No podía dormir. Recostada boca arriba, sus ojos del color del ámbar miraban la blancura del techo. A su mente volvieron imágenes de lo ocurrido la noche anterior, por lo que se giró, quedando ahora con la cara entre las almohadas, abrazando una de ellas. Instintivamente recordó el sabor de la boca de Connor y no pudo evitar llevar su mano hasta sus labios, tocando muy suavemente el inferior, al tiempo que se sonrojaba.

-No… no está bien… –murmuró para sí misma.

Unos golpes le sacaron de su ensimismamiento; detrás de ella podía escuchar cómo el baúl se movía y luego distinguió la voz de Booggie, quien gritaba al no poder salir ya que la vampiresa le dejó en su encierro.

-¡ANJU! ¡ANJU! ¡¿QUÉ OCURRIÓ? ¡ANJU!

Cerró con fuerza los ojos y apretó más fuerte la almohada, consciente de que no podía decirle nada al muñeco, nadie podía enterarse, ni siquiera Karin. De cualquier manera, a esa hora de la madrugada su hermana ya debía de estar dormida. Nunca creyó que llegaría el día en que se sintiera incómoda en su propio cuarto. Podía notar que las miradas de todos los peluches malditos se clavaban sobre ella, lo que le hacía sentirse observada y culpable.

Porque era culpable, era incorrecto el verse con los Windsor cuando sus padres y abuela le ordenaron lo contrario y lo peor de todo era… enamorarse de ese vampiro. El sonrojo en sus mejillas aumentó, no… no… no… ¡ella no podía enamorarse de Connor!

o0o

Recostado en el sillón de la sala de la gran mansión, notaba el débil brillo de la bombilla, cuya fría luz no era suficiente para alumbrar la estancia, aunque esto era adrede, ya que en realidad no lo necesitaban sus ojos. En sus manos sostenía un anillo plateado, al que le daba de vueltas, jugando continuamente con él. Su mente era un mar de confusión en esos instantes, tan distraído se hallaba que finalmente el aro escapó de sus dedos, rodando por el piso, describiendo un pequeño círculo hasta quedar bajo la mesa de la estancia.

El chico se enderezó, notando lo ocurrido, sin embargo, no fue capaz de moverse en unos instantes. Le parecía irreal la imagen ante él. En la polvorienta superficie el anillo brillaba de una manera especial, casi inocente. Era un objeto puro en medio de ese mundo lleno de mentiras y pecados, el mundo que los Windsor habían construido.

Sus recuerdos hicieron un viaje en el tiempo, llevándole hasta la persona a la cual le había pertenecido el anillo. Lo último que podía recordar era esa delicada mano manchada de escarlata perder fuerza y dejar escapar la joya que ahora conservaba él.

Caminó hasta ese pequeño resplandor, tomando el frío metal del piso. Sus ojos del color del ámbar le contemplaron fijamente, cautivados.

-Connor…

La voz de Aline detrás de él le molestó, no quería hablar con ella ni con nadie de apellido Windsor, sin embargo y muy a su pesar, estaba bajo sus órdenes, por lo que volteó a verla. Allí, en la alfombra roja, estaban los tres niños, dedicándole una fría mirada azul. Detrás de ellos se alzaba una figura encapuchada de negro, impasible.

-¿Qué ocurre? –les miró molesto, mientras disimuladamente metía el aro en el bolsillo de su saco.

-No queremos que este incidente se vuelva a repetir –aclaró la rubia mayor.

-No lo hará. Es sólo que… la sangre humana es desagradable… necesito probar sangre vampírica –aclaró mientras se acercaba a su cuello, quedando a unos centímetros.

-Cuidado dónde pisas –le advirtió inmutable.

-Onii-san… ya… solucionamos… ese… problema… –dijo entrecortadamente Dylan.

Brigitte quitó la capa a la silueta, dejando ver a una chica de larga cabellera negra ligeramente ondulada, no debía tener más de 17 años. Vestía un hermoso kimono amarillo con estampado de mariposas. Mantenía la cabeza gacha, molestándole ello al vampiro; lentamente se acercó a ella, contemplándola con detenimiento. Podía notar que era japonesa, seguramente de la Región Oeste; le tomó de la barbilla, obligándola a mirarle, al hacerlo notó su mirada perdida. Con la mano derecha cerró sus ojos.

