Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Ángel Oscuro

(Dark Angel)

Un fic de Camaro

Traducción por Apolonia


"Yo... yo..." Bulma miró suplicante a su alrededor, como si estuviera buscando en la multitud de acusadores ojos, como si pudiera de alguna manera encontrar las respuestas que tan desesperadamente necesitaba.

¿Eternidad con Yamcha en el Paraíso o posible relación en el Infierno? Ahora pensemos, está bien, esto no debería haber sido una opción obviamente difícil, pero considerando la confusión de sus sentimientos, la cuestión era completamente presionante.

Yamcha miraba profundamente en sus ojos, rogando que pronunciara una simple fracción de una oración y lo liberara de este Infierno que lo quemaba por dentro. No diría que no... ¿o sí? Nunca, ¿por qué incluso haría algo como eso? Ella lo amaba, siempre lo había hecho. Entonces por qué era esto tan difícil. él había prometido su devoción hacia ella sin un segundo pensamiento, pronunciando un fuerte "Acepto" para que lo escuchara todo el Reino. Seguro, le encantaría permanecer soltero por el resto de su vida, ¿qué hombre no quisiera? Pero para poder convertirse en Rey, necesitaría una Reina.

El corazón de Bulma estaba latiendo ferozmente dentro de ella, cada latido sonando vibrante en sus oídos. Estaba segura que toda la audiencia podía ver, mirarla tan de cerca con sus malditos ojos, gritándole en silencio que sólo diga "sí" para que todo el suplicio pudiera terminar.

"Yo... yo..."

"¡NO PUEDE!" Una fuerte siniestra voz terminó por ella, partiendo a través del silencio de la sala como un filoso cuchillo. Al principio, todos los ojos se posaron sobre ella, dándole la sensación como si su vestido se hubiera caído simplemente a sus tobillos y permaneciera desnuda frente a todo el reino. Una Satánica risa corrió a través del aire, rebotando en las paredes y llenando a los habitantes con completa confusión. Algunos nunca habían escuchado esa risa, el sonido tan malvado y demoníaco que llenaba sus mismas almas con un frío penetrante temor, hundiéndose en sus estómagos y flotando sin rumbo.

Miles de cabezas se voltearon en esa dirección, ojos buscando en área furiosamente para ubicar al originador de tal atroz risa. Parecía sonar por todas partes, casi como si fuera en sus propias mentes, nunca filtrándose más fuerte o más suave en ninguna parte del gigante salón.

Los ojos de Bulma se ampliaron aunque no vio nada fuera de lo ordinario entre las llamativas decoraciones y presumido arte que corrompían las llanas paredes. Era el tono de esa risa, la voz detrás de la sardónica risa. La familiaridad no sería ignorada. Su mandíbula cayó.

Repentinamente, la habitación fue inundada por completo caos, miles de demonios explotando en la habitación, ¡apareciendo de la nada! Sangre se arrojó en las paredes mientras los guardias del palacio eran asesinados, un fallido intento de desenvainar su espada. Los otros miraban torpemente mientras eran arrojados contra las blancas paredes, sostenidos viciosamente a raya por los animales de negras alas.

¡Todo el reino estaba gritando y los gritos de las mujeres podía ser escuchado a través de todo el Paraíso! Algunos desesperadamente aplastados sobre otro, buscando un escape incluso a través de las puertas fuertemente custodiadas. Se arrastraban sobre los caídos, rasgando con uñas y dientes a cualquiera que se atreviese poner en sus caminos, sólo para ser arrojados rudamente al suelo como resultado de sus esfuerzos. Eran empujados y condensados más cerca en el centro de la habitación, juntados como ganado.

El pánico y la histeria en masa envolvía a las criaturas de luz mientras sus esfuerzos se probaban en vano, atrapados de improvisto por los Demonios. Hombres apretaban sus dientes, mujeres gritaban, niños lloraban. Nada funcionaría. Sus destinos eran sostenidos a rescates por los monstruos de la oscuridad. El resultado sin duda sería tan brutal como la captura.

