Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Ángel Oscuro
(Dark Angel)
Un fic de Camaro
Traducción por Apolonia
Vegeta estaba infinitamente impresionado con la notable velocidad del Ángel, descendiendo hacia la barrera en un parpadeo de negro y blanco. Vegeta secretamente tenía algo de asco de irse del Paraíso tan pronto, la velocidad a la que estaban viajando desintegraba su vista sin precio con cada segundo que pasaba, los masivos rollos de nubes nada más que una brillante mancha bajo ellos. Pero no era exactamente como si pudiera disminuir su paso a gachas o preguntar amablemente al traidor Ángel que bajara su rápido descenso. Quiero decir, ¡vamos! Este es Vegeta de quien estamos hablando, ¡no Mary Poppins!
Vegeta voló excesivamente adelante, agitando su título como Rey Demonio como un trofeo que ningún hombre podía competir. Era inigualable en fuerza, apariencia y velocidad, todo lo que estaba reacio a ocultar. Él era un Dios en sus propios ojos, atractivo y poderoso al máximo alcance de la perfección. ¿Por qué debería esconderlo?
Aún así, el Ángel logró mantenerse sorprendentemente, manteniéndose con el Rey como ningún otro hombre, Demonio o Ángel, pudiera haber logrado. No pasó mucho hasta que llegaron al rebaño de alas ónice, ondeando y moviéndose como un enjambre de insectos sobre la superficie del suelo, todo el ejército pareciéndose a una Satánica sombra moviéndose a través del hermoso blanco del Paraíso.
Ambos volaron alto sobre la masiva multitud, derrotándolos en la barrera con tiempo de sobra. Los ennegrecidos árboles pululaban por debajo de ellos, grises nubes y arroyos de agua apareciendo de vez en cuando en la histeria en masa del mundo que volaba bajo sus alas. No mucho después, estaban disparándose a través del mismo Infierno, cruzando a través de peligrosos desiertos y traicioneras montañas. Para el último deleite del Demonio, parecía por un rato que el arrogante Ángel estaba disminuyendo ligeramente, cayendo debajo y siendo remolcado sólo por propia voluntad.
"¡No está mal Ángel!" se burló como era de esperar. "Pero tendrás que hacerlo mejor para mantenerte a mi ritmo."
Una extraña sonrisa apareció en el rostro de Goku, de nuevo metiendo dudas en la mente de Vegeta en cuanto a su verdadera identidad como Ángel. Había simplemente... sólo, ¡sólo algo que estaba mal con él!
Una azul, poderosa aura se derramó como fuentes de agua alrededor de su cuerpo, encendiéndolo en un fuego azul. Con un gruñido, estiró sus alas a su máximo largo y voló pasando a Vegeta, su velocidad incrementada dramáticamente. La sorpresa del Rey Demonio se desenmascaró y se abrió para que el mundo la viera mientras sentía una extraña energía surgir y parpadear dentro de sí mismo. Una parte de él que había yacido latente desde la batalla con su padre había resucitado, brillando con brutal fuerza y orgullosa resolución. Esta parte de él ansiaba un desafío y le dio la más extraña sensación de déja vú mientras su cuerpo resplandecía con entusiasta vida y rápidamente se movió hacia Goku. Era casi como si hubieran hecho esto antes. Qué extraño...
Aún así, el Ángel no era de darse por vencido tan fácil, liberando más y más poder del escondite secreto de poder que había disfrutado por tanto tiempo. Los dos continuaron así por casi una hora, uno ganando guía sobre el otro y luego volviéndose abrumador. Superarían al otro, se regodearían en triunfo, sólo para encontrar que el siguiente mismo ejemplo que estuvieran dejando atrás.
Ambos estaban en su insondable gloria, ninguno teniendo tal liberación en lo que parecían siglos, siempre siendo confinados a estándares "normales" de fuerza, agilidad y velocidad.
