-¿Caden? –le miró confundida la vampiresa.
-Sí… –asintió Karin.
-Mmm… era un vampiro realmente encantador –comenzó a recordar-. El sólo hecho de mirarle a los ojos hacía que cayeras enamorada… en realidad no es muy difícil… todos los Windsor producen ese efecto en cuanto se despiertan como vampiros.
-¿Ehhh? –le miró sin entenderle.
-Verás… los Vampiros Sangre Pura te hechizan si les miras a los ojos, te hacen enamorarte de ellos, lo cual les es muy útil para obtener información; en cuanto sostienes su mirada, quedas a su control.
Anju, desde el otro lado de la sala, escuchó lo que Elda había dicho, por lo cual detuvo su lectura, ¿era posible que Connor la hubiera hechizado? La verdad era que sus ojos se habían encontrado ya varias veces y, tal como lo relataba su abuela, era como si se perdiera en sus orbes, incapaz de pensar con claridad. La vampiresa apretó con fuerza el libro que sostenía, sintiéndose traicionada.
-Por eso nos han prohibido acercarnos a ellos, ¿no es verdad? ¡Ellos nos podrían obligar a amarlos!
-No con exactitud… los Sangre Pura te hechizan, pero esto sólo dura unos segundos o incluso minutos; a pesar de ser tan poderosos, no pueden hacer que otro vampiro les ame… ése es un sentimiento demasiado fuerte que ni con magia puede crearse…
Ahora se sentía un poco más aliviada. A pesar de todo, Connor nunca la había hechizado, en ningún momento intentó manipularla de esa manera, como creyó en un principio. La peliplata soltó un débil suspiro que no pudo ser escuchado por las otras.
-¿Y cuál es el amor de los vampiros? –volvió a interrogar Karin.
-¿"Amor de los vampiros"? –citó Elda.
-Sí… hace tiempo, escuché a mamá decir que el pacto más fuerte entre los vampiros es el lazo existente con su Doncella.
-Oh, eso es algo realmente distinto –sonrió la pelirrosa, complacida con la pregunta-. Verás, una Doncella es aquella virgen que decide unirse como compañera de un Vampiro. No solamente se limitan a vampiresas, sino que la elegida puede ser una humana. Ambos deberán beber la sangre del otro para reafirmar el lazo, el Vampiro se compromete a proteger a su Doncella, a acudir a su llamado, incluso si debe de pasar sobre otros vampiros.
-Eso es tan… romántico… –se alegró Karin.
-No es tan simple, al estar tan conectados, el dolor de uno se vuelve el del otro –le miró fijamente la vampiresa mayor.
-Entonces… ser una Doncella, ¿es bueno o malo?
-Eso debes de juzgarlo tú –finalizó Elda, dedicándole una mirada a Anju.
La peliplata, al sentir esa mirada sobre sí, simplemente se paró del sofá donde se encontraba, sin dejar de "leer" y salió lentamente, entrando en la cocina. Esa noche sus padres habían salido, algo muy extraño, puesto que Carrera prefería deleitarse con la sangre añeja que Henry guardaba previamente seleccionada. Sin embargo, ellas no estaban solas, ya que su abuela les cuidaría todo el tiempo que sus padres estuviesen ausentes; por otro lado, eso también significaba que Usui no podía ir a la casa, para tristeza de Karin, quien comenzó a interrogar a Elda con respecto a los otros vampiros debido a que se había aburrido.
Anju sabía que su abuela estaría al pendiente de todas sus reacciones, incluyendo ésta, en donde prácticamente había gritado que se sentía incómoda frente a ella. Dejó el libro sobre la mesa de la cocina, contemplándole unos segundos.
-Anju…
La voz de él era seria, tranquila, no había ningún rastro de enfado, pero sabía que estaba preocupado por ella; por ello mismo es que no volteó a verle, quedándose en la misma posición en la que le había encontrado.
Unos metros detrás de ella, Ren le contemplaba fijamente; tenía ya cinco noches sin visitar a ninguna de sus chicas, permaneciendo en casa, vigilando todos y cada uno de los movimientos de su hermana menor, su favorita. Era cierto que hubo de toparse con Elda varias veces e incluso huir de sus muestras de afecto, pero no por ello abandonó la mansión, determinado a protegerla.
-¿Tampoco hoy saldrás a comer? –preguntó casualmente, aún conociendo su negativa.
-Mamá tiene muchas botellas de sangre, podré tomar una en cualquier momento –le comunicó tranquilamente.
-No creo que le guste que bebas de su reserva… –susurró.
-¿O acaso deseas que me vaya? –interrogó ahora él.
