Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Ángel Oscuro

(Dark Angel)

Un fic de Camaro

Traducción por Apolonia


Había sido duro para él irse esa mañana, mirando a la hermosa, durmiente criatura que finalmente había conquistado. Y sin embargo, la victoria misma no era nada comparado con la miera alegría que erosionaba mientras la miraba, durmiendo profundamente, su cubierto pecho levantándose y bajando en un mordaz hechizo de sueño. Había estudiado cada pulgada de ella esa noche, fingiendo sueño cuando ella se despertó y mirándola mientras dormía, silenciosamente preguntándose si era, de hecho, la criatura más hermosa que Dios hubiera creado jamás. Intentó memorizar cada simple parte de su exquisita figura para no olvidarse de la manera que lo hacía sentir por dentro.

Cierto, él sólo había le había remarcado que su deseo de ella sólo corría por la atracción física, pero cualquier idiota podía ver a través de eso. Realmente lo había querido decir cuando le había dicho que nunca había estado tan feliz. Bueno... ¿cuándo posiblemente había estado feliz alguna vez? La felicidad no se obtenía a través de la matanza y la lucha... Esa era una clase diferente de alegría. Y extraño cómo había aprendido eso desde que la conoció. Ella había despertado cosas dentro de él que él nunca había siquiera conocido que existían y mucho menos las había experimentado. Ella disparaba sus emociones como un cohete cada vez que sus ojos se encontraban y ella agraciaba su visión con esa brillante sonrisa.

Y ahora él estaba sobre ella, tratando de pretender que ella no significaba el mundo para él. Tratando en vano de convencer a ese recientemente adquirido bastardo que golpeaba dentro de su pecho que no latía tan duro sólo por ella. Tratando de no gemir mientras se ponía cuero alrededor de todo su cuerpo, completamente preparado para dejarla.

¿Cuánta suerte tenía que ella lo hubiera elegido? La virginidad de un Ángel era como una fina joya, un diamante que sólo se puede ver una vez. Y ella le había dado eso a él. No a Yamcha, no a un Ángel. A él. Tuvo que reflexionar en las desventajas que el resto de la creación tenía por no ser capaz de verla. Y lo había querido decir. NADIE podía verla de la manera que él podía. Porque él no estaba sólo mirando el exterior. La estaba viendo a ella. Verdaderamente viéndola. Y desafortunadamente, la creación verdaderamente era un ser patéticamente negado y abandonado sin ella. Si todo es posible, sentía pena por el resto del universo, porque sólo él podía saber que dentro de este castillo, dentro de esta oscuridad, dentro de este Infierno moraba el más raro diamante de todos.

Recordó con una sonrisa la primera vez que la había visto. Dios, cuan hermosa era incluso entonces mientras se arrodillaba en el suelo mirándolo con absoluto odio. Wow... Se habían odiado mutuamente desde el principio, gritándose absoluta aborrecimiento en cada turno posible, abusando del otro, lastimándose en cada concebible manera. Ahhh. Era verdaderamente espectacular. Un espectador podría haber confundido tal comportamiento como verdadero odio de ambos lados pero sólo Vegeta podía saber que todo el tiempo ese desprecio y doloroso asco había sido la guerra de ambos lados luchando para negarse de ellos mismos. Era confuso.

Y el sexo. Oh... el sexo era fenomenal. Él podía enseñarle cualquier cosa, mostrarle cualquier cosa y hacerla amar todo. Nunca había conocido la idea que enseñar a otra persona fuera tan deseable pero si esa era la manera en que funcionaba... ¡Ella podía llamarlo maestro cuando quisiera!

Y sin embargo... *suspiro*... era diferente con ella. No era... no. ERA sexo pero había algo sobre eso que sólo... era más. Bulma lo había llamado hacer el amor. ¿Hacer el amor? ¿Qué carajo significaba eso? ¿Podían esos patéticos Ángeles ENCONTRAR una palabra más mariquita? ¿Cómo HACES el amor? ¿Era alguna clase de proceso de horneado? No puedes revolver una molde de "amor"... no puedes 'asar' un trozo de 'amor' con algo de sexo en el medio. ¿Entonces 'hacer' el amor? La idea era completamente idiota.

