Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Ángel Oscuro

(Dark Angel)

Un fic de Camaro

Traducción por Apolonia


El calor explotó a su alrededor, aumentando a insondables temperaturas mientras traga su diminuto, tembloroso cuerpo. Escuchó sus propios gritos salir a través del dolor y aún así el fuego y ni siquiera la había tocado, aún arrojando su aliento sobre su frágil cuerpo a imposibles velocidades. Justo cuando sentía que no podría permanecer más consciente, un frío aire erosionó a su alrededor, rompiendo el ardiente calor y estrellándose en su contra.

Era como si un torrente de agua fresca estuviera fluyendo sobre ella, aunque ninguna humedad se agarró contra su piel. Voló su cabello de un lado a otro con una suave brisa, batiendo el sudor y las lágrimas que se agarraban a sus mejillas en diminutas gotas de fría humedad.

Parte de ella quería gritar y arremeterse, gritar en agonía ante este inexplicable cambio de eventos. ¿Había muerto? ¿Era esto alguna clase de barrera entre ella y la otra vida? Pero obligó a sus ojos a abrirse, ignorando su terquedad, por completa curiosidad a lo que posiblemente podría haber causado tal dramático cambio, aunque no estaba muy positiva de si realmente quería saber.

Sus ojos vieron un vestigio de única oscuridad, una mera clase de negrura, grabada con huesos y llevada a un afilado punto. Y luego entendió... Dios enormes alas negras estaban envueltas protectoramente a su alrededor. Deslizando sus ojos hacia su portador, tomó una repugnante cantidad de aire, sintiéndose mareada y aturdida por el resultado. ¿El portador de las alas? Nada menos que el valiente Rey Demonio. Vegeta.

Sus labios se movieron para decir el santificado nombre, sólo aire escapando de su reclusión por el miedo y honesta incredulidad a Dios. Quería creer que era él. Dios, cómo necesitaba saber que era él y no sólo la demencia perforando su debilitada mente. ¿Estaba imaginando esto? ¿Imaginando que quería ver disipar el dolor de apostar la verdad de la realidad? ¿No hemos sido todos nosotros culpables de tal crimen?

Y como si por algún milagro, aunque Vegeta estuviera allí me sorprende como un milagro en sí mismo, pareció leer las preguntas que asolaban su mente, y en respuesta le guiñó un ojo y le dio una hermosa sonrisa. ¡Era él! ¡Porque sólo un hombre tan increíblemente hermoso y arrogante como él podía sacar una escena de ese tipo con la audacia y el coraje demostrado!

Sus bronceadas mejillas estaban tiradas y grabadas por su temeraria sonrisa, Dios... cómo había extrañado ese hermoso rostro. Esos exquisitos ojos y largas pestañas, ese masculino mentón y pómulos. ¡Ese bastardo! ¿¡Cómo había aquí tan rápido? ¿Había sabido todo el tiempo?

Pero ahora no era el momento para esos pensamientos mientras el averno se los tragaba, fuego ardiendo como si fuera un mundo por sí mismo, arrasando con toda vida hasta que no quedara nada más. Vegeta la estaba sosteniendo sana y salva en su energía, la apretada bola encerrándolos como un campo de fuerza mientras la bestia averno quemaba ferozmente desde afuera.

Girando sus incesantes ojos de los ardientes ojos de ella, el Demonio se sorprendió, casi vacilando en su desafiante postura. Porque allí, sólo en el corazón del monstruo, vio por primera vez, los malvados, ensangrentados rostros. Se estremeció internamente ante las cantidades en masa de negra baba cayendo de sus bocas que gritaban. No... él había visto su justa parte de sangre, eso era bien sabido, pero había algo increíblemente perturbador sobre la ira y el odio que filtraba de los ojos de los rostros. Estaba fuera de control, sin límites ni consciencia deteniéndolo, y sólo por dentro, en lo más profundo de lo profundo, Vegeta podía admitir que había admirado esa temeraria resistencia. De hecho, ansiaba la despiadada ira. La envidiaba.

