Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Ángel Oscuro
(Dark Angel)
Un fic de Camaro
Traducción por Apolonia
"Despiértate Bella Durmiente. Despierta." Vino una voz en su mente, haciendo eco a través de sus sueños. No. No ahora. Estaba durmiendo, Vegeta. Escuchó un gemido sonar, sólo para darse cuenta dos segundos después que había sido el suyo propio, haciendo eco a través de toda la habitación.
Frialdad. Humedad. Eso fue lo que la despertó, junto con el ruido de metal y cadenas que la agarraban de sus muñecas, heladas y dolorosas. Su espalda estaba sostenida contra las arenosas, transformadas paredes de pura piedra. su espina sintiéndose amoratada y adolorida por inclinarse sobre ella durante tanto tiempo.
"Me preguntaba cuando te ibas a despertar." Vino la ronca, masculina voz. Tan parecida a la de Vegeta. Tan.
Draco.
Se trajo a la realidad con mera fuerza de voluntad solamente, su cabeza mareada y girando con el deseo de más sueño. Dolor golpeaba su cerebro y podía sentir un horrible golpe hincharse al lado de su boca. Ese bastardo. ¡La había dejado inconsciente de un golpe!
Miró a su alrededor, viendo nada más que una tenue luz de una vela y oscuridad. Demasiada oscuridad. Un sonido de goteo por toda la vivienda, la humedad del agua aferrándose a la pared que la sostenía, grandes estructuras de piedra cayendo sobre ella. Fue entonces que se dio cuenta que estaban ocultos en las montañas ardientes, la temperatura haciéndola darse cuenta del hecho que estaban por debajo del suelo en una cueva oculta.
"¡DRACO!" Gritó salvajemente, sus cadenas sonando juntas mientras se movía sin éxito hacia él, incluso sabiendo en el momento que el intento sería inútil. En realidad había estado planeando su fracaso, sabiendo que incluso si hubiera podido, su cobardía nunca le hubiera permitido infringir dolor realmente sobre él mientras permanecía indefensa, encadenada a una pared. Era estúpido realmente.
"cuando Vegeta se entere de esto va a... a..." Amenazó.
"¿A qué Ángel?" Rió él, las cicatrices en su rostro arrugándose levemente mientras sus mejillas se torcían en una sonrisa. "¿A venir a rescatarte, la pobre doncella en apuros?"
Sintió el golpe más y más mientras fruncía el ceño, sus ojos mirándolo peligrosamente mientras bajaba su mirada.
"Sí." Hirvió a través de dientes apretados. Un grito escapó mientras él arrogaba un puño a la piedra junto a ella, su mano golpeando a través de la roca. Fragmentos de la cueva golpearon contra el lado de su rostro, sus ojos cerrándose justo a tiempo para evitar ser lastimados por los escombros. Aún así una satánica sonrisa se estiró en su rostro y su caliente aliento quemó sus ojos.
"¡Bien!" Rió malvadamente, sus labios conectándose lentamente con los de ella incluso mientras ella retrocedía con asco. "Estoy contando con ello."
Dio un paso a atrás, mirándola mientras se frotaba sus labios sin éxito con su hombro, el metal tintineando junto y pura malicia reflejada en su mirada.
"Demasiado bonito rostro para estar torcido con ira, Ángel." Susurró, corriendo la parte de atrás de su mano tiernamente a lo largo de su lastimada mejilla y mirando mientras cerraba sus ojos en repulsión.
"¡Yamcha!" Llamó.
Como si hubiera estado parado allí en silencio todo el tiempo, la pálida versión zombi del Príncipe apareció en la vista, su blanca piel y saltones ojos cortando a través de las sombras y dándole escalofríos por todo su cuerpo de nuevo.
"Has sido bueno hoy." El Demonio rió dulcemente, corriendo sus dedos a lo largo de la clavícula del Ángel con coquetería.
"Qué maravillosa mascota, ¿no Bulma?" Preguntó tranquilamente, sus manos apretándose a los lados del rostro de Yamcha, mirando cada expresión que ella hacía como si estuviera fascinado por sólo mirarla. "Nunca habla en respuesta, nunca habla sin permiso... ¡Escucha todo casi perfectamente! ¡Y sólo nos tomó 4 semanas romperlo!" alardeó, cerrando sus ojos mientras reía.
El viejo Príncipe apenas se quedó allí de pie, los ojos mirando al hueco en el cuello de Draco, sin mirar realmente, sin escuchar realmente. Sólo mirando. Toda la escena la hizo tener náuseas.
"¿Cómo?..." Tragó, miedo de saber por primera vez despertándose en ella. La criatura con blancas alas que miraba tan intensamente a la pared detrás de ella estaba muerta. Eso lo sabía. Pero la verdadera pregunta no era por los resultados, sino por las acciones tomadas para crear la monstruosidad que estaba delante de ella.
"¿Cómo... lo... rompiste?" susurró, mirando con pena al Ángel. Una sonrisa se formó de nuevo en el divertido rostro, y se acercó, corriendo sus dedos a través de las enredadas mechas del blanco cabello de Bulma, su mirada tan feroz que fue obligada a alejar la vista avergonzada.
"Por qué, la misma manera que vamos a romperte a ti, mi amor." Susurró suavemente, el lado de su mejilla chocando con el suyo mientras hablaba directamente a su oído.
"Horas y horas y HORAS de gritar." Dijo, pasando sus afiladas uñas a lo largo de la suave carne de su antebrazo. "Cada herramienta posible, dispositivo, tortura. Tú lo dices, lo concibes, tienes pesadillas sobre él... probablemente ya lo usamos." Rió, sonando sinceramente complacido con sí mismo. "Lo encontrarás sorprendente en cuan rápido puedes romper el espíritu de alguien sólo por cubrirlo con sanguijuelas y dejándolos en la oscuridad por días. Oh..." rió, mirando al techo en honesta felicidad. "y ñas maravillas de alimentar partes de cuerpos muertos a los hambrientos. ¡Por alguna razón el canibalismo parece definitivamente tomar el BOCADO de tu especie!"