Para su última consternación, el negro castillo apareció pronto ante ellos, grande y visible a lo largo del llano horizonte del Desierto del Infierno. Cada uno sintió un sombrío tirón desde el interior, sabiendo que su frenético vuelo estaba llegando a su fin, y que sus reservas se ocultarían de nuevo dentro. La poderosa torre se acercaba más y más a notable velocidad, su llamativa y sadística decoración cortando el cielo como un cuchillo. Era masiva y destrozada en el rojo cielo, pareciendo cortar a través del carmesí sol como una daga, su tamaño pareciéndose a una montaña.
Aterrizaron sobre el agrietado puente que corría sobre el foso, Goku intentando pretender que no había visto los cuerpos y apéndices que flotaban enfermamente en la sangrienta agua. Ambos sonreían como niños, manos en sus rodillas mientras jadeaban por respirar, el Ángel notando el espesor del suministro de aire del Infierno.
"Entonces..." Jadeó. "¿Estás impresionado, oh poderoso Rey Demonio?" Se burló en una amigable manera. En lugar de saltar enfurecido por el abuso y burla de su título, Vegeta simplemente rió con entusiasmo, obviamente sorprendiendo a Goku con el sonido fuera de carácter.
"Si digo sí... ¿Podemos hacer eso de nuevo?" rió, su pecho agitándose mientras aspiraba por aire.
Goku estaba sorprendido por el comentario de Vegeta, era un cumplido de hecho. ¿El monstruo del inframundo realmente le acababa de pedir más desafío? No... Goku SABÍA que estaba equivocado. Él era por lejos el Ángel más fuerte que hubiera conocido, y muchas veces él había luchado contra Demonios sólo por el mero placer de hacerlo, aunque nunca matándolos al final. Había luchado contra cientos de Demonios en la guerra y estuvo a la cabeza, aunque su batalla con Vegeta casi había sido su última batalla. Aún así, pensó, tal vez era erróneo creer que tal terrible monstruo realmente no tenía corazón.
"Está bien entonces." Asintió todavía sonriendo pensativamente.
Vegeta sonrió, obviamente complacido por la respuesta, volteándose arrogantemente sobre sus talones y guiando al Ángel al palacio. Goku miró vacilante al magnífico mal que parecía abrumar la estructura, intentando olvidar el hecho que cosas más malvadas que Vegeta habían vivido aquí alguna vez y todavía podría hacerlo.
No era ningún secreto que esta monstruosidad de torre fuera tan conocida por la tortura y muerte, el lugar donde miles de Ángeles eran llevados y nunca más vueltos a ver. De niño, su padre, el Ángel Roshi, le había contado cuentos de niños Angélicos que desobedecían a sus padres y caían presos en los horrores de la Torre del Infierno. Sonrió irónicamente ante el pensamiento. Toda su vida, había sido advertido del engendro del mal, el mismo Satán, el Rey Demonio y sus malvados hijos.
Incluso recordaba el día cuando Vegeta había matado a su padre, el aire parecía tenso y el cielo girando con truenos incluso en el Paraíso. Había sido una furiosa batalla y ni siquiera podía recordar cuando había durado. Pero el resultado había sido escrito en los libros de historia, la leyenda del último pecado. El hijo prohibido del Diablo, asesinando a su propio padre. Mucho más malvado que su padre.
Y sin embargo aquí estaba. La encarnación del mal presente. Y Goku no podía sino respetar a la hermosa criatura de oscuridad. Era extraño. Era una clase mutua de respeto, no un gusto, sino respeto.
Pero respeto o no, ¡estaba un poco nervioso sobre entrar en este horrible lugar! El aire parecía más frío con cada resistente paso, un contraste con el fuerte calor que casi lo había abrumado en el desierto. Resistió la urgencia de envolver sus brazos alrededor de sí mismo, sabiendo que hacer eso sólo lo haría en consiguiente más débil, obviamente no una imagen para portar orgullosamente.
Caminaron en una oscura habitación, sombras acechando en cada esquina, casi parecían a pulgadas de él en miedo. Porque como saben, la luz es el destructor del alma de las sombras.
"Tus ojos pueden necesitar ajustarse a la oscuridad." Vegeta sentenció con un ceño fruncido e indignado en cada sílaba o cada palabra.