Una garra se sostenía peligrosamente cerca del cuello de Yamcha, sus ojos deslizados cuidadosamente para echar un vistazo a la criatura que lo mantenía a raya con orgullo. Oscuros ojos de ónice se encontraron con los suyos, profundos y penetrando con su odio, sin embargo humedecidos del dolor de la luz. El bastardo había usado alguna clase de escucho Camaleón, volviéndose completamente invisibles hasta el momento indicado, o hasta que sus míseros ojos se ajustaran y sanaran.

"¡No habrá boda alguna hasta que obtenga por lo que vine!" Burló la malvada voz, su hechizante atractivo calmando la salvaje habitación. Bulma se tropezó en inmenso shock, cayendo sin gracia de rodillas mientras sus traidores ojos echaban un vistazo al portador del sonido.

Vegeta levitaba alto sobre la multitud obviamente complacido por los resultados de su audaz entrada. Sus brillantes alas negras se avecinaban peligrosamente alrededor de él y sus musculosos brazos estaban estirados de manera arrogante. Una desafiante sonrisa agració sus grandes labios borgoña, y un brillo de odio destelló en sus perforadores ojos.

Con la mera vista de él, el frenesí de la masa se calmó completamente, aterrorizado en silencio rompiendo a través del aire y acomodándose en los corazones de los Ángeles. Todos los ojos aterrizaron en él, cada uno amplio con sorpresa y supremo horror. Tenía que admitir, saboreaba esa mirada de acompasado miedo.

"Deberían calmarse todos..." Sonrió malvadamente, perforadores ojos buscando cada alma que temblaba que miraba hacia arriba. Su voz era profunda y ronca, justo como Bulma recordaba, aunque se había olvidado qué amargo miedo podía inculcar.

"¡Son Ángeles por el amor de Dios!" Dijo en un juego de palabras, sus subordinados encontrando su oculto significado increíblemente gracioso. La filosa risa envió más escalofríos por las espinas de la audiencia de alas claras, y algunos cobardía en grupos, apretándose a cada uno por fuerza.

"Aquí están, casi matándose unos a otros para escapar con sus propias penosas vidas. Y en una boda no menos." Su grueso acento en su voz avergonzó a la multitud, sacudiendo su cabeza en preocupación en burla. De repente, sus pupilas destellaron con rojo, el sorprendente color brillando fuertemente contra la blancura de la habitación, ganando armoniosos gritos de esos presentes. Bajó su mirada, obligando a sus invitados a mirar en sorpresa a su peligroso tono.

"Qué vergüenza."

"¡¿Qué quieres monstruo?" Gritó Yamcha, sosteniéndose firmemente con un profundo ceño fruncido. Aunque quería cualquier cosa sino otra acechadora confrontación con el Demonio, sabía que esto no podía continuar.

Vegeta simplemente sonrió, cerrando sus ojos y cruzando sus brazos firmemente.

"Estaba esperando que me preguntaras mi pequeño Príncipe." Se burló, bajando orgullosamente. Lentamente aterrizando, fue saludado por calmados jadeos y una aliviada multitud, ambos Ángeles y Demonios moviéndose rápidamente fuera del camino. Todos los ojos permanecieron cerrados obsesivamente sobre él, él haciendo un punto para permanecer tan aterrador como fuera posible, negándose a meter sus alas atrás y en cambio alzándolas estiradas y ondeándolas como siempre. Era su posición registrada y simplemente irritada en temerosa atención que recibió como resultado.

Caminó sin miedo hacia adelante, su mirada intensa en el podio conteniendo un cierto audaz Príncipe que estaba de pie desafiante, aunque sus rodillas amenazaron en temblar bajo su peso. El terror se mostraba sólo en los ojos del joven real, bañando al Demonio con su intensidad y la duda para invocar castigo sobre cualquier acción tonta. Yamcha era valiente, eso mismo admitía Vegeta muy a regañadientes, pero no era tan valiente. Incluso su equilibrio vaciló levemente mientras la oscura criatura saltó sobre los escalones.

"Vegeta..." Vino una pequeña voz que lloraba. El curso de Vegeta se detuvo abruptamente, sus feroces ojos quedándose en el acurrucado montón de una Princesa que estaba arrodillada sobre el blanco suelo. Sus ojos estaban encendidos con increíble incredulidad y sus hermosos labios se habían separado en una extraña clase de estar boquiabiertos. Él todavía secretamente notó cuan excepcionalmente hermosa era ella.

