Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Ángel Oscuro

(Dark Angel)

Un fic de Camaro

Traducción por Apolonia


Advertencia: lenguaje fuerte

"¡ESE MALDITO BASTARDO!" Pateó al aire tan duro que su zapato de taco alto voló a la pared más cercana, resonando contra la piedra y llenando el quieto aire con un sonido de tintineo que sólo parecía irritarla aún más, otra invaluable pintura desgarrada en jirones y destrozadas tiras de papel.

"¡IMBÉCIL-BASTARDO-BASURA-MIERDA CARAJOOOOO!" La torre estaba realmente temblando con su ira, cada cercano sirviente del palacio o soldado cubriendo sus oídos y casi lavando sus manos de las deshonrosas palabras que se convertirían incluso en el montón más sucio de la Ciudad del Infierno sonrojándose y avergonzándose. Aunque dudo que incluso lo creyesen, fui obligada a editar sus fuertes declaraciones de repulsivas y shockeantes palabras, ¡la criatura contándome los sucesos de esta historia volviéndose cada vez más roja y negándose incluso a decirme a MÍ ls horribles líneas e insultos! ¡En serio! ¡Eran ASÍ de malas!

¡Cubrió su rostro, perversamente tentada en arrancar pedazos de su sedoso cabello y arrojarlos alrededor de la habitación como confeti! confeti! Gritó con toda la fuerza de sus pulmones cada maldición e insulto y desagradables cadenas de obscenidades que pudiera inventar, arrojando las revueltas y despreciables palabras en oraciones que no tenían arreglo seguro o sentido, ¡venas saliendo de su cuello y frente hasta que su rostro estaba rojo cereza y estaba jadeando! Arrancó cada hermoso y caro vestido que él le había dado para el armario, agarrando los montones y montículos en pilas y golpeándolas locamente en la tina de baño sin razón real pero mirar mientras comenzaban a flotar y a arruinarse con el agua cayendo sobre ellos.

Salvajemente arrojando el zapato que le quedaba de su pie, hizo volar a absoluto POLVO a cada simple espejo, odiando y despreciando a esa repugnante bastarda que la miraba, reflejando la verguenza y absoluta traición que sentía por dentro.

¡Dios cómo lo odiaba! ¡Por Dios cómo lo amaba!

Sabía que sí lo hacía incluso mientras cortaba sus uñas a través de su mural pintado, estropeando otra invaluable creación. ¡Estaba perdiendo la cabeza!

¿Cómo carajo se ATREVÍA a tratarla así?

"¡¿CÓMO CARAJO SE ATREVÍA?" Gritó, las paredes temblando por la fuerza y poder detrás de su locura.

¡Ella era una Diosa en los ojos de su gente! ¡UNA DIOSA! ¡Esos penosos idiotas habían hecho culto a la misma mugre que pegaba en sus zapatos! ¿Se había olvidado últimamente quién era ella? ¡Ella no era alguna puta de propagación que pudiera simplemente arrojar al suelo y olvidar, una de sus apestosas enfermas concubinas que pondrían la otra mejilla a sus bofetadas fisiológicas!

Ella lo quería... incluso ahora en su retorcida mente infectada con virus anhelaba por su malvado y prohibido toque, ser probada y usada por él una y otra vez como siempre lo hacía, dulce y afectuoso cuando sabía que al hacerlo ella sería la idiota una vez más y se sometería a la fornicación en la despreciable desgracia que era el amor.

Dios, sólo ser capaz de empujar una lanza a través de ese oscuro corazón y reír... Reír mientras él moría y ese penetrante fuego en sus ojos se quemaba con su vida.

Arrojó una lámpara contra el suelo, mirando como el vidrio se rompía en diminutos fragmentos y la ardiente vela caía al suelo. ¡Ja!... ¡Eso le serviría al pomposo, arrogante idiota! ¡Amaba la maldita lámpara!

Casi todas las noches mientras apagaba su luz antes de acunarse junto a él, sus ojos habían mirado el diminuto parpadeo de la danzante vela, mirando mientras se curvaba y lamía la oscuridad, agraciada y hermosa bastante frecuente en sus movimientos sin sentido. Sin rima, sin razón. Igual que él. Bastardo.

