Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Ángel Oscuro
(Dark Angel)
Un fic de Camaro
Traducción por Apolonia
"No fue mucho tiempo después que Draco nació que se llamó a una reunión para ordenar entre los representantes del Paraíso y el Infierno, la razón, combatir a una nueva fuerza que atacaba y amenazaba a ambas partes."
Goku lo miró extrañado, preguntándose qué podría ser exactamente lo que pudo haberse establecido como una amenaza para cada Reino. ¿Cuál podría ser el enemigo en común de los dos enemigos más grandes de todos los tiempos? Como si leyendo la pregunta por las facciones de su rostro, Vegeta rió, la Ceniza distorsionando su concentración lentamente.
"Qué nueva clase de terror podría haber movido tal acción y compatibilidad entre los dos, nunca lo he descubierto ni alguna vez lo intentaré es lo más probable. Sea lo que fuere, fue lidiado o simplemente yace latente. En cualquier caso, no es una cuestión que requiere ser nombrada en este punto. Pero como tal fue en esa reunión particular que el Rey Demonio, mi padre sin duda sin su esposa, y la Angélica Reina, sentada a la derecha de su marido, se conocieron."
"Imagino que desde el momento que puso sus ojos en ella quedó golpeado." Vegeta sonrió, una extraña niebla pareciendo vidriar sus ojos inyectados en sangre.
"Ella era la luz que él nunca había visto, el epítome de todo lo que había negado y todo lo que se suponía que odiaba. Sólo que no podía." El Demonio repentinamente se puso serio, sus ojos se posaron sobre la ventana y los diminutos rayos comenzaron a aparecer y arrojar luz sobre las ardientes montañas.
"Ella era algo que él nunca había contemplado antes. Era buena. Era pura. Era santa."
Goku sabía que sin duda la Ceniza tenía en parte la culpa, aunque los efectos apenas lo habían tocado a este punto, pero notó que la voz de Vegeta se había vuelto suave y aterciopelada, filtrándose como agua de sus secos, carnosos labios. Algo en los ojos del Demonio le dijo a Goku que de hecho no estaba recordando cual había sido la experiencia de su padre, pero realmente reviviendo la primera vez que había visto a Bulma con sus propios ojos.
"La leyenda dice, como mencioné, que hace mucho tiempo Dracola había rezado a los pies del Salvador por perdón por lo que había hecho, todo lo que se había convertido, todo lo que deseaba ser. Supongo que así es como se sintió mi padre, contemplado por primera vez la obra maestra de Dios. Su propio enemigo. Se sintió tan..." "Indigno y tan... repugnante para los ojos de ella. Manchado, ¿sabes? Roto. Como una mancha sobre un vestido blanco. Maligno. Malvado."
Vegeta se había ido de tema completamente, deteniéndose sólo cuando el Ángel aclaró su garganta.
"O... quiero decir... ¡así supongo!" Se corrigió, sintiendo el comienzo de un rubor aumentar en sus mejillas.
"¿Vegeta?" el Ángel preguntó de repente, sobresaltando al hombre más grande. "¿Cómo sabes todo esto de todas maneras? Quiero decir, ¿sobre tu padre y la Reina?"
El Demonio suspiró, buscando sin descanso por las palabras correctas.
"Cuando estaba muriendo, o bueno... Al menos al borde de la muerte, caí en un febril suelo, vacío de cualquier sueño. Y sí Kakarotto, puedo decir con razón que mi sueño era libre del descanso onírico. Porque los sueños son ficticios y lo que me encontré, bueno, eso no fue más que otra visión milagrosa."
Goku se quedó atónito, dándose cuenta que muchas esta noche había sido reducido a hacer caer su mandíbula y ampliar sus ojos.
"Muchas de estas visiones eran de vidas pasadas, esto lo sé. Porque me vi a mí mismo en diferentes formas. Pero muchas de las escenas ni siquiera eran de mi propia vida Kakarotto." Se detuvo levemente, estabilizando en contorsionado mundo.
