Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Ángel Oscuro

(Dark Angel)

Un fic de Camaro

Traducción por Apolonia


No... NO... ¡NO!

Por favor no... Dios no...

...no...

La escena lo golpeó, su fuerza presionando contra sus ojos, mientras observaba el epítome de toda su creación, mirando en muerte a la pared. La sangre corría como rubíes líquidos, reptando como serpientes por sus musculosas muñecas y goteando espesamente en la diluida agua. Pétalos de rosas subían y bajaban por la superficie de la piscina, agitados por las gotitas combinando su propio extravagante color, creadas ambos por sangre de Vegeta y sin duda de las vidas de las mujeres asesinadas.

Parecían burlarse de él, flotando sin vida, arrancadas de la raíz y él demasiado tarde para salvarlos. Se habían ido... nada más que fragmentos de la hermosa flor que una vez había florecido, igual que la vida de Vegeta. La orgullosa flor de los legendarios Dioses. desplumada y marchita. Muerta.

Alzó sus ojos al techo, jadeando mientras lágrimas fluían de rotas presas escondidas en sus párpados, bajando por sus mejillas incluso mientras intentaba luchar contra ellas. Era una inútil y difícil situación y cubrió su boca con sus manos, sollozando.

Quería gritar. Dios cómo quería gritar. Era como nada más. Casi podía sentirse juntando el rígido cadáver en sus húmedos brazos, hirviendo en lágrimas que no se escuchan de cobardía por tal acto.

Cobarde. ¡COBARDE!

Jadeó, gritando en un sollozo, el único sonido marchito que podía permitir a su orgullo pronunciar. Sus rodillas temblaron, y cayó dolorosamente sobre ellas, derrumbándose al suelo y juntando sus alas a su alrededor para bloquear el dolor de la escena. Pero por desgracia, estaba incrustada en su mente y permanecía en su acompasada visión.

"Vegeta." sollozó, chocando sus puños contra los azulejos borgoña, rompiendo la fina porcelana incrustada con articulado diseño Demoníaco. Sus dientes estaban juntos y abiertamente apretados mientras lloraba todo el dolor que había sido enseñado a mantener por siempre en silencio. Maldita la manera de los Demonios. Maldita la manera de los Ángeles. No se preocupaba por las penosas reglas calculadas o tácitos deslumbramientos de palabras. Creía en lo que sentía. Y eso era dolor.

Vegeta se había ido. Ido.

Sus labios se levantaron y su mentón se arrugó mientras berreaba en sus puños con blancos nudillos, sacando a llantos el dolor que rompía su cuerpo con escenas de su caído amo.

Vegeta había sido asesinado, matado por la criatura que había tomado control de hermosa criatura que una vez fue. Se había convertido un esclavo del dolor, un esclavo de lo que era, odiándose por los sentimientos que lo desgarraban por dentro. Él había muerto por ella, justo como había prometido que haría, dándole a cualquier parte de su alma que existiera, libertad de la prisión de su mente.

En su desesperada locura y odio, había matado a todos esos que la traían de vuelta, su recuerdo. Su desprecio por Gohan y su masacre en masa de las mujeres, todo una parte más grande de su difícil situación suicida.

Radditz miró fijamente al suelo, abriendo sus ojos amplios mientras miraba las lágrimas caer al suelo y salpicar en el juntado charco. Tan simples eran esas creaciones, nada más que sal y agua. Sin embargo encerrando fervientes cantidades del dolor y angustia que agitaba un alma, cargando el dolor con ellas mientras dejaban el cuerpo y se juntaban en un montón sobre la fría superficie del suelo. Cerró sus ojos, empujando más en sus espesas pestañas hasta que el peso dio y ellos también descendieron hacia sus caídos hermanos.

Reuniendo su voluntad y honor, hundió sus uñas en el cuero cubriendo sus rodillas, deseando por más fuerza que la que poseía, incluso mientras sabía lo que debía hacer. Escuchó los resquebrajes y contracciones mientras levantaba su protestante cuerpo sobre las plantas de sus pies, trepándose casi ebriamente hacia el castigo de la piscina.

