No tengo perdón de Dios, es demasiado el tiempo que les he dejado sin continuación, en verdad lo lamento, no sé ni cómo disculparme, espero el capítulo compense un poco al respecto.
Cuánto más tiempo pienso en ello más me recrimino el haber sido un adolescente estúpido, iluso y creído. Confiaba ciegamente en el primer vampiro que nos tendió la mano, prometiéndonos un mundo donde los nuestros viviesen en armonía: sin disputas internas, un mundo donde no nos preocupasen los diferentes grupos opositores, un mundo donde incluso pudiéramos convivir con las demás especies…
Estaba tan equivocado…
Los ataques de los diferentes grupos opositores a los vampiros se hicieron cada vez más frecuentes, Caden notó con horror que las súcubo se habían aliado a los licántropos en su pelea eterna. Masculló molesto cuando las demonios aladas se lanzaron al ataque del castillo, podía escuchar sus gritos retumbar con fuerza en los amplios ventanales, agradeciendo en ese momento que no se tratase de banshees, las cuales seguramente terminarían lastimando de sobre manera su fino sentido del oído.
Sacó una espada de entre sus ropas y se lanzó al ataque de un par de lobos, los cuales habían podido entrar a través de la cocina, burlando la seguridad de Brigitte. Al ver eso las súcubo comenzaron a golpear los vidrios intentando entrar, desesperándose por participar en la pelea. Sus ojos se volvieron rojos debido a la adrenalina que circulaba por su torrente sanguíneo, conjuró a algunos de sus servidores, llegando con rapidez, los murciélagos comenzaron a revolotear cerca de las demonios aladas, intentando bloquear su ataque.
Una explosión en el sótano le hizo preocuparse, allí es donde Dylan había marchado a resguardar a la Doncella de su Amo, cerca de los ataúdes donde su poder era más grande. Utilizó su telequinesis para intentar comunicarse con su hermano sin lograrlo, tampoco sentía el poder de la vampiresa y, lo más preocupante de todo, es que el viento le trajo el olor a sangre vampírica.
–¡Ya me cansé de esto! –gritó con enfado, comenzando a quemar todo a su paso.
Las llamas surgieron de su cuerpo, extendiéndose a los hombre lobo, los cuales recibieron quemaduras de tercer grado debido a la cercanía. Sus colmillos se agrandaron bajo la luz de la luna llena, sus ojos brillaron como los de un demonio, un sólo pensamiento cruzó por su mente: mátalos a todos.
EUROPA, 1721
Sus pasos resonaron por las baldosas del sitio, llegando a la mitad de la sala, colocando una rodilla en tierra mientras brindaba reverencia al ser sentado frente a él. El vampiro encapuchado sonrió al verle tan servicial, justo como deseaba que actuaran todas sus marionetas, sus más preciadas marionetas construidas a lo largo de los años.
–¿Y bien? –le preguntó suavemente.
–Es él, le encontramos –informó sin levantar el rostro.
Zairé ensanchó su sonrisa al oír ello, parándose en el acto y bajando la capucha al tiempo que comenzaba a caminar alrededor del vampiro rubio, mirándole con detenimiento, intentando leer sus frías facciones, sabiendo que lo único reprobable en él era el corazón que aún latía en su pecho por el hermano muerto.
–¿Estás seguro?
–Completamente, he escuchado el llamado de la sangre. Aún es muy joven, pero no recuerda nada justo como usted lo prometió.
–¿Hay algún obstáculo en nuestro camino?
–Ninguno por el momento, pero temo que quiera quedarse con los suyos.
–¿Los suyos? –Zairé comenzó a reír– Él nos pertenece, si ahora mismo existe es gracias a nosotros, le recuperaremos y ésta vez me aseguraré de que el niño sea obediente.
El rubio no dijo nada, escuchando cómo las pisadas comenzaban a alejarse, apretó con fuerza los puños al punto de sacarse sangre de los mismos, entendía por dónde iba todo y eso era algo que no le agradaba en lo absoluto, tal vez debió mentir y proteger esa alma, pero el control del Vampiro Supremo sobre él le obligaba a estar bajo su mando. Gritó con fuerzas dejando salir todo el enfado que en ese momento tenía y golpeó la loza bajo él, quebrándola en el acto sin siquiera hacerse un rasguño.