-Ábrelos –ordenó.

La adolescente obedeció, observando todo lo que ocurría a su alrededor en completo silencio. Llevó sus manos hasta la tela de su kimono, aprisionándole con fuerza, sabía porqué estaba allí y el cruel destino que le era reservado. La mirada de Connor buscó a la del resto, Aline sólo se dedicó a asentir.

-¿De dónde la sacaron? –preguntó directamente.

-Zorok la consiguió para ti –explicó Brigitte-. Ese vampiro polaco a veces nos es útil, dentro de unos días llegarán 3 más.

-Agradece, tendrás variedad –se burló Aline, saliendo del cuarto.

-Y ahora, llénate –finalizó la otra gemela, yéndose.

Connor tropezó con la mirada de Dylan, pero él sólo sacó otro libro y se sentó en un sillón enfrente de él. El peliplata comprendió que no se iría hasta no verle comer. Era una orden no dada pero implícita con el presente que le acababan de entregar. Lo lamentaba por esa chica, ya que su hambre era superior a su autocontrol.

Caminó hasta ella y bajó la tela del kimono a la altura de los hombros, clavando los blancos colmillos mientras empezaba a beber. Succionó lentamente la sangre, degustándola con cada segundo que pasaba; el olor del hierro le era embriagador, nublando sus sentidos, impidiéndole pensar en algo más que no fuera el paso del líquido por su garganta. Era tan delicioso volver a probar la sangre de otro vampiro, el hacerlo era algo adictivo.

Sentía que el cuerpo bajo él se estremecía lentamente y que perdía fuerza, pero simplemente no podía detenerse. Necesitaba beber más. Apretó el hombro de la chica, dejándose llevar por sus impulsos, escuchó cómo se quejaba por el dolor producido. Dejó su cuello para dirigirse hasta la herida recién producida por la presión hecha con sus dedos, lamiendo cada gota que resbalaba sobre la nívea piel.

-¿Cómo te llamas? –le preguntó quedamente.

-Yu… Yumiko…

-Yumiko-chan… –susurró en su oído sensualmente- ¿me permitirás disponer de tu sangre cuando lo necesite?

-S-Sí… –susurró débilmente, cautivada por el vampiro.

Sin agregar nada más volvió a clavarle los colmillos, continuando con su labor. Minutos después, cuando se hubo saciado, simplemente le soltó, tirándola al piso como basura inservible. El kimono presentaba gotas de sangre, no más de las necesarias, ya que todas ellas les eran vitales a los Windsor. Connor le contempló unos instantes, para luego lamerse los dedos índice y anular de la mano derecha, en donde aún reposaban algunos rastros del líquido escarlata.

-Onii-san… controla tus… impulsos… –mencionó entrecortadamente Dylan, sin despegar la vista de su lectura.

-370 días…

El vampiro dormido dirigió por fin sus ojos azules hasta Connor, pero sólo podía distinguir la espalda del peliplata. Le vio caminar hasta la puerta y, ya en el marco, escuchó su aclaración:

-Es el tiempo que tuve que pasar sin beber de mi tipo de sangre.

Sus pasos comenzaron a perderse en el corredor de la mansión hasta llegar a las escaleras. Aún le pudo oír subirlas y luego el golpe seco producido por la puerta al encerrarse en su cuarto. El pequeño rubio se enderezó, llegando hasta la vampiresa aún inconsciente. Le tomó del cabello, enderezándole el rostro y dirigiendo su nariz hasta el cuello.

-Qué bien huele… –murmuró.

Sin esfuerzo alguno le cargó con suavidad, contemplando su débil respirar.

o0o

-Esto no está bien…

-¿Qué ocurre, Mamá? –preguntó Henry, notando su cara de molestia.

-Dentro de poco habrá una alineación entre la Luna y Marte… falta muy poco… sabes lo que eso significa... Por ningún motivo podemos bajar la guardia y menos con los Windsor merodeando cerca de nostros.