Las atrapadas almas comenzaron a gritar y aullar como animales, la sangre manchando a los lados del campo de energía mientras gritaban en agonía y venganza, arrancando con saña las paredes, violencia y demencia añadiéndose a su desesperación.

Antes deque lo supiera, Bulma había sido puesta de pie, posesivamente envuelta por dos musculosos brazos y sostenida excesivamente cerca a su corazón que latía rápidamente, su rostro presionado contra el hueco de su bien formada garganta y tocando el negro collar de honor. Vegeta estaba mirando fijamente a los rostros de los monstruos y la malvada fuerza que los envolvía, mirando con poder sólo conocido por su línea familiar.

Ya no siendo capaz de mirar a los retorcidos y deformes rostros que la miraban boquiabiertos, Bulma ajustó sus ojos al poderoso rescatador que enseñaba sus dientes en absoluta malicia, sin pena o dolor retratado en sus perfectas facciones. No le importaba. No le importaba que su vida liberase a estas abandonadas criaturas. No le importaba sobre el sufrimiento y tortura que habían soportado. Realmente era despiadado.

Un sonido rompió a través del cambiante aire, algo que ninguna palabra puede honestamente describir y dar al lector un verdadero sabor de su efecto. Pero por desgracia, como hice tantas veces, intentaré lo imposible de nuevo, apostando a mi reputación por las meras palabras.

Arrojó su cabeza de un lado al otro, sin encontrar ritmo o razón por el sonido que se murmuraba a través del viento, el suelo sacudiéndose en su intensidad. Era el sonido que nunca podrían entender, nunca podrían comprender... NUNCA podrían olvidar. Era como si miles de miles de hombres barítonos estuvieran tarareando, sus voces sacudiendo la tierra y vibrando incluso en las olas sonoras mismas, su visión volviéndose más rocosa con cada horrible vibración enviada.

La electricidad explotó a través de la esfera de energía, rompiendo y crujiendo con una mente propia. Casi podía probar su cruda energía en sus dientes, haciendo que la estática enredara y levantara su cabello como impíos vientos alzándolos.

Ni siquiera podía gritar, la emoción del miedo tan increíblemente incomparable a los sentimientos que estaba experimentando. Era como nada, NADA con lo que se hubiera encontrado. Apasionado y energético, el viento gritaba fuera de la esfera, los truenos golpeaban contra su cubierta, el fuego rompía con sus hojas de invisibles garras y era todo el resultado del creciente poder de Vegeta.

Alzó su fuerza para llegar a su casi máximo, la presión y la fuerza causando abruptos cambios en el clima y filtrando el aire con un indescriptible sonido resultante del choque de tal energía explotando en el universo. Arrojó al cosmos fuera de equilibrio, las consecuencias siendo olas de inmaculados sonidos, caóticos movimientos y tonos a través de la superficie del suelo.

Aun así, el agarre de Vegeta se sostuvo rápido sobre su preciada carga, los ensangrentados rostros temblando ante la tensión que su mero ascenso en el poder que había creado. Porque el Dragón de Fuego sabía, esta criatura era fuerte, más fuerte que su padre, o el padre de su padre, o cualquier antepasado conocido de la histórica línea de monstruos del Rey Demonio. E incluso tan malvado como era este Averno Infierno, sabía que de los dos... Vegeta era más monstruo de lo que alguna vez podría concebir ser. Era una bestia salvaje... Un animal a la espera. Él era el Rey Demonio.

Bulma comenzó a temblar, aunque no podía estar segura por cuanto tiempo lo había estado haciendo, sus ojos mirando amplios y llenos a los temblorosos rostros que los rodeaban a cada lado. La penosa criatura sólo miraba en respuesta, ojos pesados con contenidas lágrimas, tan sorprendente para ella que casi saltó del aplastante abrazo de su protector. Suplicaban con sus ojos, almas descubriéndola mientras el nasal aire era acompañado por un canto, o un susurro de un millón de seres torturados.