Cierto... SÍ parecía un poco barbárico referirse a sus excursiones nocturnas como 'fornicar', 'follar', 'hacerlo' o... su favorita personal, 'entrarle'. Pero aún así, ¿hacer el amor? ¡Bah! Revisó su pecho sólo para asegurarse que no brotara un par de pechos por sólo pensar en tal estúpido dicho femenino.

Suavemente, para no molestarla, tocó las marcas en su garganta, cerca de la clavícula. Dos cicatrices perfectamente redondas hechas por un experto par de colmillos. Su adolorido rostro destelló ante sus ojos, seriamente perturbándolo. Casi la había matado esa noche. Dios... si lo hubiera hecho... ni siquiera podía pensar en esas cosas. Y sin embargo, no fue tanto lo QUE casi había hecho lo que lo preocupaba. Era el hecho que ella había estado tan dispuesta en confiar en él. ¿Era TAN crédula? Incluso si él no hubiera querido, el Demonio PODRÍA haberlo convencido. Claro, ella había luchado contra él al principio, intentando alejarse mientras él hundía sus dientes en su garganta pero entonces, justo tan rápido como había sucedido, simplemente se rindió y lo dejó drenarla, sometiendo a su garganta y a su cuerpo a él. Había jadeado y sollozado su nombre mientras él la mataba lentamente, pero nada más. Nada de maldiciones o palabras de odio, simplemente gemidos casi en placer mientras hacía moría atrozmente. Al final, ella incluso envolvió sus brazos a su alrededor, levantando su cabeza hacia el techo y dándole acceso más fácil para matarla.

Era tan impredecible que era casi enloquecedor. Pero lamentablemente, se había entregado a él hace mucho tiempo y sólo ahora se estaba dando cuenta de eso.

Se agachó, acariciando su suave mejilla, casi gimoteando mientras él gemía en desprecio por lo que debía hacer. No quería dejarla, de eso incluso él estaba seguro. No quería que despertara sola después de su primera vez. Aunque nunca le había importado antes, algo simplemente le decía que al hacerlo, le causaría alguna clase de dolor. PERO... tenía cosas que hacer, obligaciones que cumplir. ¡y gente que matar! Su verdadero ser había estado golpeándolo repetidas veces en las últimas veinticuatro horas por ser debilitado por ella y se negaba a sus enfurecidas súplicas. Además, sonrió, la vería pronto.

Ella era suya ahora. Su posesión y su propiedad. Casi como un juguete. Un inquebrantable juguete que podía usar una y otra y otra vez. Era un buen juguete. Más que una concubina. Una verdadera mujer.

Y las verdaderas mujeres necesitaban tiempo solas. ¿Verdad? Supuso que nunca lo sabría realmente pero de cualquier modo, era hora de irse. Aparentemente algunas de las herramientas de tortura de Oolong habían sido reconstruidas y era prioridad probarlas.

Se puso sobre ella una vez más, intentando muy duro grabarla en su memoria. Se veía perfecta. Como... como alguna clase de pintura de una Diosa, tan pacífica y despreocupada en sus sueños. Así es como quería recordarla...

Así... para siempre.


"¡VEGETA!" Esa enojada voz no sonaba como que debía pertenecer a un Ángel, pero entonces Kakarotto había logrado sorprenderlo antes, y esta vez no debería ser una excepción.

Goku bajó por la húmeda escalera de piedra del Calabozo del Infierno, completamente convencido que Vegeta estaría morando en ningún otro lugar a esta hora del día. Fue en el mismo momento que el carmesí sol tocaba el horizonte, dejando al mundo en cascadas por las sombras y esperando la oscuridad de la noche. El Ángel gruñía incoherente, enfurecido por lo que todavía, aún no había recibido una respuesta. Y, enfrentémoslo, ¿quién querría un viaje en un lugar abandonado por Dios al menos que fuera premiado con una razón?