Miró al hermoso rostro que se veía hundido y traicionado, con los ojos cristalinos. Incluso en la muerte, todavía era tan hermoso, enrojecidos labios todavía apretados en una secreta sonrisa, afilada nariz y brillantes ojos asemejándose sólo con la belleza del Dios más fino. Vegeta, hermoso en todas las maravillas de la masculinidad. El más raro andrógeno.

Se había ido.

Radditz intentó con nostalgia calmarse, simplemente pretendiendo que la horrible forma ante sus ojos era nada más que una aparición de su mayor miedo encarnado. Se movió sin gracia al lado de la bañera, arrodillándose dolorosamente y cerrando sus ojos para la terrible tarea que yacía por delante.

¡GRITÓ!

¡POR DIOS QUE GRITÓ!

La fría mano agarró su muñeca, impía fuerza filtrándose en cada húmedo miembro que se envolvía como indomable muerte alrededor de su apéndice.

Jadeó, sus ojos cayendo sobre su Dios... su Vegeta.

Su corazón se detuvo, amenazando con superar todo pensamiento y curso de acción mientras los rojos, radiantes ojos del fallecido guerrero se deslizaban perezosamente hacia él, la cabeza cayendo a lo largo del borde de la bañera. Solamente, la criatura no estaba muerta.

Una satánica sonrisa se formó a lo largo de los gruesos labios de Vegeta, mientras miraba en un estado tipo de trance a su leal seguidor. Su sonrisa se amplió exponiendo porciones de sus dientes, pero más preferentemente, sus colmillos. Su demente mirada rasgó la sensibilidad de Radditz a destrozadas cintas y miedo envolvió su cuerpo más fuerte que incluso el dolor.

Sí, Vegeta estaba vivo en efecto... al menos el monstruo.

Luchando contra los nerviosos espasmos que giraban por su brazo, luchó internamente para permanecer erguido. Los encerrados disparos de sangre en los ojos del Rey eran una abierta proclamación de los traidores efectos de la Ceniza. El Rey Demonio tenía una sobredosis de nuevo, cortándose su propia muñeca para alejar las desastrosas emociones que sin duda habían hecho volar toda razón.

"Radditz..." La R rodó perezosamente por la lengua del Demonio, su profundo acento azotando cada sílaba susurrada en dulces letras. Sus ojos colgaban vagamente sobre el rostro de su soldado, tal vez por primera vez notando el miedo penetrando en las notables facciones.

"Mi... hermoso Radditz." Susurró, jalando la muñeca encerrada por sus dedos más cerca, mirando ebriamente a la fina variedad de venas azules y rojas que salían de su musculoso brazo. Sus uñas se habían hundido profundamente en el brazo de Radditz, filtrando leves cantidades de sangre, aunque sólo él y el monstruo sabían que esas acciones eran adrede. Sólo una pequeña cantidad de fina carne de sus muñecas fue expuesta, y los imperfectos dedos del Rey se deslizaron más alto sobre el cuero negro, casi a sus codos. Podía sentir a Radditz temblar bajo su frío y gélido toque, sus dedos asemejándose al agarre de la misma muerte personificada. El miedo penetró en la tensa piel del guerrero, fluyendo a través de la mano de Vegeta como agua a través de un canal. Casi podía saborearla.

El nerviosismo sólo podía describirse de esta manera. ¿Han estado alguna vez a pulgadas de ser atropellados por un choque de autos? ¿Recuerdan la nerviosa enfermedad que parecía envolver su cuerpo entero mientras continuaban su destino casi subconscientemente? La calidad del miedo puede venir tan fuertemente como cualquier emoción, casi golpeando el pensamiento por su abandonado portador.