Su risa se hundió como agua fría en su cuerpo mientras su imaginación mostraba escenas de la tortura del Príncipe, su hermoso rostro y puro corazón mutilado con horrores que ninguna criatura debería conocer alguna vez, mucho menos soportar. Realmente había perdido su mente, su fuerza de voluntad y cualquier espíritu que hubiera tenido alguna vez dentro. Estaba muerto.
"Monstruo." Escupió ella, su ira siendo invadida por el miedo.
"Ooohhhh..." dijo él, moviéndose tan cerca que su cuerpo estaba completamente contra el suyo, su espalda obligada contra la pared mientras retrocedía de su indeseable contacto. "Me gusta cuando me llamas así." Sus dedos serpentearon a lo largo de su clavícula y ella se estremeció por su ardiente tacto como si estuviera congelándola.
"Una cosa tan bonita." Reflexionó tranquilamente, dejando sus dedos viajar por su rostro y pasar por la suave carne de sus labios. "No es de extrañar que Vegeta te mantuviera alrededor por tanto tiempo. Y aquí supuse que había tenido su diversión contigo y eso sería todo. Sólo otra perra muerta en su calabozo." Rió, mirando sus ojos retorcerse mientras quitaba la emoción, mordiendo su labio inferior y dándole la más amenazadora mirada.
"Pero no. Tú tenías chispa. Por Dios incluso ahora la tienes." Levantó su regordete labio sobre su frente, no besándola verdaderamente sino dejando que el calor de su aliento golpee contra su salada frente, amando la sensación de su cuerpo hundiéndose por su contacto. "Creo que me divertiré rompiéndote frente a él."
Con eso se alejó de ella, su malvada mirada poniéndose sobre el Ángel hombre que no había dicho o hecho nada, simplemente mirando con hundidos ojos a la nada que lo rodeaba.
"Cuídala." Draco dijo imperativo, un rastro de amenazante promesa en su tono mientras salía de la habitación, sus negras alas de tamaño medio ondeando detrás de él mientras dejaba esa sección de la cueva.
El Príncipe Ángel tomó asiento en una gran roca directamente frente a ella, sus ojos nunca parpadeando, ni viendo, ni preocupándose.
Oh, qué horrores debieron haber visto esos ojos. Los terrores e indescriptibles dolores y miedo. Supongo que nunca lo sabremos en verdad las monstruosidades que Yamcha enfrentó después de ser secuestrado por Draco, ni las noches de tortura, de hambre y dolor. Noches cuando dormir había sido probado debido a sus propios gritos, su garganta desgarrada por su propio volumen, rasgando sus cuerdas vocales. Pero como dije antes, sólo podemos sentir la pena, nunca llegaremos a entender verdaderamente.
El polvo en el suelo fue agitado y pateado por su constante movimiento, sus pies descalzos y sus cadenas tintineando juntos mientras probaba sus fuerza y la suya propia. Frustración y miedo del futuro la acechaba, aunque las alejó, intentando una y otra vez liberarse de los grilletes que agarraban sus muñecas y la sostenían a la pared. Porque realmente, ¿de qué servía el miedo en un momento como este?
"¡Maldita sea!" Maldijo, la ira un constante problema. Alzando la vista, esperó sólo ver un distante recuerdo mientras la apagada mirada de Yamcha permanecía sobre ella. Si no hubiera sabido mejor, podría haber imaginado que era ciego, porque nunca parpadeaba u observaba nada. Era traumático en un sentido. Un hombre tan fuerte, tan puro, manchado, lastimado y arruinado con indecible tormento y sacrificio.
"Yamcha." Susurró, mirando muy de cerda por algún movimiento. Algo de reconocimiento. ¡Cualquier cosa! Los vacíos, almibarados ojos sólo reflejaban la luz de la vela que danzaba sobre la pared. ¿Pero las emociones? No quedaba nada, sólo silencio y su obsesivo mirar que la desconcentraba por completo.
"Yamcha, por favor escúchame." Medio rogó, sabiendo que a pesar de los resultados, simplemente hablarle al único que había amado más que a cualquiera, era de alguna manera tranquilizante. Tal vez en algún lugar, algún lugar dentro de él la estaba escuchando, sintiendo su presencia cerca de nuevo. Rogó que cualquiera fuera el resultado, la paz de ese conocimiento pudiera guiar a su alma a descansar eventualmente.
"Tenemos que salir de aquí." Susurró, moviéndose tan cerca de él como sus cadenas se lo permitían, maldiciendo las viles creaciones mientras estaba a sólo un pie de la pared. "Mira, sólo podemos salir de aquí. Tú y yo. Encontrar una llave y nos vamos."
Nada.
"¡Yamcha por favor!" Gritó ella, odiando cuan fuerte lo estaba diciendo pero llegando al final de su cuerda, o debería decir cadena.
"¡Por favor si hay algo que quedó en ti allí inténtalo, intenta que salga!"
Nada.
Aguantó las lágrimas, su voz volviéndose dura y áspera mientras intentaba controlar su dolor. Era demasiado. Demasiada pérdida. Era ver a alguien que habías estado convencido que estaba muerto, sólo para darte cuenta que en un sentido, estaban peor que muertos. Atrapados, como un esclavo en la esquina más oscura de su propia mente, horrores y monstruosidades sosteniendo su alma cautiva dentro del agonizante cuerpo que había sido sometido a impensables torturas y depravaciones.
Lo que debe haberse sentido para Bulma llegar a la realización que la muerte y sólo la muerte era su verdadero escape. ¿Pueden imaginar eso? ¿Querer la muerte para una criatura que amaron tanto? ¿Saber que los mirarán morir para vivir de nuevo ustedes mismo?
"Yamcha, te necesito." Susurró.
De repente, y aunque sus lágrimas pudieran haber estado jugando con ella, una chispa pareció despertar dentro los ojos de él. ¡Allí! ¡No! ¡Allí estaba de nuevo! La esperanza flotaba como un agonizante insecto dentro de su vientre mientras luchaba en acercarse una vez más, luchando contra las miserables cadenas.