Arrojó las puertas para abrirlas mientras un desgarrador grito golpeaba en el quieto aire, golpeando en sus tímpanos y lastimando sus ojos ante la vista de Vegeta desgarrando sus sangrientas manos fuera de la garganta de un joven hombre, todavía orgullosamente soldando la desarmada tráquea. Goku tuvo que luchar la urgencia una vez más de vomitar sobre el suelo mientras Vegeta simplemente reía, dejando a la dura cuerda colgar floja en su mano, una suprema mirada de alegría quemando en sus ojos.

"Él podría haber tenido 15 años Vegeta." El Ángel frunció el ceño, ni siquiera dándose cuenta de la verdadera cantidad de vergüenza que sentía por la acción. Su corazón se fue al niño que colgaba inmóvil, todavía siendo agarrado por las cadenas y sin duda había sido torturado varias horas hasta que había muerto.

"El niño era un ladrón." El Rey respondió sin más, arrojando sin cuidado al desarmado objeto sobre su hombro y sonriendo ante el húmedo golpe de sangre y fluidos golpeando el suelo de piedra.

"Ni siquiera podía defenderse." Goku escupió, sus ojos se sostenían en un peligroso ángulo. Miró en absoluta pena mientras el joven cuerpo que todavía se mecía de atrás hacia adelante, las cadenas tintineando contra las otras ocasionalmente. Y, sin sorpresa, a Vegeta no le importó, simplemente lamiendo la sangre de sus dedos y ahondando en la diminuta cantidad de poder que le dio.

"¿Dónde está el honor en eso?"

Vegeta se encogió de hombros, sacando su dedo de la humedad de su boca.

"¿Dónde está el honor en robar?"

"Estás enfermo." Goku le dijo fragante, frunciendo el ceño incluso más profundamente mientras una risa permanecía como su única respuesta. El silencio pasó momentáneamente entre ellos, siendo terminado mientras Vegeta cruzaba sus brazos para poner a prueba la situación.

"¿Qué quieres Kakarotto?" Suspiró.

"Escuché que la Princesa Bulma está aquí." Goku sentenció fríamente, enderezándose mientras volvía con el duro tema a mano. "¿Dónde está?"

Por mera reacción, los ojos del Ángel se lamentaron al hacer rondas en los alrededores del calabozo, rezando contra cualquier y toda esperanza que no viera cabello azul manchado con sangre entre las pilas de retorcidos, comidos y destrozados cadáveres.

"Está durmiendo en mi habitación." Respondió el Demonio, leve ira rompiendo su anterior buen humor mientras miraba a los ojos de la criatura de alas blancas deslizarse a través de los cuerpos y hacia él, párpados abiertos ampliamente en completa sorpresa.

"¡¿Qué idiota?" Escupió, agarrando la camisa del Ángel y acercándolo. "¿Pensaste que mantendría a mi posesión más preciada encerrada en un calabozo?"

Por la sonrisa del Demonio, Goku frunció el ceño, bajando sus ojos en completo odio por tales palabras.

"¿Por qué estás haciendo esto Vegeta?" Hirvió en desprecio, todo el tiempo despreciando la declaración de Vegeta refiriéndose a su "preciada posesión".

"¡¿Por qué ella? ¡¿Por qué la Princesa?" Gritó.

"¡Hmph!" Vegeta remarcó. "¡Yo no la elegí payaso! Ella vino por su propia libre voluntad. ELLA vino a MÍ." Vegeta le informó, empujando al Ángel de manera snob y dándose vuelta a un lado. Tan rápido como se volteó, su brazo fue agarrado de nuevo y estuvo mirando a unos profundos, ardientes negros ojos enterrados en los suyos en absoluta ira.

"¡¿Entonces por qué no la envías de VUELTA?" Goku gritó a través de sus dientes, su agarre apretándose dolorosamente en el hombro de Vegeta.

