Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Ángel Oscuro

(Dark Angel)

Un fic de Camaro

Traducción por Apolonia


Advertencia: Ángel Oscuro gana su clasificación.

El agua caliente se vertía a través de su enmarañado cabello, filtrándose en sus poros y enjuagando la suciedad y la sangre que había estado impregnada dentro de ellos por días. Ahhhh. ¡Oh Dios! ¿Se SUPONÍA que una ducha se sentiría así de bien? Ni siquiera podía recordar la última vez que se había sentido tan completamente contenta por algo tan exiguo como un rocío de agua limpiando su enredado cabello y desaliñado cuerpo. Extraño cómo las cosas más pequeñas en la vida se vuelven lo más significativo cuando se es negado por tanto tiempo.

Y lo que él dijo. Todo. Era como, como si ni siquiera fuera real. Como uno de esos cuentos de hadas donde la bestia sin corazón libera su alma por primera vez, abierta y obvia al que obviamente siempre se lo ha negado. Las lágrimas... esas lágrimas de sangre. ¿Cómo podían parecer tan puras? No eran claras como debían ser las lágrimas. Lejos de eso... manchas rojas y carmesí cayendo en ríos que inundaban sus ojos por segunda vez en toda su vida. ¡La segunda vez! ¿Cómo se puede hacer eso?

¿Cómo se puede cesar la efusión de lo que es tan natural para los dolientes? Pero ella no había sido educada como él. Las lágrimas no eran vergonzosas. En realidad no. Eran una abierta pantalla al alma que estaba encerrada en su interior. Reconocimiento exterior del dolor y la pena tan prevalente dentro de un corazón de luto. Pero le había mostrado eso a ella. Le había dado algo que no podía echar a atrás, ni algo que quisiera dejar pasar.

Le había dado su prueba. Prueba que dentro de esa fría, hermosa fachada había un corazón que latía. Un alma. Un ser con limitaciones e imperfecciones. Y él había estado tan sorprendido como ella por la situación. Dudaba que incluso él entendiera las emociones, probablemente estaba despreciándose mientras se sentaba afuera esperando por su regreso.

La había rescatado. ¿Saben cómo la había hecho sentir eso? Era como... como si ella fuera todo. Ella era lo único que importaba. Ese Averno... eso fue mortal. Había arriesgado su vida por ella. Se había derrumbado frente a sus mismos ojos y no era algo que olvidaría pronto. No era algo que dejaría pasar.

Estaba allí. Puro y verdadero aunque él pudiera o no aceptarlo en lo absoluto. Aunque podía entender la negación. ¿Cuántas veces había pretendido que no lo amaba? ¿Hm...? ¿Cuántas veces había luchado contra sí misma interiormente, su alma y su corazón, todo haciendo equipo por el mero hecho que quería olvidarlos. Pero estaba allí. De todas maneras. Como una vela que parpadea en la noche más oscura. No... no me puedo dar el lujo de tales analogías. Porque no era nada como una vela. nada en absoluto. Estaba allí. Estaba ardiendo como el mismo Averno, brillantemente lamiendo la oscuridad con su innegable calor y absoluto poder que nunca podría ser penetrado o definido.

Y quemaba dentro de ella, apasionado y libre, no la clase de fuego que ardía fácilmente por mera agua. Era una llama que quemaba por sólo uno, uno de todos los Ángeles y Demonios que había encontrado alguna vez. Era él. Estaba cansada de ocultarlo. ¿Cuál era el punto cuando era tan obvio para sí misma? ¿Cuál era el punto de ocultarlo cuando era tan obvio para él?

Suspirando... apagó el inmenso rocío de agua caliente, cerrando sus ojos mientras el último chorro se drenaba a través de su cabello antes de salir de puntas de pie de la tina.


'Dios... qué debe estar pensando.' gruñó interiormente, agarrado a su propia cama mientras ella se entregaba en una muy necesaria ducha en su inmaculado baño. Era inquietante... esta repentina urgencia, esta intención de necesidad por ella. ¿Y cuál carajo era su problema de todos modos? ¡Ah! Lo enfurecía tanto que hubiera invocado a tal despliegue de manipulación, arrojando su corazón sobre la arena del desierto como un idiota balbuceante, llorando como un niño. Era ridículo. ¿Cuán patético se había vuelto? Llorar como un niño castigado. ¡AH!... ¡Era casi más de lo que podía soportar!

El gran Rey del Infierno... el orgulloso Rey, reducido a lágrimas y angustia por una simple mujer. Oh... y si todo ESE escenario no fuera lo malo suficiente, ella era un Ángel. ¡UN ÁNGEL! ¿Saben lo prohibido que era eso? ¿Lo saben siquiera?

Lo había ignorado en el pasado, pasando por alto lo obvio por el mero hecho que no le importaba que ella estuviera preocupada. Ahora, tal cosa era un problema. Se había abierto a ella, Demonios. Se había abierto a sí mismo. Pero eso significaba algo. Y esta constante tensión en su pecho, este incesante revoloteo. Esa no era una sensación conocida o entendida por él.

Maldito Ángel. ¿Cómo podía hacerle esto? Hacerlo algún cursi, patético juguete con nada que mostrar. Maldito él. Maldita ella. Malditos Ángeles. Mald-

"¡MALDITA SEA!" Sus cejas se levantaron mientras veían una curvilínea pierna, seguida por otra mientras ella hacía su camino fuera del baño, envuelta sólo en una ajustada bata negra de satén que apena tocaba sus sedosos muslos.

