Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Ángel Oscuro

(Dark Angel)

Un fic de Camaro

Traducción por Apolonia


Dark Angel - Capítulo 33

Siguiendo la amplia mirada de Vegeta, los negros ojos de Radditz observaron a una pálida y temblorosa caparazón de Bulma. ¿Era incluso ella? ¡Dios mío! Era un desastre por decir lo menos, porque sus normalmente brillantes ojos se habían misteriosamente fundido y mantenían una mirada casi nublada. Como, si dos meras nubes tubulares hubieran mirado sobre la vaina de plata que normalmente brillaba entre sus párpados.

No reunió sus ojos con los de ellos por largos momentos, extraño porque nunca mostró ninguna cantidad de miedo o temor en lo más mínimo. Ella era la clase de mujer con nada sino su orgullo sostenido en su manga, peligrosa y valiente como un guerrero pero maldecible y tonta como un alfeñique. pero ahora la orgullosa indomable criatura estaba de alguna manera fascinada con la pared de piedra. Su mirada no dejaba la grieta alineada verticalmente a las rocas, situada sobre otras desde hace siglos y siglos atrás.

Miraba casi sin vida. Como... una especie de repugnante cadáver que un barbáricamente demente ser querido había sentado derecho como un símbolo a la verdadera vida. Como una sombra. Él juró que en cualquier momento dado su frágil figura podría posiblemente marchitarse a nada y colapsar sobre el suelo. Casi podía escuchar el sonido de presagio de un cuerpo muerto golpeando el suelo con la cabeza en ese repulsivo que siempre venía.

Sus labios normalmente de rojo líquido se habían vuelto una sorprendente sombra de casi blanco, la clase de blanco que sólo se puede asociar con las almas fallecidas, porque era una señal exterior de pérdida de sangre en el cuerpo. La única señal que dio alguna cantidad de confort era el hecho de que a pesar de sus carnosos colores, temblaban con vida.

"¿Mi... Mi padre está... muerto?"

¡OH MIERDA!

Imaginaría que era este momento exactamente cuando toda la trivial situación comenzó a comprenderse para nuestro amigo Radditz y un apagado... frío de frente se acomodó escalofriantemente en sus intestinos. Como un gélido viento helado que había envuelto sus intestinos en una bola y los estaba manteniendo como rehenes.

Ahora como un mero susurro de una pequeña mujer, lo siento Ángel, podía silenciar absolutamente a los dos Demonios más fuertes que habían vivido alguna vez... Bueno... Decir lo menos es sorprendente. Pero no estamos exactamente hablando sobre un Ángel normal, ¿o sí? De hecho, estamos hablando de Bulma... ¡lejos de normal! Y creo que es seguro decir que cualquier reserva que todavía hubiera tenido se fueron cuando comenzó a temblar tanto como su débil cuerpo.

Sus muertos ojos sin vida se deslizaron perezosamente para descansar sobre Vegeta y con su peso una segunda ola de aire frío se instaló en su pecho. Las cosas se iban a poner mal. ¿O no?

"Mataste a mi padre." Las palabras eran planas. Sí... muy planas. Como si ella estuviera simplemente leyendo la oración de algún libro en su cabeza. Pero con simple conjunto de vocales y sílabas yacía una profunda, intangible finalidad. Como si con una corta frase, cualquier atadura o invisibles cuerdas que la ataban a Vegeta fueron repentinamente rotas, separadas. Estaba libre de su control. Había sucedido tan rápido. Pero sabía que no volvería. Algo simplemente había sucedido. Algo grande e insustituible. Permanente.

Sus ojos se encendieron con fuego, ¡la llama como nunca él hubiera visto! Porque los espejos de cristal reflejaban ambos fuego y hielo, ambos tan exasperantes que parecían encender su piel en llamas cuando la tocaban. Era como nada... NADA que alguno hubiera visto antes. Fuego azul. ¡Del tipo más caliente!

