Perdón por la tardanza, ya sé que tengo meses sin actualizar esta historia, pero me ocurrieron una serie de eventos detrás de otro que me distanció un poco de FF. Espero esto compense un poco todo, es corto pero con mucho significado, prometo ya sacar al resto de los personajes del anime, creo que me he enfocado mucho en mis OCs, pero sino no entenderían parte de la historia. Un abrazo a todos.


La principal característica de un demonio era precisamente ocultar su naturaleza, ellos jamás se acercaban a ti con las intenciones pintadas en su rostro, antes bien te hacían desear romper la distancia existente entre ambos. Se mostraban como un dulce consuelo, el medio para llegar a la meta e incluso les considerabas la recompensa deseada… todo ser de las sombras sabía ello, por lo cual jugaban muy bien sus cartas para atraer a los humanos. Y quizás lo más peligroso de los vampiros radicaba en que ellos no veían al resto de las criaturas como sus iguales, sino presas a las cuales hincarles el diente, rebaños que debían conducir y encaminar a sus propios deseos egoístas.

CASTELUL BRAN. TRANSILVANIA, RUMANIA, 1713

No se detendría por un simple motivo: le odiaba. Odiaba al pequeño insecto que se había atrevido a desbaratar sus planes, a beber del agua preciosa antes que él, a cautivar el corazón que le debía ser sacrificado cuando la luna estuviese en su punto más alto. E incluso si encontraba a otra vampiresa con el correr de los siglos ello no cambiaba el hecho de haber perdido a su preciado alfil. ¿De qué servía tener a los Windsor con vida si no le obedecían? ¿De qué servía otorgarles tanto poder si no lo usaban en su beneficio? ¿De qué servía haberles entrenado por años si se convertían en armas rotas?

Aline, su preciada reina negra.

Bridgitte, su fuerte torre.

Dylan, el brioso caballo.

Y Caden, el alfil…

El maldito alfil había destruido el peón que se convertiría en la pieza más importante de todas. Moviendo uno a la vez, dejando que las cosas siguieran el curso que había planeado durante varias centurias. Todo… todo a la basura en apenas un parpadeo.

¿Volver a construir su equipo? ¿Pieza por pieza? No… los niños debían aprender a ser obedientes, se dijo. Contempló la partida sobre la mesa del salón, allí donde el alfil le contemplaba desafiante, si no hacía algo pronto todo terminaría en sólo un par de movimientos más. Talló sus manos al pensar en una solución que no tirase toda su obra, rozando el anillo con una enorme gema color vino en el centro del mismo. Sólo había una. Sin importar cuántas veces reflexionara en ello sólo podía contemplar una estrategia que no acabase en jackmate.

–¿Por qué te resistes a ello? –escuchó a alguien decir– Ambos sabemos que debes hacerlo, no sólo por ti, sino por los vampiros, por el futuro de los mismos, por el orden que hemos creado.

Alzó el rostro contemplando un conejo negro de paja cuyos ojos multicolores parecían clavarse en él. Por instinto volvió a frotar el anillo… no se trataba de un simple o no, Él debía hacer lo que era mejor para el resto, sin importar cuán desagradable pudiera ser.

–Es un niño –le dijo–. Sólo un niño desobediente.

–Es un arma, un arma rota. Y un arma rota no nos sirve de nada –escuchó la misma voz salir del conejo sin que el mismo se moviera ni un ápice.

–¿Entonces debo deshacerme del resto si desobedecen una orden? –se llevó las manos a la cabeza.

–Ohhh, por supuesto que no. Castiga a uno y el resto volverá a ser tu rebaño de mansos corderos –decretó–. Entiéndelo: Caden nos dio la espalda a todos, no es simplemente que no escuchase nuestras órdenes, sino que las comprendía y aun así fue en contra de las mismas. Él expuso la seguridad de todos los vampiros, de los pasados, de los presentes, y de los futuros. A tu pequeño niño no le importa nada de eso.

–¿No le… importa? –sintió las gotas de sudor frío resbalar por su nuca.

–De ser así jamás hubiera desobedecido. Déjalo vivir y las pérdidas serán mayores, serás tú quien deba cargar con dichos cadáveres en su conciencia, quien responderá por las vidas desperdiciadas, por los altos costes de la rebelión insensata. ¿Comprendes? No puedes dejar que las ovejitas se guíen solas, ellas no saben cómo hacerlo, cómo defenderse, cómo hacer frente a los peligros. Los Vampiros Supremos cayeron, tú eres el último… y si no tomas el mando, pronto serás también el único de tu especie. ¡Vamos, inténtalo! ¡Déjales gobernarse! ¡Mándalos al abismo por su propio pie y quédate sentado mientras ello ocurre! ¡Observa la sangre regarse sin sentido! ¡Vamos, Zairé! ¡Hazlo! ¡Hazlo! ¡Hazlo!