Luchando contra el aparente enamoramiento de sus ojos por ella, él simplemente dio una tonta sonrisa, de la que estaba por LEJOS orgulloso, y alejó su rebelde mirada. Estúpidos ojos. Por qué no podían escuchar, tan intensos en mirarla como estaban. ¿Y cuál es el problema de todos modos? No era como si no hubiera siempre insistido en vestirla como a su propia Barbie persona, pero ahora... algo definitivamente había cambiado entre ellos. No la veía más de la misma manera. Había crecido desde que se había ido, volviéndose más fuerte y por lo tanto ganando su respeto.

Ella, por cualquiera que fuera la razón, parecía completamente ajena a la guerra personal haciendo estragos dentro de él, simplemente secando su cabello con una toalla mientras estaba de pie frente a él. ¿Se daba cuenta incluso lo insaciablemente sexy que era? Seguro, sus piernas estaban tan manchadas con negro y azul como un Dálmata, su cabello estaba empapado y volviéndose más y más enredado mientras se lo arrugaba con una toalla y sin embargo, estaba luchando con sí mismo para no mirar boquiabierto a su abrumadora belleza.

Sus pálidos ojos sólo miraron a los suyos, nada diferente de la manera que siempre lo había mirado. Sus negras pestañas parpadearon, el diminuto gesto enviando más revoloteo a su estómago. Y luego lo hizo, casi saqueando cualquier recurso de auto control fuera de la ventana.

Se puso a horcajadas sobre su cintura tan audazmente que sus ojos se ampliaron casi en miedo, aunque emoción danzaba círculos alrededor de sus pupilas. Y luego sólo se sentó allí, mirando su reacción mientras lazaba sus manos detrás de su cuello y miraba en sus perforadoras orbes negras.

"¿Vegeta?" Dijo en una sensual voz y falsa confusión. "¿Me extrañaste?"

Él sonrió maliciosamente, envolviendo sus brazos a su alrededor y sosteniendo su cuerpo cerca del suyo, disfrutando los pequeños chirridos de placer que sonaban de ella. La miró desvergonzadamente, desde su delgado, bien formado cuello a la amplia subida y bajada de su pecho, luego más y más abajo hasta que sus ojos sin Dios tuvieron su lleno de las increíbles curvas que alineaban su estructura.

Acariciando su cuello sugerentemente y disfrutando las gotas de humedad que mojaban su rostro de su cabello, rió malvadamente, su caliente aliento en su garganta enviando escalofríos por su espalda.

"mmmmm... Por supuesto Ángel." Sus colmillos brillaban mientras los corría a través de la fina carne de su garganta, escuchando un leve jadeo deslizarse a través de su esófago. Amaba burlarla, jugar con ella. Levantando su cabeza levemente, besó su mentón casi de manera juguetona, sonriendo con deleite mientras ella bajaba su cabeza, permitiéndole más acceso. Corrió su lengua de manera sugestiva por el medio de su garganta, sintiendo los frágiles huesos y a su diminuta nuez de Adán debajo de la tierna carne.

Ella gemía, posicionando su cuerpo incluso más cerca de su cuerpo, sus cuerpos tocándose mientras ella envolvía sus largas piernas alrededor de su cintura. Un diminuto respiro de aire fue su única respuesta mientras las manos de Vegeta se apretaban en su espalda baja, facilitando su camino hacia abajo para sostener sus mejillas. Ella rió levemente, recordando su ingeniosa observación meses atrás cuando había dicho que tales demostraciones eran completamente normales para los Demonios. ¡Bah! ¡Imposible, hombre!

Incluso más suavemente, el Demonio levantó su mano a su garganta, alejando el fino material que cubría su cuello y hombros y besando cada pulgada expuesta. Ella gimió fuertemente, presionando sus pechos contra su pecho mientras su cálida, húmeda boca devoraba su garganta en el perfecto lugar, enviando sensaciones terroríficamente cálidas a las partes más extrañas de su cuerpo. Parecía que sabía exactamente donde tocarla, exactamente donde acariciar y besar para enviarla casi a su mundo y que su auto control se derrumbase.

Podía sentir su cálida mano descansando sobre su muslo, la cercana proximidad a su vagina casi pasmosa mientras su dedo pulgar danzaba peligrosamente cerca. Podía sentir esto... este extraño calor filtrarse de ella, sus músculos allí abajo contraccionándose y sintiendo como si estuvieran hinchados o algo. No podía descifrar si eso era algo malo o si... si le gustaba.

Sus uñas se hundieron casi inconscientemente en su espalda mientras él tomaba una enorme cantidad de su hombro en su boca y lo chupaba, dándole un innegable evidente chupón en el proceso. Ella se alejó y lo miró, intentando inclinar su cabeza con el fin de examinarlo.

"Ack. ¡Vegeta!" Reprochó, viendo su obvio placer en su incomodidad ante la brillante marca roja. Él siempre tenía esa malvada sonrisa en su rostro cuando sabía que iba a molestase con él. Positivamente adoraba en excitarla y no tenía intención alguna de ocultar el hecho.

