te ha dado otra oportunidad. Una oportunidad de ser quien eres."

Su sonrisa se amplió mientras la triste mirada era reemplazada casi por fresca aparente convicción que había sido establecida dentro de los ojos de él.

"Puedes hacer tanto Vegeta. Sé quien quieres ser. Piensa lo que quieras pensar. Haz lo que quieras hacer. Ama..." Sus ojos vacilaron ligeramente de los de él y era casi seguro que él había notado mientras el ligero rubor se deslizaba en sus mejillas.

"Quién quiere amar." Ni siquiera podía enderezar sus ojos, y así los había dejado caer a su regazo, sus manos dejando sus hombros y fingiendo donde sus ojos se encontraban. Pero Vegeta no estuvo atraído de su aniñada reacción. Estaba nervioso y enojado, no con ella, sino con la repugnante verdad de toda la situación.

"No... no es así de simple." Suspiró, alejando la mirada de ella, sus ojos aparentemente fascinados con la pared. Había algo sobre ella que él apenas podía ver. Cada vez que se asomaba en las interminables profundidades, veía un hermoso padre de edad que había perecido innecesariamente en sus brazos. Pero no era tanto la escena mental lo que lo perturbaba, sino las palabras que ella había dicho.


"Sabía que había fallado... sabía cuando la secuestraste, que no sólo habías tomado su cuerpo... sino también robado su corazón."


Las palabras de su padre hacían eco con remordimiento a través de su mente mientras había mirado en esos claros plateados ojos. No podía mirarla imaginando, tan loca como era la idea, que estaba lastimándola. Él era ciertamente un cruel, malvado monstruo. Pero no podía soportar ver dolor filtrarse en los ojos de la única persona a la que se había abierto en tanto tiempo.

Mientras que la fuerte idea de ser débil estaba presente mientras derramaba sus asuntos confidenciales, secretos que alguna vez se había prometido que nunca pronunciaría, la sensación de liberación se estaba agraciando sobre él. Tuvo la extraña sensación de refresco al ser alivianado de una pesada carga. Extraño en efecto.

"No es tan simple." Repitió, encontrándose perdido en sus pensamientos. Ella miró sólo remotamente acomodarse en sus palabras, de lo que él podía ver. Así que continuó lentamente.

"Akasha sabía cosas Bulma. Seguramente sabes esto." La miró inseguramente mientras ella asentía. "Ella estaba bendecida con el don de la vista. Ver las vidas pasadas que uno ha vivido. Me dijo cosas princesa... le pregunté y me dijo." No podía hacerlo. Mierda. No podía mirar en sus ojos y ver algún dolor que sus palabras pudieran causar.

Pero realmente importaba. Era bastante posible que la pérdida de sangre de su padre lo hubiera derrocado sobre el borde de la locura y sus palabras fueran insensato balbuceo de un vacío senderista. Pero algo sobre la manera en que ella se preocupaba por él convenció a su consciencia de lo contrario.

"Estaba destinado a estar con ella. A someterme a nadie más. Éramos..." Tragó odiando las palabras que quería decir. "Estábamos destinados a estar juntos. Es el destino. Acepto el destino, pero elegí no residir su posición. Yo hago mi propio destino, pero eso no percibe que no estuviera destinado a ser."

Ahora imaginaría que en este punto Vegeta no estaba exactamente seguro qué sucedería después, pero nada podría haberlo preparado para el sollozo desgarrador que explotó a través de la tranquila habitación mientras el Ángel comenzó a llorar.

Estaba shockeado y perturbado. Había pensado que había dicho la verdad cuidadosamente y con gusto. Aparentemente se había equivocado mientras ella rechazaba su confortante tacto, alejándose de su intencionado abrazo y trepando al otro lado de la cama, lejos de él.

Sólo se sentó allí gimiendo mientras él miraba en confusión y casi desesperación. Pero... ¿qué debía importarle? Entonces qué si la perra había salvado su vida. ¿Y qué? ¿Eso quería decir que tenía que caminar sobre vidrio a su alrededor? ¿Y por qué carajo estaba llorando de todos modos? Criatura emocional.

Pero eso reveló incluso más información por sí solo. ¿Por qué estaba llorando? Algo le gritó. "¡DAH!" pero gruñó ante la observación. ¿Estaba su padre diciendo la verdad después de todo? Supuso que no tardaría mucho en averiguarlo. ¿Pero cuál sería su reacción? Ni siquiera sabía la respuesta a eso.

Y así simplemente había esperado, una cómoda distancia lejos de la gimiente criatura de cabello claro. Finalmente ella se enderezó, mirándolo enfurecidamente a través de llorosos ojos.

"¡¿Es mi destino amar a alguien que ni siquiera puede amarme en respuesta?" Hirvió. Sus puños estaban tan apretados que sus nudillos se volvieron blancos y las venas se estaban estirando.

"¡¿Lo es?" Gritó. Esquivó mientras el lavabo estaba lanzando malvadamente hacia su cabeza, el bote de porcelana rompiéndose en la pared detrás del respaldar de la cama y agua mojando su cuello y hombros. Estúpida perra. Pagaría por eso.

"¿¡Es mi destino preocuparme por un cruel monstruo que nunca podrá sentir lo mismo?" Gritó, lágrimas cayendo a cascadas como magníficos ríos por sus húmedas mejillas. Su respiración entraba en rápidos, afilados jadeos.

"¡Debí saberlo!... ¡Mi padre también puede ver el pasado!"


¡OUCH! ¿Qué diablos? Ooohhh... esto se está poniendo más grueso gente. Bien, con suerte este capítulo compensó el desastre del capítulo 29. De nuevo. Lo siento por esa pobremente escrita creación. Estaba tan cansada que ni siquiera podía recordar lo que había escrito en la mañana. Pero tengo un favor para pedir. Mi niña Ryoko está pasando por enormes mierdas en este momento. Tal vez estaría increíblemente agradecida si le envían sus pensamientos de aliento para mantenerla en sus oraciones. Gracias muchachos. Sé que será apreciado. Amor Camaro También, me gustaría aclarar una cosa. No arreglo problemas de ortografía... quieren saber por qué... porque no me importa un carajo. Si a ustedes sí... entonces escriban su propia historia y al carajo con la mía. Gracias.