Le dio una enferma fascinación de destruir algo que él adoraba, mirar sus rotas piezas moviéndose de un lado a otro en el suelo y saber que no tenía obligación alguna de importarle un carajo simplemente por que él había hecho básicamente lo mismo con su corazón.

Quería lastimarlo de la manera que él lo había hecho. Quería decirle cosas que hicieran que su corazón saltaran un latido y su estómago se hundiera con una enferma sensación de esperanza perdida. Para ver la mirada en SUS ojos mientras ella le decía cosas que enfriarían sus entrañas.

"¿Por qué querría matarlo cuando ya tengo a su preciosa mascota como mía?" había susurrado, mirándola retorcerse bajo él en miedo y frustración. "Su puta..."


Oh... sólo para susurrar esas palabras y realmente querer decirlas. Decirle de su asco por su estilo de vida y su pasado. Reírse en su cara mientras él lloraba justo como él le había hecho a ella.

Ah... venganza, que malvada hermosa búsqueda que había sido establecida para ella. O sería si honestamente tuviera ALGUNA manera de romper a través de la gélida fachada y lastimarlo. Pero ese era el problema con Vegeta. No le importaba. No la amaba y nada que pudiera decir o hacer lo rompería. Era inalcanzable. Podría sostenerlo en sus brazos, abrazarlo con los ojos, susurrar dulces dolores de tu amor por él y nunca... nunca sería tuyo verdaderamente. Y lo sabías. Profundo en la boca de un sufriente corazón lo SABÍAS.

¡Gritó de nuevo, derrumbándose en el suelo mientras sabía que no tenía más elementos u objetos para destruir! Era horrible y repugnante mientras sus dedos buscaban por nada que pudiera alejar el dolor y la ira que parecía hincharse con cada momento que pasaba desde que él la había dejado en la desesperación y el aislamiento. Rascó sus largas, afiladas uñas a través del suave mármol, sin lágrimas escapando de sus ojos mientras se astillaban en las grietas, metiéndose más profundo y haciendo al carmesí filtrarse desde abajo, casi pareciendo negro debajo de la fina envoltura de sus uñas.

Jadeó y gimió con dolor e ira, su cuerpo temblando con la necesidad de arremeterse ciegamente y destruir. Sus ojos riboteados de rojo y con muchas venas miraban mientras la quieta luz de la vela giraba a través de las grietas del suelo, yéndose de un lado a otro, la cera cayendo al suelo en pequeños charcos, secándose rápidamente mientras la flama parpadeaba furiosamente y amenazaba con cesar ante tal abuso. Sonrió barbáricamente, una fascinada y completamente DEMENTE mirada mostrándose en sus ojos blancos y azules, inclinando su cabeza a un lado.

Entonces... no podía quemar a Vegeta desde adentro. Bueno, eso era una mierda más triste aunque por seguro.

"Bueno..." Rió, pura malicia y maldad tomando su voz mientras se movía a través de la habitación, rompiendo todo sentido de alivio que previamente había capturado el pasillo en su pequeño interludio de silencio.

"Siempre lastimas a tus seres queridos."


"Su alteza es sólo que..." El barbero hizo una mueca miserable, la más pequeña cantidad de ceceo siguiendo a sus palabras mientras sostenía la parte de atrás de sus manos en su cintura.

"¡Oh Dios!" Declaró con tristeza, apretando su mano derecha sobre su boca con horror.

"¡Esto es malo!"

El hombre sacudió su cabeza y por millonésima vez en su tensión Vegeta tuvo que reír por completo mirando mientras el hombre ahogaba un desmayo ante la vista de las preciadas mechas de cabello de su Rey, reducidas a una pulgada y media de cosecha de picos negros, pegados principalmente hacia arriba pero algún contenido desafiando a toda gravedad y orden.

Usando sus habilidosos dedos para su extrema ventaja, el corte de la Joya terminó al final y chamuscó la punta de fuego, trabajando el dañado cuadrado de cabello de Vegeta en un corte finamente trabajado que redondeaba su cabeza, muy caballeroso y normal y sin embargo teniendo todo lo que al niño le gustaba de las mujeres, o en las orgullosas fundas de Joya de los hombres, que el Rey podía manejar.