"¿Qué?" Reflexionó, sonriendo mientras inclinaba su cabeza hacia atrás y la besaba suavemente en los labios, viendo la manera en que ella se enrojecía ante tal tierno despliegue. Amaba que pudiera recibir tantas diferentes, contradictorias reacciones de ella con ciertos actos. Besarla suavemente y se sonrojaba. Besarla duro y reaccionaba. Darle un chupón y gruñía. Era agradable por decir lo menos.

De repente, una muy seria mirada se adjuntó a sus hermosas estructuras faciales, alejando la temporal diversión del momento. El nerviosismo se hizo charcos en la boca de su estómago, filtrándose en sus piernas. Sus ojos se enterraron en los suyos, extrema concentración mientras hacía la pregunta que suponía que eventualmente tendría que responder.

"¿Mataste a mi padre?"

Se detuvo por un momento, sólo mirándola en respuesta, curioso de si sus ojos podían hablar volúmenes por sí solos.

"¿Qué piensas Princesa?" Preguntó, con toda honestidad queriendo saber. Le había dicho antes que él no había tomado parte en la caída del Gran Rey pero, ¿le creía? Ella pareció un poco incómoda por la pregunta, sus ojos cayendo a algún lugar pero en compás con los suyos. Metió sus húmedos mechones detrás de sus oídos, tragando duro mientras él esperaba pacientemente por una respuesta.

"Yo..." Comenzó, sin tener idea de qué saldría después. "Quiero creer que no lo hiciste." Dijo honestamente mirando mientras un diminuto destello de indignación siguió en los ojos de él.

"¿Pero?" Preguntó, levantando una sospechosa ceja a su nerviosa figura.

"Pero yo sólo... Él se fue Vegeta." Susurró, por primera vez dándole una pista al Demonio del dolor y la pena que tal revelación había causado. Lágrimas comenzaron a formarse en su párpado inferior, hundiéndose por sus pestañas y temblando para ser liberadas.

Alzó la vista al techo, limpiando sus húmedos ojos con sus dedos e intentando pretender que no estaba matándola por dentro decir esto.

"Y no puedo traerlo de nuevo..." Las lágrimas parecían destinadas a caer libres mientras intentaba furiosamente alejarlas, sólo para tener otra que siguiera su lugar. Vegeta estaba sin palabras, mirando al hermoso ser levantado en su regazo que estaba luchando una batalla que ambos sabían que eventualmente perdería. Intentó muy duro en ser fuerte y él sabía lo que debía significar para ella. Incluso aunque pretendía que era fuerte e inquebrantable, la culpa y el odio todavía estaban enterrados en ella, pesando al frágil cuerpo hacia abajo.

"Recuerdo..." Rió, todavía limpiando sus ojos con sus palmas... "cómo solía sacarme a las afueras de casa y decirme cada clase de flor que había y cómo." tragó duro. "Y cómo cada una tenía un lugar. Cada una tenía un propósito. Como... como que en alguna manera, de algún modo todas formaban parte en un gran diseño. Todas eran importantes."

Él no podía comprender bien lo que estaba diciendo, lo que estaba intentando decirle. Hablaba en acertijos desconocidos para sí misma. De cualquier manera, él la sostuvo más fuerte, asegurándola en su propia manera que su dolor y derrumbe no era vergonzoso ante sus ojos. ¿Cómo podía serlo? Era un honor, extraño como sonara.

"Solía regañarme todo el tiempo." Rió de nuevo, esta vez sonando amarga y fría con poco o nada de humor lazando su risa. "Solía decir que yo... intentaba ser algo que no era. Que siempre estaba en el lugar equivocado, haciendo lo incorrecto, en el momento erróneo. Solía gritarme que 'encontrara mi lugar'. Pero..." rió de nuevo, sosteniendo su cabeza gacha en vergüenza.

"Me pregunto si hubiera estado..." se detuvo, alzando la vista y aparentemente decidiendo no terminar su oración.

"No... dilo." Vegeta ordenó, sabiendo que mayormente despreciaría el comentario pero sin embargo no la tendría de otra manera tan perfectamente honesta con él. No era honorable ocultar una sentencia después de casi liberarla por completo.

Ella sonrió, reordenando sus palabras en su mente antes de decirlas en voz alta.

"Me pregunto si hubiera estado orgulloso de mí, ¿sabes?" Dijo, mirándolo a los ojos. "...Si hubiera... hubiera odiado en dónde estoy ahora. Hubiera odiado con quién elegí estar." Alejó la mirada, limpiando sus ojos una vez más con el dorso de su mano.

"No sé por qué siempre significó tanto para mí." De nuevo, lo había perdido con su comentario.

"¿Qué quieres decir?" Preguntó, honestamente muy curioso de lo que quería decir.

"Supongo que simplemente no sé por qué significaba tanto para mí hacerlo sentir orgulloso, ¿sabes? Sólo verlo sonreír y," Rió de nuevo, esta vez sonando más genuinamente alegre. "Y sólo ver esa mirada que siempre tenía en sus ojos cuando finalmente había hecho algo bien. Esa... brillante mirada que siempre decía que estaba orgulloso de mí."

Vegeta no podía creer que ella básicamente hubiera resumido las emociones y súplicas mentales que lo habían plagado por la mayor parte de su vida. Por todas sus diferencias, el Ángel y el Demonio se estaban pareciendo más y más cada día.

