Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Ángel Oscuro
(Dark Angel)
Un fic de Camaro
Traducción por Apolonia
Vegeta acababa de salir disparado de ella, enfurecido, torpe y en un estado de casi ebriedad, casi colapsando. El Demonio realmente se las había cobrado con él, drogando sus emociones y percepción con una nublada ira, quemando y sin embargo relajante en su familiaridad. Lo odiaba, lo amaba. Era malvado y feroz y sin embargo... Era él. Quién realmente era. Había venido más fuerte esta vez, liberando su enfrascada furia tan rápido que casi había ascendido de nuevo a su jaula. No podía entender bien el odio que había salido a través de una invisible presa, sólo que había sido cegador y había tomado cada cantidad de fuerza y consciencia en él para no arrancar el frágil cuello de Bulma.
Y así había medio huido a través de los sombríos corredores, intentando en vano entender y comprender lo que acababa de hacer. Parte de él quería justificar y culpar, la otra tomaba responsabilidad, sabiendo que si hubiera mantenido su temperamento bajo control, no hubiera dicho o hecho lo que había hecho. Si tan sólo... sí solamente.
Brillante y oscuro, brillante y oscuro... cada uno avecinándose a través de sus ojos mientras él tambaleaba un vuelo por las escaleras, pequeñas linternas colgando de las paredes de piedra, brillando y ensombreciéndose tan rápido como él pasaba junto a ellas. Sus afiladas uñas arañaban la dura piedra y no le importaba, sólo mirando una y otra vez el rostro de ella mientras asentía, su mentón levantado violentamente en su mano mientras lágrimas fluían por sus manchadas y enrojecidas mejillas. Dios... ¿Cómo podría hacerle ver que ese no era él? ¿Cómo podría explicarle que él nunca la trataría tan miserablemente en su estado natural? Cómo podría su orgullo admitir que todo el tiempo... todo el tiempo ella significó más para él que la vida misma. En alguna distante, desconocida y remota parte de sí mismo, había un sentimiento, una emoción y un parpadeo de amor que lamía a su malvado corazón, recordándole del día que ella se había ido, de los peligros que había enfrentado, del dolor y las lamentaciones que lo habían desgarrado en su ausencia. Casi había muerto sin ella, y rezó a cualquier Dios que existiera que, por su propia mano, no tuviera que ser obligado a pasar por tal agonizante pena como había tenido que pasar.
Sintió el dolor incluso ahora, revoloteando en su estómago e infiltrándose en sus mismas venas como una mugrosa enfermedad o una herida mortal. Quería arrancar su cabello de su inminente frustración.
¿Cómo pudo hacerle semejante cosa a ella? ¿Cómo pudo hacerle ver que él era nada... NADA en su ausencia? ¿Qué si finalmente lo había hecho? ¿Qué si ella lo dejaba? ¿Qué si volvía al Paraíso, reinaba como su Reina incluso sin un Rey? Ella creía que él había matado a Yamcha y en el dolor y el insulto por la desconfianza, se había perdido en los celos que siempre, siempre habían permanecido desde que ella se había ido con el Príncipe. ¿Qué si se iba ahora? ¿Qué sería de ella en las profundidades del Infierno sin él para cuidarla? Y sin embargo, todo el tiempo estaba esa voz preguntándole por qué se preocupaba.
Aterrizó en el escalón de abajo, golpeando en el suelo con su ruido casi ensordecedor y sin embargo escuchando el tintineo de los zapatos detrás de él. ¿Era tan estúpida? ¡Ah! Tonto Ángel. ¿No había pisoteado su relación lo suficiente por una noche? Se había preparado para el duro golpe de un zapato o el cegador destello de un jarrón o una linterna volando pasando su cabeza, sólo para que sus ojos se encontraran con la pequeña, frágil figura del niño huérfano, Gohan.
Dándose cuenta de cuan increíblemente débil se debía ver, su cabeza lista para esquivar y sus manos juntas como para agarrar cualquier objeto encaramado, se enderezó, estudiando al niño de ojos amplios con un severo y frío desprecio, sin importarle la temerosa mirada en el rostro del niño. Y simplemente se quedaron mirándose uno a otro, el evidente miedo del huérfano brillando en sus ojos y el desprecio del Rey tan aparente como un caballo volando sobre una pared blanca.
"¿Por qué me estás siguiendo, niño?" Preguntó, sin ni siquiera agacharse al débil y tranquilo tono que la mayoría de los adultos tomaban con los niños.
Y sin embargo el joven niño no respondió nada, aparentemente clasificando su razón y lógica antes de escupirla en una despreciable frase.
"Tú..." Gohan comenzó, aclarando su garganta y básicamente rogando que su demanda saliera bien. "No deberías tratar tan mal a la Princesa Bulma. No te perdonará."
Imagino que la palabra shock sería bastante insignificante siendo como la mandíbula de Vegeta cayó, así en sorpresa por el entendimiento del niño o más por su valentía... no estoy segura. De cualquier modo, gruñó profundo en su garganta, mirando al resuelto guerrero que era casi la mitad de su tamaño. Nadie... ningún guerrero, ningún amigo, ningún enemigo le había hablado alguna vez con tal indignación... está bien... además de Bulma. No podía decidir qué hacer, las conflictivas voces comenzando su batalla interna una vez más.
"¿Siempre haces asunto tuyo espiar a tu Rey?" Preguntó con despecho, por el momento suprimiendo la urgencia de arrancar la espina dorsal de la espalda del niño.
"No." Respondió el niño, bajando la vista con un nerviosismo sin restricciones. Cruzó sus dedos, sus grandes, negros ojos rebotando en cada y cualquier concebible dirección además del alto Demonio que se avecinaba malvadamente sobre él.
"Yo." El pequeño guerrero tartamudeó su oración una vez más. "Sólo creo que deberías tratarla mejor. Eso es todo."
