-El Cuartel-
Normalmente me cuesta hacer amigos. Tengo buenos conocidos en la Orden, pero ninguno como Raisa, y ahora que no está a mi lado, me siento sola, como si me hubieran arrebatado una parte de mí.
Cada mañana al levantarme, me arreglo antes de salir a trabajar. Todos los miembros vivimos en el cuartel, es un gran edificio, con un montón de plantas, gente que nunca llegaré a conocer, y puestos de trabajo que nunca imaginaría que existieran. Tengo un grupo de compañeras con las que me suelo juntar para ir a desayunar a la cafetería antes de ir a la enfermería. Normalmente no tenemos mucho trabajo, me refiero a práctico, y esto es bueno, por supuesto. Casi siempre tenemos que encargarnos del papeleo para mandárselo al supervisor, y así tenerle informado de las personas que tienen que pasar por nuestras manos. Siempre viene la misma chica a por los documentos. Es exorcista, y según me han dicho, la hermana pequeña del supervisor. La verdad es que parece muy agradable, pero nunca he podido hablar con ella, los papeles se los entrega la jefa de enfermeras, y fuera de la enfermería no la encuentro nunca, no sé donde se podrá meter, claro que este sitio es muy grande…
-¡…via... Juvia! ¿En qué piensas? Vamos, despierta, que tienes que llevarle esto al supervisor.
Me encontraba sumida en mis pensamientos, casi no sabía cómo había llegado hasta allí, por pura rutina, imagino. Cuando fui consciente de donde estaba, levanté la cabeza de los documentos que debería estar ojeando, para mirar a la jefa de enfermeras y tomar los papeles que me daba.
-Hoy Lenalee no puede venir a por esto, está fuera, haciendo otros trabajos. Vamos, llévale esto al supervisor Komui, que lo está esperando.
-Sí señora, ahora mismo se lo llevo -dije mientras me levantaba.
-Y no tardes, que todavía tenemos cosas que hacer aquí -me dijo la jefa antes de que saliera por la puerta.
La jefa es buena persona, pero a veces demasiado estricta, sobre todo con los pacientes, no me gustaría encontrarme en su pellejo…
Mientras me dirigía al despacho del supervisor, me fijé en una de las fotos de los documentos que llevaba, era un chico joven, con el pelo blanco y una extraña marca roja debajo del ojo izquierdo. Al parecer era un nuevo exorcista que llegó hace unos días al cuartel, y necesitábamos la información en la enfermería, como formalidad, y para tenerlo todo controlado. Antes de darme cuenta, ya había llegado al despacho. Me había pasado todo el camino pensando, lo cual es bastante propio de mí.
Me dispuse a entrar al departamento científico. Todo allí dentro era un caos, pero por algún motivo me gustó la atmósfera. Había gente corriendo de un lado para otro, incluso había alguno durmiendo, o intentándolo, porque había otro encima suya, tirándole de la bata para que empezase a trabajar. En ese momento un hombre alto, con el pelo rubio echado hacia atrás se me puso delante.
-Hola, ¿nueva por aquí? Soy Reever, el jefe de la sección de ciencias, ¿qué necesitas?
-Hola, soy Juvia, enfermera. Me manda la jefa para entregar estos documentos.
-Espera aquí –el hombre se alejó un par de pasos y chilló con la mano en la boca para amplificar su voz-. ¡¿Supervisor?! ¿Hoy no está Lenalee?
A lo lejos se escuchó una voz, como si estuviese ahogada por lágrimas, o algo por el estilo, que gritaba:
-¡Aaaaahh, Lenalee! ¡Lenalee!
Reever soltó un largo suspiro y se volvió a acercar a mí.
-Eso es un no… En fin, perdona por todo esto, acompáñame por aquí.
Sorteando mesas, aparatos y gente corriendo, Reever me dirigió al final de la sala, una zona rodeada de muebles altos, dispuestos en círculo, rodeando un escritorio con tantos papeles que era imposible saber si había alguien sentado al otro lado de la mesa. El suelo también estaba lleno de papeles, tantos que casi no se veían las baldosas, y justo delante del escritorio un sofá. Reever se adelantó, acercándose al montón de papeles de la mesa. Yo mientras me quedé detrás del sofá.
-Supervisor, ha llegado la enfermera con los documentos actualizados. ¿Supervisor?
-Señor Reever -dije tímidamente-, está aquí -dije señalando el sofá.
En él se encontraba tumbado un hombre de unos veintitantos, con el pelo morado justo por encima de los hombros, boina blanca, al igual que la bata, los pantalones, las sandalias y los calcetines que llevaba bajo ellas. Reever se dio la vuelta, y según se iba acercando, su enfado iba siendo cada vez más evidente.