Aún así, lágrimas parecían contenerse en caer en cascada por sus mejillas aunque se quedó mirando fijamente al techo, esperando que simplemente se hundieran en su saco de lágrimas del que se habían escapado. Pero sus suaves dedos empujaron las fugitivas cuentas de su piel, mirando tiernamente a su rostro.

"Entiendo Ángel." Susurró, plantando sus labios sobre los de ella, tan suavemente que fue como si una mariposa simplemente hubiera volado y tocado su boca con sus diminutas alas.

"Sólo... sólo desearía saber que hubiera aceptado esto. Que te hubiera aceptado a ti." Susurró levemente.

"Lo sé... lo sé." Le aseguró, besando los párpados de sus ojos mientras sus dedos corrían a través de su cabello húmedo.

"Pero no te preocupes. No puedes borrar los prejuicios que tu padre tenía." Sacudió su cabeza, estando de acuerdo con él mismo "No puedes borrar los sentimientos que habían integrado en sus creencias desde antes del comienzo del tiempo. Es natural despreciar lo que no podemos entender y muy difícil aceptarlo. No puedes traerlo de vuelta... Eso es cierto." Suspiró, abrazándola más cerca y sumergiendo su rostro en su garganta mientras exhalaba profundamente.

"Pero puedes creer lo que tú misma sientes y no intentar y negar simplemente porque no puedes entenderlo. No siempre podemos entender por qué hacemos las cosas que hacemos... No siempre podemos aceptarlas tampoco. Pero podemos intentar cambiar las creencias que nos enseñaron si sabemos que están mal."

Se alejó de ella, rozando sus labios con su pulgar, mirando mientras ella sonreía por su razonamiento.

"Hay diferencias entre nosotros Ángel. Ambos lo sabemos." Le sonrió en respuesta, sus oscuros ojos brillando con el gesto y sus labios centelleando hacia ella.

"Sólo importa si intentamos negar o aceptarlas." Terminó, agarrando su rostro con sus manos y llevándolo hasta sus labios, uniendo con los suyos y disfrutando cómo su cuerpo parecía derretirse en el suyo con el apasionado gesto.

En una cuestión de momentos, el diminuto beso había erosionado, sus bocas explorándose una con la otra con sensualidad sólo entendida por los amantes de primera vez, incertidumbre e inseguridad prevaleciente mientras sus manos danzaban a lo largo de su cuello, corriendo círculos a lo largo de su bata de satén.

Su estómago hacía cosquillas ligeramente mientras sus dedos se deslizaban a lo largo de la parte inferior de su camisa, con la intención de quitarla sobre su cabeza mientras él aceptaba con gracia, arrancando sus labios de los de ella mientras el fino material de cuero era arrojado al suelo y sus manos exploraban los maravillosos esculpidos cinceles de su inmaculado pecho. Él simplemente la miró con intensos y perforadores ojos mientras sus dedos viajaban a lo largo de tajos y cicatrices de su finamente entonado estómago, tocando las cicatrices de batallas que caracterizaban su cuerpo, junto con moretones y restos de ambos ella y Kakarotto, su nuevo socio de entrenamientos diarios.

Corrió sus uñas a lo largo de las cicatrices en su pecho, cerca de su clavícula. Inclinando su cabeza hacia abajo, llevó cada una a su boca y las besó una a una, trazando sus dedos a lo largo de su lastimado estómago mientras él suspiraba con éxtasis.

Besó hacia arriba a su cuello, su cálido fresco aliento haciendo cosquillas a los músculos de su garganta y su húmeda boca causando a su sensible piel un hormigueo. Sintió sus dientes morder en su lóbulo, una suave risa escapando de su boca mientras la experiencia le daba ambos cosquillas y placer, ninguno de los dos podía decidirse como el sentimiento dominante.

De repente se echó para atrás, una intensa mirada pegada sobre su rostro mientras lentamente desataba el cinto de su bata. Se desenredó los confines de la cinta de seda, tímidamente quitando la bata de sus hombros y exponiendo más piel desnuda para que sus negras orbes pudieran deleitarse con el festín.

"¿Qué estás haciendo?" Preguntó él, su mirada quemando en la suya, inseguro si ella realmente sabía lo que quería decir ese gesto.

Sus ojos se ampliaron en incredulidad mientras ella deslizaba el sedoso material al suelo, sentándose completamente desnuda sobre su regazo en toda su gloria sin rival.

"Aceptando nuestras diferencias." Susurró, tomando su mano y poniéndola sobre sí misma, permitiéndole a sus dedos explorar dónde querían. Nunca había experimentado algo como esto y el miedo era tan prevalente como su deseo que despertaba.

Él la tocó con atención, deslizando sus manos a su garganta y acercándola más, besándola en un gesto reafirmante de entendimiento y aceptación. Corrió sus manos a través de su cabello, mirando de manera prometedora a sus ojos como si asegurándole que él no haría nada que ella no estuviera segura de hacer.

Lentamente, ella sintió sus manos rozar sus pechos, calentándolos en el frío de la gran, oscura habitación mientras estaban sentados en el borde de su cama tamaño King con gran dosel, cubierta en sábanas de negro lazo, invisibles al resto del mundo. Sintió escalofríos gotear como agua por su espalda, la sensación de otro ser tocarla tan extraña como cualquier cosa que se hubiera encontrado jamás.

