Caminó seguro por el lugar sin formarse en la larga fila que llevaba a la ventanilla, las personas se molestaron y comenzaron a gritar insultos que poco le importaban. El atuendo negro consistente en pantalón y saco intachablemente planchados, junto con esos zapatos del mismo color, contrastaban perfectamente con la camisa blanca abrochada hasta el último botón, unos guantes tan inmaculados terminaban el atuendo; en el saco llevaba un prendedor del lado izquierdo que representaba a una W dorada dentro de un círculo, dando muestra de su rango.
-Un avión privado a Londres –mencionó apenas llegó al frente.
Su voz sonaba tranquila y segura, la muchacha no pudo hacer nada cuando se topó con esos ojos rojos. Tecleó rápidamente en la computadora dispuesta a cumplir con su encargo. Los murmullos y gritos comenzaron a cansarlo, así que les dirigió una mirada carmín para silenciarlos en un segundo. Apenas todo estuvo listo dio media vuelta dispuesto a buscar a los pilotos que se encargarían de llevar a su Señorita. No pasó mucho antes de dar con el Airbus a380 y con aquellos que lo pilotearían. Una simple orden de eficacia al resto de los involucrados finalizó su cometido.
Consultó su reloj de plata de bolsillo, estaba a tiempo, como siempre. Sin embargo, cuando guardó el reloj sintió que algo faltaba. No, no podía ser, estaba seguro de que había cumplido con todos los requisitos, no había nada fuera de lugar. Negó con la cabeza ese pensamiento, se quedó en el centro del aeropuerto esperando por el equipaje y al resto de los Windsor. Vio a una pareja que se despedían con emotividad, la chica abrazaba fuertemente al joven mientras rodeaba con sus brazos su cuello, susurrando algo en su oído.
Algo de esa estampa le causaba emotividad. Sin embargo, apartó rápidamente la vista, no era correcto mirar fijamente a los desconocidos. Sus ojos le traicionaron y regresaron hasta la pareja. El chico era rubio y alto, mientras que la joven, a la que apenas le distinguía la espalda, tenía una cabellera larga, ondulada y del color del trigo. Un dolor punzante en su cabeza llegó de pronto, impidiéndole concentrarse en un buen rato.
–Estaré esperando por ti…
La voz de una joven resonó en sus pensamientos, era una voz suave y cantarina que se le hacía extrañamente familiar, pero ¿dónde la había escuchado? ¿Cuándo? Y lo más importante de todo, ¿por qué no podía recordar el rostro de su dueña?
–Connor…
La voz de Aline le sacó de sus cavilaciones. La rubia estaba frente a él con esa mirada fría y filosa cual aguja de hielo. Trató de adoptar una postura digna de su cargo, debía mostrarse seguro y confiado, indicarle con sólo una mirada que todas las gestiones habían sido cumplidas, pero en vez de ello sintió a su cuerpo perder fuerza y se desplomó ante ella, siendo atrapado en sus brazos antes de tocar el suelo.
–¡Connor! –gritó al verle caer.
Sólo unas milésimas de segundo después la rubia le depositó en uno de los asientos del avión, apretó un botón que lentamente lo reclinó, transformándose en una cama. El vampiro comenzó a sudar frío y su respiración se hizo irregular, tenía los ojos cerrados y los colmillos se mostraban en cada jadeo del peliplata. Dylan llegó con sólo unos segundos de diferencia.
–¿Qué ocurrió? –preguntó mientras le ponía la mano en la frente, notando que ardía en fiebre.
–Se desmayó en el aeropuerto… –avisó, contemplándole fijamente– Por lo demás, no sé nada.
–La Señorita y Brigitte ya están acomodadas, sólo falta recibir la orden de la Torre de Control, partiremos en unos minutos –le informó seriamente.
–Está bien, vigila que todo se lleve a cabo de acuerdo a lo planeado –dijo sin dejar de mirar al peliplata, tomando su mano.
–Pensé que ése era tu trabajo –cuestionó.
–¡Sólo hazlo! –volteó a verle, dedicándole una mirada de enfado.
–También es mi hermano… –hizo ver, casi en un susurro– No me puedes pedir que me aparte viéndolo en ese estado
–No vi que te preocupara cuando le clavaste la mano por la espalda –soltó ponzoñosa, mirándole con enojo.