Diamantes alineados en su frente como una corona natural, brillando de manera elegante con cada simple movimiento. Su vestido fuertemente apretado dejaba prácticamente nada a la imaginación, Vegeta teniendo que alejar sus ojos constantemente del gran escote. El vestido tenía una simpleza que lo hacía más radiante, diamantes brillando aquí y allí, especialmente alrededor de su orgulloso pecho. No estaba preparado para verla usar audaces cantidades de maquillaje, oscuro labial borgoña resaltando sus regordetes labios. Supuso que alzarían al Infierno y al Paraíso por eso... sin intención de jugar con palabras. Incluso en su débil estado, acobardada en el suelo, mantenía su casi insuperable orgullo y aire de dignidad. A diferencia de los demás, que temblaban de miedo y se sacudían, ella mantenía sus ojos y lo estudiaba con sorpresa pobremente escondida. Era casi, se atrevía a pensar, como si estuviera feliz de verlo. O al menos demasiado sorprendida. Aún así, su reacción no borraba el hecho de que si no hubiera sido por su grosera intromisión, ella sería una mujer casada ahora mismo. Una reina.

Sonrió levemente, sus ojos estudiándola cálidamente mientras la miraba, revolcándose en incredulidad en el suave, fresco suelo. Para gran sorpresa de todos, Vegeta estiró su mano hacia ella, ayudándola a ponerse de pie.

"¿Por qué estás en el suelo Princesa?" Sonrió extrañamente, sus hoyuelos marcando la fingida amabilidad mientras sus ojos se mantenían quietos como hielo, la manera que siempre aparecían cuando tenía puesto su escudo. Ella se enderezó, sólo viendo de soslayo su visión del indignado rostro de Yamcha mientras miraba a un monstruo tocar a su prometida.

Ella comenzó a agradecerle a Vegeta, secretamente saboreando la calidez de su mano mientras él cubría la suya. Conectó sus ojos con los de él, tomando un jadeo de aire ante el mero odio que quemaba a través de ella, haciendo agujeros en su carne donde su impía mirada se posaba. Su labio se volteó levemente hacia arriba y la miró descaradamente, arrancando su mano de ella en disgusto, estudiándola con absoluta repulsión.

"Después de todo. Es TU día de casamiento." Hirvió, dientes apretados ferozmente juntos, tanto que uno podría temer que se partieran en polvo dentro de su boca. Bulma estuvo sorprendida por sus hirientes palabras e incluso más perturbada por sus acciones, mirándola tan fuertemente a los ojos que podría haber jurado que sintió la presión de su mirada aplicarse a la suya propia. Bulma no había pasado por alto los celos en esas palabras y era sólo remotamente insultante mientras se alejaba de él, descendiendo una vez más hacia el enrojecido Príncipe, todavía sosteniéndose valiente de pie.

"Está bien Príncipe. Te permitiré continuar con tu patética excusa de boda tan pronto como recupere a quien estoy buscando." Oh seguro... las palabras eran simples y suficientes, pero Yamcha no se conmovió por la penosa situación.

"No haré tratos con alguien como tú." Remarcó valiente, aunque sólo aparentándolo desde afuera. Dentro todavía se marchitaba del miedo y yacía en un derretido charco de su propia auto pena.

"¡Yamcha por favor!" Bulma gritó, reconociendo la mortal mirada que pasó por los ojos de Vegeta mientras miraba a Yamcha de arriba a abajo casi sexualmente. El brillo en sus ojos era uno que sólo ella pudo haber leído, siendo conocido al final tan seguido por ella.

"¡Sólo haz lo que te dice!" Suplicó, dolorosas visiones de futuros desesperados enfermando sus pensamientos. Vegeta tenía la fuerza sobre Yamcha. Tenía el poder. Tenía más que suficiente. Si lo deseaba, Yamcha sería demolido con el mero movimiento de su dedo.