"No... estaré bien." El Ángel respondió, demasiado orgullo para admitir que sí, tal vez era un poco oscuro. Pero la oscuridad del Infierno nunca había sido tan cegadora para él como lo había sido para Krillin en los momentos que se habían metido a través del borde de la frontera por un poco de emoción de los Demonios locales.
"¿De verdad?" Vegeta se sorprendió de nuevo. "Bulma dijo que le tomó casi dos días para siquiera encontrar su camino a través de su propia habitación." Respondió pensativo, recordando cuan irresponsable había sido ella en esas tantas horas. Goku frunció el ceño de repente, la mirada reemplazando completamente la placentera sonrisa que una vez había residido.
"¿Por qué la llamas Bulma?" Dijo en desaprobación. "Ella es una Princesa. Y sin embargo te refieres a ella como si fueran compañeros de toda la vida."
Vegeta repentinamente se sintió enfurecido siendo amenazado por tal indignidad.
"¡Cómo te ATREVES a cuestionar algo de lo que hago payaso de clase baja!" Hirvió, la temperatura en la habitación creciendo rápidamente por su ira. Y sin embargo, Goku se mantuvo firme cuando cualquier otra persona se hubiera acobardado poniéndose de rodillas.
"Tienes suerte que no te destruí en el momento que te vi, ¡canalla! ¡Deberías sentirte privilegiado sólo por estar en mi presencia!" Tronó, el dragón dentro retorciéndose con anticipación. Oh, cómo quería ser libre de tales dolorosos confines y sacar su enfrascada furia en el Ángel de pie ante él.
"¡Deberías estar honrándome!"
El repugnante ceño fruncido de Goku se profundizó hasta que habían líneas a lo largo de su frente y las suyas estuvieran plegadas en ranuras.
"¡Besar a una mujer frente a su prometido NO ES exactamente lo que yo consideraría honorable!" Sentenció dando por hecho. Vegeta apretó sus dientes juntos, sus nudillos volviéndose blancos por la presión sobre sus puños.
"De hecho," el Ángel estúpidamente continuó. "Diría que fue completamente DEShonroso. Yo lo llamaría vergonzoso." Regañó. Por cualquiera que fuera la razón, Vegeta pareció calrmarse notablemente. Cerrando sus ojos y cruzando sus brazos arrogantemente, sonrió.
"Bueno, no fue exactamente que ella se opuso a mí." Abriendo sus ojos, continuó. "De hecho, si no fueras semejante idiota, podrías haber notado que lo disfrutó bastante."
Goku se quedó sin habla. Él no era un idiota en este caso. Sabía que el Demonio tenía razón, recordando el evidente goce de Bulma mientras participaba en la prohibida demostración.
"Ahora si no tienes más comentarios idiotas, te sugiero que me sigas a tus habitaciones temporales."
Goku estaba confundido. ¿Habitaciones? ¿Qué? ¿Por qué?
"¿Y cuánto tiempo es temporal?" preguntó mientras descendía hacia las escaleras caracol. Cada fría pared de piedra estaba iluminada por un tenue parpadeo de una vela, ondeando y fundiendo luz baja en la escalera.
"No sabía que me quedaría por mucho tiempo. Hubiera empacado." Bromeó, poniendo su mano detrás de su cabeza y riendo como un lunático. Vegeta vaciló en sus pasos.
¿REALMENTE hizo eso? Wow, y pensaba que Radditz actuaba como un idiota a veces. ¡Esto era completamente sin precedentes y estúpido! ¡Era casi divertido! De hecho, ¡realmente era hilarante! Casi rió en voz alta ante la tonta posición pero decidió que en hacerlo sólo alentaría al Ángel a continuar. Así que en cambio, mordió sus labios, ahogando sus marcas de mostrar un simple 'hmph' en su clásica manera.
"Bueno, normalmente ya hubiera recibido la información que deseaba de ti y me hubiera deshecho de tu miserable presencia." Vegeta frunció el ceño, maldiciendo al desafortunado destino que le propuso continuar la oración. "Pero." Tomó un respiro, difícilmente creyendo las palabras que saldrían a la superficie.
