-Compatible-
Me preparé, y como tenía tiempo de sobra, me puse a mirar los papeles que tenía sobre la mesa. Nada era trabajo, no suelo subírmelo a la habitación. Una buena parte eran cartas para Raisa que nunca llegué a mandar. Otros papeles eran de historias que aparecían en mis sueños. Fue Raisa la que me dijo que escribiera mis sueños, porque todos significaban algo, y aunque ahora no supiera qué era lo que querían decir, pudiera ser que dentro de unos años sí. Por eso era mejor escribirlos, para que no se olvidasen.
Lo dejé todo sobre la mesa, y bajé a desayunar. A pesar de lo temprano que era, había gente ya activa. Seguramente la última batalla nos ha descolocado el sueño a todos. Cuando salí de la cafetería, después de haber comido algo, me encontré con Komui.
-Juvia, te estaba buscando. ¿Puedes acompañarme?
Asentí, y Komui me guió al edificio central. Allí esperamos frente al enorme hueco. Pronto apareció el ascensor. Komui subió a él, y me tendió la mano para ayudarme a subir. La bajada se me hizo bastante larga.
¿Qué había abajo? ¿Por qué me llevaba allí? Yo no soy exorcista… En el fondo del hueco apareció una luz blanca que iluminaba el suelo. Ya habíamos llegado. Komui se adelantó.
-Hola Hevlaska.
-¿Komui, esta es la joven de la que me has hablado?
¿Komui le había hablado de mí? Espera, ¿a quién? ¿De dónde había salido esa voz? No había nadie allí…
-Sí, esta es Juvia. ¿Podrías mirar su nivel de compatibilidad?
Entonces la luz se cerró sobre mí. No, eso no puede ser, ¿cómo se va a mover la luz a placer? Un momento, la luz tenía forma de mano. Me cogió con delicadeza, y me levantó. Entonces sí pude verla. De allí venía la voz. La luz tenía cara, y boca, y, bueno, no eran ojos exactamente, pero sabía que me estaba mirando. Poco después empezó a bajarme lentamente, y me situó al lado de Komui. Él ni se movió, se quedó mirándola, esperando que dijera algo.
-Es compatible. Al acabar de hacerse la unión, todavía no es muy alta, pero aumentará, y rápidamente. Es un caso de los buenos. La Inocencia se ha alojado en el collar. A pesar de no ser un arma, no es un mal sitio, claro que se puede cambiar si ella así lo desea. De todas formas no creo que necesite un arma. La Inocencia con la que se ha unido ya se la facilita sin necesidad de llevarla en una física.
-Muy bien. Gracias Hevlaska –Komui sonaba serio, pero en seguida se giró y me dedicó una sonrisa-. ¿Volvemos ya?
Sólo pude asentir. Subimos al ascensor, y sólo cuando la luz se quedó abajo, siendo sólo un punto, me atreví a preguntar, pero ¿qué debía preguntar? En realidad no sabía nada, así que lo mejor que pude decir fue:
-¿Qué ha pasado?
-Claro, tú no estás familiarizada con todo esto, perdona. Hevlaska es un cuerpo que controla la Inocencia, se encarga de almacenarlas hasta que encontramos a alguien compatible con ellas. Ella puede medir el grado de compatibilidad, o sea, la capacidad que tiene el exorcista de usar la Inocencia a su favor. Si es demasiado baja, puede suponer un riesgo para él. Pero no es tu caso, así que quita esa cara de susto.
-¿Compatible?
-Sí, eres compatible, y uno de los casos buenos. Normalmente hay varios casos, los normales, los malos, en los que la compatibilidad no es muy buena, pero como ya se ha producido la unión, lo mejor es seguir con ello, y entrenar a la Inocencia, aunque sea un poco por la fuerza. Pero el tuyo es un caso bueno. La Inocencia se ha unido de buena gana a ti. Puede ser porque persigue los mismos objetivos que tú. Pero tienes que entrenarte, para que la compatibilidad sea mayor, y hacerte más fuerte. Y también debes descubrir el objetivo de tu Inocencia, pero esto es más complicado, no todo el mundo lo consigue pero, aun así, se hacen fuertes. Pero lo primero de todo es, ¿quieres ser exorcista?
