Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Ángel Oscuro
(Dark Angel)
Un fic de Camaro
Traducción por Apolonia
Vegeta estaba shockeado. Golpeado por su propia pinza. Debió haberla levantado sin notarlo del suelo. Pero observado o no era la última vergüenza y muy posiblemente el fallecimiento más lamentable conocido en la clase Demonio. Ser perforado y asesinado por tu propia hoja o arma estaba cerca del suicidio mismo en su acuerdo deshonroso, porque caracterizaba no sólo debilidad, sino mero y absoluto descuido, no una cualidad conocida en algún verdadero guerrero.
Pero a este guerrero no le importó, porque tales pensamientos fueron anulados por los más desdeñosos pensamientos que lo plagaban. Ella había intentado matarlo y si él no hubiera estado esperando y en guardia por su ataque, lo hubiera logrado.
Sintió la caliente, bombeante sangre vertiéndose por su cuello y escuchó el leve golpe de la humedad sobre el suelo debajo. No podía descifrar de qué herida estaba goteando el líquido pero decidió que tal cosa no importaba en este momento. Todo era causado de buena gana por ella y todo podría haber significado su determinada excursión en las puertas de la muerte.
"¿Estás bien?" La voz de Radditz hizo eco a través de la eterna tierra en la que la mente de Vegeta había estado envuelta, y con cansados, asolados ojos, se encontró con la poderosa mirada del guerrero. Lo que había esperado tan cuidadosamente ser completa preocupación y pena era en su lugar un pobremente oculto brillo de ridículo humor que destellaba en los ojos del soldado.
"¡Estoy bien!" dijo bruscamente, intentando en absoluta vanidad averiguar qué posiblemente podría haber hecho que la boca del Demonio se frunciera a los lados.
Con garantía de su amo, el cuerpo de Radditz comenzó a temblar con risas y no pasó mucho antes que una enorme, fuerte y ensordecedora risa tronara de él. El monstruo de Vegeta se agitó con indignación y se había contenido bastante con el hecho que usaría cualquier poder y fuerza que le quedara para hacer volar la cabeza de su contraparte a la siguiente vida.
No pasó mucho tiempo que la alegre alma de Radditz se había derretido en una amarga calma y alegría que era su supuesta naturaleza y lo tenía agarrado de la pared como apoyo mientras su explosiva risa hacía eco por los muros. Insolentes lágrimas brillaban en las arrugas de sus párpados y fue sólo con severa auto restricción y atención que notó la indignada ira filtrándose de Vegeta.
El Rey Remonio miró a Radditz ferozmente que estaba actualmente jadeando para respirar entre tontas batallas de risa. Probablemente hubiera arrancado la cabeza del Demonio de sus hombros si toda esta muestra no hubiera sido tan rara. No, no era para decir que Radditz era un hombre estrictamente serio, no, lejos de eso. Porque Vegeta podía recordar varios momentos cuando él básicamente se obligó a no despreciar al idiota por tales muestras. Pero esto... bueno... esto era simplemente extraño.
Ahora supongo que si iban a hablar en esa habitación en ese momento, probablemente apenas hubieran visto que valiera la pena para reírse. La habitación se veía como una escena de carnicería, como si alguna clase de asesinato en masa se hubiera propiciado en los placeres de una casa finamente decorada con masacre. Las paredes estaban manchadas y rociadas con sangre caída, la de Vegeta o sólo la morbosa mezcla de ambas. Y como si necesitara elaborar más, no olvidemos que el enorme y destrozado cuerpo de Nappa yacía en masivos fragmentos sobre el empapado suelo.
Pero a pesar de estos evidentes surtidos de lo grotesco, la riente figura de Radditz dejaba mucho a la imaginación.
"¡Me encantaría saber qué encuentras tan divertido!" Vegeta hirvió, dientes apretados pobremente en una débil boca. Sólo hablar enviaba chorros de sangre de su mejilla y bañaba cualquier piel que hubiera quedado limpia de carmesí. Violentamente agarró a su compañero del cuello de su traje negro, acercándolo para mirar en su rostro. Pero esto sólo envió más risas histéricas y era todo lo que el Rey que subía de temperaturas podía hacer para no golpear un agujero a través de esa riente boca.
