En sus ojos, del color del ámbar, se reflejaban las siluetas de los muñecos, que le miraban curiosos. Nunca le habían visto tan nerviosa, paseándose por la habitación, sin salir de sus pensamientos. Ni siquiera Booggie, quien descansaba en la cama en ese instante, recordaba que alguna vez se comportase de esa manera. Todos los ojos se posaron en el sobre nacarado que sostenía en la mano derecha.
Desde que ese murciélago llegase en la tarde (demasiado temprano para su gusto) las cosas estaban así. Aunque quisieren avisarles a los padres de la vampiresa que "ese" tipo le había mandado una invitación, sabían que no les entenderían, ellos no podían hablar como los vampiros y humanos.
Por fin, los zapatos negros se detuvieron; la vampiresa fue hasta su armario e instantes después se cambió, colocándose un elegante vestido blanco al estilo de las muñecas de porcelana. Se miró en el espejo, cerciorándose de que todo estuviere en su sitio, incluso aquellos mechones de cabello rebeldes. No entendía porqué se comportaba así, pero no quería aparecer mal ante los Windsor.
-Anju, ¡no irás a verle!, ¿verdad? –preguntó el muñeco, queriendo detenerle.
-Lo siento, Bge-kun… esto es algo que tengo que hacer yo sola… –musitó despacio.
-¡Le diré a tu padre que te escapaste! ¡Le diré que desobedeciste! ¡Anju, no me obligues a ello! ¡Yo…!
Sus palabras se perdieron en un eco luego de que la vampiresa le metiese dentro de un gran baúl que tenía en su habitación. Antes de cerrar con llave la valija, aún pudo oír cómo el muñeco aconsejaba "No hacer cosas pervertidas con Connor-kun", lo que le hizo sonrojarse.
Llamó a sus murciélagos, que llegaron de inmediato con un columpio, en el cual se sentó. A la mitad de la noche ellos volaron cuidando de su ama, quien indicaba el sitio por el cual debían de llegar a su destino.
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-Connor… ¿en verdad crees que venga? –interrogaron las gemelas al unísono, sentadas en el techo de la capilla.
-Por supuesto –sonrió, sentado en la tumba-. Le dije que el sábado no estaría en casa, pero hoy mismo mandé que le llevasen la invitación, por lo que no podrá negarse. Anju Marker vendrá esta misma noche.
-Mas te vale… –continuaron, balanceando sus pies en el aire unánimemente.
-Onii-san… ¿cuánto tiempo crees… que ella… dure? –inquirió lentamente Dylan, sentado en la hierba, leyendo un libro bajo un árbol seco.
-Supongo que… más que las otras –fue su respuesta, mirando la luna.
-De cualquier manera, ya sabes lo que tienes que hacer… –saltó al suelo Aline.
-No tienes porqué recordármelo… obaa-san…
Sin agregar nada más, el chico dio media, comenzando a caminar. Los rubios le miraron hasta que se perdió de vista. Entre sí intercambiaron miradas de enfado, no podían permitir que él siguiese tan arrogante como antes de… definitivamente ese muchachito debía de ser controlado. Brigitte llegó junto a su hermana, colocándole una mano en el hombro, reafirmando que le apoyaría en todo. La otra correspondió sonriendo de medio lado, no era una sonrisa agradable.
Por su parte, Connor se dirigió hasta lo más profundo del cementerio, necesitaba descansar por un momento, alejarse de todo lo que le aprisionaba. En verdad era molesto que los otros le diesen tantas órdenes, estaba perfectamente consciente de las reglas para poder cumplir con su objetivo.
1. Deber antes que honor
No importaba que para los demás vampiros fuese despreciable, que lo tratasen como escoria, su misión era primordial. Entendía que no podía darse el lujo de fallar, puesto que el futuro de los Windsor estaba en juego. Aunque comprendía que "ciertas" personas saldrían dañadas, no tenía porqué importarle esto. Si debía de emplear métodos despreciables para lograr el fin que deseaba, lo haría. Si tenía que dañar a otro vampiro, lo haría. Si tenía que matar… también.
2. Ante todo, no juzgar
Claro, no podía juzgar, cuestionar, faltar ni desobedecer sus órdenes. Órdenes eran órdenes, así de simple. No tenía nada qué decir o mejor dicho: NO DEBÍA DECIR NADA. Era perfecto para el trabajo porque su cuerpo era un arma y como tal, no pensaba, no tenía derecho a ello, sólo a seguir instrucciones de sus superiores. Tampoco podía cuestionar los métodos que le impusieran.