-¡SUPERVISOR! ¡Deje de lloriquear, y haga su trabajo!
-¡Lenalee! ¿Lenalee, por qué? -Komui seguía arrugado en el sofá, llorando.
-Supervisor… Vamos, que sólo ha ido a hacer una misión con Allen, llegará antes de que pueda darse cuenta.
Mi cara de desconcierto debía ser tal, que Reever vio necesario explicarme lo que estaba ocurriendo.
-Lenalee es la hermana del supervisor. Normalmente está siempre por aquí, pero hoy se ha ido con Allen Walker, un nuevo miembro, para enseñarle como funcionamos. Y, como ya has podido comprobar, Komui es un melodramático… Bueno, parece que le hemos perdido -dijo mirando de nuevo al supervisor-, déjame esos papeles a mí, y yo me encargaré de dárselos cuando haya recuperado la razón.
Le entregué los documentos a Reever, agaché la cabeza a modo de despedida, y me dispuse a girar y volver por donde había venido cuando Reever comenzó a hablar de nuevo.
-Vaya, ya están los resultados de las pruebas de Allen. Supervisor, ¿les quiere echar un vistazo?
Fue casi imperceptible, me giré un momento para ver si eso había hecho que Komui recuperase la compostura, pero bastó eso para pillarme. Reever se dio cuenta de mi pequeño movimiento.
-Este es el chico que te dije que estaba con Lenalee -dijo mientras me miraba con cortesía-, Allen Walker, el nuevo exorcista en este cuartel, pero él ya tiene experiencia, lo único que ha hecho ha sido meterse en un grupo para no trabajar solo.
En ese momento, el bulto del sofá pareció removerse. Se fue levantando poco a poco, y dándome la espalda se sentó, y se secó las lágrimas con el puño de la bata. Mientras se daba la vuelta pensé que, aunque yo sí le conociera, él no me conocía a mí, claro que es lo más normal, teniendo en cuenta el número de personas que trabajamos en el cuartel bajo sus órdenes. Le había visto en varias ocasiones, cuando entré a trabajar con otras tantas enfermeras, y de vez en cuando iba a escucharle a unas charlas que daba como motivación para los exorcistas, pero yo, a pesar de no serlo, sentía que tenía que escucharlo, simplemente me gustaba escucharle. En ese momento se quedó frente a mí. El supervisor Komui era muy joven, a pesar del puesto que ostentaba. Lo único que me faltaba por añadir a la descripción que pude realizar cuando le vi en el sofá, es que lleva gafas, y tiene el rostro muy afilado, con ojos, finos y alargados. Cogió los papeles que Reever le ofrecía y los revisó.
-Parece que está todo en orden -dijo con una voz completamente diferente a la que escuché cuando gritaba el nombre de Lenalee.
-Bueno, pues si eso es todo -dije mientras miraba a Reever-, yo me voy, que me están esperando en la enfermería.
-Muy bien, gracias por todo, Juvia -me dijo Komui, levantando la mirada de los papeles, y ofreciéndome una amplia sonrisa.
Me quedé de piedra. ¿Cómo era posible que me conociera?
-¡Hermano, he vuelto!
En ese momento, los documentos que hacía un segundo tenía Komui en sus manos, volaron sobre mi cabeza.
-¡LENALEE! Aaaahh, Lenalee, por fin, estaba muy preocupado -Komui fue corriendo hacia su hermana, gritando su nombre con voz chillona, completamente distinta a la que había utilizado hacía un segundo conmigo. Saltó, y se agarró a las piernas de la muchacha.
-Vale ya, hermano. ¿Quieres un café? Voy a prepararlo.
En ese momento, Lenalee se alejó dando saltitos hacia el extremo opuesto de la habitación. Su pelo, recogido en dos largas coletas se movía de un lado a otro mientras saludaba a todos sus compañeros de la sección. Entonces Komui se levantó, muy rápido, como haciéndonos creer que lo que habíamos visto no era real, que no se había puesto histérico en ningún momento, arreglándose la bata y carraspeando suavemente. Era una cara que nunca había visto del supervisor, y mucho menos imaginado. Se me escapó una sonrisilla. Me giré y vi que detrás de mí estaba el chico de pelo blanco y marca roja bajo el ojo que había visto en los documentos.
-¡Ah, Allen! Ya estás de vuelta, bueno, ¿qué tal te ha ido? –dijo Komui mientras miraba a Allen. Parecía que se había olvidado por completo de mí.
Entonces me giré, le dediqué una despedida rápida con la mano a Reever y salí de aquel sitio de locos.