Si pudieran cambiar la condición de Bulma a algo, diría que debería personificar un puente. Por su carácter, su ser, su gran cordura eran como un puente de madera, maltratados y abusados arrojando rampantes embestidas de viles olas. Pero su estabilidad fue rota, y lo que siguió fue su misma voluntad de vivir. Rota como pernos que alguna vez habían sostenido este puente.

¡Destrozados en polvo!

Tomó lo primero que sus necesitadas pequeñas manos pudieron agarrar... lo que consecuentemente había sucedido ser el espeso candelabro de metal, completo con ardientes velas, arrojándolo con fuerza sobrenatural directamente a su rostro. En un momento en su estadía a través de la noche, había admirado esta fina, cara pieza de arte del Infierno. Ahora la admiraba desde lejos mientras se arrojaba a través del aire con estática velocidad, él la esquivó por meros centímetros, aunque no fue capaz de pasar por alto la ira del malvado sonido del metal chocando en la pared junto a su oído. Fue cerca del punto de ensordecimiento mientras el metálico sonido sonaba a través de sus tímpanos y golpeaba a través de su mismo cráneo.

¿Pensaron que terminó? ¿Realmente pensaron que simplemente arrojar un maldito candelabro sería suficiente? ¡Dije que este maldito puente se rompió!

Se lanzó contra él, apretados dedos primero como si para sacarle sus ojos de sus ensangrentadas cuencas, lista para ver las venas y cables colgar de los vacíos agujeros en su rostro. Sus ojos brillaban en esa loca manera que sólo los criminalmente dementes podían digerir y entender. Hundió sus garras en sus hombros, golpeando su espalda rudamente en la pared de piedra con su envolvente fuerza. Comenzó a golpear sus puños sin piedad en su hermoso rostro, mirando mientras su expresión era una y otra vez cubierta por los vacilantes puños. Estaba completamente decidida a distorsionar cada suprema cualidad. Iba a arrancar cada hermosa facción de su precioso rostro. ¡AL CARAJO SI NO LO HACÍA!

Comenzó a gritar incoherentemente mientras sus manos volaban a su espeso cabello y comenzaban a jalarlo con una incesante cantidad de fuerza que casi arrancó las preciosas mechas de su lastimado cuero cabelludo. Él fue obligado a irse hacia atrás para calmar el salvajismo del miserable tirón. Ella apenas estaba diciendo palabras que eran amortiguadas por sus sollozos, mientras gritaba cada vil obscenidad conocida a través del Cielo o el Infierno.

Era todo lo que Vegeta podía hacer para protegerse mientras ella atacaba cada fracción de su cuerpo... Oh... y QUIER decir cada fracción. Su descalzo pie pateó implacablemente a su barbilla mientras que sus rodillas se lanzaron peligrosamente a su orgullo y alegría fue sólo por mera suerte que no fue permanentemente dañado. Pero él no la golpearía. ¡MALDITA SEA! ¡POR QUÉ NO LA GOLPEARÍA! ¡¿POR QUÉ?

Fue derrocado, atrapado en un desequilibrado tambaleo por sus incesantes puños. Esperando que la lastimosa dureza de un frío piso de mármol atacara su columna vertebral, su espalda golpeó la suavidad de un cómodo colchón y estuvo complacido de encontrarse a horcajadas en la cama, aunque dudó que tal honor hubiera sido la única intención de ella. Sus cromos ojos se enterraron en él mientras ella continuaba violentamente.

"¡VOY... A... MATARTE!" Comenzó tirando de su rebelde cabello, como si fuera posible enredar aún más las mechas incluso terriblemente. Sus afiladas, rasgadas uñas arañaron su cuero cabelludo mientras jalaban con alarmante fuerza física.

Ahora no me malinterpreten... quiero decir... esto era una situación grave. Pero... ¿honestamente pueden culpar al pobre Radditz?

Fue todo lo que la criatura pudo hacer para ahogar la desconcertante risa que salió a la superficie mientras observaba al diminuto Ángel ahogando al Rey Demonio, gritando palabras que incluso él no diría, para que su madre muerta no saliese de la tumba sólo para buscar venganza por su vil boca. ¡Eran así de malas! Pero... ¡Pero era TAN gracioso!