3. Ningún sentimiento de por medio
¿Qué utilidad tenía un arma si no servía? Era lo mismo para él: si no podía hacerle frente a las situaciones, si no podía actuar objetivamente, era igual a no tener valor alguno, entonces… simplemente sería desechado, como lo fueron los otros. Porque el lugar que ahora ocupaba no sólo era debido a sus grandes habilidades, sino también a su profesionalismo. En él no había espacio para la compasión.
4. Se una sombra
Y sí, una sombra no dejaba huellas, no dejaba ningún indicio de que estuvo allí. Únicamente su objetivo podría verle, pero para el resto de los Maaka no sería así. Por ello debía de ocultar todo lo que hacía. Porque también, una sombra podía escabullirse, escuchar información y desaparecer en milésimas de segundo. Era algo difícil para cualquier otro vampiro lograr esto, pero para él… resultaba realmente sencillo.
5. No te descubras
Porque, si le sorprendían debía de inventar cualquier cosa, debía de encubrir lo que en ese momento estaba REALMENTE haciendo; su mente debía de ser más rápida que la de cualquier otro y las situaciones que creara debían de ser creíbles, sino, ¿para qué continuar?
Si podía recordar esas simples cinco reglas todo saldría bien, simplemente sería como cualquier otra misión, en donde el objetivo era localizado, se completaba el plan y todo quedaba en el olvido, incluso los nombres de con quienes hubo de convivir.
¿Cuántas veces había tenido trabajos así? No podía recordarlo. Ahora, sin embargo, algo era distinto. Las veces en que había hablado con Anju Maaka, no… con Anju Marker, descubrió en sus ojos algo que no podía entender. Le espiaba desde hace mucho y por ello se dio cuenta de que el cariño que tenía por su hermana era muy fuerte. Pensó en su "familia" y en si él se sacrificaría por ellos como lo haría la vampiresa.
Desde hace siglos que le habían dicho una regla de oro para los Windsor "Los vampiros son primero, la familia es después" lo que equivalía a "Si los demás son atacados e incluso si tu hermano es tu enemigo, defiéndelos… así tengas que matarle".
Sin darse cuenta había caminado mucho, lo suficiente para llegar hasta una tumba en especial; no entendía porqué sus pies le condujeron allí. Se arrodilló ante el sepulcro, colocó sus dedos en las letras, recorriéndolas. Suavemente dijo en voz alta el nombre escrito.
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Las alas de los murciélagos eran fuertes, de eso estaba segura, ya que de no ser así no podrían transportarla hasta la mansión que indicaba Connor en la carta. Arribaron allí en sólo unos minutos de vuelo, cerciorándose de que la dirección era la correcta; ella los despachó apenas bajó, indicándoles que si los necesitaba les llamaría.
Acomodó los pliegos del vestido antes de tocar, sin embargo, eso no fue necesario, ya que la puerta de entrada se abrió lentamente, produciendo un ruido pesado, indicando que rara vez era utilizada. Caminó con cautela, penetrando; apenas había avanzado unos pasos cuando la portezuela se cerró de golpe, espantándola con el sonido.
Alguien más saldría corriendo de inmediato, pero era muy poco para hacerla desistir. Llegó hasta el salón principal, en donde una gran araña colgaba del techo, iluminando la estancia con una débil luz muerta. Frente a la habitación, una escalera conducía al segundo piso; el pasamanos estaba lleno de polvo y en los barrotes algunas telarañas indicaban el descuido del sitio.
Desde el lugar en que se encontraba parada notó que las cortinas del segundo piso estaban descorridas, penetrando la luz de la luna. De pronto, escuchó pasos acercándose, dirigiendo la mirada al lugar del que provenía, sin lograr ver a nadie.
-Es una casa muy vieja… a veces oímos cosas que no hay, son sólo el eco –dijo una voz pausadamente.
Ya se había acostumbrado a que apareciera cuando y donde menos lo esperaba, por ello no le sorprendió encontrar la silueta de Connor de pie en la parte de arriba de la escalera. El vampiro tenía las manos dentro de los bolsillos, sonriendo cuando ella le miró, bajó despacio los escalones hasta llegar a su lado.
-¿Por qué vino hoy? –preguntó, dejando su rostro a centímetros del suyo- Le dije que no me encontraría el sábado, tengo algunos asuntos que atender, ¿por qué vino días antes?
