Dark Angel - Capítulo 83
"¡¿Entonces por qué todo esto?!" Bulma gritó, también intentó ponerse de pie, intimidada por el Demonio que la miraba salvajemente.
"Secuestrarme, pedirle tal sacrificio. ¡¿Y con qué resultado?!" Gritó, la garganta rasposa y adolorida por el excesivo uso.
"Por qué Princesa." Akasha rió de repente, cubriendo su boca con su palma y riéndose a carcajadas. "Ese fue el plan de Draco, no el mío. Su deseo por el collar del honor es su fuerza de impulso. Su envidia por el trono es su inspiración, ¿de qué me serviría todo eso a mí? Yo podría haber tenido el trono si lo deseaba a través de Vegeta. Es mucho más complicado que eso te lo aseguro."
"Entonces explica." Bulma hizo un gesto, inclinándose contra la pared y mirando mientras el Demonio de nuevo tomaba su asiento, corriendo las mechas de cabello negro de sus enrojecidas mejillas y mirando hacia adelante.
"Aunque mi amor por Vegeta sólo creció siglo tras siglo, no fue mucho antes que pusiera mi lado junto a Dracola una vez más, ayudándolo a través de los largos, fríos años e incluso luchando a su lado en la gran batalla de Vampiros y Humanos que eventualmente creó el Armagedón de todas las criaturas, Dios designando un Paraíso en la tierra y el Infierno que los humanos habían creado dentro de sus propias paranoicas mentes. Es una larga, ardua historia, una que no vivirás lo suficiente para escuchar, ni tampoco soy lo paciente suficiente para contar. Simplemente te confiaré esto, al final quedamos Dracola y yo, junto con otros pocos vampiros que había sobrevivido la gran batalla y el más fuerte de la raza humana. Junto a esos que habían luchado por sus vidas y ganaron estaban Vegeta y Kakarotto, agraciados por Dios con olvido y Paraíso."
"Pero no pasó mucho tiempo, como podrás haberte imaginado, antes que el odio una vez más se rechazara entre las dos fuerzas de luz y oscuridad, guerras y batallas se lucharon interminables entre los dos. Yo estuve al lado de Dracola como siempre, mi corazón en mi garganta mientras luchaba contra el Ángel Vegeta, la batalla despiadada y sangrienta como nunca se había visto antes."
"Y luego todo terminó, Dracola derrotado y muriendo en una piscina de su propia sangre, bañado en ella como había sido a través de su vida en la tierra. La inmortal criatura, aparentemente inmutable, había sido dada un golpe de muerte, su corazón arrancado y sostenido dentro de las garras de la mano de Vegeta, sus ojos ardiendo con intensidad."
Los ojos de Akasha se ampliaron y su voz vino más baja, el interés de Bulma alcanzó un punto más allá de la imaginación.
"Y luego sucedió, Dios estirando su rabia contra Dracola por tercera vez, negando su alma incluso entonces al descanso que quería, negándose a dejarlo morir y en cambio enviando su espíritu, su mal y su presencia en Vegeta, fusionándolos en uno solo. El último Demonio. El cuerpo de Vegeta, más fuerte que nunca con el poder del dragón. Incluso la mente de Vegeta permaneció siendo la suya, sus pensamientos y recuerdos sagrados para él mismo. Pero su ira y su temperamento ya no estaban solos como habían estado, acompañados por el creciente espíritu de Dracola, ferocidad más allá del control y poder más allá de la medida. Y como podrás haber supuesto, incluso con tu limitada inteligencia," Akasha alzó la vista, alzando una ceja y esperando una reacción. Bulma no le dio nada en respuesta, simplemente girando sus ojos. "Sus alas eran negras como lo son ahora, sus lágrimas secas por todo el tiempo y su alma nada más que ceniza dentro de su ser. Cualquier amor, cualquier emoción o cariño que hubiera sentido o juntado fue exterminado, haciéndolo incluso más fuerte de o que podía imaginar. Pero había un precio como lo hay con todo." La Demonio señaló. "Cuando la ira de Vegeta estuviera en su máximo punto, más maldad, toda consciencia, todo pensamiento y toda consciencia sería entregada a Dracola."
