Wiii, nuevo capítulo luego de mucho sin actualizar. Capítulo dedicado a Martha, espero sea de tu agrado, niña, disculpa la demora. Es un poco pequeño, espero no les moleste. ¡COMENTEN!


Difícil.

He allí la palabra que lo describía a la perfección, le era difícil el estar en esa postura. Sus objetivos eran sólo eso, una meta a la cual llegar, las reglas no podían ser rotas, los vampiros con quienes convivía eran efímeros. Era por ello que su círculo se cerraba en torno a los Windsor, sólo con ellos podía cohabitar, ya que a los demás se les borraba la memoria. Era una suerte que Elda aún conservara sus recuerdos, ese privilegio se le concedía por el gran aporte que realizó hace unos cientos de años.

Se enderezó de la cama, aburrido como estaba sin salir ya dos noches. Pero los demás le habían aconsejado ello, y era cierto. Si él buscaba a la vampiresa, podría sentirse acosada y desconfiar de él, lo cual no le iba bien a sus planes. Se dirigió hasta el balcón de su cuarto, recargándose en el barandal.

De pronto, un murciélago voló hasta él, con bastante confianza. Un poco curioso, al notar que era Isu-kun, decidió acariciarle. El animal se colocó en su hombro, bastante complacido con ello.

Sabía que era uno de los sirvientes de la peliplata, eso era un pequeño problema que pronto acabaría. Había ciertos murciélagos que se convertían en súbditos leales, que nunca traicionarían a su Vampiro y le avisarían de cualquier hostilidad. Ése era el tipo al que pertenecía Isu-kun, lo cual equivalía a un obstáculo, si es que llegaba a enterarse de sus planes verdaderos. Por ello, simplemente abrió la boca, dejando al descubierto sus blancos y filosos colmillos.

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-Isu-kun no ha vuelto…

-¿Eh?

Karin volteó a ver a Anju, quien se mantenía parada frente a la ventana abierta, contemplando el horizonte. La luna brillaba en alto, por lo que el contorno de los árboles era fácil de distinguir, el chirriar de algunos grillos era lo único que se escuchaba.

-Quizás se halla entretenido –le dijo Karin, completamente relajada.

-No…

La adolescente se enderezó de la mesa a la cual se encontraba sentada con Usui, jugando a las cartas. A pesar de salir oficialmente como "novios", había noches en que Henry pedía fueran a la casa, para así mantenerles vigilados. Pese a esto, casi siempre Carrera prefería tomar sangre hasta el amanecer, por lo que no podía estar en la misma habitación que ellos, teniendo que buscar las botellas adecuadas y servirle la bebida.

-Tranquila, está bien –sonrió el chico.

Pero Anju no les escuchó, sabía que el control de Connor sobre su alrededor era superior al suyo y que, lo más probable, el murciélago hubiera sido intervenido, sino es que… no… Connor no podría haberle matado en caso de sentirse amenazado, ¿o sí?

-Karin… ¿qué ocurre? –preguntó Usui en un susurro al verla tan distraída.

-Creo que envió a Isu-kun a una misión de reconocimiento o algo así… –le informó en voz baja.

-¿Es peligroso? –volvió a inquirir.

-Sólo si le descubren… está espiando a otro vampiro… –aclaró, mirando la alfombra.

-¡EHHH! –gritó, tirando las cartas de su mano- ¿Hay… hay más por allí?

-Sí… acaban de llegar de Inglaterra –aclaró, comenzando a recoger lo regado.

-Karin… ellos también son pacíficos, ¿verdad? –se acercó más, un poco temeroso de la respuesta.

-Bien… ellos tampoco saben acerca de ti… creo… –contestó con una gotita en la cabeza.

-No es bueno hablar de las personas a sus espaldas…

Eso hiso que los dos se petrificaran, ¿de dónde había salido ese vampiro? Pero allí estaba, en medio de la sala, con una gabardina gris, cabello plateado y voz serena. Anju le contempló inmutable, el que apareciera o no lo hiciera no era novedad para ella. Lo que quería saber era porqué lo hacía ahora en frente de su hermana y Usui, si nunca antes lo hiso con ningún otro miembro de su familia.

-¿Q-Quién es él? –preguntó temeroso el humano.

-Windsor, Connor –se presentó tranquilamente

-Ahhhh, mucho gusto, mi nombre es…

Pero no le vio caso seguir, ya que el vampiro se dio media vuelta y fue directo a Anju, al llegar a su lado, simplemente se agachó un poco, ya que ella era varios centímetros más baja que él. Sonrió de medio lado y dijo:

-¿No cree que es una falta de respeto mandar a espiarme?

Kenta se sintió completa y totalmente ignorado, por lo Karin explicó que él era uno de los nuevos vampiros y que su familia le consideraba hasta cierto punto, no digno de confianza. Pese a ello, se notó de inmediato que tenía demasiado trato con la otra vampiresa. En el rostro de Anju no se podía leer ninguna expresión, por lo que no sabían en qué acabaría todo ello.

-¿Dónde está Isu-kun? –preguntó por fin, inmutable.

-Ahhhh, ¿así que lo admite? –le miró altanero.

-¿Dónde está? –repitió la pregunta, temiéndose lo peor.

-Eso debería usted de saberlo, es SU sirviente, ¿no? –se burló.

-¡¿Qué le hiso? –consiguió gritar.