El comportamiento del Ángel sobresaltó al Rey casi tanto como lo enfureció, ira burbujeando como la sangre filtrándose en sus ojos. El Ángel reaccionó en completo, devastado shock, casi corriendo mientras el Demonio dentro de Vegeta encendía sus pupilas con ardiente humo rojo, disipándose ante sus ojos y brillando a través de los afilados, largos colmillos que salían de su boca.

Goku sacó su mano rápidamente como si quemara por el febril aire caliente ondeando como abejas alrededor de ellos. Sus ojos se abrieron en observador miedo mientras el Demonio sonreía malvadamente, acercándose a él.

"Tonterías." Susurró Satánicamente, dos voces lazándose en una palabra.

"Nunca enviaría de vuelta a un juguete nuevo." Rió, pura malicia y maldad envolviéndose alrededor de su risa como listones de odio.

Calmándose notablemente, Vegeta comenzó a caminar hacia las escaleras, de repente poniéndose cara a cara con los negros ojos una vez más. Aparentemente, el Ángel había usado super velocidad para bloquear su camino.

"Ella no es sólo un juguete Vegeta." Escupió el Ángel a través de apretados dientes. "Ella es un ser viviente. Envíala. De. ¡Vuelta!"

Empujando su camino a través del ignorantemente terco Ángel, gruñó a cuan maravilloso había comenzado el día y cuan terrible se estaba poniendo. Maldito Kakarotto. Destrozando la diversión.

"¿Qué si ella no QUIERE volver?" Gritó, cerca de las escaleras.

"¡Entonces HAZLA volver!" Goku gritó, enviando el costado de su puño a una pared cercana. Hablaba en serio. Luchando en vano para permanecer calmo, Vegeta continuó su curso, todo el tiempo luchando contra las verdaderas expectativas descabelladas, sintiendo las garras del dragón ardiendo contra los confines en los que lo había encerrado. A este ritmo, no pasaría mucho hasta que el monstruo lograra su libertad y sacara su imparable ira al mundo.

"Ella no pertenece aquí Vegeta... y tu lo sabes." Aunque su voz permanecía implacablemente calma y compuesta, supongo que eran las palabras de Goku lo que lo golpearon en un tierno punto en el ego de Vegeta. Porque eran ciertas. Y sí... Vegeta lo sabía.

El Demonio se detuvo por completo en su paso, el cuerpo casi entumecido con ira y temblando en ira pobremente reprimida. No podía apagar la hoja que las palabras había cortado dentro de él o remover su honestidad y veracidad contenida. La Princesa NO pertenecía al Infierno. Ella era mejor que eso. Como si sintiendo la reluctante posición del Demonio, el Ángel continuó, notoriamente ajeno al hecho que las siguientes palabras podían significar su más cierto final si las decía incorrectamente. Estaba pisando en un hielo COMPLETAMENTE fino y siendo el tipo de hombre que era, permanecía completamente en la oscuridad, tropezándose sin cuidado.

"Ella pertenece al Paraíso." Presionó, totalmente ignorando los rechinantes sonidos de perlados colmillos saliendo de la dirección de Vegeta. "Ella pertenece con su gente. Con su propia clase y con un hombre que la ame."

Ahora si alguna vez las palabras de un hombre de hecho habían 'ido demasiado lejos', Goku ciertamente había pasado ese punto con espacio de sobra. Y sin embargo, podrían encontrarlo simplemente notable que el hombre no entendiera completa y absolutamente, mucho menos esperara la reacción que pronto recibiría.

"Ella pertenece a un hombre que PUEDA amarla." Terminó. O... bueno, podrían decir que CASI terminó mientras su mandíbula era casi rota por un enorme corte que lo envió volando varios pies en el aire. Aterrizó dolorosamente en una pila de huesos, resbalando en una notablemente atroz parada al golpear en la pared de piedra. Su visión se borroneó y mareó mientras su mentón era ferozmente levantado, su suave carne rasgada por varias largas uñas hundiéndose en ella.

Jadeando y respirando por la fuerza para someter al Demonio dentro, el pálido rostro de Vegeta se enterró en él, de pie sobre él con completo asco.

