Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...

Ángel Oscuro

(Dark Angel)

Un fic de Camaro

Traducción por Apolonia


"Bien." Hirvió él, cruzando sus brazos y mirándola con arrogancia. "Vete. A ver si me importa."

En lugar de mostrar la tristeza y el dolor que esperaba ver, ella apenas se volteó de él, el vestido manchado de sangre chorreando y deslizándose a través del suelo detrás de ella. Miró sus alas tambalearse levemente, sabiendo que había una buena posibilidad que nunca más volviera a verla. Empacaría lo que necesitara, dejaría el castillo, perecería en el desierto o encontraría el Paraíso y nunca volvería. Y eso era todo. Esta era su última vez, su última oportunidad.

Se sintió acercarse a ella, las cuerdas de su corazón siendo tiradas en su dirección, su misma alma, su núcleo arrastrado hacia allá. 'Ve,' se dijo a sí mismo. 'Ve antes que sea demasiado tarde. Dile lo que sabes que sientes. Dale su collar y pasa el resto de tu vida a su lado.' 'O... piérdela y mantén tu orgullo.'

Parecía que estaba rompiéndose por la mitad, deseando agarrarla y sin embargo mirándola irse. Tragó duro, el nudo subiendo con cada paso que daba, el abrasador calor en sus párpados inferiores mientras se daba cuenta que si hubiera sido capaz, hubiera llorado. Dio un paso hacia ella, sus pies inestables debajo de él.

No. No, se dio cuenta. No podía hacerlo. Por qué agarrarla, por qué decirle algo que ella ya debería saber. Las palabras eran vacías, sin importancia. No significaban nada. Porque si lo conocía, si verdaderamente conocía a su ser real, hubiera visto que con cada gesto que hacía, se preocupaba por ella más y más. El amor no era algo que se podía envolver en una caja, entregar de rodillas y dársela a alguien. El amor no era algo que incluso se pudiera decir en una palabra. Era algo que se sentía y decirlo en voz alta era un insulto. Porque era mucho más que cualquier cosa que se pudiera describir. Y si lo HUBIERA sentido por ella, nunca le hubiera dicho eso de todos modos.

Él no era así. Ella lo sabía tan bien como cualquiera. Si ella lo amaba, no le hubiera pedido que se convirtiera en alguien que no era. Amaría quien es, lo que hacía. Pero ahora el enamoramiento se había ido, revelando la fría, fea verdad. Esa prohibida relación, esa salvaje, indomable rebelión que había unido a dos enemigos juntos se había ido. Se habían equivocado. La cruda, venenosa realidad se engendró en su mente, la verdad que había estado condenada todo el tiempo.

Y así la vio dejar su mundo por segunda vez, el dolor no menor que la primera. ¿Lograría vivirlo esta vez? ¿Sería tan afortunado? ¿Así era como terminaba el cuento de hadas? Se acercó a ella, a varios pies de distancia, sabiendo que ella no podía ver la sangre formándose en el borde de sus pestañas. Apretó sus dientes por el dolor, deseando que sólo pudiera estar abrazándola. No cerrar el libro de esta manera. No terminar la historia con una frustrada felicidad.

¿La abrazaría tan fuertemente de nuevo?

"Bulma no... no te vayas." Susurró, agarrando su muñeca. Ella se volvió hacia él con los ojos borrosos por las lágrimas y brillando como cromo. De repente fue como si el aire a su alrededor se hubiera congelado, el viendo mordiendo y picando mientras la energía de ella se azotaba a su alrededor con violencia. Sintió su aliento dejarlo, sus pulmones sintiéndose vacío y frío. Escarcha se formó instantáneamente en sus labios y mejillas y cada miembro fue cubierto pronto por ella.

Ni siquiera podía gritar, sus ojos ampliándose mientras sus mismos párpados y pestañas comenzaron a endurecerse con el frío. ¡Literalmente lo estaba congelando hasta la muerte! Y luego como tal gritó, el sonido tirándolo hacia atrás, el hielo rompiéndose como vidrio mientras su poderosa energía lo golpeaba en su pecho. Fue arrojado a ocho pies hacia atrás, viendo el suelo irse debajo de él, la fuerza enviándolo caer por la negra escalera en caracol una vez más.


"¿La vas a dejar ir así?" Radditz preguntó con curiosidad.

Vegeta simplemente lo miró, encorvándose en su trono y cerrando su s ojos. Todo su cuerpo dolía con frío y moretones por la escalera, su mente caótica con la confusión.

"Respóndeme." El soldado ordenó, muy consciente de las excursiones de la noche anterior de su Rey con su Angélico hermano, viendo la resaca en sus ojos mientras se deslizaban lentamente hacia él.

"¿Qué quieres que haga Radditz?" Vegeta gruñó, sintiéndose enfermo. "¿Correr tras ella? ¿¡Correr como un idiota, débil tonto!? Tú lo dijiste. Ella me cambió." Apuntó un dedo directo a su amigo. "Y ahora se está yendo, justo como habías querido todo el tiempo. ¡Allí!" gritó. "¿Estás satisfecho? ¡¿Por qué me atormentas con estas preguntas?!"

"¡Porque la necesitas, por eso!" Gritó el guardia, levantando sus manos en el aire. "Porque la quieres. ¡Porque la única vez que te he visto remotamente feliz fue con ella!"

"¡Cállate!" Escupió el Demonio, sentándose peligrosamente en su silla. "Tú no entiendes."

"¡¿QUE NO?!" Rugió el otro hombre. "¿Te he conocido por cuánto tiempo Vegeta? ¡¿Y vas a actuar como que no entiendo toda la situación?! Tú. Estás. Asustado." Detalló las palabras, viendo la ira bombear como fluido a través de las venas de Vegeta.