"Lo siento." Radditz lloró, tosiendo en el rostro del Demonio mientras sostenía sus manos frente a él, todavía sonriendo locamente.
"Lo siento... Pero... Pero. ¡Deberías haberlo visto!" Cualquier resolución o control que hubiera sido lograda temporalmente, ahora había terminado completamente mientras las viciosas cantidades de risas volvían. Principalmente esperaba recibir la paliza de su vida de su Rey medio muerto, sólo más risa impregnaba su amargura mientras una pequeña, mostrada sonrisa rodeaba las comisuras de la boca de Vegeta.
Antes de que alguno pudiera verdaderamente registrarlo, una profunda gutural risa excedió la calmada ira de Vegeta y fue destrozada con risas que casi sacudían los espeso muros. Oh dolía... oh hombre, ¡sí dolía! Pero no podía evitarlo.
"Supongo." jadeó, encontrando difícil terminar su oración mientras casi locura lo abrumaba en su caótico agarre.
"¡Supongo que debí haberme visto muy ridículo!" Radditz nunca lo hubiera reconocido abiertamente pero secretamente concordó en eso, aunque Vegeta era una hermosa criatura todas las veces, podía ser increíblemente atractivo cuando se dejaba llevar. En estos momentos, cuando estaba despreocupado, Radditz recordó al malicioso pequeño bruto que había asolado al castillo hace tanto tiempo.
"¡Vamos Radditz!" El travieso de 11 años había exigido. Estaban trepados en la cima sobre la torre más alta, mirando en la distancia del Infierno y maravillándose con ella. Oh... ¿olvidé mencionar que los jóvenes Demonios habían robado un paquete de cigarrillos del Rey? Supongo que sí, ¿no?
"Vegeta." Radditz gimió, la voz tensa y lloriqueando. No... no era que no estuviera curioso, porque esa cualidad estaba constantemente acechando el alma de un Demonio. ¡Cualquier idiota sabía eso! Pero no era de decir que no estuviera un poco atemorizado. Porque si lo descubrían... bueno... Radditz sabía que al Rey no le importaría, porque nunca lo hacía.
Pero si Lunch, la propia madre de Radditz, tuvieran oportunidad sobre ellos... Bueno... las consecuencias serían nefastas para ambos. Porque inconscientemente, Baba había tomado la iniciativa por sí misma para velar por el joven irreparable Príncipe en lugar de su madre. Y no... no se preocupaba por el Rey. Él era un cobarde ante sus ojos.
"¿Qué? ¿Eres un cuervo?" El Príncipe se burló. Luego procedió a burlarse de su amigo más grande haciendo aletear sus alas y "graznando" mucho más de lo necesario. No era divertido.
"¡No lo soy!" Insistió el guerrero, encendiendo luz en su dedo mientras agarraba uno de los cigarrillos del paquete. Quería... eso era verdad. Pero tenía miedo. No era que tuviera miedo muy seguido. ¡NO! Pero... aún así.
Y así, ambos amigos habían experimentado su primera expedición de fumar.
"¡Vegeta!" Radditz gimoteó, sus ojos rojos sangre se dispararon y estiraron mientras tosía montículos de humo de sus pulmones. Quemaba en la parte de atrás de su garganta, que inducía a toser y lo hacía sentir náuseas todo al mismo tiempo. Estaba dubitativo de asaltar a su cuerpo con otra calada, por decir menos.
"¿Cómo hace esto la gente?" Jadeó, sosteniendo lejos el negro palito de él como si impregnara el aire con su esencia picante. Pero Vegeta no había tosido. Ni una vez.
Radditz nunca sabría que el adorable pequeño Demonio había sido un fumador regular desde los 8 años de edad. Era su escape, su pequeña fijación que calmaba a un cansado espíritu y tranquilizaba a un roto corazón. Y era la mayoría para su orgullo. Su apariencia exterior de hombría y madurez con la que su padre nunca lo había agraciado con reconocimiento.
"Lo estás haciendo mal, idiota." Dijo simplemente, todavía succionando el final del suyo propio.