"Recuerda," Gruñó mirando con odio a sus cadenas. "Recuerda esa vez cuando éramos niños, y tú dijiste..." tragó, intentando sin éxito pasar el nudo en su garganta. "Y dijiste que nunca querías casarte conmigo. ¿Recuerdas?"
Esperó, mirando cada línea y grieta de su rostro por un movimiento. Nada.
"Dijiste que me odiabas porque te empujé al foso y tu nuevo traje se arruinó y se manchó por el barro. Y entonces... y entonces yo empecé a llorar, ¿y te acuerdas lo que dijiste?
Rió recordando el hermoso día cuando habían luchando en el patio por horas, sólo ellos dos. ÉL la había aplastado sin piedad con una rama que había agarrado de un árbol cercano, su extremo superior adolorido y picando mientras ella lo había perseguido por el lodo, disparándose contra él y mirándolo caer en la fría agua.
Esperó, sabiendo que no respondería pero rezando que en alguna manera, incluso si nunca se notaba, escuchara. Tal vez esa era toda la razón por la que había hablado de ello. Para hacerle recordar a su lastimada alma, si tal vez por última vez, de cuanto lo había amado. De cuanto lo amaría siempre.
"Dijiste que lo sentías." Susurró, inclinándose contra la pared en derrota. "Dijiste... dijiste que estaba bien y que podía empujarte en el lodo en cualquier momento." Rió de nuevo, luchando con las lágrimas. "Y luego me dijiste que todavía no querías casarte conmigo, pero... pero que estarías allí para mí de todos modos. Siempre." Lloró, queriendo más que nada en este mundo sólo acunar su cabeza en su regazo y dejarlo morir. Ver la falsa luz en sus ojos apagarse hasta que la preciosa alma estuviera descansando en el Paraíso una vez más.
"Porque eras mi amigo y no importaba lo que sucediera." Su voz se quebró. "Estarías allí para mí cuando más te necesitara."
Escuchó tranquilamente, escuchando sólo sus propios silenciados sollozos a través de la oscuridad de la húmeda cueva.
"Y luego me agarraste en el agua junto a ti y me besaste en los labios por primera vez."
Escuchó un respiro escapar de sus pulmones mientras él se sentaba mirándola en blanco.
"Fue tan torpe." Rió a través de sus lágrimas, cubriendo su boca con su encadenada muñeca y limpiando la sal y e agua que caía en ríos por sus mejillas.
"Creo que besaste mis dientes porque yo estaba gritándote tan duro en ese momento. ¿Y luego te acuerdas lo que dijiste"
Esperó, empujando las lágrimas mientras su pecho se levantaba y caía con violencia con su fuerte respiración.
"Dijiste que habías decidido casarte conmigo porque..." Sollozó contra el grillete de su muñeca, las rodillas débiles debajo de ella. "...porque sabías que nunca encontrarías a nadie más que pudiera medio ahogarte un minuto-"
"y besar al siguiente." Dijo él. Sus ojos se alzaron hacia ella, vivos y brillantes con frescas lágrimas.
"Pero lo que realmente estaba pensando..." dijo, dos lágrimas deslizándose sobre sus pestañas y cayendo en cascada por su mentón. "Era que nunca vería algo..." Tragó. "tan hermoso en toda mi vida." Lloró.
"¡Bulma!" gritó, enterrando su rostro en sus manos y llorando, sus hombros sacudiéndose de arriba a abajo.
"No te vayas." Murmuró, una mano todavía ocultando su rostro, la otra llegando hacia ella. "No me dejes... sólo..."
Alzó la vista hacia ella, el rostro rojo con presión y dolor.
"No quiero morir solo."
Dolor la golpeó poderosamente y sintió aflojarse contra las cadenas, sus rodillas débiles e incapaces de sostener su peso ya. Odiaba las cadenas que la sostenían, deseando por el poder de arrancarlas de sus muñecas, incluso si eso significaba sacrificar sus manos junto con ella. Si sólo pudiera estar junto a él. Consolarlo. Abrazarlo. Liberarlo del dolor que el mundo había infringido sobre él.
"No me iré Yamcha." Lloró, acercándose hacia él. "No te dejaré."
Miró mientras sus pies se movían en el polvoriento suelo, sus manos empujando su cuerpo hacia arriba en una posición de pie. Estaba allí, la piel gris y blanca, sus ojos llenos de lágrimas y sus huesudas mejillas intentando sonreirle. Un pie antes que el otro, cerró el espacio entre ellos, esperanza y vida brillando mientras se acercaba a ella lenta pero seguramente.
"Voy a ser padre Bulma." Dijo sonriendo como si estuviera recordándolo para sí mismo. "Tengo que..." Sacudió su cabeza como si estuviera en confusión. "Tengo que volver de nuevo con mi hijo."
"Lo sé." Dijo ella, su cuerpo luchando contra los grilletes mientras se acercaba a él. "Lo sé."
"Voy a ser papá." Susurró, "voy a ser papá."
Sonrió suavemente, llevando su mano lentamente para ella. Más cerca. Más cerca. Más cerca.
Sintió la punta de sus dedos contra los suyos, fríos y duros pero llenos de vida que bombeaban a través de él. Esperanza. Era todo esperanza.
Sangre salpicó en sus ojos, caliente y húmeda contra su rostro y su boca. Ella gritó en horror y confusión mientras la vacía mirada de Yamcha se juntaba con ella con su corazón latiendo frente a su rostro. Sangre estaba chorreando de las arterias y venas, corriendo por la mano que la sostenía. Y luego cayó, directamente en la palma de la mano de Bulma, el carnoso miembro todavía palpitando y sangrando.
"Actúas sorprendida Ángel." Dijo Akasha dulcemente desde la espalda de Yamcha. "Siempre supiste que sostenías su corazón."