"¿Por qué?" Preguntó el demonio resuelto, escupiendo la pregunta rudamente y sin embargo pareciendo como si él verdaderamente quisiera una respuesta para instarse, a pesar de su locutor. Y a pesar del inmediato y desconfiado miedo de Gohan por el impredecible monstruo, sabía muy, muy bien, tanto por historias y por rumores que el hermoso Rey era un hombre honorable, astuto, fuerte e inteligente, aunque ciegamente precipitado a veces.
"Porque... ella no es..." De nuevo, las palabras se habían formado bastante bien en su inexperta mente y sin embargo parecía renuente de conformar las palabras, permaneciendo tercamente sobre la punta de su lengua. Yendo contra su educación enlazada con lógica y razón, el niño habló con su corazón.
"Ella no es como nosotros." Dijo tranquilamente, aunque la oración era una simple, todo el tiempo lazando sus dedos juntos una y otra vez y finalmente permitiéndole a sus ojos centrarse en la incesante mirada del Rey. "Ella es suave."
Pareció una eternidad mientras el huérfano miraba la reacción del Demonio, todo el tiempo su joven mente corriendo profusamente una y otra vez por las escenas que recordaba de semanas atrás, los golpes y rudos maltratos que había recibido sin razón de la hermosa criatura que reflexionaba sobre sus palabras. Radditz había gritado, recordaba eso. Fácilmente podía recordar al hermoso rostro retorcido con fealdad y odio y plateados colmillos como un animal más que como un hombre. Los rojos ojos todavía despertaban a Gohan por las noches, y el repugnante ruido se podía escuchar una y otra vez mientras recordaba el último sonido que se había deslizado de su consciencia, sonido como resultado de su cabeza siendo estrellada contra una pared.
Y luego, como si fuera alguna extraña y hermosa fuerza que hubiera poseído el cuerpo de Vegeta, él se encogió de hombros y le sonrió al niño, incluso yendo tan lejos como para reír levemente.
"Ella realmente es suave." Reflexionó, sonriendo más para sí mismo que para el real oyente de sus palabras. Miró con humor a los ojos del niño, notando sólo silenciosamente que inteligencia y entendimiento permanecían bastante prominente en esas perforadoras orbes negras, casi pareciendo demasiado brillantes y grandes para un rostro tan diminuto. "Tomará MUCHO chocolate para que se olvide de ESTO."
El diminuto guerrero rió, el extraño sonido como de campana completamente despertando a Vegeta de la actual situación, su mente previamente atrapada por el trabajo y regalos que iba a tener que proporcionar sólo para poder entrar a su propia habitación. Por Dios... ¡REALMENTE lo había hecho esta vez!
"No sé si los chocolates son la respuesta... Deberías conseguirle algo especial" Sugirió el niño en su infantil diálogo y tono, sus brazos envueltos detrás de él mientras se movía de atrás a adelante en sus talones, viéndose tan adorablemente inocente, sus ojos brillando con la idea de estar tan cerca del Rey, algo raro en el orfanato, en su caso, pudiera siquiera pretender alardear.
Vegeta, ya no estando cómodo en su propia posición intimidatoria, se arrodilló ante el muchacho, un constante brillo de su disminución dentro de sus perforadoras orbes negras.
"¿Ah, sí?" Preguntó, sonriendo casi malvadamente a su designado compañero en el crimen. "¿Qué sugerirías Oh poderoso de la sabiduría?" Se burló suavemente, su estómago inundado con una extraña clase de felicidad mientras el niño reía de nuevo, el sonido casi impregnándose en sus entrañas con esta extraña sensación de alegría.
"¡No sé!" Rió Gohan, sus preciosas, regordetas mejillas hundiéndose adorablemente mientras reía. "¡Algo bonito!"
"Algo bonito..." Vegeta rascó su mentón, sus uñas raspando a través de la inmensa sombra de las cinco de la tarde que agraciaba la fina línea de la mandíbula, rozando a lo largo de las oscuras esquinas del techo, sólo para alzar la vista y ver al niño copiando adrede su posición y gesto movimiento por movimiento. Hasta el momento, Gohan no se había dado cuenta que su sospechoso comportamiento se notaba y mirando a todos lados por las dudas, miró al Rey, sabiendo que su posición de burla había sido notada, de hecho. ¡Había estado tratando de verse como Vegeta! Y toda la idea, por cualquier razón, puso al Rey incluso más feliz, haciéndole preguntarse que día extraño y caótico había resultado casi brillante dentro de las profundidades de unos pocos momentos con un huérfano.
"Deberías conseguirle Rosas de Rubí Sangre del Infierno del Este." Gohan sugirió, su diminuta, joven voz haciendo a la idea bastante entretenida, además del hecho de que las Rosas de Rubí Sangre eran casi mortales si te pinchabas con las espinas. El Rey sacudió su cabeza ante la idea de Bulma tocando las filosas y venenosas espinas e hinchándose y ampollándose como resultado.
"Podría conseguirle zapatos." Bromeó Vegeta, inclinando su cabeza a un lado y mirando en asombro mientras el joven niño casi caía en su fuerte risa.
"¿¡ZAPAAATOS!" Gritó, la joven risa haciendo incluso al Demonio interior sonreír levemente. "¡No le consigas zapatos!"
Y luego una idea parpadeó como un relámpago golpeando dentro de su cerebro, y llegando al dentro del bolsillo del pecho de su armadura de cuero, Vegeta reveló la diminuta, cristalizada gota de lágrima que había encontrado dentro de las garras de la mano de Bulma en una cueva. Aún así, después de todo este tiempo, brillaba con un poder sobrenatural, su tono azulado casi iluminando la escalera en la que estaban.
"Tengo una idea niño." Graznó el Rey Demonio, mirando con orgullo a la joya mientras la giraba de un lado a otro, aparentemente ajeno a la fascinación del joven guerrero con ella. Su brillo plateado centelleó en los ojos del joven niño, iluminando cada fibra en su cuerpo de 6 años de edad con intriga.