"Si no fueras tan hermoso..." Vegeta susurró, peligrosamente cerca de los labios del Ángel. "¡Te arrancaría la cara!"

Con esas hirientes palabras valientemente dichas a través de los maravillosamente afilados dientes y apretados colmillos, Vegeta se volteó malvadamente hacia las escaleras, azotando las manijas y viajando hacia arriba, su ira sacando la frase terminada de Goku.

"No puede mantenerla... Vegeta."


Días pasaron felizmente, notablemente cada uno pareciendo mejor que el anterior mientras el Ángel y el Demonio encontraban su completa felicidad en la presencia del otro. Quién podría haber imaginado que dos criaturas, tan diferentes del otro como un agujero negro u el sol, podían vivir juntos con tan increíbles resultados. Existían juntos en armonía y completa felicidad.

"¡VOY A MATARTE!"

Por supuesto esa felicidad no estaba siempre en sus mentes mientas Bulma arrojaba un jarrón a la cabeza de Vegeta, fallando por meros centímetros.

"¡Princesa!" Vegeta hirvió, limpiando los fragmentos de porcelana negra de su espalda y siendo inmediatamente obligado a esquivar otro. A este ritmo, toda su habitación tendría que ser redecorada, porque la molestia de alas blancas casi había destruido ciertamente cada valioso vaso, candelabro, jarrón y foto que había adornado valientemente una vez las paredes y la tenue luz de su habitación.

"¡Maldición Bulma! ¡Ese era el jarrón de mi padre!" Gritó, mirando en desprecio a lo que quedó del alguna vez orgulloso contenedor.

"¡¿OH?" Gritó ella, levantando otro objeto, que justo sucedía ser su propio taco alto y arrojándolo con simplemente increíble fuerza de hombre. Era todo lo que Vegeta podía hacer mientras cerraba sus ojos, alzando la vista un momento después para ver el taco del zapato encastrado en la pared directamente a través de su cabello. Sus ojos se ampliaron ambos con ira y sorpresa mientras giraba su cabeza, algunas preciosas mechas de su cabello todavía permanecían pegadas en la pared.

"¡OH ESO ES TODO! ¡REALMENTE vas a pagar por eso Ángel!" Escupió, inmediatamente levantándose en el aire para evitar una mesa ratona volando en su camino.

"¡Voy a matarte Bulma!" Amenazó sabiendo muy bien que nunca haría tal cosa. Dando su mejor mirada e iluminando el aura rodeándolo con rojas flamas, Vegeta apretó sus dientes, mirándola mientras sus dedos agarraban sin embargo otro jarrón, el último de su clase, cubierto en brillantes rubíes y oro.

"¡No si yo te mato a TI primero!" Aulló la criatura de luz, preparándose para lanzar otro objeto a su rostro.

"¡Tal vez si estás muerto no tendrás tanto tiempo para acechar a putas de pechos grandes!" Gritó.

Vegeta se encogió de hombro, sabiendo que había merecido una reacción por tales evidentes miradas boquiabiertas a la nueva concubina del palacio, un regalo de Lord Freezer. La había visto orgullosamente pavonearse a través de los pasillos, vestida sólo con tan inmodesto atuendo como el famoso vestido de Bulma y mostrando gemelos que podían poner a Afrodita verde de envida. Desafortunadamente, la Princesa había tenido oportunidad de verlo justo mientras él reconocía abiertamente su suprema aprobación por la elección de Lord Freezer, informando a la concubina con sus ojos que ella era de hecho de su gusto. Ella había reído justo antes que el Ángel agarrara un puño lleno de su cabello y casi la arrojara por una ventana.

"¡Oh vamos!" Ladró él, escondiéndose detrás de una mesa para cubrirse mientras el jarrón cubierto de rubíes destellaba a través del aire y golpeaba contra una pared, ni siquiera rompiéndose.