Con un tirón del brazo de Akasha, Yamcha se desplomó sobre Bulma, la sangre chorreando por su frente y empapando el pecho de ella y muslos a través del vestido de encaje negro. Ella gritó en horror, intentando desesperadamente levantarlo, shock y terror drenándola como si su muerto peso debilitara sus brazos.
"¡No!" Gritó ella. "¡NO!"
Sus ojos giraron hacia atrás en su cabeza y ella se encontró deslizándose por la pared con su peso, rogándole que viviera, sabiendo que era imposible. Rezó a Dios con todo su corazón, viendo su vida dejarlo.
"¡Yamcha!" Gritó, sosteniendo su rostro entre sus manos mientras caía al suelo. "¡Escúchame! ¡No estás solo!" Lloró, inclinándose sobre él en sus rodillas.
"¡No estás solo!"
Y murió justo así en sus brazos, una pequeña sonrisa tirando de las comisuras de su boca mientras la oscuridad de la cueva se rompía y el dulce descanso tomaba su alma del tormento de vivir.
"Nunca estuviste solo..." Gritó, abrazando su cabeza y limpiando sus lágrimas de su pálida piel.
"No deberías llorar tanto por él Ángel." La asquerosamente dulce voz de Akasha vino, su pesado acento envolviéndose alrededor de cada palabra. "Era un hombre valiente y sirvió su propósito incluso mejor de lo que Draco hubiera imaginado."
Bulma ni siquiera pudo ahogar el odioso sollozo que se extrajo solo de su cuerpo con fuerza, rompiendo a través del silencio de la cueva. Hizo eco a través de las paredes, sonando incluso más lejano en la cueva. Sintió más que ver a la criatura acercarse, el frío acercándose más y más, haciendo volar su brazo y espalda. Malvado. Pura maldad.
"Realmente ahora Princesa." Akasha arrulló, tomando asiendo en una banqueta cercana y mirando a su sombrío alrededor con asco. "Deberías estar orgullosa de él. Duró MUCHO más de lo que cualquiera de nosotros hubiera anticipado, siendo mucho más útil de lo que Draco originalmente intentó. Fue sólo una herramienta al principio, una manera de ponerte en contra de Vegeta, poniéndolo como sospechoso por el asesinato de tu antiguo amante."
Los ojos de Bulma se encendieron, aunque permanecía mirando a los vidriosos ojos de Yamcha, acariciando su cabello incluso mientras la piel de su cuero cabelludo se volvía fría con la muerte.
"Pero parecía que nada podía alejarte de él." Akasha suspiró, descansando su cabeza sobre su brazo que estaba levantado sobre su rodilla. Voló un mechón de su cabello de sus ojos casualmente, pareciendo completamente aburrida de toda la morbosa situación. Sangre seca empapando su brazo hasta el codo, aunque apenas parecía notarlo, resultado de su cabeza que giraba a través de la espalda de Yamcha y poniendo su corazón en su mano.
"Debo decir que estoy impresionada." La Demonio continuó, mirando con dulzura al Ángel aunque un malvado intento danzó dentro de sus observadores ojos. "Tu lealtad por él es asombrosa. Encomiable de hecho. Muy pocas mujeres se hubieran quedado con un hombre después de todo lo que hicimos para sabotearlos a ustedes dos."
"¿S-Sabotearnos?" Bulma susurró, la voz apenas audible. Su garganta estaba cruda y su áspero tono por la andada de gritos que había dado, el mero sonido apenas reconocible.
"¿Qué, no te diste cuenta?" Akasha se burló, resoplando levemente y examinando sus uñas. "Y me dijeron que eras un genio." Rió, el sonido haciendo arder el estómago de Bulma.
"Bueno sé que el temperamento de Vegeta es algo VIL Ángel, ¡pero realmente!" rió malvadamente. "¿Ni siquiera notaste un cambio? ¿Nada? Sólo hemos estado drogando al pobre bastardo desde hace meses."
La realización golpeó al Ángel como una piedra en la cabeza. Todas las peleas, toda la ira, todas las palabras duras.
"¿Cómo? ¿Por qué?" fue todo lo que pudo murmurar a través de su shock.
"Buenas preguntas." Dijo Akasha arrogantemente. "No fue precisamente fácil pero tú no eres la única científica. La Ceniza es una sustancia realmente notable, ¿no lo crees?" preguntó con curiosidad, alzando una ceja. "Magnificando todas las emociones, distorsionando la mente y consciencia de uno, como perciben las cosas. Y sólo un poco de manipulación con las reacciones iniciales que dieran clave al usuario en los efectos, ¡y bam!" Golpeó el puño en su palma para dar énfasis. "tienes una malvada droga que nadie incluso que están usando."
"¿Pero por qué?" Bulma preguntó de nuevo, sintiendo el peso del cuerpo de Yamcha en sus brazos mientras seguía sosteniéndolo. "¿Por qué todo ese problema? ¿Por qué intentar tan duro cuando sabían todo el tiempo que él volvería a ti si tú..." Se ahogó, mirando al cuerpo en su regazo. "Si venías a él."
Akasha rió una vez más, recordándole a Bulma cuanto realmente odiaba a la Demonio mujer.
"Por supuesto que siempre volvería a mí Ángel." Sonrió malvadamente. "Vegeta es justo como un perrito abusado, volviendo a su amo original cuando se lo llama. Sólo lo tomaste prestado, aunque estoy sorprendida que se quedara pegado a ti por tanto tiempo." Se escabulló de la roca, más cerca de Bulma que lo que cada una sentía cómodo.
"Vegeta siempre SÍ prefirió a las mujeres más delgadas."
Celos alimentaron la ira que quemaba dentro del Ángel, aunque negó ambas, sabiendo todo el tiempo que sólo la frustraría más y aumentaría su ira contra las cadenas. Además, ¿de qué servía la vanidad en un momento como este?
