Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Ángel Oscuro

(Dark Angel)

Un fic de Camaro

Traducción por Apolonia


Los dientes se hundieron en su carne, estirando al principio y luego rápidamente penetrando el grueso material hasta que los caninos en la parte superior se juntaron con la mandíbula inferior. Era insoportable, y el guardia del palacio gritaba malvadamente fuerte, su ronca voz explotando dentro de la habitación de azulejos, atronadora y tensa por el feroz agarre que tenían las garras de Vegeta hundiéndose en el lado de su garganta. Sintió su cuerpo temblar y torcerse de atrás adelante, salpicando y arrojando las olas de agua ensangrentadas de un lado a otro.

Rojos charcos se condensaron contra el negro mármol, creando puntos de líquidos grupos todo a lo largo de los azulejos. Y todavía gritaba el soldado, intentando en vano alejarse, sólo para ser castigado con un fresco surgir de energía que casi lo envió arrastrándose a la boca de la oscuridad que se acurrucaba salvajemente alrededor de sus ojos.

Se agarró a los lados de la tina, sus uñas arañando como uñas en una pizarra, el sonido irritando al atacante de negro corazón sólo minuciosamente, nunca frenando el progreso.

Vegeta estaba penetrando con vida, sintiendo poder condensarse dentro de su cuerpo y deslizarse a través de sus venas como líquida energía, reponiendo su disminuido espíritu y curando cualquier herida de sus Angélicos ataques. Podía sentir el color inundar en sus mejillas y su visión volverse carmesí con la fresca carne que brotaba en ellos. Ahhh... la sensación... oh... la sensación más allá de las palabras. Tales patéticas creaciones nunca podrían hacer tan experiencia de justicia y sólo carecerían de poder para describirla. Sus dedos se sentían rejuvenecidos, surgiendo con invisible electricidad mientras las uñas sólo crecían más, filtrándose en la húmeda carne sólo más profundamente, negra sangre brotando sobre ellas y deslizándose sobre ellas hasta sus nudillos.

Sus brazos se flexionaron con incomparable fuerza, cincelados como músculos de Dios una vez más, de la manera que debían haber sido, la carne cubriendo y estirando completamente sobre los expuestos músculos y severas venas. Cada sistema nervioso, cada emoción se elevaba a lo alto, haciendo cosquillas con la notable sensación. No sólo podía saborear la sangre sobre sus labios, sino sentir la energía humedecerlos con vida, volviéndolos de parcialmente pálidos a un profundo borgoña que brillaba incluso en sus mejillas.

Radditz gritó, sintiendo sus dedos de los pies entumecerse incluso mientras los pateaba fluidamente contra el fondo de la tina, inútilmente intentando soltarse. Pero estaba perdiendo impulso incluso mientras Vegeta lo estaba ganando. La neblina una vez más alivió el exterior de los bordes de su visión, y se sintió sucumbir a su abrazo invitador, relajando su cabeza contra el hombro del Demonio y sometiendo su garganta abiertamente, dejándola expuesta al hermoso atacante. Podía sentir cada onda en el agua mientras subía y bajaba, cortesía de los feroces movimientos de Vegeta para hundir más profundo. Curiosamente, ya no podía sentir dolor, alejándose de su sustancial mente. La parte de atrás de su cabeza inclinada perezosamente sobre el musculoso hombro y podía sentir el negro cuello de honor que Vegeta siempre había usado alrededor de su cuello.

Era el honor de la familia, tan vieja como la familia misma, yéndose a miles de generaciones atrás al otorgado sobre Dracola, el primer Demonio conocido de la clase. Había sido dado a él como regalo, comprado con el precio de treinta piezas de plata. El pago del Demonio por sacrificar al primer Ángel.

Los Reyes en la historia humana usaban el peso de una corona, su simple apariencia dando indisputable evidencia de su herencia real. No era así en la tierra de los Demonios, porque la marca de autoridad y Reinado yacía en la posesión del más negro de los collares de metal. No tenía ninguna característica distintiva por la que ser reconocido, sólo su impío brillo haciendo su ascendencia. Porque incluso en la completa oscuridad, el maldito brillo del honor se notaba, centellando Demoníacamente por su propia cuenta. Cualquier poder que estuviera instalado sobre la creación era de oscuros y malvados orígenes.

Vegeta había clamado su derecho a él con el precio del tieso corazón de su padre. Su soldado todavía podía ver la hermosa joven mirada de sorpresa mientras lo ponía alrededor de su garganta, sacando su pecho en orgullo, justo como debería un joven Rey. Radditz sólo podría haber imaginado la sensación de solvencia que esa indomable criatura debió haber sentido en ese memorable día, mirando tranquilamente a su roto hermano mientras ostentaba su encanto, sabiendo que si había estado destinado a tenerla originalmente o no, lo estaba haciendo ahora.

