Antes que nada quiero tomarme el tiempo para disculparme por ausentarme por tanto tiempo. Uno nunca sabe que le tiene el destino preparado, y en ésta ocasión me arrastró con él, pero he vuelto; me he permitido el volver a hacer algo que realmente me gusta, escribir.

Nunca creí que me encariñaría con algo hasta que volví a abrir mi cuenta y leí los reviews qud habían dejado desde hace mucho y debo admitir que algo de nostalgía llegó a mi.

También quiero agradecerles por tomarse el tiempo de leer ésto y seguir al pendiente de mi historia, prometo no volver a abandonarla.

Por último un consejo, nunca dejes de hacer algo que te gusta, por que aunque no parezca, se vuelve parte de ti.


Una larga noche

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- ¿Crees que haya sido buena idea haberle permitido a Victoria pasar la noche con esa jovencita?

- ¿Que tratas de decir David? - la reina observó a su esposo cambiarse sus finas ropas por una pijama azul rey através del espejo del baño de la habitación con una mirada curiosa - ¿Acaso estas pensando que tu hija obrará apresuradamente? -

El rey miró a los ojos de su esposa en el espejo mientras ella deshacia su peinado, dejándolo caer sobre su pijama color carmín - No, no estoy pensando mal de nuestra hija. Confío en su buen juicio. Es solo que, es mi pequeña Tori - La mirada del rey le dejó ver su nostalgia a su esposa, - Aún no estoy listo para dejarla ir por el mundo explorando cosas nuevas, emociones nuevas y un tanto desconocidas -

La reina se levantó del banquillo donde estaba sentada y se dirigió a su esposo, - Comprendo lo que me dices, y debo admitir que comparto tu incertidumbre ante tal revelación, pero nuestra Tori sabe tomar decisiones con el corazón, sin ignorar a la razón -, la reina acarició la mejilla de su esposo y le dedico una sonrisa que llenó por un momento de paz interior al monarca, - Ella estará bien, siempre ha sido muy perspicás, noble y fuerte. Sé que parte de tus dudas se dirigen hacia el futuro del reino y el papel que Victoria desempeñará como reina, pero también sé que no soy la única que confía plenamente en que ella gobernará de una manera espléndida, tal y como ella es -

- Pero mi reina, si Victoria decide contraer nupcias con la joven Jadelyn, mi mayor preocupación será la reacción de nuestros súbditos, de los reinos vecinos, de la Iglesia misma - El rey apartó su mirada de su esposa - Sé que el amor entre las personas no depende del sexo de los cuerpos en dónde sus almas se encierran, estoy conciente de que el amor va más allá, pero a pesar de lo que nosotros creamos, sé que habra gente que juzgará basadoa el miedo a lo diferente -

David se encaminó a su cama con la cabeza gacha, - ¿Que haré si el Consejo Real se opone al matrimonio, si los súbditos se oponen? Tal vez pueda hacerlos cambiar de parecer, mostrarles lo que nosotros conocemos del amor, pero si la Iglesia misma ve ese matrimonio como inmoral, ¿Como lidiar con el clero? -

- ¿Realmente te importa la opinión de una religión si ésta se opone a algo tan innocente como el amor? -

- No lo sé, supongo que no -

- Entonces ¿Cual es tu temor? - Holly se acercó a su cama y ambos se sentaron al borde de ella.

- Mi temor es que alguien quiera dañar a mi hija por ir en contra de lo convencional - El rey tomó la mano de su mujer y la miró a los ojos

- Ya sabes que hay gente dispuesta a hacerle daño a quien esté dispuesto a ir en contra de lo establecido, y sin duda Victoria es una joven que rebaza las expectativas -

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Jadelyn se quedó himnotizada por la piel morena de la princesa que contrastaba con la suya, aunque solo pusiese ver su hombro y parte de su cuello oculto bajo olas suaves de cabello castaño. La admiró mientras ella dormía en sus brazos. No, nada había sucedido entre ellas por que ambas sabían que era demasiado pronto para pensar en si quiera consumar su amor en tal manera física, sin embargo Victoria insistió en que la joven se quedara a dormir en su habitación a pesar de tanta oposición.

Se ve tan hermosa - pensó, mientras pasaba sus dedos por su brazo y acariciaba cada centímetro de su piel que se le hacía posible. Observó como su cuerpo se movía con cada respiración que daba, la abrazó y hundió su rostro en esa cascada castaña con olor dulce que embriagó sus sentidos.

No podía estar más feliz, había encontrado ese amor del cual solo podrías saber a través de las novelas que leyeras, ese amor que jamás creyó encontrar y con nada más y nada menos que con la misma heredera al trono. Pero debajo de todo ese nuevo y abrumador sentimiento estaba algo que le remordía, un sentimiento de culpa que permanecía perturbando su paz.

¿Que sucedería en el futuro? ¿El estar ahí, en ese momento, implicaría el mas grande cambio en las vidas de ella y su hermano? ¿Sería capáz de entregarse ciegamente a la princesa? El amor había llegado a ella para cambiar su vida, sabía que merecía sentirse así; toda su vida la dedicó a proteger a su hermano y a ella y ahora se presentaba Victoria, una futura monarca, la cual se entregaba a ella como ella desearía entregársele. Era hora de perseguir su felicidad también. Era hora de cambiar su vida y el amor era el mejor camino a seguir que se le pudo haber presentado.

Debía cambiar, por Victoria, por su pequeño hermano, por ella misma. Todo los crimenes que había cometido, su identidad criminal, todo lo que ella conocía y tomaba como normal debía desaparecer.

Jadelyn debía dejar su pasado atrás.

La princesa se volteó, quedando de frente a la joven que la llevaba admirando desde hacía un buen tiempo, haciendo que ésta saliera de sus pensamientos. La joven morena abrió los ojos, sorprendida de que su acompañante siguiera despierta.

- ¿Algo te esta molestando Jadey? - preguntó mientras acomodaba un mechón de cabello negro tras la oreja de Jadelyn. Sus ojos se clavaron en los de ella, con tan poca luz parecían tener un azul verdoso muy intenso pero ante la interrogante cambiaron por algo mas gris. La princesa aún debía familiarizarce con esos cambios de tono de esos ojos que la miraban con cierta culpa. - Vamos, puedes decirme lo que sea -

Jadelyn acercó a la joven aún más a ella y se fundió en sus brazos al sentir que ésta le correspondía. Un nudo se comenzaba a formar en su garganta. Estaba tan felíz que podría llorar.

Nunca había sentido tanta felicidad en su vida.

- Solo me quedé absorta viendo lo hermosa que te ves estando dormida - respondió rompiendo el abrazo y reafirmando algo que no era una total mentira, pero que no era del todo verdad, con una tímida sonrisa, causando un leve rubor en las mejillas de la princesa, quien solo pudo rogar que la oscuridad ocultase su colorado rostro.

- Está bien - dijo Victoria para después robarle un pequeño beso - Pero deberías dormir, no quisiera que mañana estés toda adormilada por culpa mía -

- Como tu digas - respondió Jadelyn dándole un beso en la frente a la princesa. - Vamos, vuelve a dormir, que yo también lo haré - la envolvió nuevamente entre sus brazos y sintió como se acomodaba en ellos solo para poder depositar un pequeño beso en el cuello de Jadelyn, sacándole así una leve sonrisa a la pelinegra antes de cerrar los ojos y caer en un profundo sueño.