Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Ángel Oscuro

(Dark Angel)

Un fic de Camaro

Traducción por Apolonia


¡La había golpeado! ¡Por todas las estrellas que lo rodeaban en el Paraíso él la había golpeado! ¿A dónde se había ido su cordura? ¿Por qué había desertado al portador de sus tontos esfuerzos cuando más lo necesitaba? ¿Pero no era eso típico? ¿Siempre saboreamos la dulce cordura antes que esté golpeado desde nuestro vientre?

Todavía podía sentir la suave mejilla de Marron rebotar en la parte de atrás de su mano, todavía podía sentir la humedad de sus lágrimas en sus nudillos. Esa maldita alma. Ese miserable creyente en lo que nunca podría ser. La desafortunada madre de su hijo no nacido.

¿Todavía incluso cargaba al bastardo en su vientre después de aterrizar sobre su cubierta? Se había caído al suelo por resultado de su inmutada mano, un repugnante sonido filtrando el espeso aire que hinchaba su odio y amarga ira en lo que ninguno pudo controlar. Ella había colapsado fuertemente sobre su estómago.

¿Debería estar mortificado, gritando y gimiendo como un repugnante niño por el aborto hecho sin intención? ¿Debería estar golpeándose su propio pecho por la maldad y enfermedad usada de su decaída mano?¿Arrancarse las ropas de su cuerpo en completa vergüenza?

¿Estaba mal estar así de feliz?

Y sin embargo era un demente alivio, el placer discapacitado mental de lo que podría ser percibido como las hermosas indulgencias de la vida. Y rió... rió como una alocada criatura, como Lucifer arrojado del abrazo del Paraíso. Se había tambaleado como un animal a través de los abandonados pasillos, arrojando sus manos contra la superficie de las paredes y golpeando como un lunático. Sus desvergonzados golpes fluían la virtuosa santidad de las habitaciones, chocando contra los benditos atractivos del Paraíso.

¡Estúpida perra! ¡Estúpida perra despiadada del Infierno! Cubierta tan divinamente con brillantes ojos y encantado cuerpo, ella era la encarnación de Satán. Dios, como deseaba nunca haberla tocado, nunca chocar repetidamente con el pecado entre sus muslos. Ese maravilloso bolsillo secreto. Esa muerte personificada en su forma más verdadera. Ese Demonio que oculta su traicionera sonrisa con una habilidad desconocida para cualquier otro hombre.

Qué no daría por la fuerza y maldad de un corazón para sacrificar al perro, junto con su pichicho sin nombre que crecía como espinado yuyo dentro de los pliegues de su estómago. Repugnante monstruo que le había costado la meta de su vida. Si solamente...

Estaría con Bulma ahora. Sí. Sí... se dijo a sí mismo. Estaría yéndose de juerga en los dulces labios de rasgado vino de ella, tocando sus curvas y líneas, devorando su inocencia con su digno miembro. Hurgando dentro y fuera de su calidez hasta que gritara por su piedad. Le mostraría cada manera de hacer feliz a un hombre. Cada toque y sabor que complacería a su amo. Cómo tomarlo en su boca y permitirle al hermoso fluido de bendición que siguiera. Todo... Todo.

¿Y ahora? Aquí estaba, tropezando en su oscura habitación, oscura incluso en el Infierno pero más para el brillo del Paraíso. Cuan sombrío se había vuelto el mundo en su ausencia. Cuan oscuro e impredecible. Entonces... realmente la había amado. No sólo amado, porque eso había sido conocido por años. Se había enamorado profundamente, puramente y completamente de ella y su premio fue no lo que debería haber esperado. Se había ido. Ido.

"¡Ido!" Sollozó, chocando contra sus rodillas y ocultando sus olvidados ojos dentro del refugio de sus manos. Tan ida y ahora nada más que un juguete del Demonio mismo. Entonces. El mal había al final conquistado al bien. Podía casi ver a las dos criaturas meciéndose juntos, chocando con sus diferencias. La bestia tocándola y saboreándola, sonriendo con su Satánica sonrisa ante la marioneta de su perversión mientras ahogaba su virginidad una y otra y otra vez hasta que no quedara nada.

Quería vomitar. Purgar a sus intestinos del dolor y la ira y la mugre que corría como una enfermedad a través de sus intestinos.

En cambio, se arrastró a un lado, recostado sobre su cadera y berreando como un niño recién nacido en sus palmas. La había perdido. Era su culpa. Su culpa. La culpa de la puta por tentarlo y sin embargo... su culpa.