Radditz miró el serpenteante rostro de su amo, cincelada forma de las más finas piezas de la creación de Dios. Sus ojos eran del color de las partes más negras del Infierno, suaves y tiernos como el mármol y penetrantemente mortales como una espada, cortando a través de la más profunda carne de tu alma. Su nariz era orgullosa y filosa, dándole la confianza y montada apariencia que probaba que él era el portador del trono, del honor. Y sus profundos llenos labios que le daban esa indisputable belleza y elegancia, prodigándolo al punto de casi androgeneidad.

Y estaba lentamente chupando la vida de Radditz, sosteniéndolo cerca mientras la oscuridad comenzaba a liberar el dolor, suavizando al malvado corazón y reemplazándolo con la calidez de un calmante entumecimiento que había llegado a sus piernas y estaba haciendo su camino a su corazón que funcionaba cada vez más lento.

"Sólo un poco más mi precioso..." Vegeta alentó suavemente, suavizando el salvaje cabello sobre la frente de Radditz con su mano libre. Nunca había imaginado que el guardia pudiera poseer tan poder substancial y estaba menos que ansioso por ser aliviado de la sensación.

"Un poco más... sólo un poco más." Susurró, besando y chupando suavemente en los chorros de líquido que constantemente inundaban dentro de su boca, entibiando su interior incluso en la fría gélida agua.

Pero no sólo estaba curando su insaciable cuerpo, sino su mente repentinamente se volvió más clara que nunca antes. Arrojó su cabeza hacia atrás, mirando con nostalgia al techo como si nunca lo hubiera hecho antes. Jadeó, su cuerpo pesando contra el soldado posicionado sobre su regazo. Sus ojos aclarados completamente del rojo y la criatura gritó en agonía mientras fue arrojada hacia atrás en cautiverio como antes.

Radditz sólo subconscientemente escuchó el Satánico grito, considerándolo sólo los impuros trabajo de su mente deficiente. Sintió los colmillos dejar su garganta, esperando que se incrustaran una vez más para el último episodio de dolor antes de la finalidad del asesinato. Suspiró al menos exceptuándolo como una digna muerte en las manos de su amigo.

Cuando los dientes no volvieron por algún tiempo, Radditz se volteó lentamente, comprobando sus límites ante la ira del Rey. Pero Vegeta no respondió ni se quejó por nada en lo absoluto, permaneciendo mortalmente quieto. La visión de Radditz pronto lo acompañó sólo para encontrarlo casi roncar mientras sus cerrados párpados observaban el notable techo que se avecinaba a 10 pies arriba de ellos. Su cabeza yacía contra el borde y su llenamente rejuvenecido cuerpo descansaba pacíficamente en el frío del agua. ¡El bastardo se había quedado dormido!

Radditz revisó todo signo vital, mirando en sorpresa ante la fina variedad de heridas curadas que habían decorado las espléndidas curvas y ondas del glorioso cuerpo de la oscura criatura. Miró completamente contento y revivido, durmiendo como un joven niño con su frustrado, medio muerto soldado yaciendo molestamente sobre su regazo. Radditz casi sintió un destello de indignación antes de darse cuenta cuan increíble era tal suceso. ¿Ahora cuantas personas se les perdonaba su vida por una siesta? Era afortunado más allá de cualquier cosa normal.

Radditz fue obligado a esperar en el agua que congelaba hasta los huesos por casi una hora, su testarudo cuerpo rehusándose descaradamente a moverse. Tomó algún tiempo antes que fuera capaz de agarrar los lados de la tina y liberarse del abrazo del joven Rey que se había apretado considerablemente en su siesta. Radditz levemente temió a la incomodidad de otro guardia descubriéndolo en esta imparcial postura, por siempre considerándolo secretamente como el hombre-perra personal de Vegeta. No era un título que él aceptaría sin un par de manos rodando por decir lo menos.

Podía sentir cada renuente articulación doler ante su impetuosa demanda de un cambio de posición, y su espalda sonó varias veces mientras se alzaba a sí mismo de la húmeda piscina. El agua se vertió de él, salpicando en la pileta mientras el salía trepando sin gracia, sus pantalones de cuero pegándose a cada imaginable lugar, y si no hubiera sido por la incesante pérdida de sangre, supongo que se hubiera sonrojado.

Sacando la demandante succión ahuecada en el material de su entrepierna, se sintió abrumadoramente libre. Sus empapados zapatos apretados y desastrosa torpeza sobre el húmedo piso.

¿¡HÚMEDO PISO!

Su cabeza golpeó en el concreto mientras se resbalaba y caía, sus pies huyendo bajo él mientras aterrizaba dolorosamente sobre el coxis. Su lastimada espina estaba azotada por el dolor y soltó un abrasado jadeó de aire mientras erguía la ira y la vergüenza que lo envolvió. ¡Eso realmente había dolido!