Bulma jadeó, viendo ante ella los rojos ojos sangre, los colmillos y el mortal intento que había visto frecuente en Vegeta tantas veces, aún siendo lo afectado por ello.
"Ah sí, ahora lo ves." Akasha rió, como si leyendo sus mismos pensamientos. "Todas esas veces que peleaste con él, enterrando el peso de su ira, volviéntote su víctima. Cada vez que estuviste contra él, viendo la nada en su mirada, apenas reconociendo al enardecido ser ante ti. Era porque no podías reconocerlo. ¡Porque NO ERA él!" Rió, mirando la confusión y recuerdos tomando su curso en Bulma, el dolor en esos azules ojos una satisfacción final para ella.
"Y cada vez que lo drogábamos, perdía más y más de sí mismo, de control, Dracola siempre al borde. Yo HABÍA esperado que él te destruyera." Suspiró como si estuviera completamente defraudada. Bulma mirando apenas.
"¿Y de qué te serviría ESO a ti?" El Ángel preguntó con severidad, deseando poder cruzar sus brazos para magnificar la arrogante postura en la que se estaba recubriendo. "¿Conmigo muerta, a qué se entregaría Vegeta? ¿Cómo funcionaría tu pequeño esquema entonces? Sería bastante difícil controlar a Vegeta si no tienes nada con qué chantajearlo, ¿no te parece?"
Akasha giró sus ojos en frustración.
"Como en cada reencarnación de Vegeta nacido y luego matado por su hijo, el espíritu de Draco se propagó y pasaba al momento de la muerte, así su malvada influencia una enfermedad de estos días. Como lo hizo con el padre de Vegeta, también lo hizo él."
Bulma se había quedado en silencio todo el tiempo, su corazón latiendo con violencia dentro de ella mientras intentaba entender todo, preguntas y confusión un constante problema. Sudor comenzó a gotear en su frente mientras tragaba, finalmente entendiendo a un grado todo lo que había tomado lugar. Todo lo que había sido creado con maldad.
"El dragón dentro de Vegeta..." Susurró. "Pero... pero todavía no entiendo." Sacudió su cabeza. "Si sabías que podías haber tenido a Vegeta en cualquier momento que quisieras, ¿por qué ponerte al lado de Draco en lo absoluto? ¿Por qué drogar a Vegeta hasta que perdiera su mente? ¿Por qué hacerlo odiarme? ¿Por qué secuestrarme? ¡¿POR QUÉ MATAR A SU HIJO?!"
La burla de Akasha nunca vaciló mientras escuchaba el aluvión de preguntas, cada una más inútil y sin sentido que la anterior.
"Secuestrarte no fue un plan mío, Ángel." Se burló. "Sólo esperé que por drogar a Vegeta, Dracola saliera y eventualmente se hiciera cargo de ti."
Bulma podría haber sabido el resultado del "hacerse cargo" de Dracola.
"Encontrándote nada más que una sangrienta mancha en el piso por sus propias acciones hubiera vuelto loco a Vegeta."
"¿¡Pero por qué querrías eso!?" Bulma gritó, arrojando sus manos al aire, seguidas por las cadenas. "¡Pensé que lo amabas! ¡¿Por qué hacerlo pasar por tanta miseria?! ¡¿Por qué lo volverías loco?!"
"La locura es la clave Princesa." Akasha dijo, manteniéndose absurdamente calmada en el rostro por todo lo que había sucedido. "¿Me preguntas por qué maté a su hijo? ¿Me preguntas por qué envenené su auto control, arruiné su corazón, quebré su espíritu? Bueno Princesa, escucha y presta atención. Piénsalo, bebé. Cuando la mente de Vegeta finalmente se rompa, se rinda, se quiebre... ¿Quién piensas que tomará el control?"