"¿Qué dijiste?" Siseó el Rey, las manos sujetando los reposabrazos de su silla.

"Estás asustado de lo que sientes."

"Oh. Será mejor que retractes eso si sabes lo que es bueno para ti Radditz." Vegeta susurró, levantando sus cejas con una mortal mirada en sus ojos.

"No." Radditz dijo llanamente. "Demuéstrame que estoy equivocado."

Vio los lados de la mandíbula de Vegeta sobresalir, el sonido de los dientes apretándose juntos uno muy familiar.

"Sal de aquí ahora Radditz." Vegeta escupió entre sus colmillos.

"No." Radditz dijo de nuevo, cruzando sus brazos con terquedad. "Demuéstrame que no eres el cobarde que creo que eres."

El aura de Vegeta se disparó y las paredes comenzaron a temblar y rajarse.

"¡Eso es! ¡Enójate!" Radditz gritó, arrojando la parte de atrás de su puño a una pared. "¡Destrúyeme! ¡Dame la razón! ¡Muestra que NO PUEDES MANEJAR LA VERDAD! ¡Muestra que tienes miedo de ella! ¡Que tienes miedo de lo que sientes por ese Ángel de mierda! ¡Que tienes demasiado miedo de cambiar que huiste de ella o la dejaste pasar a tu lado!"

Vegeta saltó para ponerse de pie, mirando directo a los ojos de Radditz, respirando duro mientras el otro hombre simplemente miraba en respuesta con audacia.

"Voy a matarte, carajo." Siseó entre dientes.

"Hazlo." Radditz susurró, acercándose. "Sácame de un mundo donde estoy obligado a adorar a un Rey que ni siquiera puede lidiar con sí mismo, mucho menos controlar un Reino. Sácame de mi miseria." Se acercó aún más, viendo cara a cara al Rey Demonio. "Libérame de preocuparme por nada más que un egoísta, caprichoso pequeño mocoso Rey que se odia a sí mismo tanto que no puede sentir nada más."

"O," Susurró, juntando al desconcertado Demonio a él en un abrazo. "Perdóname y sálvate."

Toda la ira y la rabia se disipó como humo, fue entonces que Vegeta finalmente lo perdió, apretando a su amigo fuertemente y enterrando su rostro en la garganta de Radditz, sangre corriendo por sus ojos. La situación era inusual pero no importaba. Se había ido demasiado del odio y del orgullo.

"No puedo dejarla ir Radditz." Susurró, sacando las dolorosas lágrimas y mordiendo los sollozos que intentaban liberarse por sí mismos. Fue desgarrado por dentro, dañado, roto con recuerdos y dolor que no podía ignorar o controlar.

Radditz lo sostuvo firmemente, sus brazos envueltos protectoramente alrededor de su soberano, el rostro con cosquillas por los cortos picos del cabello de Vegeta. Era la primera vez que Radditz lo había abrazado y se sentía extraño y raro, incluso mientras era bienvenido y reconfortante. Vegeta no podía entender si estaba llorando por extrañar a Bulma o por el agradecimiento de tener a Radditz a su lado, el hombre que nunca lo había dejado, nunc había renunciado a él incluso en los peores momentos.

Porque Radditz estaba con él ahora, como siempre había sido el caso. Radditz, cuyos brazos lo había acunado a través de lo peor de las noches de su infancia. Radditz que estuvo a su lado batalla tras batalla, ganar o perder. Fue Radditz que había estado junto a él, de pie tranquilo y simplemente sólo estando a su lado, de pie tranquilo y simplemente junto a él después que Akasha hubiera arrojado a su heredero sin nombre al fuego. Sin decir nada. Sólo estando junto a él, sabiendo que incluso él podía ocultar sus emociones y dolor como un experto, por dentro el corazón del niño de dieciséis años estaba roto. Y había sido Radditz que lo había cargado a la cama la noche de la muerte de su padre, junto después que había golpeado a Draco sin parar. Fue Radditz quien lo salvó del suicido, Radditz quien lo había despertado, Radditz quien siempre había estado allí. Y fue Radditz quien lo abrazaba ahora, rogando en silencio por su más querido amigo que dejara el odio de lado y aceptara los sentimientos que había enterrado muy, muy profundo dentro todos estos años. Radditz. Siempre Radditz.

"¿Por qué no me odias?" Vegeta gritó, su rostro aplastado en la clavícula del Demonio. "Después de todo lo que te he hecho, ¿por qué te quedas?"

Radditz se fue hacia atrás, el rostro enmascarado con sorpresa y shock.

"Lunch, el abuso, las palabras frías, ¡nada de gratitud por todo lo que has hecho! ¡Deberías odiarme! ¿¡Por qué te quedas!?" el Rey gritó, golpeando su puño en el pecho de Radditz en frustración. "¿Por qué?"

"Porque no puedo olvidar Vegeta." El Demonio más grande susurró. "No puedo olvidar todas esas veces cuando me quedé a tu lado en las noches, esas semanas después que fuiste arrojado al calabozo. No puedo olvidar siempre desear que pudieras cambiar, ser algo más fuerte de lo que eras." Su voz se volvió suave y miró en los ensangrentados, nublados ojos de Vegeta. "¿Piensas que te dejaría? ¿Piensas que te olvidaría ahora, cuando más me necesitas mi pequeño hermano?"

Su sonrisa derritió la ira de Vegeta y sintió más lágrimas tratando de salir de sus ojos, aunque las empujaba con fortuna.

"Ahora suficiente de esto, estúpido Rey mocoso." Radditz dijo suavemente, sacudiendo su cabeza como si fuera para liberarse de las indeseadas espuelas de emociones, empujando hacia atrás al Demonio más joven con los brazos extendidos. "Ve a buscar a tu Ángel."