Yació allí por un momento, recapitulando todo lo que había sucedido en este día psicóticamente confuso, y deseando que la mayoría de ello no hubiera ocurrido. Podía sentir un gran chichón formándose en la parte de atrás de su cráneo, creciendo incluso mientras se inclinaba hacia atrás sobre él. Picaba aunque no hubiera hecho nada para hacer represalias sobre él.

Suspiró, tomando aire mientras intentaba una vez más recuperar su equilibrio, agarrando los húmedos bordes de la tina y arrastrándose sobre sus rodillas, desestabilizado. Miró una vez más al posible portador de su última muerte quien yacía pacíficamente ignorante de la confusión e irreparables consecuencias que yacían por delante. ¿Recordaría Vegeta incluso todo esto? Clamó que Bulma no lo haría y el guardia de cabello negro apenas podía distinguir si eso era algo malo o no.

Su voz se estiró mientras se enderezaba, estirando sus adoloridos y lastimados grupos de músculos y luego inclinándose sobre el área de baño ridículamente grande. Juntó a Vegeta suavemente en sus brazos, medio esperando que estuviera completamente desnudo y sin embargo encontrándolo placenteramente cubierto con sus pantalones de cuero con estilo, muy parecidos a los de Radditz. Entonces el bastardo no había estado tomando una ducha después de todo, simplemente yaciendo sin camiseta en la mugre y enfermedad de sus actos.

Radditz cargó al Rey lejos de la piscina de pétalos de rosas y agua roja, ciegamente pasando por los pasillos hasta que llegó a la habitación que sostenía posiblemente la más destructiva sangre que por siempre lo plagaría. La cama estaba cubierta tanto en cuerpos o sangre, a ninguno de los cuales deseaba entregar a su Rey. Mantuvo sus ojos ciegos de las dolorosas escenas, mirando hacia adelante a la puerta tan mejor como pudo para ahorrar a sus ojos de la profanación de ver tal horrenda masacre.

Trepó débilmente en la anterior habitación de Bulma, moviéndose al lado más lejano de la habitación donde yacía el hermoso dosel de la cama, todo el tiempo murmurando palabras elegidas con respecto a la posición de la cama. ¿Qué idiota de mierda había elegido poner la cama tan lejos del marco de la puerta como fuera posible? ¡No era exactamente como que esta era una habitación pequeña!

Moviendo a un lado el mejor material tan bien como pudo sin ningún brazo, arregló a la hermosa criatura calmadamente, agachándose sobre él mientras cubría a Vegeta con sábanas y lo acomodaba con las almohadas. Por dentro se preguntó secretamente si despertar para encontrárselo entre las negras sábanas de su torturador, llevaría a Vegeta al borde de nuevo pero decidió que en este punto no tenía ninguna otra opción disponible. Tuvo suerte de llegar hasta aquí, el efecto de la pérdida de sangre creando inestabilidad y un extraño inducido introducido en su inmiscuido cuerpo.

Miró por milésima vez a la calmada fachada del rostro de Vegeta, notando de nuevo cuan joven era verdaderamente la hermosa criatura. Era tan fácil de imaginar al hombre ser de gran edad y complejo en razón y lógica, pero era otra reconocer la inexperiencia y falta de conocimiento que venía junto con la edad de los veinticuatro.

Había confiado demasiado en su amigo, juzgándolo digno de manejar solo situaciones que ni siquiera Radditz había podido, simplemente porque era Vegeta. Invencible y poderoso Vegeta que nunca se rendía, nunca mostraba emociones o debilidad.

Se preguntó si las palabras que había dicho el monstruo eran verdad, que Vegeta había deseado vengarse y matarlo por las derrotas que había sufrido por su propia cuenta. No era ningún secreto que el Rey Demonio era vengativo y menos que reacio a la pena pasada, pero no había imaginado que las heridas mentales todavía plagaran la fuerte mente de Vegeta.

Suspiró, sabiendo que tal meditación y vacías reflexiones eran trabajo de los tontos, viendo que no habría opción alguna de una respuesta en esta oscura noche. Y así se volteó para irse, sintiendo la habitación girar mientras una mano una vez más agarraba su muñeca. Era un deja vu todo de nuevo con el mismo tembloroso miedo agarrando sus adentros con dedos de acero.

Sus amplios ojos inmediatamente cayeron sobre el calmado y compuesto rostro de Vegeta, esperando que la criatura que hubiera estado fingiendo dormir todo el tiempo. Pero se mantuvo en las espesas hojas del sueño, apretando los dedos de su mano subconscientemente.

Intentando como pudo, Radditz estaba demasiado débil para sacar los duros dedos de Vegeta y pronto encontró su situación como complicada tanto como era inútil.

Y así... como había hecho una vez en su vida, gateó en la cama de nuevo con Vegeta cayendo en un profundo ferviente sueño junto a su retorcido amigo... pero de toda la vida.