Bulma intentó poner sus dedos en su boca, sus ojos amplios mientras jadeaba. La verdad. Audaz, flagrante, malvada verdad, golpeándola como una piedra sobre la cabeza. Tan obvia y sin embargo nunca, nunca una vez alguna de estas posibilidades se le hubieran ocurrido. Todas las pistas habían estado allí, las inexcusables batallas de ira, de luchar, de rabia, de olvido tan pronto como el dragón había calmado. ¡La sobredosis! Todo debería haber sido obvio, pero entonces, ¿por qué vería a otras posibilidades cuando su propia desconfiada mente no culpaba a nadie más sino al mismo Vegeta?
Bajó su cabeza en vergüenza, respirando con dificultad, apenas creyendo. Casi lo había empujado al borde, ella quien había sospechado de él, lo había culpado, maldecido en cada oportunidad. Ella era su enemiga tanto como Draco. Tanto como Dracola. Tanto como la hermosa zorra que simplemente la miraba ahora. La que lo amaba más y también la que más lo odiaba. Era absurdo. Es nauseabundo.
"Y ahora," Akasha rió, su tono diferente de algo que Bulma hubiera escuchado alguna vez. Ya no estando lazado con la falta de sinceridad, la espesa dulzura, el patético tono de campana. Era audaz, y brutal y gutural. Áspero y gorgoteando como si se deslizara de su garganta, rebotando en las paredes mientras reía, sus diminutos colmillos brillando desde abajo de sus negros labios.
"Ahora eres TÚ la que traerá su locura JUSTO como lo predije. JUSTO como quería. Te verá morir, te verá quemarte, y su alma, su espíritu, su mente lo que Demonios quede dentro de él, se irán en el humo, ¡como tú! A través del corazón de esta montaña, profundo en una cueva que viajaremos al otro lado... y allí estará, en el mismo lugar que perdió su propia alma. En el lugar de entierro de su hijo y tu futura tumba."
La voz de Akasha había bajado más, su tono masculino y profundo, sonando como si el Demonio mismo estuviera dentro, hablando por ella.
"No..." Bulma susurró, su corazón saliendo contra su pecho. "Él... él está dentro tuyo, ¿no?"
Una resonante risa fue su respuesta, el hermoso rostro retorcido con fea ira y la cabeza inclinándose hacia atrás mientras la sonaba. Las danzantes velas revelando la agrietada y rota piel que nunca había sido vista antes, brillando a través de los rotos pedazos de un destrozado cráneo. Una herida que hubiera MATADO a cualquier alma que hubiera sido la portadora de esa violencia.
El Ángel sacudió su cabeza en incredulidad mientras el monstruo continuaba riendo, sus alas de pluma eventualmente tocando la piedra detrás de ella.
"Lo que sea que tome." El Ángel susurró, su voz temblando. "Lo que tome para volverlo loco. Tomar su mente. Él era la forma correcta, justo como Dracola y ahora quiere a Vegeta. No a su mente, sino..." Tartamudeó. "Sino su cuerpo. Dracola será Vegeta."
La cabeza del monstruo cayó hacia adelante, los ojos goteando con sangre mientras las venas se juntaban en golpes, brillando completamente escarlata en la sombría habitación y el rojo humo ardiendo de sus párpados y disipándose en segundos.
"Ahora lo entiendes querida." La criatura dijo, la voz de Akasha ahora completamente ida, reemplazada por un tono profundo, varonil y satánico.
La poseída Akasha estuvo de pie, moviéndose fuertemente como si el mismo cuerpo estuviera muerto, los miembros siendo movidos torpemente como si fuera una marioneta. Los pies con sandalias arrastrados a lo largo del arenoso suelo, arañando y rascando, los ojos e intento de dirección en Bulma que rápidamente trató de retroceder, encontrándose atrapada contra la pared.
