-¡Te odio! ¡Realmente te odio!
La lluvia continuaba cayendo, empapándole por completo. Notó cómo enjuagaba sus lágrimas con el dorso de la mano y luego simplemente dio media vuelta. Antes de marcharse le escuchó decir:
-¡No quiero volver a verte, idiota!
Se quedó allí aún mucho después de que su silueta se perdiera. Sus brazos seguían inmóviles a ambos lados de su cuerpo, fija la mirada en el piso bajo él. Unas lágrimas se asomaron a sus ojos y rodaron silenciosamente.
-Juro que no volverán a lastimarte…
~ƱΩƱ~
Abrió los ojos de golpe, despertando con el dorso de la mano sobre la frente. Lentamente se enderezó y sentó en el borde de la cama. Llevó su mano derecha hasta la mesita de noche junto a su cama, tomando de ella una botella llena de un líquido rojo que bebió con avidez. Se levantó usando sólo un pantalón, se quedó parado a un lado del mueble, tomando de él el retrato.
Nuevamente esos ojos frente a los suyos. Suspiró y colocó la fotografía bocabajo antes de entrar al baño a tomar una ducha. Abrió la llave del agua caliente y dejó que ésta se llevara sus pensamientos.
-Antes las cosas eran más sencillas…
Miró su muñeca izquierda, donde se apreciaba una pequeña marca en forma de luna creciente de un débil tono rosa. Terminó de bañarse y cambió, colocándose nuevamente una gabardina gris cuyas mangas cubrieran esa marca eterna, imborrable. Salió de su cuarto, llegando hasta las escaleras, apoyándose en el barandal de las mismas.
-Cada sitio es diferente… y aun así… tan parecido…
Sus ojos recorrieron cada detalle de la mansión, notando cuán callada estaba. Era cerca de mediodía, obviamente deberían estar despiertos el resto de los Windsor, pero no era así. Pese a no ser Vampiros despiertos aún conservaban muchos rasgos de ellos, no deseando que su cuerpo se acostumbrara a las necesidades humanas. Bajó los escalones con lentitud, recorrió el pasillo hasta llegar a la puerta de entrada, abriéndola y produciendo un ruido metálico al hacerlo. Cerró lentamente antes de mirar el lugar, asegurándose de no ser oído.
-Mi única compañía siguen siendo los ruidos de la puerta…
No se fijó a dónde iba, simplemente deseaba caminar y permitió que sus pies tomaran el primer camino frente a ellos. Metió las manos en los bolsillos mientras andaba con la vista gacha. Afortunadamente el día era nublado, por lo que podría hacer eso hasta el anochecer. Llegó de nuevo frente a esa lápida.
-Aunque siempre estuve solo… anhelaba compañía… y pronto me arrepentí de ese deseo…
Había momentos en los cuales simplemente necesitaba ir, acudir a ese lugar que era un pequeño refugio para él. Ese sitio que ni aun siendo un Windsor podía corromper con su presencia. La morada eterna que los demás Windsor no podían perturbar. Aquel remanso de paz y, al mismo tiempo, daga clavada eternamente en su corazón de vampiro.
-Un deseo egoísta por el que pagó un alma pura…
Cuando aprendió las 5 Reglas de los Windsor se dijo que no habría problema alguno con la 3, puesto que sus sentimientos no existían ni importaban, no desde que todo pasara; no desde esa noche infernal; no desde que ese corazón dejó de latir, llevándose el suyo con él. Jamás volvió a llorar, sus sonrisas sólo eran burla hacia el resto de los seres de las sombras y los humanos, si cuidaba de los vampiros era por deber y no cariño… Sí, era EL arma, el arma perfecta que actuaba según le pedían, cumpliendo con la regla 2.
No tenía honor, cometió actos que muchos tacharían de abominables sólo para proteger a vampiros que nunca conoció ni le agradecerían de ningún modo. Era su deber, así le había visto siempre, sin cuestionarse nunca nada, acatando todas las órdenes que le eran encomendadas. Perfecta sincronía entre la Regla 1 y 2, aunado a sus habilidades que cumplían las expectativas de las Reglas 4 y 5.