"Soñé muchas cosas Ángel." Suspiró. "La mayoría que ni siquiera podría explicarte. Que ni siquiera podría transformarlas en palabras. E incluso si pudiera, dudo incluso que tu crédula naturaleza lo digiriese, y tu seguro en mi cordura caería. Pero sé esto. VI a mi padre de rodillas ante la Reina, permaneciendo totalmente desapercibido y completamente solo en un extraño jardín. ¿Un seguro? No lo sé por seguro. No podría decirte honestamente. Pero algo simplemente sé, ¿sabes? Simplemente SÉ qué estaba ocurriendo y que estuvo ocurriendo varios días después del encuentro. Todavía puedo." Dijo, sus ojos ahogados con los recuerdos. "Todavía puedo recordar el miedo que parecía radiar de ella. Estaba tan asustada. Tan asustada mientras él le confesaba cosas que ningún Ángel, ningún Demonio nunca lo sabrá."
Por primera vez, Goku presenció algo que nunca hubiera imaginado que ocurriera ni siquiera en sus sueños más salvajes.
Vegeta se sonrojó.
No, no... ahora sé que todos están pensando "dios, podría haber jurado que se sonrojó una vez cuando..." No. No estoy hablando de un pequeño tinte rosa aquí o allá. Estoy hablando de un rojo ambrosía desde los lados de sus mejillas hasta el borde de su nariz. ¡Brillante rojo! Como cuando se quedan en una cabina de bronceado por demasiado tiempo y... bueno, me fui de tema, ¿no?
"Y yo..." tartamudeó. "Bueno supongo que no pasó mucho después que, que ellos..." no podía ocultar su sonrisa. "Bueno, ya sabes... ellos uhh."
Dejó adrede el espacio en blanco para que Goku lo llenara, esperando que no tuviera que elaborar sobre el evidente resultado que había tomado lugar debido a esta reunión.
Ahora dónde Vegeta sacó que Goku era lo inteligente suficiente, o debería decir, pervertido suficiente para entender a dónde estaba yendo todo esto, no lo sé. Pero vamos, ¡el tipo estaba DROGADO!
Goku simplemente esperó mientras Vegeta tartamudeaba y tosía, actuando como un niño de diez años que había echado su primer vistazo a una chica desnuda. Todo lo que conoció alguna vez como calmado, que alguna vez tranquilizó y controló al Rey Demonio estaba en este punto bajando y hundiéndose en el dedo de su zapato en las suaves baldosas de mármol debajo de ellos. Incluso movía sus dedos.
"¡SANTO DIOS KAKAROTTO!" gritó en frustración, sobresaltando a la paranoide craitura. "¡YA SABES! Ellos... bueno... ¡YA SABES!"
Nada.
"Ellos... Kakarotto, no juegues al tonto conmigo. Sabes que cuando dos personas están atraídas mutuamente, ellos," ¿ahora por qué estaba comenzando a sentirse como una charla sexual con un niño de 4 años? "Ellos..."
Vegeta hizo dos puños paralelos al otro y los golpeó de arriba a abajo.
Goku puso una mano detrás de su cabeza, emparejando el gesto con su tradicional sonrisa tonta, cerrando sus ojos.
"Uh, bueno, verás Vegeta." Rió. "Estoy algo en blanco aquí. ¿Estamos jugando a las charadas de repente?"
Vegeta casi se cayó.
"¡MALDITA SEA KAKAROTTO!" Gritó furioso. "¡Olvida lo que dije antes! ¡Eres un completo retrasado!"
El único problema que quedaba era que Vegeta TODAVÍA no tenía idea básica de como llegar al punto. Era simplemente... bueno... no sé. Simplemente incómodo y raro y...
¡AH DEMONIOS!... ¡Todos tienen padres! ¡USTEDES traten de explicar a un hermano pequeño o algo esos extraños ejercicios que mamá y papá hacen por la noche! ¡SÍ!... ¡Eso es lo que pensé!
¿Embarazoso? Aw, ¡Demonios sí!
"¡ESTÁ BIEN!" Vegeta gritó, odiando el hecho que la contundencia fuera su única solución, aunque había confiado en ella la mayor parte de su vida.
"¡MI PADRE Y LA MADRE DE BULMA LO HICIERON! ¿¡ESTÁ BIEN! ¿¡ESTÁ BIEN! ¡¿ESTÁS CONTENTO?"
Estaba seguro que todo el castillo había escuchado su arrebato pero la molestia había agotado su preocupación en ese sentido. ¡Dios! ¡El Ángel podía frustrarlo más que CUALQUIERA que hubiera conocido jamás! Y eso era una considerable cantidad de personas que superar en ese campo.