–¿Entonces planeabas hacerlo tú? –le devolvió– Lo hice porque ambos sabemos que ni tú ni Bridgitte tendrían el valor suficiente para hacerlo. Lo hice porque sus dudas les harían errar el ataque, lastimando un órgano vital. Lo hice porque de no habernos atrevido, Él se encargaría de ello y entonces borraría su existencia. Lo hice porque la ira de Él no le permitiría moderarse… No te atrevas a decir que no me importa…
La rubia volvió a mirar al peliplata, cuyo estado no había cambiado en lo absoluto. Llevó su mano aún aferrada a la de Connor hasta su mejilla izquierda, acariciándola, al tiempo que derramaba una sola lágrima. Dylan no hizo ningún comentario al respecto.
–Que Brigitte no se entere… no sé qué haría si descubre su condición… –ordenó.
–¿Temes que ella también te odie? –sonrió, mostrando los colmillos– ¿Temes que te odie como lo hago yo? Fue tu culpa, llevaste su cuerpo al límite, sabes perfectamente que nuestro poder se ve disminuido si no nos alimentamos de nuestro tipo de sangre y, aún así, le dejaste sin probarla por más de un año; luego me obligas a dañarlo… ¿sabes cuánta sangre de él hay regada en la mansión? Es un milagro que no muriera allí… ¿o acaso se te olvida cuando dejaste a Caden morir de la misma forma? ¿Acaso…?
–¡Basta! –le calló– ¡Si no vas a hacer lo que te digo, si sólo vas a fastidiarme, entonces retírate! No necesito de tus reproches en este instante, Connor no necesita más gritos. Si sólo seguirás reclamándome, apártate de mi vista.
El rubio dio media vuelta, saliendo del sitio. Aline se sentó a su lado, contemplándole con detenimiento. No sabía qué hacer, no era como cuidar de una fiebre humana, sabía que el vampiro ante él se debilitaba más a cada instante, Dylan volvió a los pocos minutos, pulsando un botón que cerraba la puerta del lugar, incomunicándole del resto del jet privado. Se sentó a la cabecera del peliplata, sin dirigirle la vista a su hermana.
–Gestiones completas.
Como si eso hubiese sido suficiente, los pilotos avisaron el despegue y el avión remontó el vuelo.
oOo
–¡Ahhh, Karin-san! ¿Qué te trae por aquí? –dijo amablemente el rubio.
–Hola, Winner –devolvió el saludo–. Perdona que llegue sin avisar.
–¡De ninguna manera, Karin-san! ¡Eres siempre bienvenida! Después de todo, mi vida está consagrada a ti, como Romeo y Julieta, separados por sus familias, nuestro amor es inquebrantable.
–Tsk… –bufó Boogie, captando su atención– ¿Éste es el chico que dice estar enamorado de ti, cabeza hueca? Una vampiro produce sangre y un cazavampiros, vaya ironía.
–¡Apártate de ella, espíritu diabólico! –se interpuso entre ambos el rubio, sacando una cruz de entre sus ropas– ¡No dejaré que te lleves el alma de la dulce Karin-san! ¡One, two, three! ¡Tiembla ante el poder de Dios! ¡Te ordeno que regreses al mundo de las tinieblas del que saliste!
–¿En serio él nos va a ayudar a recuperar a nuestra Anju? –suspiró al ver cómo el rubio le amenazaba con la cruz desde diferentes ángulos.
–Winner –le llamó–, está bien, él es un amigo. En realidad venimos buscando tu ayuda.
–¿En qué puedo ayudarte, mi amada Karin-san? –tomó ambas manos entre las suyas.
–Bien… tenemos un problema de… vampiros… –soltó.
oOo
Más valía que el plan del inglés funcionara, sino se arrepentiría toda su maldita vida inmortal. Renge coqueteó con la azafata, quien sin muchos problemas le permitió ingresar al avión sin boleto. El peliazul se sentó a un lado de la ventana, recargando su rostro en su mano derecha. Junto a él una muchacha tomó asiento, se notaba preocupada y deprimida pero, por primera vez desde que despertara como vampiro, Ren ignoró las pulsaciones que despedía; ahora mismo no le interesaba morderla y jugar con ella, tenía cosas más importantes que hacer, repitiéndose mentalmente el plan ideado, esperando que funcionara.
Recuerdos
–¿A quién quieres más, Connor? –sonrió mientras le tomaba en sus brazos– ¿A mamá o a papá?