Radditz sintió ese miedo mientras las congeladas puntas de los dedos rozaban la sensible carne de su muñeca, las malvadas uñas levantándose y cayendo, provocándolo con la única mano que no estaba incorporada dentro de su piel. La dura mirada de Vegeta dio evidencia clara como el cristal que los efectos de la impenetrable droga estaban lejos de disiparse y todavía plagaba cada consciente pensamiento que cursaba a través de su condensada mente. El dragón sostenía supremo control, frío y malicioso como siempre, mientras que Vegeta era simplemente su herramienta, despertando ideas y creaciones que el monstruo nunca había entendido antes. Los dos eran uno más ahora que nunca, compartiendo el mismo increíble cuerpo y sintiendo las retorcidas mentes del otro con perversas ideas y acciones.

La suave mejilla de Vegeta se deslizó a lo largo de la tierna piel, las dos hojas de carne moldeándose juntas de manera constructiva y sintiéndose maravillosamente suave. 'Suave como ella, ¿verdad Vegeta?' dio instrucciones la voz, recordándole una vez más de la criatura que había perecido su orgullo en nada. Al carajo con ella. La creadora de su empobrecida mente, la que desfiguró su fuerza. Había sido fuerte una vez, ¿o no? Ahora no era nada más que un cascarón vacío del monstruo que una vez había gobernado esta decrépita tierra mucho mejor que su padre.

Maldita ella por hacerlo sentir.

"No pensaste que te dejaría, ¿o sí mascota mía?" susurró Vegeta, sus manos corriendo sensualmente a lo largo del brazo del soldado. Se estaba refiriendo a su derretido intento de suicidio.

"No tengo la fuerza, mi amor." Suspiró, bajando su cabeza. "Ya no más."

La respiración de Radditz se atrapó en sus pulmones y jadeó mientras los suaves labios de su amo comenzaron a acariciar su muñeca, besando e inhalando la fina piel que sobresalía sobre sus venas y huesos. Él no hizo intento alguno de alejarse, temiendo que tal desdeñosa acción sólo agite más a la criatura en rabia. Era enervante mientras los hermosos labios se movían por la palma de su mano, y alejó la vista avergonzado y temeroso.

No estaba cómodo con esas acciones, al no encontrar atractivo alguno en otro hombre, aunque Vegeta podría hacer sido considerado una excepción. Su eminente aparición era más que suficiente para agitar las inclinaciones del corazón del otro hombre, sus feroces ojos cavando agujeros en la auto negación y contención. Pero este no era Vegeta y era bastante posible que el dominante intento del Demonio estuviera ciego y retorcido por sus indecisos cursos corriendo a través de su mente. Era incluso posible que ni siquiera conociera a Radditz, mucho menos la mezcla de emociones que sus húmedos besos estaban inculcando sobre su amigo.

"Ven conmigo Radditz." El Demonio tentó, preparando a las caóticas emociones que plagaban al guardia. Corrió sus dientes tentadoramente sobre los huesos que salían remotamente mientras el portador flexionaba incómodamente.

"Está... está frío, mi señor." Radditz tartamudeó, mirando repugnado a las olas de aguada sangre que habían manchado los bordes de la tina. Inhaló aire frío mientras los labios de Vegeta se cerraron sobre las venas y líneas de su brazo, la calidez de su boca enviando olas de atrayentes hechizos sobre su cuerpo.

"También así está mi amor... también así." Suspiró.

La seducción estaba envolviendo las resueltas proclamaciones de Radditz de heterosexualidad e ideas aparecieron en su mente que nunca antes habían aparecido antes. Algo estaba sucediendo. Algo estaba alcanzando a su proceso de pensamiento e infectándolo con sus ideas. No había otra opción. ¡Algo andaba mal!

Su cuerpo comenzó a calmarse y se quedó atrapado en un estado tipo trance, mirando cálidamente a su amigo y volviéndose ignorante al mundo que giraba alrededor de él. Sintió caliente y frío, mirando en confusión a las baldosas comenzar a girar torpemente bajo él, las paredes convulsionando y girando incluso mientras él las miraba fijamente. ¡¿Qué estaba sucediendo?

Y luego las uñas se liberaron de su compartimiento anterior en el brazo del guerrero, manchadas con la sangre que todavía se aferraba a ellas, junto con el compartimiento secreto de Ceniza que había estado escondido bajo sus uñas. Había drogado a Radditz.