Pero... le gustaba.

Sus grandes manos tomaron sus pechos, moviéndolos con movimientos circulares mientras la besaba una y otra vez, ocasionalmente moviendo sus labios para torturar alguno otro lugar que quisiera probar de su cuerpo. Dejó que su lengua goteara a lo largo de su garganta y clavícula, mirándola sexualmente a los ojos mientras se movía más abajo, sosteniendo uno de sus pechos mientras besaba alrededor de él, sonriendo para sí mismo mientras ella jadeaba e inclinaba su cabeza hacia atrás para más.

Envolviendo sus musculosos brazos alrededor de su descubierta espalda, dejó a su boca viajar a través de las maravillas de sus carnosos pechos, besando entre medio mientras ella gemía y enterraba sus uñas en sus hombros, inconscientemente poniendo su cuerpo debajo contra su cubierto regazo.

Tuvo que ahogar un grito mientras su caliente, húmeda boca absorbía su pezón, el calor y la humedad de su lengua envolviéndose alrededor de él casi sacándola de su regazo. Nunca había sentido algo como esto, toda la experiencia tan aterradora como placentera. De nuevo mientras intentaba contraer sus músculos vaginales, ellos parecían débiles e hinchados, emitiendo una extraña clase de calor.

Como si sintiendo su incomodidad, ella sintió sus dedos caer como gotas por su estómago, descansando sobre su abdomen como si pidiendo permiso antes de sumergirse más abajo hacia la fuente del extraordinario calor. Sintió un dedo insentarse a medio camino en ella, jadeando y bajando la vista mientras iba más abajo la siguiente vez.

Ambos parecían intensos en mirar mientras su mano se frotaba en el exterior, su dedo administrando lenta tortura desde adentro. Ambos estaban respirando con dificultad mientras miraban a un segundo dígito unirse al primero, separando la abertura vaginal y desapareciendo una y otra vez. Él alzó la vista a sus ojos, una sonrosa estirándose en sus labios borgoña mientras ella comenzaba a mover su cuerpo a tono con su mano, de arriba a abajo e insertando sus dedos más y más profundo con cada embestida.

Podía sentir cuan estrecha era, el pensamiento casi enviándolo por la borda mientras la diminuta rendija se abría más y más con cada suministro de sus manos, cada malvado sondeo de sus dedos. Ella comenzó a jadear, moviendo su cabeza hacia atrás mientras los gemidos absorbían la habitación, cerrando sus ojos mientras dejaba que los dedos se hundieran más y más profundos dentro del bolsillo de sus muslos inferiores.

Él sonrió mientras las paredes se contraían alrededor de sus dígitos, calientes y húmedas mientras continuaba hasta que ella estuviera casi gritando. La jaló más cerca aún, repitiendo los deseos de su boca sobre sus pechos, mordiendo suavemente con cada embestida. Aparentemente sus colmillos no habían sido tan amables lo suficiente mientras un diminuto chorro de sangre huyó del lado de su pecho, siendo limpiado rápidamente por su lengua.

Pero ella no le prestó atención, casi sollozando mientras una explosión aparentemente erosionaba dentro de ella, alguna clase de bomba corporal estallando en el momento más inoportuno. Agarró a Vegeta, casi estrangulándolo mientras esta enorme, construida pared de placer aparentemente explotaba, dejándola penar si necesitaba atención médica. Y no podía parecer soltarlo, completamente con la intención de ahogarlo hasta su último aliento.

Sin éxito, él intentó sacar sus brazos de su cuello, contentándose con su extrema fuerza. Pero mientras más intentaba, más duro sostenía ella, por cualquier razón con miedo a dejarlo ir.

"Bulma..." susurró, pero no muy seguro si el bajo tono era un resultado del controlado volumen o el mero hecho de que estaba lentamente siendo estrangulado.

"No." Gritó, si fuese posible agarrándolo más fuerte.

"Bulma suéltame."

"No." Repitió, colgándose como si su vida dependiera de eso, a este punto, iba a creer que era cierto.

"Ángel... vas a matarme. Tuviste un orgasmo, ¿verdad? Estás bien." Susurró, sólo levemente asegurado mientras su asfixiante agarre disminuía una fracción.

"¿Un organismo?" Dijo suavemente en su oído mientras sus manos suavizaban a lo largo de su espalda asegurándola.

"No. Un orgasmo." Pero tan rápido como había intentando confortarla, el agarre mortal se apretó una vez más mientras ella sacudía su cabeza, enterrando su rostro en su cabello.

"No me importa como lo llames... voy a morir."

Está bien, lo intentó. Realmente lo hizo, pero no pudo evitar sino reír en voz alta mientras mientras ella exclamaba sobre su condenado futuro. Ella se apartó insultada, frunciendo el ceño furiosamente mientras él reía por su expresada consternación ante su cuerpo que actuaba extraño.

"¡No morirás! Sólo terminaste, ¡eso es todo!" jadeó entre risas, tratando muy pobremente de no romperse y tener una histérica batalla de risa justo allí y entonces.

"¿Se sintió mal?" Preguntó inquisitivo, amando cómo ella parecía sonrojarse ante la pregunta aunque todavía desnuda y sentada en su regazo.