–¡Los dos! –esbozó en una sonrisa mientras extendía lo más que podía los brazos, queriendo corroborar con ello su respuesta– ¡A los dos los quiero mucho, mucho!
–¡Buen niño! –sonrió más ampliamente mientras le apretaba fuertemente contra su pecho– Tu mami está muy feliz de oír eso.
–¡Connor sólo quiere que mamá y papá sean muy felices! Porque si papi y mami son felices, Connor también lo es –sonrió el pequeño.
~oOo~
La fiebre continuaba elevada. Aline había traído un paño húmedo y entre ella y Dylan se encargaban de mojar la frente del peliplata, la chica dio media vuelta para cambiar el agua cuando oyó algo que le perturbó.
–Mamá…
Connor estaba soñando con su madre, volteó a verle pero incluso Dylan estaba en una situación parecida a la de ella. No se suponía que el vampiro recordase esas cosas, a ellos siempre les traía tristeza mirar el pasado, por eso preferían no hacerlo, no pensar en él. Dolía pensar en Caden, recordarlo, por eso mismo Él se había encargado de destruir todo lo relacionado con el Windsor y prohibió a los vampiros hablar de ese tema, porque sabía que si se tocaba mucho, los demás integrantes de W4 podrían rebelarse ante su poder.
Aline tuvo que sentarse, algo le sabía mal y definitivamente no era la sangre recién bebida de su última comida. Dylan le contempló en ese estado y tomó su mano, apretándola fuertemente, la rubia correspondió al gesto y bajó el rostro.
Recuerdos
Una explosión ensordeció el lugar. Lo único que podía distinguirse eran los gritos de varias gargantas a la vez, gritos que desgarraban el alma de quien los oyera. La joven vampiresa apretó fuertemente contra sí al pequeño de ocho años.
–Mamá, tengo miedo… –susurró.
–Tranquilo, Connor, mamá está aquí y ella te cuida, ¿sí? –trató de calmarle.
–Mamá, no llores… –le limpió con su pequeña mano las lágrimas que resbalaban de su mejilla.
La puerta se abrió de pronto y por ella entró un hombre moreno con una vestimenta bastante peculiar, toda la cual era negra. Usaba pantalones cortos, un manto de tres cuartos, una golilla alrededor del cuello, en su camisa se apreciaba una espada roja bordada con la punta hacia abajo, un collar con un crucifijo resplandecía a la mitad de su pecho; les miró con desprecio en los ojos y de entre sus ropajes sacó la misma arma.
–¡Les devolveré a las llamas del averno! –gritó mientras les amenazaba.
Sin embargo, antes de poderse acercar, una figura penetró rápidamente, interponiéndose entre él y los vampiros. Connor abrió los ojos lo más que pudo al distinguir a su padre, quien tomó el filo de la espada con una mano, sangrando inmensamente ante la herida.
–Huyan… –susurró.
La vampiresa salió del sitio con lágrimas en los ojos, sin mirar atrás, no deseaba hacerlo, sabiendo que posiblemente no volvería a ver al vampiro que tanto amaba. Corrió a la pequeña colina detrás de la casa, una de las más alejadas de la aldea y se escondió entre los árboles con el pequeño aún en brazos. Las casas ardían, habiendo sido quemadas por aquellos que se hacían llamar cazavampiros, quienes con ajos, agua bendita, estacas y espadas entraron en el pequeño pueblo austríaco en la frontera con Hungría.
–Mamá… ¿por qué están aquí? ¿Por qué nos odian tanto?
–Connor… –le acarició el rostro– Sé un buen niño y tápate los oídos…
Obedeció a lo que decía. Se sentía tan seguro en los brazos de su madre, aún si moría estaría a su lado, nadie los separaría. De pronto, al mirar al cielo vio una bandada de murciélagos, los cuales volaron en dirección al sitio de la tragedia, Connor desobedeció las órdenes de su madre y volteó, mirando lo que acontecía.
Un joven de mirada azul y pelo rubio descendió en ese instante a la mitad de la aldea, los cazavampiros se burlaron de su osadía, el chico no debía tener más de 15 o 17 años.
–Vaya que tienes agallas, chiquillo –se rió–, no sé si eres muy valiente o sólo estúpido.