"¿Pero por qué pasamos por todo ese problema?" Akasha continuó, sentándose lejos de nuevo. "Simple realmente. Draco necesitaba una oportunidad para robarte, sacarte de él. Y enmarcando a Vegeta por el asesinato del Príncipe y haciéndolo un psicótico sin límites parecía la mejor apuesta. Lástima que estés tan necesitada, ¿no?"
"¿Por qué quitarme de él?" Bulma empujó, escuchando y sin embargo ignorando lo que la sensual criatura acababa de declarar. "¿Por qué me quiere en primer lugar?"
Akasha parecía reflexionar sobre éstas preguntas por un momento, mirando a un lado y golpeando sus largas unas negras debajo de su mentón. Parecía como si una parte de ella estuviera dudando, pensando dos veces sobre revelar la totalidad de sus planes. Y sin embargo al final, el esnob y el orgullo en Akasha ganó, sus labios jactándose de su secreto esquema.
"Draco sabe que Vegeta se entregará a cambio de tu vida." Dijo finalmente como si estuviera asqueada de decir tal cosa.
"Muy probable." Bulma gruñó, asqueada ella misma por la descarada mentira y falsedad.
"¿Dudas de eso?" Akasha preguntó. Movió el aire rudamente con su mano, girando sus ojos para dar énfasis. "Tu duda hace su unión con él débil, tus propias inseguridades tu caída. Si realmente conocieras a Vegeta, te darías cuenta la debilidad que eres para él."
"¡Oh y supongo que tú lo conoces mucho mejor!" Bulma escupió, mirando por milésima vez a las odiosas cadenas que la sostenían firmemente de arrancar en pedazos a la malvada bestia que simplemente se reía de ella.
"Te olvidas la edad que tengo Ángel." Se jactó. "He visto más de este universo de lo que tu nunca siquiera podrías concebir. He vivido más de lo que los hombres pueden contar con números. He visto vida tras vida, generaciones nacer y morir, una y otra vez. Y puedo decirte esto. La historia tiene una manera de repetirse."
Bulma se sentó en silencio, el frío de la cueva filtrándose en su carne. Pero no sintió nada de su mordida, toda su concentración permaneciendo en la belleza de oscura piel que se sentaba directamente frente a ella. Ambas mirándose con igual cantidad de odio a la otra, Bulma por obvias razones y Akasha por simples celos, una característica que mostró mucha veces a través de sus innumerables años de vida.
"¿Qué quieres decir?" Bulma finalmente preguntó, despreciando el incómodo silencio casi tanto como a la horrible criatura a la que se vio obligada a preguntar. Akasha parecía haber estado esperando tal interrogatorio, su penetrante mirada sobre Bulma.
"¿Quieres que empiece por el principio de mi historia o simplemente te confíe los hechos que podrían interesarte?"
Parecía que honestamente quería una respuesta, esperando pacientemente mientras el Ángel reflexionaba sobre sus opciones, dándose cuenta que mientras el tiempo parecía algo corto y escapar sería prácticamente incluso MÁS imposible con la criatura aquí, la sed por conocimiento y sí, incluso más presionante curiosidad la obligó a responder honestamente.
"Comienza desde el principio."
Como si sabiendo que de hecho, esta sería la respuesta, Akasha comenzó como si estuviera leyendo las palabras de un pergamino, como si hubiera transmitiendo esta antigua historia de sus comienzos mil veces, cada palabra dicha elegante y suave.
"Tienes una madre, un padre, ¿verdad Ángel?" Preguntó curiosamente, sus ojos pesados sobre la Princesa que simplemente asintió, adormeciéndose por el dolor que vino con la cuestión.
"Bueno, yo no." Akasha continuó, sus manos puestas sobre su regazo. "O al menos no un carnal padre y madre como tu posees, o poseías." Alzó la vista, alertando al Ángel del hecho que ella conocía bastante bien la historia detrás de la mentira.
"Y no nací de parto natural o dolores de angustia como los que pasó tu madre. Simplemente fui. Y no viví sobre esta roca olvidada por Dios como podrías imaginar. No dejes que las negras alas y oscura piel engañen tu amor," Dijo suavemente, sus dedos trazando la ruda superficie de la roca de la banqueta debajo de ella, el chirriante sonido haciendo que los diminutos cabellos en el cuello de Bulma se levantaran." "Nunca fui un Demonio. O al menos no lo que pondrías como un estereotipo de uno. Yo era un Ángel."
Un leve jadeo fue su respuesta, ambos en incredulidad e incluso horror, como si tal declaración fuera una última blasfemia.
"Oh no me crees, ¿eh?" Akasha escupió indignada, mirando mientras Bulma simplemente alejaba su mirada, por un momento intentando cruzar sus brazos y en cambio sólo gruñendo ante el movimiento de sus cadenas. "Fui creada por el mismo Dios, su centésima hija Celestial, su preciada posesión. Se me dio todo lo que mi corazón deseó y estuve justo a su lado, cuidando a sus terrícolas hijos y observando sus extrañas maneras y rituales. Y junto a Dracola mismo fui puesta, sólo él y yo viendo con nuestras mentes la enfermedad de estas impías bestias que viajaban por el mundo sin rumbo. Parecía que otros Ángeles simplemente observaban a estas criaturas como mascotas, como seguidores de algún tipo, nunca interviniendo en sus malvadas maneras, haciendo excepciones sólo para ayudar a esos en necesidad, esos que tenían una particular cantidad de fe en su creador."
Se detuvo momentáneamente, todavía viendo rastros de incredulidad en los observadores ojos del Ángel, pero sin prestar atención. Todavía faltaba un rato hasta que hicieran su viaje hacia el abismo y tiempo que fuera realmente de ningún consuelo.
"¿Quién era Dracola?" El Ángel preguntó, notando la mirada del Demonio. Akasha simplemente suspiró, despreciando los antiguos eventos históricos y gente que había sido olvidada por completo con el tiempo.