"Lo pones en tu boca y luego inhalas." Demostró la técnica al inexperto débil que era su único y sólo amigo en este árido mundo.
Y así Radditz había permitido a su curiosidad sacar lo mejor de él una vez más. Lo que siguió fueron nefastas consecuencias de chisporroteo y gimoteo de un menor de 14 años.
Lágrimas se filtraron de sus ojos mientras jadeaba y tosía por aire, sin entender por qué toda la experiencia parecía ser tan dura con él. Se preguntó si tal vez no había recibido uno malo. Pero entonces, sólo secretamente supuso que esta no era una primera vez para el experimental Príncipe. Vegeta había sido descuidado más allá de la creencia desde una joven edad. Fue el día que su madre había perecido, ella se había llevado un pedazo de su voluntad y cordura. Era imprudente y peligroso en su curiosidad y aunque Radditz dudaba que el secreto Príncipe lo supiera, había conocido por un largo tiempo de la situación suicida que plagaba la mente de su amigo en apresurada constancia.
Pero en lugar de verdadera preocupación o pensamiento, Vegeta había comenzado a reír en su brillante rojo rostro, apuntando y sosteniendo sus lados mientras su amigo lo miraba indignado.
"El Rey del Infierno." Vegeta ladró entre risas abrasivas. "¡Recibiendo a su culo por un Ángel!" se ahogó.
"¡Una mujer Ángel no menos!" Sostuvo su brazo sobre su estómago y ambos se volvieron histéricos, inclinándose en el otro para apoyarse.
"¡Oh a papá le encantaría eso! ¡Si sólo pudiera verme ahora!" El joven Demonio bromeó, ganando incluso más maliciosas risas de su socio en el crimen.
"¡Apuesto que el bastardo se revolcaría sobre la mugre en la que dejé su culo!"
Radditz aulló con risa, su perturbadora voz saltando a través de todo el castillo. Verdaderamente colapsó en el suelo, su trasero aterrizando con un cómico ruido mientras giraba en vano para ahogar las risas sin sentido que se filtraban en toda la cordura y envenenaban cualquier vergüenza y resolución que alguna vez había permanecido.
Viendo en su mente la escena que tan obviamente había robado el cerebro de Radditz, Vegeta aterrizó junto a él, convulsionando con obscenas risas. Qué idiota debió haberse visto al haber sido goleado como el demonio por Bulma. Había jalado de su cabello e incluso lo había ahogado, ¡y él simplemente se sentó allí como un gatito azotado nene de mamá! Era triste por decir menos.
Por largos momentos simplemente giraron en su desesperado cómico momento, riendo ante las malvadamente graciosas escenas que golpeaban a través de sus cabezas. Pero mientras se ponían serios, un aire incluso más importante los enredó, y simplemente rieron o resoplaron en ocasiones, secretamente disfrutando el raro momento.
"Ahhh. no nos hemos reído así en años." Radditz comentó todavía acostado en el suelo, sonriendo a su amigo de toda la vida. El otro Demonio sólo asintió en acuerdo, mirando tranquilamente a su compañero. Una aturdida mirada contenta había arrastrado la cansada desgastada apariencia que había encarcelado la mirada del joven Rey por tanto tiempo, y ahora las estrelladas orbes negras destellaban con la belleza de la verdadera juventud.
"He extrañado los viejos tiempos... Vegeta." Murmuró suavemente, mirando suavemente a su Rey. La árida mirada había cautivado su penetrante mirada y parecía que estaba recordando todas las memorias que se mantenían tan secretas de los tiempos de Vegeta como Príncipe.
"No me has llamado por el nombre desde que maté a mi padre." Vegeta sonrió, casi genuinamente. Lo había satisfecho más allá del reconocimiento escuchar que alguien además de la Princesa se refiriera a él como algo sino Rey. Era mucho más personal. Especialmente viniendo de Radditz. ¿Sabría el orgulloso guerrero incluso verdaderamente lo mucho que significaba para Vegeta? ¡DEMONIOS NO!