"¡¿Qué esperas?" Viste ese par de-"

Con rudeza apuntando hacia el techo, Bulma arrojó la vasija de rubí una vez más, habiéndola visto rodar en el suelo hacia ella. Su puntería era ridículamente buena, doliendo a increíbles alturas directamente sobre su cabeza.

"¡JA!" Escupió él justo mientras la soga del candelabro se rompía sobre él debido a la vasija volando a través de ella, toda la inmaculada luz fija golpeando en su cabeza y enviando destrozados cristales por todas partes. Sólo se quedó allí, completamente aturdido e incoherente, mirando mientras el rostro del Ángel iba de enfurecido a asustado en una cuestión de milisegundos.

Entonces... ella sabía que él probablemente iba a matarla en el momento que pudiera ver bien. Y luego de repente, aparentemente COMPLETAMENTE ajena a su ira e incontrolable temperamento, ella se derrumbó sobre él, abrazándolo y envolviendo sus piernas alrededor de su vientre, sollozando y murmurando cuan lamentada estaba y cuan terrible había sido con él.

¡Ahhhhhh! ¿¡Terminaría alguna vez la extrañeza! ¿Estaba obligado a vivir para siempre con esta intrigante criatura que nunca sería capaz de entender o desechar? Era absolutamente enloquecedor. Esta constante necesidad de ella, este constante deseo de estar cerca de ella. NUNCA hubiera aprobado las acciones de otra mujer si hubiera hecho lo que Bulma hizo y se hubiera burlado de cualquier tontería que hiciera. Y sin embargo ahora... ahora él era el tonto, comprándole cualquier cosa que su corazón deseara, dándole su aprobación para andar por donde quisiera, hacer lo que deseara... Incluso se había alejado de su harem, nunca usando a una concubina desde el día que ella había llegado y sin planes de volverlo a hacer.

Bueno... supongo que sería completamente engañoso decir que se había quedado con el harem. De hecho, sería justo una mentira y no algo que debería ser dicho en tal historia. Porque en toda honestidad, él había estado allí una terrible noche, y eso fue lo suficiente para mantenerlo feliz en los brazos de Bulma.


Era realmente una completamente vulgar y gran irracional experiencia, mientras había estado bebiendo sin restricción por varias horas con Radditz, ocasionalmente tentado en llamar a Kakarotto a la escena para unirse a ellos, y lo hubiera hecho si no hubiera sido por el constante desdén de Radditz en prestarle atención al Ángel. No podía entender bien la insistencia del Soldado, pero supuso que tenía bastante que ver con la inocencia de su joven hermano, algo que Radditz anhelaba de él y casi le rogaba a Vegeta no destruir.

"Él es un tonto." Radditz había dicho. "Una maldición y una desgracia para mi familia. Él es un Ángel en cuerpo y corazón."

Por supuesto, sólo Vegeta podía saber cuan falsas eran esas palabras, porque él personalmente había presenciado estallidos debido a una disfrazada y oculta criatura que se sacudía dentro del Ángel. No era nada como el monstruo que acechaba a la línea de la familia del Rey, cuando se liberaba era casi tan mortal y fuera de control como el Averno del Infierno, pero incluso así... muy impredecible.

"Él es un Ángel." Radditz estaba diciendo, inclinado desesperadamente sobre la mesa, ojos caídos y vidriosos.

"Él sólo tiene su inocente y naif naturaleza. Sálvalo de esto Vegeta, porque que ellos son su única llave para lo que es él."

Vegeta no había entendido tales palabras en ese momento, demasiado envuelto con Lava para descifrar su significado pero ahora... ahora sabía que en tal dicho, Radditz le había pedido a Vegeta detener su malvada influencia y poderoso hechizo que había arrojado sobre tantos. Y era cierto. En tantas maneras Kakarotto era un Ángel y debía permanecer lo que era, a pesar de sus raíces y orígenes.

Y entonces había aceptado, metiéndose en sin embargo otra botella y aceptando varias líneas de Ceniza de una concubina cercana.

