Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Ángel Oscuro
(Dark Angel)
Un fic de Camaro
Traducción por Apolonia
"Lo juro." Repitió, mirando a las devastadoras consecuencias que sus palabras habían causado. Ella estaba destrozada. Podía ver las preguntas arrasando su mente, una parte gritando por venganza y por absoluto odio y la otra llamando suavemente por la inmersión del remordimiento del perdón. 'Por favor, hazla entender... por favor.' Gritó dentro de su mente. Los segundos pasaron como miserables horas mientras miraba su complejidad disolverse y diluirse en comprensión y luego esperó por lo que pareció una eternidad hasta que sus labios comenzaron a separarse.
"Yamcha no puedo." Sacudió su cabeza, mordiendo sus labios mientras las lágrimas comenzaron a fluir. "Sé que posiblemente no puedes entender por lo que estoy pasando pero-." Cerró sus ojos, enrojeciendo las gotitas de agua fuera de sus pestañas, corriendo levemente su maquillaje. Intentó furiosamente alejarlas de debajo de sus párpados, como si apenas borrando la pintura que podía lavar de su consciencia de dolor y pena de lo que estaba sucediendo. Era como si alguien estuviera torciendo un cuchillo dentro de sus entrañas. Como si alguien estuviera recibiendo un enfermo deleite en empujarlo más adentro con cada palabra que se obligaba a pronunciar.
"Yamcha lo siento..." Jadeó, finalmente sólo soltándolo. No podía hacerlo más. No podía ser fuerte como quería ser. No podía pretender que con cada promesa, cada oración él no estuviera rompiendo su corazón en pedazos justo ante ellos. Incluso a pesar que no podía verlo, imaginó que junto con las gritas y las hojas marchitas que cubrían el suelo del bosque, a sus pies debía yacer su corazón roto extendido quieto en jirones.
Ante que su visión fuera bloqueada completamente por las hijas de las lágrimas, vio el destrozado rostro de Yamcha parecer derretirse con su inolvidable compasión. La acercó a sus brazos con esperanza, apretándola al punto del casi dolor mientras ella juntaba su manchado rostro contra su pecho sólo llorando hasta que no pudo más.
"No digas eso." Reprochó en el cabello azulado. Bajó la vista a los finos mechones de azul y plateado, notando por probablemente milésima vez cuan radiante era.
"Nunca digas que lo sientes. No por esto... ¡nunca por esto!" La besó repetidamente en la frente en una manera que un padre confortaría a su hija. No había nada sexualmente intencionado, así que si estaban pervirtiendo sus mentes con la idea que este era un enfermo intento de Yamcha de ganar a Bulma de nuevo, sería un error. Tales ideas estaban lejos de su pura mente mientras abrazaba a la que le había dado su corazón tantos años atrás.
"Es mi culpa Bulma. No fue nada tuyo... no hubo nada que hicieras mal. Nunca pienses siquiera que podrías haber hecho algo diferente." Quería gritarle que renunciara a tales declaraciones. Que lo lastimara de nuevo, que lo golpeara en la cara, ¡CUALQUIER COSA! Cualquier cosa menos la culpa, como si no fuera lo suficientemente fuerte para matar a un hombre en este punto.
"Pero tu... vas a ser papá. ¿Cómo... cómo siquiera encajo en eso?" Tartamudeó, sus grandes labios aparentemente contenidos a soltar sus palabras por completo. Se sintió temblar en sus brazos, no deseando verdaderamente causarle todo este dolor. Pero entonces, cómo reaccionarían. No podía descifrar los sentimientos que desgarraban su cuerpo cada segundo. En momentos, quería infringir el dolor en él, hacerlo sentir las puñaladas de vergüenza que estaba soportando. Pero entonces constantemente sintió culpa plagar su mente. Porque, ¿en verdad había sido siempre tan fiel a él? No olvidemos sus sentimientos e incluso acciones hacia la hermosa visión del mal que yacía bajo ella muy lejos en el Infierno.