Incluso a pesar que Vegeta supuso que su barbero de hecho había adorado su cabello probablemente más que él, chillando como una nena de doce años y juntando sus manos al lado de su pálido rostro ante la primera vista, Vegeta ciertamente no estaba contento en su nuevo atuendo, notando que simplemente no era él. Su cabeza cayó levemente más ligera que antes y pudo sólo suponer que su intimidante flama de marca registrada se perdió por varios meses por venir.

¡Siempre se había enorgullecido de sí mismo por esos mechones de ónice, riendo ante las leyes de gravedad y duración! Se levantaban juntas de manera arrogante, soplando en el viento suavemente y puestas juntas en la batalla como si tuvieran una mente propia. Bueno, esa mente había sido cortada CORTA ahora y Vegeta miraba en respuesta al hermoso, esculpido rostro que tenía un cabello de una pulgada y media de altura.

Golpeando su pie ansiosamente, reprimió un gemido mientras el cansado, sin embargo creativo, hombre hacía escándalos en su cabeza, el bonito rostro y los ojos casi en lágrimas por la pérdida de la enmarañada melena de su cliente favorito. Murmuraba continuamente sobre su disgusto y decepción, tan prudente con sus palabras como lo era con sus dedos, cuidadoso en no dar pasos sobre sus heridas aunque era obvio que quería hacerlo.

Eventualmente, el hombre de buen gusto arrojó sus manos al aire en frustración, sus cejas finamente apretadas juntas furiosamente mientras anunciaba no-demasiado-amablemente que había terminado y que simplemente no había nada más que pudiera hacer para salvar lo que quedaba.

Agradecido por la excusa de salir de la habitación, Vegeta pronunció en su más demandante e ingrato tono que el rubí fuera llevado a su puerta en menos de dos horas, cortado de manera experta y pulido y colgando de una cadena de un orgulloso collar negro. Sus botas golpeando el mármol debajo, alejó la sensación de temor mientras abría la puerta de la escalera, sus ojos rápidamente acostumbrándose a la oscuridad mientras se sumergía a través de ella en un ascenso a su torre privada con Bulma. De alguna manera, SABÍA que esto se iba a poner feo y se alistó para la posible apariencia del dragón, una vez más intentando escapar de sus confines.

Sniff... Sniff... ¿era eso? ¿era eso humo?

¡HUMO!

Se filtraba de la parte inferior de la puerta superior, filtrándose como un ser inteligente en la escalera caracol y arrastrándose como un animal al techo donde simplemente giraba y jugaba juegos que sólo él podía entender.

¡Bulma!

Voló como un trueno a través de la puerta, casi rompiéndola de las bisagras mientras se metía a través de los pasillos, casi perdiendo su camino en su ciego pánico y frenética búsqueda. ¡Oh Dios!... ¡Oh, Dios!

Se deslizó a un punto muerto mientras veía sus alas y espalda, perezosamente colgando contra el marco de su habitación mientras miraba a su cama quemarse en un averno, milagrosamente sin agarrar nada en el fuego sino las cortinas que cubrían el dosel y el satén y las cubiertas de seda. Jadeó en absoluto HORROR mientras veía una pila de ropas arder en cenizas en la esquina de la habitación, incluso más shockeado en descubrir que eran de hecho SUS ropas, consistiendo en casi 10 alteradas y caras armaduras hechas a mano y trajes de cuero.

Ella se volteó hacia él sin cuidado, sin preocupación ni remordimiento aparente en ninguna de sus impecables cualidades, un pequeño destello de alegría brillando en sus ojos. Él simplemente la agarró, ¡completamente asombrado y sorprendido que ella pudiera hacer algo tan alocado y completamente ridículo! Ella sólo sonrió minuciosamente y se encogió de hombros, girándose de nuevo para disfrutar del espectáculo.

Entonces... había tenido razón. Realmente necesitaría controlar al dragón hoy. Ignorando los talones que se hundían en sus adentros y rezaban por la ira para que tomara control en él, el Demonio calmadamente caminó sobre la esquina, sentándose en absoluta confusión en su silla que realmente permanecía increíblemente intacta considerando el resto del demolido desperdicio de habitación. Soltó una enorme cantidad de aire que ni se había dado cuenta que estaba guardando, preguntándose si su falta de aliento y completa confusión había sido causada por este factor.