¿Cuánto tiempo había estado aquí? ¿Horas? ¿Días? ¿Semanas? La oscuridad había saqueado toda luz y ahora sólo el tenue parpadeo de las velas lamían las sombras. Sus ojos no podían ver... no podían funcionar. No podían entender este cambio. ¿Por qué tanta oscuridad envolviéndolo? ¿Había muerto? ¿Había sido maldecido a alguna otra vida en el Infierno por abusar de Marron? Deseaba por eso. Porque sólo dentro de las garras de la oscuridad misma podría sentir a su Princesa, tocar su esencia con su mente y concebir por qué lo había dejado.

"Príncipe Yamcha..." Un siniestro susurro burló, tensando la habitación, incluso las figuras de sombra se movían hacia atrás en las enredadas esquinas. La voz era rasposa y malvada y sin embargo... Familiar. Demasiado familiar.

Envuelto por el pánico y evidente miedo, el Angélico Príncipe se puso de pie, sus pies golpeando contra el suelo de piedra mientras se chocaba contra una pared cercana, sus ciegos ojos buscando sin parar en cada grieta de la oscura habitación.

"¿Quién... quién está allí?" demandó, maldiciendo el penetrante miedo que se hundía en cada sílaba liberada de sus labios.

Una monstruosa risa fue su única respuesta mientras volaba a través de la habitación como una alada criatura, conectando con las paredes y haciendo eco dentro de su propia mente. Casi podía sentir su malicia mientras se filtraba a su alrededor, nublando su juicio con su envolvente locura.

"¡Muéstrate!" gritó, incluso su voz rompiendo con aterrorizada anticipación. Y sin embargo la alocada risa permanecía siendo su única respuesta mientras se disipaba en todas direcciones.

"¡Muéstrate! ¡Te lo demando cobarde!" Gritó a la nada que envolvía cada acción suya. Se tropezó a través de la pared, sus ojos todavía perforando nada mientras sus manos lo guiaban contra la suave superficie debajo. Sus alas eran presionadas casi dolorosamente contra la piedra pero podía importarle menos.

Con un choque de trueno, una feroz sombra rebotó sobre la pared, ¡grandes alas aparente en su cincelado marco! Tan rápidamente como fue visto, ¡desapareció una vez más! Él mismo se ahogó en la escena, bilis corriendo en su boca por el mero shock. Entonces... su corrupta y amarga mente no había sido la culpable de tales epifanías. Realmente había alguien en esta habitación. No estaba solo.

Tan seguro como la verdad lo golpeó, sus ojos se ampliaron y casi lloraron por la vista de un gran Demonio materializándose en una de las esquinas. Negras alas de cuero cubiertas incluso en las mismas sombras, estirándose y maldiciendo como hojas de pura maldad. Una alta figura estaba de pie mientras el portador de tales monstruosidades, brazos cruzados con extrema arrogancia y mirando con ardientes ojos haciendo que el pánico y la histeria que pasó sobre la circular mirada del Ángel.

No se podía ver mucho dentro de los pliegues de la oscuridad, sino diminutos vestigios de luz que danzaban a través del sonriente rostro mientras las debilitadas velas perforaban la oscurecida habitación. Hermosos músculos cubiertos en bronceada piel, glorificado con su milagrosamente hermoso rostro, leves hoyuelos evidentes en sus mejillas, estirados por los dos hermosos labios. La nariz y los ojos estaban cubiertos por envolventes sombras, invisibles para la criatura de alas blancas que temblaba en absoluto horror.

No podía moverse ni una pulgada... ni un músculo. Ni siquiera para respirar, temiendo que tal movimiento de alguna manera enfureciera al dragón que lo miraba en respuesta.

¿Se han despertado a la noche alguna vez, tan destrozados del miedo de la oscuridad y lo desconocido que comenzaron a sudar debajo de los confines de sus sábanas por el mero hecho de que estaban demasiado asustados para moverse? ¿Demasiado asustados para atraer innecesaria atención a sí mismos menos al monstruo que los notaba desde el temblor de abajo de las sábanas? Bueno... tal vez sea sólo yo.

En cualquier caso, tanto pánico y completo miedo había había sitiado al corazón del Ángel, agarrando sus nervios como una cubierta de acero.

Con un simple movimiento, la criatura estaba de pie frente al joven Príncipe, maldad penetrando incluso al aire que giraba alrededor de ellos, el viento de tal movimiento enfriando las lágrimas que corrían por el rostro del Ángel.