"¿Qué quieres decir?" Preguntó. Entre nosotros, hubiera esperado que él lo supiera. Ya pueden imaginar toda la situación tenía que ser compleja y confusa.
"Quiero decir... cómo va a funcionar esto Yamcha. Tú vas a ser padre... ¡padre! ¿Sabes qué tan grande es esa responsabilidad?" Honestamente, no creo que realmente hubiera reflexionado en tales pensamientos, porque verán, sólo había estado consciente del embarazo de su concubina hacía pocos días antes y todavía no se había ajustado exactamente al hecho.
"Eres su padre Yamcha... ¿y qué soy yo? ¿Cómo se verá eso para la gente? ¿Para el Reino?" pero entonces, supuso que realmente no se le había ocurrido mientras estaba fornicando el cerebro de su inmunda perra. '¡NO! ¡No te atrevas a pensar eso!' Bulma se dijo a sí misma. 'Él lo siente... ¡realmente lo siente!' y además. Le había dicho que la amaba. Amaba. Era más de lo que ella siquiera podía esperar alguna vez de Veg- ahora no era el momento para meditar en el, porque la tentación era insoportable en este punto. Así que lo alejó de sus pensamientos, enterrando su hermoso rostro lejos en los más profundos pozos de su mente.
Se alejó para mirar en sus ojos, maravillándose cuan cristalinos parecían después de que había estado derramando sus lágrimas. Ya no sostenían esa espantosa niebla que los habían rodeado antes, coagulando sus orbes de azur con un Satánico cromo que lo quemaba con la picadura de un impío hielo. Parecían cálidos de nuevo, llevándolo a su abrazo y confort.
"No lo sé." Respondió él honestamente. "Sé que te amo... sé que tal vez no es suficiente pero sé que si me tienes no te arrepentirás." Ella sonrió, el simple gesto enviando olas de calor a través de su frío cuerpo, entibiando su cuerpo del corazón a sus pies y todo entre medio. La sostuvo más cerca, envolviendo sus brazos posesivamente alrededor de su cintura y levantándola amablemente en un abrazo de oso. Amaba el aroma de su cabello mientras enterraba su rostro solemnemente en el hueco de su garganta e inhalaba.
"Podemos hacer esto Bulma." Juró, sintiéndola suspirar fuertemente contra su cuello. "Podemos hacer esto juntos."
ADVERTENCIA: SANGRE EXTREMA
Profundo, muy profundo debemos ir, a los abismos más negros del Infierno, debajo de la eterna torre de muerte y hundiéndonos en el húmedo frío de la mazmorra. Como si sólo palabras pudieran describir tales horribles visiones y olores. ¿Pero debo intentarlo? ¿Pensarán que soy una tonta? Porque cuando te cuentan tales historias, juro que en su escritura nunca renunciaría a mi dignidad en intentar lo imposible. Y sin embargo el Ángel me bendijo con tal conocimiento de palabras dichas de compasión, llenando de vacío con deseable inspiración. Así tal vez soy digna de intentarlo. Ya veremos.
La oscuridad podría asimilarse a una cueva, penetrando los ojos con una impía cantidad de presión, el negro vacío plegándose alrededor de ustedes como imágenes y visiones de recuerdos pasados envolviéndolos, apareciendo en los ojos de su mente mientras cierran sus párpados, luchando por ese poco de luz que podía llenar su saqueo de deseo para contemplar el mundo a su alrededor.
Pero parte de ustedes no quieren ver. Tal vez si pudieran imaginar que nada se escondía por sí solo en la esencia rondeándolos, las apariciones que los plagaban hubieran desaparecido. Podrían imaginar en la oscuridad. No hay ninguna finalidad en lo desconocido. Pero imaginen si sólo un parpadeo de luz quedara, el brillo sin vida de una llama agonizante, lamiendo el quieto aire mientras se quemaba en la nada entre el pabilo y la vela de cera, colocada sobre la fría pared de piedra.
