La apuesta equivocada
Capítulo 2
Shaoran Li chutó energéticamente el balón, y en medio segundo, éste entró en la portería marcando lo que debía ser ya su sexto gol. El entrenador hizo pitar su silbato ylo siguiente que vino al instante fue el coro de aplausos por parte de los miembros del equipo.
- ¡Muy bien, Li!-gritó un jugador.
- ¡Eres genial!- declaró otro.
- ¡Shaoran eres el mejor!- se oyó gritar al unísono a un par de chicas que observaban el entrenamiento sentadas en el banquillo.
Shaoran sonrió orgullosamente y se pasó el antebrazo por su frente, limpiándose un poco del sudor que le chorreaba.
- ¡Muy bien, Li!- le dijo orgulloso su entrenador. Luego se dirigió a todos los demás- Muy bien, chicos, ahora vamos a correr un poco. Cuatro vueltas alrededor del campo ¡Vamos!
-¡Sí!- gritaron todos.
Mientras trotaba, Shaoran dedicó sus pensamientos a cierta castaña de ojos verdes.
Sakura Kinomoto…
La preciosa e irresistible Sakura Kinomoto. Llevaba varias semanas observándola. Desde la primera vez que la vio sintió una gran atracción hacia ella. Algo que nunca había sentido hacia ninguna otra mujer. Y eso que había salido con muchas…
Poco después de admitir que deseaba fervorosamente a Sakura Kinomoto, cayó en la cuenta de que era la primera vez que se sentía atraído hacia una castaña. Él normalmente prefería a las rubias, pero desde que conoció a Sakura Kinomoto, al cerrar sus ojos sólo veía unos largos cabellos castaños con reflejos cobrizos. Los cabellos de aquella hermosa flor de cerezo.
En el día de hoy ella estaba realmente bella. Su sedoso pelo castaño caía como una cascada por sus elegantes hombros, su bonita piel blanca se veía deliciosamente suave, su preciosa carita tenía un aspecto de lo más encantador por el ligero sonrojo de sus mejillas y sus hipnóticos ojos verdes brillaban reflejando el entusiasmo y el optimismo con el que se había levantado esta mañana.
Se había llevado una gran sorpresa cuando la había visto llegar por aquella calle repleta de cerezos que siempre le recordaba a ella. Nunca olvidaría la cara que ella puso cuando le vio allí apoyado en aquel muro de hormigón, su divertida expresión enfadada cuando se percató de que sus ojos la recorrían de los pies a la cabeza. Estaba totalmente convencido de que si no hubiera sido por la llegada de Yamazaki habría recibido alguna réplica suya acerca de su manera de mirarla. Y habría tenido la oportunidad de oír su fina y melodiosa voz.
Y luego, cuando la vio más tarde en la fuente, mojando su bello rostro y sus carnosos labios, tuvo que hacer un gran esfuerzo para controlar los impulsos de acercarse a ella, enredar las manos en su sedoso cabello y besar aquella pequeña boquita que le volvía completamente loco. Y eso sin contar el hecho de que, con la minifalda de aquel minúsculo uniforme de entrenamiento de animadora, podía darle a sus ojos una agradable vista de sus largas, finas y preciosas piernas…la imagen de aquellas dos extremidades enredadas fuertemente en su cintura hacía que la sangre empezara a arderle en las venas.
Dios santo, como la deseaba…
Como era de esperarse, ella no tardó mucho en darse cuenta de que él la observaba fijamente. Y por más que lo intentó, no pudo controlar las ganas de reír al ver como aquella carita linda se tornaba al rojo vivo tras percibir el deseo con el que le observaba las piernas. No podía negar que le encantaba hacerla enojar. Verla con aquella expresión tensa que desataba pura pasión salvaje. Oh si, nunca se cansaría de esa mirada…
Se prometió a sí mismo que aquella no iba a ser la última vez que vería a su flor de cerezo tan irresistiblemente enojada.
Pasó al lado del entrenador y se paró apoyando las manos en las rodillas. Ya estaba empezando a notar como le dolían los gemelos.
-Tres minutos, cuarenta y cinco segundos. Excelente Li- oyó decir al entrenador una vez que éste pulsó el botón del cronómetro.
Shaoran no dijo nada, pues estaba muy ocupado tratando de devolverle a sus pulmones todo el oxígeno que le faltaban. Notó una mano en su hombro.
-Bien hecho, campeón. Hoy te has lucido- decía entre jadeos su amigo Yamazaki.
-Gracias- pudo decir al fin.
El entrenamiento concluyó y todos se dirigieron a las duchas.
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- ¿Seguro que te encuentras bien, Sakura?
Sakura y Tomoyo caminaban tranquilamente por la calle de los cerezos. Ya habían salido del instituto y Tomoyo había insistido en acompañarla.
-No te preocupes, Tomoyo, no es nada.
-Pero te diste un buen par de golpes con el bastón- insistió preocupada su amiga.