"Tu poder me intriga bastante. Tu velocidad es increíble." Wow... realmente había dicho eso. Malditos Ángeles... ¡¿Siempre tiene que ser tan honesto con los bastardos?
"Estoy curioso por saber cómo hubieras resultado en una lucha conmigo."
Los ojos de Goku se ampliaron considerablemente y un escalofrío de miedo corrió a través de su cuerpo, comenzando desde los dedos de los pies y yendo hacia arriba por su espina. Vegeta notó la manera que el cuerpo del Ángel pareció temblar en olas, conscientemente tratando de decidir si esto era algún extraño capricho que venía con ser un hombre la raza Angelical.
"Quieres decir..." Los ojos de la criatura de alas claras eran casi del tamaño de platos y su boca colgaba estúpidamente, Vegeta había estado esperando que soplara en el viendo o algo.
"¿Que vas a tener un encuentro conmigo... hasta la muerte?"
Vegeta animó considerablemente una sonrisa grabando su propio camino en su rostro. Realmente no había pensado en matar al Ángel. Oh... no por supuesto que hubiera sido una opción todo el tiempo y estuviera considerándola, pero desde que el otro hombre había mostrado tal potencial en la velocidad, tomó un pequeño agrado por el hombre. Bueno, supongo que "agrado" sería una palabra un tanto poderosa, pero respeto era definitivamente algo que se volvía un problema.
"Si eso es lo que deseas Ángel. Pero originalmente había pensado en una simple pelea." Respondió honestamente. Honestidad. ¡Bah! ¿Quién la necesitaba?
Goku sintió una ola de alivio y luego un surgir de emoción al mismo tiempo.
"Oh. Entonces estás curioso de cómo puedo luchar contigo. Bueno." bufó, enderezándose y ganando un poco de su arrogante aura. "Con suerte no te decepcionaré.
"Dudo que siquiera puedas imaginar lo que tu intento de "luchar" sea." Vegeta rió en burla. "Pero aprenderás Ángel. De una manera u otra."
Estaban de pie frente a un gran conjunto de puertas de madera quemadas, mirando por la negra pintura y brillando en la oscuridad del confuso pasillo. Las bisagras parecían viejas y decrépitas, las manijas ambas talladas en maderas con la forma de monstruosas gárgolas. Todo en Goku le dijo que se volteara y corriera por su vida, intentara un heroico escape de este espantoso lugar habitado. Lejos de la oscuridad y el hermoso monstruo que estaba de pie junto a él, mirando con sus ojos sin Dios ante su miedoso cautivo. Cada conocida parte de él estaba mirando lejos de la puerta, lejos de la oscuridad.
Pero algo lo impulsó hacia adelante. Era la sensación más extraña, una que no había experimentado durante siglos. La sensación de como si algo dentro le gustara esto. Como si perteneciera a este lugar, al lado derecho del Demonio.
¿Cuánto había pasado desde que había viajado al Infierno con Krillin para encontrar las mágicas Sensu? ¿Cuánto tiempo desde que había fallado miserablemente en su intento de rejuvenecer a su padre? Había sido la última vez que había tentado su destino en las manos de una criatura de la Oscuridad, dando a cambio información que casi le había quitado la vida de su amigo y su Princesa.
Ese había sido el peor día de su vida, y sin embargo, había querido quedarse en el Infierno. ¿Era curiosidad lo que lo mantenía de pie? ¿Ciega locura? ¿O Krillin tenía razón? ¿Verdaderamente había habido una situación suicida inconsciente? De cualquier modo, había mirado a través de todo el Infierno sintiendo como si por primera vez, hubiera pertenecido a algún lugar.
Y ahora la sensación había vuelto, su impacto tan poderoso como el día que casi había pegado la vuelta, por un segundo planeando en nunca volver a lo que siempre había conocido. Y ese segundo, ese pequeño segundo de duda... le había costado la vida de su padre en sus propias manos.