EN ALGÚN LUGAR DE LA FRONTERA ENTRE AUSTRIA Y HUNGRÍA, 1723
Las diferentes casas de la aldea habían sido reparadas y la hierba comenzaba a crecer donde el fuego quemase todo. Habían transcurrido dos años desde que sus padres muriesen en el ataque de los cazavampiros y él se cuestionase constantemente si quedarse en el mismo lugar o mudarse, el resto de los aldeanos le abrieron las puertas al pequeño huérfano y ofrecieron un puesto en su mesa, incluso los que ya tenían hijos propios.
Connor contempló a sus antiguos compañeros de juegos reír infantilmente al tiempo que se perseguían y atraían algunos murciélagos, invitándoles a unirse a la fiesta. Sentado en la hierba con el oscuro firmamento sobre su cabeza se preguntó si algún día podría cerrar los ojos y no ver a ese hombre cortarle la cabeza a su madre. Se llevó las manos a las sienes al tiempo que comenzaba su frente a perlarse de un sudor frío y la comida del día subía por su garganta amenazando con ser devuelta.
Los demás niños se detuvieron al verle así, comenzando a murmurarse los unos a los otros, una de las pequeñas vampiresas caminó segura hasta llegar a su lado.
–¿Connor? –le llamó.
El peliplata alzó la mirada topándose con unos ojos castaños que le miraban con detenimiento, la niña sonrió al tiempo que extendía la mano hacia él, sorprendiéndole.
–Nos preguntábamos si quieres practicar con nosotros, dentro de poco será nuestro Despertar y tenemos curiosidad por ver qué poderes tendremos.
El niño asintió suavemente mientras tomaba esa cálida mano, aquella que le era tendida antes de caer en las frías tinieblas, la castaña le llevó con el resto de los vampiros, los cuales sonrieron al verle llegar. Un azabache ordenó a los murciélagos que se colocaran en posición de firmes detrás de él, una rubia detuvo un pequeño tornado con sólo una mirada y un castaño sonrió mientras creaba dos bolas de fuego con sus manos.
–Ethan, Marie y Claude parecen ya poder controlar sus poderes, el resto aún tratamos de descubrirlos –le informó.
–¿Sabes en qué eres bueno? –preguntó Claude, el castaño.
–No… –negó con suavidad.
–Tal vez despiertes un poco más tarde, ¿no te da curiosidad tu tipo de sangre? –le sonrió la rubia– A mi hermana le gustan los infieles, sólo espero a mí no.
Los demás niños comenzaron a reír ante eso. Connor sonrió débilmente, a pesar del dolor que todavía conservaba en su interior no imaginaba apartarse del sitio que le vio crecer, de esa gente que le reconocía como parte de su familia, que se preocupaba por él y siempre tenía una palabra o gesto cariñoso hacia su persona. Sin que lo notase, en la rama de un árbol cercano un murciélago más grande que el resto le contemplaba con detenimiento.
oOo
Connor sonrió cuando vio llegar a Michelle, la vampiresa castaña que viviera a sólo un par de casas de su familia y con la cual compartía techo desde la muerte de sus padres. Sus largos colmillos estaban manchados de escarlata y en el viento podía olfatearse el Hierro de la sangre. La hermosa vampiresa había crecido mucho en los últimos seis años, era una adolescente que llamaba la atención de varios en la aldea, fueran o no de su edad, sin embargo, ella le tenía un cariño muy especial al peliplata.
–¿Qué tal la cena? –preguntó suavemente.
–¡Exquisita! –se relamió los labios– Cada día encuentro más personas pretenciosas, créeme cuando te digo que es el mejor tipo de sangre.
–No lo sé… –fijó la mirada en el plato frente a él.