"No puedo esperar a ver su rostro." La criatura susurró, cerrando la distancia entre ellas. "No puedo esperar a olerte quemar, ver la piel goteando de tus huesos mientras que él no puede hacer nada sino mirar, sino esperar que te hayas ido."
Luchó con las cadenas, los ojos amplios con miedo mientras gritaba, la cosa casi tocándola. Era Akasha sí, en la forma. Pero la manera en que se movía, muy aguda, muy rápida, los movimientos sobrenaturales. La cabeza inclinada y los ojos saltones, llenos de sangre.
"Y luego seré libre de este tormento, esta prisión."
La fría, pegajosa mano entró en contacto con su piel, humedad y sudor deslizándose a través del lazo de su negro vestido y empapándolo completamente que podía sentirlo mojado sobre su carnoso brazo.
"Dios me ha castigado por mi arrogancia." Siseó, el frío aire huyendo de sus pulmones que no respiraban como si el cuerpo estuviera verdaderamente muerto, apenas un automatizado cadáver.
"Ahora yo SERÉ un Dios una vez más."
"N-no." Dijo ella, su pecho presionado contra él mientras inclinaba hacia atrás su cuello, la cabeza mirando a otra dirección mientras cerraba sus ojos.
"Sí..." Dijo, besando su expuesta garganta mientras ella se estremecía en asco.
"Y no hay nada que puedas hacer al respecto."
"No te creo." Gritó, girando su rostro hacia la cosa. "Estás mintiendo, tú-"
La cueva se llenó con sus gritos mientras la podrida carne de la criatura se derretía, los blancos huesos debajo brillando en la tenue luz. El descubierto cráneo debajo parecía sonreirle, la mitad de la carne todavía aferrada a los enconados pómulos. El alguna vez hermoso cabello de Akasha colgaba suelto del sucio cuero cabelludo, pedazos de costras sobre el agrietado suelo, grandes mechas de cabello cayendo con ellos.
Roja neblina de sangre voló frente a sus ojos, una nada más que una vacía cuenca con venas colgando debajo. Y luego la criatura realmente sí sonrió, su boca sin labios abriéndose y su podrida lengua mostrándose, deslizándose de un lado a otro, casi de un pie de largo mientras lamía su garganta, su saliva ardiendo y sin embargo congelando al mismo tiempo. Gritó con cada pulgada de su gruesa, gorda lengua sobre su mejilla, el asco y la muerte cubriéndola mientras cerraba sus ojos, sus uñas hundiéndose en la roca detrás de ella.
Sólo podía escucharse gritar una y otra y otra vez, el mero sonido era todo lo que escuchaba en su mente mientras se hundía incluso más en el palpitar de su corazón, incluso la sensación de la lengua del monstruo y el hedor. Sintió a su piel temblar, sus labios trémulos mientras sostenía a sus ojos cerrados tan fuertemente que realmente dolía.
"Bulma."
Ignoró la voz, el tono masculino de la bestia que sin duda estaba frente a ella, la mohosa carne que colgaba de sus pálidos huesos, incruento por el tiempo.
"¡Bulma!"
Abrió sus ojos, curiosidad, miedo y pánico consumiendo todo pensamiento racional. La luz tocó su cabello con forma de llama, sus hermosos ojos enterrándose en ella suavemente, leve preocupación en su expresión. Esos suaves labios borgoña se movieron en su fruncir clásico y sus manos descansaron sobre sus hombros suavemente, casi vacilantes.
"¿Vegeta?" Dijo, su voz temblorosa mientras decía el nombre. Mientras el fruncir de ceño se profundizaba en el hombre, su corazón se hundió, cuatro profundas heridas ensombreciendo su mejilla, cicatrices de su propio hermano.
"No seas estúpida." Draco gruñó malhumorado, levantándola por los brazos y sujetándola contra la pared. Estaba demasiado cerca, su mera presencia intimidatoria y oscura, sus suaves labios sólo a una pulgada de los suyos mientras la miraba. Parecía estar calculando, pensando, procesando dentro de su mente. Sus ojos se movieron de un lado al otro siguiendo a los de ella, nunca realmente dejando su mirada sino examinándola febrilmente.