¿Han sabido alguna vez que nunca olvidarían algo? ¿Sabían, que sin importar cuanto lo intentaran, sin importar cuanto lo desearan o rezaran... estaría allí? Recordándoles de una pérdida, o una tragedia, o... una experiencia Satánica. Desde ese día en adelante, la Princesa nunca, nunca podría olvidar el sonido de la escena... Y Dios. ¿cuántas veces rogaría ser liberada de tal recuerdo?

"Mátanos... Mátanos..." Las palabras sonaban una y otra vez, los millones de rostros destrozados suplicando sin ningún patrón ni unísono. Era un sordo murmullo, rompiendo incluso los sonidos de electricidad o las olas de los himnos, y quemando para siempre, sus voces en su recuerdo.

Un bajo murmullo salió a la superficie desde lo profundo del pecho del Demonio mientras rugía al monstruo de fuego, sus plateados dientes y colmillos creciendo a largos de extremos indignos de confianza. Todavía se mantenía en control de su furia, el dragón dentro todavía enjaulado y encarcelado en su reclusión, aunque incluso sus ojos negros brillaban rojos. Bulma pronto se dio cuenta que era un gruñido, un gruñido demoníaco, casi como si fuera un animal guardando a su presa recientemente asesinada de un intruso y posible ladrón.

Apartó la mirada de él, sin estar segura de si honestamente podía mantenerse mirando a la bestia que los sostenía. Era el brillo, o la sonrisa, que perturbaba sus facciones faciales lo que la ponía nerviosa. Enviaba a su estómago indomables nudos y parecía lentamente estar aplastando su corazón. ¿Había sido tan engañoso? ¿Honestamente y de verdad había creído que simplemente podía aparecerse en el Infierno y cambiar lo que había sido creado hacía tanto tiempo en las profundidades de un salvaje y barbárico estilo de vida?

Vegeta... Vegeta no podía amarla.

No había nada bueno en él o santo o... sano. Era malo por dentro, vacío de preocupación incondicional o amabilidad. ¿Le había tomado verlo una vez más para darse cuenta de tal misterio?... ¿O su engañoso corazón lo había sabido todo el tiempo... todo el tiempo y nunca se lo había dicho?

Sabía mejor. Sabía lo que era él. Sabía que era un asesino. Pero esto era diferente. Era casi... casi como si estuviera desafiando a las almas olvidadas por Dios para intentar algo. Como... como que QUERÍA sólo darles la excusa de plagiarlos de toda existencia y negar que sus almas sean salvadas con su prematura propia muerte.

Le gustaba la muerte. Le gustaba causarla. Y no tenía consciencia. Ninguna consciencia en absoluto. Nada de culpa. Nada de remordimientos. Nada de piedad. ¿Podría amarla alguna vez? Pero más importante... ¿Podría ella aprender a NO amarlo por tales razones?

"Mátanos... Mátanos..." Sollozaron los rostros, la sangre brotando de entre sus dientes con cada contaminado movimiento.

Todas las facciones estaban torcidas en miedo mientras el Rey Demonio los estudiaba con perforadores colmillos y una sonrisa sin alma.

"Ella es mía." Susurró, incluso su voz baja enviando escalofríos a través de la bestia, tan mortal y amenazante.

Todavía mirando cruelmente, sus pies del suelo, levitando hacia arriba lentamente con su temblorosa carga envuelta fuertemente en sus brazos. Con una gigante arremetida, sus alas se extendieron a casi 15 pies y se sacudieron en el aire, volando lo alto suficiente para escapar estrechamente del último intento del monstruo mientras sus flamas golpeaban el cielo y las pasaban por meras pulgadas.

Volando rápidamente, y a un increíble paso, no pasó mucho hasta que el último parpadeo del Dragón Averno fuera visto sobre el horizonte que se escapa. El viento golpeó sus ojos y rostro, y todavía seguía volando, agarrando a la Princesa sólo más cerca de él mientras la brisa comenzaba a enfriarse por su altura. Momentáneamente miró hacia abajo a su temblorosa figura, envuelta en su abrazo. Ella había enterrado su rostro contra su pecho, su cabello haciendo cosquillas levemente contra su cuello.