"Dracola también era un Ángel. Uno hermoso, mucho más atractivo que casi algún otro que pueda recordar. Miles de años cuidamos la tierra, al lado del otro, viendo y calculando los males que el hombre hacía a otro, la ciega fe en la que confiaban, el dolor y la angustia que experimentaban a través de su propia incredulidad y culpa. Dejarlos cargar un hermoso niño y se regocijaban, sosteniendo sus brazos al Paraíso y rezando a su creador por tal regalo, agradeciéndole por bendecirlos con tal honor. Porque si ese niño moría y el amor de Dios se olvidaba, su fe se negaba y su esperanza era una cosa del pasado." Sacudió su cabeza con furia, sumida en sus pensamientos.
"Tan inconstante era su fe. Tan interminable su abuso por el otro. Fue Dracola el primero en poner su mano contra estos someros engendros de creación, su propio odio hacia ellos grande y sí, incluso su propia arrogancia y celos influenciando su ira hacia los humanos, como se llamaban. Villas enteras destruyó, civilizaciones enteras fueron devastadas. La gran ciudad de Atlántida fue saqueada y purgada del rostro de la tierra por su particular rol en la adoración sin éxito, nada más que un mito. Su ira era grande, eso es cierto." Observó con tristeza, los ojos llenos de recuerdo.
"Pero la ira de Dios fue más grande mientras Él bajaba la vista sobre las ruinas y sus adoloridos hijos, viendo y sintiendo con Su gran amor el dolor y la angustia por todo lo que había sucedido. Pero aunque ningún libró de registro tendría esa información, no fue sólo el reino terrestre que había sido sacudido y afectado por la precipitada acción de Dracola, sino el Paraíso mismo fue abrazado por el caos, las partes adoptadas por el castigo de Dracola o por acciones que deberían ser tomadas en lo absoluto. Los Ángeles se pusieron uno contra otro, los temperamentos ardiendo y sobrenaturales."
"Y no pasó mucho tiempo, como puedes imaginar, hasta que el Padre puso un final a tal interrupción de una vez por todas, haciendo un ejemplo de su malvado y arrogante hijo arrojándolo a la misma tierra, maldiciéndolo a morar entre las criaturas que había atormentando y despreciado tanto como a los Ángeles. Puedo recordar..." Dijo pensativa, sus delgadas, formadas cejas juntándose como si en confusión.
"Puedo recordarlo completamente." Dijo con nostalgia. "Puedo recordarlo allí de pie tan desafiante, maldiciendo su posición debajo de Dios, su ira por ser el segundo de alguien y su confusión de por qué estos seres inferiores no sabían nada de él. Su ira no era realmente por el desprecio por Dios de los humanos, eso admitiré." Dijo, encogiéndose de hombros. "De hecho, supongo que se preocupaba por nada de ese olvidadizo o flagrante desafío. Su orgullo y vanidad eran los culpables detrás de su rebelión y fueron también su caída mientras el Padre lo arrojaba del Paraíso."
"Pero no entiendo algo." Bulma interrumpió, sintiendo absolutamente nada de pesar por su rudeza. "¿Dónde entras en juego en todo esto? Entiendo que Dracola fue enviado a la tierra por sus malvados actos hacia los humbanos... huminos... errrr... ¡COMO SEA que los llamaste! ¿Pero cómo te convertiste en lo que eres? ¿Cómo... cómo salió de la manera que pasó?"
Akasha reflexionó en estas preguntas, silenciosamente notando que de hecho, había una notable cantidad de inteligencia en la mujer que había llegado a despreciar más que a nadie sobre los siglos.
"Supongo que no me creerás si te lo digo, Ángel." Dijo suavemente, su fría, malvada fachada por sólo un momento y una extraña vulnerabilidad cubriendo sus facciones. Por un segundo, le pareció a Bulma que estaba observando a un ser completamente nuevo, esa total arrogancia y segura actitud se había ido de Akasha y una tristeza tomó su lugar. Pero como dije, fue sólo momentáneamente y fue segundos antes que Akasha se diera cuenta de su error y se redimiera una vez más.
"Pero siendo la estúpida criatura que eres, tal vez dudes de mí todavía de todos modos."
Bulma sólo gruñó en respuesta, lentamente moviendo el muerto cuerpo de sus piernas ausentemente, manteniendo sus ojos de verlo.
"Pero en ese momento que Dracola fue arrojado del Paraíso, supe... o tal vez me convencí tontamente... que lo amaba."
El Ángel sintió sus ojos ampliarse y estaba completamente consciente que su mandíbula había caído por el anuncio. Pero no podía importarle menos, estupefacta y atónita ante la realización que se había dado a conocer a ella.
"No te aburriré con las dudas que tengo de por qué o no realmente sentí alguna vez esta emoción, pero eso no es importante." Akasha continuó, enderezándose y preparando las palabras que iba a decir. "Una tristeza como nada que hubiera experimentado se alzó dentro de mí mientras lo veía caer, su cuerpo pronto volviéndose nada más que un destello de luz en la distancia. Pero este dolor que sentí, ese abrumador miedo de un futuro sin él a mi lado... era insoportable. Simplemente me ahogué en él, lágrimas, de las cuales sólo derramé una vez, cayendo de mis ojos mientras miraba una vez más a mi Celestial Padre, Su propio dolor mostrándose a través de Su ira al perder a su Hijo. Y tal vez ese dolor sólo se agrandó por mi repentino descenso hacia la tierra, aunque nunca lo sabré." Dijo con pesar, tocando sus dedos en su corazón tristemente, los ojos mirando lejos como si estuvieran en la distancia.
"Pero en ese mismo instante supe que no podía existir, que no podía funcionar y no podía pasar una eternidad sin la presencia de Dracola a mi lado y así, olvidando la luz y el Padre que amaba con casi cada fibra de mi ser, me arrojé a la barrera que dividía nuestras dimensiones, cayendo tras mi amado Ángel y experimentando el más terrible recuerdo de mi vida."
Parecía que incluso mientras hablaba, una cierta cantidad de incomodidad tomó control sobre su calmado frente y se movió inquieta, sus negros labios fruncidos.