Sintió la humedad drenarse por la parte de adelante de sus pantalones, tibia y empapando con su toque. Varias cicatrices levemente marcadas al lado del impío rostro del Demonio, finas como papel y casi invisibles desde varios metros de distancia. De alguna manera el joven Príncipe reconoció esas marcas finas como cabellos. ¿Pero de dónde? ¿Tendría alguna vez la oportunidad de averiguarlo?

Como si leyendo sus sombríos pensamientos, el monstruo tocó su rostro suavemente, largas negras uñas cursando contra la suave carne de su rostro. Incluso corriendo burlonamente a lo largo de las cicatrices que habían sido el resultado de un accidente en un entrenamiento años antes. Un accidente de entrenamiento con el Ángel Goku no menos. Tal marca debería ser esperada después de entrenar locamente con el Ángel más fuerte vivo.

"Yamcha." el engendro de oscuridad respiró, algo tipo humo verde filtrándose de los confines de sus ojos y disipándose ante su rostro. Su fuerte mirada parecía brillar con energía sin Dios, el color de esmeraldas en el ónice en derredor.

Y luego la última vela se apagó. Un último doloroso parpadeo agraciando la ennegrecida habitación, justo lo suficiente para revelar al Demonio que estaba de pie frente a él mientras era arrojado contra la pared, sus alas rompiéndose con la fuerza.

"¡V- Vegeta!" Fue su último grito. Y su única respuesta fue una malvada sonrisa.


¡¿Cómo había ganado tanta fuerza? Lo que se había convertido en un pequeño lanza llamas en la lejana distancia era ahora un feroz averno, golpeando con absoluto impulso y poder mientras la levantaba por sus talones, ¡acechándola a insondables velocidades a través del maldito desierto bajo sus pies descalzos! Se movía como un animal, rozando el suelo con movimientos de gato, 50 pies de altura y chamuscando la misma superficie que tocaba. Casi parecía tener mente propia, ¿y su principal objetivo en el momento? Ella.

Las palmas y las plantas de sus pies estaban escaldadas por la abrasada roca debajo, gritando con dolor cada vez que era obligada a tocar el seco, rasgado suelo. Podría haber jurado que en el momento, y aunque estoy obligada a estar de acuerdo con ella, nunca había corrido tan rápido en toda su vida. El caliente viento azotaba su cabello, arrojándolo rudamente hacia atrás en su rostro y picando a su dulce humedecida piel. Quemaba como si se arrojara violentamente de un lado a otro, golpeando sus ojos y mejillas.

Y sin embargo, a pesar de la velocidad que la empujaba, la tormenta de fuego volaba sólo más rápido detrás de ella, ganando y ganando su paso rápidamente. Parecía casi desesperada en probarla, en envolver todo su cuerpo en cenizas.

Frías lágrimas cayeron por sus mejillas, calentadas rápidamente al punto de hervir en el sofocante aire que arrojaba a través con cada estiramiento y flexión de sus suplicantes piernas. Miedo absoluto se instaló como un amargo sabor en la boca de su estómago, diciéndole de las fallas de su cuerpo. Sabía de este problemático hecho. No podía mantenerse así por mucho tiempo. Era sólo una cuestión de tiempo ahora. Y eventualmente, su velocidad disminuiría, se cansaría y se derretiría viva.

Contra su último juicio, volteó sus feroces ojos hacia la personificación de la muerte que se acercaba, casi deteniéndose completamente ante la horrorosa escena sobre sus mismos ojos. Sangrientos rostros aparecían en las garras del fuego, piel quemada y cayendo en deformados montones. Los muertos ojos miraban boquiabiertos a la criatura que sería su próxima comida, pronto se uniría a ellos en su eterna tortura.

Sabía ahora lo que sólo le había sido revelado mientras escuchó a hurtadillas y por curiosidad. Eran almas atrapadas, identificadas por la agonía y la ira grabada en su misma piel. Estaban gritando, el mismo sonido mortificando el mismo aire que agarraba en sus pulmones, y negra sangre saliendo de sus cuencas a sus bocas abiertas.