Y luego asintió, más para sí mismo que para nadie más, tomando una llave de su pecho y desencadenándola de la pared, los grilletes tintineando contra el suelo mientras él parecía dejarlos caer.
"Sí." Murmuró para sí mismo. "Definitivamente me entregará el Infierno."
Y con eso la puso sobre su hombro con gracia, un minuto mirándolo, al siguiente contemplando el suelo debajo de sus ojos y su propio cabello volando en su rostro. Con cada paso que daba su cabeza se movía de manera irritante de arriba a abajo, su visión volando de un lado a otro. En vano intentó golpear sus puños en su espalda, sabiendo que prácticamente no le haría nada para perjudicarlo sino la habilidad de usar sus manos libremente una vez más e infringir alguna cantidad de dolor sobre su captor, leve como pudiera ser.
"¡Bájame tú enorme patán!" Gruñó ella, tentada a hundir sus dientes en su espalda y a arañarlo, sólo para cambiar de parecer ante el burlón rostro de Akasha aparecido detrás de ella, despertando la visión en su mente una vez más. La podrida carne, la pegajosa, gruesa lengua y el sonriente cráneo.
"¡DRACO! ¡DRACO!" Gritó, entrando en pánico mientras Akasha simplemente sonreía, cruzando sus brazos y siguiéndolos a través de los torcidos pasillos y caminos de la cueva.
"Akasha ella no está... ¡Ella no está viva! ¡Ella va a matarme!"
Aparentemente ninguna de sus divagaciones hacían diferencia alguna para él, porque su velocidad no disminuyó, si algo podía levantar el ritmo mientras marchaban a través de la oscuridad.
"No. ¡NO!" Gritó ella, retorciéndose sin descanso en su agarre.
"¡Tú no entiendes! ¡A ella no le importa que tú seas Rey! Ella quiere despertar a Dracola y-..."
Y no supo nada más.
El calor era abrasador, el mismo viento quemando mientras soplaba su rostro y ojos, su velocidad nunca disminuyendo incluso mientras era obligado a parpadear varias veces ante la sequedad y el ardiente dolor que causaba. Era como estar en un sauna, cada aliento quemando su camino en su cuerpo, sofocante, asfixiante. Ninguna humedad llenaba el aire, sólo seco, ardiente calor.
La superficie del suelo volaba debajo de él, la decrépita, agrietada tierra girando debajo de su vista, las rasgadas líneas manchadas por sus enormes sombras alzándose sobre ella. Sus grandes alas se sirvieron bien, los grandes miembros de cuero golpeando en el aire e impulsándolo hacia adelante con increíble velocidad, aligerándose sólo levemente mientras Radditz luchaba por seguir su propia impresionante velocidad, aunque fallando en tanto como Vegeta se preocupaba.
Parecía como si el guardia estuviera reluctante a ir, su velocidad, toda su actitud gritaba vacilación. No había dicho una palabra desde la carta que había encontrado en la habitación de Vegeta, su silencio incómodo para Vegeta quien, en el momento, necesitaba su guía, aprobación, conocimiento... ¡compañía! ¡ALGO!
Pero no. Simplemente volaban en silencio, ninguno hablando o incluso mirándose mutuamente mientras se alistaban para cualquier monstruosidad por o batallas que pudieran tener por delante. El viaje mismo fue un presagio en un sentido, el estómago de Vegeta en nudos como, por tal vez primera vez en su vida, confidentes que estaban disminuyendo y dudas que corrían una porquería en su sistema.
¿Fue porque tenía algo por qué vivir por ahora? Todos esos años de temeridad suicida. Todas esas veces de negarse a preocupar, negarse a dar marcha atrás incluso frente a los enormes obstáculos. ¿Había sido porque perder no era un destino tan terrible? ¿Porque al final... realmente no había nada QUÉ perder?