Sus ojos contemplarían un mundo que podría dejarlos mundo por la eternidad, porque los humanos no son para esas cosas. Somos una raza simple, fácilmente rota y detenida. Hay algunas cosas en este mundo que no deberíamos ver. Porque aunque nuestra visión se oscurece con los años y las imágenes de los recuerdos todavía quedan. Si esto es así, que se sepa que ningún tiempo podrá borrar las caóticas escenas que habitaban este complejo masivo.
Las paredes estaban resbaladizas con la humedad y si corrían sus dedos por los montículos de humedad de la piedra, sentirían las ásperas hojas del congelante hielo roto. Pero si los sacan, sin duda estarían cubiertos en sangre. Era una cúpula de tortura, las paredes decoradas con cadáveres en descomposición, colgando de cadenas y otros surtidos de tormento en masa.
El olor a muerte penetraba incluso la larga escalera de caracol que conducía a la más profunda realización del Infierno. Era una espesa clase de olor que podían saborear por horas después de atestiguar los terrores de la mazmorra. El tipo de rango de hedor que picaría sus fosas nasales mil veces sobre un mero recuerdo de tal malvado lugar. Gangrena, carne podrida, las entrañas de cuerpos esparcidas como confeti por el ocupado suelo. Millones de cadáveres yaciendo en repugnantes montículos uno sobre otro, algunos puestos hasta que casi tocaban el techo, y si estuvieran de pie cerca de uno de estos miserables surtidos, estimando que sus cuerpos pudieran cargarlos por tanto tiempo, sería una torre de casi cien pies sobre ustedes.
Y luego imagino que verían los ojos, los hundidos o podridos ojos que los miran fijo en horror, envidiosos de su pobre existencia. Los ojos de los soldados Demonio que miran en vida podrían detener un corazón humano de latir pero en muerte... la experiencia es bastante más. Porque aunque los ojos humanos mueren en la ausencia de un alma, perdiendo su brillo y luz, y el brillo del Demonio en la muerte. Incluso en la absoluta oscuridad de la habitación, las invisibles orbes del Demonio podían radiar luz, brillando como plata a través de la oscuridad y yaciendo sobre ustedes por su propio impío acuerdo. ¿Porque no les informé que los Demonios no mueren de viejos? Ahh... veo que una pequeña lección está en orden.
Los Demonios y Ángeles son sólo inmortales hasta un punto. Nunca pueden perecer por la vejez, pero el golpe de una espada o una enfermedad puede poner en cenizas incluso al más poderoso de los soldados. Pero aunque la esencia cesa su existencia, el cuerpo todavía se mantiene vivo, las tendencias y reacciones de vida todavía intactas en gran medida. Por eso si caminan cerca del cuerpo de un Demonio muerto, los ojos los seguirán.
Cráneos y cabezas yacían decapitados de sus renegados cuerpos. Mujeres, niños, guerreros a hombres yacían enredados en sus propios restos, brazos y piernas destripados y tirados sobre un montón de ruinas. Es sorprendente la longitud que los Demonios pasarían para dar el castigo exacto sobre sus enemigos, las profundidades a las que se hundirían. ¿Recuerdan a Oolong, aniquilado por Vegeta por su filosa e ignorante lengua? Oolong había adquirido su utilidad a través de inventos de herramientas de tortura y dispositivos, y aunque él mismo es reducido a cenizas que todavía yacen entre las gritas de las baldosas de mármol, sus Demoníacas creaciones todavía conservaban su utilidad.
Pero no me atrevo a decir más. No deben ver tales visiones porque no tienen lugar en la mente humana, simplemente pervirtiendo su agraciada pureza. ¿No está el mundo lo suficientemente insensibilizado? ¿No he abusado de sus perversas mentes con suficientes visiones impías para expiar por su previa falta? ¿Realmente debo continuar lastimando cualquier inocencia restante?
Pero doy tal malvada información no por el mero efecto de shock sino por información. ¿Cómo más podrían realmente desembarcar en esta aventura literaria? Pero este conocimiento, como con todo conocimiento, podría ser mal utilizado por la indulgencia personal de cada uno. Ven que lo reconocieron por su iluminación y no simplemente por la desesperada súplica de morbo de la autora en su escrito.
