Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Ángel Oscuro

(Dark Angel)

Un fic de Camaro

Traducción por Apolonia


La mano le agarró su boca, ahogando los gritos que erosionaban como magma de un volcán. Ella luchó en vano en un agarre duro como roca, gritando cada vez más duro en la gran carnosa palma de la mano. Sus ojos se ampliaron en frío miedo como si de la nada. Un hombre gradualmente apareció, el portador de la mano.

¡YAMCHA! ¡Era realmente él! Sintió su corazón contraerse en total felicidad, ¡y casi se preguntó si explotaría de su pecho y lo golpearía a él en la cara! ¡Oh Yamcha! ¡Bendito santo Yamcha!

Arrojó sus brazos alrededor de él, lágrimas fluyendo libremente mientras sollozaba abrazándolo. Ni siquiera intentó quitárselas. Amaba la sensación de alivio que habitaban en su alma mientras dejaban sus ojos, como lo habían hecho tan a menudo en el último mes lejos de él. ¡Pero estas eran lágrimas de completa y libre alegría!

Lo abrazó tan fuerte que sintió que en cualquier momento él se burlaría de tal agarre mortal, como si no hubiera duda que lo estaba aplastando. Pero no lo hizo. Sólo la dejó abrazarlo, agarrándola fuertemente mientras se disminuía en su tacto incluso remotamente, la soltaría una vez más y encontraría que no era nada más que un sueño.

Ella nunca sabría los horrores de la batalla que él había comenzado para encontrarla, la proximidad a la locura que lo había agarrado en las partes más someras del viaje del Infierno. En algún punto su difícil situación suicida le había robado la esperanza, y sin embargo se había convencido para seguir, imágenes de su amada viajando como un río de fe en su mente. Había trabajado tan duro para encontrarla y maldición si la dejaba ir ahora.

Quedaría por siempre con las cicatrices de esa misión, pero abrazándola... estando con ella. Amándola una vez más, sabía que lo hubiera hecho todo mil veces más sólo si ella lo pedía. Daría todo por ella. Casi lo había hecho. Pero si simplemente se lo pedía, hubiera entregado su vida en su honor.

Era tan hermosa. Hermosa como siempre. Su piel se había palidecido considerablemente por la falta de luz y su cabello era inmensamente más azul que antes. Pero no encontró eso menos atractivo aunque encontró perturbante que usara un ajustado vestido negro atado. No era típico de ella. Pero entonces, supuso que ese color tan maravilloso como el blanco era desconocido en un país despreciable.

La brillante indignada mirada había salido levemente de los ojos de ella y eso lo había perturbado. Ella había estado lejos demasiado tiempo y sin duda había visto imágenes que ningún Ángel debería ver. Tenía que sacarla de aquí. No había sido lo hombre suficiente para protegerla de ser secuestrada. ¡Le había fallado una vez y maldito si lo hacía de nuevo!

"¿Cómo llegaste aquí?" Sollozó inútilmente en su pecho en el que se había enterrado. Su agarre se había aflojado de alguna manera pero todavía quedaba casi antinaturalmente poderoso. No estaba bien que ella fuera tan fuerte. ¿Qué le había dado ese tipo de fuerza? Pero no reflexionó demasiado en eso.

"Luché en la guerra Bulma..." Estuvo sólo un poco complacido que ella jadeara en asombro, porque no deseaba consternarla con otras sorpresas más. Obviamente había tenido suficiente de eso.

"Después que la guerra terminara, volví al Paraíso brevemente antes de viajar a través de la barrera del Infierno y venir aquí. Me tomó casi dos días... pero valió la pena mi amor." Ella sonrió ante el título, secretamente sintiéndose extraña de estar en los brazos de otro además de Vegeta. Simplemente había algo extraño al respecto. Desconocido. Pero alegre al mismo tiempo.

"¿Cómo permaneciste inadvertido? Quiero decir... hay guardias por todas partes, sabes." Preguntó. Él sonrió, resistiendo la urgencia de girar sus ojos ante la reiteradamente auto pronunciada genio.

