Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Ángel Oscuro

(Dark Angel)

Un fic de Camaro

Traducción por Apolonia


"Gohan." Su voz barítono le advirtió mientras se acercaban al castillo, la oscuridad de las sombras de la torre sobre la Ciudad del Infierno con su inmenso tamaño. La oscuridad estaba cayendo rápidamente, el carmesí sol alrededor probando el horizonte y tentando al cielo con sombras de color púrpura.

El joven niño alzó la vista con casi idolatría brillando en sus oscuros ojos, sin ningún miedo que su Rey hubiese decidido de repente cambiar de opinión y volver a enviar al agujero de desesperación por el que casi había sido envuelto. Sus ojos eran exquisitos, del más fino mármol, brillando con exuberancia y esperanza, sin miedo a dudas pertinentes mientras se maravillaba a su encarnación de Dios.

Era tan confiado como Bulma y esta idea emitió cansados instintos paternales sobre la fría fachada de Vegeta, recordándole su promesa. SÍ cuidaría al huérfano. Su extremo orgullo y arrogancia lo abofeteaban constantemente por su aparente debilidad pero el honor seguía siendo el mismo. SÍ velaría por Gohan. Le debía eso a Toro, el soldado que había sido deshonrado y repudiado incluso en la muerte, dando su vida por el propósito de salvar el honor de su Rey. Vegeta sabía la deuda que tenía con ese hombre. Conocía el intenso amor de Radditz, prohibido y rechazado como era. Había visto la inmensa chispa y absoluto odio brillar en los ojos de su soldado cuando él había golpeado al niño. Le debía a Radditz muchas, muchas cosas. Su romance con Lunch siendo una de ellas. Radditz adoraba a su pequeño primo y era lo menos que Vegeta podía hacer cuidando a su pariente. Le debía eso a Radditz, y lo sabía.

"Vamos a tomar... un pequeño desvío." Vegeta le informó a una distancia segura de la ciudad, deteniéndose momentáneamente para ver hacia los peligros que sin duda se enfrentaría en el camino. Se detuvo, esperando al joven Demonio trotar junto a él, pequeños pies pisando el espeso polvo junto a él antes de continuar.

"Vamos a las afueras." El Demonio le dijo casi con severidad, medio esperando que el niño llorara y continuara una de sus obstinadas rabietas que había arrojado mientras se negaba a volver al agujero del Infierno en el que había vivido por demasiadas noches. En cambio, sólo recibió esa brillante sonrisa y felices ojos, las silenciosas gracias del niño por todo lo que había hecho, aunque en secreto, Vegeta sintió el extraño deseo de hacer mucho más, entregar su lujoso estilo de vida al joven guerrero por su coraje y valentía a pesar de los ensayos. Era un extraño deseo para él.

"¿Dónde vamos?" Su áspera joven voz sonó, el mero tono de ella agraciando el sistema de Vegeta con la más extraña, más ajena urgencia de juntar sus manos y sólo decir "awwww... " Era un poco desconcertante por decir lo menos.

"Vamos a uno de los pozos de fuego que arde en el Este. Son los más fuertes allí."

"Sí, ¿pero por qué vamos?" Gohan preguntó, notando una diminuta cantidad de indignación barrerse a través del rostro de Vegeta.

"Porque."

"¿Porque por qué?"

"¡PORQUE YO LO DIGO!"

"¿Por qué lo dices?"

La paciencia de Vegeta se estaba agotando rápidamente, diminutas cadenas de su temperamento siendo cortadas una a una mientras era obligado a apretar su puño a su lado mientras bajaba la vista a la esencia de su cordura en disminución Gohan simplemente alzó su vista como siempre, sus regordetas mejillas haciendo hoyuelos con humor y negros, lechosos ojos aturdidos con asombro cuando por todas las cosas debía haber estado temblando en terror.

¿Qué pasaba con este niño? ¡¿Eran todos los niños así de... exigentes? ¡¿Tercos? ¿Todos ellos insistían en hacer preguntas sin cesar hasta que su tutor jalara cada mecha de cabello en su frustración? Estaba teniendo un dolor de cabeza bastante intenso y podía jurar que en las pocas horas que había conocido al niño probablemente había envejecido 10 años de edad. ¡No se sorprendería si a la noche le brotaran canas!

Molesto más allá de la indignación, suspiró, calmando al Dragón con más determinación y honor a su promesa. ¡Cuidaría del maldito niño incluso si eso significaba salvar a Gohan de sí mismo!

"Sólo ven conmigo niño." Gruñó, sus pies rápidamente dejando el suelo, el polvo girando en el viento mientras sus alas expandidas golpeaban el aire. Para su suprema molestia, el diminuto guerrero levantó sus manos en el aire hacia Vegeta, sin hacer intento alguno de seguirlo en el cielo.

"No puedo volar todavía." Gohan admitió, sus ojos retratando vergüenza por tal desgracia, porque los hijos de otros guerreros ya habían dominado el arte de viajar por el cielo. Era una lección que la mayoría de los soldados enseñaban a sus hijos a la edad de 4 o 5 años, siento lo más tarde. Gohan de hecho estaba tarde en su habilidad, probablemente debido al hecho que Toro había sido uno de los más grandes y valuados hombres en el ejército de Vegeta, necesitando en tantas ocasiones y sin duda ausente en la mayoría de la vida de su hijo.