Con eso, Vegeta se enderezó a su altura máxima, escuchando a su espalda sonar después de haber estado encorvado por tanto tiempo. Girándose bruscamente, abrió la puerta de la escalera, parpadeando mientras la roja luz de la sala del trono brillaba en sus ojos mientras viajaba hacia ella, el único medio de escapar del castillo.
La búsqueda no sería muy larga, reflexionó emocionado, pero sería, como tantos viajes en el Infierno tendían a ser, sin duda peligrosa y mortal. Tomaría tiempo preciso y cálculos correctos, afilados ojos e inmenso coraje, asombrosa fuerza de voluntad y-
"¡Niño!... ¡¿Dónde crees que vas?" Le gruñó al diminuto tintineo de los talones del niño detrás de él. Se dio vuelta y observó al inquieto niño una vez más, el niño intentando contra toda posible voluntad evitar la traicionera mirada del Demonio mientras pensaba en una excusa por seguirlo.
"¿Dónde... dónde piensas que vas TÚ?" Gohan se quejó en respuesta, su pregunta en contestación mucho menos... amenazante que la de Vegeta por el mero hecho de la diferencia en la voz. Y sin embargo, a pesar del redundante enfoque del huérfano y desdeñosa burla a su Rey, Vegeta aparentemente encontró a todo el suplicio gracioso, riéndose a carcajadas por la orgullosa y arrogante postura que el joven guerrero intentaba tan desesperadamente poner.
"Mira niño," Las risas del Demonio se pusieron sobrias, mirando tranquilamente hacia abajo al desconcertado pequeño Demonio, humor todavía danzando en sus exóticos oscuros ojos. "Aprecio las risas pero esta conversación terminó. Vuelve a casa."
Indignación y un destello de dolor cruzó el rostro de Gohan momentáneamente antes de ser borrado, cubierto y escondido por la calculadora y fría reserva del joven Demonio. No, todavía estaba allí, el dolor y la irritación de ser desechado tan patéticamente, pero era evidente que desde una edad MUY joven, este niño de 6 años había hecho suyo el arte de ocultar las emociones sin importar el costo.
"No tengo una casa." Respondió tranquilamente, aunque sus palabras golpearon a Vegeta como un virus rompiendo sus entrañas. Huérfano. Cuántas veces había escuchado la palabra y sin embargo nunca siquiera reflexionó sobre lo que realmente era. Lo que realmente significaba...
Toro, el padre del niño había sido asesinado en la manera más decrépita y absolutamente repugnante, brazos y piernas desgarrados de su cuerpo por una multitud caótica y sanguinaria. Por su lealtad, su valentía y su vergonzosa muerte en las manos de su propia clase, la recompensa del soldado había sido dejar a su primer nacido a las bárbaras y salvajes manos de su raza, su único hijo siendo obligado a crecer en un orfanato y vivir entre mugre putrefacta que lo acompañaría, a hijos e hijas de putas de la calle, adictos a la Ceniza y víctimas de violación. No era la manera de permanecer para el hijo de un guerrero. Pero entonces, ¿cómo era eso asunto de Vegeta?
"Tienes un orfanato." Dijo fríamente, enmascarando sus propias enfrascadas emociones detrás de su intimidante fachada. Algo, aunque no podía entenderlo bien, realmente lo había golpeado duro por la frase inicial de Gohan.
"No voy a volver." Declaró el niño, como si su respuesta hubiera sido de hecho la más fácil y la más simple solución en todo el cosmos conocido. Sus pequeños hombros no desarrollados se levantaron su orgullosa e impenetrable postura, su mirada mucho, mucho más grande que la de la mayoría de los niños de su edad.
"Oh, sí que lo harás." Escupió el Rey, medio enojado por el bochornoso comentario que fue anunciado de un niño y medio impresionado. Con eso, salió hacia las grandes, llamativas puertas de la sala del trono, golpeándolas con su inagotable fuente de energía. Para su insulto y consternación, el testarudo niño se puso frente a él, aparentemente negándose a dejar los confines del castillo.
"¡No voy!" Gohan gritó, cruzando sus brazos de manera adorable. Vegeta tuvo que apretar sus dientes contra el arribo del dragón una vez más, escuchando su promesa de escapar al segundo que no lo revisara.
"Ohh..." Vegeta gruñó, apretando su mandíbula y sacudiendo su cabeza. "¡SÍ que vas a volver!"
Con eso, agarró embarazosamente su mano de manera firme alrededor de la muñeca del niño, obligando a Gohan a descruzar sus brazos y trotar detrás de su Rey. Y por Dios... ese niño luchaba contra él con cada paso en el camino, retorciéndose y tirando con sus pies, jalando y en un momento arañando para no ser enviado de vuelta.
Supongo que la idea de sólo cuan ridícula y vergonzosa era toda la muestra, debió haber pasado a través de la cabeza de Vegeta mientras calculaba una y otra vez cómo exactamente había sido reducido a arrastrar a un maldito niño a mitad de camino a través de la Ciudad del Infierno. Esto no era un trabajo para la realeza y CIERTAMENTE no era un trabajo para él. Pero... no era como que podía exactamente dejar al niño seguirlo por cada movimiento suyo, copiando cada posición y revisando sus lugares y permaneciendo espiándolo sobre sus problemas entre él y Bulma.
Apretó sus dientes duro y firme mientras sentía la calidez, el perforador agarre de la boca de Gohan establecido sobre su brazo, los diminutos colmillos sin duda rompiendo la piel. ¡Lo había mordido!
"¡OH!" Gritó Vegeta, sosteniendo al niño literalmente en el aire, los dientes todavía apretados en su brazo, colgando frente a su rostro. "¡Tú!... ¡TÚ!..." las palabras ni siquiera se procesaban mientras sostenía al voraz pequeño demonio ante su visión, diminutas cejas golpeadas juntas, manos y labios todavía envueltos alrededor del cuero en el brazo de Vegeta.