"Bueno." Tartamudeó ella, evitando su mirada todo el tiempo. "No, se sintió..." Alzó los ojos para mirarlo, una pequeña sonrisa tratando de arrastrarse a través de sus rasgos de preocupación.

"Se sintió bien. Realmente bien." Sonrió, sólo dándose cuenta entonces que sus dedos todavía estaban dentro de su abertura, casi estrangulados por el extremo endurecimiento de su cuerpo.

"Hmm..." Suspiró, cerrando sus ojos mientras sus dedos se deslizaban fuera de ella. "Sabe bien también."

Ella miró con fascinación mientras él corría su lengua a lo largo de sus dedos antes de sumergirlos en su boca y sacarlos de nuevo, húmedos y empapados con su propia saliva.

Gimió ante el misterioso sabor, sin tener idea de cuan curiosa Bulma parecía estar al respecto de toda la demostración. Tímidamente, ella inclinó su cabeza hacia sus labios, separándolos e insertando su lengua en el calor de su boca, probándose en su interior.

Lentamente, comenzaron a besarse de nuevo, sus mandíbulas moviéndose poderosamente contra el otro en una secreta lucha, sus manos contentas de examinar sus curvas una vez más.

"Uhh..." Gimió ella, cerró sus ojos mientras se separaba de él, sus dedos tirando de sus pantalones.

"Hazlo de nuevo." Rogó, lamiendo sus gruesos labios e inclinando su cabeza hacia atrás.

"Hazme terminar."

Él la miró malvadamente, una sonrisa estirándose en sus bronceadas mejillas hasta que hoyuelos se mostraban radiantes incluso en la habitación levemente iluminada. Un erótico brillo irradió en sus negros ojos mientras la posicionaba abajo en la cama, separando sus piernas y mirando con una intimidante sonrisa mientras inclinaba su rostro hacia abajo.

Ella gritó, su espalda levantándose de la cama mientras la humedad de su lengua devoraba su apertura, sus labios abriéndose mientras él la absorbía en su boca, profundizando sus dedos una vez más en ella de nuevo y de nuevo hasta que estuviera gritando por su segundo orgasmo, sus uñas estirándose y cortando las finas sábanas en las que estaba enredada.

Casi parecía más poderoso que el primero ya que no había sido tomada desprevenida. Devastó su cuerpo con energía, penetrando cada parte de su extraña sensación de calma que empapaba incluso los dedos de sus pies con su bendición. No podía explicar si lo intentaba, ambos por la vergüenza y la falta de palabras para hacerlo en un encuentro de justicia.

Se recostó allí, completa y totalmente arraigada con éxtasis, nunca imaginando que tal experiencia pudiera suceder en el Infierno cuando las cosas más hermosas se suponían que estaban en el Paraíso. Él se movió hacia ella, acariciando su cuello con su gran sonrisa, contento con el conocimiento que había sido el primer hombre en mostrarle algo que había entregado innumerables veces antes. Él no necesitaba el placer... era más satisfactorio dárselo a ella.

"Vegeta..." Susurró de nuevo al aire, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello, sus ojos lleno de maravilla y una extraña clase de miedo.

"Vegeta. Quiero que tu... que..." No podía terminar la oración mientras sus ojos se enterraban fuertemente sobre los de ella, buscando por la respuesta a su súplica.

"Quiero que estés dentro de mí."

Ante la orden, su mano procedió hacia abajo una vez más, los dedos curiosos de cuantas veces podían hacer a esta increíble criatura gritar en una noche. Pero ella tomó su muñeca antes, mirando intensamente a su insondable mirada.

"No... todo de ti."

Sus ojos se ampliaron ante el conocimiento de lo que ella quería. ¿Se ampliaron por mera excitación y felicidad o con incertidumbre? Supongo que nunca lo sabré verdaderamente. Pero imaginaría que es alguna clase de combinación.

"Ángel yo..." No podía parecer terminar, sus ojos mirando hacia abajo, lazados con intriga ante su extraña propuesta. Algo dentro de él se retorció, corrido con este sentimiento de culpa que si de hecho iba con lo que ambos querían, después en su vida se arrepentiría de hacerlo. ¡Como si no estuviera bastante maldecido por Dios! ¿Cómo podría exactamente explicar esto después de la muerte?

Pero su egoísta deseo y su curiosidad eventualmente dominaron la batalla, los labios del Ángel temblando con anticipación mientras él corría los suyos a lo largo de su estómago, por su mentón. La besó apasionadamente, envolviendo sus brazos alrededor de su cintura y arrastrándose sobre ella, ambos sacando sus pantalones en el torpe proceso. Encorvándose entre sus cálidos muslos simplemente la miró, sin hacer movimiento alguno para completar lo que ambos deseaban más allá de toda consciencia o razón.

"¿Estás segura?" Respiró en sus labios, ojos juntándose mientras piel desnuda rozaba contra piel desnuda. Él nunca había preguntado tal cosa, nunca le había preocupado antes. Una concubina era una concubina. No había ninguna "seguridad" al respecto. Para eso eran. Pero esto era diferente. Él estaba tomando algo de ella que ella nunca podría recuperar. No podía hacer eso sin saber que lo quería, ambos con su cuerpo, pero mayormente... frunció el ceño... con su corazón.