Pero Vegeta no estaba prestando atención, sus ojos amplios con miedo y su carne tan pálida como las nubes del Paraíso. Siguiendo la mirada del joven Rey el soldado echó un vistazo a la máquina de cromo que Bulma había instalado, clavada en el piso de mármol, luces rojas destellando rápidamente.

"¿Qué... qué quiere decir esto?" tartamudeaba.

"El sensor de escudo invisca." Vegeta dijo tembloroso, mirando en dirección de su torre persona. "Alguien está aquí."


Estúpidas lágrimas. Borroneaban su visión y se encontró limpiándolas por probablemente milésima vez mientras arrojaba sus pertenencias necesarias en una bolsa. ¿Lo lograría? Y si lo hacía, ¿entonces qué? ¿Qué si sí hacía el viaje de regreso al Paraíso? ¿No se encontraría solamente con el odio y desértico dolor de su raza olvidada? ¿Su reino que había dejado por un amante oscuro? Merecería ese odio. Lo quería, lo esperaba. Porque ella misma odiaba lo que no podía achicar en alguna animosidad que su gente podría tener para con ella.

Se sentó en su cama por última vez, recordando las cosas en las que no quería pensar. La primera vez. La última vez. Todo giró en su mente, un abrazo, un toque, un beso. El futuro que había visto en sus ojos, fantasías de matrimonios e hijos que ahora sabía que nunca se hubieran vuelto ciertas de todos modos. ¿Cómo había sido tan estúpida? ¿Cómo?

Se acercó a su vestidor, sus dedos en contacto con la caja de chocolates que él le había dado justo ayer, importada de la Capital del Infierno, Las Vegas, también conocida como Vieja Ciudad del Pecado.

"¿¡Más chocolates!? ¡Pero estoy engordando Vegeta!" Se escuchó decir en su mente, escuchando la risa y sintiendo la calidez de sus brazos alrededor de su estómago.

"¡Oh por favor! No estás gorda. Además, ¡mejor para abrazar!"

Lágrimas llenaron sus ojos y tomó la frágil caja, lanzándola a través del cuarto y mirando las cerezas cubiertas de chocolate desparramadas en todas direcciones diferentes en el suelo. Enterró su rostro en sus manos, los hombros temblando de arriba a abajo. Lo amaba. Dios, lo amaba tanto.

¿Cómo podía hacerle esto? ¿Cómo pudo haber sido tan ciega? Esta clase de cosas sólo le sucedían a las estúpidas, dependientes niñas. Ella era mucho más inteligente, sabía mejor que enamorarse ciegamente de alguien en quien no podía confiar.

"Dios... Vegeta, te amé tanto." Lloró contenta que había limpiado la sangre de su cuerpo más que todavía tenerla secándose y pegada a toda su figura.

¿Fue esa la última vez que lo había visto sonreír? ¿Fue esa la última vez que había escuchado su voz, verlo caminar hacia ella, sabiendo que lenta pero seguramente estaba enamorándose de ella también? Él había cambiado, eso era cierto. Pero todavía no era suficiente. Y ahora, aquí estaba, revolcándose en su propia pena por lo que ELLA había hecho.

"Nunca llegué a mostrarte el Paraíso." Lloró.

"Bulma..." Vino un susurro, su cabeza girando ante el sonido de una voz que reconoció pero no llegó a ubicar.

"¿Quién... quién es?" Preguntó, sonando mucho más dura de lo que realmente sentía. Pánico la envolvió mientras giraba de un lado a otro, los ojos tan llenos de horrores y sangre que estaba permanentemente marcada con los recuerdos del calabozo, imaginando lo peor.

"¿No me reconoces?" dijo, pasos acercándose más y más a ella. ¿Por qué no podía verlo? ¿Por qué no podía divisarlo a esta distancia? Por qué - sus ojos volaron al dispositivo de sensores invisca, las rojas luces de la máquina parpadeando violentamente. No se estaba volviendo loca. Alguien estaba allí y estaban ocultos e invisibles.

Giró su cabeza de un lado a otro, sus ojos buscando frenéticamente y los oídos sintiendo cada pequeño sonido y cambio en el aire. Sintió el caliente aliento en la parte de atrás de su garganta, ahogando un grito mientras volaba los pequeños cabellos de su cuello.

"¡Maldita sea!" Gritó, girando para mirar detrás de ella. "¡Estoy harta de esta mierda! ¡¿Quién eres?!"

"¿No me reconoces Bulma?" Preguntó de nuevo, rodeándola. "¿Te olvidaste tan rápido de mí? Yo no me he olvidado de ti."

Miró a los sensores que rodeaban la habitación, viéndolos parpadear rápidamente mientras el invisible ser pasaba por allí. Parpadeando, parpadeando, parpadeando.

Gritó mientras una mano agarraba su hombro, girándola sólo para gritar de nuevo ante la vista de pálida carne blanca, hundidos ojos y pómulos salientes de la delgada piel. Los negros ojos parecían sin vida, apagados, muertos, como si no estuvieran viendo nada. Negros y rojos círculos rodeaban el área del ojo y los labios parecían encogidos y pequeños.

"Yamcha." Dijo, sus ojos amplios con miedo mientras miraba al cadáver de su antiguo amante. Sus dedos sobre su brazo se sentían como gélidos ciclos incluso a través del claro, negro encaje de su antebrazo. Azules venas bombeaban debajo de la blanca carne de sus manos y rostro.

"Yo... yo pensé que estabas muerto." Dijo, demasiado asustada para gritar, demasiado atemorizada para pensar claramente en lo absoluto.

"No Bulma." Dijo la criatura, su frío aliento en su rostro. "He vuelto por ti. Estoy vivo. Y nunca nos separaremos de nuevo."