Extrañamente, el Ángel no había dicho ni siquiera una palabra, ni siquiera un pío viniendo de esa dirección. Volteándose para mirarlo, Vegeta vio por qué. Estaba completamente pálido, oh y quiero decir en cada sentido de la palabra, la mirada de muerte aparente en su blanca tez, sus ojos estirados a los lados de platillos y su boca cayendo. En cualquier momento, supuso Vegeta, ¡una gran gota de baba estaba OBLIGADA simplemente a caer allí en el suelo!
"Vegeta." El Ángel finalmente susurró, cada palabra dicha clara y lentamente en un bajo tono mientras el sudor comenzaba a caer de su frente. "¿estás... estás tratando de decir... de decirme que... Que... Que... qu-"
"¡ESCÚPELO KAKAROTTO!"
"¡¿¡QUE BULMA ES TU HERMANA!"
Vegeta podría haber jurado que sintió el cálido y húmedo chapoteo del amargo vómito golpear la parte de atrás de sus amígdalas antes que sus nudillos se conectaran con la flexible carne del rostro del Ángel, la sorprendida criatura cayendo a varios pies a través del suelo y deteniéndose en dolor y un chirrido. Fue suficiente para evitar cualquier daño permanente pero justo para un duradero y largo recordatorio.
"Tienes suerte que eres tan hermoso." Vegeta hirvió a través de sus brillantes colmillos blancos, violentamente poniéndose a horcajadas del hombre debajo de él en el frío suelo de piedra. Su caliente aura casi quemaba las puntas del cabello de Goku.
"No tengo el corazón para mutilarte."
"PP-¡Pero, pero Vegeta!" La lastimada criatura tartamudeó, ojos amplios con dolor e incomprensión. El dorso de la mano del Demonio se juntó con su mejilla, golpeándolo innecesariamente duro y enviando a su mente a girar.
"¡Te lo mereces!" El Demonio escupió fieramente, disfrutando el doloroso grito que sonaba por otro duro golpe en la cara. Amaba ese fresco sonido que parecía hacer eco a través del aire ante el impacto. ¡SMACK!
"Cómo te atreves a pronunciar tal... repugnante, asqueroso..." Sacudió su cabeza completamente asqueado. "¡VILEZA!"
"Si Bulma fuera mi hermana piensas que yo..." Tembló horriblemente ante la idea. Maldito ese idiota de Kakarotto. Simplemente SABÍA que esto lo había marcado permanentemente. ¡Maldición que no estaba ya traumatizado!
"REALMENTE crees, que si Bulma fuera mi hermana siempre... bueno..."
"¿Lo haríamos?" Preguntó el Ángel tímidamente, que fue recompensado con otro doloroso golpe y una malvada mirada. Oh, estaba malditamente seguro que podría sacar satisfactoriamente al Demonio, después de todo, no estaban TAN lejos en nivel de poder. Pero con el temperamento de Vegeta siendo como era, supuso que el frente de la completa derrota era más inteligente que un mes en coma o algo. E incluso más profundo en su interior, y no se ATREVAN a repetir esto, realmente no le molestaba esta posición. ¡Haha!
Después de lo que pareció una vida para el Ángel, Vegeta bajó de la atrapada criatura que había estado acobardada debajo de su peso, que era considerable debido a su masiva contextura. Marchando hacia la puerta, Vegeta sin duda se sorprendió mientras una cálida mano detuvo a su hombro con severidad, pero con suavidad.
Girando velozmente, Vegeta se sorprendió ante el calmado, sangriento desastre que era el rostro de Goku. El espeluznante montón de sangre cayendo y bajando por sus gruesas, negras cejas, aunque nunca ocultando los suaves, redondos ojos debajo. El Rey fue premiado con una radiante sonrisa que, por cualquier loca razón, entibió su interior como agua caliente. Qué criatura tan extraña. Un niño de lengua afilada e imprudente un minuto y un gigante amable al siguiente.
"Vegeta." Comenzó el Ángel suavemente, remordimiento y reflexión torciendo su magullado rostro. "Lo siento. SÍ me escondo detrás de una máscara de estupidez a veces. Como tu dijiste. Supongo que en ocasiones, me dejo llevar, me atrapo en el acto, ¿sabes?" Se encogió de hombros disculpándose.