"¿Cómo piensas que permanecí desapercibido por ti?" rió suavemente, mirando travieso al mismo tiempo.

"¡Estoy usando el escudo camaleón que intentó tu padre!" Los maravillosos inventos se usaban como un reloj sobre la muñeca. Hice un poco de investigación, y aunque fue difícil de encontrar, encontré bastante increíble información sobre estos pequeños aparatos.

Bueno, verán, estas herramientas fueron creadas al principio para ser usadas por los mensajeros Celestiales cuando viajaban a través de las profundidades del Infierno. No es ningún secreto que peligros mucho peores que Demonios yacen entre las sombras y riscos del desierto del Infierno y estos escudos invisibles se usaban para disuadir la vista normal del movimiento de captura. Se pueden ajustar a la versión de Demonios que se llama Escudo Invisca que hace básicamente lo mismo.

"Sabía que no permanecería escondido por mucho tiempo en este repugnante lugar con mis alas blancas así que usé este pequeño artilugio para esconderme. Puedo volverme invisible en casi momentos cuando un aviso es necesario." Puso su mano detrás de su cabeza riendo en esa ridícula manera que había atestiguado miles de veces. Sólo por dentro sentía un poco de repugnancia ante la descripción que había usado para describir el Infierno. Porque últimamente realmente había comenzado a ver su morbosa belleza que yacía aletargada antes.

"Genial, ¿eh?" Tuvo que reír. Era tan niño a veces. Podía recordar reprochándole de tal comportamiento pero en este momento, eso era tan bienvenido como la bendita luz de sol de arriba.

Y eso es lo que él era para ella. El son. La luna, las estrellas. Él era su todo y a lo largo de todo... a lo largo de todo... nunca lo había sabido. Nunca se había dado cuenta que de pie ante ella estaba el regalo más precioso que Dios podría haber otorgado a los indignos. Él era el pigmento de la Santidad misma. Él era... suspiro. Sí... Él era su todo.

Miró en esos grandes ojos negros, notando cuan diferentes eran de los de Vegeta. No... Ambos eran negros pero podrían haber sido diferentes como la noche y el día. Porque los de Yamcha eran brillantes, suaves y ricos en color. Como un espeso almíbar que había sido vertido entre sus párpados. Tan amables y calmos, estaban llenos de esperanza y promesa de un salvador.

Los de Vegeta eran fríos y calculados, perforando en extremo. Podían enviar escalofríos por su espina o quemar su carne con su intensidad. Era como si estuviera siempre mirando fijamente más lejos dentro de ti, buscando por alguien o algo que no eras. Esperando y tramando con oscuras intenciones.

Pero entonces, Yamcha y Vegeta eran tan diferentes como la noche y el día como un todo. Ellos representaban el Cielo y el Infierno en sus extremidades. Incluso físicamente diferían con precisión.

La apariencia de Vegeta era dura y fuerte, facciones sobresaliendo y perforando. Era oscuro y malvado, llamativo y descaradamente temerario. Provocativo y erótico. Y hermoso. Malvadamente hermoso. No... ni siquiera tal palabra podía describirlo. ¿Tal vez maravilloso? Hmmm... Eso es mejor. Maravilloso. Cada parte de su rostro estaba exóticamente tallada, podría haberse parecido a una impecable pintura. Sus ojos eran oscuros y siniestros y sus labios eran llenos y de un rojo borgoña. Era perfecto. Demasiado perfecto.

Sus cualidades físicas inhumanas eran un recordatorio constante del hecho de que no era un hombre normal. No era nada más que un hermoso monstruo. Un bonito pedazo de carne.

Él no era ni un Demonio ni un Ángel. Era algo más. No tenía título alguno. Era simplemente algo más.

Pero era Yamcha quien la había cautivado más, su hermoso aniñado carisma agraciando sus ojos en una posible manera. Estaba hecho de alguna manera como Vegeta, pero en una manera acorde a la de un hombre que trabajaba en ello. Sus facciones eran redondas y sus ojos brillantes y llenos de vida que alguna vez ella misma había llevado. Él no era tan perforadormente enervante sin embargo era plácido de tener alrededor. Tenía una sonrisa aniñada que enviaba olas de aprobación hacia ella con cada sonrisa que tocaba sus mejillas con hoyuelos.