Todo lo que decía era en un tono monocorde, como si estuviera leyendo las palabras, insensible y muerto. Como si alguien le hubiera dado un guion, le hubiera dado todo lo que necesitaba para decir que la hiciera confiar en él, enamorarse de él de nuevo. Como si todo estuviera arreglado. Pero se encontró alejando estos sentimientos, dándose cuenta que cada cantidad de desconfianza, cantidad de sospecha se sentía normal para ella simplemente porque había TENIDO que ser cauta de Vegeta por tanto tiempo. Pero este no era Vegeta, ¿o sí? Esta era otra persona. Alguien que conocía completamente, ofreciéndole estar a su lado cuando ella más lo necesitaba.

"¿Me has extrañado Bulma?" preguntó, mirándola, aunque la mirada sin emoción podría muy bien haber sido plantada en una pared. Parecía que todo el espíritu, toda la libre voluntad se había ido de él, ese fuego de vida que había brillando alguna vez tan fuertemente ya no estaba y un caparazón, una sombra de su antiguo ser era todo lo que quedaba de Yamcha.

¿Cómo puedo describirles lo que sintió cuando lo vio de nuevo? Realmente no puedo, supongo. No lo sé. Honestamente, no me dieron los mejores detalles en tanto como ella se debió haber estado sintiendo en ese momento exacto pero puedo sólo imaginar el torbellino de emociones que se había apoderado de ella. Como viendo la luz de una antorcha que pensaron que había sido apagada en la oscuridad. Como ver la sonrisa de alguien que habían ya llorado. Oh, ¿qué pensaron que Bulma sólo lloró una vez por Yamcha? Están soñando. Si sólo supieran. Pero entonces, supongo que cómo podrían. Nunca elaboré sobre las horas que había pasado en la cama, llorando su nombre, odiándose más y más por la elección que había hecho, la manera en que la tomó.

Dios, si solo supieran cuánto se había odiado a sí misma por irse así. Tan bruscamente, sin despedirse. Como si el hombre con el que casi se había casado no fuera un amigo de toda la vida, su primer amor, su compañero a través de todos esos momentos como adolescente cuando necesitó que él estuviera. Era un buen hombre. Una buena alma y un buen corazón. Y allí, allí lo había dejado sin una palabra, sin una explicación, sólo para saber que fue la última vez que lo hubiera visto de nuevo. ¿Y su asesino? Sus sospechas eran altas y hubieran sido contenidas con el veredicto de culpable si no hubiera sido por la aparición que estaba viendo justo antes sus ojos.

"Yamcha..." Dijo, a pesar de todo sintiéndose atraída a él, indefensa con dolor y tristeza. No merecía su confort o incluso su presencia. Pero Dios cómo la anhelaba.

"Vámonos de aquí." Dijo, sus helados dedos serpenteando alrededor de su mano. Había perdido una gran cantidad de peso y sus manos estaban huesudas. Huesudas como las piernas de una araña envolviéndose alrededor de su mano, fría y blanda. Aún así la tomó, agradecida por el afecto, el contacto y la esperanza que parecía estar construyéndose en su interior.

Así que saldría adelante. Sería más fuerte, más resistente, más valiente que antes. Se mantendría viviendo a pesar del pasado o el futuro que la esperaba. ¿Qué clase de Princesa era so tomaba tan sólo un hombre para quebrantar su espíritu? Y todas las mujeres son Princesas, de seguro saben eso. Es sólo si nos convertimos en reinas lo que decide lo que realmente somos.

Sería más inteligente, más sabia, nunca caería en el calor de la pasión o el pecado de la tentación. No todo estaba perdido. Incluso en tiempos de oscuridad venía una luz y a pesar de su apariencia, la aceptación de Yamcha para con ella incluso ahora era algo de qué estar agradecida.

"Estemos juntos como estamos destinados a estar. Sólo... sólo olvidémonos de todo esto." Tartamudeaba él, como si por primera vez encontrando sus propias palabras.

Y mirando a sus ojos, Bulma aceptó su invitación.


"¡BULMA! ¡BULMA!" Sus propios gritos erosionaron frente a él, haciendo eco a través del pasillo mientras volaba por él, sus pies y sus gritos su única compañía mientras volaba a través de la oscuridad y que se extendía ante él y su habitación.

Dios, no dejes que sea demasiado tarde.

Era la única cosa en su mente. Olvidar el dolor, la angustia, el rechazo. ¿Qué eran a largo plazo? ¿Qué significaban cuando su vida pendía de un hilo, en la palma de la mano de Draco? ¿No eran nimiedades en comparación con perderla para siempre?

Cierto, como estaban las cosas quedaban pocas dudas en su mente que volviera a verla alguna vez, pero sólo saber existía ponía a su propia alma a descansar.

¿Nunca se han mudado o tuvieron que dejar a un buen amigo? Cierto, hay grandes posibilidades que puedan no volverlo a ver o hablar con ellos de nuevo. Pero el hecho de saber, de sentir que allá afuera está continuando su vida, viviéndola, experimentándola y haciendo las suyas propias. Supongo que a veces aprovechamos la ventaja de ese sentimiento. Pero lo siento, los he perdido de nuevo, ¿o no? Perdónenme como de costumbre.

Los gritos, el viento, el golpeteo de sus pues. Nada de eso se registraba o incluso se acercaba al trueno en sus oídos de su frenético corazón. Era increíble. Más y más rápido daba un vuelco dentro de él, la sangre arrojada en sus venas, forzando a sus arterias. Se estaba mareando, sin duda al borde de la hiperventilación. Pero aplastó las estrellas y la oscuridad que intentaban darle su tan necesario descanso.