O porque por una vez no fue su propio bienestar lo que estaba en la línea. No era SU vida la que yacía en la palma de la mano de alguien, su mismo ser a merced de Draco. Era la de otra persona. Alguien que importaba. Alguien precioso, alguien sin quien pudo vivir antes, sin quien no podía vivir ahora.
La idea lo enfermaba tanto como lo convencía. El gran Rey Demonio, reducido a nada a la muerte de una mujer, un Ángel no menos. Y sin embargo, sabía incluso entonces, ya no más escondido dentro de sí mismo, que era cierto. Lamentable, asquerosamente cierto. Ah, como odiaba su sabor incluso ahora.
Tantos años que había evitado este lugar, yendo más lejos y más allá de lo que era necesario para nunca verlo, nunca recordar. Habían pasado ocho años desde que había estado aquí y sin embargo recordaba la manera perfectamente, su corazón hundiéndose con cada milla que abarcaban.
Cerró sus ojos al viento, viendo al pequeño niño colgar de la mano de Akasha como siempre, el miedo y confusión siendo visto incluso en los grandes, negros ojos que se enterraron en él. El grito. Era tan fresco en su memoria ahora como nunca lo había sido, el mero sonido haciendo eco en su mete haciendo a su carne temblar involuntariamente.
El abismo. El lugar donde su primer recuerdo feliz fue creado, abrazando a Akasha en sus brazos y girándola, su futura esposa, su prospecto de un futuro sin soledad. El abismo, donde los sueños habían sido hechos y un espíritu había sido aplastado. Es curioso cuan irónico era todo. Tal felicidad tan destrozada. ¿Cómo podía recordar un momento tan maravilloso en su vida cuando había sido quemado en cenizas dentro de un año? Quemado en cenizas, al igual que su hijo. Su hijo. Su bebé.
"Tienes que ser valiente Vegeta." Radditz dijo de repente, como siempre, su hermano mayor en rutina metiéndose ante la señal de la incomodidad. "Recuerda lo que sabes. Recuerda lo que eres."
Y luego no dijo más, el rostro directamente apuntado hacia adelante, sus ojos concentrados intensamente y su boca en una fina línea recta. Su hermoso rostro estaba decidido, resuelto en su mirada, sus músculos abultados mientras luchaba por mantenerse al ritmo con la velocidad del REy, su largo, ondeante cabello rasgando a través del aire mientras luchaba contra el viento con sus alas.
Allí estaba.
El corazón de Vegeta se hundió en sus entrañas, su garganta secándose y sus alas acercándose lentamente mientras se aproximaban. Las montañas cubrían a todos lados, los puntos nada más que un gran agujero negro en la distancia. Tres puntos estaban de pie en la entrada de una cueva, dos completamente negros, el que estaba entre ellos blanco.
Akasha, Draco... Bulma.
La realización lo golpeó mientras sus alas golpeaban el aire rudamente, su velocidad volviéndose extraordinaria como si se lanzara hacia ellos, los ojos feroces y con intención.
"¡Tranquilo Vegeta!" Gritó Radditz, aunque su voz no era nada más que un susurro en el viento mientras el Demonio se arrojaba a una impresionante velocidad hacia el trío, su corazón golpeando contra su caja torácica mientras se acercaba al suelo, sus pies aterrizando primero mientras caía con gracia.
Parecía que todo lo que hicieron era mirar a esos primeros pocos minutos, el aire grueso y la situación intensa mientras los dos hermanos se miraban mutuamente, de pie y haciendo increíble contacto visual, nunca si quiera parpadeando. Akasha estaba de pie al lado de su oscuro amante, sus brazos alrededor del tembloroso Ángel y una larga, negra uña peligrosamente cerca de la fina garganta. El arenoso aire azotaba a través de su cabello, las fluidas mechas negras deslizándose como finas serpientes en el viento, chocando contra el cielo rojo sangre sobre ellos.