"¡Por qué tú pequeño mestizo rabioso!" Hirvió el Rey Demonio, en un punto moviendo su brazo de atrás hacia adelante para sacar a la pequeña bestia, sólo para ahogar una risa mientras el niño se mecía con gracia a lo largo.
"¡NIÑO!... ¡SALTE!" Demandó fuertemente, todavía de pie sobre el puente del foso. Cerró sus ojos, sintiendo los dientes apretarse juntos por mera paciencia solamente.
"Gohan... ¡Pequeño bastardo! ¡Suelta mi brazo ahora!"
Ante el sonido de su propio nombre, los ojos del niño se ampliaron marginalmente y soltó sus colmillos del brazo del Demonio más grande, notando un pequeño rastro de sangre filtrarse de la muñeca del Rey de donde él había clavado sus colmillos. Vegeta sin pensarlo, lo arrojó a varios pies del suelo, estudiándolo fríamente mientras el joven guerrero permanecía agarrado a la madera del puente, todavía mirando resueltamente a su captor.
"Ahora... ¡Vas a volver a ese maldito orfanato así tenga que arrastrar tu trasero todo el camino o no! Pero te lo advierto... ni siquiera lo intentes. ¡Preferiría volarte en pedazos que desgraciar a mi línea familiar por arrastrarte como un pez muerto todo el camino!"
"¡No quiero volver allí!" Gritó el pequeño guerrero, todavía sentándose sobre su espalda. "¡Quiero quedarme contigo!"
Vegeta suprimió la urgencia de agarrar al niño de su cabello y gritarle por desear una cosa tan venenosa para sí mismo.
"Puedo tan sólo encadenarte en el calabozo si deseas tanto quedarte en el castillo." Miró largo y duro a los temblorosos labios y ojos del niño, casi nervioso por el hecho de que Gohan parecía estar considerando tal oferta.
"Iré." Susurró finalmente, regordetes pequeños labios haciendo puchero y temblando mientras se ponía de pie con cautela.
Con eso, el Demonio se giró bruscamente sobre sus talones, sus alas de cuero regodeándose con orgullo detrás de él mientras marchaba hacia su ciudad, el diminuto pequeño soldado siguiéndolo lamentablemente. Mirando hacia atrás con su mejor recomendado juicio, Vegeta maldijo a sus rebeldes ojos mientras miraban una diminuta lágrima deslizarse silenciosamente por la mejilla del niño, su cabeza gacha en vergüenza, aunque sus alas negras azabache levantas en un intento de ocultarlo.
Una vez más el Rey Demonio fue obligado a apretar sus dientes, esta vez por fuerza y voluntad para hacer lo que debía hacer. ¿Qué? No podía muy bien dejar al niño vivir en el castillo, durmiendo Dios sabe dónde y haciendo Dios sabe qué. Todos tenían su lugar, justo como el padre de Bulma había inculcado al parecer en su hija toda su vida, y el castillo no era el de Gohan. Era para los guerreros más fuertes, compañeros cercanos de la línea real, la realeza misma, prisioneros del calabozo, soldados, concubinas, los ocasionales invitados o dos... Ehhh... Kakarotto, como sea que se lo considere, Bulma un Ángel... er... Bueno... está bien, admitiría que los ocupantes del castillo no eran TODOS exactamente las personas más normales o aceptadas, ¡pero ciertamente no podía tener a un niño de 6 años vagando sin rumbo!
Sus pies pisaron con gracia a lo largo del polvo y las rocas, casi como un gato en su rápida prueba del suelo mientras tocaba los primeros pasos en la Ciudad del Infierno, miles de Demonios sin sentido danzando y corriendo sin rumbo a través de las multitudinarias y sobrepobladas calles, una ocasional riña comenzando y terminando con sólo unos pocos espectadores siendo mutilados a su paso. Por protección y tal vez incluso inconscientemente, Gohan lazó su diminuta mano alrededor del dedo índice de Vegeta, el Rey permitiéndolo sólo por el mero conocimiento que podría muy bien perder al joven en medio de las caóticas calles si no lo dejaba.
Las casas, si de hecho las llamarían así, eran simples, viviendas de roca y barro, algunas más inmaculadas que otras pero un lejano grito de unas llamativas y orgullosas estructuras a las que estamos acostumbrados. Algunas estaban echas de una pálida, bronceada sustancia parecida al ladrillo, de pie a tal vez 10 o 12 pies de altura, las puertas tanto una fina, débil madera o incluso una sucia sábana o mata, los techos hechos de hojas de madera.
Las ventanas, aunque casi inexistentes, estaban hechas de un espeso vidrio, cerca de lo irrompible y bien así, porque servían de manera invaluable para guardar a los ocupantes de las peleas de los bares nocturnos y posiblemente cambios de clima que rompían sin preparación en su arribo.
Hombres locos vagaban de manera demente a través de las empedradas calles, caminando y gritando frases e ideas que sólo ellos podían comprender o descifrar. Nadie le prestaba atención a su Rey al principio, aparentemente ni siquiera reconociendo las alas extremadamente grandes, la increíble apariencia y la vestimenta negra que cubría el cuerpo. Y sin embargo, como sintiendo el catastrófico desprecio, desechándolo también, el collar de honor en su cuello brilló fuertemente en la luz carmesí, advirtiendo a todos los demás de su presencia.
Los ojos se ampliaron y las rodillas temblaron ante la vista de su despiadado Rey, mirando con orgullo a cada conjunto de orbes negras que se encontraba, su honor brillando fuertemente en la luz como si burlándose de cualquiera que se atreviera a poner un pie en su camino. Era hermoso y bronceado, impecable y desviado. Era su Rey. Su encarnación de las correctas malvadas y maliciosas intenciones.