El soldado se agitó irregularmente mientras los efectos rodaban a través de su mente, caos aplicándose a toda resolución en desagradable engaño. Había sido drogado... esto sabía. Pero era nada más que la mascota estimulante mientras era arrastrado hacia la roja piscina, hundiéndose en la fría agua hasta su cuello. Los fieros ojos de Vegeta bailaban con bestial ira y excitación mientras el líquido se filtraba a través del cuero y se hundía en la carne del guerrero, forzando arroyos de escalofríos a correr a lo largo de su espina...

Frío... Tan frío.

"No... no hagas esto Vegeta." Sollozó, su mente descomponiendo sus relativos pensamientos y la droga aumentando a su máximo extremo. Había sido una poderosa dosis, infectando sus venas con su posesivo virus e incapacitando su mente.

"Cálmate mi Radditz..." Vegeta susurró en su oído, apareciendo desde atrás de él y envolviendo sus manos alrededor del pecho del Demonio. El agarre de Vegeta era irracionalmente firme y malvado, jalando a la espalda del soldado contra el musculoso pecho, y respirando en su oído.

"He deseado esto desde hace mucho tiempo, mi amigo." Rió, cada ráfaga de aire pervirtiendo los pequeños cabellos que estaban rectos en el expuesto cuello de Radditz.

"Quiero probarte."

"¿Por qué?" Radditz gritó, odio hirviendo sus palabras mientras contemplaba un ataque, sabiendo su inútil intento.

"¿Por qué asesinaste a Videl... por qué las concubinas?" La sonrisa de Vegeta vaciló ligeramente, reemplazada por una leve cantidad de ira e indecisión. Después de un rato suspiró... decidiendo responder a este único pedido, el último de Radditz. Por que al menos el drogado guerrero creía que su Rey no tenía otras intenciones, Vegeta sabía exactamente qué iba a hacer.

"Mujeres..." Comenzó, estrangulando a su cautivo por envolver sus brazos alrededor de su grueso musculoso cuello. Radditz se puso tenso para respirar, ganando sólo cantidades de minutos de su dulce compulsión.

"Ya vivieron su utilidad." El miedo de Radditz mezclado con la droga mientras la maldad de la voz de su amo permeaba el aire. Vegeta estaba vivo en efecto, pero mayormente muerto. Insensible y monstruoso.

"¿¡Y Bulma?" Gritó el cautivo, tratando de salirse del febril abrazo de su amo.

"¿Te has olvidado de ella? ¡¿Ya ha vivido ella su utilidad? ¡¿LA MATARÍAS?" Aulló miserablemente, escuchando su voz romper mientras el brazo se apretaba traicioneramente alrededor de su esófago, permitiéndole la más pequeña cantidad de aire que lo mantendría consciente.

Cuando había pensado que Vegeta gritaría, azotando con violencia, sólo recibió una risa. Una riza que estaba entrelazada con dos voces diferentes, una esa de Vegeta y la otra de una más oscura, ronca deslizada voz. La risa enfriaba sus venas, casi deteniendo su corazón mientras hacía eco a través de la sangre de la habitación.

"No hay necesidad. Sin duda ella cumplirá el trabajo por sí misma, despreciando a la criatura en la que se ha convertido. Ya verás amado mío." Sus labios se movieron lo cerca suficiente para deslizarse contra la sensible carne del oído de Radditz mientras decía palabras que se hundían como fluidos en la punta de su estómago duro como roca.

"Ella está infectada." Rió socarronamente, los dos tonos separados enredando las palabras.

"Mi sangre corre fuerte a través de sus venas como una contagiosa enfermedad... amoldando y dando forma y construyendo hasta que ella sea todo sino una de nosotros."

"Nunca... no te creo." La aplastada voz de Radditz susurró, sus ojos comenzando a nublarse por la falta de oxígeno. Vegeta sólo rió más duro ante su inútil situación.

"Incluso ahora... la semilla del mal la germina... creciendo y disipando sus inocentes hasta que no quede nada más."