Ahora tal vez eran sus errantes pensamientos sobre Bulma y sus siempre cercanas excursiones nocturnas o incluso la atractiva concubina de pie frente a él. Cualquiera fuera el caso, la Ceniza había tomado raíz y estaba habitando en sus pensamientos y auto control, magnificando su presente deseo y excitable naturaleza.

Está bien... en castellano... ¡Estaba REALMENTE caliente!

Había volado de la habitación del trono, dejando a un sorprendido Radditz casi ahogado en su botella, la cabeza golpeada contra la mesa y los ojos tratando de concentrarse en la espalda que huía de su Rey. Golpeando como un monstruo a través de los pasillos, Vegeta encontró la única fuente que podía sacarlo de su incesante deseo. El Harem. Oh. Bendito el Harem porque Bulma estaba demasiado lejos, acampada en su habitación esperando su llegada.

Había arrojado las puertas abiertas, sobresaltando a toda la habitación de mujeres escasamente vestidas, mirando con amplios ojos y boca abierta a las Demonio de ojos rojos ojos, furiosamente excitadas de pie alocadas en el marco de la puerta.

"¡AHHHHH!"

Fue todo lo que se pudo escuchar mientras 200 esclavas de placer gritaban, positivamente sin ingenio mientras corrían en miedo. Porque, como pudieron o no haber supuesto, si su miedo por Vegeta no hubiera sido tan grande después de su masacre suicida, ¡CIERTAMENTE lo era ahora!

Y el Rey del Infierno había corrido a través de la habitación como un zorro en un corral de gallinas, agarrando a mujeres y Soldados por igual, apilándolos en una gran masa, mientras yendo por los demás. Los había agarrado por sus ropas, su cabello, sus muchos apéndices. CUALQUIER COSA mientras los agarraba, arrojándolos a los veinte o treinta otros que había elegido y apilado, que estaban presentemente intentando moverse y empujar su camino a través de su salida, sólo para ser bloqueados por el monstruo.

Y él había reído como un lunático, disparos de sangre de sus ojos y cerebros mezclados por la droga mientras los arrinconaba a todos, tratándolos como ganado mientras bloqueaba todas sus posibles salidas, completamente determinado a hacer estragos y tomar a cada uno hasta estar satisfecho.

Y supongo que hubiera hecho esto si su nombre no hubiera sido llamado salvajemente, el portador de la voz haciéndolo girar y gruñir mientras estaba allí de pie, brazos apretados fuertemente a su lado y arrojando dagas hacia él.

"Ángel..." Había susurrando, intentando en vano odiar la interrupción y no atacar a la maravillosa portadora de tal presencia. La odiaba... la amaba. Quería matarla... y quería tratarla como un animal toda la noche. No podía decidirse entre las dos y no tenía que hacerlo.

Ella voló hacia él, hundiendo sus uñas en su rostro, poniéndose a horcajadas sobre sus caderas y aterrizando sobre él mientras caían al suelo. Había mirado en absoluta rabia a través de sus ojos incluso mientras ella lo golpeaba por demás frente a los esclavos que quedaban quienes, después de echar una mirada de 2 segundos, hicieron un peligroso vuelo por la puerta, golpeándose uno a otro para ser libre de la temerosa escena y el enojado Demonio que casi ciertamente hubiera asesinado a la Angélica Princesa por golpearlo repetidamente en el rostro.

Y así se golpearon uno a otro sin piedad, desgarrando, arañando y mordiendo hasta el deseo y placer de todo eso los envió casi a la histeria y se atacaron uno a otro como completos animales hasta las mismas últimas horas de la mañana. Y luego Vegeta había pasado el resto de ESE día rogándole por su perdón y presentándole cargas y cargas de regalos, jurando que nunca miraría a otra concubina de nuevo y ciertamente nunca tocaría Ceniza. Se había disculpado ridículamente por infringir las pocas cortaduras menores y moretones que adornaban sus piernas y espalda pero ella simplemente los había desechado con un movimiento de su muñeca, insistiendo que ella le había hecho mucho más... lo que... era completamente cierto.