Con la gracia de un cisne y el tentador afecto de la Diosa Afrodita, ella hizo su camino hacia él, sus caderas balanceándose en una desconocida música y sus labios estirados en una sonrisa completa aunque manchada con malicia que desgastaban sus ojos de cristal. Volteándose lentamente, su trasero directamente en su rostro, ella levantó la falda de su largo, negro vestido de encaje y la deslizó hacia abajo de manera burlona en su regazo, descansando su cabeza contra su pecho y mirando al cielo mientras su garganta estaba expuesta.

Él podía escuchar las chispas mientras la madera de la cubierta ganaba la mayor atención, el fuego lamiendo sus últimos intentos a las arruinadas sábanas y colchón. Sus ojos descansaron sobre el suelo mientras sólo lo miraba, sin ninguna razón en lo absoluto cautivado con la escena.

Sintió su caliente aliento en su mentón, sus dedos danzando a lo largo de las suaves hojas de carne que cubrían sus inmaculados pómulos, levantando sus carnosos labios a los suyos y besándolo con una profundidad y sin embargo de una manera tan superficial que él no podía entender. Los movimientos y mociones estaban allí, pero la sensación era vacía.

Lamió el lado de su rostro, riendo mientras él hacía una mueca de dolor e intentaba pretender que el acto no había enviado a su instinto sexual casi a estar sobre el borde. Tembló mientras ella levantaba cada uno de sus dedos en su boca, profundizando cada uno casi por abajo de su garganta mientras devoraba su salado sabor, apretando su boca alrededor de ellos mientras los sacaba.

Sonrió malvadamente mientras sus manos se deslizaban por sus hombros y descansaban en sus caderas, una yendo al norte, la otra dirigiéndose al sur. Él besó su boca, apretando sus labios alrededor de los de ella mientras tocaba la parte superior de su agitado pecho, emocionado y confundido al mismo tiempo.

¿Entonces ahora cómo se suponía que iba a responder a todo esto?... Quiero decir, ¡esta chica acababa de oficialmente incendiar su lugar! ¿Y cuándo exactamente se había vuelto sexual la situación? ¿Era alguna clase de extraño ritual de apareamiento de los Ángeles quemar las crujientes pertenencias de su pareja? ¿Algún momento de locura o algo?

De cualquier manera, el dragón estaba tranquilo y su cuerpo estaba reaccionando como debería esperarse por su expectante y dominante manera delantera.

Lo besó ferozmente, al punto de casi sacarle sangre mientras mordía duro en su labio, tirándolo con sus dientes.

"mmmm... Vegeta..." Gimió, acariciando su rostro en su garganta, todo el tiempo haciéndole desconfiar de sus intenciones.

"¿Te gusta esto bebé?" susurró eróticamente, mordiendo su garganta un poco demasiado duro para ser normal pero volviendo a su imaginación y promiscues recuerdos completamente locos. Él sólo asintió estando de acuerdo con su pregunta, haciendo un ruido indignado mientras ella simplemente lo miraba antes de ponerse de pie. Él siguió su ejemplo, mirando en confusión e incomodidad.

"Ángel yo-"

El mundo se disparó cuando ella lo golpeó con la mano con todas sus fuerzas, sus ojos brillantes como dos espejos entre las rendijas de sus párpados. Su visión giró y fue golpeado a la cama por su fuerza sobrenatural, sabiendo todo el tiempo que ese era el poder que él le había dado tal abrumadora fuerza en la que realmente podía lastimarlo. Sintió como si hubiera sido golpeado por una piedra arrojada mientras su rostro se sintió entumecido y aturdido más allá de la reparación, el dolor hinchándose sobre sus pómulos.

Ella se abalanzó sobre él, golpeándolo sin parar mientras sus brazos estaban agarrados a un lado, ambos por sus piernas y por la mera voluntad de Vegeta diciéndole que no debía lastimarla.

"¡¿Pensaste que te dejaría escaparte después de tratarme así?" Gritó en su rostro, marcas de garra haciendo su sangriento camino por sus mejillas mientras él simplemente miraba en horror a los enfurecidos ojos cromo que se enterraban sobre él.

"¡¿Quieres tratarme mal ahora enfermo de mierda?" Hirvió, golpeándolo salvajemente a través del rostro y mirando con emoción mientras sus ojos parecían girar hacia atrás por un par de segundos mientras la cama ardía alrededor de ellos, el fuego rotundo y humeante.