Sakura se llevó una mano a la cabeza y gimió. El ominoso chichón aún le dolía bastante.
-Aunque esté acostumbrada, la verdad es que duele muchísimo- lloriqueó.
-Quizás deberías ponerte un poco de hielo.
Sakura asintió.
Caminaron unos cuantos metros más hasta que llegaron a una bifurcación.
-Bueno, yo iré por este lado- Tomoyo señaló el lado derecho y continuó hablando mientras agitaba un brazo en señal de despedida- Espero que se te alivie pronto el dolor. ¡Hasta mañana!
- ¡Muchas gracias, Tomoyo! ¡Hasta mañana!- gritó Sakura agitando también su brazo antes de continuar su camino por el lado izquierdo.
Al llegar a casa, Kero apareció en el recibidor ladrando muy contento de ver a su ama. Sakura le acarició la cabeza cariñosamente. Cuando llegó a la cocina inmediatamente se puso a preparar un té. Suspiró cansada.
-Vaya día, y qué dolor de cabeza- susurró frotándose cuidadosamente el chichón con la yema de los dedos- ¡Ay!
A los pocos minutos, Sakura estaba en su cuarto sentada sobre un cojín con Kero sobre sus rodillas. Ya se había cambiado de ropa. Tras darle un pequeño sorbo a su té le dio un buen bocado al dulce que se había comprado de camino a su casa y luego le dio un trozo a Kero. El perro mostró alegremente cuanto le gustaba el dulce y pidió por más. Sakura le dio otro trozo.
-Eres un goloso, Kero- volvió a presionarse la bolsa de hielo que había preparado sobre su dolorida cabeza- ¡Ay! ¡Cielo santo, cómo duele!
Media hora después, Sakura salió de casa y caminó tranquilamente por la calle, paseando a Kero. Al percatarse del frío que hacía, se frotó un poco los brazos. Ya estaba atardeciendo, y sobre esa hora, la temperatura tendía a bajar notablemente. Llegó hasta el parque pingüino y soltó a Kero para que correteara un poco mientras ella se columpiaba un rato. Se balanceó durante un largo rato en el columpio mientras observaba a Kero corriendo alegremente persiguiendo a una mariposa. Sonrió dulcemente al ver a su pequeño amigo tan contento. De repente, recordó el día en que Kero llegó a su vida hace aproximadamente tres meses…
FLASBACK
Era una tormentosa tarde de enero, el cielo estaba completamente cubierto por unas enormes nubes negras y la lluvia era abundante y ruidosa. Sakura se encontraba en su cuarto, leyendo un libro tranquilamente y observando de vez en cuando la ventana para fijarse en cómo iba empeorando la tarde. A la hora de cenar, Sakura bajó a la cocina acudiendo a la llamada de su padre, y en ese preciso momento, oyó a su hermano llegar a casa. Había llegado mucho más tarde porque tuvo que quedarse a terminar un proyecto en la universidad. Sakura fue al recibidor a saludarlo y se llevó la sorpresa de que no venía solo.
-Hola Sakura, ¿qué tal?
- ¡Yukito!- exclamó la chica alegremente.
-Caramba está lloviendo a mares ahí fuera- comentó Yukito colocando su paraguas en el paragüero.
- ¿Ah, sí? ¿Tanto?- preguntó Sakura mirando a su hermano, que estaba colgando su impermeable en el perchero de la entrada.
-Sí, y además han comenzado a estallar algunos truenos.
-Caramba…-murmuró Sakura.
-Y el suelo está bastante resbaladizo- añadió Yukito- Touya y yo hemos tenido que bajarnos de las bicicletas para no caernos.
-Ya veo…
De repente, Sakura observó que Yukito tenía un pequeño bulto en los brazos.
-Eh… ¿que llevas ahí, Yukito?
Él bajó la mirada.- Ah, esto. Pues fíjate.
Yukito desenvolvió su arrugada chaqueta y Sakura alcanzó a ver una pequeña y mojada bola de pelo color amarillo.
-Esto es…
La pequeña bolita se movió entre los brazos de Yukito y mostró una triste carita con unos ojos humedecidos. Era un pequeño perrito, casi recién nacido, que estaba totalmente empapado, sucio y temblaba de frío. Acurrucándose contra el pecho de Yukito, el animalito, calado hasta los huesos, gemía dando a entender que necesitaba calor.
-Oh, pobrecito… Debe de estar congelado- dijo Sakura tristemente.
-Lo encontré en el parque bajo unos arbustos- explicó Yukito-, vi que temblaba mucho y me dio mucha pena dejarlo allí. No te importa que lo haya traído aquí ¿verdad?
-Eh, no, no, no…claro que no- negó ella con ímpetu.
-Bueno, yo voy para adentro, me muero de hambre- dijo Touya dirigiéndose hacia el interior de la casa.