"Caí y caí y caí por siempre parecía. Al principio podía ver las estrellas rodeándome, miles y miles simplemente parpadeando como cristales ante mis ojos. Era hermoso. Y luego vino el dolor mientras volaba a través de ellas, mi curso dirigido a la tierra y encontrándome con cientos de ardientes esferas de gas y luz, la mera velocidad a la que estaba viajando desgarrando mi cuerpo e inciendiándome en llamas. Mi cabello y plumas se quemaron por completo, la suave carne de mis alas siendo quemadas más allá de la reparación e incluso mi piel siendo oscurecida por el despiadado sabor del fuego. Me envolvió sin descanso por horas parecía, el sonido de mis gritos volviéndose ensordecedor mientras volaba tras Dracola, mi hermoso, perfectamente Paradisíaca figura rota y arruinada. Estaba en horror, el dolor insoportable mientras me acercaba a mi más odiado destino, lo que llegaría a ser mi desafortunado hogar por miles de años."
"Todavía puedo recordar el impacto, el suelo y la mugre tragándome por completo, sólo el toque de tales cosas impuras y extrañas para mí. Sentí el lodo como sentí el pecado, el toque asqueándome, manchándome, mi quemada y ardida carne sintiéndose solo más arruinada por eso. Y sin embargo se sostuvo a mí por un tiempo, lo que podía después llegar a darme cuenta que habían sido siglos. Simplemente yací debajo de la tierra del suelo, enterrada bajo millas de lodo y mugre, las arrastradas y movientes cosas comiendo mi carne y haciendo en los agujeros que habían hecho a través de mi cuerpo."
"Y sin embargo quedé con vida, maldita con sueños que realmente habían sido la realidad de las vidas siendo vividas sobre mí. Me senté allí sintiendo el dolor y el odiado curso a través de esos humanos, reviviendo mi propia angustia y aislamiento mientras ellos lo experimentaban por primera vez. Nací y morí con estos seres que tanto desprecié con el tiempo.
"Y luego lo sentí."
Una sonrisa salió sobre su rostro sin expresión, despertando a Bulma una vez más por la sobrenatural belleza de Akasha. Parecía que no era más que una impecable pintura, una estatua a veces, sólo siendo traída a la vida y siendo animada a través de los diminutos músculos que ocasionalmente se movían debajo de los confines de su piel.
"Dracola había sobrevivido como yo, la ira de Dios sobre él una vez más mientras comía y vivía de los humanos que estudié dentro de mi prisión de tierra. Miles de años pasaron mientras él se alimentaba de estas criaturas mientras yo miraba con mi mente desde debajo de él, aprendiendo su maldición y privación de Dios."
"Y luego un día realmente desperté, aunque no por Dracola."
Una extraña mirada pasó por su rostro y Bulma fue obligada a acercarse en la historia, aunque estudió su impulsivo comportamiento y simplemente esperó con paciencia.
"Aunque fui bendecida sólo con el don de escuchar a estos humanos a escondidas, sabía muy bien de las glorias y riquezas que adornaban el antiguo Egipto, las historias de misterio y activos Dioses que cuidaban la tierra del Nilo. Las leyendas de faraones, Dioses mismos en forma humana, trabajando lo que era imposible hacer para las criaturas humanas. Y escuché mucho de estos rumores incumbir a un Príncipe Egipcio en particular. Un temerario joven Príncipe, belleza y sorprendente en apariencia, aunque estas someras piezas de rumores apenas me interesaron como podrías imaginar."
"Belleza, riquezas, gloria, poder. ¿De qué me servían? Yo había visto bellezas más allá de lo que los humanos pudieran imaginar, o incluso pudiera creer. Yo tenía propias riquezas más grandes que cualquier cosa que hubieran soñado alguna vez y estaba al lado del más glorioso ser que existía, el mismo Dios. ¿Poder? Poder de humanos era nada para mí como no era nada para Dracola. Poder y riquezas eran una ilusión que crearon para ellos mismos, sin tener nada que ver con el gran destino que los esperaba a largo plazo."
"Y no fue por estas cosas que eventualmente me levanté de mi prisión, escapándome del corazón de la tierra y alzándome en el mundo del que había aprendido tanto. Fue por él. El hermoso mortal que tenía más poder sobre mí que cualquier reino que buscara tan egoístamente conquistar. Se arrojó de cabeza a la vida, sin tener absolutamente ninguna consideración de donde estaban aterrizando sus pies y simplemente esperando lo mejor. Era temerario, inocente y engañoso. Un mentiroso, un tramposo, un mujeriego y un monstruo. Y por todo esto, lo amé más que a mí misma."
"De seguro habrás escuchado de la leyenda del gran Faraón Egipcio Vegeta y su Kakaren, ¿no?"
Indignación se levantó dentro de Bulma ante la pregunta, ambos TENIENDO que saber que no había manera en el Infierno que tal "leyenda" hubiera sobrevivido en tal cantidad de tiempo. Akasha apenas sonrió, cerrando sus ojos y estirando sus brazos frente a ella.
"¿Kakaren?" El Ángel preguntó, incredulidad y abrumadora sospecha frotando su actual idea procesada sola. "¿Qué quieres decir con Vegeta y SU Kakaren?"
"¡¿Es TAN difícil?!" Akasha resopló, riendo de buena gana como si hubiera habido una graciosa broma que Bulma no había entendido. "¡Tu ingenuo pensamiento simplemente me ha sorprendido! Pero supongo que lo mismo podría decirse para los humanos, su creencia en la reencarnación tan vacía como la tuya."
Insultada, Bulma miró, intentando una vez más cruzar sus brazos sólo para encontrarse con el recordatorio de las cadenas.
"¿Realmente no ves la química entre Vegeta y el Ángel Kakarotto, Princesa?" Akasha dijo arrogante. "¡¿Eres TAN ciega?!"
Bulma se negó a responder.