Con temblorosos dedos, no de frío o incluso de miedo, sino de casi emoción, llevó sus dedos a la boca de la gárgola, girándola para revelar la más articuladamente decorada habitación en la que alguna vez hubiera posados sus ojos. Las paredes estaban manchadas de rojo sangre, casi pareciendo absorber la suavidad del piso de mármol.
La habitación era grande y triste, tenuemente iluminada y sombría. Pero nada de esto llegó a sus conscientes pensamientos en lo absoluto, simplemente maravillándose en cuan exquisita era cada grabado o pintura que estaba puesta llamativa en las paredes o el suelo. Una gran estatua negra de un hombre desnudo estaba de pie orgullosa y fuerte, brillante y pulido con experto cuidado. Sostenía una gran vasija de agua, mientras que a sus pies se aferraba la figura de una mujer. Era casi la alabanza más masculina en estatua que hubiera visto jamás, el hombre levantando su cabeza con arrogancia mientras que la pequeña mujer estaba a tientas a sus rodillas.
Otras extrañas pinturas mantenían cautivas a las paredes, una en particular llamando a sus defectuosos ojos. Era Vegeta que miraba fija y duramente hacia él desde el borde de un cuadro, sus ensombrecidos ojos perforadores y hermosos labios estirados en una malvada sonrisa. ¿O era ese Vegeta? La pintura era por lejos masculina, el gran mentón y puntiaguda nariz dando una casi fea apariencia. No... el hombre era hermoso en su mayor extremo, eso era seguro. Peros cautivadoras cualidades eran adormecidas en comparación con la despiadada criatura que estaba de pie junto a él, de brazos cruzados y esperando por una reacción.
"¿Confío en que estés complacido con tus alrededores?" La criatura bromeó, notando obviamente cómo se había quedado sin habla el Ángel. Ni siquiera podía farfullar una respuesta, todavía mirando fijamente, o mejor dicho boquiabierto, ante la morbosa decoración de la habitación.
"Muy bien." Vegeta sonrió malvadamente, ni siquiera intentando sonar menos snob de lo que era.
"Entonces te dejaré. Buenas noches Ángel." Se volteó con desprecio y comenzó a caminar fuera de la habitación, sus agraciadas alas insistiendo detrás de él.
"Por favor, no seas tan formal Vegeta." Goku dijo finalmente, su voz ligera y casi agradecida. Supongo que tal tono era muy necesario ya que era por mera gracia del monstruo que no estuviera pasando la noche en un temeroso calabozo en el Infierno. Casi tembló ante el pensamiento.
Vegeta lo miró curiosamente, sus feroces ojos oscuros con misterio mientras intentaba descifrar las palabras del hombre.
"Llámame Goku."
Vegeta se encogió de hombros, volviendo a su camino de salida.
"Como desees 'Goku'" Respondió, soltando la enfatizada palabra con indignación, como si fuera el título más tonto que jamás hubiera escuchado.
"Pero mañana." Sonrió, aunque el Ángel no podía verlo con su espalda dada vuelta. "Sólo serás conocido como el recientemente fallecido."
Goku hizo un gesto de dolor mientras otro duro golpe de Vegeta fue arrojado a su rostro, golpeándolo hacia atrás. Ciega oscuridad se hinchó temporalmente ante sus ojos, sólo desapareciendo con el tiempo. Limpió la sangre de su hinchado labio, extrañamente disfrutando el dolor que se fugaba de él.
Habían estado luchando sin parar por cinco horas, los poderes de ambos guerreros comenzando a disminuir lentamente. Las horas pasaban como meros minutos, comenzando en el medio de la mañana y ahora hundiéndose en el atardecer. Aparentemente leves horas eran más cortas en el Infierno de lo que eran en el Paraíso, y Goku encontró este hecho casi acogedor. Casi fascinante.
Se había despertado del sueño más profundo de su vida, por ninguna razón en lo absoluto había soñado con sangre y caos casi disfrutando. No, entendió que después de haber estado rodeado de escenas así de destructivas a su alrededor, unos pocos sueños morbosos eran de esperarse. ¿Pero esto? Él era su propio monstruo. Acechándose con sus propias pesadillas. Aunque lo intentara, nunca podría escaparse de sí mismo. Ni de lo que era. ¿Pero qué era? Y, con una risa, ¿cuántas veces se había preguntado exactamente lo mismo?