"Ah Kakarotto." Vegeta suspiró, sintiendo su ira y frustración derretirse. "Verdaderamente eres una criatura fascinante."
La radiante sonrisa sólo se amplió, aunque puedo imaginar que la hermosa rareza de ella se perdió con los cortes y la sangre que se filtraba de su boca y caía sobre el labio inferior del Ángel.
"¿Terminarás tu historia entonces?" la criatura de luz preguntó con cautela.
"Sígueme Ángel." El Demonio sonrió, haciendo su camino fuera de la congelada habitación y lanzándose rápidamente por las escaleras.
"No hay mucho que decir realmente." Dijo mientras abría la puerta a un largo, vacío pasillo, casi negro azabache con las sombras. Su romance duró por muchos años. Supongo que incluso pasaron un par de años en el momento antes de encontrarse en secreto, así sea en el santuario del Paraíso, o incluso la Reina de alguna manera viajaba al Infierno. Y mientras mi padre estaba sufriendo en secreto simplemente los efectos adversos del siempre tan amargo enamoramiento, profundamente obsesionado con la inalcanzable y prohibida belleza, de lo que he entendido... fue más para ella."
Se detuvo, buscando en su mente infestada de droga por la idea que había estado allí una vez, ahora pareciendo haber viajado a lo largo del río de ideas que venía ola tras ola con la Ceniza.
"Creo que ella lo amaba." Dijo seriamente, asintiendo su cabeza como si fuera en confusión. "Creo... creo que realmente lo hacía. Creo que lo amaba en una manera que sólo podía hacerlo quererla más, olvidando cual sería el resultado. Creo que odiaba lo débil que se había vuelto, cuan encariñado. Y sin embargo no fue lo fuerte suficiente para dejarla sola."
"Pero." El Ángel susurró, viendo los oscuros ojos del Demonio deslizarse hacia él mientras caminaban por el oscuro pasillo a un destino desconocido.
"¿Pero qué pasó con tu madre? Quiero decir... ¿lo sabía?"
Una tristeza muy fuerte pareció caer en los ojos de Vegeta mientras la alejaba tan rápido como había venido y giraba bruscamente.
"Supongo que por eso mató a mi madre."
Un jadeo sonó del alado hombre de luz.
"El romance secreto no podría haber sido mantenido en secreto para una mujer tan observadora como mi madre. Por lo que escuché, podía oler el engaño a millas de distancia, sentir las mentiras y la envidia de cualquiera. Así que tener su sospechosa personalidad excéntrica por varios años... lo dudo. Tal vez es por eso que finalmente la destruyó. Ella sabía y amenazó con decir. Tanto eso o la ciega ira que cobró su factura en mi padre, de todos modos... ella no está y..." La tristeza había vuelto a los profundos ojos de Vegeta y su voz era áspera y apretada, incluso más de lo usual. Se alejó, su puño haciendo una esfera mientras continuaban por el pasillo. "Y eso es todo. Y no puedes... no puedes hacer nada para cambiarlo."
Por toda su vida Goku apartó la severa tentación de confortar al Demonio que luchaba contra sus emociones sin descanso. Oh, si sólo pudiera sacar el dolor de alguna manera. Ser lo fuerte suficiente, lo inteligente suficiente para acabar con él. Pero la fuerza no era natural y sólo había una manera de obtenerla. Una manera y sólo una. La manera prohibida y errónea.
"No pasó mucho tiempo después de eso que mi padre asesinara a la Reina del Paraíso también."
El Rey giró en la esquina bruscamente, Goku tratando de mantenerse al ritmo con su rápido paso mientras entraban por un par de amplias puertas de madera.
"Y no fue mucho después de eso... que construyó esto."
Desplegando sus brazos al techo, Vegeta señaló hacia arriba, el Ángel siguiendo su mirada y casi colapsando.
Allí, pintada en el techo, estaba la agraciada Reina madre, adornada en un pálido vestido blanco, sus mechones de cabello rubio pareciendo tan realistas, era como si las mechas realmente estuvieran soplando en el viento que se envolvía a su alrededor.
Las finas uñas de sus dedos danzaban a través de su clavícula, pareciendo llamar la atención del oscuro cristal rojo que colgaba de su garganta sobre un collar, uno que Goku nunca había visto antes. Fue entonces que su mandíbula realmente se abrió y todo color dejó sus mejillas.