Me quedé sin habla. ¿Qué era todo eso que acababa de decir? ¿Que la Inocencia me había elegido? ¿A mí? ¿Por un mismo objetivo?
-Bueno, piénsalo –dijo ante mi falta de palabras-. Lo que me resultó raro en aquél momento es que la Inocencia tarda un poco en reaccionar. Primero se inquieta, y luego sale a buscar a su portador. Pero en tu caso, según me ha dicho Hevlaska, fue instantáneo. Normalmente ella sabe cuándo va a nacer un nuevo exorcista porque siente el movimiento y la euforia, por así decirlo, de la Inocencia, pero la tuya salió disparada en un momento, y se unió a ese collar que llevas. Y pudiste levantar esa columna de agua sin entrenamiento alguno –todo esto fue en realidad un pensamiento que compartió en voz alta, no esperaba que yo le contestase-. Bueno, como he dicho, lo mejor será que lo pienses. Avísame tan pronto como tengas una respuesta.
El ascensor llevaba un rato parado, pero no nos dimos cuenta hasta que Komui hubo terminado de compartir sus pensamientos. Interpreté sus últimas palabras como una despedida, me bajé del ascensor y desaparecí por uno de los numerosos pasillos.
Necesitaba pensar en todo lo que Komui me había dicho. Acabé deambulando por los pasillos del cuartel, y en varias ocasiones estuve a punto de perderme. Pero por más que le diese vueltas a mis pensamientos, no llegaba a ninguna conclusión. Por un lado estaría bien convertirme en uno de ellos, poder ayudar a mis amigos… ¿Amigos? Hasta hace muy poco tiempo estaba sola, pero ¿y ahora? Bueno, están Allen, Lenalee, y Lavi, ¿pero los podía considerar amigos? Y seguramente al convertirme, estaría más cerca de Raisa.
Pero por otro lado, si me convirtiera, estaría siempre en peligro, y bajo mucha presión. Y además pensar que en cualquier momento podría perder a alguien querido no mejoraba mucho la situación. Necesitaba a alguien que me pudiese ayudar. Le podía preguntar a Raisa, ya que ella se convirtió en exorcista hace poco. Así que me puse a buscarla, pero no hubo manera. No la encontraba por ningún sitio, y nadie sabía dónde estaba. Se me ocurrió ir a la enfermería por si acaso estaba allí.
Cuando llegué, abrí puerta, pero tampoco estaba allí. Por el contrario, estaban Lenalee en su cama, Lavi sentado junto a ella, y Kanda, sentado en el otro extremo de la habitación. Lavi y Lenalee hablaban, mientras Kanda tenía la mirada perdida en el paisaje de la ventana. Seguramente había intentado salir, pero la jefa no le había dejado.
Bueno, si no era Raisa, ellos también me podían dar algunos consejos. Los saludé, y me senté cerca de Lenalee. Lenalee y Lavi me sonreían, Kanda ni se había girado.
-Parece que soy compatible.
-Vaya Juvia –Lenalee fue la primera en hablar-. Entonces Komui ya te habrá hecho un montón de preguntas. No te habrá presionado demasiado, ¿no?
-Bueno, me ha estado diciendo varias cosas, y la verdad es que estoy hecha un lío, no sé qué hacer…
-Bueno, eso sólo lo puedes decidir tú –prosiguió Lenalee.
-¿Compatible? ¿Con quién? –Lavi nos miraba a las dos, giraba rápidamente la cabeza de una a otra, esperando la respuesta.
-Pero si ya se ha unido, sería más difícil separarla de ti. Te volvería a buscar –siguió Lenalee.
-Ya, bueno, si le he estado dando vueltas, y hay más cosas a favor que en contra. Pero no sé, estoy muy indecisa.
-¿Pero qué pasa? –Lavi seguía preguntando.
-Bueno Juvia, yo te puedo decir que hay más momentos buenos que malos, pero siempre tienes que estar dispuesta a todo, y pensando en los riesgos…
-Lenalee, no me ignores, vamos, dime, ¿de qué habláis? –Lavi seguía intentando averiguar de qué hablábamos.
-Aaah, cállate, baka usagi –Kanda, molesto, había intervenido.