Sus ojos se iluminaron con terror, emoción, curiosidad e irritante humor mientras simplemente yacía debajo de ella, demasiado sobresaltado y sorprendido para reaccionar siquiera.

"Te gusta duro, ¿no?" Se burló ella, golpeándolo de nuevo y mirando como sus cejas casi tocaban las raíces de su cabello en sorpresa. ¡Estaba COMPLETAMENTE abusiva!

"Ehhh... ¿Bulma?" Logró chirriar a pesar de los deseos del dragón y los de ella. Ella movió la cabeza de él a un lado, gritándole que se callara. Era... desconcertante. Ella había invertido la situación en él completamente, sabiendo que él era patéticamente vulnerable a ella en estos ciertos momentos cuando estaba luchando contra él y contra ella. Ella le estaba mostrando en su propia manera cómo él la había tratado.

"¡TE ODIO! ¡TE ODIO!" Gritó, casi fuera de control como había estado momentos antes. El dragón dentro de ella era un infierno en llamas de repulsión por ella misma y por la debilidad que parecía ahogarse cuando él estaba cerca. Quería besarlo, consolarlo... matarlo.

Golpeó su puño contra él una y otra vez, hundiendo sus uñas contra su pecho hasta que parecía estar tan incoherente como ella estaba cuando intentaba recordarle de cuanto despreciaba su presencia. Era un torrente de emociones, apasionadas y ardientes, con odio y rencor. Se burlaban y atormentaban y al mismo tiempo complacían y daban placer por razones aún más repugnantes.

Y finalmente se derrumbó, jadeando y sollozando contra el cuero de su pecho, escuchando a su corazón latir al parecer a mil veces por segundo. El sonido la enfureció incluso más entonces tal vez más que nunca deseaba hacerlo detenerse completamente, detener su vida y su amor por alguien que nunca podría entender tal cosa. ¿Por cuánto tiempo había pensado que no significaba nada para ella? ¿Cuánto tiempo seguiría pretendiendo que un amor unilateral no la estaba matando lentamente por dentro?

"¿Por qué no puedes amarme?" Susurró, llorando la palabra contra su garganta y corriendo sus dedos a lo largo de la parte de atrás de su cuello. Ella escuchó el estremecido jadeo que dio, esperando por una eternidad mientras ella estaba recostada contra el poderoso pecho que subía y bajaba.

"Qué es..." Se sentó a horcajadas sobre él mientras golpeaba un puño en su pecho directamente sobre su propio corazón. "¿Qué hay en mí que... que no puedes... que no puedes darte?"

Él miró al techo, sus ojos apagados y sin vida y si no hubiera sido por la constante paliza de adentro ella lo hubiera confundido con un muerto. Sus labios estaban secos y partidos, más borgoña de lo que pudiera recordar alguna vez mientras él finalmente los lamía y aclaraba su garganta, tragando duro y mirando al techo como si estuviera enamorado con algo que ella no podía ver.

"Se ha ido Bulma." Dijo secamente, las palabras pareciendo ásperas y forzadas. "Estaba allí. Pero ahora... se fue."

Como si ella repentinamente ganase habilidad psíquica, casi podía ver a través de sus ojos mientras, de hecho, él no estaba mirando directo al mural pintado en el techo pero de nuevo atestiguando horrorosas visiones de un brutal estilo de vida. Ella jadeó mientras sentía su mente abierta por la mente y jalada a la de él, comenzando a alejarse físicamente mientras las visiones eran arrojadas ante sus ojos una a una, permaneciendo menos de medio segundo pero enterrándose dentro de sus pensamientos y recuerdos sin embargo.

Años y años de auto tortura por una meta que finalmente había conseguido sólo para darse cuenta que no era nada de lo que imaginaba que sería. Lo vio con Nappa, temblando abiertamente mientras recordaba el putrefacto cuerpo del soldado que había arrastrado a través del desierto sólo para completar su venganza contra el pequeño niño que ahora estaba viendo enseñarle la valiosa lección de como matar de manera efectiva y usar la sangre del enemigo para la fuerza.

"Siempre hazlo rápido y veloz Vegeta. Saca solamente lo que necesitas y descarta el resto. Presuriza tu cuerpo hasta que puedas sentir la sangre golpeando más rápido a través de tus venas y luego la milagrosa droga hará su efecto."