Cinco reglas que pedían cinco condiciones: Deber, Sumisión, Objetividad, Velocidad y Astucia, los parámetros de los Windsor, las expectativas de los Windsor, el valor de los Windsor ante los demás… valor… como si se tratase de un objeto. Para todos era sólo eso: un arma y un escudo. Ni siquiera los propios Windsor podían verse de otra manera, ésa fue siempre su vida, ésos fueron siempre sus objetivos, su fortuna y su ruina, su bendición y su maldición.
-Acepté este infierno porque mi vida no tenía ya sentido… porque las tinieblas se llevaron todo rayo de luz… de cariño… de esperanza…
Había momentos en que los vampiros se veían amenazados por súcubus, licántropos o cazavampiros, pues nunca habían tenido buenas relaciones con estas tres especies. Las súcubus se sentían especialmente tentadas a volverlos sus esclavos por toda la atracción sexual que despertaban en cualquier ser; los licántropos eran sus enemigos desde tiempos remotos cuando ambos bandos dijeran ser más fuerte que el contrario, queriendo corroborar esta afirmación con peleas constantes; y los humanos les temían por todas las historias escuchadas desde que un vampiro ocioso se dedicó a atormentar una región de Estados Unidos, mordiendo a mujeres humanas de manera indistinta, si bien era cierto que los hombres se llevaron el crédito, ellos se encargaron de castigarlo correctamente para que no volviera a repetirse ese incidente.
Por todas estas amenazas, cuando había varios ataques en fechas coincidentes, W4 se fragmentaba; las mellizas, Dylan y él tomaban misiones por separado en países e incluso continentes diferentes, al terminar se encargaban de borrar toda suciedad que afectara a la comunidad vampírica y posteriormente volvían a Londres, olvidando los detalles del trabajo realizado.
Ahora no quería eso; no quería volver a Inglaterra para olvidarse de Anju Marker, no quería que sólo fuera una misión más cumplida exitosamente, no quería tener que borrarle la memoria, no quería seguir cumpliendo órdenes sin saber cuáles eran los verdaderos objetivos.
¿Qué pasaba con él? ¿Desde cuando su percepción de todo cuanto le rodeaba había cambiado tanto? ¿Cómo era posible que en sólo unos días Anju Marker pudiera realizar ese cambio en él? No era lógico, se repetía constantemente que ella era sólo un objetivo, sin poder aceptar esa afirmación. Sabía que si Dylan estuviera despierto la misión hubiera sido suya, pues era apenas dos años mayor que Anju… al menos en apariencia. Ahora mismo, el imaginar que el rubio podría haberle seguido, espiado e incluso enamorado hacía que se molestara internamente, no quería que nadie más lo hiciera, ni ahora ni en el futuro, deseaba que esos labios fueran sólo suyos, pero también temía.
-Los vampiros son seres nocturnos, pero los Windsor somos seres de las tinieblas…
Anju era especial, era una vampiresa que rara vez se encontraba, sin importar cuántas vidas se tuviera. Por eso mismo le habían buscado y encontrado, antes que cualquier otro lo hiciera. Si bien los Windsor tenían siempre buenas intenciones en cada una de sus misiones, no podían evitar mancharse en el lodo, sus almas hacía mucho que cayeron en el abismo. Y él no estaba dispuesto a arrastrar consigo a Anju, le protegería como no pudo hacerlo con ella… no volvería a fallarle a nadie, ni a sí mismo.
