-El pelirrojo-

No volví a saber nada de ellos en varios días. Una mañana me encontraba en la enfermería, ocupándome de un paciente con una leve contusión en la cabeza, un chichón de toda la vida, cuando le vi. Fue rápido, tan rápido que me pareció haberlo soñado.
Un chico pasó corriendo por delante de la puerta de la enfermería. Por el uniforme debía ser exorcista, y su pelo era de un color naranja claro y brillante. Fue lo único en lo que pude fijarme, porque desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Pero por alguna razón me quedé sin aliento, y desde entonces estuve varias veces rememorando aquel momento, imaginándome como sería su cara, su carácter, su voz…

Una mañana, normal, como otra cualquiera, me dirigí a la enfermería. Cuando llegué allí, la jefa no estaba, y eso era extraño, ella era la primera en llegar siempre. Ninguna allí tenía ni idea de dónde podía estar, por lo que, para no perder la mañana sin hacer nada, nos organizamos el trabajo, y comenzamos con las tareas del día. Después de un rato, cuando ya estábamos cada una de nosotras concentradas en nuestro quehaceres, la jefa apareció por la puerta, completamente colorada, seguramente por la carrera que acababa de darse hasta la puerta del la enfermería.

-El supervisor ha recibido información de unos rastreadores. Se ha registrado un ataque de demonios cerca de aquí y va a mandar unos exorcistas, pero dice que la cosa pinta peligrosa, y que tendré que reunir el mayor número de enfermeras para ir a unas instalaciones cerca del campo de batalla para proporcionar primeros auxilios a los exorcistas y que puedan seguir peleando, pero otro grupo se tendrá que quedar aquí para atender a los que no puedan seguir peleando.

En un momento estableció los grupos, pero yo no me encontraba en el grupo que saldría a atender a los heridos en el campo de batalla. Lástima, yo quería ver a los exorcistas en acción. Bueno, en otra ocasión tal vez…

Varias horas después empezamos a recibir exorcistas, algunos con heridas más o menos leves, otros con heridas más peligrosas, pero parecía que ninguno corría peligro. Pasaban las horas, y aquello no paraba, estaba constantemente llegando gente. Yo sólo me encargaba de heridas superficiales, desinfectar, coser y vendar, poco más.

Poco después nos llegó una noticia de la jefa por uno de los golems, la batalla había terminado, y ya volvían todos. Ese fue el peor momento del día hasta el momento. Por las ventanas de la enfermería se veían llegar los cuerpos de los caídos en la batalla, muchos rastreadores, y casi ningún exorcista. Aquello era un desastre, nunca había visto algo así. Gente corriendo por todos lados, gente malherida, y peor, la enfermería a rebosar. La jefa mandó llevar los heridos ya atendidos a una de las salas superiores para dejar paso a los que fuesen llegando. Fue entonces cuando me di cuenta, casi todos los que habíamos atendido eran rastreadores, hubo pocos exorcistas que necesitasen nuestra atención, claro que ellos están más preparados que los rastreadores para pelear con demonios.
Cuando parecía que ya se terminaba todo, llegó el chico de pelo blanco, un poco herido, pero aparentemente bien, con otro chico sobre los hombros, y detrás de ellos, Lenalee. Me quedé helada. El chico que iba sobre Allen era el pelirrojo que había visto varios días antes delante de la enfermería. Ahí actuó el instinto de enfermera, ya que yo casi no era consciente de lo que hacía. Me acerqué a Allen y le ayudé a llevar al chico a una de las camas más cercanas a él. Cuando le tumbamos, su rostro quedó descubierto, y con ello, todas las caras que me había imaginado quedaron eclipsadas por la imagen de la real. Pero la sangre salía de la parte superior de la cabeza, y eso me hizo volver a la realidad. Le retiré con cuidado el pañuelo que llevaba para sujetarse el pelo y su cabello pelirrojo enmarcó sus suaves rasgos. Llevaba un parche cubriéndole el ojo derecho que no me atreví a tocar. Después de tratar la herida de la cabeza, busqué la causa por la que tenía el pecho cubierto de sangre. Me temblaban las manos, pero los dedos se dirigieron sabiamente hacia la cremallera del abrigo de exorcista. La bajé con cuidado y vi el corte que tenía en el lado izquierdo del costado. Lo traté como todas las heridas anteriormente tratadas. Era bastante parecida a la que habían presentado los anteriores pacientes, un corte limpio, aunque un poco más profundo que los demás pero, por fortuna, fácil de tratar. Estaba tan concentrada en mi trabajo que no me di cuenta de que el movimiento de la enfermería había cesado, y que mis compañeras ya estaban tratando a sus últimos pacientes. Cuando terminé de vendarle la herida, ya pude respirar tranquila, los nervios empezaron a cesar, y comencé a ser consciente de lo que ocurría a mí alrededor.

-Los que están aquí estarán a nuestro cargo -la voz de la jefa se escuchaba por encima del ruido de herramientas y otras voces-, que las de las otras plantas se encarguen de los que les han llegado. Que cada una se encargue de quien ha atendido, y si hay alguna que no tenga a nadie, que me lo diga a mí, y ya veremos cómo nos organizamos.

-Gracias -Lenalee me miraba con ojos llorosos, pero con una sonrisa sincera.

-No tienes por qué darme las gracias, es mi trabajo. Dejad que me ocupe de vuestras heridas -dije mientras me acercaba a Lenalee.

Tras haber curado las heridas de Allen y Lenalee, llegaron las presentaciones.

-Yo soy Lenalee, y él es Allen. Nos conocimos hace unos días en el departamento científico.

-Sí, me acuerdo de vosotros, soy Juvia –repuse con una sonrisa nerviosa, y mirando de reojo al chico que reposaba en la cama.

-Él -dijo Allen, señalando al chico pelirrojo de la cama- es Lavi. Nos llevamos un buen susto cuando le hirieron.

-Tranquilos -dije yo, intentando que esas palabras también me tranquilizaran a mí-, está fuera de peligro, sólo ha sido un susto.

-Juvia -dijo Lenalee, mirándome preocupada-, ¿estás bien? No tienes buena cara.

-Sí, gracias Lenalee. Ha sido todo esto, nunca me había pasado nada parecido.

La voz de la jefa de enfermeras se escuchó sobre todas las demás.

- Venga, ya va siendo hora de irse a descansar. Los que no necesiten atención, se pueden ir a sus habitaciones. ¿Alguna voluntaria para quedarse de guardia? -nos dijo mirándonos una por una a las enfermeras.

-Yo me quedo, jefa -dije, sin poder apartar la mirada del chico pelirrojo.

-Muy bien, Juvia, si necesitas cualquier cosa, tendré el golem conectado. Buenas noches a todas.

Me giré a Allen y Lenalee.

-No os preocupéis. Id a descansar, yo me quedaré con él.

-¿Estás segura? -me dijo Lenalee preocupada.

-Claro, es mi trabajo. Descansad, y si queréis, pasaros mañana, para ver qué tal ha pasado la noche. Buenas noches chicos.

-Buenas noches, Juvia -me dijo Allen mientras se alejaba con Lenalee de la mano.