"Bueno." Radditz suspiró suavemente, rememorando. "Ese día te convertiste en más que sólo un amigo. Te volviste mi Rey y pensé mejor mostrarte tanto respeto como merecías. Fue..." Radditz se tensó levemente, amplios hombros enderezándose. "Fue... mi manera de demostrarlo. Mi manera de hacerte saber..." Era difícil para él terminar. "Cuan... Orgulloso de ti estaba. Y estoy."
Fue uno de esos momentos que cada respetable Demonio teme. La sensación y apertura de emoción y preocupación. Era extraño y no sucedía a menudo lo suficiente para ser cómodo. Incluso así, Radditz podía ver en esos hermosos, suaves ojos que esas simples, pobres palabras dichas habían tocado a la increíble criatura, que había estado cerca del borde de la muerte no hace mucho tiempo.
Se miraron fijamente a los ojos del otro por un largo período de tiempo, cada uno rememorando en el pasado pero completamente en paz con el presente. Vegeta miró a su mano derecha, su más valiente soldado, su más cercano compañero. Tiempo atrás había memorizado cada facción del rostro del hombre, trazando sus pómulos y cualidades con sus ojos tiempo atrás. Podría haber pintado un perfecto cuadro de su amigo por sólo el mero recuerdo, ni siquiera necesitando mirar alguna vez sobre la hermosa criatura.
Radditz había estado allí. Siempre. Incluso cuando el mundo había estado en su peor momento, incluso cuando todo había estado derrumbándose, Radditz había estado a su lado. Nunca había sido algo menos que leal, incluso cuando no aceptaba verdaderamente con decisiones o tácticas su mandato decidido. Había sido suficiente que él seguiría, seguiría incluso hasta la muerte misma derrumbada sobre ellos.
Nunca podría recordar esas veces, cuando era un roto joven de 17 años de edad, que se había revolcado en cantidades en masas de droga y sexo. Habían habido veces cuando podía recordar caer de rostro contra el pavimento y despertar en su cama, tan obviamente puesto allí por su guardia. Incluso podía recordar cada vez que había dicho o hecho algo feo a Radditz y el leal hombre se había negado a tomar represalias.
Y sí. Podía recordar a Lunch. La hermosa prostituta que había sido demasiado fácil de obtener. Le había ocultado la verdad a Radditz ese día, probablemente por primera vez. Su esposa había sido una malvada e inmoral coqueta y había implicado abiertamente su deseo por él. pero esta información se había negado a relatar a su guardia, simplemente diciéndole a su amigo que él había hecho la propuesta. Pero era mejor. ¿O no? Porque lo que el hombre quería creer que él se había encariñado con nada más que una puta que sale por elección.
No podía hacerlo. Nunca le diría a Radditz cuan drogado con Ceniza había estado esa noche. Nunca le diría que ni siquiera había recordado a la presunta concubina hasta la mañana siguiente después cuando la había arrojado de su habitación en completa envolvente vergüenza y disgusto.
No. No puedo decir que él no la deseaba. Porque siempre lo había hecho. Ella era fuerte en cuerpo y mente, sin mencionar que era hermosa al extremo. Había pensado a menudo lo que sería sacársela de su amigo, pero esos pensamientos no eran abiertamente excavados sobre el conocido mundo. Sólo simples reflexiones que le habían causado nefastas consecuencias. Y a decir verdad, sólo le había dado a su guardia un lugar alto para que Vegeta pudiera supervisar a su amigo. Eso y para estar cerca de él.
"Extraño los viejos tiempos también, Radditz." Suspiró calmadamente, poniendo su espalda contra la pared.
"Parecía que desde el día que nací estaba peleando contra ti." Rió levemente, todavía pensando en las constantes sesiones de entrenamiento que tantas veces lo habían dejado inconsciente.
"Pero entonces... siempre eras más grande. Siempre un paso arriba mío, payaso. ¡Cómo te despreciaba por eso!" Rió. Una fuerte sonrisa se puso sobre el rostro de Radditz mientras recordaba cuando realmente había sido más fuerte que el Rey. Ah... buenos días. Tan lejos ahora.
"Has cambiado mucho desde entonces." Radditz aclaró su garganta, todavía mirando suavemente en los perforadores ojos de Vegeta. Notó que se habían angostado ligeramente pero eligió no implorar tal hecho.