Grandes botas de combate aterrizaron de nuevo, Vegeta descansó sus manos furiosamente en sus caderas, sabiendo que de hecho NECESITABA al niño en su viaje y sin embargo contemplado llevarlo al castillo en su lugar. Corrió sus manos por su cabello, inseguro si podía sacar esta búsqueda por él mismo sin ser freído. Necesitaría a alguien más y Gohan era la inmediata elección debido a su irrelevancia como niño y lo evidente... estaba allí.

Aún así, el viaje sería bastante peligroso y un testarudo y demandante niño sólo lentecería o pondría en peligro el progreso.

"Niño." Gruñó, volteándose con desdén. "Ve al castillo. Te veré en unas cuantas horas para arreglar tus habitaciones."

"Uh uh." Gritó el niño, sacudiendo su cabeza. "¡Quiero ir contigo!"

Vegeta gruñó más profundo en su garganta, advirtiendo al niño de los peligros de tanta insistencia. Nadie se atrevía a hacer frente a su Rey no teniendo siquiera el más mínimo honor. Y sin embargo este niño no tenía absolutamente ningún miedo en protestar y desconcertar a su Rey al punto de la locura.

"No, no quieres." Insistió el Rey, sin estar seguro de por qué estaba rechazando la oferta pero al mismo tiempo intentando alejar al niño y preguntándose si de hecho estaba funcionando en hacerlo. "Va a ser terrorífico y... ¡y peligroso! ¡monstruos y fantasmas!" El niño no parecía muy impresionado, levantando una de sus cejas como si diciendo... '¿Eso es todo lo que tienes para mí?'

"Arañas y... ¡Escorpiones! Zombis y..." Vegeta tartamudeó... ¿Cuál podría ser el mayor miedo de un niño pequeño? Qué podría posiblemente repugnar a un niño de la edad de Gohan lo suficiente para- Una sonrisa agració su rostro.

"¡Zombis y NIÑAS!"

El niño tembló notablemente ante el espantoso pensamiento. Vegeta casi estaba muriendo por dentro por la inmensa necesidad de reír mientras notaba al joven guerrero reflexionando sobre sus opciones inmediatas, preguntas girando en las rudas de su cerebro. Finalmente su sonrisa se amplió y suavemente tomó la mano del guerrero más grande, poniendo su pie en el suelo y mirándolo.

"Está bien. Tú puedes protegerme de ellas." Su dulce voz como campana sonó, las palabras dándole al Rey una extraña sensación de poder y orgullo. Cansándose de mirar hacia abajo al niño, Vegeta se puso sobre su rodilla, sonriéndole al niño con malicioso brillo en sus penetrantes ojos mientras levantaba su mentón.

"¿Qué si tratan de besarte?" Vegeta rió mientras el rostro del niño se arrugaba y sacaba su lengua, aparentemente repugnado por la simple idea.

"¡Entonces puedes hacerlas volar!" Gritó, emoción y aventura representándose como escenas de una película en sus ojos.

"¿¡Qué... qué si son demasiadas para mí!" Vegeta tartamudeó en fingido miedo, ampliando sus ojos, sin ninguna razón aparente jugando con la imaginación del niño. No estaba seguro cuándo exactamente había sido reducido a tales juegos y fascinaciones, sólo que estaba bastante envuelto con la idea de Gohan teniéndole miedo a las niñas. Dios sabe que a él nunca le había pasado.

"¿¡Qué si me atacan!" Vegeta gritó juntando sus manos a cada lado de sus propias mejillas, emocionando al niño aún más.

"No pensarás que lo harían, ¡¿o sí?" Los enormes ojos de Gohan se ampliaron incluso más, tomando toda posibilidad de miles de pequeñas niñas atacando a su invencible Rey.

"Bueno... ¡entonces yo te salvaré!" Gritó el niño, viéndose como si realmente estuviera dispuesto a asumir el riesgo contra una manada de hambrientas niñas pre púberes. Vegeta rió animadamente, arrastrándose para ponerse de pie.

"Muy bien soldado." Rió. "Acabas de ser reclutado."

Mirando a ambas direcciones y asegurándose que la costa estuviera limpia, arrojó al diminuto niño en sus brazos y voló en el aire, volando tan alto para no ser visto cargando a algún huérfano. Gohan gritó con absoluta alegría, sus pies pateando por sí mismos y acercándose peligrosamente a golpear la ingle de Vegeta.

"¡Detén eso niño!" Gruñó enojado, su intenso tono siendo escuchando incluso mientras el viento batía cerca en un sonido casi ensordecedor. "¿No has volado nunca antes?"

Gohan pareció estar pensando por un tiempo antes de asentir.

"Mi papá solía llevarme de vez en cuando. Decía que "¡yo sería un guerrero todavía!" incluso si mis alas eran demasiado grandes y se metían en el camino.

Vegeta miró a las alas del niño, por primera vez notando que de hecho, eran un poco grandes y delgadas para el tamaño del niño, incluso envueltas y apretadas detrás de su espalda. Aparentemente sintiéndose inseguro por la mirada del guerrero más grande, Gohan metió sus alas incluso más apretadas a su cuerpo, acomodándose como si estuviera incómodo, un ceño fruncido levemente dolido en sus tristes labios.