Guerrero humano sobre guerrero humano podía entrar en esta taberna, algunos huyendo casi recubiertos de miedo, y otros permaneciendo encerrados y sin palabras en su propio horror. Sólo un verdadero Demonio podía manejar tales entornos y no marchitarse en una bola de desesperado miedo.
Pero Vegeta no conocía tal miedo, porque amaba ese lugar. Era su morada del mundo, su refugio de los cambios apocalípticos que se apoderaban del mundo cada día. Donde otros veían vómito inducido o carne, él veía arte y separada belleza yaciendo en el poder del mal, porque sólo alguien de tan mal corazón podría contemplar alguna vez la aparición de cadáveres podridos y no marchitarse por dentro. Aquí es donde se escapaba de su espléndido estilo de vida, aquí es donde vivía lejos del trono.
¿Cuantas horas había permanecido en esta habitación siendo niño? ¿Cuántos días? Lo que algunos podían ver como ilusiones de completo asco habían sido sus compañeros, sus esenciales, su sustento. Había hablado con los cuerpos que ahora yacían en grandes montones de polvo y huesos sobre el viejo piso de piedra. Había comido de esos caídos guerreros, las almas torturadas que cubrían la pared como la morbosa decoración de una anciana. Ratas corrían de pila en pila, carcomiendo la ennegrecida piel. Malditos los rabiosos bichos que demolieron los cuerpos de los niños.
Hace mucho tiempo, sólo traidores y monstruos eran enviados aquí, esos que entraban contra su voluntad nunca saldrían para contar la historia. Pero los tiempos habían cambiado, evolucionando en generaciones sin Dios que torturaban y destruían mujeres e incluso los rostros de los infantes.
Los abortos eran desconocidos en esta tierra, y ciertamente nunca habían tocado las mentes de los Ángeles. Lo no deseado era arrojado al fuego de la ciudad exterior del Infierno, enterrados vivos, apedreados o se les daba la oportunidad de destino en el calabozo. Esas criaturas sin alma que sobrevivían apenas podían ser considerados Demonios. De hecho, me atrevo a decir que no vivían en absoluto. Tan abolidos de sus mentes estaba la inocencia de niño que eran montículos caminantes de carne y hueso, vacíos como un cascarón. Eran abandonados por sus madres y enviados en medio de terrores y depravaciones del Calabozo, comiendo de cuerpos para sobrevivir si eran lo suficientemente grandes para hacerlo.
Aunque su verdadero nombre Demoníaco se me escapa en este momento, los humanos podrían asimilarlos como Zombis, moviéndose por su propia voluntad, sí; ¿Pero vivo? No. Porque estaban sin asco o consciencia, sus mentes nada sino los pensamientos de animales, las impurezas del hombre.
El torturado grito de un hombre sacudió el silencio, moviendo las paredes de piedra con su tono mortal.
"¡¿Dónde está Draco?" Vegeta golpeó su puño en la mandíbula del hombre, burlándose en perverso deleite ante la sensación de nudillos haciendo crujir huesos. La hechizada mirada que cautivaba el Demonio, colgando inmóvil por grilletes agarrados del techo, hubiera sido suficiente para incluso detener a los monstruos con el corazón más de piedra en alejar su asalto. Vegeta permaneció impasible.
"Yo... ¡juro que no sé!" Rogó el objeto de tortura del Rey Demonio, sus labios temblando con el gimoteo que envolvía su tono. El dolor era envolvente, saqueando su orgullo como una piedra estera, aplastando la dignidad de la existencia. Este soldado, alguna vez orgulloso, se aferró a la consciencia no por su propia voluntad sino por miedo de ser dejado solo en este horrible lugar. Porque incluso la tortura era mejor que ser condenado al cautiverio de la oscuridad que abraza.
