Disclaimer: No soy la dueña de los personajes de Card Captor Sakura, pero sí de la historia en su totalidad. Espero que la disfruten.
La apuesta equivocada
Capítulo 1
Sakura Kinomoto se despertó de golpe al oír el despertador muy cerca de ella. Alargó el brazo en busca del ruidoso aparato y en cuanto lo halló justo al lado de su almohada, lo apagó. Observó la hora: siete menos cuarto de la mañana. Debía prepararse para ir al instituto. Desperezándose, salió de la cama en dirección a la ventana, la abrió y, cerrando los ojos, aspiró profundamente el aroma primaveral de aquel buen día de abril. Inmediatamente se puso de muy buen humor. Hacía verdaderamente un día precioso: el sol brillaba en el aclarado y totalmente despejado cielo azul, la temperatura era perfecta y la suave brisa del viento le acarició la piel del rostro a la vez que le hizo ondular sus largos cabellos castaños; los pájaros cantaban melodiosamente, los cerezos estaban hermosamente florecidos y los pétalos de las flores brillaban con las primeras gotas de rocío.
Sentía una agradable e inmensa paz en su interior. Este era uno de los muchos motivos, por los cuales, amaba la primavera.
Un pequeño tirón de su fino pantalón de pijama rosa la sacó de su ensoñación. Bajó la mirada y rió cuando vio a Kero, su pequeño perrito, lamiéndole los dedos del pie. Se agachó y lo cogió en brazos.
-Para Kero, eso me hace cosquillas- dijo riendo.
El pequeño animal ladró contento e inclinó la cabeza hasta el rostro de la chica para lamerle la mejilla. Sakura rió y lo estrechó en sus brazos.
-Ya veo que tú también te has levantado de muy buen humor esta mañana.
El cachorro volvió a ladrar y para Sakura eso sólo podía significar que estaba en lo cierto.
- ¡Sakura, el desayuno ya está listo!
Sakura oyó la voz de su padre e instantáneamente se dio cuenta de que aún no se había vestido.
- ¡Voy!- gritó.
Dejando a Kero en el suelo, rápidamente se quitó el pijama, abrió el armario y cogió su uniforme escolar. Se vistió, peinó y perfumó en tiempo récord y, junto a Kero, bajó las escaleras hacia la cocina.
- ¡Buenos días!- saludó alegremente desde la entrada.
Terminando de envolver lo que debía ser su almuerzo para la escuela, su padre, Fujitaka Kinomoto, volteó a verla y le dedicó una alegre sonrisa.
-Muy buenos días, hija mía.
Sakura tomó asiento y dirigió sus ojos verdes hacia el retrato que estaba sobre la mesa. Su sonrisa se ensanchó.
-Buenos días, mamá.
Fujitaka llegó a su lado y le puso enfrente un muy apetitoso desayuno.
- ¡Anda que buena pinta! ¡Qué aproveche!- dijo antes de empezar a devorar el plato.
Sin dejar de sonreír, su padre se sentó frente a ella y se dispuso a desayunar también. Pero un ladrido le llamó la atención. A sus pies, Kero lo miraba con una expresión lastimera.
-Oh, vaya. Perdona Kero, no pretendía olvidarme de ti- dijo levantándose rápidamente en dirección a la cocina.
El pequeño cachorro agachó la cabeza sollozando un poco.
-Oh, no llores Kero- le dijo Sakura. Extendió el brazo ofreciéndole una salchicha- Toma pequeñín.
El animalito corrió hacia ella y tomó la salchicha. Cuando se la tragó sacó la lengua afuera y meneó su colita alegremente.
Sakura rió por lo contento que se puso.
-Aquí tienes, Kero- dijo Fujitaka. En cuanto Kero comenzó a devorar su plato, le acarició suavemente una oreja- Espero que me perdones por mi despiste.
Kero levantó la cabeza y le lamió un par de veces la mano. Luego volvió a su plato, el cual, devoraba como si la vida le fuera en ello. Fujitaka supo por ese pequeño gesto que estaba perdonado y sonrió volviendo a la mesa.
-Ya he terminado. Todo estaba muy rico- dijo Sakura levantándose para recoger los platos.
- ¿Ya te vas?- Le preguntó su padre.
-Eh, sí. Hoy tengo entrenamiento de animadoras.
-Muy bien, aquí tienes el almuerzo- le extendió el brazo con un gran paquete envuelto en un pañuelo.
- ¡Gracias! ¡Hasta luego!- dijo ella tomando el almuerzo y yéndose a toda prisa.
- ¡Pásatelo bien!- oyó decir a su padre.
Sakura tomó su cartera,se colgó al hombro su bolsa del equipo de animadora y salió un tanto apresurada. Corrió unos cuantos metros y cuando calculó que estaba más o menos a mitad de camino siguió andando. Al llegar a una larga calle, por la cual, los pétalos de cerezo llovían como gotas rosas se puso muy contenta.
