-¿Y esperas que te crea?

La cara de enfado de Ren era evidente. Cuando Karin le fue a buscar como loca por diferentes calles y sitios que frecuentaba no se esperó que el "asunto importante" del que quería hablar tuviera que ver con un espíritu salido de un muñeco. O con una hermana de la cual no recordaba nada.

Si bien es cierto que el Playboy no siempre mostraba sus emociones hacia la vampiresa, la verdad es que le tenía gran aprecio, por eso mismo se decía una y otra vez que él jamás podría olvidar a un integrante de su familia. A rastras fue llevado por Karin hasta la casa de sus padres, quienes se sorprendieron al verle. Tan sólo segundos después aparecía Elda, sombrilla en mano.

-¡Oh, Ren! –se abalanzó sobre él, aplastándolo– ¡Hace tanto que deseaba verte! ¡Y qué chico tan apuesto eres!

-Mamá, ¿qué haces aquí? –preguntó Henry.

-Karin me ha mandado llamar con urgencia, dice que debe decirnos algo importante –contestó alegremente, aún aferrada al brazo del vampiro.

-¿Qué es eso? –preguntó ahora Carrera.

-Se trata de los Windsor…

Los Maaka voltearon al sitio de donde provenía la voz; parado a un lado de la ventana se encontraba un hombre de aproximadamente 28 o 29 años, tenía un cabello castaño desordenado que le caía casi hasta los hombros, mirada gatuna de color gris y una pequeña barba que le otorgaba un toque misterioso, vestía una camisa azul con chaqueta y pantalón gris. El desconocido se acercó a los presentes, mas al hacerlo se podía ver a través de él. Las caras de los vampiros no reflejaban un gran asombro, aunque por dentro lo sintieran.

-¿Quién eres? ¿Y qué sabes de los Windsor? –le cuestionó Carrera pantufla en mano.

-Pueden decirme Boogie, he recibido ese nombre por tanto tiempo que ya el otro me resulta extraño… –masculló– Los Windsor han venido a Japón, han convivido con ustedes y se han llevado a Anju, borrándoles los recuerdos antes de marcharse.

Lo soltó todo, sin guardarse nada. No podía darse el lujo de perder tiempo cuando su querida Anju estaba lejos de allí y probablemente metida en un lío. Se sentía mal, debió hacer algo, enfrentarse a ellos, proteger a la peliplata; había fallado y todo era su culpa. De no haber estado encerrado en el baúl nada de eso había pasado ¡maldita la hora en que fue atrapado en ese muñeco! ¡Maldita la hora en que Connor llegó!

-¿Qué dices? –le miró Elda como si de una broma se tratase.

-¡Acaso debo repetirlo, vieja! –se molestó– ¡Ya le dije a la cabeza hueca de Karin que los Windsor se han llevado a Anju! ¡A nuestra Anju! ¡Debemos hacer algo al respecto! ¡Mientras tomamos el té el imbécil de Connor está con ella! ¡Así que muevan su trasero vampírico y vayamos de una puñetera vez!

¿Desde cuándo un espíritu menor le daba órdenes a un poderoso vampiro? ¿O a una familia entera de ellos? La sangre de Elda hervía al escuchar hablarle de esa forma, ¡jamás en su vida había sido insultada así! Antes de poder contestarle como se merecía, oyó la voz de Karin:

-Le creo, hoy en la escuela Usui, Maki y Winner me dijeron cosas muy extrañas, o al menos eso es lo que yo creía. Tengo fragmentos borrosos de cómo conocí a Usui, fragmentos borrosos de Maki siendo mordida, fragmentos borrosos de burlas hacia Winner por enamorarse de mí… y algo me dijo hoy, al entrar en el almacén, que algo me faltaba… incluso sentí nostalgia al toparme con ese muñeco que mantenía prisionero a Boogie.

-Si no van a confiar en mis palabras, al menos piensen un poco en los Windsor y su forma de actuar, ¿no creen que sería posible que hicieran algo de lo que les he dicho? –les miró el hombre.