Sangre goteaba saliva diluida como gotas de su boca, aterrizando peligrosamente a los pies de Vegeta. El Rey Demonio miró con desdén a los casi asaltos a sus orgullosas botas, golpeando sus incesantes puños en las costillas del hombre.
El soldado hizo gestos de dolor mientras sus costillas eran rotas por los poderosos nudillos, golpeando con furia, a rápida velocidad, todo su torso superior. Sintió un aire de aire verterse de su esófago, la furia de un horrible grito rompiendo de sus labios por el dolor.
Las apretadas manos cesaron su saqueo por un momento, Vegeta mirando en enfermo deleite al hombre que colgaba inmóvil, su cuerpo implorando ser aflojado del fuerte frío de los grilletes de metal que se agarraban sin piedad a sus muñecas. Sangre fluía de su boca en ríos, filtrándose a través de sus destrozados dientes y mejillas hechas jirones. Con compasión levantó la cabeza del hombre, sosteniéndola a su nivel visual con su penetrante mirada.
"Ah Turles..." Susurró en su espeso acento, levantando su mano libre para acariciar el cabello del otro Demonio fuera de su cara, alejándolo suavemente y masajeando el cuero cabelludo. El roto guerrero liberó un suave gemido ante el apasionado tacto, cerrando sus ojos a la sensación aunque sabía que su gracia no duraría mucho tiempo.
"Cómo admiro tu belleza desde lejos. Como un raro diamante. Podría haber encontrado tantos usos para tu hermosa presencia." Se movió, frotando juguetonamente el maltratado rostro de la criatura.
"Qué soldado pudiste haber sido... Qué soldado podrías ser todavía si sólo hubieras dicho la información que sostienes tan fervientemente." Enterró su rostro infantilmente en el hueco de la garganta de Turles, escuchando el latir de un furioso corazón contra los confines de la carne.
"Vamos mi hermoso Turles..." Susurró, todavía corriendo sus dedos suavemente a través de su forcejeado y ensangrentado cabello.
"Tú y mi hermano han sido amigos por mucho tiempo. Muy amigos, apuesto." Añadió para insinuar. apuesta.", Y agregó para insinuaciones. "De hecho, creo que es porqué tú sabías mejor que unirte a mí y a mis tropas en nuestra pequeña expedición." Un helado escalofrío se podía sentir corriendo a través del cuello de Turles mientras la verdad era lentamente pronunciada por la hermosa criatura que sostenía su destino en la palma de su mano.
"Se te programó luchar ese día, estar entre tos compañeros y seguir a tu Rey en la batalla. Pero entonces... supongo que es entendible que no quisieras ninguna parte de una misión suicida, ¿no es así mi tesoro?"
Miedo se apoderó de su corazón en sus gélidas garras mientras se daba cuenta de las palabras de Vegeta sostenían la inefable verdad que él había intentado ocultar. Draco había dicho palabras de advertencia a su compañero de toda la vida, revelando sólo las necesidades de supervivencia de la muerte de su hermano. Antes que pudiera consultar a sus pensamientos, su rostro fue golpeado por las rasgadas uñas negras. Tan profundamente estaban incrustadas las creaciones de Vegeta, que exploraron a lo largo del lado de los dientes, rompiendo completamente a través de la carne de su mejilla.
"¡ESE HIJO DE PUTA ME TRAICIONÓ!" Vegeta aulló, su ensordecedor tono meciendo las paredes y casi agitando los montones de cadáveres en descomposición.
"¡Me envió en una misión para morir y tú sabes donde está!" Incluso en la impenetrable hinchazón de oscuridad que los rodeaba, los ojos de Vegeta brillaban como la luz del mismo Paraíso, rasgando a través del muro de oscuridad con puro carmesí. Estaba perdiendo su lucha con el monstruo que se agitaba dentro de él.
Calmándose, tomó suavemente el jadeante rostro de Turles, una vez más sosteniéndolo a pulgadas del suyo.
"Dime y te liberaré." La adolorida mirada tomó lugar en el rostro del hombre, rogando por piedad que con toda seguridad sería negada.