¡Qué cosa tan hermosa!, pensó riendo eufórica mientras daba vueltas con los brazos extendidos. Pero se paró en seco al divisar no muy lejos de ella una figura masculina.
Apoyado sobre una pared, con una postura muy tranquila y despreocupada y las manos metidas en los bolsillos, un chico alto y de muy buen porte, vestido con el mismo uniforme de su instituto, la observaba fijamente. La suave corriente de viento meneaba pausadamente su pelo castaño oscuro, cuyos mechones le llegaban casi al final de la nuca y le cubrían un poco sus ojos marrones, proporcionándole un aspecto rebelde pero a la vez atractivamente misterioso. Sakura también lo observó durante unos minutos, percatándose de la intensidad de su mirada sobre ella de arriba abajo. Él torció la boca en una sonrisa burlona y continuó devorándola con los ojos. Sakura sintió que se le tensaba los músculos y lo miró con una mirada un poco dura mientras aguantaba un poco el aliento. Respiró hondo y abrió la boca dispuesta a hacerle una pequeña réplica acerca de su desvergonzada manera de mirarla cuando una voz interrumpió la conexión entre sus miradas.
- ¡Hola Li!- gritó un chico moreno que corría hacia el aquel mirón de rebeldes cabellos castaños.
Sakura lo reconoció enseguida como Takashi Yamazaki. Era un compañero de su clase. El atractivo castaño lo saludó y Sakura los observó a ambos caminando tranquilamente mientras conversaban. Aún podía sentir la tensión que le había provocado ese chico misterioso con su intensa mirada y no podía entender por qué. Sin embargo, se encogió de hombros y decidió quitarle importancia. Retomó su camino hasta el instituto disfrutando de la bonita vista de la lluvia de pétalos de cerezo.
Al llegar a la gran puerta del instituto Seiyo, Sakura divisó a lo lejos a su mejor amiga caminando hacia la entrada del edificio principal.
- ¡Tomoyo! ¡Buenos días!- saludó corriendo hacia ella.
Tomoyo Daidouji se paró al oírla, se dio la vuelta y le dedicó su amable sonrisa de siempre.
-Hola buenos días, Sakura.
En el momento en que Sakura llegó a su lado, ambas chicas caminaron juntas hacia el edificio.
La primera hora de clase pasó rápido y Sakura no se molestó en disimular su entusiasmo cuando llegó la hora de una de sus asignaturas favoritas: Gimnasia.
-He observado que estás muy contenta esta mañana- comentó Tomoyo mientras se trenzaba su largo cabello negro.
-Sí, hoy tengo muchas ganas de entrenar.
Sakura terminó de atarse sus deportes y sacó sus pompones.
-Tú siempre entrenas con mucho ímpetu, por eso eres sin duda la mejor del equipo- aludió su amiga.
Sakura le sonrió agradecida por sus cumplidos. Durante el entrenamiento de las volteretas estuvo muy activa, y dio lo mejor de sí misma, lo que hizo que recibiera muchos aplausos por parte de sus compañeras más de una vez. De la misma manera, su entrenadora la felicitó con gran orgullo.
Sin embargo, con la práctica del bastón no tuvo la misma suerte. Sakura era la mejor manejando el bastón, y eso lo sabía todo el mundo. Nadie podía igualarla. Pero muchas veces se volvía una completa patosa y acababa recibiendo un gran golpe en la cabeza con el duro objeto de hierro. Y aquella vez, no fue la excepción…la pobre lloriqueó durante un breve momento por el dolor que le causó el golpe.
Cuando la entrenadora concedió un receso de diez minutos, Sakura aprovechó para ir a beber un poco de agua a la fuente.
Llegó hasta el campo de fútbol, donde los chicos entrenaban para el próximo partido. Mientras bebía y se refrescaba el rostro con el agua, Sakura tuvo la extraña sensación de que alguien la observaba. El corazón le dio un vuelco cuando al levantar la cabeza vio que, desde el campo de fútbol, con una expresión un tanto seria, el mismo chico castaño de esa mañana no paraba de clavarle los ojos. Lo primero que Sakura pudo ser capaz de hacer fue observar lo bien que le quedaba el atuendo de gimnasia: la camiseta blanca se ajustaba a sus brazos y a su bien trabajado torso como una segunda piel y los pantalones negros le definían a la perfección sus musculosas piernas. Tenía el pelo revuelto, dándole un aire de pura rebeldía; y su frente y cuello brillaban por las gotas de sudor que le caían. No podía negar que estaba muy guapo…
Sakura se sonrojó ligeramente al percatarse de que se estaba fijando demasiado en él.
"¿Pero desde cuando eres tan descarada?" se regañó mentalmente.
Al instante, observó cómo él suavizó sus rasgos para convertir su seria expresión en la misma mirada burlona que le dedicó aquella mañana. Sus ojos marrones miraban hacia abajo con un extraño brillo que Sakura sólo pudo llegar a describir como… ¿lujuria? …¡Un momento! ¿Imaginaciones suyas o realmente él le estaba mirando fijamente las piernas?