Las puertas de su habitación estaban a tres pies frente a él y TODAVÍA su ritmo no aminoraba, abrasándolo y cerrando sus ojos para protegerlo de los escombros mientras golpeaba la madera y pasaba tras ella, su fuerza arrancando las puertas directamente de sus bisagras metálicas y los pedazos de madera cayendo por todas partes. Escuchando el estruendo a través de la habitación acompañada por ningún grito o protesta de agonía, su sangre corrió fría y su estómago se hundió.

Se había ido.

"¡Bulma!" gritó, apresurándose a tomar las manijas de la puerta de su baño, en su pánico arrancándolas por completo.

"¡¿Maldita sea, dónde estás?!"

Ni siquiera podía reconocer su propia voz o incluso su propia apariencia mientras se vislumbraba en el espejo. Mientras que su voz era joven y chillona, su rostro se veía cansado y viejo, agotado con la edad y las experiencias que drenan a un hombre. Corrió una mano a través de los cortos pinches de su cabello, girando de un lado al otro mientras la negra niebla intentaba una vez más consumir su consciencia. Tenía que estar allí. Sólo... ¡Sólo tenía que estar allí!

"¡Vegeta!" Radditz gritó, disparándose torpemente en la habitación y mirando a los desastrosos efectos de la histeria de su Rey. Virutas de madera y retorcido metal desparramado como confeti sobre el suelo, una perilla estaba en la cama y los sensores de invisca se habían vuelto locos.

"¿¡Dónde está!?" Vegeta estaba gritando. "¿¡Dónde está ella!? ¿¡Dónde está ella!?"

"¡Cálmate!" El soldado gritó, los ojos iluminados con frustración y preocupación. Pero Vegeta parecía mucho peor, lo que supongo era de esperarse, moviéndose sin rumbo, buscando debajo de la cama, golpeando las paredes, básicamente entrando en pánico. Toda su actitud estaba torcida, sus ojos temblando y moviéndose como si estuviera en el pináculo de la locura misma.

"Cálmate Vegeta." Radditz advirtió de nuevo furioso, tomando cuenta de la falta de sangre que estaba sucediendo en el rostro del Demonio. "No ayudará ponerte histérico. Mantén la cabeza, ¿está bien? La encontraremos."

"No, no." Dijo el Rey, sacudiendo su cabeza frenéticamente. "No, no, tú... tú no entiendes." Estaba temblando locamente, sus manos trémulas y sus ojos amplios. "No lo haremos. No la encontraremos." Rió extrañamente, casi burlonamente. "No, no, se ha ido. No lo haremos. No la encontraremos."

El Rey Demonio pasó sus manos a través de su cabello una y otra vez, sacudiendo su cabeza una y otra vez como si fuera para aclarar los pensamientos de ella. Sus negras uñas pasaban a lo largo de su cuero cabelludo obsesivamente, su mera fuerza solamente dejando rastros de sangre en la espesa piel.

"¡VEGETA!" Radditz gritó golpeando al joven Demonio tan duro como su puño se lo permitió, la fuerza enviando al Rey a desparramarse en el suelo, su rostro absolutamente palpitante con el dolor. Lo agarró, lanzando dagas con la mirada al Demonio mas grande que estaba jadeando sobre él.

"¡Actuar como un psicópata NO LA AYUDARÁ!" Gritó, su mano sostenida en un puño amenazadoramente. "¡Pierdes el control y podrías muy bien considerarla muerta! Actúa como un Rey por una vez y mantén la calma."

"¡NO PUEDO!" Gritó el Demonio más joven, golpeando sus puños en el suelo. "¡Tú no entiendes! ¡Tú NUNCA entenderás! No puedo..." Estaba hiperventilándose, sus pulmones sintiéndose cerrarse mientras intentaba inhalar por más aire. "¡No lo entiendes!"

"Hay algo..." Susurró como si intentara decir las palabras que... que no fueran verdaderamente capaces de ser formadas en palabras. Como, hmmm... ¿cómo digo esto? Como si estuviera intentando ubicar emociones y sentimientos en una oración con una cosa que realmente no es posible. Sin extenderse en tales cosas que se pueden sentir y entender simplemente experimentándolas. Pero eso está más allá del punto.

"Hay algo que se ha ido en mí Radditz." Susurró, poniendo su mano sobre su corazón. "Hay como... Vacío. Como si debiera haber algo... Justo aquí." Palmó su pecho. "Y no está."

"¿Sabes lo que es?" Dijo, levantando su cabeza, sintiendo su pecho tensarse dolorosamente mientras intentaba ver el rostro del guardia. "¿Sabes lo que es despertar cada día y pensar, mi vida no es nada para nadie sino para mí? ¿Despertar y mirar a través del mundo olvidado y ocultado por Dios y darse cuenta que no sólo es el LUGAR que habitas lo maldito, sino que tú también lo estás? Sólo..." Sacudió su cabeza, su corto cabello moviéndose con ella. "¿Sólo saber que no importa QUÉ hagas en tu vida, así seas bueno, o seas el más malo de los malos... no importa a largo plazo. Porque... porque eres... lo que eres, no porque elegiste serlo. Sino porque eso es lo que eres porque es quien eres?"

Sus ojos se entornaron mientras intentaba darse cuenta ÉL MISMO qué estaba intentando de transmitir con sus palabras. Era demasiado duro sentir estas emociones, esta angustiante, oprimida sensación todo el tiempo y sin embargo NO encontrar manera alguna para incluso decir las palabras y liberar su peso secreto de su pecho. Honestamente estaba sobrevalorado. Honestamente podía ser puesto en una oración. No podía ser una.

"Ser amado por Dios Radditz." Dijo suavemente, dejando que la oración salga de su lengua. "Tal vez... tal vez no estuve siempre buscando por la aprobación de mi propio padre." Sus ojos parecían nublarse con el profundo pensamiento, casi como si cada palabra que SÍ lograba formar y anunciar fuera una revelación incluso para él. "Tal vez lo que quería era la aprobación misma. Sólo ser aceptado, visto, conocido, y... amado por ser haber nacido siendo lo que era."