Vegeta estaba más allá con la gloria, nunca enfrentando a un oponente como Goku. El Ángel podía igualarlo casi golpe a golpe, aunque era obvio que Vegeta, siendo un Demonio era naturalmente un luchador superior. Su resistencia era mucho más flexible que la de Goku, más debido al hecho de que el Ángel nunca realmente había tenido un desafío y por lo tanto era reducido a ocultar su verdadero poder cuando luchaba con amigos.
Lucharon feroces y libres en el lado Norte del Infierno donde los fuegos quemaban con intensidad como en ninguna otra parte de la desolada tierra. Encendieron la tierra en llamas, quemando cualquier planta viva que se atreviera a crecer, el asesino mismo de Dios de cualquier tierra civilizada. Se decía que Dios había arrojado al primer Demonio del Paraíso, su fuera tan brillante y poderosa que el Ángel caído se prendió fuego, envolviendo sus propias llamas sobre su morada por la eternidad. Los fuegos nunca se detuvieron. Nunca pararon.
Aunque intentando estar concentrado completamente en la batalla, los ojos de Vegeta se ampliaron mientras los pequeños parpadeos de llama comenzaban a combustionar en un enorme incendio, estirando al menos cincuenta o sesenta pies en el aire y acercándose.
"Mejor nos vamos." Dijo con tristeza, no exactamente emocionado en detener tal pelea que destrozaba la tierra.
"Oh..." dijo Goku en una arrogante manera, aunque no grosera porque eso simplemente no era su manera. Por todos sus triunfos, el Ángel era respetado sobre y más allá de la llamada de él.
"Veo que ni siquiera TU puedes sobrevivir un Infierno Averno." Bromeó Goku.
"¿Cómo sabe exactamente un Ángel sobre los Infiernos Avernos?" Vegeta cuestionó perplejo. Bien. Era una pregunta justa. Algo simplemente me dice que ellos simplemente no tienen esa clase de cosas en el Paraíso.
"Nosotros los habitantes Celestiales sabemos mucho más de lo que piensas Vegeta." Goku sonrió mientras se encogía de hombros levemente. No era exactamente cierto, saben. La mayoría de los Ángeles eran completamente inocentes y neuróticos por tan inteligentes y potencialmente genios que podían jactarse ser. Tanto como él sabía, además de él y el temeroso Krillin, ningún Ángel vino siquiera cerca al Bosque Oscuro, quedándose tan lejos del desamparado Infierno como fuera posible.
"Eso he escuchado." Vegeta gruñó. "Por mucho que he disfrutado golpearte hasta ahora, tenemos asuntos que discutir." Mirando hacia el masivo fuego que estaba sacudiendo el suelo mientras se movía directamente en descenso hacia ellos, añadió. "Y lamento que aquí no sea el mejor lugar para estas cuestiones."
"¡Hey Radditz! ¡Te perdiste de un buen espectáculo!" El Demonio Barta bromeó, mirando levemente a la pobre alma que había sido obligada a cuidar al castillo en la ausencia de su Rey.
"Sí, ¡deberías haber visto cuan asustados estaban esos malditos Ángeles! ¡Estoy sorprendido que no murieron arrodillados sobre el otro!" Añadió Jeice, el feroz compañero de Barta. Ambos rieron ridículamente fuerte, sin duda sacudiendo a todo el reino con su demente ladrido. Radditz no pudo evitar sino reír también. ¡Quedarse y cuidar el castillo era tan aburrido!
"Sí, deberías haber visto cuando el Señor Oscuro besó a la Princesa." Añadió Jeice, "¡Eso sí que fue un regalo para la vista!"
Barta rompió a reír ante la tonta broma de su compañero, ambos cacareando como brujas en la oscura habitación. La mandíbula de Radditz cayó y sus ojos se ampliaron con la información que acababan de presentar.