-Yuu, pero es que no sé de que están hablando, yo también quiero enterarme.
-Ya te he dicho que no me llames así, que molesto eres, y un idiota además, cualquiera se daría cuenta de lo que están hablando.
-Yuu, ¿no me digas que sabes de lo que están hablando? Vamooos, dimelooo.
-Cállate.
-¡Basta ya los dos! –Lenalee había intervenido en la pelea de ambos.
Kanda giró la cabeza en dirección a la ventana con un rápido movimiento seguido de un "Tsk". Por el contrario, Lavi miró a Lenalee con los ojos abiertos como platos.
-S-sí señora.
-Bueno, yo me voy, lo pensaré. Gracias por todo Lenalee, nos vemos luego.
Me levanté y me dirigí a la puerta. Antes de cerrarla escuché a Lavi, que seguía preguntándole a Lenalee.
Era ya noche cerrada. Iba sin rumbo de nuevo, supuestamente hacia mi habitación, pero acabé frente a la puerta del departamento científico. Aunque yo no fuera consciente, mi mente ya había tomado una decisión, así que entré, y busqué a Komui.
El departamento estaba vacío, pero al fondo se veía luz. Me acerqué y vi a Komui hablando con el chico rubio que había llegado con Raisa. Komui se dio cuenta de mi presencia y me miró.
-Esta es la chica de la que te hablaba, Juvia –dijo mirando al joven. Luego se giró hacia mí-. Juvia, él es Bak, el jefe del cuartel de Asia.
-Creo que ya me he decidido –dije, con la mirada clavada en el suelo. Komui esperó en silencio, se lo agradecí, la presión habría sido lo peor en aquél momento. Tras tragar varias veces, respondí-. Sí, lo haré.
El rostro de Komui cambió por completo. Su cara de preocupación se transformó en una gran sonrisa.
-Bueno, me alegro. En ese caso, irás con Bak, entrenarás con él en su cuartel.
Asentí. Esperaba otro tipo de trato por parte de Komui, estaba distante, y lo que necesitaba era apoyo.
-Bueno Bak, en ese caso, lo mejor será que os preparéis para salir. Luego voy a despediros.
Bak me dirigió una despedida con la cabeza y salió del despacho. Entonces Komui se dirigió a mí.
-Juvia, ¿estás segura? No me has dado una respuesta muy clara –esta ya se parecía más al tipo de reacción que esperaba-. Es algo muy importante, y tienes que estar completamente segura.
-Lo he pensado, y sí, quiero hacerlo.
-Bueno, vale, si lo tienes claro, entonces no hay problema. Pero aquí me tienes para lo que necesites.
Le miré sorprendida.
-Muchas gracias Komui.
Él me puso una mano en el hombro.
-Bak es un buen hombre, y Raisa estuvo allí entrenando, y seguramente vuelva, así que podrás estar con ella. Y te daré un golem para que puedas comunicarte con quien quieras, incluido yo, en cualquier momento. Bueno, lo mejor será que te vayas preparando, lo más seguro es que salgáis esta misma noche.
-Gracias.
Y me fui. Me dirigí a mi habitación para recoger mis cosas.
No había gran cosa. Algunas hojas escritas, algo de ropa y poco más. Era de madrugada cuando salí de allí para dirigirme a la puerta donde me esperaban. Pero antes de ir allí, pasé por la enfermería.
Me asomé. Estaba todo oscuro. Lenalee dormía cerca de la puerta, y Lavi y Kanda tenían sus camas cerca de la ventana en el otro extremo de la habitación. A Kanda no se le veía, pero había un bulto en su cama. Me acerqué a Lavi, que dormía tranquilamente mirando hacia la ventana.
Me acordé de la otra noche que me quedé de guardia. La luz de la luna iluminaba su cara, pero en esta ocasión su expresión tenía mejor aspecto. La curva de sus labios se torcía en una ligera sonrisa. Me quedé un rato allí, hasta que escuché una voz que me sobresaltó. Venía de la esquina que tenía detrás de mí. No me había dado cuenta de que estaba allí debido a la oscuridad del cuarto.