"Dime y te mantendré cerca si quieres." Tentó, sus feroces ojos mirando seductoramente en los propios del guerrero. Los ojos de Turles cayeron y su cuerpo colgó inmóvil, las cadenas conectadas al techo estirándose dolorosamente contra sus sangrantes muñecas.
"Yo... no sé donde está." Susurró honestamente. Una siniestra sonrisa se estiró en los oscuros labios borgoña de Vegeta, hundiendo sus mejillas con la presión.
"Entonces no me sirves para nada."
Vegeta aferró sus dientes ferozmente sobre los de Turles, empujando con fuerza contra su boca. Envolvió sus dedos miserablemente en la garganta del guerrero, hundiendo sus apretadas uñas en la húmeda carne ensangrentada hasta que el hombre gritara contra su boca.
El Rey Demonio hundió sus dientes en el labio inferior del soldado, sacando horribles cantidades de sangre en su boca. Turles comenzó a llorar del dolor, moviéndose de atrás a adelante en sus cadenas de confinamiento, estirándose contra el irrompible metal que lo sostenía presa del monstruo atacando su desagüe verbal.
Liberando los agitados labios del hombre, Vegeta hundió sus dientes en las encías, moviendo su mandíbula de atrás hacia adelante mientras roía la tierna carne que rociaba sangre en su boca con cada simple movimiento. En la parte de atrás de su mente podía escuchar el sonido de cadenas colgando contra la otra mientras el moribundo hombre intentaba desesperadamente de liberarse de su mortal beso. Pero era una lucha inútil y Vegeta sólo empujó más profundo, la espesa sangre cursando como líquido de fuego a través de sus venas, dándole la fuerza y el poder que adoraba. Sus afilados colmillos partieron la lengua del hombre, ríos de carmesí escapando y siendo absorbidos. Podía sentir cada sobrecarga de energía penetrando sus células de rejuvenecimiento, absorbiendo en sus estructuras musculares. Su corazón latía más y más rápido y pronto se encontró desgarrando las entrañas fuera de la boca de Turles mientras la criatura simplemente gritaba.
Un mirón hubiera confundido esta tortura despiadada con el sensual beso de amantes, profundo y puro. Luego por supuesto, no dudarían ver las gruesas líneas de sangre corriendo por el mentón de Vegeta y estar convencido de lo contrario.
'Eso es todo, mi tesoro,' Vegeta alentó en su mente. 'Sólo un poco más... un poco más.'
Podía sentir el corazón de Turles comenzar a disminuir, podía sentir los músculos en su cuerpo comenzar a ceder y aflojarse mientras la niebla se filtraba en la línea de su visión. 'Un poco más. Eso es todo lo que toma.' Pero algo lo detuvo.
Arrancando sus afilados colmillos de la demolida boca del soldado, liberó sus labios, mirando satánicamente a los horrorizados ojos que veía en la oscuridad.
Turles sólo podía mirar con amplios ojos en dolor a la malvada sonrisa que deformaba el glorioso rostro de Vegeta, grabando exquisitas líneas en la suave y perfecta piel de sus mejillas. La oscura, sangrienta sonrisa estaba brillando dentro de sus orbes sin alma que apuñalaban a través de la oscuridad, comiendo su corazón como había hecho su boca. El dolor era infame, engendrándose y picando lejos de los límites de lo que las palabras pueden describir.
Cada diente había sido roto como débil porcelana, fragmentos de huesos rotos incrustados sin piedad en el interior de sus mejillas. O al menos lo que quedaba de sus mejillas. Intentó sentir alrededor del húmedo, sangriento desastre que alguna vez había sido usado para ganar sustento. Su intento falló dramáticamente mientras la colilla lamía la carne picada. Su lengua había sido cortada y comida, y si había sido Vegeta o él mismo quien se había tragado el miembro no lo sabía.