Michelle calló al darse cuenta de su desliz, a pesar de tener ya dieciséis años el vampiro continuaba comiendo de los alimentos ordinarios, el sabor de éstos todavía se hacía presente en su boca y la sangre le causaba repugnancia. Todos sus amigos de antaño habían mordido a su primer víctima varios años atrás, incluso la castaña tenía cinco años alimentándose de los humanos, mas él continuaba dormido como antaño.
–Tra-Tranquilo –le abrazó con gentileza–, para algunos vampiros el Despertar tarda más tiempo.
–Lo escuché… –comenzó a jugar con la sopa en su plato– Oí cuando tu padre decía que no es algo común. Michelle, ¿crees que soy raro?
–¡No, claro que no! –se apresuró a corregir.
–¿Entonces débil? –clavó su mirada en ella– Cuando recuerdo a ese hombre cortarle la cabeza a mi madre…
No pudo continuar, sintiendo que la comida comenzaba a revolverse en su estómago. La castaña le apretó con mayor fuerza al tiempo que dejaba se tranquilizara, Connor respiró el perfume de su cuerpo sintiéndose mejor con ello, sin embargo, su corazón palpitó con fuerza cuando miró su blanco cuello descubierto y sus ojos le indicaban el sitio idóneo para llegar rápidamente a la vena. Le empujó espantado de sus pensamientos, Michelle le miró sin comprenderle, ¿a qué se debía eso?
–Lo siento… –se disculpó– No me siento bien, iré a dar un paseo.
Salió del cuarto dejando a la castaña con pensamientos revueltos. Caminó por la aldea donde podía escucharse una mayor agitación debido a la hora que era, los pequeños vampiros jugaban en los patios mientras los adultos salían a alimentarse y algunos adolescentes cuidaban de los más débiles mientras esperaban a su relevo. Viendo a todos y cada uno de ellos Connor comenzó a notar el aroma tan embriagador que destilaban los cuerpos; sin darse cuenta sus ojos se tornaron rojos, observando la sangre fluir apetitosamente por las venas, sus blancos colmillos se mostraron a la luz de la luna y él tuvo que abrazarse con fuerza para intentar refrenar sus bajos instintos. Una pequeña vampiresa se cayó mientras jugaba con su hermano y comenzó a llorar, pero él a lo único que le prestó atención fue a la sangre brotando de su rodilla, se relamió los labios e iba a acercarse cuando la madre de ella llegó corriendo al ver sus intenciones, llevándose espantada a sus hijos.
–¡¿Qué te pasa?! –le gritó.
Un pequeño círculo se empezó a formar a su alrededor mientras los adultos comenzaban a murmurar cada vez con mayor fuerza. Connor retrocedió unos pasos al ser consciente de ello, él mismo no entendía qué ocurría con él, dio media vuelta y salió corriendo de allí internándose en el bosque. Se detuvo minutos después, sentándose bajo un árbol mientras temblaba suavemente y comenzaba a sudar, desde un par de días atrás que se sentía irremediablemente atraído por los demás vampiros, era como si sus sentidos se intensificaran con ellos cerca, su hambre aumentaba de forma drástica cuando pensaba en su sangre y lo bien que sabrían al morderlos. Enterró el rostro entre sus piernas… ¿se estaba convirtiendo en un monstruo? Cuando miró esos ojos llenos de miedo en el resto de la aldea supo que las cosas no marchaban bien y que no podría ya ser aceptado por los suyos.
Metió la mano en el bolsillo del pantalón que en ese momento usaba, sacando del mismo un pequeño anillo plateado que perteneciera a su madre unos años atrás, brillaba de una manera cálida y pura que hacía a su agitado corazón tranquilizarse. Su mente le volvió a traicionar, llevándole hasta esa fatídica noche en que perdiera todo lo que amaba, su estómago se revolvió como antaño y tuvo que llevarse la mano desocupada a la boca para refrenar el impulso de vomitar.
–Ahhh, qué mal… –oyó de pronto.
Alzó el rostro topándose con un vampiro de extraordinaria belleza física, tenía el cabello del color del oro y los ojos como dos lagos, sólo bastaba posar una mirada en él para reconocerle en el acto, su poder era demasiado alto para ser ignorado, por lo cual se cuestionó cómo no le había detectado antes, indudablemente se trataba de un maestro en el arte de la desaparición.