"Él... Él... ¿la BESÓ?... ¡¿EN SU PROPIA BODA?" Casi se ahogó, no estando seguro si debía reír o estar avergonzado por su Rey. Parte de él supuso que Bulma probablemente hubiera disfrutado ese pedacito de información, boda o no boda. No era ningún tonto, ella no amaba a ese indigno Príncipe tanto como intentaba engañarse a sí misma en creerlo.
"Claro que sí." Dijo Jeice, casi rodando de risa. "¡Con lengua y todo!" Las palabras fueron casi amortiguadas por los frescos ladridos de risa, cada sílaba atada con el único acento del soldado y fuerte tonada, desarrollado por crecer en los lejanos confines del Infierno del Sur.
"Barta y yo nos quedamos justo atrás para ver lo que haría y seguro lo suficiente... La agarró y le dio el beso más grande que hubiera visto jamás. Debió haber durado, qué... ¿todo un minuto?"
"¡Tal vez dos!" Barta añadió, asintiendo a su amigo que comenzaba a reír malvadamente mientras cubría su boca y cerraba sus ojos.
"Pero mi Dios, qué enojado estaba el Príncipe. Estaba seguro que en cualquier momento el muchacho hubiera sido lo tonto suficiente para desafiar al Rey, pero se quedó quiero, seguro."
"Sí, sólo gracias a ese amigo de cabello negro. Ese Ángel. Uhh... cualquier que fuera su nombre." Barta balbuceó.
"Goku." Interrumpió una extraña voz.
"Mi nombre es Goku."
Las tres cabezas se voltearon al unísono para verlo de pie junto a Vegeta, frunciéndoles el ceño. Los ojos de Radditz casi se salieron de sus cuencas, tartamudeando hacia atrás ante la mera vista de la criatura de alas blancas.
"No... no puede ser." Susurró, la voz ahogada por su mano, sus ojos amplios con casi miedo. Su reacción sorprendió a los demás, incluyendo a Goku que no tenía idea de qué pensar de esto. ¿Había hecho algo malo?
Fue Jeice quién habló primero, mirando extrañamente de Goku a Radditz una y otra vez casi obsesivamente. Su adorable pequeño rostro se arrugó en presión por los abrumadores pensamientos que drenaban en su mente. Levantó un tembloroso dedo, apuntando sospechosamente a ambos antes de irse hacia atrás lentamente en desconfianza.
"Por qué. Por qué se parecen tanto." Susurró en sorpresa. Vegeta y Barta jadearon en absoluto unísono, mirando boquiabiertos como idiotas ante las facciones del rostro y similitudes que no podían ser ignorados.
Vegeta fue bombardeado con preguntas, su mente corriendo con extrañas ideas de coincidencias y resoluciones que simplemente se añadieron al final. ¡QUÉ DEMONIOS ESTABA OCURRIENDO! Sabía ahora por qué Goku había parecido tan familiar. Tan fuera de lugar en el Paraíso. Además del cabello y evidentes diferencias de color, sus expresiones faciales, su contextura muscular y ojos eran casi exactamente los mismos. Radditz tragó duro, el espeso sonido sacudiendo el silencio que los había envuelto en desconcierto.
"Su... Su Alteza." tartamudeó torpemente, su voz apretada. "Si pudiera hablar con usted. A SOLAS."
Sin siquiera recibir una respuesta, Radditz se fue de la habitación, saliendo por un oscuro pasillo al final del corredor, sabiendo sin ver que su amo lo estaba siguiendo cerca de los talones.
Entraron en un lugar enorme, con una araña rojo rubí drapeada a través del gran techo.
"¡Radditz!" Vegeta hirvió, tan enfurecido con frustración que había comenzado a alzar la fría temperatura en la habitación.
"¿Me explicarías esto? ¡Las similitudes son impecables!"
Radditz suspiró fuertemente, una triste expresión reemplazando su fachada normalmente despreocupada. Tomó asiento, derrumbándose de espaldas y dándole a Vegeta un gesto vagamente para que hiciera lo mismo, como si sabiendo que tal explicación estuviera muy lejos de ser fácil. Descansó su cabeza sobre su mano, estirando sus ojos para no mirar a su compañero.