"Ah, Gohan." Vegeta murmuró con una leve sonrisa, mirando al frente hacia adelante a su destino que no estaba demasiado lejos del borde de las ardientes montañas. "No deberías preocuparte demasiado por eso." Se encogió de hombros. "Sabes... mis alas siempre fueron demasiado grandes para mí cuando era más joven."

Si era posible, los ojos del huérfano crecieron incluso más, mirando al principio en incredulidad y finalmente en resuelta felicidad mientras arrojaba sus diminutos brazos alrededor del cuello de Vegeta y lo abrazaba.

Notando la aparente repulsión del Rey por tal exhibición, y maldiciéndose por su débil y abierto comportamiento, Gohan desenvolvió sus brazos, acomodándose contra el pecho de su Rey mientras seguían volando.

"¡¿De verdad?" Preguntó con asombro.

"De verdad." Respondió Vegeta suavemente, recordando cuan incómodo había estado siempre por el tamaño de sus alas. Su padre siempre había mirado con desprecio a la apariencia de Vegeta,sus ojos descontando las hermosas musculares facciones y hermoso pequeño rostro, y revolcándose sobre las inmensas alas de cuero que lo mantuvieron varios años detrás de los demás mientras seguía su vuelo. A decir verdad, ni siquiera había dominado el arte de volar hasta que tuvo casi siete.

"Mi hermano solía llamarme Dumbo por alguna razón. Siempre insistiendo que si no lograba ser uno de los guardias del palacio que siempre podría trabajar en el circo en la Ciudad del Infierno." Incluso mientras recordaba la vergüenza que sentía por esas palabras, tuvo que reír. En esos años, todo lo que podía recordar querer era un par de alas más pequeños. Volar alto y rápidamente derrotando a un par de alas de 10 pies. Había sabido EXACTAMENTE cómo había querido que se vieran.

Elegante y cincelado, el negro más oscuro en el universo conocido con puntiagudos cuernos en la parte superior. No TENÍAN que ser óseos y estructurados, pero los quería para que tuvieran púas en las puntas, justo como el par de su padre.

Ahora de hecho había crecido en su propio tamaño con una envergadura de 15 pies, y todos tenían envidia del inmaculado tamaño y hermosa, agraciada estatura. Incluso Draco, por todas sus engañosas y tortuosas maneras que había notado que su 'débil hermano' lucía con sus muy generosas alas.

"¡Solía viajar en ellas todo el tiempo!" Pensó en voz alta, sólo notando una fracción de segundo después que se lo había dicho a Gohan que comenzaba a temblar con extrema risa, su boca emitiendo ese hermoso sonido de tipo campana una vez más.

"¡A veces yo también!" Ladró a través de ataques de risa, sus ojos cerrados goteando, así era por la risa o el viento Vegeta no podía decidir.

"¡Drensela solía amenazarme diciendo que si era malo me las cortaría y las usaría para un cometa!" A pesar de la morbosidad de la frase, ambos ríeron mucho más, llenando el aire con sus ridículas risas.


"¿Qué pasa?" La áspera pequeña voz preguntó junto a su oído, sobresaltándolo fuera de su estado de trance de recuerdos. Vegeta sacudió su cabeza levemente, intentando alejar los gritos y visiones de su primogénito, el escenario alrededor de él sin ayudar en lo más mínimo.

"¿Qué quieres decir?" Preguntó, aclarando su garganta y pretendiendo descartar tal idea como un malentendido. Su voz sonó inestable, insegura incluso para él, el dolor y la pérdida en cuestión incluso en el tono y definitivamente en la liberación. Parte de él se estaba desvaneciendo con el tiempo, revelando emociones y sentimientos que había sido capaz de ocultar previamente con una habilidad diferente a cualquier guerrero conocido. Ahora era diferente y parecía como si cada pensamiento y recuerdo estuviera abierto, yaciendo sobre sus hombros para ser observado por cualquier transeúnte.

"Sólo tienes esa mirada triste en tus ojos." Gohan le dijo con timidez.

"Papá solía tenerla también a veces. Se ponía triste cuando pensaba en mamá." Dijo Gohan, incluso a pesar que ocultaba el dolor adrede, aparentemente no sentía vergüenza alguna en trasmitir la última debilidad de su padre. Pero entonces, Vegeta razonó, por qué debía ser una debilidad. La debilidad debía ser ocultada y evitada, alejada, cortada o matada de lo que sabemos y sentimos. Aceptarla y lidiar con ella abiertamente... eso probaba a un guerrero de un mero hombre. Desafortunadamente, la semilla del desprecio en las emociones estaba demasiado arraigada para ser eliminada y supuso que las cosas realmente nunca iban a cambiar. Parte... No... la mayoría de él estaba contenta por eso.

"Qué..." Vaciló el Demonio, preguntándose si era de su incumbencia preguntar antes de darse cuenta que de hecho estaba lidiando con un mero niño y no con mucho límite personal tampoco. "¿Qué le pasó a tu madre?"

"Murió al tenerme. Papá dijo que fue un milagro que yo viviera pero ella no era lo suficientemente fuerte así que fue para bien de todos modos." El huérfano dijo casi con indiferencia, completamente ajeno a la enfermedad que retorcía un cuchillo en las tripas de Vegeta. ¿Qué había hecho ese maldito Ángel con él? Antes, no hubiera ni pestañeado por tales noticias, incluso yendo tan lejos como para estar de acuerdo que tal resto era para un indigno débil, ¿pero ahora? Suspiró, ahora él era diferente.