Se sentó lentamente, poniendo sus manos en el frío mármol y mirando intensamente al Demonio que no había dicho, hasta ahora, nada en lo absoluto, simplemente mirando y escuchando la dolorosa escena desplegarse ante sus mismos pies.

"¿Soy el único Demonio que se despierta en la mañana y desea que no lo fuera? ¿¡Soy el único que ve esto como realmente UNA MIERDA!? ¿Que... que no hicimos NADA para merecer semejante odio por el que prácticamente nos creó?" Hizo un gesto con violencia, una indignada expresión retorcía su melancólico rostro. "¡Nací por lo que soy odiado! ¿Qué opción tuve en el asunto? ¿Piensas que quise nacer así? ¿Aislado, oculto, desgraciado ante los ojos de la única persona que se supone amarme incondicionalmente? Nací en el pecado, fui hecho para revolcarme en él, hundirme en él, CONVERTIRME en pecado mismo. Estaba destinado a eso sin ningún otro destino posible. Y creo que por un tiempo, esa vida fue aceptable, entendida e incluso preferida por mí. Pero entonces," alejó la mirada, casi como si decir esas sinceras cosas fuera una desgracia misma, sus ojos incapaces de encontrarse con esos de su más confiado, más conocido y más leal seguidor.

"Pero entonces ella vino a mi mundo. Esa luz en la oscuridad. Y me di cuenta por una vez que SÍ me estaba faltando algo. Que... que tal vez ella no siempre estuvo tan equivocada en querer más para mí. Querer más DE mí. Que no era como si ella estuviera esperando más de lo que podía entregar, sino que sabía que había más en mí de lo que incluso yo no sabía. Que tenía más posibilidad, más impulso secreto y esperanza que había pasado por alto o nunca había sospechado antes de que ella viniera." Se encogió de hombros, hablando tranquilamente, al borde de perder toda esperanza que se había derramado dentro de él.

"Me prometió que todo lo que nunca había pensado posible. Me hizo querer, me hizo ver, me hizo esperar cosas que... nunca me habían importado o incluso nunca había conocido en mi vida. Ella ERA esa esperanza para mí."

"Mierda Vegeta..." Radditz, despreciado, cruzando sus brazos con desdén. "Actúas como si ya estuviera muerta."

"¡¿No lo está?!" el derrumbado el Rey Demonio escupió reprochador, casi como si hubiera sido insultado por el desprecio del soldado por todo lo que se había obligado a decir, a admitir.

"Ella se ha ido y... y todo lo que me he dado cuenta, todo lo que he llegado a entender que PODRÍA ser mío... se ha ido." Miró fijamente una vez más al cristal, la joya, como si estuviera al borde de la locura. "Volví a la nada que nunca me di cuenta que estaba. Aislado, odiado, rechazado, despreciado... y maldito."

Finalmente, sus ojos se deslizaron a Radditz, los párpados inferiores pesados y caídos con dolor que no podía ocultar ahora, probablemente no pudiera haber ocultado incluso en los días cuando semejante fachada era más importante que la aceptación de Dios mismo.

"¡No puedo estar sin ella Radditz!" susurró tembloroso, de repente golpeando su puño en el suelo. La baldosa de mármol rota en fragmentos en lugares, grabada con grietas en otros mientras apretaba sus dientes en dolor.

"¡CARAJO!" gritó locamente, el tono haciendo temblar los cimientos de las paredes. "¡No soy NADA! ¡NADA!"

Se derrumbó, sus alas cubriendo su cuerpo inerte mientras temblaba con ira y frustración, toda emoción a raya mientras simplemente luchaba con ello.

"¡No soy un Rey Radditz!" gritó. "No soy invencible, todo poderoso, seguro de mí mismo, inmortal. Soy una enfermedad, un accidente. ¡Todos lo somos! Son un Demonio sin posibilidad de ser algo más que una mancha, un borrón en los libros de historia. Otro monstruo, nacido un monstruo, vivido como un monstruo, muerto como un monstruo. ¡No soy nada, NADA cuando ella no esté!"

"Estabas bien antes de que ella viniera." Radditz razonó severo, alejando la asquerosa pena que estaba inundada con la vista de su severidad yaciendo en el suelo, una enorme roncha formándose al lado de su rostro.

"¡No, no lo estaba!" Vegeta casi lloró, apretando sus dientes. "¡Estaba muerto Radditz! No lo sabía pero estaba vacío. Y ese es el problema. Lo SÉ ahora. Entiendo cuan inútil es esta vida, como siempre lo fue. Sé ahora lo que me estaba faltando, lo que podría haber sido y lo que arruiné por el pasado que no puede enterrarse solo." Sus dientes hicieron un chirriante sonido, parecido al de uñas en una pizarra.

"No tuve respeto por la vida, menos por todo lo demás. ¿Qué me importaba por una vida que mataba? Después de un tiempo, era lo mismo. ¿Inmortalidad? Qué desperdicio. Fue sólo una cuestión de tiempo antes que me hubiera hecho matar imprudentemente. Hice lo que tenía que hacer en el momento de vivir, sólo miedo de la misma muerte manteniéndome vivo. Y luego fue ella quien me mantuvo vivo, alejando ese miedo, esa temeridad. Y ahora se ha ido. Mi razón. Mi vida."

De repente sus fríos, calculadores ojos estaban en Radditz, acusando, culpando.

"¿¡Y ahora que mi razón de vivir se fue TÚ me dices que me calme!? ¿Que mantenga la fe, que confíe en la esperanza? ¡Nunca entendiste! ¡No puedes! Puedes aceptar que todo lo que logras es igual a la mierda de una rata al final. Que cada día de vida que terminamos vivos es inútil y que cada respiro que tomas es un desperdicio de aire de Ángel. Ni siquiera puedes comprender la pérdida que siento ahora que mi razón por estos días, esos respiros se fueron. ¡NUNCA LO ENTENDERÁS!"