-Aún si lo que dices es cierto, W4 nunca ha fallado una sola de sus misiones y si están en medio de una dudo que todos podamos siquiera interponernos, nos barrerán como mosquitos en un instante. Aquél que se mete con W4, cava su tumba… –sentenció Elda.

-¡Con un maldito demonio! –se molestó Boogie– ¡Jamás creí que ustedes le dieran la espalda a Anju! ¡Y menos tú, Ren! ¡Ella siempre ha sido tu consentida! ¡Y ahora debo aceptar quedarme aquí con los brazos cruzados! ¡Malditos vampiros! ¡Por mí pueden pudrirse, me voy a buscar a Anju!

Boogie salió de la habitación, no podía entender cómo era posible que los Maaka actuaran de esa manera. Aún si era cierto el gran poder que tenían los Windsor, aún si no podía hacer nada contra ellos, aún si lo destruían los ingleses, debía al menos intentarlo. Traería a Anju de vuelta o fallaría en el intento.

-¡Boogie, espera!

Karin llegó a su lado en unos instantes, la chica se veía decidida, algo muy poco usual en ella. Esa mirada sólo la había visto contadas veces y en todas ellas la vampiresa demostró tener más perseverancia de lo que creía. Al sentirse observada de esa manera no pudo sino turbarse, sonrojándose violentamente, extendió la mano dejando ver un broche roto de un muñeco de nieve, era el mismo que le arrojó a la peliplata luego de que mordiera a Maki, sí, recordaba perfectamente que hubo de comprar otro idéntico para su hermanita.

-Encontré esto en uno de mis cajones… –explicó– Jamás uso este tipo de cosas…

-¿Me crees, verdad? –preguntó quedamente.

-Sí, creo en lo que me has dicho… –contestó segura– Pero no podemos hacerlo solos.

-¿Qué sugieres?

-Tenemos que ir con Winner. Para derrotar a un vampiro, nada como un cazavampiros.

oOo

¿Cómo podía decir eso? Ren salió del cuarto, debía volver rápido con su chica y disculparse por la manera tan grosera en que se lo había llevado Karin. Aún así, las palabras de ese espíritu estaban todavía retumbando sus oídos, estaba completamente seguro de recordar a una hermanita si acaso la había tenido, confiaba plenamente en que nunca olvidaría algo tan importante. Caminó por el pasillo dispuesto a salir por la puerta principal.

-Onii-chan

Se detuvo justo en el momento en que sujetaba el pomo de la puerta. ¿Qué era eso? ¿Por qué de pronto los colores desaparecían? Todo parecía suceder en blanco y negro, se vio caminando por el pasillo nuevamente, aunque lucía un poco más joven; era como ver una película que repetía la noche en que decidiera marcharse de casa, pero… algo no estaba bien. ¿Por qué parecía que había algo fuera de lugar? ¿Por qué sentía que faltaba algo allí? La escena se repetía una y otra vez, salía por la puerta sin mirar atrás, eso podía recordarlo perfectamente.

-No… –se dijo– No fue así como ocurrió…

-¡Onii-chan!

Esa voz… ¿de dónde venía esa voz? Era él, caminando por el pasillo, era él, deteniendo sus pasos a la mitad de su recorrido, era él, siendo alcanzado por una pequeña, era él, manteniendo la vista gacha mientras ella llegaba a su lado.

-¡Onii-chan! ¡No te vayas!

¿Por qué, por qué le dolía tanto ver ese rostro cubierto en lágrimas? Se vio ahí, parado impasible, inmutable mientras que ella se aferraba con desesperación a la manga de su saco. ¿Por qué, por qué no reaccionaba de ninguna manera? Ohhh, sí, lo hizo. Volteó a verla, a clavar una mirada tan fría como el hielo en la niña que le sujetaba como si en ello se le fuera la vida.

-Suéltame, Anju

-¡No quiero que te vayas, nii-chan!

Su voz, sentía que algo se desgarraba dentro de él.

-Reacciona… –murmuró, clavado como estaba mientras veía esa cruel representación– Escúchala…

-Es lo mejor…

-No… no es cierto, no tiene que ser así… –murmuró, aún cuando sabía que no le podían escuchar.

-¡Nii-chan! Por favor…

-¡Vamos, Anju!