Regresó sobre sus pasos con una nueva dirección en esta ocasión: el centro de la ciudad, necesitaba hallar a una vampiresa muy especial.
oOo
Se sintió vacía nuevamente, cada vez menos de ellos le daban los "Buenos días", sus bocas permanecían cerradas y sus ojos inmóviles en un punto muy lejano, poco a poco todos se convertían en aquello que representaban: juguetes normales. Salió de entre las sábanas usando su camisón blanco y comenzó a cambiarse. Se puso un vestido negro más sencillo a los que normalmente usaba, éste se ajustaba más a su figura, remarcándola; cepilló lentamente su cabello y recogió en una coleta del lado derecho, dejando sueltos algunos mechones que enmarcaran su rostro. Se contempló en el espejo unos segundos en silencio.
-Te vez rara –dijo Ren, recargado en el marco de la puerta.
-Quise probar algo nuevo –contestó tranquilamente.
-Lo sé, todos los de la familia lo sabemos, te hemos visto así varios días, ¿acaso ya no te gustaban tus vestidos o tu cabello? –se acercó más, quedando detrás de ella.
-No es eso…
-Eso parece… has estado actuando extraño…
-Simplemente quiero probar cosas diferentes…
-Entonces tal vez no te guste lo que te traje.
Sólo entonces se dio cuenta que su hermano sostenía una caja con verde envoltura y gran moño blanco, entregándosela mientras le contemplaba de nuevo.
-Lo compré hace unos días, pero no sabía si dártelo o no…
La peliplata tomó el regalo y abrió cuidadosamente, encontrando un hermoso vestido Victoriano color vino, lo sacó de la caja para admirarlo con cuidado. Se trataba de un modelo ceñido a la cintura para realzar la figura, cuya parte superior se hallaba bordada de flores en hilo dorado; cuatro volantes constituían la falda, cuya tela era vaporosa y delicada; las mangas largas presentaban holanes en las muñecas sin ser demasiado; el cuello era cerrado, cuyo corte remarcaba el busto; además, traía un moño a juego color vino con piedras incrustadas.
-Gracias, oniichan…
-Promete que te lo pondrás alguna vez, Anju –pidió susurrando suavemente en su oreja.
-Sí…
Ren le besó en la frente y salió de allí, cerrando la puerta con llave detrás de sí. Desde que Anju se escapara unas noches antes se había optado por esta medida, permitiéndole salir de su cuarto sólo a las otras habitaciones. Aunque la peliplata podía fácilmente salir de allí sabía que este encierro era sólo simbólico, pues en realidad había traicionado la confianza de su familia. Adicionalmente, Elda había interferido con su control sobre los murciélagos, por lo que se hallaba incomunicada del exterior.
Se sentó en el borde de la cama. Pasaron apenas unos minutos antes de que tocaran débilmente a la puerta tres veces, lentamente la perilla giró y la cabeza de Karin se asomó. La vampiresa sonrió dulcemente antes de entrar y cerrar detrás de ella.
-Anju…
No contestó, se limitó simplemente a mirar. Karin se había reusado terminantemente a que la encerraran, diciendo que era ilógico desconfiar de ella y sus razones para marcharse sólo una noche, quizás si conociera los motivos por los cuales lo hizo y lo que los adultos les ocultaban, su reacción habría sido distinta.
-Hoy traje una tarta de fresa del trabajo, sé que la comida humana te sabe a arena, pero pensaba que podría comerla contigo mientras bebes un vaso de sangre –le dijo sonriendo.
Se sentó en una silla cercana mientras sacaba una botella de sangre y un vaso para Anju y una rebanada del postre para ella. La peliplata tomó el vaso, siendo servida por su hermana. Lo cierto es que últimamente no había comido correctamente, además de que no quería desechar el gesto que Karin tenía con ella en un intento por animarle un poco.
-Papá y mamá fueron muy estrictos –comentó la adolescente-, a veces olvidan que no somos unas niñas, es justo que de vez en cuando salgamos a distraernos. Dime… ¿estabas con Connor?
El vaso se quedó a sólo unos centímetros de sus labios. Miró a Karin, quien le veía de forma traviesa mientras le señalaba con un tenedor para tarta.