"Pero desearía haberla conocido. Papá decía que era realmente hermosa y cuando sonreía, los fuegos en el Infierno se volvían de un rojo más profundo, sonrojándose. Susurró una vez que cuando la conoció, supo que la vida nunca sería igual y que incluso en el Infierno," Gohan bajó su tono innecesariamente alto a un malicioso susurro. "Me dijo que incluso en el Infierno había encontrado el Paraíso."

Vegeta simplemente miró en los suaves ojos de chocolate del niño, sólo su subconsciente admitiendo que en algunas maneras, él sentía ese fuego por Bulma, incluso si no podía admitirlo, aunque sea para sí mismo, a este niño o a Bulma... ni siquiera en un desesperado susurro.

"¿Extrañas a tu mamá?" El niño preguntó suavemente, mirando la reacción de su Rey. Las cejas finamente esculpidas se levantaron levemente, como si en confusión y un poco de dolor brilló en sus interminables ojos negros. Dolor que sólo el niño podía ver.

"Yo... supongo que realmente no la conocí." Vegeta respondió con honestidad. "Ella murió cuando yo tenía probablemente seis... Tu edad."

"¡Yo no tengo seis estúpido!" Protestó el huérfano rudamente, aparentemente MUY insultado por semejante error. Insultado lo suficiente para tentar al destino en llamar a Vegeta estúpido, aunque el Demonio más grande en realidad lo desechó, el título siendo una extrema mentira y la precipitada lengua del niño bastante valiente y fascinante a veces.

"¡Tengo ocho!" Gritó, como si la misma esencia de su mundo de hecho se hubiera desgarrado. Pero entonces, como tendían a veces ser los insultos, se olvidaban y simplemente miró con orgullo a su Rey como si su edad fuera por lejos la pieza más increíble de información que Vegeta hubiera recibido. El misterio del universo resuelto.

"¿Qué pasó con tu mamá?" Gohan preguntó tranquilamente, inteligencia y comprensión aparente incluso en su joven rostro. A pesar de parecer tonto y atrevido a veces, Vegeta reconoció en silencio que el niño era muy parecido a Kakarotto, secretamente un genio y mucho más intelectualmente estimulante que otros de su edad.

"Mi padre la mató." El Rey se encogió de hombros, tomando levemente algo que realmente lo había desgarrado por un tiempo, aunque lo había ocultado del mundo y la mayor parte del tiempo incluso de sí mismo, desechando el dolor que causaba como una rara enfermedad que un verdadero vacío por la pérdida. Ni siquiera podía recordarla. Intentaba... Pero no podía recordarla en lo absoluto.

El shock y el dolor habían robado de manera egoísta ese hermoso rostro que alguna vez había estado de pie fuera de su cuna, aparentemente decidiendo en mantenerla en su recuerdo para él, calmaría el dolor que sentía por perderla. Las emociones y reacciones eran egoístas, eligiendo por sí mismas cuando aparecer y cuando borrarse.

Pero algunas veces por la noche... Algunas veces en sus sueños podía sentir sus fríos y calculadores ojos mirando la creación que había crecido dentro de ella convertido en un aprendido monstruo por el tiempo, soportando torturas y dolor para volverse duro y despiadado como su padre. Podía sentir su presencia fuera de su mente, mirando al niño que había sido y al hombre en que se había convertido.

Se preguntó en silencio si ella odiaría el hombre que era, despreciaría su debilidad y a él por tal falla en cargar la línea de la familia sin manchas por la emoción o la mezclada línea de sangre. O... ¿Aceptaría silenciosamente sus elecciones y diferencias del resto de su raza, reconociendo que tal vez la creación de Demonios necesitaba un cambio? ¿Pero entonces se maldeciría a sí mismo y a tal debilidad, preguntándose por qué incluso elegiría reflexionar sobre algo que nunca podría calmar la curiosidad?...

La pérdida de memoria y deseos en vano no la traerían de vuelta. No la conocía, ni lo haría nunca.

"¿La extrañas?" Gohan preguntó una vez más, sus cuidadosos ojos mirando al calmo rostro de Vegeta una vez más.

"Ni siquiera la conocí niño." Respondió con voz ronca, inseguro de por qué el niño sentía esa incesante necesidad de interrumpir e irritar, sin mencionar cambiar posiciones y moverse sin parar en sus brazos mientras volaban pasando por el escaldado paisaje.

"¿Entonces por qué estás tan triste todo el tiempo?" el niño preguntó. La pregunta lo golpeó duro, el conocimiento de sus profundas cicatrices emocionales incluso aparentes para un niño de ocho años. ¡¿Es que TODOS podían leerlo como a un libro? ¿Era ASÍ de patético?

"¡No es asunto tuyo carajo!" Gruñó enfadado. "¡Basta!"

El dolor lavó las dulces, redondas facciones del rostro del huérfano, derritiendo la calmada, despreocupada mirada que agraciaba el rostro del niño, en casi frío y juntado arrepentimiento. Gohan había sido completamente honesto incluso al punto de confiar sus secretos familiares y prohibidas lamentaciones. Era lo menos que podía hacer para devolver la información, incluso en su más pobre forma y ambos lo sabían.