Vio cómo la empujaba lejos de sí, arrojándola al piso. Quería golpearse a sí mismo. Quería romperse todos los huesos. Y se contuvo porque sabía que no podía, no podía hacérselo a un recuerdo, no podía por más que quisiera. Apretó con tal fuerza los puños que se clavó las uñas de las manos, brotando de ellas el líquido escarlata; se mordió con tal fuerza la lengua para no gritar maldiciones que pudo sentir el sabor del hierro de su sangre. Su estómago se revolvió al verse actuar de esa manera y algo dentro de él se quebró al ver ese infantil rostro bañado en lágrimas.

Y sabía que el otro Ren pensaba igual porque vio en su cara el arrepentimiento, aún cuando se volteó rápidamente para que la niña no lo notase. Salió de la casa dando un portazo, dejándola en la misma posición. Ella tenía tal cara de incredulidad, realmente no podía aceptar que su querido hermano hubiese actuado de esa manera.

-Onii… chan… –murmuró.

Todo se desvaneció. Así como había llegado, así se había marchado ese espejismo. Se vio de pronto en la calle, fuertemente abrazado a una chica de larga cabellera ensortijada y mirada coqueta, iban camino al apartamento de ella. Ahora que recordaba, ella era su primer chica, la primera de la cual comiera luego de marcharse de casa. Subieron las escaleras con rumbo a su destino, antes de abrir la puerta se toparon con la misma niña peliplata.

-Onii-chan

-¿Quién es ella, Ren?

-Mi hermanita, descuida, en un momento estaré contigo…

La joven entró en el cuarto mientras le miraba provocativamente. La menor no pareció inmutarse, como si no se diera cuenta de ello o acaso sólo no le importaba. Él le clavó la mirada y ella le devolvió una tan cálida, tan expresiva.

-Vuelve a casa…

-¿De nuevo con lo mismo?

-Imbécil… –se dijo– Hazle caso…

-Vuelve, te lo suplico…

-No lo haré, entiéndelo.

-¿Por qué?

Sí, ¿por qué? ¿Por qué no volver a casa? ¿Por qué esas ganas enormes de separarse de sus padres cuanto antes?

-No lo entenderías…

-¿Entender qué, Ren? Aún si estás molesto con nuestro padre por enviarte tan lejos a estudiar, ¿por qué nos haces pagar a nosotras? Karin y yo te extrañamos…

Sí, ¿por qué las hacía pagar a ellas? ¿Por qué en vez de castigar al viejo la había tomado contra esas niñas que no tenían la culpa de nada? Y a pesar de eso, ahí estaba ella, de pie frente a él, a kilómetros de casa sin permiso de nadie, pidiéndole que regresara. ¿A cambio de qué? De esa mirada fría que le dedicaba en ese momento, indicándole que no cambiaría su decisión sólo porque ella supiera la verdad detrás de todo.

-Te extraño… Por favor… Te lo ruego…

-Deberás aprender a acostumbrarte a esto…

Entró en el apartamento sin dirigirle una última mirada, sabía que no podía o se desboronaría. Cerró la puerta quedamente y se recargó en ella, ocultando la vista bajo su cabello. A pesar de la pared, él pudo oír claramente los sollozos de la niña del otro lado y una lágrima rodó por su mejilla.

-Egoísta… –volvió a recriminarse.

Por tercer ocasión lo que le rodeaba cambió, se encontraba ahora en la alcoba de una chica, una alcoba con peluches por doquier, sábanas ligeramente perfumadas y un tocador enorme al estilo Victoriano donde podían apreciarse cintas para el pelo de color negro y un cepillo hermosamente decorado. No sabía la hora exacta pues los rayos del sol que se colaban decían muy poco ¿era el amanecer o era el ocaso? De cualquier manera vio una sombra parada en el balcón e instantes después se reconoció entrando sin hacer ruido. Caminó despacio hasta la cama donde una joven dormía profundamente, su largo cabello platinado le caía en desorden y sus níveos brazos podían distinguirse debido al camisón que usaba.

