Lentamente abrió los ojos, cansada por no haber podido dormir bien durante el día. Miró a su derecha, donde Bge-kun tenía rato esperándole. Se enderezó con pesadez y fue hasta su armario, de donde sacó su vestido negro. Los peluches en la cama le miraron detenidamente, curiosos ante todo lo que hacía.

Después de arreglarse bajó las escaleras hasta el primer piso, en donde sus padres degustaban una botella de sangre añeja. Carrera era atendida por Henry, quien lucía un semblante serio.

-Anju –le llamó su madre antes de que llegase a la puerta- ¿A dónde vas?

-A la calle, tengo hambre –respondió.

-No quiero que salgas sola –dijo fríamente.

-¿Por qué? –preguntó calmadamente.

-Tu madre dijo que no saldrás sola –le apoyó Henry- Tu hermano no puede acompañarte por el momento, pero mi madre irá contigo.

-¡Ah! ¡Qué alivio! –comentó Elda, cruzada de pies en un sillón- Así podré pasar más tiempo con la vampiresa más joven. Aquella que no es "produce sangre".

-¡¿Qué trata de insinuar? –le atacó Carrera, al notar la indirecta, pues ella siempre le culpaba por el problema de Karin.

-Nada, nada… sólo decía que al menos la menor es una perfecta vampiresa. Y sus pechos son normales –dijo, mirándola.

Una vena comenzó a saltar en la cabeza de Carrera; antes de que comenzaran a pelear, Henry acompañó a su madre e hija a la puerta. Cuando esta se cerró, Elda dejó escapar un bufido y se acomodó la tela de la corta falda que en ese momento usaba. A pesar de tener cientos de años, su cuerpo era el de una adolescente y, por lo mismo, gustaba de vestirse como tal.

-Bueno, esto será divertido –dijo, mirando a la peliplata- Oí que tu tipo de sangre son los "Celos".

-Sí… –asintió débilmente.

-¿Chicos o chicas? –preguntó, deseosa de saber.

-Prefiero a las chicas celosas…

-¡Perfecto! Podemos ir al parque donde se reúnen las parejas, nunca falta una chica celosa que se encuentre cerca –se alegró, comenzando a caminar.

-Obaa-san… –le detuvo.

-¿Qué ocurre? –preguntó, volteando a verla.

-¿Por qué no dejan que salga sola?

Elda se cruzó de brazos, al parecer el tema era delicado. Cerró los ojos y comenzó a jugar con los dedos, golpeando suavemente su brazo izquierdo. Luego de reflexionar unos segundos la miró de la cabeza a los pies y, felizmente, dijo:

-Porque tú eres una vampiresa. Ren puede cuidarse solo y Karin parece más una humana que los de nuestra especie. Sin embargo, si los caza vampiro están aquí atacarán de inmediato a las vampiresas. Les aterra que una de ellas pueda enredarlos.

-¿Enredarlos? –interrogó sin entender del todo.

-Bueno, antes nosotras nos servíamos de nuestros cuerpos para atraer al líder o al más poderoso. Los enamorábamos y así logramos dividir muchos bandos –sonrió orgullosa, recordando los años de su juventud.

-Pero no me protegen por los caza vampiros ¿verdad? –cuestionó, mirando cómo el semblante de Elda se volvía más serio- A lo que en verdad le temen es… a los Windsor…

-No confío del todo en ellos… y tampoco lo hacen tus padres –respondió, dando media vuelta.

-Hmp…

Sin agregar nada más ambas comenzaron a caminar, ya que a Elda le gustaba andar como si fuese humana para poder elegir más detenidamente a sus víctimas. En cuanto las localizaba chupaba de su cuerpo sin necesidad de cansarse. Sin embargo, en esta ocasión el parque tenía demasiadas parejas, otorgándole una amplia gama de posibilidades.

Elda le indicó que podía buscar a su víctima mientras ella hacía lo mismo, comenzando a dormir a aquellos que estaban más enamorados. Por su parte, Anju miró un instante a Bge-kun, le extrañaba que el muñeco no hubiere hablado durante todo el recorrido. Se colocó sobre la copa de un árbol para buscar a su presa, localizando a un chico sentado en una banca. Rápidamente se dirigió a él y, después de adormecerlo, mordió su cuello.

Era extraño el enterrar los colmillos en la suave piel para succionar su alimento. Aún recordaba el sabor de la comida humana. Recordaba el dulzor de las tartas que llevaba Karin, del arroz, del jugo por la mañana y las tostadas que su hermana preparaba. Sin embargo, ahora sólo era arena en su boca.

La sangre, por otra parte, era demasiado tentadora. Podía sentir su olor desde unos metros y sus ojos distinguían en qué punto había de morder para llegar a la vena correcta, sin dolor alguno. El hierro en ella era… embriagante.

Continuó probando bocado, absorta en ese suculento sabor. Cuando se sació se separó lentamente del cuello de su víctima y suavemente le dejó sobre la banca en la que le había encontrado. Sus colmillos, tan filosos en ese momento, aún estaban teñidos del líquido escarlata, así que limpió con su lengua todo rastro del mismo.

-Delicioso… –murmuró.

-Lo es –contestó una voz detrás de ella.

Cuando volteó, no le sorprendió ver a Connor en ese mismo sitio. El vampiro tenía una sonrisa de medio lado, pasando junto a ella se sentó en la misma banca del chico, mirándolo dormir. Colocó la palma de su mano sobre la frente y un destello blanco salió de la misma. Anju no entendió esta acción.