Vegeta suspiró, sus cejas separándose y suavizando el resto de su rostro previamente enfurecido. Mirando hacia adelante, tragó duro, la opresión en su pecho pareciendo ceder.

"Mi hijo murió no muy lejos de aquí." Dijo suavemente, sus ojos suaves y tiernos mientras miraba al seco, rajado suelo debajo, los interminables pozos y ocasionales picos de lava que retorcían el aire con ráfagas de calor. Era una tierra devastada, decrépita y sin esperanza... nada más que un desperdicio. Un desperdicio sin sueños ni esperanzas que había sido el cementerio de su heredero.

De nuevo gritando y llorando, los olores de carne quemada y dementes risas agarraron su memoria y cerró sus ojos, haciendo una mueca de dolor por la pena que esas visiones le causaban, incluso físicamente. Su corazón latía con dureza contra su esternón y liberó un reprimido respiro mientras seguía volando.

"¿Es por eso que tus ojos siempre se ven tan tristes Vegeta?" susurró Gohan, las diminutas cejas levantadas en preocupación y cariño.

"¿Mis ojos se ven tristes?" Vegeta lo miró, las palabras nada más que un respiro en sus labios. El niño asintió.

"Lo veo cuando alejas la vista a veces. Ves a algo que no está allí y... y sabes que no está allí y tus ojos lo extrañan. Como..." el niño tartamudeó, intentando terminar su oración pero sin estar muy seguro qué resultado tendría. "Como algo que se supone que debería estar junto a ti y se ha ido."

Vegeta de nuevo cerró sus ojos, sacando el nudo que se había formado de alguna manera en su garganta. Incluso en su extraño y a veces inexplicable lenguaje, Gohan decía mucho la verdad, incluso descifrando cosas que posiblemente debían quedar solas como misterio.

El Rey sintió la brisa calentar sus mejillas mientras otra ráfaga de magma se disparaba en el aire a solo media milla de donde estaban volando. Estaban acercándose al que él había elegido, lo suficientemente caliente para escaldar a un hombre limpio por la mitad con sólo un toque y sin embargo lo predecible suficiente para ser útil para su propósito.

"¿Es a tu hijo lo extrañas?" Gohan preguntó, como siempre lleno de preguntas que sin duda salían de su mente tan pronto como la anterior había sido contestada.

Vegeta se quedó quieto por un momento, decidiendo si responder o no en lo absoluto, preguntándose si sus palabras traicionarían incluso más por la alucinante observación del niño. ¡Era suficiente que su dolor hubiera sido visto a través de sus mismos ojos como una ventana a su pasado! ¿Realmente necesitaba una mera oración para traicionar cada secreto que mantenía para sí mismo?

Su mente se sintió violada y abusada por las penetrantes preguntas y observaciones ridículamente ciertas. Odiaba la sensación de ser entendido. Odiaba tener su dolor y pena evidente para alguien que ni siquiera era de la mitad de su edad.

"¡No Gohan!... ¡Suficiente con tus ridículas preguntas!" Escupió casi con odio, mirando al joven niño achicarse en sus brazos, ojos ampliados con dolor y sorpresa.

"Él fue un error, ¡¿está bien? Un error que cometí cuando era demasiado joven y estúpido para evitar cometerlo. Y por eso fue corregido y olvidado." Casi se ahogó.

"El pasado sigue siendo pasado. ¡Déjalo ser!"

Ahora si Vegeta estaba diciendo la verdad realmente a Gohan y no implicándoselo a sí mismo, no estoy segura. Pero escupió cada palabra con escondida vergüenza en su pecho y confianza en su tono. mientras más decía, más profundo el cuchillo se hundía en la ya vil herida en su cuerpo, recordándole una y otra vez el hecho que no había hecho NADA para detener a Akasha de destruir al único ser en el mundo por el que hubiera entregado todo el universo.

Pero el pasado... era el pasado. Y Bulma había más que llenado ese vacío en su caja torácica con su amor incondicional y dedicación, el Ángel de la piedad que había suavizado y racionalizado cada cosa mala que hubiera hecho a su clase, perdonando las faltas y moldeándolo en la clase de hombre que ella merecía. Luego por supuesto él había arruinado esa situación de manera real cosa que lo había puesto en esta extraña situación en primer lugar.

"Sólo olvídalo Gohan." Susurró, la malicia y la rabia disipándose de sus palabras, su tono lazado con el dolor del niño que había visto tantas veces y nunca mencionado hasta este día.

"Está bien Veggie." El niño lo tranquilizó amablemente, acunándose levemente más cerca de su portador, acariciando su rostro en el hueco del cuello de Vegeta. Demasiado sorprendido y ofendido por el título, Vegeta casi empujó lejos al niño y al patético afecto que estaba mostrando, antes de ser silenciado por las siguientes palabras del niño, una conocida sonrisa incluso agraciando sus regordetes labios borgoña.

"Yo también extraño a mi papá."


"Cuando digo, tienes que contar hasta diez, ¿está bien?" Vegeta escupió, el calor en el aire causando sudor cayendo en su frente y su barbilla mientras estaba a cinco pies del borde del pozo sin fondo, lava hirviendo y saltando para salir, lo que se repetía cada 12 segundos.