-Anju…

Se sentó en silencio a su lado, contemplándola mientras dormía. Los muñecos le miraron en silencio, sabiendo que esa escena se repetía todos los días (¿o todas las noches?) y callando sobre lo mismo luego de que el vampiro se los pidiera.

-¿Cómo ha estado?

-Bien… Karin le ha traído un nuevo sabor de tarta del trabajo…

El muñeco de cabello azul que se encontraba entre los brazos de la vampiresa respondió a su duda. Le contempló atentamente, notando la devoción que tenía para acudir a diario o la estupidez por hacerlo a escondidas, realmente no sabía cuál le impresionaba más.

-¿Y le ha gustado?

-Le gusta todo lo que esa cabeza hueca le trae…

-Cierto…

Permanecieron en silencio unos minutos, el vampiro contemplando su suave respiración y el muñeco observando cada una de sus facciones, como si quisiera con ello leer sus pensamientos. Por fin él se enderezó no sin antes besar suavemente su frente, caminó hasta la ventana dispuesto a irse.

-¿No te gustaría venir después?

-No…

-¿Tanto miedo te da enfrentarte a ella?

-No…

-¿Entonces? Ella mira todos los días el que fue tu cuarto, entra en él y se recuesta en tu cama aún cuando hace mucho que tu olor se ha ido… ¿y tú no puedes hacerle una visita mientras está despierta? ¿Quieres seguir haciéndolas como si de un ladrón te tratases? Eres su hermano… ella te extraña…

-Y yo a ella… pero no puedo venir… no aún… no hasta que pueda perdonarme…

-Ella ya te perdonó…

-Me refería a mí mismo…

-Orgulloso… –masculló molesto.

Sí, era cierto. Todo eso había pasado. Hasta que pudo tragarse ese maldito orgullo, hasta que pudo mantener la cara en alto cada vez que la veía, sólo hasta ese momento no se atrevió a volver a la casa. Iba muy de vez en cuando y siempre rápidamente, pero aún cuando nadie lo supiera, todas las noches (¿o días?) acudía a esa cita silenciosa, acudía a ver a su pequeña, a su niña, a su hermanita. Porque Anju era su rayo de luz, porque siempre sería su consentida.

Fue como si todo llegase a su mente de golpe. El arribo de los Windsor. La llegada de Elda. Las escapadas de Anju. La sangre en Isu-kun. El encierro de Anju en su cuarto. Esos ojos rojos… esos malditos ojos rojos…

-Ren… realmente no sé si puedas acceder a estos recuerdos… –la maldita voz del inglés estaba en su cabeza, sin saber cómo era posible– Confío plenamente en que puedas hacerlo. Borré de la memoria de tu familia todos los recuerdos de Anju, pero no lo he hecho con los amigos de Karin ni me deshice de Boogie, espero ellos puedan sacarlos de este trance. Para cuando escuches esto quizás sea muy tarde, los Windsor nos habremos llevado con nosotros a Anju a Inglaterra. Debes venir por ella, la luna rosada se hará presente en sólo unos días, no contamos con mucho tiempo. Él quiere a Anju… ha visto en Anju lo mismo que hace siglos vio en otra vampiresa y por lo cual estuvo dispuesto a matar a Caden… Quizás yo ya no viva para cuando llegues por atreverme a posar los ojos en la que desea sea su Doncella… Si yo llego a faltar, tú eres el único que puede proteger a Anju… Éste es mi plan, escucha atentamente…

oOo

-¿Qué te pasa? Has actuado raro todo el viaje –clavó divertida sus ojos en la figura frente a ella.

-Quiero a Connor… –soltó de la nada.

-¿Y? –alzó una ceja– ¿Acaso te has enamorado de tu hermano? Mira que eres patética…

-Hace tiempo me crucé de brazos ante Caden… –le interrumpió– No hice nada cuando Él dijo que merecía la muerte por atreverse a desbaratar sus planes.

-¿Y eso a mí qué? –se molestó con el tono que estaba usando.

-Ahora no estoy dispuesta a sentarme viendo cómo me arrebatan a Connor. No pienso perder a otro hermano sólo por una niñita… le salvaré, quiera o no, aún si eso significa mi destrucción… –la rubia le contempló fijamente, clavando sus ojos rojos en ella.