Luego por supuesto la idea de intimidar y el intrigante miedo se perdió mientras miraban al diminuto niño aferrado con necesidad a su dedo y moviéndose detrás de él. Muchos simplemente miraron fijo, otros susurraron y asintieron mientras él pasaba, aunque a este punto, Vegeta no prestó atención, todavía agarrando a su prisionero detrás. Supuso que podría haberle importando en un punto en su vida, posiblemente incluso sentir la picazón de un sonrojo influenciar en sus mejillas mientras los diminutos pequeños dedos se apretaban alrededor del suyo. Pero en este punto de su vida, no le importaba lo que otros convencían sus lenguas y mentes en creer.
Después de un tiempo, la palabra había pasado ante él por el arribo del Rey en la ciudad y los transeúntes simplemente lo estudiaron con honor y respetuosos asentimientos, las ocasionales inclinaciones de guerreros enviando una sonrisa a sus labios.
"Rey Vegeta... ¿por qué no prueba a una concubina de la calle?" Una prostituta excepcionalmente grande y horrible inquirió, agarrando su brazo suavemente y parpadeando sus pestañas cubiertas de rímel espesamente. Él sonrió levemente, intentando suprimir la urgencia de vomitar mientras ella lamía sus ennegrecidos dientes manchados de color amarillo de manera sugerente.
"Sí su alteza..." se burló otra, esta, si era posible, tal vez más grotesca que la otra, su ropa colgando de las delgadas costillas y anoréxicos brazos y piernas. "¿Por qué conformarse con putas del palacio cuando puedes fornicarte a una verdadera mujer?"
Sintió el más extraño desprecio por su lenguaje delante de un niño, considerando tal reacción a su instintivos y completamente estúpidos sentimientos que había tenido por el sobrino de Radditz. Empujó para pasar lejos de ellas, intentando esconder su disgusto y mirando al pequeño Gohan que estaba ahogando sus aniñadas risas con su mano libre. Vegeta tuvo que sonreír mientras intercambiaba miradas, ambos sabiendo cuan asqueroso había sido todo el encuentro. Pero ambos se quedaron completamente en blanco ante la siguiente oración.
"Oh ya veo... prefiere a su puta Angelito."
Se volteó ferozmente sobre la obesa mujer quien aparentemente había supuesto era su tono que había captado sus oídos, sólo para encontrarse con los más grandes ojos llenos de miedo que pudiera recordar ver alguna vez. Tal vez hubiera tartamudeado una disculpa, tal vez se hubiera retractado... Fue olvidado mientras era incinerada. Su carne derretida y quemada en vapor mientras era desintegrada a la nada absoluta.
Jadeando por la extrema fuerza del Dragón todavía intentando aferrarse de su cordura, Vegeta estuvo de pie, brazo levantado frente a él donde la mujer había estado de pie una vez y ahora había nada más que una fina capa de ceniza en el suelo, rápidamente volada por el duro, fuerte viento.
Miles de ojos descansaban sobre él, nadie hablando o moviéndose una pulgada mientras simplemente miraban fijos en miedo, temor y vergüenza. La reacción de Vegeta había sido áspera e innecesariamente precipitada como siempre pero su centro permanecía no en esos evidentes hechos sino reflexionando preguntas tal vez que lo que la concubina había dicho era probablemente cierto si su Rey había mostrado tal extremo desprecio y considerando nada más que una nueva aliada puta. Y así empezaron los susurros, los murmullos y desdeñosos asentimientos, todos rompiendo cualquier auto control que seguía quedando lejos de las garras de Vegeta.
Miró con cautela a cada par de ojos, su visión adormecida y oscura, girando de un lado a otro después de la audaz entrada y salida del Demonio que había saqueado su mente y cuerpo en su brusquedad. Sin conocer palabras que dijera que pudieran borrar su conocimiento de la escena que había roto la común normalidad de la Ciudad del Infierno, tragó duro, intentando pretender que su cabeza no estaba todavía girando por la presencia del Dragón.
"¡¿Cómo se atreve a acercarse al Rey con una cara tan horrible?" vino una joven y diminuta voz a su derecha, un dedo todavía envuelto de manera protectora con el pequeño dedo meñique regordete.
"Y a preguntarle por tan honor de su presencia. ¡Ni siquiera se hincó! Qué bien que se deshizo de ella." Y entonces, sacando su mano del dedo índice de Vegeta, Gohan comenzó a aplaudir con orgullo, diminutos dedos y palmas juntándose una y otra vez, todos los Demoníacos ojos descansando sobre el joven guerrero que había acompañado a su temperamental Rey.
Sin comprender qué exactamente estaba intentando Gohan, Vegeta estaba absolutamente sorprendido mientras feroces aplausos y vítores se reunían en el aire, siguiendo el ejemplo del joven. El sonido era claro trueno en una cuestión de segundos mientras sonrisas, alabanzas y gritos se extendían a través de la torpe tranquilidad que había residido previamente, el aplauso casi ensordecedor mientras el nervioso Rey Demonio levantó su mano sobre su cabeza y saludaba con orgullo, mirando patéticamente mientras Gohan simplemente lo miraba, la más grande, tonta sonrisa derritiéndose en su pequeño rostro, pareciéndose supremamente a Kakarotto todo el tiempo.
Y sin embargo, algo se sacudió dentro de él casi como un dolor afectando un sentimiento de pesar que el niño no se preocupara por la vida demolida de la prostituta y posiblemente sus hijos que quedarían hambrientos hasta la muerte. Sin una palabra, Vegeta agarró rápidamente la mano del niño y continuó velozmente a través de las calles, hordas separándose en su presencia y cabezas gachas con extremo respeto y un recién encontrado miedo.
"No creas que te sales de esta tan fácilmente." Le dijo oscuramente al niño desde la comisura de su boca, mirando con toda esperanza derretida y fundida en desdén y dolor. "Vas a ir a ese orfanato."