-¿Qué sospechas, Mamá? –le miró un poco inseguro.

-Si es lo que me temo, de ninguna manera Karin o Anju deberán de convivir con ellos –aclaró Elda, mirando a Carrera.

-¿Qué insinúa? ¿Que no puedo cuidar a mis propias hijas? –comenzó a molestarse.

-Ahora no insinúo nada, no deseo pelear –aclaró, desviando la mirada-. Me preocupa sobretodo Anju... ella... No podemos dejar que Connor se le acerque.

-¿Tiene algo que ver con lo ocurrido hace 300 años? –interrogó Henry.

-Tiene mucho qué ver. Estoy segura de que Connor ve lo mismo que yo... Anju se parece demasiado a ella...

-¿A quién? –le miró Carrera sin entender.

-A la chica que estuvo a punto de acabar con el apellido Windsor... –murmuró más para sí que para responderle, comenzando a jugar con la cadena de un relicario de oro.

-Entonces... ¿eso en verdad pasó? –le miró Henry con asombro.

-No puedo creer que una Cazavampiros casi destruyera a toda la extirpe de los Windsor –sentenció Carrera.

-Ella no era Cazavampiros... –le interrumpió Elda, sin apartar la vista del objeto entre sus manos- Era una vampiresa...

-¿Una traidora? ¡Eso es peor! –se enfadó Henry.

-No... los vampiros aceptaron la verdad que W4 impuso, aquella que ellos quisieron contar. A pesar de saber la realidad, todos decidieron fingir que nunca la escucharon. Los Windsor borraron todo aquello que pudiera contrariar lo expresado de sus labios y quienes que se empeñaron en hablar, fueron silenciados... –les miró fríamente– si saben a qué me refiero...

-Se tomaron demasiadas molestias... –sonrió de medio lado Carrera.

-Tenían que... el que una sola persona contara lo dicho, haría que el débil equilibrio creado se rompiera, llevándose a W4 con él –continuó explicando.

-W4 son los vampiros más fieles a la extirpe –dijo Henry-. No entiendo cómo uno de ellos podría hacer algo en contra de cualquiera de nosotros.

-Porque los Windsor son los Vampiros Máximos, aquellos que fueron escogidos desde hace miles de Eras para la protección del resto de los Vampiros. Pero... hubo uno de ellos que se cansó de seguir órdenes y colocar el bien común sobre el resto. "El fin no siempre justifica los medios", decía él –comentó con un deje de tristeza-. W4 es perfecto para el cargo porque deja los sentimientos de lado, se convierte en un arma y un escudo para el resto de los Vampiros...

-¿Qué puede ser tan poderoso para cambiar tanto a un Vampiro Pura Sangre? –cuestionó Henry.

-Sólo hay una forma de lograrlo. C se enamoró...

-¿Connor-kun? -–parpadeó varias veces Henry.

-Bien... en realidad... en ese entonces el vampiro que representaba a "C" era Caden. La vampiresa a la que conoció por accidente le cambiaría la vida y la forma de verla. Cuando Caden se dio cuenta del alto precio que inocentes debían de pagar decidió volverse en contra de aquello que había creado W4. Se convirtió en un traidor.

-¿Qué ocurrió después? –preguntó Henry.

-Lo siguiente nadie lo sabe a ciencia cierta. Únicamente Caden podría respondernos... él era un Vampiro realmente Noble que trató de cambiar una estructura podrida... Después de su intento fallido, Connor ocupó su lugar, aunque dudo mucho que conozca lo antecedido a su llegada. Estoy segura de que el resto de los Windsor se encargó de ello.

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-Está mal... –murmuró.

-Entonces... ¿por qué lo sigue haciendo? –le miró fijamente- ¿Por qué sigue viniendo a verme?

Anju no respondió a la pregunta, únicamente abrazó con más fuerza a la silueta parada frente a ella. Bajo la luz de la luna se sintió culpable, no era correcto lo que hacía, sabía que su familia no lo aceptaría y, sin embargo, estaba allí, a la mitad del parque, con ese vampiro de cabello plateado y mirada del ámbar que le robaba el sueño.