Entrenaban hasta que no podía ponerse de pie, y cuando sus rodillas le fallaban había sido golpeado por su debilidad, maltratado y pateado hasta que todo su cuerpo yaciera inerte inútil.

Tan rápido como había sucedido, vio la visión volverse borrosa y desaparecer rápidamente, reemplazada por la vista de un joven niño con largas, enormes alas curvadas a su alrededor mientras yacía en el piso de mármol borgoña, cubriendo su cabeza. Antes que pudiera preguntarse por qué, vio a Vegeta de pie sobre él a lo largo con un joven Draco a su lado mientras arrojaba una patada que casi sacaba limpia la cabeza del niño, el diminuto mentón golpeado hacia atrás mientras volaba a través del aire, golpeando el suelo con un repugnante rebote y girando varios metros.

"¡¿Cómo pudiste hacer eso Vegeta?" Gritó en su mente, queriendo alejarse y no ver más de su pasado.

"Mira más cerca." Una voz susurró, aunque si era o no la de Vegeta no lo podía distinguir.

Y luego lo vio, ahogando un grito mientras veía el fuerte mentón y más larga nariz del padre de Vegeta, notando incluso el cabello en su mentón mientras reía por los patéticos intentos de su hijo más joven de arrastrarse para ponerse de pie. Vio a Draco unirse a su despiadado padre en una brutalidad sin sentido al que llamaba hermano, riendo mientras la sangre fluía sobre el suelo de un inconsciente niño de no más de 6 años de edad.

"¡Llora por tu madre ahora, débil! ¡Ve y llora!" Lo levantaron sólo para golpearlo de nuevo, el diminuto, retorcido rostro ya no era más visible a través de la sangre que empapaba sus ojos y boca, corriendo por su frente.

"¡No!" Sollozó, intentando de nuevo alejar su mente, rogándole a Vegeta que detuviera esto, que no quería ver más. Pero la agarró más fuerte, física y mentalmente sosteniéndola más cerca y metiendo más en su mente.

"¡¿Por qué no puedo amarte?" Gritó en voz alta y dentro de su mente. "¡Pregúntame de nuevo Bulma! ¡Pregúntame por qué!"

Sólo podía sollozar mientras experimentaba la sensación de aislamiento y locura de casi una semana en un calabozo. Se retorcía en sus brazos, gritando en repulsión y miedo mientras sentía bichos arrastrándose sobre su rostro y piernas, intentando agarrarse dentro de su boca y oídos mientras miraba al niño dormir en los brazos de un cadáver.

"Mi nombre es Vegeta." Lo escuchó decir en la más diminuta voz, dulce y calma, quemando su cordura mientras miraba su rostro destellar mientras se inclinaba contra el cadáver podrido.

"Voy a ser Rey algún día."

Luego brilló de nuevo, y vio a Vegeta de pie orgullosamente sobre un gran precipicio mirando a una feroz fosa de lava derretida y a su lado estaba la misma impresionante visión de Akasha en toda su increíble maravilla. Por millas no había nada más que agujeros y pozos, escupiendo lava y fuego desde afuera de la seca arena y agrietado terreno del desierto. Allí estaban sólo ellos, sosteniéndose de la mano y mirando como si estuvieran enamorados del mismo magma.

"Nunca te dejaré. Te daré mi alma si lo pides. Pero cásate conmigo y deja que nuestros fuegos ardan juntos."

Lo vio y escuchó decir las palabras que nunca le había dicho a ella, sólo para darse cuenta entonces que de hecho había sido capaz de esos fuertes sentimientos en un momento en su vida. Asqueada, miró el rostro de Akasha mientras se iluminaba, casi como si no fuera su rostro en lo absoluto sino un simple error que habían causado las confundidas visiones. Se abrazaron febrilmente y en ese mismo momento el suelo había comenzado a temblar y desde fuera del abismo se disparó hacia arriba el fuego líquido hirviendo que parecía probar al cielo con su poder.

"Besa a tu hijo Vegeta."