Fujitaka invitó a Yukito a cenar esa noche y se mostró muy compasivo con el pequeño perrito. Le propuso a Sakura la idea de darle un baño caliente para que entrase en calor mientras él le preparaba algo de comer, ya que dedujo que, además de congelado, debía de estar también hambriento. Sakura accedió encantada y rápidamente se llevó al cachorrito al baño.
Fujitaka estuvo en lo cierto, el perrito tenía un hambre atroz. Devoró el plato como si hubiera pasado varios días sin comer, y al acabar, fue hacia los brazos de Sakura, buscando su calor.
-Es evidente que te ha tomado mucho cariño, Sakura- comentó Fujitaka sonriendo amablemente.
Sakura asintió riendo mientras acariciaba la cabeza y el lomo de su pequeño amigo, el cual, se había acurrucado sobre su regazo.
- ¿Tenéis alguna idea de si tiene familia?- preguntó Fujitaka mirando a los chicos.
-No lo creo- contestó Touya antes de darle otro sorbo a su taza de té- Estaba demasiado sucio y débil, como si llevara mucho tiempo abandonado, y además, no tiene ningún collar con ninguna placa.
-Ya veo- murmuró su padre.
Observó como Sakura reía debido a que su nuevo amiguito peludo le lamía la mano. Supo instantáneamente que su hija también se había encariñado mucho con el animalito, y se veía muy feliz. Sin necesitar nada más, tomó una decisión.
-Bueno, pues si no tiene ningún hogar creo que sería bueno proporcionarle uno ¿qué os parece?- comentó.
Todos miraron a Fujitaka sorprendidos, sobre todo Sakura, quién mostraba una gran emoción. Con el perrito en brazos, se acercó rápidamente a su padre y lo miró con unos ojos brillantes.
- ¿Quieres decir que puede quedarse con nosotros?- preguntó entusiasmada.
-Por supuesto. Entre todos, cuidaremos de él y le brindaremos un hogar. Nosotros seremos su nueva familia- alargó el brazo para acariciarle la cabecita al cachorrito- ¿te gusta la idea, pequeño?
El perrito tan sólo se limitó a ladrar de euforia y a menear energéticamente su graciosa colita. Todos rieron.
-Mirad, ¡qué contento se ha puesto!- exclamó Sakura riendo.
-Bien, pues no se hable más- declaró Fujitaka- Ahora tan sólo falta ponerle un nombre.
-Eh, pues…-murmuró Sakura pensativa. A los dos segundos, el rostro se le iluminó- ¡Ah, ya sé! Podemos llamarle Kero, ¿os gusta?
-Ese es un nombre muy bonito- dijo Yukito asintiendo con la cabeza.
-No está mal- murmuró Touya encogiéndose de hombros.
-A mí me gusta- profirió Fujitaka antes de dirigir sus ojos marrones hacia el nuevo miembro de la familia- ¿estás conforme, pequeño?
El perrito ladró dos veces con todas sus fuerzas. Sólo con eso, todos entendieron que él también estaba de acuerdo. Sakura rió y lo estrechó en sus brazos, a lo que el animalito respondió lamiéndole la cara, provocándole más risas debido a las cosquillas.
-Bien, en ese caso…Kero, ¡se bienvenido a la familia Kinomoto!- exclamó el patriarca de familia.
Lo siguiente que vino fue todo un coro de ladridos por parte del nuevo miembro de la familia mezclado con las risas de todos los presentes. Cuando se dio cuenta, Sakura estaba rodeada por su padre, su hermano y Yukito. Se habían acercado para acariciar a Kero en señal de bienvenida y aceptación.
FIN DEL FLASBACK
Sakura frenó el columpio con los pies y tan sólo se limitó a permanecer sentada sobre él. Observó que ya había oscurecido, así que se dijo que no debía entretenerse por mucho tiempo. Cinco minutos más y luego llamaría a Kero para atarle su correa y volver a casa.
Los recuerdos de aquel día en el que conoció a Kero y se unió a la familia hicieron que su corazón se llenara de un profundo sentimiento de cariño. Siempre agradecería profundamente a su amable padre por permitir que Kero entrara a formar parte de su vida. Adoraba infinitamente a su pequeña mascota. En él siempre encontraba a un fiel amigo con el que jugar, hablar e incluso llorar; ya que, cada vez que estaba triste, Kero siempre se quedaba a su lado transmitiéndole su apoyo y cariño. Cierto que a veces, era un poco travieso, desastroso y un completo glotón; pero definitivamente lo adoraba y no lo cambiaba por nada. Él era su mejor amigo, siempre fiel y leal.
Sakura estaba tan abstraída en sus pensamientos que, esta vez, no podía ni siquiera imaginar o tener el más mínimo presentimiento de que, a lo lejos, tras un árbol, una sombra con unos brillantes ojos marrones la observaba fijamente. Y bajo esos devoradores ojos, tenía una boca que se torcía lentamente para dibujar una malvada y escalofriante sonrisa. Con una voz tan fría como el hielo, la sombra, antes de desvanecerse en la oscuridad de la noche, tan sólo se limitó a musitar:
-Mía…