Radditz golpeó al Rey Demonio, olvidando su miedo por el enorme poder del otro hombre, olvidándose de todos su vínculos, su amistad y su pasado. Moretón tras moretón infringió en ese hermoso rostro, queriendo arrancarlo tanto como confortar a esos suplicantes ojos que apenas incluso reconocía. Y Vegeta nunca luchó, golpe tras golpe, ataque tras ataque alejando toda mista, toda derrota y fracaso.

"¡No ME digas sobre entender!" Gritó el soldado, agarrando con saña la armadura de Vegeta y alzándolo en el aire sólo para golpearlo de nuevo.

"¡No ME digas sobre hacer lo que tienes que hacer! ¡¿Piensas que no sé nada del dolor y egoísmo pequeño perro?!" ¡Golpe! "¡Pequeño mocoso Rey tú ni siquiera SABES por lo que he pasado! ¿¡No puedes ni siquiera CONCEBIR entender las opciones que he tenido que hacer!?"

¡Zas! La consciencia se estaba fugando junto con el auto control de Vegeta mientras golpe tras golpe su visión era borrada hacia atrás hasta que todo parecía como una gran gota de desenfoque.

"¡Maté a Lunch! ¡La maté!" Radditz gritó en el rostro del otro Demonio, su aliento caliente y ardiendo. "La ÚNICA persona en este mundo que significaba más para mí que tu, la destruí porque era lo que tenía que hacer. Una elección que tenía que tomar. Y me quedé calmado, me mantuve calmado como dices. No porque fue fácil. Sino porque era la única manera en que podía seguir adelante. Enloqueciéndome, desmoronándome, rindiéndome, cayendo no sólo tú SINO ella también... ¡eso es debilidad Vegeta ¡DEBILIDAD! Tú lo dijiste una vez que el valor de un guerrero se decide por la fuerza solamente." Radditz sacudió su cabeza, la ira todavía ardiendo en sus ojos ónice.

"Pero estabas equivocado. ¡TÚ!" Rio en burla, alzando sus ojos al techo. "Tú, ¡el único que lo supo todo el tiempo desde el día que nació, estabas equivocado! Porque la fuerza, la fuerza no es algo que se obtiene por el tamaño de tus músculos o cuantas batallas ganas. La fuerza se adquiere a través de nunca rendirse sin importar cuales son las posibilidades o la situación. ¡Y aquí estás sentado, en el piso clamando que no eres nada cuando todo lo que estás es HACIENDO nada! ¡Idiota!" Golpeó sus nudillos en el rostro del Rey una vez más, la suave carne rebotando contra los pómulos debajo.

"Siéntate aquí y revuélcate en tu propia pena por todo lo que me importa. Ríndete. Deja que Bulma muera allí afuera. Mátate por todo lo que me importa y entrega el trono a ese imbécil de tu hermano. ¡Pero NO ME digas que no entiendo de hacer elecciones y mantener tu cabeza bajo presión y dolor!"

Con eso se puso de pie, ambas manos todavía en la armadura de Vegeta mientras lo arrojaba al suelo una vez más.

"Ahora levántate." Ordenó furioso, mirando la sorprendida reacción del rostro de Vegeta. El Demonio más joven sentando cansadamente, el rostro doliendo y los ojos nublados con incredulidad.

"Querías ser Rey, bueno ahora actúa como uno. Sólo tú puedes salvar a tu precioso Ángel, así que será mejor que te calles y averigües como hacerlo antes que sea demasiado tarde."

"Radditz yo..." Vegeta estaba sin palabras, su rostro latiendo con el dolor por cada golpe a su corazón y orgullo todo sino completamente disminuido.

Pero la concentración del guardia no estaba en su Rey, o las palabras por ser dicha y posibles consecuencias por su rudo e impredecible trato. En su mano estaba un pequeño, fino pedazo de papel, una mancha de sangre de cera de vela pegada en dos mientras descubría la carta que había sido puesta en la cómoda de la cama de Vegeta. Sus cejas fruncidas hacia adentro y su enojada expresión vuelta en confusión y seriedad.

"¿Qué... qué dice?" Vegeta preguntó curiosamente, moviéndose con cuidado hacia el otro Demonio y mirando sobre su hombro.

Las palabras fueron como un mal sabor en su boca, su mismo estómago apretándose con ácido por lo escrito.

"Yo... yo sé dónde la tiene Draco." Susurró, lentamente entendiendo y estimando el suplicio que los esperaba. Mirando una vez más al papel, frunció el ceño profundamente, la realización que había pasado justo en las manos de su hermano drenándolo. Porque su hermano no había estado sólo en este esquema. Akasha se juntó con él y leyeron las palabras por tercera vez, estaba seguro de ello.

"Besa a tu hijo Vegeta." Decía.


"Yamcha... ¡estamos yendo por el camino equivocado!" Gritó, intentando entrometerse en sus frías, muertas manos de sus muñecas. Pero por la vida de ella que no podía arrancar los congelados dígitos de su cálida, húmeda carne, la misma fuerza de él sobrepasándola completamente. Cada dedo era huesudo y húmedo, la dura sustancia debajo de su carne chocando sus muñecas cada vez que giraba o torcía para escaparse de su doloroso agarre.

"¡Yamcha SUÉLTAME!" gritó, intentando retorcerse fuera de su agarre.

Viajaron a través del desierto, las ardientes montañas sólo a una milla de ellos, avecinándose peligrosamente, el color de la vieja sangre. El sol ardía sobre ellos, peligroso y caliente, casi como si enfurecido directamente con ellos.