Pero lo que probablemente ella más amaba eran sus defectos. Sus hermosos, verdaderos defectos que representaban su tiempo de vida de batallas y aventuras. Quería besar cada uno, para simplemente mirarlos para siempre.

Lo amaba. Lo amaba por él. No había otra manera de decirlo. Porque era Yamcha a quien amaba y era Yamcha quien estaba aquí, abrazándola en sus brazos de la manera que había soñado tantas veces. Pero esto era real. Él había venido a rescatarla. ¡Tenía que hacerlo!

Y así... él la amaba. La amaba. La amaba...

Levantó sus dedos tan suavemente en su rostro, corriendo las yemas de sus dedos sobre cada increíble cicatriz que había sido puesta allí hace tantos años antes. Trazó sus dedos sobre su suave piel, acariciando sus mejillas con las rasgadas uñas. Se preguntó si él siquiera había notado que sus orgullosas y alegres uñas habían sido básicamente demolidas. Pero entonces, en nada de tiempo volverían, curadas y exuberantes como su amor.

Tocó sus tristes labios, empujándolos levemente para sentir la gruesa roja piel hundirse en su fuerza. El Ángel luego puso los suaves dígitos sobre su boca antes de colocarlos de nuevo contra sus labios. Fue su primer beso en un tiempo, aunque sus labios no se habían tocado.

Pero entonces, lenta pero seguramente, él tímidamente se inclinó sobre ella, los ojos nunca yéndose mientras comenzaban a cerrarse. Y sus suaves carnosas bocas se tocaron, presionando inocentemente contra la del otro. Era un beso de amor, algo que ella nunca había experimentado antes.

Pero no podía evitar sino sentir como que algo estaba faltando. Algo que acercara el beso junto. Los besos de Vegeta eran tan duros. Tan apasionados. E intentó como su Angélico ser le permitió, extrañó la fuerza dominante de sus brazos envueltos alrededor de ella, dedos intentando explorar partes de ella que no debería haber intentado. Él la había besado con una profundidad que estaba ausente en los besos de Yamcha.

¡Pero no debía pensar en esas cosas! ¡No debía!

Y así alejó sus pensamientos, presionando sus labios contra los de él y rogando por explorar su boca. No era la clase de besos que el Ángel daba por lo general, porque estaba plagado de raíces Demoníacas. Pero era la clase de beso que quería, y así él le permitió a la lengua de ella reprender sus suministros.

Sus calientes, húmedas bocas se encontraron en soledad, cada una saboreando la increíble saliva traída del otro. Él se enterró más profundo dentro de la de ella, sus manos corriendo ausentemente por su espalda. Ella ronroneó en su boca, un sonido tan extraño. tan... extraño para ella que lo puso increíblemente incómodo. De hecho, para ser honesto todo el beso era perturbante. ¿Quién le había enseñado a besar así?

Pero alejó los pensamientos de su mente. Bulma no era ninguna traidora. Tampoco era tonta. ¿Y sus acciones? Bueno, rió interiormente. Eran intrigantes por decir lo menos.

Su beso se profundizó hasta que ella lo agarró del cuello mientras lo empujaba hacia atrás a la cama. Él no tenía idea qué intentaba lograr ella pero la siguió dispuesto, sin estar seguro si permitirse creer que ella se entregaría a él en este momento o no. Sus labios nunca dejaron los de ella mientras ella se recostaba lentamente sobre la cama, sobre su espalda. Extendiendo sus piernas con una mano libre, él gateó sobre ella, levantando su pecho en el suyo mientras besaba por su cuello.

Ella gimió y agarró su mano en una extraña y completamente dominante manera, poniéndola sobre su pecho. Los ojos de él se ampliaron mientras las piernas de ella se envolvían alrededor de su cintura y lo jalaban más cerca de ella. No estaba actuando como ella. Algo estaba mal con ella. Estaba demasiado diferente de la tímida pequeña virgen que había sido tan frígida como una paleta durante el tiempo que él la había conocido. ¿Pero iba a decir algo? Uh. Déjenme pensar... ¡NO!