"Bueno, parece que nuestro pequeño encuentro te hizo algo un buen muchacho." Vegeta bufó, su sonrisa de piedra burlando a Yamcha más allá del reconocimiento aunque él fue el único que secretamente sabía a lo que el monstruo se estaba refiriendo. Sintió la mirada de la criatura sin Dios buscar en su musculoso cuerpo y hermoso rostro, notando cada pequeña diferencia que había resultado de su desafortunado encuentro en el Infierno. El Rey rió, aunque Yamcha sintió asco por el sonido. No había nada gracioso en esta situación, nada delicioso. "No eres nada sino un animal. ¡Nunca aceptaré tus términos!" Yamcha escupió oscuramente, aunque el peligroso tono no combinaba con su voz o su apariencia. Estaba de pie orgullosamente, estudiando con abierto desprecio al Demonio en carnicería, usando su gran armadura blanca y ondeando su capa crema. Las alas de la oscura criatura chocaron terriblemente con los alrededores, sólo dándole una apariencia más intimidatoria.

"¿Un animal dices?" Escupió reprochando, la mínima cantidad de humor atando sus palabras.

"He salvado a tus invitados de un horrible destino, indicándole a mis soldados que no los lastimaran. No voy a desparramar sangre alguna este día si cooperas mi joven Príncipe." Aunque varios cuerpos blancos yacían asesinados sobre el piso, la declaración se sostenía remotamente cierta, increíble como era. Aún así, Yamcha permaneció altivo, mirando al demonio como un insecto para ser aplastado.

"¡Yamcha!" Bulma gritó, rogándole con sus ojos que escuchara la advertencia de Vegeta.

"Yamcha... por fav-" Fue interrumpida mientras Vegeta se movía detrás de ella, envolviendo un brazo alrededor de su panza y otra mano sosteniendo una filosa uña negra peligrosamente cerca de su garganta. Bulma jadeó, acercándose más a su cincelado pecho, sintiendo cada músculo bien marcado presionado contra sus alas mientras se alejaba de su uña en vano. Él rió fuertemente en su oído, simplemente emocionado por los movimientos y sollozos de los Ángeles mientras su Princesa era sostenida como rehén ante ellos. Aún así Yamcha se mantenía inmóvil, incluso mientras los ojos de Bulma estaban amplios con tácita súplica.

"Dame lo que quiero o tu preciosa Princesa termina esta boda con su garganta cortada." rió, sintiendo los escalofríos correr a través de las alas de Bulma. Realmente le molestaba asustarla de esta manera, la culpa atacando su sistema como un virus desconocido. Pero no le prestó atención, mirando firmemente al recién informado Príncipe y pronto a ser Rey.

Su respiración era caliente contra la tierna carne de su garganta y sintió una extraña, terrible sensación de gemir mientras su poderoso cuerpo estaba presionado fuertemente contra el suyo, sintiendo cada tendón a través de sus sensibles alas y espalda. Era casi sexual y como si leyendo sus perversos pensamientos, la fuerte mano del Demonio se apretó en su estómago, moviéndose sólo ligeramente como si simplemente fuera su retorcida mente la que estuviera pensando.

'Entonces...' pensó corrupto. 'Al pequeño Ángel le gusta duro. No la hubiera considerado una sádica.' Rió malvadamente en su alocada cabeza, sabiendo que la idea era probablemente una falsa creación de su propia mente pervertida.

La mirada de Yamcha se oscureció considerablemente mientras notaba a donde estaba yendo el rebelde apéndice de Vegeta. Se mantuvo quieto, mirando duramente a la atrocidad que sostenía como rehén a su amada, una uña presionando demasiado cerca de su expuesto cuello.

"¡Entrega al Ángel Goku o decapito a tu puta!" Susurró, aunque la amargura de su ronco tono podía escucharse a través de la habitación del trono. Bulma le gruñó enfurecida, sus ojos destellando con peligroso veneno por el irrespetuoso título, aunque él vio poco de ellos por la posición detrás de ella. Pero algo en su postura se parecía al verdadero miedo y la idea lo indignaba.