Y ahora ella estaba a horcajadas sobre él, sus largas piernas envueltas alrededor de su vientre mientras ella se disculpaba febrilmente una y otra vez por arrojar deliberadamente el jarrón a la soga que lo sostenía, cortando a través de la fina línea y enviando la gran araña a su cabeza.

Luego... luego simplemente rieron, agarrándose al otro mientras casi caían al suelo en sus histéricas risas tipo ladridos ante tal estúpida, incompetente y completamente patética escena.

Varios días después, Vegeta había sonreído, caminando a través del pasillo hacia su habitación. Había sido un buen día cuando la araña lo había golpeado. Ellos simplemente había reído el resto del día, ella tomándose tiempo por las extrañas maquinaciones que había insistido en construir y él tomándose el día libre para pasarlo con ella. Y sí, ella se había disculpado muchas veces y sí... Él había pensado con una sonrisa... Ella DEFINITIVAMENTE lo había recompensado, mientras recordaba con cariño, su malvada sonrisa mientras se había deslizado sobre sus rodillas. Y sin embargo ahora, ahora mientras el Demonio había comenzado a casi enorgullecerse por descifrarla, encontró al Ángel sollozando en una figura acurrucada en su cama, llorando a su lado como si el mundo hubiera terminado. Estaba acurrucada en una diminuta, temblorosa forma, yaciendo sobre las cubiertas y meciendo la cama con sus intensos sollozos, cada uno pareciendo más desgarrador que el otro mientras él los escuchaba, mirándola con poco o ningún entendimiento de lo que estaba sucediendo. Sus hombros se sacudían de arriba a abajo y mientras él tocaba suavemente su brazo cubierto de negro, ella lo arrancó disgustada de él, aullando y gritándole por permanecer lejos de ella.

"¿Qué te pasa bebé?" Le había preguntado en su voz más suave, complacido con su suave naturaleza y sin embargo queriendo arrancarla en pedazos ambas al mismo tiempo. No era natural de él preocuparse y confortar y sin embargo a pesar que se destacaba en eso, tiernamente peinando su cabello y acariciando su espalda.

Pero ella no aceptó sus compasivas caricias o sus sentidas súplicas por una respuesta a su infelicidad, alejándose de él tercamente y continuando su penosamente emocional diatriba.

Y entonces él simplemente se había arrastrado sobre ella, girando su tembloroso cuerpo y frotando su brazo mientras ella sollozaba, susurrando promesas que estaría mejor pronto y que él estaría allí para ella. Así en el momento había querido decir tales palabras, supongo que nunca sabré, porque incluso en su preocupación Vegeta era malvado. Se preocupaba por ella, eso si era cierto. ¿Pero la amaba?

No.

Una hora pasó, tal vez incluso dos mientras se había sentado calmadamente allí, moviéndose a veces e intentando consolarla otras. Después de una larga y paciente espera, Bulma se ajustó tensamente, condensando su cuerpo lejos de él y cerrando sus brazos fuertemente mientras intentaba formar las palabras. Pero su voz era áspera y cansada, sus labios temblorosos e inseguros como si deseara decir algo sino lo que el destino había puesto sobre su lengua para ser dicho.

"Un mensajero vino hoy." Susurró, haciendo que el dolido y penoso Demonio se acurrucara incluso más cerca de ella, su caliente aliento casi calmando su destrozado corazón y enviando un familiar murmullo de incontenible deseo a través de su cuerpo, aunque lo odiaba ahora más que nunca.

"Yamcha está muerto."


Suspiro. Realmente me he divertido escribiendo este capítulo... mucho de leve humor al principio. De todos modos, desprecio que escribir Notas de Autor no tengan propósito alguno, así que no los aburriré con información innecesaria. De cualquier modo, mi amor va para Brax y también mis oraciones.

Por favor lean la increíble historia de Blue-Flame12 llamada Tribulaciones del Pasado. Estoy segura que todos la disfrutarán tanto como lo hago yo!

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¡Amor para todos muuuuuuuucho muuuuuuuucho! ¡Mua!

Amor