Él ensanchó su sonrisa aún más. Sakura tan sólo apretó los puños y sintió como el calor se concentraba en sus mejillas. Estaba segura de que ahora mismo debía parecer un cono de tráfico.
Él no dejó en ningún momento de mostrar aquella burla dibujada en su preciosa cara, dando a entender que la situación lo estaba divirtiendo bastante.
-Ah, Sakura, estás aquí. Vamos, el entrenamiento está apunto de continuar - Tomoyo llegó a su lado y vio que Sakura estaba muy rígida- ¿Qué te pasa?
Sakura miraba hostilmente a aquel arrogante chico que no paraba de mirarla con su satírica expresión.
Cuando el entrenador hizo sonar el silbato, aquel engreído castaño se dio la vuelta y fue a entrenar con sus compañeros.
"Pero bueno, ¿qué le pasa a ese?" se preguntó Sakura para sus adentros.
-Oye Sakura, ¿ese chico que te estaba mirando no era Shaoran Li?- preguntó Tomoyo interrumpiendo sus pensamientos.
- ¿Eh?- murmuró ella mirándola y levantando una ceja.
-Sí. Estoy segura de que ese chico era Shaoran Li, ¿no has oído hablar de él?
Unos largos pitidos de silbato indicaron que la entrenadora estaba impacientándose, así que las dos chicas se dirigieron corriendo hacia el campo junto con el resto de las animadoras.
Sakura lanzaba el bastón al aire y lo atrapaba para luego volver a lanzarlo, todo al compás de los silbatos de la entrenadora.
La imagen del castaño mirón acudió de nuevo a su mente…e inmediatamente recordó la última pregunta de Tomoyo.
Shaoran Li… Sin lugar a dudas sabía de quién se trataba. Era imposible no saber quién era cuando prácticamente oía a diario, cada vez que recorría los pasillos, como todos los estudiantes, sobre todo chicas, idolatraban al joven en todos los aspectos. Cualquiera diría que aquello era todo un comité de cotillas de las revistas del corazón.
Sakura había oído de todo acerca del excesivamente popular Shaoran Li en las tres cortas semanas que llevaba de curso.
Shaoran Li, era un miembro de la clase A de primero de preparatoria, hijo del famoso empresario chino multimillonario Hien Li. Se había mudado a Tomoeda desde Hong Kong una semana antes de iniciarse el nuevo curso escolar. Era alto, delgado y muy apuesto. Era el capitán del equipo de fútbol del instituto y el amor platónico de todo el cuerpo estudiantil femenino. Todas las chicas suspiraban cada vez que lo veían, y cuando no aprovechaban la más mínima oportunidad para besar el suelo que él pisaba, trataban de monopolizar su atención a toda costa. Pero él, en cambio, no les prestaba apenas atención o simplemente se mostraba indiferente. Tenía el pelo corto, salvo por algunos mechones que le llegaban casi al final del cuello, de color castaño oscuro y unos hermosos ojos marrones bajo unas pestañas rizadas y unas cejas no muy pobladas. Su piel era pálida y su rostro ligeramente ovalado, con unos pómulos altos y una boca muy sexy compuesta por un par de labios muy finos y bonitos. Según había oído hablar a las chicas que estaban más locas por él, le gustaba el fútbol, las artes marciales, la esgrima, su color favorito era el verde y era un chico muy serio y decidido. Y muy inteligente. Sus calificaciones componían un excelente expediente de matrícula de honor. Y un deportista empedernido…su sobresaliente físico así lo demostraba. A simple vista se veía que se cuidaba y se machacaba regularmente en el gimnasio. En su atlético cuerpo no se hallaba ni un sólo gramo de grasa. Su vientre plano estaba compuesto por unos bien marcados abdominales; sus musculosos brazos debían ser obra de unas duras sesiones de pesas; y sus largas piernas, así como su firme trasero, sin duda eran el resultado de unos largos recorridos en bicicleta.
Hasta ahora, Sakura tan sólo se había limitado a oír hablar de él por todas partes, pero nunca lo había visto en persona. Y ahora que por fin lo había hecho, no podía culpar a las chicas por sus infinitos halagos y admiraciones. Shaoran Li era tremendamente guapo. Tanto que con una simple mirada podía quitarte hasta el aliento…eso era algo que ella sabía muy bien, sin duda…
-¡AAY!
La entrenadora y todas las animadoras voltearon hacia el grito que oyeron.
-Oh, Sakura ¿te encuentras bien?- preguntó una muy preocupada Tomoyo.
Agachada, con las dos manos sobre la cabeza y una cara bañada en lágrimas, se podía contemplar a una dolorida Sakura Kinomoto. Había estado tan ensimismada en sus pensamientos que tan sólo consiguió volver a la realidad gracias al gran golpe en la cabeza que le propinó su bastón de animadora.
Espero haber captado su mayor interés con este primer capítulo. Hasta el próximo!