-¿Sabe? A veces, cuando degustas tanto el sabor del hierro, no te das cuenta que… tomas más de lo que necesitas –dijo fríamente, mirando al chico- Debería de cuidar ese aspecto, no queremos que enferme y muera, eso sólo nos daría mala fama.

-Lo siento –murmuró disculpándose.

-Está bien, sólo necesita descansar –dijo, volteando a verla.

El vampiro miró de soslayo a Boggie, mas el muñeco permaneció callado. Sonrió de medio lado al ver que todo estaba bien y acercó un poco más a la chica. Por instinto, Anju retrocedió un paso, pues la energía que emanaba era muy fuerte.

-¿Ocurre algo? –preguntó, viéndole.

-No.

-Entonces, ¿por qué me teme? –inquirió, tomando un mechón de su cabello.

-No es así, es sólo que debo de regresar –respondió tranquilamente, mirándole fijamente a los ojos.

-Sé que aún tiene hambre, ese chico no le llenó por completo, ¿o me equivoco? –apostó, tratando de retenerla.

-Aún estoy hambrienta, pero debo hallar otra víctima –fue su respuesta.

-Puede beber de mí… –dijo seductoramente en su oído.

Por un instante se quedó en shock. ¿Había oído bien? ¿Un vampiro tan poderoso como él se había ofrecido en servirle de alimento? ¿Era posible haberse equivocado? ¿O es que él aún no hablaba bien japonés?

-Sólo bromeaba –dijo, retirándose- ¿No habrá creído mis palabras, o sí?

-N-No… –tartamudeó nerviosa.

-Mis hermanos están encantados con usted, en especial Dylan. Les gustaría volver a verla. Lamentablemente, en su estado, están despiertos durante el día, así que no hay mucho que pueda hacer por ello. Pero esperan poder coincidir un día, ¿aceptaría su invitación de ir a nuestra casa?

-¿Por qué tanto interés? –preguntó, un poco desconfiada.

-Simplemente quieren fraternizar con más vampiros. Su cuerpo sigue siendo el de unos niños, pues aún están dormidos, así que no tiene nada qué temer. Si soy yo quien le incomoda, vaya la noche de este sábado, pues no estaré en casa.

-Lo pensaré…

-Gracias por ello. Bueno… supongo que nos veremos otra noche, Anju-chan.

Tan pronto como llegó, desapareció, sin dejar rastro de su presencia. Anju aún así no se movió, las palabras dichas por él aún repercutían en su oído, impidiéndole pensar con claridad. ¿Por qué le llamó con tanta familiaridad? ¿Por qué el interés en ella? ¿Qué ocultaba esa familia?

-Puede beber de mí…

Mecánicamente apretó más fuerte a Bge-kun al sentir cómo esas palabras se repetían varias veces, impidiéndole pensar en otra cosa. Recordaba el aliento de Connor en su oreja y el perfume de él seguía presente.

-Anju… no me dejas… respirar…

La voz de Boogie le regresó a la realidad. La vampiresa soltó su agarre.

-Lo siento…

-Anju, ¿en qué piensas? –preguntó al observarla meditabunda.

-Nada… es sólo que no habías hablado en todo el día.

-Cada vez me cuesta más trabajo el poder comunicarme contigo. Estás despertando.

-Lo sé…

-Llegará el momento en que no pueda hablar ni moverme… cada vez esto me ocurre más a menudo, ¿estarás bien el día en que tenga que dejarte? –interrogó, mirándola.

-¿Lo estarás tú? –le cuestionó.

La voz de Elda les distrajo. Notó cómo se acercaba oliendo a hierro, prueba irrefutable de que había comido. Cuando llegó a su lado se relamió los labios y la miró de soslayo.

-¿Estás bien? Pude sentir otra presencia aquí y estoy segura que era la de Connor-kun.

-Lo estoy.

-Anju… ¿por qué...? –preguntó, dando una vuelta a su alrededor, mirándola detenidamente- ¿Por qué hueles tan deliciosa?

-¡Ni siquiera lo pienses! –exclamó Bge molesto.

-Es sólo que… a mí me resulta realmente tentador… pero sólo hay un tipo de sangre que me hace querer morder en el acto… Amor…

La última palabra la dijo suave y lentamente, recalcándola. La peliplata se sonrojó tenuemente al escucharla. Sin embargo, Elda sonrió divertida.

-¿No te gustará un humano, verdad? –comentó riendo- ¿O acaso serás como Karin?

-No…

-Entonces… ¿es por un vampiro? –inquirió seriamente.

-No…

-Anju… no debo de recordarte que los Windsor no son de confianza. Aléjate de ellos. Sólo si comprobamos que sus intenciones son buenas, podrán acercarse a los Maaka.

-Entendido…

No agregaron nada más, la mirada de Elda podía intimidar hasta al más valiente caza vampiro. Sencillamente se pasó la mano por su cabello rosado, sabiendo que Connor no se rendiría tan fácil, él buscaría cualquier modo para acercarse a Anju Marker.

.

-Marker… nos encontraremos muy pronto, de eso no hay duda. Pero en esta ocasión… tú vendrás a mí –dijo para sí mismo el joven vampiro mientras caminaba rumbo al cementerio.