'Debe estar conmocionada.' Se dijo a sí mismo tranquilizándose mientras intentaba sin éxito mirar en esas orbes azules enlazadas con largas pestañas negras. Ella sólo se volteó, ajustando su vista al otro lado, completa y totalmente lejos de su vista. Pero él HABÍA visto las lágrimas que ella había tratado de limpiar tan rápidamente... como si él no lo hubiera notado.

¿Cuál era SU problema de todos modos? Dios... jurarían que él acababa de desterrarla a las hogueras del Infierno en vez de salvar valientemente su patética vida de un monstruo que estaba a centímetros de quemar su estúpido pequeño cadáver vivo. ¿No acababa oficialmente de salvar su trasero? Estúpidos Ángeles. Dirigiendo su debilidad y locura en la dirección equivocada. ¿Cuán típicamente de mierda era eso?

Ajustando su cabeza una vez más a un punto casi doloroso, bajó la vista hacia ella inquisitivamente una vez más, sólo para encontrarse con ojos bordeados de rojos y luego sus párpados mientras los cerraba fuera de él.

"¡Hmph!" Gruñó, sintiendo la extrañamente incesante necesidad de cruzar sus brazos, ¡aunque sabiendo que hacer eso probablemente aplastaría a la mocosa! Entonces... Estas eran sus gracias, ¿no? Su desaire. Genial. Una mierda de perfecto.

'Estúpido Ángel.' Gruñó en su propia mente, sintiendo su mandíbula apretarse con indignación. 'Estúpidas mujeres. Pensarían que merezco alguna clase de trofeo después de un rescate como ese. Perra estúpida.'

Pero incluso mientras estaba pensando en esas cosas, sabía que su ira hacia ella era por mucho más que ella lo ignorase y faltase de un cortés 'gracias'. Todavía odiaba que se hubiera ido. ¿Saben qué clase de golpe había sido eso para su ego? ¡¿Pueden siquiera imaginarlo? Pero corría incluso más profundo aún, mucho más profundo y maldición si no lo sabía.

'¿Qué demonios está haciendo aquí de todos modos?' Frunció el ceño en su mente, anunciando la misma pregunta que había sido preguntada varias veces después de que se había dado cuenta al principio de su valiente suplicio para llegar al Infierno. Pero realmente, ¿qué estaba haciendo? ¿Por qué estaba aquí? Para acercarse a él una vez más... ¿para engañarlo e infectar su sistema de nuevo con su tentación?

De todos modos, su vuelo y ella ignorándolo definitivamente NO estaba resolviendo nada. De una manera u otra, ella iba a explicarle e iba a explicarlo... ¡AHORA!

Cayeron del cielo, girando y torciéndose en el aire en un viaje de colisión de cara con la seca y rajada tierra del Desierto del Infierno. Ella gritó y clavó sus uñas en sus pectorales, aunque él eligió ignorarlo a propósito. ¿Qué? ¿Se suponía que iba a mostrar alguna preocupación cuando ella le había negado alguna tan descaradamente? No era su manera.

Sabiendo que estaban a una distancia segura de cualquier peligro, aterrizó rudamente en la destrozada mugre y arena, liberando sus prisioneros brazos casi furiosamente. La miró indignado con un rostro sin emoción mientras ella se tambaleaba inestable lejos de él, moviéndose a una distancia cercana de donde estaba de pie. Sus cejas se levantaron en dolor e incomprensión mientras él simplemente la estudiaba fríamente, sin preocupación o calidez evidente en ninguna de sus estructuras faciales.