-Cuando te fuiste de esta casa, yo fui la primera en pedirte que no lo hicieras… incluso cuando me dedicaste esa fría mirada… incluso cuando… usaste tu fuerza contra mí…
-Lo sé… –respondió, arrepentido, sabiendo la verdad de esas palabras.
-Y aún así… te busqué… y volví… a pedirte… a suplicarte… que volvieras…
-Anju, yo…
-Pero… –le cortó- Sólo respondiste que así era mejor… ¡¿mejor para quién, Ren?
La chica se giró, contemplándole molesta, una de esas pocas veces en que dejaba salir sus sentimientos. Su hermano notó cómo las lágrimas comenzaban a resbalar por sus mejillas. Un vampiro es fuerte, un vampiro jamás lloraría por una nimiedad, pero… las lágrimas de Anju eran sinceras, ella en verdad había sufrido cuando él comunicó su partida. Y aún recordaba esa noche, en donde la pequeña lo siguió hasta la sala, donde le pidió se quedara a su lado… y la contestación que él le dio.
La jaló contra su pecho, abrazándola; la vampiresa enterró el rostro en su pecho, intentando reprimir los sollozos, sin lograrlo. Ren comenzó a acariciar su largo cabello platinado, como hace tanto tiempo que lo hacía.
-En verdad lo siento, Anju…
Ren siempre era sincero con ella, no podía evitarlo, amaba mucho a su hermana. Con suavidad la cargó, notando que a pesar de haber despertado como vampiresa, seguía siendo igual de ligera. Todo el aspecto de Anju era el de una muñeca de porcelana, su larga y ondulada cabellera, su fina piel de porcelana, su nariz afilada, sus ojos transparentes, su pie diminuto, sus sobrios vestidos, su poco peso… lentamente comenzó a subir las escaleras sin bajarla, abrió la puerta de su cuarto y entró, depositándola en la cama.
Se dio media vuelta, dispuesto a dejarla descansar, pero al llegar a la puerta, la voz de ella le detuvo.
-Ren… quédate… como cuando era más pequeña… sólo hasta que me duerma… por favor…
-Siempre lo hago… –fue su respuesta- Sólo que ahora ya no me ves…
Cerró la puerta detrás de sí, dejándola a solas. La chica permaneció en esa posición, casi deteniendo su respiración. Llevó sus rodillas hasta su pecho, abrazándolas. Si era cierto lo que su hermano decía, era muy seguro que le hubiese visto con Connor los últimos días. Ella sabía que Ren era muy astuto y nunca había podido ocultarle nada, ya que él terminaba descubriendo todos sus secretos (los cuales eran muy pocos, pues le tenía demasiada confianza).
Desde la noche en que se presentara ante sus padres, diciendo que se quedaría unos días, supo que algo no andaba bien, y cuando él pidió un cuarto contiguo al suyo, sus dudas se confirmaron. Aunque no sabía cuánto ignoraba el vampiro, definitivamente sus encuentros con el Windsor no le eran desconocidos, entonces, ¿por qué Connor no le había borrado la memoria? Para un Vampiro Sangre Pura era muy fácil hacerlo.
Además, no podía ver al peliplata si Ren estaba todo el tiempo vigilándola, ni siquiera sus murciélagos podrían enviarle un mensaje escrito o mental, ya que Elda interfería con su dominio sobre ellos.
-¿Qué debería hacer, Bge-kun? –le preguntó al muñeco maldito, que no le contestó- No puedo comunicarme con Connor-kun… ya son seis noches que no lo veo y…
Pero el muñeco continuó mudo, ajeno a sus palabras. Eran ya varias noches de esto, desde la noche en que… en que Connor y ella se besaran en algo más que un simple roce de labios. El mutismo del muñeco indicaba su madurez, su despertar como vampiresa, despertar que se había acelerado por la entrada del inglés en su vida.
-Bge-kun… ¿no volverás a contestarme? –le miró fijamente, continuando con sus sollozos- ¿Nunca más? ¿Nunca más oiré tu voz?
Afuera de su cuarto, Ren se mantenía recargado en la pared, escuchando todas y cada una de sus palabras.
o0o
-Connor… casi ha transcurrido una semana desde que dejaste de frecuentar a Anju Marker –le regañó Aline en cuanto llegó a la casa.
-Tranquila, obaasan… todo va de acuerdo al plan…
-Si por "plan" te refieres a dejar que Ren Marker esté como su sombra, entonces todo marcha a la perfección –dijo con sarcasmo.
-Vamos, ¿alguna vez te he fallado en una misión? –le miró altaneramente.
-No, eso es lo que me preocupa: que ya no veas esto como una misión más –se cruzó de brazos.