La chica, pese a ser más pequeña, le tomó de la ropa, sorprendiéndole la fuerza y el agarre. Le había molestado mucho el imaginar que algo le pasara a su murciélago, eso era muy obvio. A pesar de ello, decidió divertirse un poco más con su sufrimiento.

No escuchó nada de parte de sus labios, el vampiro sólo sonreía. Sintió que las lágrimas llegaban hasta sus ojos, pero trató de contenerlas, sin lograrlo. Se mordió el labio inferior, sintiéndose completamente impotente.

Por fin, una pequeña cabeza surgió de entre la ropa de Connor, distinguiéndose de inmediato las orejas de un animalito. Anju le soltó de inmediato e Isu-kun voló hasta ella. La vampiresa le acercó a su rostro y acarició, aliviada de volver a verle.

-Debería ser más cuidadosa, si alguien más de mi familia lo viera y tuviese sus poderes, le mataría en el acto –le avisó, acomodándose la ropa.

-Neee, Anju, Isu-kun ya está aquí, ¿sí? ¿Por qué no se nos unen? –ofreció Karin, intentando suavizar la situación.

-Lo siento, debo de irme –rechazó la oferta el peliplata-. Gusto en volver a verles, Maaka-san, Kenta-san.

Luego de ello, simplemente desapareció frente a sus ojos.

-¿Cuándo supo mi nombre? –se extrañó Usui.

-Bien… supongo que mis padre debieron de informarle un poco de nuestra vida –sonrió Karin despreocupada.

-¿Estás segura? –inquirió el chico.

-Eso creo… –la chica miró a su hermana, notándola distante- ¿Qué ocurre, Anju?

-Nada –finalizó, saliendo del cuarto.

La vampiresa subió a su habitación y luego, subió al techo de la casa, sentándose en él, con Isu en su hombro. Ya allí le esperaba el chico, contemplando la luna, completamente recostado.

-¿No le preocupa que alguien más le vea? –preguntó con seriedad.

-Creí que ya había notado mi habilidad para aparecer y desaparecer sin ser detectado –contestó sin pararse.

-Entonces… ¿por qué se mostró ante mi hermana? –le miró con desconfianza.

-Porque… –comenzó, enderezándose- quería ver tu reacción, Anju…

-Yo…

-Maaka-san... Anju-san… Anju-chan…

El vampiro se acercó lentamente, quedando a escasos centímetros de diferencia. La peliplata cerró los ojos al sentir cómo acariciaba su mejilla y retiraba un mechón rebelde de su cara. Luego, él le besó en la frente.

-Anju... –le volvió a llamar a media voz.

El murciélago voló a unos metros de distancia, dejándoles a solas. Connor sonrió, ya que no le gustaba tener a terceros en ese instante. Con lentitud se dirigió a sus labios, besándolos en apenas un roce.

-¿Sabes qué ocurrirá si te muerdo, verdad? –preguntó, juntando sus frentes.

-Sí… –respondió ella, con la mirada gacha.

-¿Aceptas ser mi "Doncella"? –ofreció.

-No… no lo sé… –contestó sinceramente, desviando la cara.

-¿Te da miedo? –preguntó, tomándola de la barbilla, girando su rostro.

-No… no es eso… –se reusó a mirarle.

-¿Entonces? –volvió a preguntarle, quedamente.

-Es sólo que… ¿por qué yo? –al fin le miró a los ojos- Hay vampiresas más poderosas… podrías pedírselo a obaa-chan…

-¿No has pensado que, quizás… es a ti a quien quiero? –musitó despacio en su oído.

Ella sólo volvió a besarle, suavemente. No sabía de qué otra manera responderle. No era una decisión fácil la que tenía que tomar. Si aceptaba ser la Doncella de Connor, ¿cómo reaccionaría su familia? Es cierto que quizás les enorgullecería esto y los demás vampiros les respetarían aún más, pero… ¿y si era una trampa? ¿Y si él sólo planeaba tenerla como alimento? Quizás… quizás…

-No es necesario que me respondas ahorita –dijo él-. Pero, tampoco quiero que te sientas presionada… ¿puedo venir a verte mañana?

-Yo…

-¿O prefieres ir a mi casa?

Ella enterró el rostro en su ropa y asintió débilmente, dándole a entender con ello la respuesta. Connor besó su cabello y luego, simplemente se fue. En realidad, ésta rápida salida se debía a que pudo sentir la presencia de Ren y no era conveniente que le viera en compañía de su hermana.

-Isu… kun… ¿qué crees que debería hacer? –preguntó, en cuanto el murciélago llegó a su lado.

Le acarició un momento y luego partió a la ciudad, en busca de un bocadillo. No pasó mucho tiempo antes de que Ren llegara y se quedara clavado allí, contemplando el sitio en donde los dos habían estado. Llamó al sirviente de su hermana, que acudió en unos segundos. Mirándole fijamente le dio a entender que debía vigilarla, mas grande fue su asombro al descubrir unas gotas de sangre seca en su pelaje.

-Isu… ¿has comido recientemente? –inquirió confundido.

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-¿Y bien? –preguntó Aline en cuanto llegó al balcón.

-Listo…

-¿Qué respondió? –cuestionó Brigitte.

-No le presionaré –sonrió de medio lado.

-Connor –le detuvo Aline antes de que saliera del cuarto- ¿por qué el viento me trae el olor de tu sangre?

El vampiro sonrió de medio lado y miró su dedo, en donde las marcas de colmillos aún se mostraban.