"Incluso un millón de años de reencarnación nunca podrían incluso completamente eliminar esa conexión entre ellos, aunque realmente nunca fue destinada a pasar. Porque miré generaciones de Vegetas viviendo y muriendo, sólo para enamorarme de él más y más. Más fuerte se volvía en cada vida. Viviendo vidas de excesiva riqueza, igual que el Inventor Italiano Vegetio, vidas de inmortalidad y ser mujeriego como Giacomo Casanova, el Aventurero Veneciano que se decía que una vez se había enamorado de Barbaruccia. Vidas de intrigas como el Vampiro Amadeo, hecho por las manos de Dracola mismo. Vidas de inimaginable fuerza como el Príncipe Saiyajin Vegeta, eventualmente retirado de su vida de realeza ambos por circunstancias de nacimiento y su amor por una cierta terrícola mujer Buruma. ¿Te suena familiar... Bulma?"
El corazón del Ángel pegó un vuelco en su garganta y contuvo su aliento, obligándose a creer que cada fibra, cada desconfiado hueso en su cuerpo le gritaba negar.
"Quieres decir... yo..."
"Por supuesto." Escupió Akasha como si la idea fuera completamente obvia. "¿Piensas que ésta es tu primera vida que has vivido alguna vez? Tonta, te he visto crecer y morir por siglos, vez tras vez encontrándote a tu amado Vegeta, como se llama en esta vida y en tantas otras, y alejándolo de él mismo."
"¿Qué quieres decir con 'alejarlo de él mismo'?" Bulma escupió con dolor, el metal de sus cadenas tintineando juntos mientras intentaba moverse hacia adelante.
"En cada vida lo envenenas." Akasha siseó, sus ojos bajos en ira que no se podía reprimir, sus dedos volviéndose blancos mientras los hundía en la dura superficie de la roca. "Arruinas todo lo que podría ser. Lo deshojas como a una flor de su verdadera posibilidad de vida. ¿Sabes por qué estuve tan intrigada con Vegeta a través de todos estos siglos? Porque él SIEMPRE fue algo más que alguien más. Siempre el más fuerte, el más rápido, el más inteligente, el más rico, el más hermoso. Siempre con el futuro de ser el más brillante de todos ellos, sobrepasando a todos los mortales a su alrededor."
"Y luego venías, sacándolo de lo que deseaba, infectando su mente con tu amor sin sentido y compasión, ¡envenenando su potencial hasta que se ulcerase y MURIERA! Siempre deseé por otro resultado, viéndolo en raras vidas. Y cómo SABOREABA su dulce sabor mientras te alejaba en esas vidas, aunque incluso te despreciaba físicamente, emocionalmente lo atormentabas con su agonizante aliento. Eres TÚ a quien he odiado a través de los siglos. ¿Piensas que ese odio que arde en tu corazón por mí ahora es real? ¿Es poderoso? ¿Doloroso?" Golpeó su puño en la piedra, el impacto enviando una ráfaga de polvo en el aire.
"Imagina lo que fue por miles de años ver el objeto de mi adoración caer de la gloria en las manos del amor. ¡De TU amor en lugar del mío! ¡Pero no más mi preciosa Princesa!" Gritó, poniéndose de pie rápidamente como si amenazara al Ángel en silencio, su voz ronca y ruda.
"¡La historia tiene un hábito de repetirse y es momento que intervenga! Porque demasiado he estado sentada entre las líneas mirándote distorsionarlo que no sea nada más que el molde de lo que hiciste. Es momento que termine con ese ciclo, crear un nuevo destino, un nuevo destino en el cual la reencarnación no tenga papel. La vida eterna es finalmente su hijo y yo la intento pasar al lado de Vegeta."
Está bien aquí lo tienen. Uno de mis más desgarradores capítulos. ¡Ja! ¡Ahora que aparezcan los que odian a Yamcha! *Sniff*... Dios, ¡esa parte incluso me ahoga a MÍ! De todos modos, supongo que hay algunas cosas que quiero decir porque desde este punto en adelante, realmente no habrá más notas de autor.
"Por qué" podrán preguntar. Es muy simple realmente. Pienso que en muchas maneras los distraen de la historia. Quiero decir, aunque amo todos los comentarios... Estos últimos pocos capítulos de Ángel Oscuro son muy importantes, muy conmovedores capítulos. Supongo que significará mucho más para mí tener los comentarios de esos capítulos sin otra cosa controversial que arroje en otra n/a. Lo que estoy tratando de decir, es que quiero que la gente recuerde el capítulo después de leerlo. No la nota de autor.
Y por lo que estoy calculando hasta ahora mis propios pensamientos en la historia... Como, diciendo cuanto siento en ciertos tópicos. Bueno, por alguna razón u otra pensé que podría ser inapropiado en este momento para mis capítulos. Supongo que simplemente siento que podrían sacar algo de la emoción, y no, no significa que estoy perdiendo el toque o perdiendo mi interés en la historia. Bastante lo contrario realmente. Lo hice porque amo esta historia tanto y no quiero que NADA, ni siquiera mis propias palabras la arruinen o quiten el verdadero mensaje que transmite.
Y así los amo tanto pero por ahora me estoy despidiendo tanto como las n/a y opciones se va. Ángel Oscuro se vuelve muy oscuro de aquí en adelante, muy... bueno, supongo que la única buena palabra para ello sería que se vuelve muy triste y si honestamente no pueden lidiar con cosas como esa... realmente no les recomendaría seguir leyendo. Honesta y verdaderamente hay muchas cosas que suceden desde aquí en adelante que realmente van a perturbar a mucha gente y lo último que quiero es causar alguna clase de protesta porque no quise escribir una enorme florida historia.
Pero por ahora eso es todo. Y si tienen algunas preguntas, pónganlas en los comentarios o envíenme un correo electrónico. Oh... y si quieren sólo charlar (que amo charlar con gente) agréguenme conectada bajo el nombre de IcedCamaro. Y así esta es mi despedida por segunda vez, aunque los capítulos saldrán pronto. Y no creo que pueda encontrar una mejor, más digna manera de decirlo más que siendo honesta y diciéndoles la verdad a todos.
Los amo.
Camaro