-No soy un crío…
-Entonces deja de comportarte como tal…
-Sólo he estado buscando a una persona todo este tiempo –sonrió de medio lado.
-Por tu bien, espero que esa persona sea Anju Marker…
-No, pero me llevará a ella.
-¿Cómo? –le miró molesta.
-Si te dijera, el juego dejaría de ser interesante –soltó una carcajada antes de salir.
-Maldito mocoso… –susurró la otra.
o0o
Habían transcurrido otros cuatro días y Anju estaba cada vez más intranquila. A pesar de que agradecía el que Ren volviera a la casa, no podía evitar el sentirse sobreprotegida. El mayor no permitía que saliera a menos de que fuera necesario y aún así, sabía que le seguía de cerca, sin perderla de vista, por lo que él no se alimentaba de sus chicas, tomando de la reserva de Carrera.
Su abuela le había dicho que sólo podía ir al parque a alimentarse, sospechando que quizás querían estuviera todo el tiempo rodeada de personas para evitar un ataque, la pregunta era, ¿de quién la protegían? ¿Acaso era de los Windsor? Pero, en ese caso, Connor había tenido muchas oportunidades, ¿por qué no lo había hecho? ¿Por qué no la había lastimado? Y aún más importante, ¿por qué se había acercado precisamente a ella?
Esa noche había salido con Ren, quien se notaba un poco cansado luego de días sin probar su tipo de sangre. Anju localizó a una chica celosa de su hermana, quien se había graduado con honores, y, sin pérdida de tiempo, la mordió. Sobre la copa de un árbol cercano, su hermano le miraba atentamente, mientras se aseguraba que no hubiese otro vampiro cerca de allí.
El playboy comenzó a inspeccionar la zona, mas nada llamó particularmente su atención, hasta que… la vio. Una mujer paseaba a la mitad del parque, su mirada era sumamente triste, su andar era pesado, sus brazos colgaban cansados a los lados. Fue como si, de pronto, sólo tuviera ojos para ella; descubrió sus colmillos a la luz de la luna, relamiéndose los labios.
-¿Ren? –le llamó Anju, al no encontrarlo en el sitio donde segundos atrás se hallara.
Un murciélago revoloteó por encima de su cabeza; la vampiresa le contempló hasta que se posó en su mano, sin despegar de él su mirada; notaba que era mucho más grande que uno de sus subordinados, por lo que no tuvo dudas de quién lo enviaba. Utilizó la telepatía para leer el mensaje que llevaba.
-Comprendo… –musitó apenas audiblemente.
El animal voló, adelantándosele; por su parte, la chica aún giró su cabeza un par de veces, cerciorándose de que Ren no le viera. Al notar que así era, invocó a sus murciélagos con suma cautela, sólo los suficientes para transportarla, puesto que Elda podría detectar cualquier movimiento que hiciera.
Minutos después, su transporte le dejaba en la entrada del observatorio de la ciudad, el cual había sido abandonado hace años, tras un incendio acontecido, donde todo quedó inservible. El musgo crecía en algunas paredes, indicando que nadie se había acercado en mucho tiempo; entró lentamente, sin hallar luz alguna, de cualquier manera, no la necesitaba. Con cautela continuó avanzando.
-Buenas noches, Anju-chan.
Y allí estaba de nuevo, sentado sobre el gigantesco telescopio cubierto de hollín, la cúpula había sido destruido por las llamas en ese sitio, por lo que la luz de éstas le daba de lleno al adolescente. Tenía una pierna colgando, mientras que la otra se hallaba flexionada, recargando su brazo en ella.
-Connor… ¿por qué me has traído aquí? –preguntó directamente.
-¿Acaso te da miedo que estemos solos? –le miró desde arriba, haciéndola sentir vulnerable.
-No… no es eso… –dudó un poco en la respuesta.
El vampiro saltó, llegando a su lado, metió ambas manos en los bolsillos del saco negro que en esos momentos usaba. Sonrió de medio lado, dándole a entender que sabía le estaba mintiendo. La chica contempló esos ojos, recordando las palabras de Elda, reflexionando si acaso Connor la habría hechizado.
-¿En qué piensas, Anju? –preguntó, acariciando uno de los mechones de pelo que caían sobre su hombro derecho.
-Pienso que… aún no te conozco… no sé nada de ti… –fue su respuesta.
-Nnn… si te cuento más acerca de mí, ¿estarías más tranquila? –mencionó a media voz, acercándose a su oreja.
-Sí.
-De acuerdo, pero antes… –se alejó de ella unos metros, observando el techo- deberíamos de apresurarnos, pronto serán las 11:38 pm…
-¿Por qué es tan importante esa hora? –le miró Anju.