"Hace mucho tiempo. Vegeta. Vivía una familia de Demonios en las afueras de Ciudad del Infierno." Tomó un respiro.
"Eran casi del tipo granjeros, viviendo de cualquier cosa que la decrépita tierra pudiera darles, pero eran felices. Contentos podríamos decir. Eran una pequeña familia, con sólo un hijo. Sólo habían querido un hijo Pero el día vino cuando la madre engendró otro hijo, un varón... solamente." Tragó fuertemente. "Este era diferente del otro. Este era, mucho, MUCHO muy diferente." Pasó una valiente mirada ante la reacción de Vegeta de que le contaran una historia que hasta ahora tenía tan poco o casi ningún sentido. Exactamente no parecía complacido, frunciendo el ceño rudamente a su soldado que parecía decidido en mirar a las oscuras líneas de madera de la mesa.
"Este niño tenía alas blancas Vegeta... Blancas. No negras, nada... Puro, sólido blanco. Un Ángel nacido de dos Demonios. El padre de los niños era un orgulloso soldado del antiguo Rey, un feroz y despiadado hombre que no se detendría ante nada para obedecer la ley de la tierra y poner a descansar la esencia de un Ángel. Pero, no pudo hacerlo." Radditz sacudió su cabeza, sin estar seguro de si quiera continuar, temiendo un repentino arrebato de la ira de Vegeta por tomarse tanto tiempo con nimios detalles que no significaban nada para el duro Rey.
"No podía matar a su propio hijo y entonces la familia tuvo que ocultarlo. Desafortunadamente, pronto se dieron cuenta que no importaba a donde fueran o escondieran a la criatura, el peligro del descubrimiento siempre los seguía, pisándoles los talones cada vez. Eventualmente, decidieron el único lugar que la criatura estaría a salvo y eso era el Paraíso. Con su propia clase. O... más propiamente dicho, con criaturas que se PARECÍAN a su propia clase. Porque no importaba cual fuera el resultado, el niño siempre sería un Demonio en el corazón."
Los ojos de Vegeta se angostaron, intentando pretender que no estaba comenzando a entender a dónde estaba yendo esto.
"Una noche, la familia se deslizó a través de los Bosques Oscuros, escabulléndose a través de la barrera y dejando al niño junto a un árbol cercano. Supongo que fue sólo cuestión de tiempo antes que él comenzara a llorar y fuera encontrado por un guardia del palacio. Su familia Demonio miró desde las sombreas mientras el Ángel sonreía y cargaba lejos a la preciada carga. Y así, mientras el niño crecía en el Paraíso, no tenía conocimiento de su anterior vida en el Infierno o de su anterior familia." Terminó, sus ojos todavía revolcándose a lo largo de los bordes de la mesa.
Vegeta tuvo la extraña sensación de que era su turno para hablar y así lo hizo tranquila y pensativamente.
"Por qué, se ve igual a ti Radditz." Susurró dulcemente, por alguna razón u otra intentando calmar a Raddtiz. Venas estaban hinchándose del cuello del guerrero y la frente por el estiramiento de pensar en tan complejo tema una otra vez.
"Si no supiera mejor, diría que ustedes dos podrían ser..." Vegeta cerró sus ojos, queriendo tan fuertemente morder su lengua de liberar las prohibidas palabras que amenazaban escapar.
"Diría que ustedes dos podrían ser... hermanos." Era más una pregunta que una verdadera declaración y permitió tiempo para que el frustrado soldado respondiera. Radditz finalmente alejó sus ojos de la mesa, las orbes reluctantes de hacerlo, y miró extrañamente a los ojos de Vegeta. Sacudió su cabeza, casi adolorido, enterrando su rostro en las grandes palmas de sus manos.
"Yo era el otro hijo Vegeta. Su nombre era Kakarotto y él ES mi hermano."
Si hay errores ortográficos lo siento, no tuve tiempo suficiente para probar leer... y este será mi último capítulo por un tiempo porque me voy de vacaciones... perdón. ¡Los amo a todos! Camaro