-Deberías despertarle, si no te arrepentirás, y ya me puedo imaginar lo pesado que se pondrá cuando despierte.
Me giré. Kanda se había adelantado unos pasos y había quedado iluminado por la luz que entraba por la ventana.
-Me has asustado.
-Lo siento, no era mi intención.
Me giré a Lavi, y acerqué la mano a su brazo. Cada vez estaba más cerca, y cuando estuve a punto de rozarlo, lo retiré. Sonreí tristemente mientras miraba al muchacho.
-No puedo hacerlo. ¿Me disculparás ante él?
-Bueno, lo intentaré, pero no le va a sentar muy bien.
Me giré para irme, y antes de salir dirigí una rápida mirada a la habitación, a Lenalee, a Kanda, a Lavi…
Para llegar a la puerta donde me esperaban, Komui me había dejado unas indicaciones apuntadas en un papel, pero aun así me costó bastante centrarme en esos pasillos iguales entre sí. Todo estaba vacío, no había nadie a quien pudiera preguntarle dónde estaba. Me paré cerca de una lámpara que había colgada en la pared para mirar el papel que Komui me había dado. Cuando el sonido de mis pasos cesó pude darme cuenta de que no eran los míos los únicos que se oían en el pasillo.
Unos pasos me seguían de cerca. Por detrás. Me giré lentamente, y me quedé quieta, esperando que el desconocido que me seguía se acercara lo suficiente como para que quedase iluminado por la tímida luz de la lámpara. Pronto quedó bañado por el amarillento resplandor, comenzando por su pelo naranja, continuando por el pañuelo y siguiendo por el parche y esa mirada verde que tan bien conocía. Lavi estaba frente a mí, y me miraba seriamente.
-Pensabas irte sin decir nada.
No fue una pregunta.
-Yo… -no sabía que decirle.
-Después me di cuenta de lo que estuvisteis hablando Lenalee y tú. Con que compatible, ¿eh? Y te vas a convertir en exorcista. No sabemos cuánto va a pasar hasta que nos volvamos a ver, y aún así, ¿pensabas irte sin decir nada?
-Lo siento. Pensé que así sería más fácil.
-Te equivocaste.
Me cogió de la barbilla para que le mirase. Su expresión se había suavizado. Una lágrima indiscreta cayó de mis ojos. Entonces Lavi sonrió, fue levantando los brazos lentamente, y me abrazó. Me quedé sin aliento. Después de un rato así, en silencio, se separó poco a poco, hasta que nos quedamos mirándonos de nuevo.
-Venga, alegra esa cara –dijo con su acostumbrado tono jovial-. Cuando nos volvamos a ver serás toda una exorcista. Tendré que entrenar para que no me superes.
Lo único que pude hacer fue sonreír. Me apresuré a secar la lágrima que se había quedado en medio de mi cara y me di la vuelta para irme. Entonces me di cuenta de no sabía dónde estaba. Me di la vuelta, y Lavi interpretó mi mirada. Me cogió de la mano y me llevó a través de los pasillos hasta una gran habitación con una gran grieta que la cruzaba de arriba abajo. De aquella grieta, rodeada por una luz morada, salía una luz blanca, cegadora.
Raisa y Bak me esperaban justo delante. Había mucha gente alrededor de la puerta. Casi todos del departamento de ciencias, pero también había alguna enfermera, como Garuna o la jefa, y escondidas entre la multitud, Ámber y su grupo de amigas. Entre toda esa gente pude reconocer a Lenalee y Allen. Lavi me llevó rápidamente hacia ellos.
-¿Qué hacéis todos aquí?
-¿Tú qué crees? –me dijo Lenalee-. Hemos venido a despedirte.
Komui se acercó al grupo.
-¿Estás lista, Juvia? Te están esperando.
-Sí, ahora mismo voy –me giré a los chicos-. Gracias por venir. Espero que nos volvamos a ver pronto. Os voy a echar de menos.
-Juvia, no digas eso, que me vas a hacer llorar –Lenalee sonreía, y se había llevado la mano a los ojos, para frenar una lágrima que empezaba a asomar.
-¡Lenalee! No llores, vas a hacer llorar a tu hermano –Komui se había agarrado a Lenalee, y ya estaba empezando a chillar, como si fuera ella la que se fuese a ir.