Embistió contra él espada en mano pero no le dio, repitió la operación y volvió a fallar. Maldijo al darse cuenta de ello, no es que tuviera mala puntería, sino que el vampiro era demasiado rápido para él. Los demás hombres se lanzaron al ataque y ninguno acertó en el blanco. Lo que más les molestaba era que el desconocido estaba tranquilo y fresco, como si de un juego se tratara.
–¡Maldito mocoso! –gritó uno– ¿Te atreves a ir contra el Regimiento Imperial No. 50? ¿En contra del Regimiento de Alcaudete?
–Mi turno… –dijo.
Sólo unos minutos después los hombres yacían inertes en la tierra. Connor se impresionó con esa visión, era increíble que un solo vampiro hubiese derrotado a más de 30 cazavampiros sin cansarse en lo absoluto. Se separó de su madre y corrió colina abajo para contemplar mejor, sin acercarse mucho.
–¡Regresa, Connor! –le llamó la vampiresa.
–¡Yo también quiero eso, mamá! –le dijo alegremente– ¡Quiero defender a las personas que amo de cualquier peligro!
–¡Connor! –le llamó su madre.
Sin embargo, ya era muy tarde. De la casa semidestruida que minutos antes consideraran hogar salió el mismo hombre y sin que ninguno lo notara se acercó hasta la vampiresa, atravesándole la espada por atrás. La joven mujer abrió los ojos al sentir el dolor mientras que su vestido se teñía de rojo, bajó la mirada, contemplando el color carmín y se quitó lentamente el anillo matrimonial que usaba, apretándolo fuertemente entre la mano derecha.
–Tal vez me causaron muchos problemas, pero el Conde se enterará y mandará a más cazavampiros por ustedes, si creyeron que nosotros éramos un problema, esperen a ver a los verdaderos, nosotros apenas somos aprendices. Es una tristeza que mujer tan bella sea una bestia… –susurró en su oído.
Connor sintió que todo le daba vueltas cuando ese hombre le cortó la cabeza a su madre, su delicada mano perdió fuerza y dejó escapar el anillo plateado, empapándose de sangre. El hombre volteó a verle y se le acercó lentamente aún con el arma en la mano. El peliplata no sabía qué hacer, cómo reaccionar, estaba petrificado. Antes de poder llegar hasta el infante un rubio se interpuso, clavando en el cazavampiros una mirada asesina.
–¿Amenaza a un niño? Es realmente despreciable… –susurró.
El hombre se desplomó ante él después de ser atravesado con su propia arma sin saber exactamente cómo había pasado. El vampiro dio media vuelta, topándose su mirada azul con la ámbar de su otro igual.
–Lo siento, no pude llegar a tiempo, ¿estás bien?
–Mató a mis padres… –susurró.
–Yo…
–¡Ese monstruo mató a mis padres! –gritó molesto, agachando el rostro y apretando los puños– ¡No quiero que nadie más muera! ¡No lo deseo, quiero poder proteger a mis seres queridos!
El rubio le miró detenidamente, su sangre reaccionó ante él, se llevó una mano hasta la boca, tratando de reprimir el impulso que sentía. Era tan pequeño y aún así parecía seguro de sus palabras, se agachó hasta quedar a su altura y se quitó algo que llevaba prendido en el lado izquierdo del pecho, con cuidado se lo colocó al pequeño vampiro. Connor se sorprendió al verlo. Era una W dorada en un círculo, que brillaba de una manera atrayente.
–Éste es el símbolo de los Windsor –le dijo, aunque todo vampiro sabía eso–. Es el símbolo del arma y escudo de aquellos que protegemos a los nuestros, ahora te pertenece. ¿Cómo te llamas?
–Connor –dijo seriamente.
–Bien, Connor, no lo pierdas y no olvides lo que ahora me has dicho. Algún día regresaré a verte.
Un carruaje llegó hasta el centro del poblado, el rubio lo contempló calmadamente mientras la puerta se abría, una figura oscura de la que apenas podían contemplarse sus contornos se hallaba sentada en él, usaba una larga toga con capucha color vino.
El de ojos azules se arrodilló ante la figura, manteniendo la vista gacha unos minutos hasta que con un movimiento de la mano se le indicó que podía pararse.
–Vámonos –se dirigió al rubio.
El vampiro miró detrás de sí y sus ojos brillaron de un color carmín, apagando las llamas que aún ardían en las casas. Los demás sobrevivientes salieron de su escondite y al ver el carruaje conducido por dos caballos negros y un cochero encapuchado todo de negro, se inclinaron, mostrando su respeto por aquél que transportaba. Sólo Connor quedó de pie, absorto ante lo que veía.