Ella levantó su vestido, jalándolo más cerca con sus piernas libres y chupando sus labios casi dolorosamente. Era como que necesitaba esto. Como si hubiera sido negada de algo a lo que era adicta. Y ahí fue cuando él sintió sus manos toquetear sus glúteos. Casi gritó mientras ella los agarraba sin piedad y hundía su cuerpo en el de ella, riendo malvadamente. No sabía qué hacer de ello. Nunca había tenido a una mujer que le hiciera eso. Era... oh wow. Extraño sin embargo... interesante.

"Qué Yamcha. Pensé que querías esto." Sonrió inocentemente, tomando su mano que había estado apretada alrededor de su pecho y empujándola entre sus muslos. Él le sonrió, inseguro si simplemente lo estaba poniendo a prueba o dándole una abierta invitación. Y así él empujó un dedo en el secreto bolsillo entre sus muslos, sintiendo cada caliente, húmedo músculo contraerse en su presión.

Ella gimió fuertemente, tomando un jadeo de aire mientras él repetía el proceso, esta vez profundizando más en su cuerpo. Se levantó por completo el vestido, exponiendo uno de sus pechos en el proceso y permitiéndole maravillarse con él antes de forzar su cabeza sobre él. Ella jadeó mientras él abrió su boca, lamiéndola sensualmente. Quería más.

Tomó su mano que estaba metiendo y sacando de ella, mostrándole lo que quería. Casi gritó fuerte mientras tres dedos se hundían suavemente en ella. Pero lo quería duro. Quería el dolor. Quería ser satisfecha.

Él nunca la había tocado así. A ella le gustaba. De atrás a adelante. Ida y vuelta. Empujando más y más duro. Su cuerpo estaba siendo empujado hacia arriba y hacia abajo y la cama estaba muy seguramente comenzando chirriar con tumultuosa fuerza. Pero sólo separó más sus piernas, presionándose duro en sus dedos y creando más fricción.

La besó en los labios mientras ella comenzaba a levantar su vagina en el aire mientras él iba y venía. Estaba gimiendo y jadeando mientras su caliente cuerpo yacía sobre ella, húmedos dedos deslizándose adentro y afuera de su cuerpo. Tomó sus exploradoras manos, levantando los empapados dedos hacia su boca mirando a sus ojos mientras comenzaba a lamerlos. ¡Era por lejos la cosa más atrevida que había visto hacer a una mujer! Luego deslizó sus dedos por su garganta y a su pecho, dejándolo tocar donde siempre había querido.

Pero lo estaba manchando. Haciéndolo tan dañado como ella misma. Y ni siquiera se había dado cuenta. ¡Oh Dios!

"Yamcha..." resopló en su oído. "Yamcha no podemos. Lo siento." Él levantó sus ojos hacia ella, sorprendido pero secretamente aliviado. Ella nunca sabría cuan perturbante era todo esto para él. Ella había sido protegida de cualquier cosa de este tipo por toda su vida, ¿y ahora? ¿Cómo exactamente era tan experimentada de repente? Era increíblemente enervante. Pero él había dado la bienvenida al cambio, ¿o no?

"Está bien..." dijo en su garganta, deslizando sus dedos de la humedad en la que previamente los había estado empujando. "Lo siento, sólo. Wow... es sólo que ha pasado tanto desde que te he visto."

Y así miró en sus ojos, mirando fijamente en sus oscurecidos azules ojos que parecían penetrar con sus secretos. ¿Qué le había sucedido aquí? ¿Por qué era tan diferente de la mujer que había sido secuestrada? Estaba a punto de preguntarle, cuando el rostro de ella palideció y sus ojos se pusieron blancos del miedo.

Sintió el calor hacer un enjambre como abejas en la fría habitación, picando con su intensidad. Llenaba la habitación con su indisminuible calor. Era sofocante. Giró su cabeza a un lado para verlo.

De pie con ojos rojos en la puerta. Estaba Vegeta.

Hmmm. Ahora, ¿fue eso un lemon?