-Vale, vale, no lloro, pero suéltame, anda, hermano…
-Bueno –Allen se giró hacia mí, ignorando a Komui-, espero que te vaya bien, y que sepamos de ti.
-Ah, eso me recuerda… -Komui metió la mano en uno de los bolsillos de su bata y sacó una pequeña bolita negra-. Esto es para ti, Juvia, tu golem, para que te puedas comunicar con los demás exorcistas.
El pequeño golem abrió las alas, y en la parte delantera había dibujada una gota de color azul que destacaba sobre el fondo negro.
-Es un nuevo prototipo. Lo he hecho yo mismo. Yo tengo otro parecido. No creo que te de problemas, pero si necesitas algo no dudes en preguntarme. Es distinto a los demás ya que, mientras que ellos solo se reducen a aparatos de comunicación, este es más personal. Se parece más al de Allen, pero no hay tiempo para explicaciones, tendrás que ir descubriéndolo tú poco a poco. Y ahora, si me acompañas por aquí…
Rápidamente, antes de que Komui me tomase del brazo, le di un abrazo a Lenalee, a Allen, y otro a Lavi, pero rápido, para que no se me subiera el color a las mejillas. Antes de alejarme de ellos, vi a Kanda en una esquina, y le dediqué una rápida despedida con la mano. Para mi sorpresa, me devolvió la despedida con un leve cabezazo.
Mientras Komui me llevaba a través de la multitud, pude ver a Garuna y a la jefa, que se acercaron rápidamente a mí. Cuando Komui me soltó al lado de la puerta, pude dar un abrazo a Garuna. Me quedé mirando a mi jefa, y ella se lanzó a mis brazos y empezó a llorar. Me costó deshacerme de ella, cuanto más intentaba separarla, más fuerte me cogía. Finalmente me dejó, y pude unirme a Bak y Raisa, que llevaban un rato observando en silencio. Ellos entraron primero. Yo me quedé delante de la puerta, y antes de entrar, me giré y miré por última vez en mucho tiempo a Lavi. Pude apreciar un cambio en su mirada, pero en aquél momento no supe que era. Sería tiempo después cuando descubriría el significado de esa mirada. Entonces me di la vuelta y me adentré en aquella cegadora luz.
Al otro lado me esperaba una ciudad cuyo color predominante era el blanco. Raisa y Bak me esperaban cerca de allí, al lado de una puerta de madera cerrada con un letrero que rezaba "Asia". Me acerqué a ellos, y la atravesamos.
Al otro lado había mucha gente esperándonos en un cuartel bastante parecido al que acabábamos de abandonar. Me acordé de lo que acababa de dejar allí, y me dieron ganas de volver, pero Raisa me dio la mano, y me dirigió una mirada reconfortante. Por lo menos la tenía a ella. Rápidamente Bak se deshizo de aquella multitud, y se dirigió a nosotras.
-Raisa, lo mejor será que lleves a Juvia a que conozca su habitación –luego me miró a mí-. Tómate el tiempo que necesites. Cuando estés lista, Raisa te dará una vuelta para que vayas conociendo todo esto.
Asentí. Raisa seguía tomándome de la mano, y con la que le quedaba libre, tomó mi equipaje.
Estuvimos un rato recorriendo los pasillos de aquel cuartel. Era bastante más pequeño que el general, pero los pasillos eran más amplios, y no parecían todos tan iguales entre sí. Finalmente llegamos a un pasillo un poco más discreto que los demás, de techo más bajo, pero bastante largo. Ese era el pasillo de las habitaciones de los residentes. Delante de cada puerta había un letrero con un nombre. Nos paramos frente a una en la que el letrero estaba vacío.
-A lo largo de la mañana te traerán la placa con tu nombre. Bueno, te dejo. Acomódate, y cuando estés lista me avisas y te doy una vuelta por aquí. Estaré en mi habitación –dijo señalando la puerta continua.