Los ojos de Bulma estaban como apenas los había visto rara vez antes, amplios con puro terror, la boca torcida en asco y repulsión, por lo que, no sabía. Pero parecía que trataba de espiar su camino fuera del incómodo agarre sin descanso, su cuerpo alejándose tanto como era posible del Demonio que la sostenía fuertemente. Incluso sus pies se movieron irratos sobre el arenoso suelo, moléculas de mugre volando a través del viento mientras hundía sus pies en él, tirando y jalando para ser liberada, algo que la arrogante sonrisa de Akasha prometía que no sucedería pronto.
"Si quieres ver dentro de diez minutos," Vegeta dijo en una voz baja, sus ojos nunca alejándose de Draco. "Te sugiero que la sueltes, Draco."
Pero el otro Demonio simplemente rió, el áspero tono casi una exacta réplica del su hermano más joven, incluso su sonrisa extrañamente parecida. De hecho, el parecido que compartía era impecable, voy tan lejos como decir que era inquietante. Su posición, su arrogante postura. Era la misma, a través y por medio de, a pesar de las pestañas más largas y los labios más oscuros que Vegeta lucía, junto con las alas más grandes y el cabello corto.
"¿REALMENTE piensas que va a ser así de fácil?" Draco continuó riendo, una irritada mirada escalando sobre la enfurecida expresión de Vegeta. "¿Podemos SONAR un poco más cliché Vegeta?" Continuó. "Piensas que si atravesara por tanto problema para obtenerla, tú danzando aquí y demandándola de vuelta haría alguna diferencia en mí. Así que sácame de tus heroicos discursos y cortemos la persecución de mierda."
"¿Cliché Draco?" siseó, girando sus ojos. "¿Cuan predecible eres? Por favor. ¿Secuestrarla, chantajearme? ¿Qué carajo original es eso?"
El ceño fruncido en el Rey Demonio se profundizó mientras cruzaba sus brazos, levantando su cabeza y mirando en absoluto odio al ser que una vez había llamado hermano. El enemigo que ahora amenazaba al Ángel, tratándola rudamente mientras la agarraba por el cabello, hundiendo todo su puño en sus preciosas mechas blancas y sacándola del agarre de Akasha.
Su interior se torcía en una gran, carnosa bola ante la escena, su garganta llenándose con bilis mientras escuchaba el grito de ella hacer eco a través de su mente. Draco la empujó hacia adelante, como si Vegeta se ATREVIESE a tomarla, a intentar algo, darle una excusa para arrancar su cabeza limpia de su frágil pequeña garganta.
"Ah ah ah." Draco dijo con desprecio, usando su mano libre para apuntar su dedo a Vegeta. "Un paso y ella pesará ocho libras menos niño Veggie."
El Demonio rió, mirando el odio y la frustración aparecer en las facciones del otro hombre. Las cejas se juntaron con furia juntas, los labios asomándose amenazantes, yéndose hacia atrás para revelar los mortales colmillos.
"¿Qué quieres?" Vegeta gruñó, calculando la posibilidad de correr a su hermano.
"Oh Vegeta." Draco suspiró dramáticamente. "Tú SABES lo que quiero."
"VEGETA NO CONFÍES EN ÉL, NO-." Bulma fue interrumpida por un puño en su mejilla, su cabeza girando a un lado y un grito escapando de ella. Draco retiró su mano, preparándose para golpearla una vez más si hablaba de nuevo, sus ojos prometiendo que sería su último golpe.
De repente sus ojos se deslizaron a Vegeta, el aire alrededor de ellos golpeando con electricidad azul mientras el poder del Demonio subía por las nubes, el suelo vibrando con las ondas de choque que estaban saliendo a través de la atmósfera. Los ojos de Radditz se ampliaron notablemente mientras la presión lo golpeaba como un campo de fuerza, alejándolo del Rey, sus pies deslizándose en el polvo mientras era obligado a moverse hacia atrás.
