La apuesta equivocada

Capítulo 4

Al día siguiente…

Las clases estaban aburriéndola a más no poder. Nunca iba a entender las matemáticas, nunca. Sakura bostezó cansadamente por séptima vez e hizo su mayor esfuerzo para no tumbar la cabeza sobre el pupitre y dormirse. Miró hacia la ventana y se quedó durante un buen rato contemplando a las nubes. Ojalá sonara ya mismo el timbre, pensó apesadumbrada. Y al parecer, sus ruegos fueron escuchados, ya que a los dos segundos, el timbre resonó dando la clase de Matemáticas por concluida. Sakura soltó un suspiro de alivio y se estiró un poco sobre su silla. Luego vio que Tomoyo se acercaba a su mesa.

-Qué bien, ahora tenemos una hora libre.

-Sí.

-Hoy hace un día estupendo ¿qué te parece si salimos a leer afuera?

-Genial.

Sakura y Tomoyo salieron al patio y buscaron un buen sitio donde hubiera buena sombra. Tras hallar el lugar idóneo, Sakura le propuso a su amiga que fuera a la cafetería a comprar un pequeño tentempié mientras ella iba a la biblioteca en busca de un buen par de libros.

Durante un buen rato permaneció completamente aturdida. Había tantos libros que no sabía cuál escoger, y mucho menos para Tomoyo.

-Vaya…tendría que haberle preguntado a Tomoyo qué tipo de historia le gustaría leer- musitó abatida devolviendo un libro al estante.

Sin esperárselo, una mano se posó sobre su hombro y ella se sobresaltó, aunque ni se movió ni gritó.

-Yo sé de una que es muy interesante…

Aquella voz grave había sonado tan cerca de su oído que Sakura había podido notar el cálido aliento sobre su nuca, así como captar el olor a menta del cual éste se componía. Luego pudo sentir como un exagerado escalofrío le recorrió la espalda de arriba abajo y como su corazón se paró en seco durante una milésima de segundo antes de que comenzara a latirle aceleradamente, golpeándole el pecho con tanta fuerza que hasta le dolía. Durante lo que le pareció una eternidad, permaneció totalmente quieta, aferrándose con fuerza al libro que tenía entre sus brazos como si se tratara de un escudo protector mientras trataba de controlar los latidos de su acelerado corazón. En cuanto pudo reunir suficiente valor, lentamente, se giró sobre sus talones y su rostro quedó frente a un fuerte pecho masculino. Y cuando alzó la mirada, encaró al atractivo semblante de Shaoran Li.

Como era de esperarse, el muy cretino sonreía con toda su arrogancia posible, tal y como siempre solía hacerlo; y realmente parecía muy seguro de sí mismo, como si supiera muy bien que él era quién imponía la autoridad. Sus ojos marrones brillaban con múltiples destellos de fuego color ámbar y podría jurar que se había lamido los labios igual que como lo haría un lobo hambriento.

Sakura frunció el ceño y puso cada insignificante músculo de su cuerpo en tensión. Tratando de no tartamudear como una idiota y de ocultar lo máximo posible su nerviosismo,finalmente, habló intentando aparentar tranquilidad:

- ¿Qué quieres?

Él levantó una ceja sorprendido, pero por supuesto no borró de su rostro aquella presuntuosa sonrisita que la ponía de los nervios.

- ¿Qué ocurre, Kinomoto? ¿Acaso me temes?

- ¡Claro que no!- respondió ella inmediatamente.

- ¿No? ¿Entonces por qué estás a la defensiva?

-Yo no estoy a la defensiva…- pues entonces sólo Dios podría saber porque le temblaban tanto los labios…

-Lo que pasa es que te pongo nerviosa, ¿no es así?

A Sakura le invadieron unas enormes ganas de estamparle el libro contra la cara.

-Más quisieras tú, Shaoran Li- le escupió antes de apartar la mirada.

Él le tomó la barbilla con una mano y le hizo volver a poner el rostro de frente, encarándolo. Conectó directamente sus brillantes ojos marrones con los suyos verdes.

"Es igual que en mi sueño…" recordó de repente Sakura empezando a sentir miedo.

-Con que sabes mi nombre ¿eh?

Aquello bastó para que su miedo se convirtiera en furia. Como si sus dedos se trataran de unas pinzas incandescentes, Sakura se liberó bruscamente de su agarre, pero mantuvo la intensa conexión entre sus miradas.

-No te hagas el modesto. ¿Crees que soy tan tonta como para llegar a tragarme tu supuesta ignorancia acerca del gran nivel de popularidad que posees en este colegio?

- ¡Dios me libre de creer tal cosa de ti! -rió Shaoran elevando sus manos en señal de inocencia.

- ¿Entonces a qué se ha debido tu… - no disimuló su ironía-...asombro?