Me dio la llave, dejó la maleta en el suelo, y se metió en su cuarto. Cuando me quedé sola en el pasillo, introduje la llave en la cerradura, giré el pomo y entré. Era una habitación un poco más amplia que la tenía en el cuartel general, pero bastante parecida. Una cama, una mesa debajo de la ventana, y un armario. Dejé la maleta sobre la cama, y me senté. Metí las manos en los bolsillos de la falda de manera inconsciente, y noté una bolita pequeña en uno de ellos, la saqué y…
La bola negra que me había dado Komui antes de salir desplegó sus alas sobre mi mano. Antes no había podido observarla bien, pero ahora, además de fijarme más detenidamente en la gota azul que tenía dibujaba, pude ver que tenía unas pequeñas orejas de gato, una cola parecida a la de un gato, terminada en una flecha, y unas alas pequeñas y finas, parecidas a las de un murciélago. El golem, a pesar de no tener ojos, o algo parecido, se me quedó mirando. Entonces empezó a flotar sobre mi mano. En poco tiempo cogió confianza y empezó a volar por toda la habitación, dando vueltas alrededor mía. Yo lo miraba en silencio, recordando el pequeño golem de Allen, de color dorado. Komui había dicho que se parecía al suyo. El de Allen se llamaba Timcanpy, y parecía bastante inteligente, mucho más que el que utilizaba la jefa para comunicarse. Mientras pensaba todo esto, el golem se paró frente a mí.
-Bueno, ¿qué te parece si te pongo un nombre?
Una sonrisa apareció en la superficie del golem negro. Parecía que le gustaba la idea.
-A ver… ¿Kuro? ¿Mato? ¿Kira? ¿Neko?
Tras todos aquellos nombres seguía una rápida negación por parte del golem.
-No me lo pones fácil… ¿Y qué te parece Noda?
Pareció pensárselo durante un rato, pero finalmente asintió de manera exagerada, y me dio un pequeño golpecito cariñoso en la nariz.
-Está bien, Noda. Bueno, voy a deshacer la maleta antes de salir con Raisa.
Abrí la maleta, y empecé a sacar vestidos. Casi todo mi vestuario consistía en vestidos por la rodilla, de color blanco, lo cual no resaltaba demasiado teniendo en cuenta el color pálido de mi piel. Alguna vez había considerado renovar mi armario, pero no me decía nunca entre todas las tiendas que visitaba. Los colgué todos rápidamente, dejé los papeles esparcidos por la mesa, y por último, metí la maleta en el fondo del armario. Cuando fui a salir de la habitación, Noda me seguía de cerca.
-Bueno, Timcanpy siempre acompaña a Allen. Supongo que puedes venirte conmigo. Hala, vamos –dije mientras indicaba a Noda con la mano que podía seguirme.
Esperé a que hubiese salido para cerrar la puerta y guardar la llave en uno de los bolsillos del vestido. Entonces me dirigí a la puerta que Raisa me había señalado y llamé. Raisa apareció enseguida al otro lado de la puerta.
-¿Estás lista? Pues vamos entonces.
El primer sitio que vistamos fue la cafetería. Era más pequeña que la del cuartel general, claro que era de esperarse, ya que este cuartel aloja mucha menos gente. Había bastante gente, y muchos de ellos se acercaron a saludarme.
-Por aquí las noticias vuelan, y no han tardado en enterarse de que había llegado una exorcista nueva –me dijo Raisa-. ¿Seguimos?
Visitamos varios departamentos, dejando para el final el de Bak. Cuando llegamos allí me acordé del departamento científico del general. La situación era bastante parecida. Gente corriendo por todos lados, esquivando a los que intentaban dormir sobre las mesas, y en medio de todo ese lío, Bak, intentando poner un poco de orden. Cuándo nos vio, se acercó a saludar.
-Hola chicas. ¿Ya le estás ensañando todo esto a Juvia? Si os cansáis de estar aquí dentro, podéis salir fuera a dar una vuelta.
Nos pareció buena idea, y como allí molestábamos un poco, decidimos seguir el consejo de Bak. Dimos una vuelta por las calles cercanas, visitamos algunas tiendas, y tomamos algo en la terraza de una cafetería. Volvimos poco antes de que se hiciera de noche, y nos fuimos al nuestras habitaciones a dormir.
Al día siguiente empezó mi entrenamiento. El primer día de un intenso entrenamiento para convertirme en exorcista.