Oh Dios. Ahora, ¿por qué tenía que estar usando casi nada? ¡Como si toda la situación no fuera incómoda y forzada como estaba! Dios... ahora él estaba obligado a luchar contra sus rebeldes ojos, constantemente tratando de no mirar a su agitado escote, expuesto estómago y curvilíneas piernas que resaltaban bronceadas contra su oscurecido vestido. Ahora, ¿no era eso un extraño predicamento? Incluso mientras lo miraba, su cabello nada más que un enmarañado montón de mechas azules y blancas, su piel sucia y lastimada y su rostro más que un poco marcado para él, podía jurar que se veía más hermosa que nunca.

"¿Por qué estás aquí Princesa?" Preguntó solemnemente, aunque la ira y el dolor era evidente sólo para él.

"No lo sé." Fue su única respuesta.

¿No sabía? ¡¿No sabía? ¡¿Qué CARAJO se suponía que significaba eso? Oh claro... los Ángeles tomaban viajes que amenazaban la vida al Infierno todo el tiempo sin razón aparente, ¿verdad? ¡Demonios, no! ¿Entonces qué quería decir la pequeña fulana con eso?

Apretó sus dientes, su puño apretándose hasta que estaban tan sólidos blancos mientras él simplemente se limitó a mirarla. Sólo mirarla como si dándole el permiso de arrancar su cabeza de sus hombros. Pero en lugar de ir pasar por esa tentadora opción, continuó lanzando dagas en su insolente dirección.

"No deberías estar aquí Ángel." Ordenó, cruzando sus brazos y mostrando sus negras alas y espadas hacia ella.

Sus cejas se juntaron, su ceño fruncido profundizándose con completa ira ante sus palabras. Ángel. Ángel. ¿NUNCA podría el bastardo llamarla por su nombre? Era, "Ángel esto..." O "Princesa aquello." ¿Cuán bárbaro podía ser? ¡Podría también ser un cavernícola llamándola mujer!

"¡Estaré donde Demonios SIENTA que quiero estar Vegeta!" Hirvió, cruzando sus brazos y estudiándolo de manera snob, la clase de regalías que sólo la realeza puede poner con tan cuantiosa perfección.

"¡MIERDA!" Gritó, anunciando la profanidad a todo el Infierno orgullosamente. Su reacción honestamente la había sobresaltado, tan enojada y profundamente herida como era. Podía ser tan impredecible.

"¡Deberías estar en el Paraíso idiota!" Maldijo, como si la información fuera completamente nueva para ella.

"Casándote con ese debilucho Príncipe tuyo... ¡Hincándote a cada capricho suyo! ¡Fornicando con su cerebro hasta que se vuelva azul por todo lo que me importa! ¡Simplemente NO AQUÍ!" Aulló, su estruendosa voz y sus blasfemas palabras cortándola más profundo de lo que ALGUNA VEZ dejaría salir.

Se estaba enfureciendo y lo sabía, la cordura escapando rápidamente como un ladrón, con las manos llenas de tesoros. Cada palabra dicha que escupía a través de sus dientes casi dolía, simplemente porque no eran verdad. Y tan duro como ella honestamente intentaba cubrirlas, el dolor estaba allí como resultado. Poco sabía... con cada lamentable frase, era como si estuviera rompiendo su corazón.

"¡No me voy a casar con él!" Gritó a través de dientes fuertemente apretados como un nudo, arrojando sus brazos al aire en frustración.

"¡Entonces vete!" gritó él, empujándola al suelo sólo lo leve suficiente para evitar dañar su frágil cuerpo.

"¡Vete de aquí al demonio!"

Ella cayó al suelo, viendo doble mientras una fina capa de agua surgió en sus ojos ante tales desgarradoras palabras.

"Vuelve a tu... ¡tu perfecta existencia!" Escupió, apuntando un dedo hacia la barrera.

"Vuelve y duerme con ese Príncipe como una pequeña puta. Ten una familia, ten hijos... Ten una vida. ¡Sólo no te quedes aquí!" Y sin embargo, su voz de razón en la última oración mientras emociones, tan enfrascadas en terquedad y desprecio que él no había ni siquiera reconocido su existencia, salieron a flote. Estas eran las emociones que lo habían enviado más de una vez antes, lazado con Ceniza y dispuesto a morir, había abusado de un niño, violado y asesinado a casi cien concubinas, y cortado sus muñecas en una tina de baño. Y ahora habían vuelto, listas para vengarse de su carcelero.