"Vegeta hace demasiado calor aquí." Gimió el niño, sentándose en la seca, agrietada tierra y abanicando el ardiente aire en su rostro.

"Apenas puedo respirar... ¿por qué estamos aquí de todas maneras? Nunca me dijiste." Se quejó, sus jóvenes, inexpertos ojos enterrándose en Vegeta casi de manera acusadora.

Mientras terminaba su comentario, el pozo erosionó, rociando magma amarillo y rojo a 50 pies en el aire antes que volviera a caer. Parecía como si quemara al mismo cielo, volviéndolo del rojo carmesí que tenía ese día. El aire se sentía inquietante, agitando por la barra de calor que había saqueado sólo unos segundos antes.

"Está bien Gohan, escúchame con cuidado." Vegeta dijo, mirando mientras la lava hervía de nuevo en el pozo, preparándose una vez más para el viaje de ser encontrado en menos de 10 segundos.

"Vamos a esperar a estos putos golpes de nuevo..." Sentenció casi furioso, sus dientes apretados no por la ira o el dolor sino por mera determinación y valentía, sus ojos brillando con emoción de un reto.

"Cuando lo digo, empiezas a contar MUY fuerte... 1, 2, 3" demostró, usando un fuerte, inconfundible tono. "... Hasta diez. mientras estoy allá abajo, voy a agarrar a una Roca Roja derretida... ¿h-has oído hablar de ellas?"

Él se sentía inseguro, su estómago girando mientras el magma hervía más caliente, recordándole que no faltaba mucho. Su aliento vino en temblorosos chorros, sus labios temblando por la intensidad de la situación.

"¿Puedes hacer rubíes con ellas o algo?" Preguntó el niño, nervioso por el comportamiento y velocidad con la que hablaba Vegeta, sus gigantes alas negras moviéndose casi hechizantes con la espesa brisa.

"Muy bien." Sonrió el Demonio, jadeando por el suspenso y el calor girando en el viento. "Pero sólo funciona si esta super caliente y ha sido calentando y enfriado muchas veces. Creo que sólo pueden salir a la superficie después de 50 años." Tartamudeó rápidamente, dándose cuenta que el ardiente calor había parado su movimiento y ahora permanecía mortalmente quieto, posiblemente le quedaban 3 segundos antes que el inmenso golpe saliera de nuevo, arrojando caliente líquido hirviendo al cielo.

Había escuchado de este truco de Nappa muchos años atrás, el gran soldado mostrando su propio preciado rubí que había sido cristalizado en su armadura negra sobre su corazón, tan puro y carmesí parecía como si fuera una herida sangrante en su pecho.

"No es la recompensa joven Príncipe." La profunda voz barítono había susurrado, una enorme sonrisa estirando el bigote que usaba sobre su labio superior, algo que Vegeta SIEMPRE había querido hasta que tuvo casi 20.

"No es el premio. Es el viaje para lograrlo."

Muchas vidas se habían perdido horriblemente en esta peligrosa expedición por los rubíes que yacían muy lejos en los profundos pozos del Infierno... mera arena y rocas una vez, derretidas y quemadas hasta el rojo sangre, quieto hasta el corte y pulidos en un fino tono. A veces la roca original era tan ardientemente caliente que era mero líquido y un guerrero podía presionar objetos en ella, asegurando la existencia del tesoro en la casi eternidad. Dientes, piedras, joyas... cualquier cosa que una persona considerara valiosa para ser puesta y cristalizada por la licuada roca.

Llegando a su esternón, el Demonio removió la diminuta lágrima de cristal, incluso en el calor y leve luz del ardiente sol claro y poderoso, el más raro de los diamantes, azul con su intensidad.

Lo sostenía cerca de su corazón, el mundo quedándose quieto mientras el último segundo pasaba y el aire era golpeado por las olas del líquido fuego, el ardiente calor golpeando su rostro y soplando su cabello hacia atrás. Sostuvo su respiración, tal vez sin siquiera saber por qué, sólo que en menos de un segundo estaría arriesgándolo todo por nada más que una roca.

"¿Por qué a la gente le preocupa tanto?" Escuchó su propia voz infantil preguntar en su mente, tan joven e inexperta, casi rogando al calvo soldado por una respuesta.

"¿Por qué vale casi ser asesinado?"

El gran hombre le sonrió al Príncipe de seis años, una diminuta franja de bondad bendiciendo sus oscuros ojos.

"Todo está en la causa Vegeta." Dijo tranquilamente, mirando mientras el pequeño rostro se iluminaba con emoción e incredulidad.

"Un guerrero debe tener una causa mi Príncipe. Debe tener algo por lo que morir. Algo tan poderoso que arriesgaría todo lo que lo preserva. Un guerrero no es lo que elige ser en vida... es lo que se vuelve a través de las elecciones que toma y los riesgos que enfrenta por ese título de guerrero. Es... por lo que luchará."


"Gohan, cuando dé la señal, ¡empieza a contar!"...

Los segundos pasaron como horas mientras la lava volvía a bajar, lloviendo como una cascada en su pozo.