Quería vomitar pero encontró la liberación negada mientras el miedo se aferraba a su cuerpo con renovada fuerza. La mirada de Vegeta quemaba a través del silencio y el dolor, quemaba a través de la oscuridad tanto como una simple vela que todavía parpadeaba en la lejana pared, rompiendo el negro con su inspirada flama. Turles miró a la luz, sudor metiéndose en sus ojos mientras los rojos bordes de las orbes contemplaban su última lamida de la gracia de Dios, la gloriosa luz. El reflejo de la llama parpadeó en sus ojos mientras la miraba danzar con una música silenciosa, torciéndose y como si ninguna briza la probara.
La suave mejilla de Vegeta presionó contra la suya mientras miraba boquiabierto a la flama, agitando sombras a través de su hermoso y arruinado rostro. Sus labios estaban rotos como papel y colgaban como pie muerta de su rostro. Pero sus oídos estaban intactos mientras Vegeta se acercaba lo suficiente para que su caliente aliento chamuscara los diminutos vellos que colgaban a los lados del rostro de Turles.
"Sabía que todo lo que querías era un beso."
Con eso, Vegeta deslizó rápidamente a través de la panza del guerrero, derramando intestinos sobre el suelo con un húmedo derrame. Tan mutilada estaba su boca que el grito no podía romper a través del esófago. Lágrimas cayeron de sus ojos y se hundían sangrientamente en su desmenuzada carne mientras contemplaba la sonrisa estirarse a través del hermoso rostro que estaba disipándose ante sus ojos.
La negra niebla cursó a través de sus ojos, hinchándose al principio en un círculo y luego envolviendo su empobrecida mirada. Su cuerpo se desplomó, provocando más de la mugre interior brotando sobre la piebra debajo, salpicando caliente y húmeda contra sus piernas. Escuchó a Vegeta reír así el sonido de loco y demente que podía escucharse, acechando cada vez más cerca en la oscuridad con cada paso que Vegeta daba del calabozo.
Se estaban acercando. Los zombies. Los niños muertos vivientes y hombres que se alimentaban de la carne de los muertos, arrancando y desgarrando pedazos para ser roídos perversamente en la oscuridad. Los monstruos dementes se deslizaban más y más cerca, más allá de la vista mientras se arrastraban como arañas entre la negra niebla que comenzaba a ahogar sus ojos.
Lo último que sintió fue su garganta siendo viciosamente atacada por los alados animales antes que sus ojos contemplaran la gracia de Dios parpadear... y desvanecerse.
Bueno, no se enojen por la sangre. Los advertí. Y también, no crean que estos son asquerosos detalles sin sentido que lancé para satisfacer la constante sed de sangre de los humanos. Quiero... No... NECESITO que vean que Vegeta no es una buena persona. Es malvado y creo que es fácil olvidar eso simplemente porque queremos. Estamos teniendo los mismos sentimientos que Bulma, intentando pretender que Vegeta no es malvado y dándonos excusas de que lo amamos. NO LO AMEN. Esta es una criatura que tortura niños. No podemos olvidar eso simplemente porque es conveniente. Así que están comenzando a ver y sentir el dilema... Yamcha SÍ se ha acostado con otra mujer... SÍ va a ser padre. Pero también SÍ es un buen hombre. Vegeta es un mujeriego, un demonio despiadado y un monstruo. Ok... realmente no podemos olvidar un HERMOSO monstruo, pero aún así... dejen de hacer excusas por él. Él NECESITA cambiar. Pero sólo tendremos que ver si puede, ¿o no? No me estoy disculpando por la tardanza pero sí siento algo de arrepentimiento que básicamente he estado reduciendo en sacar los capítulos todos los días. Realmente desearía que esto no estuviera pasado porque honstamente dije que actualizaría todos los días y siento que me hice para atrasen eso. De cualquier manera, SÍ hice un capítulo largo a propósito para que todos ustedes puedan al menos de alguna manera ser felices con eso. Bienvenida de vuelta Salas y quería decirte gracias especialmente por la raya azul... Realmente aprecio el comentario. REALMENTE necesitaba escuchar eso que dijiste. Gracias Amor Camaro