Bulma gritó, todo su cuerpo levantándose de la cama, sólo para darse cuenta entonces que Vegeta había estado abrazándola para mantenerla cerca. Su espalda se dobló mientras gritaba, cerrando sus ojos y rascando sus párpados mientras sacudía su cabeza de un lado a otro, alejando la esencia de la carne quemada y el rojo rostro que gritaba del niño que había sido arrojado en el aire. Las dos visiones habían sangrado juntas, haciéndole creer que habían sido una sola todo el tiempo.

El sonriente rostro de Akasha estuvo permanentemente quemado en sus pensamientos, repulsivamente feliz y extasiado por asesinar a su propio bebé. Pero Vegeta... él sólo se quedó allí mirando, de brazos cruzados y una apariencia ubicada en sus facciones patéticamente despreocupada. Casi esperó que bostezara en cualquier momento.

"¿Qué me importa?" Dijo fríamente, los pies levantándose del suelo mientras batía sus alas en el tenso aire que volaba a su alrededor. "El bastardo fue sólo un error. Uno de nosotros tenía que rectificar la situación."

Físicamente lo sintió alejarse de ella, sentándose en la cama aunque no podía verlo a través de la inundación de escenas que estallaban una tras otra.

Una primera corrió a través de la cavidad del pecho de un soldado caído, sólo por la luz para que brillara contra su pardo rostro y descubrir las facciones del padre de Vegeta. Gritó, su cuerpo saltando automáticamente mientras la sangre parecía fluir hacia ella. ¡No podía cerrar los ojos! Intentaba e intentaba sólo para darse cuenta que no tenía ojos qué cerrar dentro de los confines de su mente, y así sólo podía encogerse y hacer gestos de miedo mientras el corazón era desgarrado de su pecho, todavía latiendo y pareciendo totalmente irreal.

Batallas, drogas, sexo... era todo lo mismo mientras miraba los años pasar, acostada sin vida y mirando al techo. Sangre, promiscuidad, bebidas, fiestas, muerte... no era nada para él. Todo una parte de la criatura de la que se había convertido. Lo vio golpear hombres hasta la muerte, sacar la virginidad de esclavas, escupir en los rostros de políticos, bañarse en la sangre de sus enemigos y drenar el poder de vida de ellos como si no fueran nada. Había reído en el medio del dolor y la pérdida, forzando a cualquier consciencia o remordimiento que pudiera haber sentido alguna vez y finalmente condenando a su corazón.

Y luego se vio a sí misma... pero... no era ella. Era la criatura más espectacular que hubiera visto jamás, impecable y hermosa a los extremos que no debería existir en el reino de meros Demonios o Ángeles. Estaba de pie junto a Draco, su mejilla cubierta con sangre seca y tres profundos rasguños, una fuerte luz filtrándose a su alrededor como si fuera una Diosa. Y luego se dio cuenta que de hecho se estaba viendo a sí misma desde los ojos de él, cómo él la percibía. Él pensaba que era hermosa. Escuchó su mente decir la palabra 'perfecta' muy profundo mientras miraba al Demonio examinar al Ángel.

El tiempo pasó en un rugido de escenas y ella de nuevo se vio a sí misma volando a través de la oscura mano a mano con su enemigo, bajando la vista hacia él mientras era obligada a estar a horcajadas en su cintura para poder escapar del furioso Yajirobe. Su casi muerte, su casi amor... todo fluyendo sobre ella mientras yacía allí, emociones enfermándola con sus incesantes cambios. Odio, amor, dolor, pena, felicidad, humor... Era un torbellino a su alrededor, girando y cambiando repetidamente, demasiado rápido para seguir el ritmo.

Vio el desierto mientras él se arrodilló, ojos sangrantes y el rostro enterrado en su estómago, algo dentro de él rompiéndose antes que otra escena tomara su lugar. Las emociones eran rampantes, torciendo su corazón de un lado a otro como si desearan que sintiera más que lo que estaba sintiendo. Casi como si estuvieran conformes con los sentimientos de alguien más.

Y luego se detuvo.

Lo vio claro ahora, sintiendo y percibiendo cada una de sus emociones mientras hacían el amor por primera vez. Se vio a horcajadas sobre él, tan nerviosa y ruborizada con ambos vergüenza y anticipación que sus mejillas estaban rojas y sus labios casi temblando. No había recordado estar tan nerviosa sobre la situación como Vegeta aparentemente había sentido que parecía estar pero entonces, ella estaba viendo todo esto desde su punto de vista. Tal vez eso era por qué él había sido tan amable y cuidadoso con ella. Ella era joven e inexperta con esas cosas en sus ojos.