Con una leve sonrisa y un ferviente beso, Bulma selló la pregunta eternamente, jadeando mientras él se inclinaba hacia abajo y besaba su garganta, mordiendo su oído suavemente mientras se agarraba e insertaba a su miembro de a partes. La cabeza de ella voló hacia atrás, su cuerpo levantándose de la cama mientras sentía músculos y piel ser empujados a ambos lados o atravesados. Lágrimas tocaron sus ojos levemente, de alguna manera por el dolor del sexo pero también por los gritos de dolor que caía en cascada de sus rotas alas.

Como si sintiendo toda su incomodidad, Vegeta se removió, sólo una leve cantidad dentro de su abertura mientras agarraba su cintura, elevándola una vez más en su regazo como si evitando lastimar sus alas.

"Toma lo que puedas manejar." La alentó, su aliento viniendo en profundas, guturales ráfagas mientras se acomodaba en sus muslos y viraba hacia arriba dentro de la grita. Le dio el control, algo que de hecho nunca había hecho, para no lastimarla.

La besó profundamente, sus lenguas deslizándose dentro y fuera de la boca del otro mientras ella lentamente comenzaba a trabajar el espesor dentro de ella. Todavía dolía... dolía a un grado que difícilmente había esperado, sólo añadiendo a la extrañeza de la situación, porque nunca había sentido un dolor allí abajo antes, al menos no como esto. ¡¿Se suponía que sería así de grande? Es cierto, nunca había visto a un hombre desnudo antes pero esto... Esto era casi muy cerca de lo insoportable. Pero algo dentro de ella... le gustaba.

Ganaron velocidad, aunque sólo una moderada cantidad mientras ella era levantada por ambas manos y por el acorde de su propio cuerpo, subiendo y luego cayendo mientras se deslizaba más y más dentro de su humedad. Era la extraña clase de placer, y aunque no podía explicarlo, amaba el dolor. Estaba enamorado de él, empujándose más y más duro con cada embestida sólo para sentir su picazón una vez más. Cada músculo y sistema nervioso estaba en las alturas mientras la dura creación se profundizaba dentro y fuera, causando extrema fricción con ciertos lugares que casi la enviaban a un orgasmo vertiendo sobre ella una vez más, sólo más tarde para averiguar que esas zonas se llamaban puntos G.

Gimió y jadeó con cada movimiento que causaba, inclinando su cabeza hacia atrás mientras sus afilados dientes corrían a través de su garganta, su propia respiración disparada mientras sus músculos comenzaban a endurecerse y su agarre se volvía más y más fuerte. Diminutas venas aparecieron alrededor de sus sienes y su mandíbula se apretó mientras continuaba empujado su cuerpo a tiempo con el suyo propio. Parecía tomar más aire de lo que estaba soltando, apretando sus colmillos juntos mientras continuaban con su exótica tortura.

Y luego, incluso mientras había empezado a sentir su presencia acercarse una vez más, el orgasmo golpeó su sistema de nuevo, humedad de su propio cuerpo vertiéndose sobre su parte escondida y las paredes de su vaina golpeando a su alrededor.

Él gritó, luchando contra la amenaza de su mano de apretarse alrededor de ella mientras sentía su control escapar, traído por su extraordinaria estrechez e increíblemente poderosos músculos. Apretó sus dientes juntos para aflojar altura dentro de ella, sintiendo su cuerpo tener espasmos ante la desconocida sensación. Fue entonces que vio la primera de las lágrimas inundarse desde sus ojos, goteando horriblemente por sus mejillas y cayendo a su mentón. Sus manos frotaron de arriba a abajo de su espalda, Vegeta luchando contra sus ojos de no irse hacia atrás de su cabeza mientras el placer se filtraba en sus venas y el siguiente cansancio se revolcaba dentro de él.

"Bulma..." Susurró, encontrado que disfrutaba bastante de usar su nombre.

"¿Estás bien?"

Pero ella sólo pareció gritar más por su preocupación, sollozando mientras él besaba todas las pérfidas lágrimas de sus húmedas mejillas. ¿Era esto culpa lo que estaba experimentando? Se preguntó, remotamente odiándose ante la idea. Así que se quedó quieto, sus tiernos labios absorbiendo cada lágrima y aterrizando sobre su temblorosa boca en cada oportunidad que tenía.

"Es sólo..." Susurró, hablando tan suavemente que él tuvo que esforzar su sensible oído para comprender.

"Es sólo que yo..." Lo miró, lágrimas todavía cayendo mientras una incertidumbre y extremo nerviosismo se enterraba dentro de sus hermosos rasgos.

"...yo te amo." Susurró suavemente, tan suavemente que incluso él no lo había escuchado, sólo leyendo las palabras de sus labios movidos para formarlas. Una estrechez hinchó la boca de su estómago, quedándose allí mientras supo, mientras ella sabía, que él nunca sería capaz de decir lo mismo. Incluso si sí la amaba, que ambos sabían que no podía, su orgullo nunca le permitiría decir tan libremente esas cosas. Él no tenía el amor que ella poseía y nunca en su vida se había odiado a sí mismo por esa falta. Hasta ahora.