–¿Joven Windsor? –se asombró con su presencia.
–Es bueno ver que me recuerdas, Connor –le sonrió suavemente, aunque algo en sus iris continuaba siendo frío y distante.
–¡P-Perdone! –se apresuró en arrodillarse frente a él– ¿A qué debo el honor de su visita?
–Párate, no es necesario que hagas eso –soltó un suspiro pesado.
El peliplata se atrevió a levantar los ojos, notando que el chico lucía muy cansado, quizás había venido de muy lejos, pero no entendía por qué alguien como él se interesaba en su pequeña aldea si no existía peligro alguno en la misma. Un pensamiento cruzó veloz por su mente, ¿era posible que notase sus pensamientos de los últimos días? ¿Acaso había visto lo ocurrido hace unos minutos? De ser así seguramente le esperaba un castigo ejemplar, sabía que los Windsor se encargaban de exterminar cualquier problema desde la raíz, ¿significaba eso que le mataría?
–Hace un momento yo no…
–Lo sé –le interrumpió.
El vampiro se acercó lentamente hasta quedar a centímetros de su rostro, colocando la mano izquierda en su mejilla, los ojos ámbar se cruzaron con los azules, era como el sol reflejado en las aguas de un lago. Por un momento Connor se sintió hechizado, el vampiro frente a él era realmente atractivo, un gran magnetismo le rodeaba, atrayendo irremediablemente al resto.
–Sabes que está prohibido beber de los nuestros a menos de que seas un Sangre Pura… –le dijo suavemente, casi como un susurro– Te podrían acusar de traición y matar en el acto.
No dijo nada, las palabras no podían salir de sus labios, era como si su mente se hubiese vaciado en el mismo instante en que él le sostuvo la mirada.
–No quieres lastimarlos, ¿cierto? No deseas que nadie en la aldea salga herido… pero no puedes controlar ese deseo de sangre eternamente, Connor. Mientras más tiempo pase la atracción será más fuerte hasta que no puedas suprimir el impulso de morder a alguien. Si no te controlas cuando eso suceda incluso podrías beber la última gota…
Los ojos del peliplata se abrieron por la sorpresa, su rostro se ensombreció y el terror se hizo presente. No… eso no… no deseaba dañar a nadie de esa forma, él no era un monstruo, no tomaría una vida como ese caballero español. Sintió que toda esperanza desaparecía en ese instante, lo mejor era morir siendo consciente de sus actos, quizá por ello mismo el Windsor estaba allí.
–Acaba con mi vida… –murmuró, bajando la vista– Prefiero ser dueño de mis actos hasta el último momento que convertirme en un títere sin voluntad.
El rubio se congeló por un instante… él mismo sabía cómo se sentía ello. Sabiendo lo que ocurriría a continuación, cómo le mentiría, cómo le traicionaría, comenzó a enredar el hilo en torno a su presa.
–Zairé ha visto tu potencial… –dijo, captando su atención inmediata– Él sabe que con el correcto entrenamiento podrías controlar dichos instintos e incluso unirte a W4.
Connor le miró sin habla… ¡¿UN W4?! ¡ESO ERA IMPOSIBLE! Sólo un Windsor podía acceder a tal honor e indudablemente se debía ser un Sangre Pura para ello, no es que se avergonzase de ello, pero un par de siglos atrás su familia había emparentado con un humanos, él no podía ser un pariente perdido o perteneciente a una rama de la aristocracia, lo sabía bien.
–¡No bromees! –se enfadó, retirando su mano sin respeto alguno– Si planeas matarme apenas te dé la espalda te informo que no hay necesidad de ello, no le temo a la muerte.
–¿Crees que alguien como yo mentiría con un tema tan delicado como éste? –sus ojos se volvieron tan fríos como agujas de hielo, clavándose en su cuerpo menudo– Soy un miembro de W4, el arma y escudo de los vampiros, por mi código, por mi honor, me es imposible mentir. Es verdad que nuestro poder es grande, mas nuestros amos siempre serán los demás vampiros, si no puedes entender algo tan sencillo como eso entonces no mereces compartir nuestra sangre.