Las palabras comenzaron a rodearlo, a sofocarlo por completo, la risa se confundía entre una y otra frase. Milenios de vida, tanto poder depositado sólo en Él y a pesar de todo nada de eso había sido suficiente para evitar la más grande matanza que alguna vez se hubiese librado en la Tierra. Ser inmortal, vivir cuando ya todos hubiesen perecido, existir cuando los suyos no fuesen más que un simple recuerdo. Escuchó su verdadero nombre repetirse, aquél que no dejaba que nadie pronunciase, aquél que le maldecía hasta el final de los tiempos.

Se paró de inmediato y tiró las piezas de ajedrez al piso, el alfil negro rodó hasta él, contemplándolo con un par de ojos carmesí. Escuchó cómo se rompía bajo su pie y salió de la estancia con la determinación en su rostro.

El muñeco rió al mismo tiempo que un aura oscura surgía del mismo.

CETATEA POENARI. TRANSILVANIA, RUMANIA. 1713

Sentía que la sangre escapaba de sus venas, los brazos tenían horas de volverse tan blancos como el papel debido a la incómoda posición en la cual le habían atado, detrás de la espalda y arriba de su cabeza, a unos cuantos centímetros del suelo. Bajo él el resto de los Windsor le contemplaban sin parpadear, se trataba de cuerpos obedientes sin pensamientos propios, tal y como lo deseaba Él.

–¿Quieres que te libere?

Las palabras no habían podido ser detenidas. Incluso si Zairé tenía completo control de su cuerpo y mente ello no significaba que podía mandar sobre su corazón y su alma. Había un vínculo muy fuerte entre ellos por ser hermanos, pero Aline sabía que no se limitaba únicamente a eso. Todos estaban destinados a encontrarse en esa vida, lo entendía, y se encontrarían en las muchas futuras, de eso no cabía duda alguna. Por eso mismo Caden alzó el rostro, contemplando las facciones delicadas de su hermana.

Había amado y había sido amado. Había rescatado a esa alma pura del pecado que representaba la vida de los Windsor, de los seres de las sombras cuyas manos se manchaban de sangre todos los días. Sin importar cuánto lo intentase, Zairé no podría ponerle la mano encima. Cerró los ojos nuevamente recordando esos ojos transparentes, tan difíciles de hallar en alguien de su especie, tan afortunado de poder rememorarlos ahora que sabía iba a morir.

No… no era tan sencillo… Él no quedaría satisfecho con sólo deshacerse de su presencia, debía cobrarse con sangre y fuego todas y cada una de las ofensas realizadas a su persona. ¿Quizás esperaría a que el sol saliera y entonces simplemente le dejaría perecer mientras contemplaba todo desde primera fila? Sonrió. Claro que no, sería demasiado amable de su parte.

Negó con la cabeza sin decir palabra alguna. No podía permitir que sus hermanos se arriesgasen por él, por una causa perdida, tarde o temprano Zairé le encontraría y seguramente se vengaría destruyendo al resto de los Windsor frente a sus ojos.

La puerta del calabozo se abrió y por la misma penetró la misma figura encapuchada, bajó el sayal revelando a un hombre joven de tez ligeramente tostada y cabellera oscura, ojos filosos cual ónix y largos colmillos que asomaban de su boca.

–Hace tiempo Dios creó a los hombres, no como los conocemos hoy en día, es obvio. Eran bestias gigantes de dos corazones, cuatro brazos, cuatro piernas y dos caras. Sin embargo, temió a su poder… vaya ironía… temió al poder de sus propias creaciones, por lo cual los dividió en dos y los repartió por el mundo. Desde entonces ellos buscan constantemente a su otra mitad y en dicha pesquisa se les va la vida –se acercó lentamente hasta el rubio, cruzando miradas–. Los vampiros fuimos humanos en otra ocasión, incluso aquellos que decimos que jamás nos hemos emparentado con dicha especie. La gran diferencia entre un Vampiro Sangre Pura y el resto es… que los Sangre Pura fueron los únicos en ser maldecidos directamente por Dios. Humanos convertidos en bestias… los demás vampiros fueron malditos por nosotros. Por eso mismo, todos tenemos un alma humana en nuestro interior… Y yo, Caden, robaré todo rastro de humanidad de ti…

Los ojos de Zairé se volvieron del color de la grana.