Vegeta estaba al lado de sí mismo... Bueno... supongo que técnicamente mientras su cintura estaba sostenida hacia abajo y su adolorido pecho golpeado malvadamente. Ella no hizo ningún intento de pasar por alto su herida mientras su delgado puño golpeaba el masivo agujero varias veces. Arrancó su pinza y la arrojó lejos de la habitación, una distancia segura entre ellos. Él casi había temido que la usara hacia él. pero de todos modos, a pesar del dolor y debilidad que definitivamente se habían establecido en todo el lío... el asombro estaba increíblemente no tan lejos de su mente mientras notaba la poderosa furia que estaba permitiendo tal fuerza ser demostrada del Ángel. Su propia sangre era responsable por esa pequeña peculiaridad. La había hecho fuerte. Añadiendo preciosa leña al fuego. Maldito él.

"¡Bulma!" Jadeó, intentando con todas sus fuerzas calmar al hirviente Demonio que jadeaba dentro de su lastimado pecho. ¡Estaba siendo ferozmente atacado por fuera y por dentro! Podía jurar que la criatura estaba gruñendo en su mente, el sonido golpeando como tambores de guerra en sus oídos. Pero no podía dejarlo salir. Tenía demasiado temor de siquiera empujarla hacia atrás, temiendo que la presión la lastimara en alguna manera. No confiaba en sí mismo. Oh... no confiaba en ella, eso se estaba elevando como los pensamientos rampantes en su mente, pero por sobre todo... no confiaba en sí mismo.

"¡Bulma detente!" jadeó en voz alta tratando de alejar el dolor que se filtraba como líquido de vergüenza en sus palabras. Esta súplica sólo pareció enfurecer su temperamento aún más, pero que su histérica ira burbujeaba como una olla de agua hirviendo, su contenido de caliente líquido estaba empapando en cada puño que golpeaba, sus nudillos comenzaron a chorrear sangre. Pero no era suficiente. No era suficiente. ¡Necesitaba más!

Arrojó su brazo hacia atrás, jalándolo sólo lo suficientemente lejos para que su resultado final pudiera ser casi personificado al de una onda antinatural de fuerza y velocidad mientras colisionaba miserablemente con su boca. La cabeza de él se movió hacia atrás con la fuerza y las estiradas venas de su garganta se expusieron. Bulma tenía casi una abrumadora urgencia de hundir sus dientes en los huesos y pigmentos que estaba empujando contra la carne de su garganta. Sólo saborearlo... sólo por un segundo... Eso era todo.

Pero incluso en su desnuda demencia, sabía lo suficiente como para empujar al corrupto pensamiento lejos mientras la primera sangre comenzó a correr... comenzó a fluir como maravillosas gotas de lágrimas de puro, absoluto carmesí.

Su labio inferior estaba partido directamente en el medio, rasgado de color rojo oscuro que vertía acumuladas cantidades en su boca y se deslizaba como una cobra por su garganta, aterrizando en la boca de su estómago donde sus plácidas profundidades se enterraron con agrio peso.

Pero todavía no era suficiente.

Verdaderamente quería lastimarlo. Había terminado. Todo... todo lo que podía haber vuelto para recuperar estaba perdido. Todo lo que había amado, verdaderamente amado se había ido, tomado por un Demonio. Su madre era un recuerdo olvidado por culpa de un Demonio. Y ahora su valiente, aparentemente inmortal padre se había ido. ¡IDO! Hubiera llorado por él, derramado su traicionero miembro que latía alguna vez como un corazón. Pero no ahora.

Incluso Yamcha estaba lejos de su mente. Lo amaría, lucharía por él, pero no más. Esta criatura de corazón negro había destruido todo. ¡TODO! Se sintió sollozar en esa desesperada demente manera que sólo la mayoría de las miserables almas pueden pronunciar. El sollozo de alguien que ha perdido cualquier esperanza que hubiera quedado, enterrada profundo dentro de un adolorido espíritu. Su corazón estaba roto... y ella quería lastimarlo a él. Como ella lo había lastimado. Más allá del sufrimiento. Más allá del dolor. Más allá de la cura.