"De hecho, has cambiado mucho en el último mes." El guardia sonrió, Vegeta alzó una ceja en sospecha, inseguro de a dónde exactamente esto estaba yendo.
"Uh. ¿Qué quieres decir?" Se aventuró, no estando seguro si le gustaría la respuesta. Radditz se encogió de hombros, aunque Vegeta estaba seguro que sabía muy profundamente lo que quería decir.
"Bueno. Sólo quiero decir que apenas un mes atrás hubieras asolado al Ángel por siquiera mirarte mal y ahora..." Intentó detenerse pero la inquebrantable mirada de Vegeta lo tomó por sorpresa.
"Y ahora le permites casi arrancarte a pedazos sin incluso levantarle una mano." Radditz terminó y miró mientras Vegeta abiertamente consideraba esto.
"Si lo hubiera hecho, la hubiera matado. Tú lo sabes."
"Pero eso realmente no importa ahora, ¿verdad? Incluso yo puedo implicar que tu 'trato' con el Gran Rey está destrozado. Por lo tanto, ella es completamente desechable." Radditz no pudo haber sabido que su remisión a Bulma como un "trato" inquietó a su amigo, pero decidió no mencionarlo. De hecho, decidió no mencionar nada, porque tal vez la primera vez en un largo tiempo, estaba completamente sin palabras.
"O, ¿no lo es?" Radditz alzó una ceja. La mandíbula de Vegeta cayó.
"¡¿Qué estás tratando de implicar?" demandó en aventurada arrogancia que ataba cada palabra.
"¿Que me preocupo por ella? ¡BAH!" Arrojó su mano a través del aire como si esa implicación fuera completamente barbárica, divagues de un incapacitado mental.
"Tal vez sólo tengo un nuevo plan. Eso es todo." Cruzó sus brazos en habitual presunción, abietamente ignorando el dolor que casi lo noqueó. Radditz lo miró duro antes de rodar sus ojos.
"Por favor Vegeta." Se levantó en el aire, desestimando tal falsedad como una mosca en la casa.
"Si hay una cosa que puedo hacer, puedo decir cuando te preocupas por alguien mi Rey." La declaración era tan flagrante como cierta. Radditz realmente lo había conocido desde hacía tanto tiempo para ser disuadido por falsas promesas e indignantes proclamaciones. Vegeta miró duro a su hermoso compañero antes que una pequeña sonrisa agraciara su rostro una vez más. Nah. No podía derrotar a Radditz en esto.
"Tal vez tienes razón." Suspiró, sacudiendo su mano en admisión de derrota.
"Pero no es como que importa realmente ahora, ¿o sí?" Gruñó, rehusándose a encontrar la acusadora mirada de Radditz mientras se revolcaba en auto desprecio.
"Ella me odia." Admitió abiertamente, auto proclamaciones de guerras de ira estaban lentamente siendo luchadas dentro de su pecho. Sabía que era verdad, pero de alguna manera dolía más decirlo en voz alta. ¿Saben a lo que me refiero?
"No estés tan seguro mi joven Rey." Radditz protestó con una sonrisa tranquilizadora. No realmente dispuesto a creer las futuras declaraciones de su comandante, Vegeta se quedó quieto y atento simplemente porque quería la tranquilidad que tal vez no todo estaba perdido, aunque él hubiera básicamente rendido en esperar que no lo estuviera.
"Está lastimada... sí. Pero nunca rota. No esa." Rió. "Si verdaderamente no mataste a su padre, entonces díselo. Lucha por ella. Te creerá lo pronto suficiente." Vegeta alzó la vista, encontrando la mirada de su amigo por primera vez en largos momentos, realmente no creyendo sus observaciones pero queriendo hacerlo.
"¿Qué puedo hacer Radditz?" respondió avergonzadamente, despreciando el hecho que se sentía como un completo debil en este momento. Un Rey nunca debería hacer preguntas. Siempre debe saber responder y estar listo para actuar sobre ello. Pero no ahora. Vegeta no sabía qué hacer. Había una primera vez para todo.