Con eso, continuaron su peligroso ritmo, Vegeta con furia a través de las multitudes y golpeando a todo aquel que se atreviera a ponerse en su camino. Gohan se disminuyó al principio, sólo siendo arrastrado más que caminando a lo largo hasta que toda esperanza explotó y él simplemente agarró toda su mano dentro de la del Demonio, acolchada por dentro.
¿Dónde estaba ese maldito orfanato? ¡No debería estar tomando tanto tiempo! ¡Debería haber estado allí hace una hora! Ira creció de manera inmensa dentro de él y por millonésima vez ese día, Vegeta fue obligado a suprimir su introducción, sin estar seguro qué era exactamente lo que lo tenía tan nervioso en primer lugar. No tenía nada que hacer, ninguna obligación de muerte o reunión a la que asistir. Y Dios sabía que no tenía una oportunidad en compensar las cosas con Bulma hasta que se lo hubiera ganado, algo que esperaba contra toda esperanza poder hacer. Realmente había hecho un lío esta vez, realmente la había lastimado. Maldijo eso. Dios... Maldijo lo que había hecho tanto, sabiendo que simplemente no podía borrarlo. Ser Rey estaba sobrevalorado. Todo el poder, todo el miedo y respeto, el título... ¿podía algo de eso realmente hacerla olvidar lo que había hecho?
Y si pudiera olvidar... ¿se merecía él esa comodidad? Nunca en su vida había puesto una mano sobre una mujer, nunca en su vida había tratado adrede a la raza femenina tan mal. Entonces, ¿por qué a Bulma? ¿Por qué estaba esta incesante urgencia de romper su corazón? ¿Porque podía? El Dragón era diferente ahora. Venía más rápido, más fuerte y sin embargo él recordaba. Cuanto despreciaba los recuerdos. Pedazos y mínimas escenas ahora y de nuevo destellaron en su mente de su encuentro anterior dentro de las garras del agarre de la oscura criatura. Había matado a tantas concubinas y sin embargo, ni siquiera se había acordado. Pero tratar a Bulma con falta de respeto... Dudaba que incluso si pudiera... probablemente él no pudiera perdonarse a sí mismo. No por esto.
Un gran edificio se avecinó frente a ellos, de pie en el medio del camino en su propia isla, decrépito y viejo, gritaba brutalidad y miedo, esperanzas perdidas y sueños asesinados. Era el orfanato. ¿Cuántas veces como adolescente él y Radditz habían viajado pasando por él? Danzando y ni siquiera pensando qué clase de almas perdidas podían habitar en tal vivienda. Pero había sido despreocupado en esos días. Cabeza hueca y con la panza llena con cualquier clase de licor y droga que pudiera asaltar a su sistema.
Había sido famoso por sus borracheras, vez tras vez despertándose en la casa de otra persona, una vez incluso despertándose con la mujer de otro hombre y siendo aplastado con un palo en la cabeza antes de ser reconocido como el segundo hijo del Rey. Él y Radditz habían sido muy conocidos por sus fiestas de periferia, de temerario y coqueto comportamiento. Eso fue por supuesto antes que el gran tipo se casara con Lunch.
En un momento, las visitas de Vegeta a la Ciudad del Infierno habían sido frecuentes, bien sabidas incluso por su padre. Aunque al hombre nunca le había importado, lo había hecho perfectamente evidente que no tenía uso alguno para un hijo que viajaba con soldados de clase baja para emborracharse con basura y estiércol del Infierno. Incluso en ese tiempo él había intentado ocultar su vergüenza ante tal desprecio, incluso de Radditz quien todavía no tenía idea alguna de los impulsos que cursaban para hacer a su desafiante padre orgulloso. El Rey no tenía uso para un borracho, drogado hijo. Eso podría haber sido cierto, porque había reprochado febrilmente a Draco por acompañar a su "irreverente hermano" en sus "incesantes ataques de incompetencia." Pero en esencia, el Rey no tenía uso para un segundo hijo en lo absoluto. Y no le había tomado mucho más tiempo para que el respeto de Vegeta y casi obsesión con su sensual padre se vaciara y su ignorancia de la orden del Rey fuera su muy apreciado camino a rebelarse.
Pero ahora miraba fijamente a esta casa de almas perdidas con oculto asco, contemplando el fango que había crecido sobre las paredes, destruyendo las ventanas y sus sellos, grabados a través de las puertas y el portón que mantenía a los olvidados niños de escaparse. Mirando el rostro del niño, el Demonio notó para su triste desesperación que Gohan estaba llorando de nuevo, las delgadas líneas de lágrimas siendo rápidamente limpiadas por el dorso de una regordeta, pequeña mano. Tragando el grueso, debilitado montículo en su garganta, Vegeta jaló al vacilante niño adelante, maldiciendo cada paso que daba mientras abría la chirriante reja y procedía dentro de la oscura casa.
Ratas corrían de un lado a otro, correteando a través de los pasillos tenuemente iluminados por los fuertes pasos del Demonio y su carga mientras se aventuraban adelante. Húmedas gotas del techo aterrizaron en la cabeza de Vegeta y sus perforadores ojos notaron el grupo de líquidos juntos en la plana superficie arriba, sin duda causados por una tubería con fugas o un sistema de drenaje. Ahogó la urgencia de temblar ante el frío del establecimiento, tirando de Gohan detrás de él más rápido para escapar de este agujero del Infierno y retornar a su espléndido castillo.
Pasaron por puertas que conducían a habitaciones abandonadas, algunas casi colapsadas por el moho o debilitados pisos de maderas, otras abandonadas para las ratas y arañas que se arrastraban predominantemente sobre las paredes.