Lo lastimaría incluso si eso significaba matarse en el proceso. ¿Qué le importaba a ella? No tenía nada por qué vivir. Los vería de nuevo. ¿Y si no lo hacía? Bueno... eso era para que el destino lo decida. Ella renunció a cualquier control que tuvo cuando la muerte de su padre había sido revelada como un trofeo escondido sobre una bandeja de plata. Venganza por su padre era la última aventura guardada para la Angélica Princesa y planeaba terminar su excursión final en la vida.

Y así... sin pensarlo dos veces, sumergió sus rotas uñas en el agujero en su pecho. Sintió la materia curvarse y apartarse bajo la salvaje presión, la humedad de la sangre hundiéndose bajo sus uñas, deslizándose en cada cavidad que tiene una persona en sus complejas y únicas manos, pero sólo le prestaba atención a los abandonados gemidos de su víctima. Los gritos eran como una placentera canción en un soleado día, relajantes casi en su vitalidad. Estaban contenidos más allá del reconocimiento. Era poderoso y hambriento, aumentando como cruda fuerza en sus bombeantes venas y alimentando cada parte oscura de ella que alguna vez había yacido latente detrás de una máscara de sincera ignorancia. ¿De dónde venía todo ese odio? Era interminable, como si simplemente hubiera estado allí todo el tiempo y sólo ahora estuviera haciéndose presente en apariencia.

Él gritó duramente, dolor grabado y atado en cada grito proferido a través de la caliente habitación. Los sonidos golpeaban de pared a pared como electricidad azotando como una bruja a través de su cabello, una clara señal de advertencia de su futura pérdida de control. Sin embargo, sus uñas sólo se hundieron más profundo, completamente implacables en su descenso a través de su carnoso pecho. Fue entonces cuando él se dio cuenta de la verdad. Ella no quería solamente hacerlo pagar con tortura. ¡Quería matarlo!

Sus dedos estaban embebidos en los ensangrentados montúculos de sangrante carne, casi hasta los nudillos mientras buscaban por el palpitante corazón que seguramente yacía no muy lejos de la ya destrozada caja torácica. La sangre casi negra había empapado sus brazos hasta el codo mientras él temblaba y se sacudía bajo ella, sangre desparramándose en su rostro de una manera fascinante.

Se sorprendió que Vegeta no hubiera mandado a su perdida alma al olvido, enviándola al siguiente Infierno que seguramente esperaría un maldito ser como ella. Bueno... no estaría allí sola. Se estaba haciendo cargo de eso con cada centímetro que se hundían sus feroces dedos cada vez más cerca al palpitante órgano que seguramente no debía estar muy lejos, mientras los golpes vibraban a través de las empapadas sábanas de encableada carne. Pero preguntas de por qué él no la había partido en dos todavía deambulaban en su proceso... tan alocada e histérica como estaba en el momento.

Él ni siquiera había intentado detenerla, apenas clavando los lados de la cama con filosas uñas negras desgarrando el papel de las cubiertas. Su áspera voz retorciéndose en dolo mientras gritaba para que ella lo liberase. Pero él no la tocaría. Ni siquiera apoyaría sus manos sobre ella para sacar a sacudidas la eterna demencia de la Princesa. ¿Por qué? Pero no le importaba... no le importaba. Pero por sobre todo... no quería saber.

Más profundo... Más profundo... Más profundo aún.

Debía perforar el tembloroso miembro, debía terminar el trabajo que su padre había comenzado y ella había alterado. ¡Maldita su crédula e insolente naturaleza! ¡Lo mataría! ¡Lo haría!

Fue Radditz quien apareció entre los dos, brazos inmensamente enormes envolviéndose alrededor de la cintura de ella y arrancando sus patadas y gritos de su Señor. Su pie estaba peligrosamente cerca del rostro del Rey mientras luchaba en vano en su poderoso abrazo.