Frío miedo se había deslizado como una serpiente a través de sus venas, dándose cuenta que el destino de Vegeta yacía con su amigo de toda la vida. No sólo eso, sino que sabía intentaba obtener lo que quería, y conociendo a Vegeta, el precio no era un problema. Se asustó inimaginablemente mientras su uña increíblemente afilada presionaba dolorosamente en su garganta, advirtiéndole a Yamcha de su intento. Casi gritó de alivio mientras su nariz rozaba levemente contra la parte de atrás de su cuello, aunque sabía que a pesar de su gentil toque, era completamente a propósito. Podía sentir su sonrisa ampliarse contra su garganta, como diciendo... "sabes malditamente bien que nunca lo haría realmente." Podía sentir su cuerpo aflojarse de su tensa posición, todavía permaneciendo muy alerta.

"¡No vine todo el camino desde el Infierno e invadí tu boda para irme con las manos vacías!" Gritó fuertemente, sin importarle el dolor que estaba causándole mientras su voz se inundaba justo junto a su oído.

"La mataré si no lo traes... ¡¿Entendido?"

"Nunca." Yamcha gruñó, sus ojos marrón chocolate yaciendo duros sobre las negras orbes de Vegeta. El Rey Demonio vaciló levemente, esperando que nadie le dijera que no, especialmente en tal tono. Bueno, excepto por Bulma, eso sí.

"Nunca cumpliré tus deseos, asesino." El rostro de Bulma se torció en horror mientras la feroz uña se hundía levemente en su garganta, Vegeta sin duda completamente ignorante del hecho mientras se revolcaba dentro de su mundo de odio.

"Además." Yamcha bajó su tono, hablando en un pequeño susurro.

"Ambos sabemos que nunca podrías lastimarla Vegeta."

Vegeta sintió como si hubiera sido golpeado, sus intenciones y forzados secretos revelados como carne en un plato para que todo el mundo lo viera. ¿Cómo había ese penoso pedazo de muchacho leerlo como un libro? Era sorprendente por decir lo menos. Pero siendo él mismo, se negó a retractarse de tal audaz declaración, su mirada volviéndose gélida mientras el calor los envolvía alrededor de ellos.

"Dame al Ángel Goku y ella es libre... Dime no de nuevo y ella se viene a casa conmigo. ¡permanentemente!" Escupió, mirando con suprema satisfacción mientras la oculta máscara del Príncipe de tranquilidad se destrozó en pedazos, sus facciones en el rostro alterándose dramáticamente mientras se dio cuenta de la dolorosa verdad. Esta no era una amenaza vacía.

"¡N-no!" Yamcha gritó, acercándose heroicamente hacia el objeto de su completo afecto.

"¡No la lleves! ¡Por favor!" Rogó desesperado, aparentemente no teniendo intención de echar hacia atrás su aire de dignidad.

Vegeta sintió completo alivio en saber que había ganado su mano superior una vez más, enfatizando su punto en envolver ambos brazos alrededor del vientre de Bulma, un dedo alineado casi a su corazón, por supuesto innecesariamente cerca de su pecho. Era bueno estar arriba una vez más, a través de una pequeña parte de él secretamente deseó lo contrario, notando que tomar a Bulma una vez más era increíblemente atractivo, especialmente mientras que intentaba en vano evitar mirarla deliciosamente sobre el pecho, levantándose y bajando ante sus rebeldes ojos.

"Déjala en paz Vegeta." Una calma pero resuelta voz ordenó, sorprendiendo a los tres de su batalla de miradas. Un Ángel de cabello negro entró audaz desde el medio de la multitud de su clase, juntándose desde el medio del círculo formado.

"Yo soy Goku."


wow... estoy increíblemente cansada de que estoy viendo doble en la pantalla. Seguro espero que esto se vuelva normal. Esta es una de esas noches donde probablemente no recordaré lo que escribí en la mañana. Gracias por todos los comentarios muchachos... ¡los amo!

Especialmente a mi pequeña niña pinky. Mis pensamientos y rezos están contigo corazón.

Aunque mis escritores que me inspiran y sus historias.

El Viaje de Shiko de una Vida por el inspirador firesphinx

Vegeta metallix por mi muchacho Brax

El Preludio por mi otro muchacho ApocalypseBlade

¡Gracias!