Dando un vuelo en las chirriantes escaleras, Vegeta tuvo que sonreír tristemente ante la idea de que tal vez esto estaba, de hecho, hecho mejor que su calabozo propio mientras las mismas pareces parecían irse hacia él. Gohan tembló y ahogó un sollozo mientras intentaban llegar al pasillo principal, pasando por puertas abiertas y echando vistazos a niños llorando, con malnutrición y hambre tomando su cuota en sus diminutos cuerpos de pueriles y criaturas. Vegeta cerró sus ojos, sacando una vez más la sensibilidad de su consciencia ante la vista de un niño muerto, frío e hinchado recostado en una cama, sin duda golpeado hasta la muerte, ya sea por su comida o por su estupidez. Agarró a Gohan incluso más fuerte todavía, casi corriendo pasando la escena con el fin de sacarla de su mente y evitar la atención del niño.
Entrando a los verdaderos cuartos de viviendas fue tal vez lo peor y Vegeta tuvo que detener su aliento ante la vista de cientos de niños arrojados en una habitación, algunos agarrando y compartiendo desgarradas y rotas sábanas, otros simplemente yaciendo en el desarmado colchón en el suelo, uno muerto, despreocupado por la vista en sus ojos alguna vez brillantes. Se habían rendido, dejaron de intentar vivir en esta gastada vida. Ya no parecían niños, simplemente viejos y decrépitos hombres obligados dentro del hambre y abandono de sus cuerpos de 6 y 7 años de edad. Una rata huía de él, sólo para ser apuñalada por la espalda con un roto pedazo de vidrio por un joven niño y comida allí y entonces, cruda y ensangrentada toda sobre el rostro del niño.
"¿Puedo ayudarle?" Preguntó una ruda, masculina voz a su izquierda e incluso Vegeta saltó ante la asquerosa vista de la jefa del orfanato, llena de pelo y gorda mientras ella lo miraba ruda y expectante, aparentemente demasiado incompetente para darse cuenta quién era él. Estaba vestida toda de negro, sus grotescas facciones resaltando más aún su cabello negro azabache, largas uñas y pequeñas, inútiles alas.
"Yo..." Tartamudeó él, demasiado ocupado intentando discernir cómo alguien podría posiblemente tener tantas cosas en su rostro, para responder correctamente. Una mirada irritada pasó por él, sus hundidos ojos echaron un vistazo a Gohan, oscureciéndose considerablemente mientras bebían su apariencia de ojos ampliamente abiertos. Parecía completamente asqueada de verlo parado allí, casi repulsión despertando en su asqueroso rostro, largo hocico en lugar de nariz y oscuros labios que parecían ensangrentados.
"Tú." Demandó al atemorizado niño, ya no importándole el Demonio adulto que todavía lo agarraba. "Esta es la última vez que te escapas de mí."
Pareció estar encogiéndose ridículamente sobre un correcto castigo para el niño como resultado de su extremo asco. Gohan tembló contra la pierna de Vegeta, recordando su promesa mientras él había huido de ella semanas atrás, golpeando una puerta para abrirla y cayendo sobre una cerca, rezando contra toda esperanza que se hubiera olvidado.
"Está en la bodega para ti Gohan." Sentenció finalmente, mirando con enferma fascinación mientras el pueril casi caía de rodillas.
Vegeta no podía creer cuan patéticamente familiar era toda esta escena mientras recordaba cada aburrida historia de huérfanos que había leído de niño. Los cuentos de malvadas madrastras o jefes de orfanato, siempre malvados a su mayor extremo y despiadados en su insignificante trato hacia el inocente. En algún lugar en su mente siempre los había desechado, preguntándose por qué en el nombre de Dios alguien quien despreciaba tanto a los niños se las agarraría con ellos y elegiría permanecer en su presencia. Nunca había creído verdaderamente que en un orfanato residiera tal monstruo, preguntándose con humor cuanto necesitaría para pagarle por residencia en su calabozo. Ahora si eso no era tortura, ¡no sabía qué era!
Ella agarró sus largos, sucios dedos alrededor de la muñeca de Gohan, jalándolo barbáricamente lejos de Vegeta y arrastrándolo sollozando detrás de ella. En un destello, Vegeta estaba siguiéndolos, sin estar seguro pero al mismo tiempo persiguiéndolos como un criminal, enfermamente impresionado por la velocidad de la gorda mujer mientras galopaba por un vuelo en las escaleras, todo el tiempo agarrando a su prisionero a lo largo y gruñendo sobre el pequeño monstruo que se había escapado.
"¡Drensela no!" Gohan gritó, tropezándose tras ella.
"¡Lo siento!" Gritó. "Lo siento. ¡No seré malo de nuevo, lo prometo!"
Su diminuto, redondo rostro fue golpeado severamente y muchas veces por la horrible, despiadada mujer, sus enormes ojos se volvieron diminutas rayas de inundantes lágrimas mientras su caliente aliento quemaba en su rostro, recordándole del traicionero lugar al que iría. La bodega era caliente, quemaba como una caldera en el día, fría como el corazón de una bruja durante la noche. Sin ventanas o luz tocando el subsuelo de Infierno, y como castigo, los niños eran enviados allí por días, en tanto para salir silenciados para siempre y callados, o muertos, olvidados por unos pocos demasiados días. O morías de enfermedad del calor o frío... o por un corazón partido en tu soledad o por el hambre en el olvido de Drensela.
El niño puso un Infierno de batalla pero fue arrojado fuertemente al suelo, sólo para ser levantado por la parte de atrás del cuello y cargado, con las entrañas desgarradas y sonidos inundando la taberna de la escalera mientras bajaban una vez más.
Todavía inseguro y completamente sin decidirse el Demonio simplemente siguió, mirando la espalda de las desgarradas y rasgadas alas de una distancia mientras ella estaba de pie en la parte de abajo de los escalones, rápidamente arrojando abierta una puerta de madera y arrojando al joven niño sin cuidado dentro.
Los gritos de Gohan que cuajaban la sangre se deslizaron a través de la consciencia del Demonio, recordándole de ese fatídico día que su hijo había gritado ante el toque del fuego.