"¡¿SABES LO QUE ME HACES?" gritó, ferozmente cayéndose de rodillas y agarrándola de sus brazos, mientras ella gritaba y se arrastraba lejos de él.

"¡¿SABES SIQUIERA?" Gritó en su rostro, sosteniéndose dolorosamente contra la suave carne de sus muñecas y tomando sólo un minuto de placer mientras ella gritaba y luchaba para liberarse.

"¡Te hubiera dado todo! ¡Todo!" Gritó en su oído acariciando su rostro contra el de ella. Podía sentir las lágrimas de ella humedecer su rostro mientras sus mejillas estaban fuertemente apretadas juntas, mientras se arrodillaba sobre ella en el caliente y árido desierto del Infierno.

"¡Maldita seas!" Sollozó, sangre comenzando a acumularse en la parte inferior de sus párpados. Pero no le importó. Era como si todo su cuerpo estuviera repentinamente siendo atacado con emociones que hacía tanto tiempo había puesto a descansar, sólo ahora para descubrir que simplemente yacían latentes, esperando por años a tiendas de toda cruda de él.

"¡Podría haberte dado el mundo y sin embargo huiste con él!" Vio el rojo de la sangre manchar en líneas carmesí sobre su visión, incluso sintió su calor gotear por su mejilla y extenderse sobre la del Ángel. Pero no lo ocultó, ni lo detuvo, los sentimientos y emociones corriendo como un escondido río saqueado con un diluvio. Se desgarraba por dentro, tragándose orgullo y dignidad como una araña chupando la vida de una mosca.

"¡Aún así me dejaste!" Gritó, su hermoso rostro arrugándose mientras sollozaba las palabras mismas. Furiosamente, se alejó, horrorizándola mientras miraba a sus mejillas empapadas de sangre y ojos riboteados de rojo.

"Y aquí estás, torturándome, ¡persiguiéndome cuando TÚ elegiste estar con tu Príncipe! ¡TÚ ELEGISTE!" Gritó, agarrando sus hombros mientras otra ola de desgarradoras emociones golpeaban contra él.

En lastimosa... asquerosa, grotesca pena... ella levantó sus manos para tocarlo, para calmar los ríos de carmesí que rajaban sus bronceadas mejillas. Pero él arrojó sus manos lejos de ella violentamente, incluso yendo tan lejos como para empujarla al suelo una vez más.

Ella se tambaleó a través de la tierra, arena pegándose a sus húmedas mejillas y carne. Llegando a detenerse mientras se ponía de pie, intentando en absoluto horror huir del alocado animal que rápidamente tomó agarre de ella y la giró para encontrarse con su aterradoramente hermosa mirada, quemando en ella, odiándola.

"¡YO SOY UN REY MALDITA SEA!" Gritó en su rostro, mirando mientras su aliento volaba algunos de los mechones de blanco azulado de sus ojos y recibiendo una repugnante deliciosa sensación mientras ella hacía un gesto de dolor y comenzaba a llorar de miedo de él.

"Él es un Príncipe... UN PRÍNCIPE... ¡aún así lo elegiste!" se hundió sobre sus rodillas, enterrando su rostro en el estómago de ella y agarrando sus caderas mientras lloraba todas las emociones y dolor que se habían construido dentro de una calma fachada toda su vida.

Lo lloró todo. Dejó salir las Satánicas lágrimas que había enterrado y detenido tantas veces antes. Lloró por la pérdida de su madre, su hermoso rostro que sólo podía recordar en sueños. Lloró por el amor de su padre que nunca pudo ser... por tener que tomar la vida del hombre que siempre tendría una parte de él. Liberó toda la angustia de perder a su hermano, por todo el tiempo que había estado haciéndose fuerte por las dos personas más importantes en su vida. Por los días en un calabozo. Por perder a Nappa. Por perder a Akasha. Por tener que mirar a su Princesa irse con otro hombre. Por tener que negar lo que sentía por ella por el orgullo y las olvidadas emociones. Pero más que nada... por sobre todo, lloró por su hijo.