–Entiende… entienda… –se rectificó– Es demasiado irreal…
–Te contaré el por qué deseamos unirte a nuestras filas, si después de ello aún no deseas pertenecer a las mismas, eres libre de rechazar nuestra propuesta, hermano.
oOo
Connor contempló las altas paredes con algunos tapices de colores rasgados e incluso manchados de sangre. Los muebles estaban volcados o destrozados en el suelo, la alfombra se hallaba polvorienta y en algunas partes se apreciaban trozos de vidrio. Todo indicaba que allí había habido una pelea y no una cualquiera, un gran enfrentamiento. Algunos sitios parecían a punto de derrumbarse e incluso en una esquina vislumbró unas marcas negras, alguien había muerto quemado en ese sitio. Por instinto se tapó la boca, incapaz de manejar la arcada que se hacía presente cada vez con mayor fuerza, vomitaría de un momento a otro, estaba seguro.
–¿Por qué me ha traído aquí? –volteó a ver al rubio.
–Hace siglos perdimos a alguien importante en este lugar…
El vampiro caminó hasta la amplia chimenea, de encima de la misma colgaba un cuadro ya deteriorado por el paso del tiempo, en el mismo se lograban distinguir cinco siluetas aunque alguien había intentado destruir el rostro de una de ellas. Sus ojos se clavaron fijamente en la pintura, como si intentara recordar cada detalle de la persona que antes se encontraba allí.
–¿Has escuchado de la Matanza de la luna rosada? –preguntó sin voltear a verle.
Connor no sabía a qué se refería. Cierto era que los vampiros murmuraban algunas cosas al respecto, pero nadie comprendía a ciencia cierta qué había pasado esa noche, la confusión fue tal que los bandos se desintegraron y todos se convirtieron en enemigos. ¿Quién había iniciado? Era un misterio, lo único obtenido de ello era muerte, desesperación y miseria. Un integrante de W4 había muerto tras el asalto a…
–No… –retrocedió un par de pasos– ¿Este castillo es…?
–La antigua morada de los Windsor –volteó a verle–, el sitio maldito donde casi caen los vampiros…
–¿Qué hacemos aquí? –preguntó nuevamente, el aura allí era muy pesada, sentía cómo su cuerpo era puesto a prueba con cada segundo que pasaba.
–Un vampiro no es inmortal. Cuando nuestro tiempo acaba nuestra alma simplemente continúa su ciclo en otro cuerpo sin recuerdos de su vida pasada, W4 violó dicha Ley Natural… para poder cuidar de todos los vampiros por toda la eternidad cometimos un pecado más allá de toda lógica. Justo antes de que alguno de sus miembros muera, los otros le matan bebiendo su sangre entera…
Connor comenzó a sudar frío.
–El alma sale del cuerpo y mediante un rito es transferida a un nuevo cuerpo, un cuerpo adulto que funciona como recipiente, sin necesidad de esperar años a que el vampiro crezca. Claro que es un cuerpo inservible con un alma sin recuerdos, por ello mismo inyectamos la sangre de nuevo…
–Eso es…
–¿Repugnante? –sonrió con melancolía– Sí, es repugnante, desagradable, una maldición, una condena eterna.
–¿Y Caden? Él está muerto… ¿o acaso continúa vivo en…? –se detuvo a la mitad de la oración.
–Finalmente lo entiendes… –se acercó a él, susurrando en su oído– El alma de mi hermano, el alma que marchó sin poder ser recuperada… está dentro de ti… tú eres un Windsor…
Nos hemos quedado a la mitad de la historia, lo sé bien, pero lo cierto es que me picaban las manos por actualizar, espero no les resulte horrendo el capítulo. Creo que en el siguiente termino la historia de Caden/Connor, pero no el pasado que arrastra el Windsor original, eso será en futuros episodios.
¿Merezco un review?