-Oh, hoy habrá una lluvia de estrellas –sonrió, despreocupado-. Me gustaría verla contigo.
-¿Lluvia de estrellas?
-Así es… nunca he visto una… verás… para mi familia, hay asuntos muy importantes que deben ser atendidos –bajó la voz, al mismo tiempo que agachaba la cara, aún de espaldas a ella-, por eso mismo, casi nunca tengo un respiro y menos… en la actual situación. Con todos ellos dormidos, debo de ser más cuidadoso y protegerlos… así que hoy, decidí escaparme.
-Pero si ellos te necesitan, deberías volver –comentó seria.
-Anju… ellos pueden cuidarse solos –murmuró secamente, mientras apretaba los puños-, por eso mismo… me molesta que quieran controlarme tanto.
-Son tu familia…
-¡No lo son! –gritó, dándose media vuelta.
Se quedaron en silencio, viéndose a los ojos. Fue una silenciosa batalla que duró apenas unos segundos, cada uno intentando descifrar lo que el otro pensaba, finalmente, Connor desvió el rostro y, con un deje de nostalgia, agregó.
-Ellos no son una familia… una familia no se trata como a objetos para llegar a un propósito…
-¿Y cuál es el tuyo? –le interrogó- ¿Cuál es el propósito que te fue encomendado?
-Anju…
-¿Por qué te acercaste a mí? ¿Acaso yo era parte de un plan de los Windsor? –se cruzó de brazos.
-Anju…
-Mírame a los ojos y dime que no es cierto…
-Te veo, Anju y te puedo decir… que nunca he tenido intención de lastimarte… ni a ningún miembro de tu familia –respondió, acercándose sin romper contacto visual.
-¿Y cómo puedo creerte?
-Anju… te estoy mirando a los ojos, ¿no puedes ver que soy sincero? –susurró, acariciando su mejilla.
-No lo hagas… –cerró los ojos.
-¿Hacer qué? –preguntó inocentemente.
-Esto… no me toques… cuando lo haces… no pienso con claridad…
-¿Y crees que yo sí? –se acercó peligrosamente- ¿Crees que cuando estoy contigo, razono correctamente?
Besó su frente, despacio, con cautela, haciendo que temblara ligeramente tras ese contacto. Sus labios fueron bajando por su mejilla hasta llegar a la comisura de su boca, deteniéndose. Tomó su mano y le llevó con él hasta la parte superior, donde el telescopio se hallaba; Anju observó que ese sitio estaba en perfectas condiciones.
-Creí que el incendio había destruido todo –comentó.
-Lo hizo… pero le pedí a un viejo amigo que restaurara el lente… así tendremos una mejor vista –le informó, sosteniendo aún su mano.
Se sentaron en silencio, esperando la caída de la primera estrella, ninguno de los dos quería molestar el momento con palabras; sin embargo, la vampiresa no podía evitar pensar que su ausencia ya había sido notada, por lo que se hallaba intranquila, Connor notó esto y le atrajo contra su pecho.
-Anju… que ahora no importe el resto, ¿sí? Yo sé que cuando regrese a casa, se molestarán conmigo, pero no me importa… porque habrá valido la pena, valdrá la pena por el simple hecho de haberte visto, escuchado tu voz, pasado tiempo juntos… –susurró quedamente en su oreja.
La chica podía escuchar el latir de su corazón, que le daba una calma inmediata. Se acurrucó en él y por ese instante se olvidó de Elda, de Carrera, de Henry, de Karin, de Ren… sólo estaban ella y el vampiro de cabello plateado, sólo existían ellos dos.
En unos minutos la lluvia de estrellas empezó, siendo observada por los dos en un silencio absoluto. El adolescente contempló a su acompañante, cuyos ojos brillaban límpidamente ante el espectáculo que estaba sucediendo. Lentamente se acercó más y más, atreviéndose a besarle en los labios, la peliplata cerró los ojos y correspondió al beso. Era un beso puro, casto, inocente… los dos lo sabían y también, les extrañaba esa sensación porque no se suponía que fuera así, ellos no debían de enamorarse. Anju sabía que estaba mal, que el chico tenía demasiados secretos para poder confiar en él. Connor comprendía que los Windsor jamás aprobarían una relación de ese tipo, la regla 3 estaba rota, sus sentimientos lo habían traicionado.
Se separaron despacio, quedando muy cerca uno del otro. La vampiresa se recargó en el hombro del chico, mirando el final de ese acontecimiento celeste mientras sentía cómo sus mejillas se sonrojaban. Por su parte, Connor miró la luna en creciente, que adquiría un muy leve tono rosa y sonrió de medio lado, sin que Anju pudiera apreciarlo.