Cuánto tiempo se había deleitado en el hecho de que él estaba por encima de tales penosas emociones, clamando con orgullo que él nunca se convertiría en un tonto por una mera mujer. La guerra había sido luchada dentro de él y las paredes habían sido construidas alrededor de cualquier parte que un hombre pudiera verdadera y completamente tener para amar a una mujer. No estaba allí. Había odiado las emociones por tanto tiempo, despreciando su ocasional presencia dentro de él y maldiciendo su acercamiento. ¿Ahora? No podía recordar una vez que se hubiera sentido tan inadecuado.

Danzando con sus ojos estaba la vergüenza... una vergüenza de lo que sabía que no podía darle, por mucho que deseara poder. Quería amarla, de esto Bulma estaba segura. Pero no podía. Ella odiaba eso. No fingiría que no estaba enojada ante el hecho que él no cargaba el alma para expresar o entender tal emoción. Pero no estaba enojada con él. Maldición a un Infierno más lejano, a los Dioses Demonios de tiempos ancestrales que habían arrancado el alma de sus niños.

"Princesa yo... tú sabes que no puedo-" Empezó, pero ella lo silenció con sus labios, presionándolos de lleno y duro contra los de él.

Alejándose, ella lo miró con amor, mera felicidad rodando dentro de esos insondables mares que permanecían en sus ojos.

"Vegeta, no lo dije porque quería escucharlo." Le aseguró, envolviendo sus brazos fuertemente alrededor de su cuello y presionando sus mejillas juntas.

"Lo dije porque es lo que siento."

Una mirada de sorprendida incredulidad cruzó su apariencia y ella cerró sus ojos, tomando un profundo, profundo respiro y continuando.

"Lo siento cada vez que te miro. Cada vez que pienso en ti. Cada vez que sueño contigo..." Dijo, poniendo su mano sobre su corazón.

"Justo aquí." Golpeó la palma de su mano sobre su corazón levemente. "Siempre está aquí. Late justo como un corazón sólo creciendo más poderoso con el tiempo. A veces quema como un fuego dentro de mi. Pero se mantiene. Siempre está allí. Siempre lo ha estado... Siempre lo estará." Susurró en su oído.

Una sensación que nunca había sido conocida para él salió a la superficie del interior del vacío corazón de Vegeta, dándole fuerza y una casi ardiente sensación. No podía entenderla. No podía describirla. Una parte de él no podía aceptarla. Pero no escaparía de ello. Algo de sus palabras habían roto un escudo dentro de él, explotando a través de las paredes que había construido hacía mucho, mucho tiempo como resultado del dolor de un destrozado muchacho de 16 años.

Cerró sus ojos contra su hombro, sólo sosteniéndose a la única cosa en este mundo que nunca lo dejaría. Nunca había rezado por nada en su vida sino estar con ella el día que casi había muerto. Ahora rezó una vez más para estar con ella... Ahora... Y siempre.

Lentamente, se inclinó hacia abajo, yaciendo su húmedo cuerpo en la cama con indescriptible suavidad y arrastrándose junto a ella, recostándose en su lado mientras jalaba las suaves sábanas sobre su preciada posesión, maldiciéndola y besándola al mismo tiempo. Maldita por hacerlo como a un títere. Maldita por volver. Maldita hasta el Infierno con él... por la eternidad.

"¿Recuerdas esa vez cuando te quedaste en mi cama y desperté para encontrarte acunando a ese niño huérfano Gohan?" Preguntó tranquilamente, sintiendo su asentimiento y permitiendo un simple "emph" en acuerdo.

"No puedo describirlo realmente." Continuó, sin estar exactamente seguro de por qué estaba trayendo esto en primer lugar.

"Pero cuando te vi abrazarlo como lo hiciste... me recordó a mi propio hijo."

Las palabras la habían despertado y lo habían sorprendido, ambos sentados en silencio y dejando que la magnitud arrebatara sobre ellos.

El dolor estaba casi seguramente allí, como de hecho siempre lo estaba cuando Vegeta pensaba en su primer hijo. Pero algo había cambiado. ¿Era por que los sentimientos ya no estaban enterrados dentro y escondidos de manera tan experta por su fría y misteriosa fachada? ¿Era porque sabía que ella nunca lo juzgaría por tales abiertas emociones? ¿Era porque ella podía compartir su dolor? Ella había perdido a su padre. Ella había perdido a su madre. Y así, secretamente, siempre estarían de luto juntos. ¿Porque lo que el amor está siempre es siempre manchado por heridas pasadas y fallas?

Sintiendo la presión de años huir de sus hombros, Vegeta sonrió, enterrando su rostro contra su pecho y acurrucándose fuertemente contra ella. No más charla por esta noche. Después de todo... se habían tomado meses en encontrarse uno al otro y ahora tenían para siempre para compartirlo. Para siempre.

Y así, acarició su oído una vez más, respirando las palabras que ella hacía mucho tiempo había olvidado que él sabía, fluyendo de sus labios directamente a su corazón, haciéndola ocultar las lágrimas de él una vez más.

"Lirto a muy tarte. Muy falto embracio agape."

Sé fuerte, te abrazo por que te amo.

Susurró él.


¿Fue demasiado lemon? Dios, juro que nunca había incluso escrito uno y sin embargo ha tomado control de todo mi capítulo. Si están ofendidos, por favor no duden en decirme. Juro que si he hecho enojar a alguien, realmente lo siento y si demasiada gente está en contra del lemon borraré este capítulo y lo revisaré después. Los amo demasiado.

Camaro