"Espera por ella..." Dijo severamente, su voz una respetuosa demanda. Echó un rápido vistazo al niño que se había puesto de pie, una muy seria expresión tomando control sobre la calma, la despreocupación que usualmente gobernaba la fachada del niño.

"Espera por ella..."

La última de las gotas cayó, y Vegeta sintió al mundo ralentizarse a casi un punto muerto mientras la palabra se formaba en su boca.

"¡AHORA!"

Cayó.

Se sumergió profundo en el abismo, tomando su último aliento mientras sus pies dejaban el precipicio, sabiendo que el aire estaría demasiado caliente para respirar en el abrazo del fuego. Cerró sus ojos, el viento golpeando su rostro como las lamidas de una vela, quemando sus ojos y mejillas.

"¡Uno!" Escuchó a través del medio del dolor, el sonido casi despertándolo de su estado parecido al trance. El calor era enloquecedor, jugando con la mente y presionando de manera demente en ella, desgarrando la apariencia del calor normal y borrando los límites del dolor. Sintió como si se estuviera derritiendo con cada pie que bajaba, abriendo sus ojos para ver al magma arder y hervir, fuego escupiendo de un lado a otro, ráfagas de lava llegando hacia él y cayendo sólo minuciosamente cerca.

"¡Dos!"

Estiró sus alas de cuero, agarrando a su cuerpo en medio del aire antes de descender demasiado lejos, sabiendo sólo en su decrépita mente que si hubiera ido mucho más lejos, hubiera perdido la consciencia del poder quemando y simplemente siendo derretido antes de tocar la lava. Tragó duro, sus ojos sintiendo la asfixiante sensación del aire que volaba a su alrededor, buscando por ese brillo que-

"¡Cuatro!"

¡¿Cuatro? ¿Se había pasado el joven guerrero del tercero o simplemente se había quedado en blanco por el momento de su arribo? Pánico envolvió su mente mientras su cabeza comenzaba a doler, los dedos sintiéndose casi presurizados y apretados por el abrasador viento.

"¡Cinco!" ¡Gritó la joven voz! Oh Dios...

¡Oh Dios incluso si él era rechazado de tal dicho! El tiempo ahora estaba cortado a la mitad y no podía conseguir posiblemente algo en este tiempo, sabía que su débil corazón no tendría la posibilidad una vez más. Nunca encontraría la fuerza.

"¡Seis!"

Sus ojos buscaron frenéticamente en cada grieta, sintiendo casi como si estuvieran sangrando y la sangre estuviera filtrándose por sus mismas mejillas antes de explotar en misma lava. Nada... Nada...

"Vegeta, ¡¿qué viene después del seis?"

Podría haber caído directo en el destino en ebullición por tales palabras, el humor y la tragedia simplemente hubieran maravillado a los libros de historia por venir.

Mira... ¡mira!... ¡Maldita sea mira más fuerte!

Siete... debía ser siete ahora. ¿Pero qué si era ocho? ¿Qué entonces? Incluso si encontraba el rubí sería desintegrado si era demasiado tarde para escapar. Su morada en tales hechos sin dura habían apresurado el acercamiento del ocho.

¡Sal de ahí! Se escuchó a sí mismo gritar, sólo su orgullo y honor sosteniendo sus alas firmes mientras simplemente batían el aire hacia abajo, manteniéndolo en su lugar mientras la lava comenzaba a retumbar en el fondo, las rocosas paredes del abismo temblando.

Nueve.

Sintió su respiración salir, liberando el enfrascado aire y chupando un calor que hizo a su estómago revolverse en náuseas. Oscuridad se hinchó sobre sus ojos y sintió a su cuerpo aflojarse, el calor acercándose más y más.

Bulma... ¿lo perdonaría?

Separó sus párpados, viendo que de hecho se había sumergido de cara hacia la feroz tumba que lo encontraría sólo un segundo más tarde.

¡Y allí estaba! Una parpadeante grieta con rojo, pareciendo sangrar por la pared de la fosa. No estaba completamente derretida, todavía sosteniendo una forma circular pero brillando con un profundo destello, burlándose de él, tentándolo.

Sin pensar nunca en las consecuencias del dolor al agarrar el derretido rubí, Vegeta arrojó su mano hacia él, golpeando la roca que la encajaba a polvo y apretando el molde de fuerte dolor por toda su vida.

Podía escucharse a sí mismo gritar por el ardiente dolor, la carne de su palma y dedos derritiéndose ante el ardiente toque del líquido mientras incentivaba a sus alas a batir, notando sólo inconscientemente que nunca había sido tan difícil hacerlas mover como lo era ahora.

Sintió cada grito erosionar de su garganta mientras empujaba hacia arriba, el calor de abajo derritiendo las suelas de sus botas mientras comenzaba a escupir hacia él. Sabía que tendría que ir más rápido o sería reducido a cenizas a su paso.

Ya era hora.

Doce segundos.

Lava salió hacia arriba, al parecer con una mente propia mientras desgarraba al aire en su furia, enojada y enardecida por su robo. Lo ATRAPARÍA.

Jadeó mientras el aire se volvía más delgado, más fresco, más frío. Lo chupó y lo soltó, casi temeroso de su presencia en su cuerpo pudiera volverlo más pesado. Sus alas golpearon a través del viento, arrojándolo más cerca de la parte superior del foso, a su libertad y su triunfo.