Estaba hecha del Rubí de Sangre, el mismo que Vegeta había usado para construir su propia joya para Bulma. Tomado de la misma fosa de fuego, con el mismo viaje, con el MISMO... propósito.
"Él..." No podía siquiera ordenar sus palabras, lamiendo sus secos labios e intentando de nuevo.
"¿Él iba a... casarse con ella?"
Es cierto, lo había dicho en voz alta pero apenas podía obligarse a creerlo en lo absoluto.
"Así parece." Vegeta dijo tranquilamente, cruzando sus brazos y de nuevo mirando al techo con el que el Ángel estaba aparentemente tan fascinado.
"Nunca entenderé o sabré por qué la mató." Suspiró, como si realmente no quisiera el conocimiento. "Tal vez había sospechas y rumores de otros además de mi madre. O tal vez incluso ella había amenazado decir simplemente porque él se había negado a alguna clase de tratado con el Paraíso. O tal vez fue tan simple como el hecho de que perdió interés. Tal vez esa fina esfera de enamoramiento finalmente sucumbió."
"Como pensé, supongo que nunca lo sabré verdaderamente. Pero parte de mí, la mayor parte, no quiere saberlo."
De repente una ola de demencia corrió a través de Goku, sus ojos huyendo a la parte de atrás de su cabeza como si la realidad girara y se retorciera a su alrededor. El mundo parecía estar palpitando, las mismas paredes girando y girando con colores que no sabía que existían. La Reina Madre lo miraba, su sonrisa ampliándose y sus ojos destellando con trozos de rojo y blanco, una corona de fuego sobre su cabeza donde parecía que su calor corporal fluía.
Su vestido ondeó violentamente en el viento y podía sentir su presencia acercarse más. Pero entonces no pudo. Él... estaba allí y luego no estaba. Miró al borroso oscuro que era Vegeta, preguntándose si el Demonio estaba experimentando el mismo golpe de la gravedad que el sufría. Parecía que toda la presión del universo estuviera haciendo equilibrio sobre sus hombros, empujándolo hacia abajo, haciéndolo pesar.
Tan pesado. Tan malditamente pesado. Podía sentir sus rodillas temblar por la fuerza y su cuello fallarle con el peso de su propia cabeza sobre él. Sus párpados incluso se sentían caer por la gravedad, cerrándose y sintiendo como si estuvieran siendo arrastrados hacia el suelo.
Y luego fue liberado y la cordura no tardó en regresar. O así sintió él mientras contemplaba todo lo que había ocurrido, dándose cuenta que incluso cuando pensó que estaba de nuevo en control, ese control era de hecho otra fabricación de su drogada mente. No era real. Dios, cómo lo sabía. Esto no era real, esa sonrisa no estaba ampliándose, las paredes no se mecían a su alrededor, Vegeta no estaba en llamas.
Pero cuando sintió que la realidad había vuelto, fue entonces que se dio cuenta que no había vuelto. Que era una mentira. Ola tras ola tras ola lo golpearon. Demencia, cordura, demencia, cordura. Su boca se sentía seca, sus ojos dolían, su vientre dolía, sus rodillas eran débiles.
Sed... mucha sed.
Y sin embargo momentáneamente su capacidad mental regresó y notó que Vegeta había permanecido totalmente ajeno al cambio que había superado al Ángel, tal vez siendo tragado por sus propias visiones y epifanías.
Goku miró al Demonio mientras estaba de pie tan quieto como una estatua, mirando al techo, su larga, gruesa garganta expuesta y los músculos y venas parecían saltar de su carne. Oh, la belleza que era Vegeta. ¿Cómo Goku nunca se había dado cuenta antes? Era perfecto. Tan hermoso. Tan magnífico. Tan encantador.
Sintió sus pies deslizarse uno tras otro por su propia cuenta hacia el Demonio que aparentemente no lo notó, la sed incluso más fuerte que nunca. Oh, si sólo tuviera algo para beber. Sólo un sorbo de agua hubiera sido suficiente. Sólo, que no quería agua. No... ni siquiera tenía sed de líquidos. No podía entenderlo más de lo que yo puedo describirlo. Pero comenzó a hincharse dentro de él mientras sus ojos se enterraban en la tierna piel de la garganta de Vegeta.