–¿No te inclinas ante Él? –preguntó el rubio– Tienes valor, pequeño. Cuídate, Connor.
Subió a la parte delantera del carruaje, sentándose junto al conductor al tiempo que la puerta se cerraba lentamente. Connor aún pudo ver cómo esa figura misteriosa sonreía, mostrando unos colmillos blancos y afilados. Luego, el carruaje partió y se perdió en la negrura de la noche.
~oOo~
Aline y Dylan se habían quedado dormidos a un lado de Connor, a quien por fin la fiebre le había bajado y su respiración era suave y tranquila. Para que eso pudiera suceder ambos Windsor le habían dado a beber su sangre. Ellos eran Sangre Pura y por esa misma razón rara vez permitían que bebieran de ellos, así fueran sus hermanos y estuvieran muy débiles. Además, tanto Aline como Bridgitte estaban reservadas a ser el alimento de Él, sin dejar que nadie más les mordiera… hasta ahora. La rubia había quebrantado una regla aún más importante que las 5 de los Windsor y quizás sería castigada. Dylan lo sabía pero no diría nada, comprendía que Connor era más importante, ninguno quería perderlo.
El avión comenzó a descender lentamente. Los ojos del peliplata se abrieron despacio, parpadeando un par de veces antes de acostumbrarse a la luz, se enderezó, contemplando a los dos vampiros que dormían y sonrió de medio lado. Se asomó a la ventana, mirando los techos de Londres nuevamente. Metió las manos en los bolsillos de su pantalón, topándose ahí dentro con un anillo plateado que brillaba débilmente. Bufó al verle y lo tiró sin ver dónde caía. Cuando por fin el avión arribó al aeropuerto Aline y Dylan abrieron los ojos. Lo primero que distinguieron fue la espalda del vampiro, parado inmutable junto a la ventanilla.
–¿Connor? –llamó débilmente la rubia.
–Connor se ha ido… –respondió, volteando a verles y clavando su mirada azul en la de ellos– Es bueno verte después de tanto tiempo… hermana.
Después de sufrir un bloqueo mental horrible, por fin pude terminar este capítulo. Quizás hayan surgido unas dudas con el final, pero juro que aclararé todo en capítulos posteriores. Agregaré que lo acontecido en los recuerdos de Connor está basado en hechos reales. El Conde al que se refiere el cazavampiros es el Conde Juan Gil de Cabrera y Perellós, el primer cazavampiros del que se tiene registros, era un soldado perteneciente a las fuerzas armadas de Valencia que en ese momento (entre 1715 y 1738) se hallaban en la frontera de Austria y Hungría, combatiendo a los turcos, fue allí donde se toparía con un caso de vampirismo y se dedicó a combatirlos, abriendo las criptas y decapitando a aquellos que presentaran los síntomas característicos como piel suave, cabello y uñas bien cuidados y rastros de sangre circulante en las venas.
En 1714 era capitán del Regimiento Imperial No. 44 o de Ahumada, un año después es enviado a la frontera húngara, peleando contra los turcos. Entre 1721 y 1725 los Regimientos No. 50 y 44 son unidos en uno solo, que sería conocido como el Regimiento Imperial No. 50 o de Alcaudete. En algún punto de la historia al estar en una casa comiendo llegó un hombre y se sentó a comer a la mesa junto al dueño de la casa, quien se horrorizó. El Conde no se lo explicó, pero le causó curiosidad este hecho y más cuando a la mañana siguiente el amo estaba muerto. Fue allí cuando se enteró que ese hombre desconocido que causó horror en todos los presentes era el difunto padre del ahora occiso y que llevaba 10 años enterrado, que todos los días llegaba a la hora de la comida y que a la mañana siguiente moría la persona junto quien se hubiera sentado. Lo exhumaron y mató al vampiro, luego le llegaron más casos de vampirismo y se hizo famoso por combatirlos, pidió a la Iglesia que mandaran a alguien a inspeccionar los casos y enviaron a Doctores y otras personas.
Ignoro si su Regimiento posteriormente se dedicaría a la caza de vampiros, pero me pareció un buen dato. Espero les gustara. ¿Críticas? ¿Dudas? ¿Sugerencias? ¿Tomatazos? ¡Todos son bien recibidos!