"No puedo mantenerla para siempre. No puedo mantenerla como una prisionera."
Radditz asintió en acuerdo, reflexionando un corto tiempo antes de responderle a su Rey. Incluso rascó mentó en reflexión.
"A veces, los tesoros más valioso son esos que han sido perdidos y luego encontrados."
Vegeta lo miró, completa confusión macerando su golpeado rostro.
"Debes liberarla." Radditz interpretó.
"Yo. Yo no puedo Radditz." Vegeta tartamudeó, sacudiendo su cabeza en vergüenza.
"No puedo dejarla ir." Alzó la vista, encontrando su mirada confidencial, y por primera vez Radditz verdaderamente entendió el conflicto batallando dentro de su Rey. De verdad se preocupaba por ella. ¡Por Dios sí lo hacía!
"Qué si lo hiciera... ¿Y si ella no volviera a mí?"
En los ojos de Radditz, Vegeta había vuelto una vez más a ese maravilloso, preguntón niño que había adorado toda su voda. Ese curioso pequeño mocoso que lo había metido en incontables imprudentes enfrentamientos con otros niños Demonios y nunca una vez le dio un segundo pensamiento. Puso una mano en su hombro, un abierto reconocimiento de respeto y compañerismo.
"Entonces ella nunca fue realmente tuya mi Rey... Tú lo sabes."
Vegeta se quedó en silencio por algún tiempo antes de asentir en acuerdo. Era algo difícil de hacer, pero obviamente nada comparado con la tarea que sabía que debía cumplir. Tenía que liberarla. No más del pájaro enjaulado cantando por su perdida libertad. Pero la llevaría de nuevo al Paraíso, esperando contra toda esperanza que ella volviera algún día.
La espalda de Radditz sonó y se estiró mientras se ponía de pie, apoyánsoe sobre la perturbante forma de Nappa y haciendo una nota mental de sacar esa pequeña distracción antes que enferme a la gente- Caminó hacia la puerta, grandes alas meciéndose perezosamente en el viento mientras su mente reflexionaba sobre el presente.
"Adiós su alteza." Se reverenció en la puerta en respeto.
"Adiós." Vegeta respondió ausentemente. Rápidamente alzó la vista.
"Oh y Radditz." El guardia se encontró con su mirada en asombro. "Deja de llamarme así."
Él alzó su nariz y cabeza arrogantemente aunque una placentera sonrisa todavía permanecía grabada en su abusado rostro.
"Prefiero Vegeta."
-
El sol ya se estaba levantando de las rotas montañas lejos en la distancia y sin embargo Bulma no había dormido ni un poco.
Tal vez fue el duro informe de Nappa. Por lo que todavía podía escuchar su fuerte voz haciendo eco acechante en su mente, todavía podía ver las lágrimas de traición que se habían resbalado egoístamente de sus ojos. Y la había embrujado. Tal vez era incluso el olor... Ese... Ese desagradable tortuoso y revoltoso olor de carne quemada. Asaltó su nariz como el cigarrillo pero su sabor era mucho peor. Era grotesco y vomitivo y sabía que si reflexionaba más sobre el tema por demasiado tiempo terminaría seca de los vómitos. Era así de malo.
O tal vez era la repugnante risa que había devastado su compleja mente lo suficiente como para mantenerla a raya. ¿Cómo podían hacer eso? ¡¿CÓMO? Reir como monstruos, como si no hubiera un hombre lean yaciendo cara contra el suelo en una psicina de su propia sangre. Sentía lástima por él, aunque sabía que no debía. ¿No había tenido suficiente de ciega pena? ¿No le había hecho suficiente para arruinarla?
Pero aún así, el hombre asesinado había dedicado su vida a Vegeta. Ella había visto la manera que él miraba a su amo. La pura lealtad y servioso que había cometido. Sólo secretamente había decidido que tal vez su insalubre infatuación con el Demonio se había vuelto mucho más que platónica. Imaginaba bastante que Nappa había estado enamorado de Vegeta por gran parte de su vida, y el ingenuo bastardo nunca siquier alo había sabido. Qué típico de la masculinidad.