"¡ESTÁS MINTIENDO!" Raddtiz gritó, esperando contra toda esperanza que las palabras no fueran ciertas. El Ángel no podía estar sufriendo por el mismo tipo de monstruo que habitaba y controlaba al monstruo que lo mantenía a él. Vegeta había perdido su batalla contra el dragón...también ella la perdería. Pensamientos de la hermosa Ángel cursaron frente de sus ojos, recordándole de su preocupación por ella. Ella era su amiga.

"Yo mismo lo vi..." rió el monstruo, la malvada voz azotando el tono y el sonido. Más hablaba y más indefenso se dictaba el guardia, filtrado de su poder y drogado en caótica debilidad.

"Mientras yacía cubierta por la repulsiva forma de su amante, entré, viendo sólo un mero instante que el mal la había transformado, tomando control sobre sus acciones y seduciendo su mente con su agarre." Incluso mientras el demente Demonio azotaba las palabras, todavía podía ver los claros, fríos ojos que habían cautivado su poseído rostro cuando él había entrado, asemejándose al suyo propio. Era sólo una cuestión de tiempo hasta que la maldad la envolviese completamente y su corazón se volteara en su cuerpo, atormentándola hasta la muerte.

"Cada querer, cada necesidad... Cada deseo que yace latente dentro de su Angélica fachada saldrá a la vista, introducida en ella y puesta en acción. Hará cualquier cosa que la criatura seduzca en su mente. Dudo que incluso lo recuerde." Rió malvadamente, su caliente aliento cayendo por la parte de atrás del cuello del soldad. Sólo ustedes y yo podríamos saber cuan verdaderas eran estas palabras, porque no era la Angélica Princesa quien era engañada tan fácilmente engañada de su inocencia a Yamcha, sino la implicación del creciente dragón.

"Pero recordarás esto mi Radditz... recordarás." Prometió, abriendo su boca mientras sus colmillos crecían.

"Todas esas veces que me derrotaste, cada moretón... sabía que algún día te los cobraría. No luches... Esto sólo dolerá un poco." Sonrió, antes de sumergir sus dientes contra los músculos de la garganta del guardia.


Hmmm... no estoy realmente demasiado contenta con los resultados de este capítulo pero decidí no publicarlo y sólo liberarlo para mis lectores. Espero tener otro por la noche para expiar por mi tardanza... ¿Escucharon todos la canción? ¡Porque de seguro que no escuché ningún comentario en los reviews!

OTRA VEZ... son Jane Arden y Cherry Popsicle... escúchenla...

Entonces sobre la historia... para que no haya confusiones... nos enteramos que SÍ... Camaro tenía una razonable excusa para poner un pequeño lemon allí... ¿No les dije que cada detalle aquí tenía un propósito?

Bulma le permitió a Yamcha hacer eso simplemente porque no estaba en control. La criatura dentro estaba, implantada de manera desconocida por Vegeta cuando él le había dado de su sangre esa noche que casi la mató... ¿me siguen hasta ahora? Bien. Entonces sabemos que Bulma ni siquiera recuerda lo que hizo, por lo que es exactamente por qué no mencioné ningún remordimiento o arrepentimiento en sus emociones. Lentamente está perdiendo el control, siendo infectada por el monstruo creciendo dentro. Y sé que probablemente todos hayan supuesto que puse a Radditz y Vegeta en eso, pero eso era realmente mi propósito. Quería que Radditz sospechara y también el lector. Vegeta realmente no tenía intención alguna de metérselo a su guardia, simplemente atrayéndolo hasta que estuviera afectado por las drogas. ¿Y ahora qué? ¿Matará Vegeta a Radditz? Tienen que averiguarlo después...

Oh... ¿y quién carajo es la chica ms137? ¡Estúpida perra puta! ¿Acortar mi historia? ¡Al carajo "burra"! Desearía saber quien carajo dijo eso pero supongo que tal notable cobarde nunca dejaría un e-mail. Ha... eso es lo que pensé, perra.

Estoy tan contenta que tengo tantos increíbles comentadores que puedo descartar a la masturbada tarada... ahh... la dulce esencia del odio... mmmmmm... Amor Camaro Y sí... soy vengativa...