Las venas azules y rojas parecían llamarlo. "Más cerca... más cerca." Y obedeció, sus piernas moviéndose como si estuviera en un estado adormecido, ajeno al tiempo o incluso al universo a su alrededor, su concentración en el palpitar y el latido que escuchaba más y más fuerte con cada paso.
"Vegeta." Se escuchó llamar. ¿Era esa su voz? ¿Era ese incluso él en lo absoluto? ¿O su mutada mente forjó otra aparición?
Otra ola lo golpeó, sus pies deslizándose y tambaleándose a un lado, sus manos atrapándolo en una pared que ni siquiera se había dado cuenta que estaba allí. ¿Dónde estaba? De repente vio pequeños fragmentos de dorada, bronceada piel y cremosas blancas paredes rodeándolo. El aire se volvía sofocante y caliente, húmedo y rico. Pero era familiar. Tan familiar como el brillo del polvo y la arena sobre sus brazos por el viento que cargaba las partículas del desierto de Nubia. El fresco, natural olor del Río Nilo cayendo en cascadas en su nariz, el aroma limpio y puro.
Hogar. Este era su hogar. Lo sabía. Egipto una vez más.
"¿Me estás escuchando?" Giró la vista y vio, de pie cómodo contra un gran, torcido pilar a Vegeta, vestido con brazaletes en el brazo y finos ornamentos de oro, gruesos collares y coronas adornando cada pulgada de la parte superior de su cuerpo. Alrededor de su descubierta cintura había un gran cinturón de oro, sosteniendo una falda de pura seda blanca.
"¿Me estás escuchando Kakaren?"
"¿Kakaren?" preguntó.
El cosmos giró y se transformó y sin embargo estaba de pie solo en la habitación fría y húmeda. Una hermosa Villa en el corazón de la Antigua Italia, la histórica ciudad de Puteoli. El olor a licor y perfumes importados hicieron burlas en sus sentidos y mirando a su derecha vio una vez más a Vegeta, simplemente mirándolo, sus musculosos brazos cruzados con arrogancia.
"¿Fuori come un balcone ey Kakario?"
"¡Caccati in mano e prenditi a schiaffi testa di cazzo!" Rió, entendiendo el idioma italiano pero no sabiendo cómo o por qué. Vegeta alzó una ceja, descruzando sus brazos y riendo malvadamente.
"Lecchino."
"¿Qué payaso? ¿No ganando tan fácil como pensabas?" Escuchó la amenazante voz de Vegeta decir y la escena se derretía para revelar al sol alto en el cielo en un árido desierto, de pie ante él estaba un hombre que se parecía a Vegeta, sin alas y rubio. Una sádica sonrisa se estiró sobre su hermoso, dañado rostro y esos ojos desmesuradamente brillantes parecían rasgar justo a través de la carne del Ángel, haciéndolo sentir pequeño y desnudo.
"Nunca dije que sería fácil." Gritó, sabiendo que fue por reacción y mera sensación que su mano había tomado lugar que incluso hubiera respondido en lo absoluto.
"No ganarás en lo absoluto." La malvada criatura proclamó, golpeando a Goku en el rostro. La primera reacción del Ángel fue bloquearse, devolver el golpe incluso, sólo para encontrar a sus manos e incluso su garganta atrapados contra una superficie de una roca gigante, sostenido por anillos de energía.
"¿Qué? ¿Te sientes enojado, humillado? ¡¿ESO ES TODO?" Vegeta gritó, ira saliendo de él.
"¡TONTO!... ¡Tú NO sabes lo que es la humillación!"
Con eso, Goku sintió su cuerpo sacudirse por dolorosos golpes, uno tras de otro rompiendo sus costillas y hombros, sus pómulos al borde de estallar en fragmentos de porcelana debajo de su hinchada y amoratada piel.
"No te preocupes." Escuchó la voz llena de odio una vez más, ira y demencia lazando cada palabra dicha.
"Te enseñaré su amargo sabor al igual que tú me lo has enseñado. No viviré mi vida como tu segundo. Esta vez se terminó."
Y con eso, se encontró una vez más en el oscuro castillo, Vegeta patéticamente ocultando su preocupación con su rostro brillándole. Las negras alas rodearon su cuerpo mientras sentía la frescura del piso de mármol bajo sus propias alas, el caliente toque de los dedos de Vegeta haciéndolo temblar con la sed.