-No era asombro. Sino complacencia- respondió él con cara de grandísima satisfacción.

- ¿Puedo preguntar cómo es que conoces mi nombre?

Shaoran se inclinó para acercar su rostro al de ella y observó como aquellos tentadores ojos verdes empezaban a arder, seguramente, tanto como lo hacía su propio cuerpo, que anhelaba fervorosamente el contacto con el suyo mucho más pequeño y vulnerable.

-Yo sé muchas cosas acerca de ti, Sakura Kinomoto- le susurró seductoramente.

Ella por supuesto no se iba a dejar llevar por aquella voz tan asquerosamente tentadora.

- ¿No me digas? ¿Eso se debe al hecho de que últimamente no has dejado de observarme todo el tiempo?

Él soltó una carcajada y a Sakura tan sólo se le pasó por la mente la idea de levantar bien alto el libro que tenía entre sus manos y esperar a la mejor oportunidad para atizarle con él en la cabeza.

- ¿Acaso te molesta?- preguntó Shaoran en cuanto paró de reír.

-Pues sí. ¡Sí que me molesta!- tronó ella furiosa- No me gusta que me estén observando todo el tiempo. Es muy incómodo.

-Lo siento. No era mi intención incomodarte, te lo aseguro- parecía sincero- Simplemente, me gusta contemplarte.

- ¿Puedo saber el motivo?- ella trató de sonar lo más indiferente posible.

-Me pareces una chica de lo más interesante, Sakura Kinomoto.

El tono de voz que empleó para decir aquellas palabras hizo que a Sakura se le pusiera la piel de gallina. Él retomó su acercamiento hacia ella y se paró cuando sus rostros quedaron a escasos centímetros de distancia.

-Realmente… tú a mí…-y cuando creía que él ya no iba a moverse más, vio cómo su rostro desaparecía al lado del suyo y sintió sus húmedos labios rozándole el oído-...me gustas mucho.

¿PERDÓN?, gritó en su mente.

Sakura se sintió como si se hubiera vuelto a dar otro golpe en la cabeza con el bastón de animadora. Sus últimas palabras se reprodujeron en su mente una y otra vez, pero por más que lo intentó, no consiguió hacerse a la idea de que todo había sido nada más que una mala jugarreta de su imaginación. Tragó saliva y respiró hondo antes de volver a hablar.

- ¿Có-cómo dices?

-Me gustas mucho, Sakura- repitió Shaoran con el mismo tono provocativo acariciándole la mejilla- ¿Qué te parece si salimos a cenar una noche? Tú y yo solos…

El mundo de Sakura se congeló y ella tan sólo se limitó a esperar para sentir el gran golpe que se daría al caer de la cama. Porque evidentemente esto no podía ser más que otro estúpido sueño. Nada de esto podía ser real… ¿O sí?...

¡NO!... ¡NO, CLARO QUE NO!...¿Salir a cenar?¿Ella? ¿Con Shaoran Li?

La cabeza de Sakura dio muchas vueltas. Deseaba intensamente que alguien la pellizcara para comprobar que definitivamente no estaba soñando... Otra vez… No podía ser posible que Shaoran Li, el popular, apuesto y prepotente Shaoran Li, le hubiera confesado que ella le gustaba y además le había pedido una cita. Sinceramente, no estaba preparada para esto. La había pillado totalmente desprevenida…Pensándolo bien, la absoluta verdad era que nunca estaría preparada para algo como esto, ya que, jamás en su vida, se le habría pasado por la cabeza la idea de salir con el chico más popular del instituto. Oh, por Dios ¿no es ahora cuando se debía de caer de la cama envuelta en el edredón y despertar de ese increíble sueño?

- ¿Y bien?¿Qué me dices, Kinomoto?

La voz de Shaoran hizo que la mente de Sakura aterrizara de nuevo en la tierra.

- ¿Eh? Pu-pues…yo…bueno…

El corazón le golpeaba tan fuertemente en el pecho que parecía que en cualquier momento le iba a romper alguna costilla. Sus mejillas estaban totalmente encendidas y no le cabía la menor duda de que por su frente le empezaba a correr algo de sudor. Pero de repente, oyó como Shaoran soltó otra carcajada.

-No sabía que fueras tan tímida, Kinomoto. ¿O acaso te quedaste muda de la emoción?

"Condenado engreído", pensó Sakura apretando un puño con fuerza. Pero bueno, ¿hasta dónde podía llegarle la jactancia? Nunca había conocido a nadie más insolente.

-Por supuesto que no, Li. Simplemente me sorprendió mucho tu…petición- respondió fríamente.

-Sí, de eso no me cabe la menor duda- dijo él entre risas.