Solamente, no estaban viajando en la dirección al borde, sino en un ángulo. En este radio no había manera que llegaran a los Bosques Oscuros mientras se dirigían a la derecha de ellos.

Él no le había dicho una palabra desde que se habían escapado del negro castillo, su agarre sólo apretándose en ella cuando ella comenzaba a protestar lo que había sido casi una hora atrás. Nada más de su monótono hablar o insensibles palabras. Sólo silencio. Y el frío temor que se había despertado dentro de ella ante la realización que él no estaba llevándola de vuelta.

Preguntas, miedo, pánico. Todo caía sobre ella mientras arrastraba sus pies tercamente contra su tirar, sus dolorosas manos empujándola más duro, casi enviándola al suelo de cara.

"¡Dije que me sueltes!" Gritó, arrojando su puño con ganas en la parte de atrás de su cabeza. Su mano volvió cubierta en sudor por su húmedo cuero cabelludo, sus nudillos absolutamente empapados en su transpiración. Y sin embargo él todavía no parecía siquiera sentir el golpe conectar, caminando a un ritmo rápido y mirando directamente hacia adelante mientras la arrastraba a lo largo.

"¡Juro al Dios DE MIERDA que si no me sueltas te arrancaré tu brazo DE SU CUENCA!"

"Tsk Tsk Ángel." Vino una risa a su derecha mientras contenía su aliento, casi gritando ante la vista de la bronceada carne y un hermoso rostro llenando sus ojos, su presencia a una pulgada de ella. Toda esperanza se había escapado de ella al ver a su antiguo prometido desintegrado con esa malvada sonrisa y oscuros, penetrantes ojos, compensado por tres profundas cicatrices al lado de su mejilla, marcas de s propio hermano.

"No hay necesidad de amenazar."

Y con eso, todo se puso vacío.


:::::Atención... Nota de Autor que requiere un cerebro...::::::::

(((((((Insultadores, errrr... quiero decir todos esos que no entren en esa categoría, por favor procedan a levantar su trasero, si no lo han hecho ya, y continúen por el siguiente capítulo.)))))))

Está bien... está bien... ahora me doy cuenta que algunos de ustedes podrían estar notando que he estado escribiendo con algo de espiritualidad y temas religiosos últimamente. Y tal vez podían pensar "¿Por qué leer una historia religiosa cuando puedo encender la TV un domingo y sólo escuchar algún predicador escupir sus "amens" y "Halleluias"?" Entiendo esto. Lo hago. De hecho, en varias maneras, estoy de acuerdo con ustedes.

Pero realmente, piensen sobre eso y dense cuenta que lo que estoy tratando de transmitir no es espiritual en lo absoluto. Es simplemente cómo expreso lo que estoy tratando de juntar y cómo lo relato en mi historia y mi propia vida.

La fe y el propósito no tienen nada que ver con que crean en Dios o incluso si creen en el Paraíso o el Infierno. No tienen que creer en nada como un poder superior o preocuparse por la religión. Pueden ser ateos y darse cuenta que no estoy tratando de obligar creencias en nadie.

Estoy tratando de dar estrés necesario para la fe en ALGO. Vegeta cree que su vida es inútil por lo que nació, la manera que su vida ha pasado y a donde está yendo. ¿No sería la misma historia en un sentido si simplemente tuviera al personaje expresando su fracaso con su padre siendo pobre, su ser nacido pobre y viviendo en la pobreza? Digamos que Vegeta simplemente estaba perdiendo fe en una vida mejor de la que había nacido. Sólo porque no tiene nada no quiere decir que es pobre. Esa es la manera en la que estoy tratando de expresarlo, así salga de esa manera o no.

Religión, fe en Dios, espiritualidad. Esas son solo la manera que yo estoy HACIENDO un punto. No el punto verdadero. Sólo quiero transmitir la necesidad de creer en la vida. La vida en general. Ser ateo. Ser Católico, ser protestante, ser budista, ser cualquier cosa. Pero amar la vida. Tener fe en la vida y eso está bajo su control de como eligen vivirla. Sin importar donde nacieron, viven su vida como si no hubiera NINGÚN vínculo a lo que pueden lograr, lo que pueden conseguir. Porque no hay. Limitaciones, escudos, paredes, vínculos. Esos están todos en su mente. Fe en un mejor mañana, ESO es real. ¿Fracaso? Eso no es nada más que un grotesco producto de su imaginación.

Creer.

Creer en algo.

No ir por la vida y vivirla vacía. No decir, "hey, nací del hijo de un granjero, mi abuelo era un granjero, e incluso a pesar que yo QUIERO ser una estrella de cine, mi vida está dispuesta para ser un granjero, así que eso es lo que voy a ser." ¡No estén satisfechos un carajo con esa mierda! No dejen una manera de vida de elegirse. Elijan una manera de vivir.

La vida no elegirá vivirlos. Ustedes deben elegir vivir la vida.

La gente muriendo allá. Hombres, mujeres, niños. Soy neutral en tanto puedo mientras la guerra pasa pero al menos se preocupan lo suficiente por algo para arriesgar su vida para salvarla y protegerla. Eso es fe. Eso es creer. Eso es valentía y valor.

Así que no piensen que estoy tratando de presionar espiritualidad o religión en ustedes. Mi historia no es sobre eso, nunca ha sido sobre eso y si leen cuidadosamente, miran de cerca, entonces entenderán que nunca será sobre eso. Ángel Oscuro es sobre la vida. No lo desperdicien. No tomen ventaja de eso.

Abracen a la vida.

Nunca se rindan en lo que creen. La fe no es algo que puedan envolver en una caja, encerrar y mantener a salvo para siempre. La vida, sin creer, sin fe, sin futuro y promesa de un mañana mejor... eso no es vida.

Amor

Camaro