"Tu segundo. Tu segundo."
El dicho hizo eco a través de su mente una y otra vez como si una fuerza invisible hubiera insistido en reproducirlo como un disco rayado. Su segundo. Vegeta había sido su segundo en un momento. En una vida. Estaba comenzando a tener sentido en su frustrada mente.
Él PODÍA ser más fuerte. Tenía el potencial para ser más fuerte. Y ahora tenía una manera.
Otra ola de inconsciencia voló sobre él y sintió sus mejillas estirarse en una malvada, satánica sonrisa, sus ojos mirando al rítmico latido debajo de la carne de la garganta de Vegeta, pum, pum, pum. La sed se había vuelto insoportable.
Vegeta había estado demasiado envuelto en sus propios pensamientos para notar el rápido cambio en el comportamiento del Ángel, sólo notando varios minutos más tarde que de hecho la molestia no había dicho ni una palabra, ni pío.
Mirando, falló en contener el leve jadeo que escapó de él, viendo a la criatura desparramada sobre su espalda en el suelo, mirando con una vacía, invisible mirada al techo. La Ceniza lo había golpeado completamente, aunque su efecto había tomado un tiempo para presentarse. Pánico se alzó dentro de él aunque lo obligó a detenerse, arrodillándose sobre la criatura mientras su cabeza se inclinaba de un lado a otro, los ojos flotando en la parte de atrás de su cabeza de vez en cuando.
"Kakarotto." Había susurrado, suavemente moviendo los poderosos hombros.
De repente fue como si todo viniera claro y el Ángel simplemente lo mirara, la misma extraña, hambrienta mirada llenando sus ojos como lo había hecho muchas veces antes.
"Vegeta." Vino el pequeño susurro de los labios de la criatura de luz.
"Te necesito."
Con eso se encontró clavado al suelo, su cabeza golpeando contra el concreto con la sobrenatural y superior fuerza que lo sujetaba. Su visión tardó un rato en ponerse al día, su armadura hundiéndose en su pecho mientras el Ángel se ponía a horcajadas violentamente sobre él, una inusual e insuperable aura crujía alrededor del hombre.
"Tienes algo que yo quiero. Y debo tenerlo."
Vegeta gruñó, furiosamente intentando sacar sus manos de sus confines, el dolor deteniendo sus intentos mientras el Ángel empujaba sus pulgares sin piedad en la suave piel de las muñecas del Demonio, la fuerza tan indescriptiblemente poderosa que rompía la frágil piel y era presionada contra los diminutos huesos y conjunto de venas, la sangre brotando de sus dedos.
Se sintió gritar por el dolor, tan increíble que todos sus suministros y esfuerzos llegaron una un chirriante freno y simplemente apretó sus dientes y mantuvo su aliento debajo del Ángel. Era un creciente dolor. Cegador, golpeador, cortante. Ni siquiera podía decir si sus manos estaban allí todavía, el ardor tan increíblemente poderoso.
Apenas podía respirar a través de las ahogantes olas de él.
"¿Qué quieres?" Escupió a través de sus rechinantes dientes, humillación y rabia siendo traídas a primer plano aunque su dragón parecía yacer aletargado por el momento, una sorpresa en sí misma.
Sintió el cálido aliento contra su rostro, la suave piel de los labios de Goku deslizándose contra su mejilla, seca y tentadora. Fue arrullado por los dulces besos de los labios de su enemigo, el curioso probar y mordisquear con el que el Ángel parecía estar tan obsesionado.
"Creo que lo sabes Vegeta." Escuchó a la sensual voz susurrar, haciendo un gesto de dolor ante el indecible dolor mientras un pulgar se liberaba de su muñeca, largas marcas rojas y prueba de sangre de su única existencia. Y sin embargo se quedó quieto, tal vez recuperándose, tal vez incluso con miedo de la extraña fuerza y comportamiento que la alada criatura de luz estaba demostrando.
Los habilidosos dedos viajaron a través de su pecho y clavícula, el calor de los muslos del otro hombre a su alrededor enviando olas de tentación a través de su cuerpo. Cerró sus ojos, miedo y confusión golpeando sus reservas mentales. Lentamente sintió la armadura de su cuerpo ser removida, su placa del pecho siendo quitada y el frío aire refrescando sus brazos y pecho vestidos de cuero.