Y sin embargo, no importaba, mientras ocultaba su rostro dentro de la calidez de su estómago descubierto, el bulto en su garganta desvaneciéndose mientras lloraba las palabras que nunca había llegado a decirle.

"Te hubiera dado el Paraíso y el Infierno en un plato si sólo me lo pedías..."

Bulma sólo podía bajar la vista con shock y horror al hombre que hacía tanto tiempo había etiquetado como despiadado. Ahora, ¿quién era el desalmado? Ahora, ¿quién era el que no tenía fe? ¿Cuan ciega podía haber sido? ¿Cómo pudo haber estado tan ciega? ¿Porque lo ocultaba muy bien? No... porque no había mirado lo suficiente.

Suaves dedos tocaron delicadamente su mandíbula, sosteniendo su cabeza para mirarla. Levantó sus ojos manchados en sangre hacia ella, encontrándose con lo suyos en el proceso y teniendo su respiración detenida mientras le sonreía, sus párpados llenos de lágrimas. Él se había abierto a ella una vez antes, ¿y ahora?... Ahora sabía que no podía hacerlo de nuevo. No podía perderla.

"¿Qué tengo que hacer para mantenerte Ángel?" Susurró, ojos suplicantes con los suyos, rogando por una respuesta que podía reparar a un corazón roto.

"Vegeta..." Suspiró, su cálida mirada penetrando su cuerpo como una manta caliente.

"Hace mucho tiempo... mucho, mucho tiempo, mi madre me dijo que encontraría mi lugar. Que en algún lugar, algún día... simplemente lo sabría. Y eso..." Sintió más lágrimas resbalarse en sus pestañas inferiores y cayendo como ríos que cruzaban verticalmente por sus mejillas.

"Que siempre podría no ser siempre donde esperaba que fuera." Comenzó a llorar, las palabras ahogadas y exasperadas mientras intentaba contener los sollozos que mortificarían palabras tan significativas.

"Que podría no estar siempre con la persona que esperaba estar..."

Mordió su labio inferior mientras los recuerdos flotaban sobre ella, dándose cuenta de lo estúpida que había sido. Todo este tiempo había tenido a este increíble hombre... La criatura viviente que había etiquetado por tanto tiempo como un monstruo sin alma, era mucho más... Y sólo ahora, sólo ahora se dio cuenta cuan profundo debe ser el amor. Porque en sus ojos, esas insondables profundidades de brillante negro, vio a un hombre con el que podía pasar la eternidad con él.

"Te he buscado por tanto tiempo..." Jadeó, "Juro que te he buscado por siempre."

Cayendo de rodillas y mirando a sus ojos, sostuvo su rostro en sus manos, mirando fijamente al alma de la criatura en este universo que la completaba, absoluta, completa y enteramente. Era como si estuviera sosteniendo a su otra mitad, la pieza que faltaba de su rompecabezas, mirando a la única criatura en el mundo que podría acabarla.

"Y ahora..."

"Te he encontrado..." Ambos dijeron al unísono, mirándose en las diferentes perforadoras miradas del otro y sólo viendo la parte de ellos que había estado perdida y ahora era encontrada.

Sé que han habido muchos besos en la historia, cada uno aparentemente más poderoso y apasionado que el anterior. Cada uno más romántico y completo que el anterior... Pero desafortunadamente... Este beso no podía tener comparación. Porque mientras el Demonio presionaba sus labios contra los del Ángel, selló el amor prohibido a través de todos los tiempos y para siempre le dio un pedazo de sí mismo en su mano. Un pedazo que había sido olvidado... pero no destruido. En ese abrazo y ese fervientemente poderoso beso, le dio algo que nunca había dado antes.

Vegeta le dio su corazón.