"¡¿ESTÁS LOCA?" gruñó, su fuerte explosiva voz haciendo eco en las paredes desnudas, sólo para ser acompañado por gruñidos y aprietes de dientes de Vegeta. El tono había explotado en sus oídos, aunque no le importó.

"¡Podrías haberlo matado!" Gritó en su rostro, el inmenso volumen volando su cabello de su rostro. Peor ella no dio clara respuesta de que siquiera hubiera escuchado, jadeando mientras Radditz estaba de pie entre ellos, de brazos estirados. Los ojos de ella estuvieron permanentemente cerrados sobre la quieta figura en la cama, yaciendo de espaldas en su colchón y sábanas empapadas de sangre. El pegajoso líquido carmesí había tapado las sábanas de satén y las había amontonado juntas bajo su temblorosa figura.

El dolor era enorme, indescriptible y era todo lo que Vegeta podía hacer para moverse de lado a lado en un desesperado intento por aliviar las palpitantes, dolorosas y entumecidas sensaciones que lo plagaban por todos lados. ¿No debería ser el entumecimiento menos doloroso y conquistar el escozor, como puñadas de cuchillos? Se podía escuchar gemir, secretamente disgustado con la odiosa muestra. Parte de él consideraba dejar salir su débil resolución y decapitar a la maravillosa pequeña perra. Sería más productivo mirar esa morbosa pequeña cabeza rodar de sus hombros y golpear contra el suelo. Pero por sobre todo y aunque secretamente, estaba impresionado.

Era todo lo que podía lograr para mover lentamente su cuerpo que gritaba hacia arriba, sintiendo su cuello caer hacia atrás con el peso de su cabeza mientras se sentaba en el borde de la cama. Había pasado completamente por alto la rara mirada que había pasado sobre el rostro del Ángel mientras observaba su expuesta garganta. Obligó a sus entumecidas rodillas a doblarse, arrastrándose para ponerse de pie tambaleándose. Sus rodillas se doblaron del dolor. Lo sabía. Fue tan feroz que no era como él en su piel ya. En cambio estacionado en un tormento de nunca acabar de ardiente dolor. Era una locura. Como una clase de Infierno que los patéticos humanos imaginaban en sus ridículos cuentos.

Sin embargo, logró sostenerse de pie, moviéndose a una distancia segura de su jadeante rostro. Todavía estaba ida. Podía decirlo. Sus ojos se veían vacíos. Como si ningún habitante presidiera en el pacto que había alguna vez sido una increíble mente. Pero a pesar de su locura, a pesar del constante abrumador dolor, la admiraba ahora más que nunca.

"Ángel..." dijo, cada legra desgarrando el desnudo agujero en su pecho como ardientes agujas siendo arrastradas a lo largo de los crudos, rotos restos.

"Yo no maté a tu-" Fue interrumpido mientras ella intentaba en vano hacer su camino pasando a Radditz en un violento intento de asaltar a su furioso cuerpo de nuevo. Se veía tan furiosa, tan enfurecida que el hielo en sus ojos se sentían como si estuvieran quemando su ofendida boca. Radditz la levantó extrañamente, sosteniéndola suspendida en el aire mientras ella trataba salvajemente de destrozar a su Rey. Era sorprendentemente difícil sostener su temblorosa figura mientras mordía y se retorcía debajo de su impenetrable abrazo. Casi planeaba en arrancar al Demonio miembro por miembro si tuviera la oportunidad.

Lamentablemente, tenía uno... y sólo un... buen golpe. Su famoso crujir de huesos y patada en su debilidad. Ella miró en su abierta satisfacción mientras la boca de él caía y su empalidecida carne al mismo tiempo. Sus ojos amenazaron con rodar hacia atrás en su cráneo mientras se movía, silbando y jadeando con brazos cruzados sobre su último dolor.

Era como un cuchillo corriendo entre sus muslos y adormeciendo sus piernas. No un buen adormecimiento, ya saben. La clase de entumecimiento donde el dolor es todo lo que pueden sentir, penetrando cada parte de su cuerpo como varias hojas calientes. No era descriptible así que no me atrevo a disminuirme en intentarlo. Porque sólo un hombre podría realmente entender este dolor. ¿Tengo razón?