Los fascinantes labios viajaron por su clavícula, absorbiendo la humedad y probando su sal.
"Siempre lo has sabido Vegeta."
Y de nuevo el Demonio se encontró mirando en los interminables ojos, las almibaradas orbes mirándolo como si estuvieran viendo su misma alma, despojándolo hasta la misma esencia. Se sintió violado, feo, desnudo por la mirada. Y sin embargo, se sintió atraído por ella, devorado por ella.
"Sólo una probada Vegeta." La demoníaca voz susurró en su oído y pánico abrumó el dolor por el que fue tragado, todo volviéndose claro con esas pocas palabras. SABÍA ahora por qué el Ángel lo había mirado con tanto anhelo, el secreto hambre, la secreta lujuria apenas discernible detrás de esa inocente mirada y dulce sonrisa. No es siempre si somos malos o buenos. Es si tenemos la posibilidad de ser influenciados por otro.
"¡No!... ¡Maldición no!... Tú no..." Gritó, sintiendo las manos sobrenaturalmente fuertes envolverse alrededor de sus muñecas una vez más y pincharlas salvajemente al suelo.
"¡No hagas esto Kakarotto! ¡No sabes en lo que te convertirás!"
Pero nada que dijera podía cambiar al poseído y drogado Ángel que lo mantenía a raya con poder sobrenatural, poder que nunca había manifestado antes de este día. Intentando como podía, drenado por el dolor y confundido por las drogas.
"Más rápido... más fuerte... más valiente..." El Ángel susurró con una sonrisa, sus labios a meros centímetros de los de Vegeta, a veces la suave carne conectándose y rozándose contra el otro. Vegeta inhaló el calor del aliento de Goku, sintiendo alivio por el ardor en sus muñecas y sin embargo el deseo hinchándose dentro de él.
"Y todo por una probada Vegeta. Sólo una probada." Susurró, bajando su boca a la del Demonio hasta que se presionaron juntas y se movieron contra la otra mientras el Ángel hablaba.
"Sólo un beso."
"¡Kakarotto NO!" Pero su grito fue cortado mientras los sombríos, cuadrados dientes se hundían en la carne de su garganta y se dio cuenta que era verdaderamente lo que la poseída criatura buscaba.
El Ángel podía sentir cada latido del poderoso, tronado corazón, bombeando líquido a través de las venas, empujándolo bajo la piel sujeta entre sus dientes. Movió su cabeza a un lado, la gruesa, salada carne negándose a romperse incluso mientras su mandíbula se apretaba y los gritos explotaban a través del esófago. Mordió más duro, su propia saliva goteando por el dulce cubierto cuello del Demonio. Sintió uno de sus caninos romper la terca piel, saboreando sólo diminutas cantidades del dulce vino que estaba oculto debajo. Pero por desgracia, no era suficiente. Quería más. Había bebido del dulce tóxico líquido de una pequeña abertura y ahora la agarraba con su mano libre, poniendo la otra muñeca de Vegeta debajo de su rodilla.
Agarrando la temblorosa carne con sus dedos, agarró la herida, la impresionante mandíbula del Demonio sobresaliendo mientras agarraba sus dientes y gritaba, lágrimas de sangre corriendo por sus mejillas del dolor. Mordiendo una vez más, Goku pellizcó la dura piel entre el conjunto de sus dientes superiores e inferiores, la inevitable ruptura conectándolos mientras la explosión de caliente sangre brotaba en su boca.
Vegeta estaba ahora completamente destrozado debajo de él, intentando controlar su frustración lo suficiente para formar un haz de energía y hacer volar la cabeza de la criatura. El único problema era el dolor. Era abrasador, adormecedor, fortísimo, para gritar, ¡ardiente!... Oh, si sólo el diccionario incluso TUVIERA suficientes palabras para describirlo. Era un tormento atroz y la sangre de sus lagrimales estaba cegando su visión, volviéndola manchada de carmesí.
El techo lo miraba como si fuera en pena, o así pensaba a través de las visiones envenenadas por la droga que su mente registraba. Sus uñas intentaban hundirse en los blancos nudillos que lo mantenían a raya, sólo llegando a la callosa piel una o dos veces, ganando un vengativo temblor y un agarre más firme. No pasó mucho hasta que su fuerza colapsó debajo del tortuoso dolor y simplemente se sometió hasta que volvió.