Estaban atrapados en el medio de una criatura de fuego, un monstruo del Infierno, un vivo, respirante averno que demolía vida en lugar de liberar al alma al siguiente mundo, cargaba a los torturados seres junto a sus esfuerzos. Era un monstruo ancestral, uno que sólo se achicaba en los lejanos confines del Infierno, visto solamente en momentos de gran angustia y purgando toda existencia de vida a su paso. Vivía de la angustia de las almas perdidas, alimentándose del odio y dolor hasta el día que fueran liberados. El día que su antiguo amo muriera. A saber, Vegeta. Porque sólo en su muerte podría su odio por la vida y demás ser reconciliado y equilibrado para ser restaurado lo suficiente para liberarse del abrazo del averno.

Podía sentir lástima por ellos. Podía. Pero tal pena nunca sería pagada, porque la criatura y sus prisioneros cautivos sabían de sus afectos por el Rey Demonio. Sabían mayormente, de su amor. Y por eso, prometían matarla.

Matarla. Matarla... matarla.

Era su única meta... único alivio... único triunfo. La tocarían, la atacarían, la quemarían y la harían sufrir por la eternidad hasta que su tesoro fuera asesinado. ¡La harían pagar por su Infierno viviente!

Arrancó sus ojos lejos de los rostros que miraban, su cuerpo y miembros llenos con un nuevo incentivo. Terror. El desierto se estiró para siempre ante sus ojos, nada sino un leve horizonte encontrando su horrorizada mirada. Nada allí. ¡Nada para protegerla! Como si su visión no estuviera ya falsificada por sus obstinadas lágrimas de frustración, el mundo se agrandaba y estiraba mientras corría hacia él. Su única libertad. Su única oportunidad.

El calor del fuego lamió sus pies, tocando su carne por primera vez y girando en el repugnante olor. Gritó en dolor, aullando con el enfrascado miedo de su alma mientras el dolor la empapaba, debilitándola, tomando control sobre toda resolución y fuerza. Aún así, siguió, ondeando y saltando para escapar de la gigante criatura que gritaba detrás de ella. Podía sentir su piel brillar con sudor, el mortal miedo de ser derretida siempre presente en su mente.

Y luego sucedió. Se resbaló.

Su mentón golpeó contra la dura roca de suciedad debajo, su visión golpeada por las olas de hervido dolor. Y sin embargo... aunque el miedo mismo casi la estrangulaba, sólo pudo acurrucarse en una bola y esperar la fuerza que sería su última perdición. Había perdido su lucha, su batalla y su triunfo. La consecuencia era predecible mientras gritaba por ese solo conocimiento.

Vio las llamas envolverla, malvadas sonrisas implantadas sobre los rostros tipo máscaras que miraban a su temblorosa figura, nada puro o inocente retratado en la repugnante malicia.

Sudor vertió de su ceja, metiéndose en sus ojos como las lágrimas que casi se volvieron vapor en el calor que la rodeaba.

Sólo pudo jadear mientras el fuego se estiraba a su altura más grande, llegando probablemente a los 100 pies, rostros empapados de sangre ónice sonriéndole a su temblorosa figura. Sólo podía mirarlos con sus orbes azules entre sus párpados, llorando como un arroyo con incredulidad. Y sólo pudo gritar mientras las paredes de fuego vinieron a chocarse sobre ella.


Gracias por leer hasta ahora, me disculpo por la tardanza de este capítulo. Originalmente, había sido creado MUCHO más largo y duraba probablemente cuatro capítulos, pero, supuse que esta sería una buena manera para detener un punto así podía comenzar con el resto. No se preocupen... si todo es posible, tendré el otro publicado extremadamente rápido así no tendrán que esperar. Será genial, confíen en mí.

Oh. Gracias por sus palabras llenas con tanta ternura y preocupación. No de pena... sino mayormente con el amor de sus corazones. Brianne hubiera estado tan sorprendida de saber cuanta gente allí se preocupaba por ella... incluso los que nunca conoció en vida.

Así que muchas gracias por darme la fuerza para continuar con esta historia y hacerla pasar por cada momento que me duele.

"¿Piensan que están solos cuando lloran en la noche?"

Solía hacerlo... Ahora no. Porque de una manera u otra, su amor, todo su amor, me envuelve, me da fuerzas, me sostiene de pie cuando quiero derrumbarme. Siempre está allí y por eso... Las palabras 'gracias' parecen como nada más que una formalidad.

Por favor lean Series de Desafortunados Eventos por CrimsonAnjel.

Y recuerden, si se olvidan de todo sobre mí, sobre Ángel Oscuro... o sobre Fanfiction como un todo, recuerden que dentro de unos pocos meses... aprendí a amar verdaderamente a la gente que nunca he conocido. Los amo.

Amor