"¡Drensela!" Gritó el niño, golpeando sin frutos sobre la puerta mientras la gorda criatura simplemente estaba de pie afuera, escuchando con una repugnante sonrisa en su caída boca. Permaneció completamente ajena al mundo exterior o a la avecinada presencia de Vegeta en las sombras de la escalera, lamiendo sus labios ante el seductor sonido de los gritos de un niño, enamorada perversamente con las súplicas de los últimos sollozos conocidos de un niño, sabiendo que de hecho, se olvidaría de este por muchas semanas a venir. Esta era la razón por la que se quedaba en tal casa, el simple pacer de hacer lo más horrible de los días era hermoso.
"Drensela por favor... ¡por favor!" Sollozó el niño contra la grieta de la puerta.
"Eres hermosa. ¡Eres hermosa!" Gritó, sabiendo de la debilidad de la bestia por los halagos.
"Drensela eres tan hermosa... Por favor déjame salir. Por favor déjame verte."
Desafortunadamente, los intentos eran en vano, esperanza y tiempo funcionando en contra de Gohan mientras casi una hora pasaba y ni siquiera una palabra había sido dicha por el redondo monstruo que todavía se avecinaba en las afueras de su puerta, sin hacer nada con sus rotas súplicas y rasgada voz, dura y áspera por el sobre uso.
"¡VEGETA!" Gohan gritó finalmente, sus diminutos dedos arañando la vieja madera frenéticamente como si su última oportunidad en la vida se estuviera escapando de angosta manera de su agarre.
"¡VEGETA! ¡Por favor!"
Ante el caótico y demente tono de la voz de Gohan, Vegeta hizo un gesto de dolor, cubriendo sus sienes y cerrando sus ojos mientras una familiar escena se desenvolvía en su mente.
¡Sólo ámame!" Había gritado en su mente, hundiendo su puño en el pecho de su padre.
En ese momento había hecho una promesa que mantendría para siempre. Prometió que su hijo nunca sería lastimado así. Nunca sería negado. Sería protegido y estaría orgulloso de quien era. Incluso si Vegeta no podía amar, le prometió al niño que sabría que sería apreciado. Y... y podría Vegeta ser maldecido a un Infierno más profundo si alguna vez le ponía una mano a su hijo.
En un instante antes antes que el cerrojo de la puerta fuera cerrado en finalidad por los gordos dedos de Drensela, la mano de Vegeta lo abrió, la feroz bola de energía disipando la puerta y dejando al niño sano y libre. Con amplios ojos llenos de lágrimas y una sonrisa que podría haber iluminado las estrellas, Gohan corrió a su lado, extrañamente agarrándose del vientre de Vegeta y sollozando. Su poderoso agarre casi había noqueado al Rey mientras el pequeño guerrero lo abrazaba fuerte, como si el universo pudiera muy bien colapsar si se soltaba.
Feroces ojos rojos impregnaban la oscuridad de la escalera, aterrizando poderosamente en la despiadada mujer que lo estudiaba con un renovado miedo. Sus muertos, hundidos ojos echaron un vistazo al collar, brillando con una vacía luz incluso en la misma oscuridad que lo encapsulaba.
"Rey... Rey Vegeta." Comenzó, su obeso cuerpo temblando y sacudiéndose, echándose atrás en la habitación negro azabache donde Gohan había estado de pie una vez, vacía de toda luz. Sus ojos eran temerosos y amplios, tomando los largos colmillos y ardientes ojos, el mismo calor casi quemando sus cejas mientras la ira iba dirigida directamente hacia ella.
Casi parecía que luz estaba haciendo cosquillas en su cabello y piel mientras la estática y el brillo danzaban a través de sus dientes, sus venas creciendo en sus sienes y demencia llenando el vacío que debría haber gritado inteligencia dentro del hermoso hombre. Levantó una palma firme hacia ella, una roja bola de luz filtrando el ennegrecido cuarto y revelando incontables cantidades de cuerpos de niños, arrugados y muertos por muchos, muchos meses y posiblemente incluso años.
"¡No!" Gritó Gohan, agarrando la mano del Demonio mayor. "¡No mates a Drensela!" Rogó, sus ojos brillaron con firmes lágrimas mientras rogaba por los monstruos a la indigna vida.
"¿No lo ves?" Preguntó. "¿No ves que está enferma?"
Mirando profundamente en el alma del niño, Vegeta sabía que profundo la inocencia todavía permanecía, quemando brillantemente aunque siendo negada de las comodidades del reconocimiento. Este monstruo, esta viciosa bestia de mujer lo hubiera dejado asfixiarse y morir, congelarse o morir de hambre y sin embargo... dentro de las garras del corazón de un hermoso niño permanecía el perdón que Vegeta había envidiado con toda su alma.
"Debería matarte donde estás." Vegeta le dijo al repugnante animal que lo miraba con miedo. Su voz hacía eco y se enlazó con una segunda, los dos tonos impregnando el aire con una enferma intensidad.
Calmándose visiblemente, apretó sus dientes, todavía mirándola con el fuego de mil soles, ira y rabia tocando su misma mente con las ideas de cómo lidiar con tal despreciable alimaña. Quería matarla. Los tres lo sabían. Pero dentro de esa habitación de monstruos había un niño con un alma tan brillante como el Paraíso, compasiva y tierna como un Ángel. Donde debería haber habido desprecio, miedo y odio sólo había amor, fuerte y puro en su manera a pesar de los deseos de Vegeta.
Bajó la vista hacia Gohan, celoso de esa fuerza y sorprendo por la diminuta criatura. Los grandes, inteligentes ojos lo estudiaban con casi idolatría, apreciación y esperanza.
'Podrías no ser mi hijo,' Vegeta remarcó tristemente en su mente, 'Pero estaré contigo.'
Con una cálida sonrisa brillando en sus propios ojos, Vegeta sacudió las puntas de negro cabello en la cabeza del niño, ganando una aliviada risa.
"Vamos a casa." Susurró.