-No diré nada, Anju –le sonrió pícaramente-, tú me ayudaste muchas veces con Usui-kun, creí que podríamos tener esa complicidad entre hermanas. Así que dime, ¿estabas con él?
Se limitó a asentir apenas perceptiblemente, con lo cual Karin soltó un pequeño gritito de felicidad y llevó ambas manos a sus mejillas, sonrojándose débilmente.
-Me alegra tanto, Anju. Connor es muy lindo –se llevó un pedazo del postre a la boca-. Estoy segura de que tú también le gustas.
En respuesta, la peliplata se sonrojó. Karin terminó de comer el bocado y notó que la menor se ponía nerviosa, comenzando a jugar con el vaso entre sus manos mientras mantenía la vista gacha.
-No me sorprende que él me haya dado esto.
Le extendió un papel doblado, tomándolo con prontitud. Karin sonrió nuevamente mientras veía cómo leía lo escrito y lentamente brillaban sus ojos. Comprendió de inmediato que Anju estaba enamorada, enamorada de quien no debería estarlo, según sus padres. Elda había amado a un humano hace mucho tiempo y ella misma ahora amaba a Usui, ¿quiénes eran para negarse a que saliera con un vampiro?
-Oneechan…
-No te preocupes, Anju, no la leí, no sería correcto.
Karin le abrazó y luego recogió todo antes de salir, cerrando detrás de sí. Por su parte, Anju se paró, dándole la espalda a la ventana. Vio una sombra negra en el piso de la habitación y luego, escuchó tres débiles golpes en el vidrio de la ventana. Se volvió rápidamente para toparse con Connor del otro lado. Corrió hasta él y abrió la ventana, permitiéndole el paso.
-"Iré a verte en cuanto se marche tu hermana" –repitió palabra por palabra lo escrito en la carta.
-Fue arriesgado –le dijo.
-¿Acaso prefieres que me marche? –le miró fijamente, haciendo que se turbara.
-No… no dije eso… –agachó la mirada sonrojada.
-Me alegra oírlo.
El peliplata contempló con detenimiento todo el cuarto, notando que nada había cambiado desde la última vez que estuvo allí, la noche en que los Windsor llegaron de Inglaterra y pasaron a visitar a toda la familia Marker, ahora Maaka. Se percató del cambio de apariencia de Anju, la cual parecía ahora un par de años mayor.
-Te ves linda –acarició su mejilla izquierda con un pulgar mientras le sonreía.
-A Ren no le ha gustado –comentó, mirándolo fijamente.
-No importa mucho, sino que a ti te guste… ¿te gusta?
-¿A ti te gusta? –se sonrojó, desviando la mirada.
-Ohhh, vaya, ¿es por mí? Debo sentirme halagado.
-No… no dije eso…
Connor se rió ligeramente al ver su cara de turbación, luego simplemente le besó en los labios, como quería hacerlo desde hace mucho. Anju correspondió el beso, cerrando los ojos en cuanto sintió su contacto. Se separaron segundos después.
-Me gusta mucho –contestó a su pregunta-, pero también me gusta tu otro estilo; sin embargo, te ves linda con cualquier cosa que te pongas.
Ella volvió a turbarse ante ese comentario, por lo que deseó cambiar de tema.
-¿Por qué le has dado un recado a mi hermana?
-Quería verte y disculparme por haberte metido en aprietos, más lo primero –sonrió ligeramente.
-Tú también debiste haber sido regañado.
-Sí, pero puedo con eso.
Le atrajo contra sí, abrazándola suavemente, le gustaba la forma en que cabía entre sus brazos y se recargaba sobre su pecho. Le tomó de la barbilla, obligándola a verlo y volvió a besarle, necesitando probar esos labios de nuevo.
-Vaya, tal parece que has sido descuidado, Connor-kun.
Se separaron al escuchar la voz de Elda detrás de sí, sólo para topársela allí, mirándoles fijamente, su cara no era amigable.
~ƱΩƱ~
-Yo nunca cumplí esa promesa…