-¿Por qué no hacerlo? –respondió.
-Simplemente creí que se sentiría incómoda si yo estaba –fue su explicación, alejándose de ella.
-Usted me esperaba ya, ¿no es así? –le observó detenidamente.
-¿Por qué lo pregunta?
-Porque de no ser así, no habría mandado la invitación a una hora en que sabía que todos duermen. Sabía que yo acudiría apenas supiere dónde estaban, por eso eligió que fuese hoy cuando su murciélago acudiera –comentó su deducción.
-Tiene una gran imaginación; de ser eso cierto, ¿por qué aún así vino?
-Porque no le temo.
-Debería…
-Entonces, dígame porqué me busca.
-¿Qué le hace creer que estoy interesado en una chiquilla? –se burló de ella.
-Porque no llamó a mi abuela, sino a mí. Nadie de mi familia conoce esta dirección, así que tiene un particular interés en mí.
-Inteligente deducción, pero… como ya le dije, son mis hermanos los que quieren fraternizar con usted. Lamentablemente ellos ahora duermen; como le expliqué, su cuerpo es el de un humano, así que no podrá hablar con ellos por el momento.
Connor se dio media vuelta, dándole la espalda. La vampiresa no confiaba en ninguna de sus palabras, parecía que cada cosa mencionada era únicamente para tapar una mentira anterior, sin distinguir si algo de lo dicho era verdadero.
Notó que la mano izquierda del vampiro se recargaba en el pasamanos de la escalera y que sus dedos se enterraban con fuerza, queriendo asirse de algo. Sin aviso previo, el cuerpo del joven vampiro se desplomó, corroborando su debilidad.
-¿Está bien? –preguntó preocupada, corriendo a su encuentro.
-No se me acerque… –ordenó, apartando bruscamente su mano.
-¿No ha comido? –inquirió al ver las gotas de sudor que bajaban por su cuello.
-Ya lo hice… –admitió.
Al ver el rojo en sus ojos, así como su respiración agitada comprobó algo: el vampiro llevaba mucho tiempo sin tomar de su tipo de sangre. Cuando no podía hallar una persona celosa, ella también debía de conformarse con cualquier otra presa, lo que provocaba que su cuerpo no se sintiera del todo satisfecho, dando como resultado agotamiento y más hambre.
-Dígame cuál es su tipo de sangre, puedo llevarle hasta allá –se ofreció, colocando el brazo de él en su hombro, intentando pararle.
-No creo que sea una buena idea… –murmuró Connor.
-No tiene porqué ser tan orgulloso, sólo dígamelo –pidió.
-Será mejor que se aleje de mí, además… no podrá conseguir mi sangre…
-No debe de ser tan difícil, en el parque podemos hallar una gran variedad…
Ella se interrumpió de golpe al sentir que la temperatura de él comenzaba a aumentar drásticamente, el vampiro empeoraba a cada instante y sino conseguía de su alimento era probable que no sobreviviera.
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-¿Por qué los Windsor son tan peligrosos? –preguntó Karin a Elda.
-Porque son de un linaje puro, ellos no se han mezclado –aclaró, sosteniendo en sus manos un pequeño relicario.
-Eso significa que podrían matarnos fácilmente, ¿no? –comentó, pensando en la posibilidad.
-No sólo eso… para que un Vampiro Sangre Pura pueda mantenerse fuerte hace algo que los demás vampiros no nos atreveríamos… –continuó, deslizando los dedos por la delgada cadena- Por ello ni tú ni Anju deben de acercarse a ellos.
-¿Qué es lo que hacen? –volvió a cuestionar.
Elda le miró fijamente, luego de lo cual volvió a contemplar el objeto. Tras pensarlo unos segundos murmuró pausadamente.
-Porque… para poder conservar todos sus poderes… los Vampiros Sangre Pura… deben de… chupar la sangre de otros vampiros.
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No podía alimentarse de Aline, Brigitte o Dylan desde que estaban dormidos, por ello se había conformado con humanos, pero ahora… Anju Maarker era una buena opción para calmar su sed.
Abrió la boca lentamente, tentado ante la posibilidad. Sus colmillos se afilaron, preparándose; a la luz de la luna eran aún más blancos. El olor de la sangre en su cuerpo le embriagaba, nublaba sus sentidos. El fino cuello blanco estaba a tan sólo unos centímetros…