Así que sacudió su cabeza con dolor y la ardiente sensación de enceguecedora ira que estaba presentemente bloqueando las cuencas en sus ojos. Su más oscuro ser estaba tomando control, lentamente abrumando su recolectada resolución con aterradoras urgencias de terminar la vida de su miserable torturadora. No sabía qué era peor para luchar, una criatura que venía de adentro, respirando promesas de dulce venganza y sin consecuencias, o a una hermosamente loca mujer que no se atreve a tocar. De todas maneras, estaba perdiendo su batalla contra ambos y el resultado final no sería tan dulce como la muerte misma.

Se enderezó después de varios pesados momentos, estudiándola con maldad, aunque la leve mirada a sus cejas levantadas secretamente sugerían el dolor dentro que sin duda era tan terrible como por fuera.

"Ángel..." No Vegeta. No comiences de esta manera. Sabes mejor.

"Bulma... por favor..." wow... ahora, ¡esa palabra no era pronunciada seguido! Secretamente revisó su lengua para ver si tan picante comentario había señado su lengua.

"Yo no lo hice. Yo..." Despreciaba el tono de súplica ridículo casi tanto como odiaba toda la situación en un todo. Sin saber exactamente qué decir, se movió mientras ella se volteaba ferozmente lejos, alejándose en un rápido descenso hacia la gran puerta abierta. No sabía qué había esperado. ¿Un ataque tal vez? No podía dejarla irse así. Sabía de sus pensamientos suicidas, de las oscuras imaginaciones que pasaban por su misma alma, como pasaban en las de él. Secretamente, tal vez incluso oculto de sí mismo, se preocupaba por ella.

Se apresuró tras ella.

"¡Bulma! ¡Tienes que creerme! Yo-" Mientras agarraba su brazo, dándola vuelta, una expuesta pinza chocó en un mortal intento con su lastimada mejilla y él no había volteado su cabeza, esperando una bofetada, las cuatro dagas se hubieran metido en su cabeza permanentemente. Como era, cuatro profundos cortes repentinamente se abrieron, el sorprendentemente frío aire soplando en ellos y creando más dolor que originalmente. Las lastimaduras comenzaron a sangrar profusamente, cayendo por sus mejillas a lo largo de su garganta, finalmente haciendo un charco en su clavícula.

La pinza, antes suya, fue arrojada sin cuidado al otro lado de la silenciosa habitación, chocando de manera metálica sobre el resbaloso suelo de mármol y deslizándose chirriante para detenerse lejos. Los mosaicos del suelo estaban empapados en fresca sangre, brillando incluso en la tenue luz.

Él Ángel y el Demonio cruzaron miradas sólo brevemente, odio envolviendo sus abrasivas formas como el respeto alguna vez lo había hecho. Esa preocupación mutua era ahora reemplazada por un viejo, abrumador odio que se había generado durante eternas veces, cargando en sus culturas por miles de años. Cualquier unión que una vez se conectó fue destrozada como ambos espíritus. Miedo, posible amor y respeto fueron reemplazados por odio de tiempos inmemoriales mientras miraban vacíamente a los ojos del otro, viendo como si sólo por primera vez, lo que significaba perder algo que nunca siquiera hubieran sabido que tenían.

Y simplemente así, el silencioso acuerdo terminó, y con una tenue mirada prometedora, el Ángel salió de la habitación.


Bueno... eso es todo por ahora... lo siento por no sacar el capítulo. Ah, al carajo. No lo siento. Estuve ocupada. Hahaha. Bueno de todos modos, duros días en el trabajo y papá estuvo con problemas esta semana. En su mayoría lo recompensaré por cualquier inconveniente que hubieran resultado la siguiente semana. Uh... no... esto quiere decir que el capítulo 34 salga la semana que viene... voy a hacer eso mañana si todo sale bien. ¡Gracias por los comentarios mis queridos! Camaro