Se sonrojó furiosamente mientras la escena seguía, deseando girar su cabeza o cerrar sus ojos por la humillación y rareza de toda la situación. Y luego entendió. Sintió algo dentro de él romperse, partiéndose como si hubiera sido en el desierto pero casi más. Poderoso y casi doloroso mientras finalmente se dejaba ir de dentro de ella, odio quemando contra sí mismo, vergüenza y culpa tan prevalente como las estrellas que iluminaban los cielos en el Paraíso.

Odiaba haber tomado su virginidad. Se odiaba a sí mismo. Y sin embargo lo sabía ahora, más que nunca antes. Que había sido el momento más feliz de su vida. No por el sexo, sino por la integridad que ambos habían sentido como si hiciera mucho, mucho tiempo que hubieran estado perdidos y luego siendo encontrados dentro del brazo del otro.

De repente fue arrojada fuera de su mente, sola de nuevo con sus propios pensamientos mientras simplemente jadeaba y lloraba, sentada contra la cama. Tembló como si hiciera frío, sintiendo vacío e incompleta mientras él simplemente la miraba, tal vez sintiendo lo mismo. El aire se sintió tenso y amargo mientras intentaba formar palabras, sintiendo como si eran insuficientes para lo que acababa de experimentar. Él le había mostrado su mente, su memoria, sus pensamientos, su alma.

"¿Por qué?" Jadeó, limpiando sus ojos con sus palmas mientras él la miraba con calma, intentando ocultar sus emociones detrás de una fachada despreocupada que había logrado hace mucho tiempo.

"Querías saber, ¿o no?" Escupió con frialdad, su acento lazando las palabras mientras las decía lentamente.

"¿C-Cómo?"

Suspiró, cruzando sus brazos y mirando a un lado.

"En realidad, nunca lo había hecho antes, el vínculo entre nosotros no era tan fuerte como parecía hasta ahora." Dijo sin cuidado, desechando la idea.

"Has sido infectada fuertemente con mi sangre, la ira y el temperamento casi tan prevalente dentro de ti como es conmigo. Tus ojos arden con demencia Ángel. No estaba allí antes. Lo está ahora."


Está bien, para esos que ya leyeron el Capítulo 66 ANTES que yo tuviera tiempo de revisar el contenido, si se ofendieron, pido disculpas. Hubiera borrado los lemons antes pero FFnet estaba teniendo algunos problemas y lo que no.

Esos que no se ofendieron, lo siento por borrar esas escenas de sexo o como sea que las llamen pero decidí dentro de mí que realmente no quería ese tipo de imagen para mi historia. Extraño como hace no mucho básicamente hubiera insultado que nunca hubiera escribo un lemon y aquí estoy sacándolos de mi historia. En mi mente, me estoy volviendo una idiota... No... no por las razones que probablemente están pensando. No tengo problemas de ninguna clase con los lemons. Y para ser honesta, haha... me divierto escribiéndolos a veces y probablemente arrojaré otro por allí en algún momento. Pero siento que me estoy conformando en encajar en el molde que fue dispuesto para mí por algo y hahaha... si todos me conocen, no soy de doblegarme a la voluntad de otro con facilidad.

Esto se está poniendo complicado. Lo que quiero decir es que mucha gente originalmente querían que pusiera un lemon y eran desconocidos para mí, básicamente salí de mi camino para complacerlos. Sin decir que no eran de ninguna manera, forma o figura equivocados en querer algo como eso... Por favor, al que no le gusta un poco de sexo de vez en cuando... (haha...) Pero no quiero solamente ser el tipo de persona que hará casi cualquier cosa para que a la gente le guste mi historia. Además, quiero que sea diferente, ¿saben? ¡GAH!... otra enorme Nota de Autor...

LARGA HISTORIA APARENTEMENTE MÁS LARGA DE LO PRETENDIDO... Por favor echen un vistazo al increíble trabajo de arte de mi amiga Amy... es DBZ para que sepan... Desafortunadamente el vínculo se niega a mostrarse en FFnet así que si están interesados, vayan a .com y vayan al fanart.

Gracias por leer.

Amor

Camaro