Pero supongo, como estoy segura que ustedes también, que fue la noticia de la muerte de su padre lo que había desgarrado si sueño central de su alma y la había mantenido implacablemente despierta. Anhelaba escapar de la tortura de la realidad pero su mente no permitiría tal cobardía. No después de lo que había hecho.
Había salvado la vida de Vegeta, justo después de que él había terminado de asesinar a su Padre. De hecho, la fatal herida que casi había robado al Demonio de su vida probablemente había sido causada por el Gran Rey en sus momentos de muerte. Pero ella había borrado sus esfuerzos. Ni siquiera había pensado en eso. En lo absoluto. Ni siquiera había reconocido las posibles consecuencias, tan atratapada en su ridículamente desesperado entusiasmo.
Pero había terminado. ¡¿Terminado escuchan? Quería gritar a los Cielos que había causado suficiente dolor. Simplemente aliviarse de vida ahora y terminar su miseria. Pero no merecía ninguna liberación. ¿Cuántas personas más mataría Vegeta? ¿Hm? ¿Había incluso meditado sobre tal situación? Lo dudaba.
Casi podía sentir la sangre manchando sus manos por las vidas de su propia gente. Los millones y millones de Ángeles que habían luchado y muerto por su desolación se habían ido por nada. Había deshonrado sus nobles muertes con la salvaje traición de un corazón abusado. Merecía la muerte. Deseaba por su hermoso abrazo.
Deseaba más que nada poder deshacer lo que había hecho. Lo hacía. Pero no podía. Había sabido que Vegeta alejaría su cabeza de la pinza. ¿La había inclinado en un ángulo un poco más inclinado? Lo hubiera matado. Lo sabía. Pero no había tenido la fuerza. Incluso ahora la malvada semilla de debilidad germinaba dentro de ella.
Pero dentro, todavía sentía el dolor de ver sus hermosas facciones distorsionadas en dolor mientras agarraba la cama con blancos nudillos y le pedía que lo liberase. Él ni siquiera le había golpeado en respuesta. Nada. Ni siquiera la había empujado y eso era un hecho que ella todavía estaba tratando de desestimar fácilmente sus recuerdos. Quería odiarlo. Lo quería demasiado. Se mantenía recordándose que la aparente indefensa criatura que había atacado no era menos que otro cruel animal que la había arrojado a su cama y la había besado salvajemente contra su voluntad.
Él es un monstruo, Bulma. Se mantenía diciéndose eso. Lo había visto intentar matar a su propia prometida. Era violento y malvado. Una criatura que bebía sange que no tenía lugar en el mundo. Pero maldita si todavía se preocupaba por él.
¿Qué iba a hacer? No quería verlo nunca más.
Fue entonces que escuchó el extraño ruido. Estaba viniendo del otro lado de la habitación. Como... un pie que rascaba contra el suelo. Silenció todo pensamiento, mirando con amplios ojos hacia la lejana pared.
¡Algo se había movido! Por dentro gritó. Oh Dios. Oh Dios.
Ahora es una cosa para desear por la muerte pero es otra cuando temes su acercamiento.
¡Allí estaba de nuevo! La pared. Mi Dios, ¡la pared! Era como una porción que se hubiera distorsionado de sí misma. Era difícil de describir. Tenía miedo. Mucho miedo. Pero no se atrevía a mostrarlo, moviendo los cubrecamas a un lado de la cama y balanceando agraciadamente sus piernas sobre los lados.
Tragó duro y contuvo su respiración mientras caminaba hacia la más oscura esquina de la habitación, sombras envolviéndola con cada paso dado. Uno a la vez... Uno a la vez.
Esto sería parte de la película que cada uno está gritando para que el héroe aparezca. "¡CORRE PERRA! ¡CORRE!" Pero entonces. ¿Qué habría de divertido ahí?
Se acercó más y más a la lejana esquina, las sombras asustándola y encegueciendo su vista. La sangre estaba golpeando en sus oídos mientras se sentía cálida... como calidez de un cuerpo tocando su piel.
¡Y luego gritó!
-
Uh oh. ¿Fue ese otro enganche? Hahahaha, ¡muérdanme!