"Cuenta hasta diez, cuenta hasta diez…" se dijo Sakura en su mente una y otra vez. A pesar de haber sido víctima de sus libidinosas miradas durante tres días consecutivos, no había sido hasta ese preciso momento que Sakura pudo hacerse una clara idea de hasta dónde podía llegar la insufrible petulancia de Shaoran Li. Su amor propio y su falta de desfachatez resultaban ser de lo más detestables. Por no mencionar que con su guapísima cara de actor de telenovela y su atlético y musculoso cuerpo resultaba ser todo un manjar de princesa de oriente para cualquier mujer.Y él mismo se aprovechaba de ello para seducir a toda chica que se le ponía al alcance de sus ojos. Y ahora seguramente, ella era la siguiente en su lista de conquistas. Muy bien, ¡pues de eso nada! Estaba claro lo que debía hacer. Shaoran Li podría ser la perfecta mezcla de un modelo para anuncio de colonia masculina y un dios griego, pero también era el hombre más ególatra y arrogante que había conocido en toda su vida. Y ella por supuesto, no tenía complejos de cordero tonto que corre feliz hacia el matadero. Si en todo este tiempo había sido inmune a los encantos de este prepotente don Juan de además de serlo por tener razones de justificado peso, podía ser quizás la primera persona en responderle con un rebote a sus seductoras armas y bajarle un poquito los humos; cosa que haría hacerse dueña de un gran orgullo que le duraría hasta varias semanas.

Tras varios minutos pensándolo en silencio, Sakura no dudó ni lo más mínimo en la decisión que había tomado. Volvió a fijar su mirada en él y se dijo que lo mejor era darle ya mismo una maldita respuesta, o de lo contrario, éste lobo lujurioso con su maldita sonrisita de conquistador iba a venirle con otra de sus groserías y se le iba a acabar la poca paciencia que le quedaba.

-Lo siento Li, pero no puedo aceptar.

Tras esas palabras, lo único que quedó fue un tenso e incómodo silencio. Sakura observó como, por fin, la jocosa sonrisa de Shaoran se esfumó rápidamente y frunció el ceño en un gesto que representaba una clara combinación de sorpresa y enfado. Sintió una gran satisfacción en su interior, aunque por supuesto, la disimuló.

- ¿Por qué no?- preguntó él entre dientes.

A pesar de que la gran fiereza de su mirada color chocolate le provocaba temblores en las rodillas, Sakura decidió ser fuerte y se armó de valor para mandar a freír espárragos a ese guapo pero egocéntrico lobo intimidante.

-No me interesan los niñatos arrogantes y presumidos.

Shaoran abrió los ojos como platos y retrocedió como si le hubieran ver ese gesto, Sakura pensó que quizás se había pasado un poco empleando aquellas palabras tan crueles. Sin embargo, volvió a cambiar rápidamente de opinión en cuanto volvió a recordar que se trataba del impertinente de Shaoran Li.

- He de irme. Tengo a una amiga esperándome en el patio. Adiós- decía mientras pasaba al lado de él con la intención de irse.

Pero no llegó a dar más de tres pasos ya que una mano la agarró firmemente del brazo, impidiéndole marcharse. Shaoran la atrajo hacia él y con la mano libre le tomó de la barbilla para taladrarla con la mirada.

- ¿Eso es lo que crees que soy? ¿Un niñato arrogante y presumido?

Ella no se dejó intimidar.

-Tienes el ego tan grande que hasta lo arrastras- replicó mirándolo también con furia- Eso hace que prácticamente no seas mi tipo, Shaoran Li.

-Ummm… ¿Y cuál es tu tipo, querida Sakura?- preguntó escalofriantemente tranquilo.

- ¿Qué más da? Tú nunca llegarías a ser ni la mitad de lo necesario.

Él gruñó y forzó más su agarre.

- ¿Estás segura?

-Completamente- le aseguró tajante y se liberó de él- Y ahora si me disculpas…

Sakura se fue apresuradamente caminando a base de las zancadas más grandes que era capaz de dar. Su corazón iba tan acelerado como sus propios pasos. Salió de la biblioteca y apoyó la espalda sobre la puerta para soltar un larguísimo suspiro de alivio y tratar de calmarse un poco. Era incapaz de salir de su propio asombro por sí misma.

Dios del cielo, ¿qué acababa de hacer?

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Tomoyo vio por fin a su amiga acercarse hacia el césped y se levantó para esperar a que llegara.

-Ah Sakura, menos mal. Estaba a punto de ir a buscarte.

En cuanto se acercó lo suficientemente a ella, Tomoyo se fijó en que tenía las manos vacías…y una cara que no le había visto nunca…

- ¿Qué te ocurre? ¿Y los libros?

Sakura negó con la cabeza y con un brazo le señaló el suelo.

-Siéntate. Con lo que tengo que contarte no te va a hacer falta ningún libro…