Tenía que hacerlo. Tenía. Lo haría. Por ella...

Vio su rostro sonreír, recordándole de todas las maneras que le había mostrado ese amor que él nunca podría devolverle. Mostrándole cada manera que él le había fallado, la había lastimado, la había negado. Y sin embargo, incluso en su dolor y pérdida, ella lo amaba incondicionalmente y siempre lo haría. Le había fallado antes. ¡NO lo haría esta vez!

"¡Ahhhhh!" Gritó con toda la fuerza de sus pulmones, obligando a sus alas a golpear al aire una vez más mientras volaba fuera del foso, meros segundos de la explosión del fuego líquido.

Sus pies tocaron el suelo, sólo entonces sintiendo las derretidas y ardientes suelas de sus pies que realmente habían tocado el fuego. Se tambaleó del dolor, los brazos fallándole mientras caminaba de puntas de pie sobre el borde del foso, la ráfaga de lava sacudiendo la tierra mientras volaba detrás de él, ¡quemando el exceso de cabello de su cabeza!

Había tomado al menos 7 pulgadas de su orgullosa crin, las puntas todavía quemando y liberando un repugnante olor. Cada parte de él parecía quemada y derretida, débil y discapacitada. Tembló antes de derrumbarse de rodillas, tentando a caer de cara y desmayarse por la suprema presión que había atravesado.

Apretó la derretida roca en su temblorosa mano, abriendo sus sangrantes dedos y gritando mientras presionaba la cristalizada gota de lágrima en el mismo centro del la joya líquida, preservando a ambas por la eternidad mientras cubría al rubí sobre ella. Suspiró en alivio, cayendo sobre su espalda y apoyándose en sus codos, una segura y cómoda distancia del traicionero pozo que casi lo había quemado fuera de la existencia.

Maldita cosa. Que arda en el Infierno.

Casi rió ante el ridículo juego de palabras antes de ser interrumpido por una salvaje risa de un niño, Gohan cayendo sobre su trasero y riendo locamente, apuntando a una pulgada de Vegeta y medio alto en su cabello, todavía echando humos.

Incluso en el medio de la casi inconsciencia, Vegeta tuvo que ahogar una verdadera risa mientras el niño se mecía de un lado a otro, riendo como si nunca se detuviera. El Demonio cayó hacia atrás por completo,alzando la vista al quemado cielo dejando su cabeza colapsar a un lado, mirando al joven guerrero que todavía estaba envuelto en risas innecesariamente fuertes, aparentemente encontrando toda la situación increíblemente divertida.

Levantó su dedo perezosamente hacia Gohan, notando que estaba contento que UNA mano no hubiera sido completamente dañada.

"¡Tú!... ¡Vas a aprender a contar!" rió, sintiendo la arena y suciedad golpear con su rostro mientras lo hacía.

Había sido un día agotador.

Gohan agarró su estómago, abrumado por la fuerte risa una vez más.

"¡Sí que eres gracioso Tío Veggie!"


Lo siento por la tardanza de este capítulo, pero como pueden ver, SÍ es bastante largo y era uno original. Original quiere decir que nunca realmente lo había escrito antes y que básicamente tuve que lidiar con todo el dolor de la fea situación que otros autores hacen. ¿Cómo qué?... ¡BLOQUEO DE ESCRITORA! Haha... Así que este capítulo fue un enorme giro sin sentido... (como supuse que es)... entiendo de dónde vienen. Pero... tengo un trato para ustedes.

Un talentoso y supremo escritor se hizo conocido ante mí. Escribe poemas y es el autor del hermoso fanfic de Series de Desafortunados Eventos. También es un muy cercano amigo mío y significaría mucho que si leen este siguiente poema escrito para Ángel Oscuro y me digan lo que piensan en sus comentarios para Ángel Oscuro. Muchas gracias por todo.

***Corazones De Un Alma Gemela***

Encarnación de dos vidas, nacidas en la sombra de la duda.

Ambos contemplando lo que en sus vidas, podían ser cierto

sobre eso.

Parafraseándose uno a otro, mirando al otro lado.

Nacidas en diferentes mundos solas, pero sólo sus corazones no podían permanecer.

El aura que los rodea a ambos, es un aura el cual brillo alguno puede explicar.

Pero la emoción de los mundos en el que viven ahora, los apunta a ninguna pizca de meta.

Una reverencia de incertidumbre en sus cabezas, los tañen de lo que necesitan.

Pero en su flecha penetrando en sus corazones eso debe saltar de la reverencia, de hecho.

Ignorancia, odio, lujuria y amor, juegos de la emoción que han luchado pero destrozan todo

lo que pueden satisfacer.

Siendo felices, estando asustados, arruinados y traídos de nuevo.

Vacíos solos no pueden detener las almas de ser gemelas entrelazadas en los repentinos ánimos de la vida.

Es un nudo de amor que ni siquiera mencionan o posiblemente ni siquiera ven.

Pero es este mismo nudo de amor que nadie puede romper o partirse.

Tomando hojas, haciendo votos, dando vida y viviéndola.

Sin importar lo que puede suceder o lo que podrían ver.

Se aman uno a otro más en verdad, ambos creerán.

No se olviden de decirle a Jurion... también conocido como CrimsonAnjel lo que piensan en el comentario.

Muchas gracias.

Camaro