"¡Vegeta no!" Radditz gritó, cubriendo su rostro con su brazo mientras las partículas de polvo y arena asaltaban sus ojos, sus dientes apretados mientras gruñía profundo en su garganta. "¡Cálmate maldita sea! ¡Esto no puede ayudar!"
Pero el Demonio se negaba a escuchar, las rodillas dobladas como si estuviera listo para lanzarse y arrancar a su hermano en pedazos de gruesas pulgadas. Sus dientes estaban apretados y rechinaban juntos mientras incrementaba su poder, roja aura envolviéndolo y haciendo su apariencia mucho más monstruosa mientras Draco visiblemente retrocedía.
"Draco." Siseó salvajemente, su voz más profunda de lo habitual, lazada con un satánico bajo tono. "Si pones una mano sobre ella una vez más, te veré morir lentamente. Te lo PROMETO."
Draco se enderezó, aclarando su garganta y poniéndose derecho una vez más, aplastando al Ángel contra él.
"No creo que estés en posición alguna para hacer demandas mi pequeño malhumorado hermano. Quiero la corona y VOY a tenerla con o sin todos sus apéndices intactos."
"Nunca." Vegeta susurró, permitiendo a su nivel de poder hundirse levemente, aunque todavía increíblemente intimidante.
"¿De verdad?" su hermano susurró, violentamente jalando a Bulma incluso más cerca, sosteniendo su rostro con su mano y haciéndola mirar al Demonio. "¿Te gusta vela así?" gritó en una ruda voz, los ojos de Bulma rogando y con lágrimas. "¿¡Te gusta ver su dolor, verla gritar!? ¡¿TE GUSTA VERLA MORIR?!"
"¡NO!" Vegeta gritó mientras Draco hacía un puño apretado, liberando sus garras y sosteniéndolas contra la garganta de Bulma. Un gritó escapó de ella mientras se movía hacia atrás, visiblemente luchando contra lágrimas y sollozos que intentaban escapar de ella en el pánico.
"¿¡NO!? ¡¿NO?!" Draco gritó, sus pies deslizándose hacia adelante en el polvo, sosteniendo a Bulma con él. "¡Entonces dame mi derecho de nacimiento!" Tocó las puntas de sus garras contra su cuello, las venas sobresaliendo mientras ella giraba su cabeza de un lado a otro. "Dame mi derecho de nacimiento y la liberaré."
"¡Vegeta, no!" Bulma lloró, ambas manos agarrando la muñeca de Draco mientras él las sostenía contra su garganta. "¡Piensa en todas esas personas que matará si tiene el trono!"
"¡Cállate puta!" Draco gritó, apretando su estrangulador agarre en su garganta.
"¡No!" Gritó ella, luchando y retorciéndose. "¡Piensa en los niños Vegeta!" Gritó, la voz tensa por la pequeña cantidad de aire que estaba recibiendo. "¡Piensa en Gohan! ¡Piensa en todas esas personas que sufrirán!"
Draco ahora la tenía de punta de pie, su codo agarrado fuertemente alrededor de su cuello mientras ella luchaba por aire, el rostro rojo y las venas mostrándose alrededor de sus sienes. Sólo podía mirar al cielo, los vasos sanguíneos espesos en sus lechosos blancos ojos mientras inhalaba áspera y rápidamente.
"Piensa... en... los niños." Susurró. "Piensa en los niños, justo... justo como tu hijo."
Draco la arrojó al suelo, su cuerpo golpeando el suelo duro mientras ella simplemente yacía allí, jadeando por aire. Ella hundió sus dedos en la mugre y la arena, el viento soplando su blanco cabello de un lado a otro mientras simplemente se movía por completo, las partículas de polvo obstruyendo sus pulmones mientras inhalaba.
El temperamento de Vegeta estaba ardiendo, el dragón dentro arañando contra su interior, rogando por ser liberado.
"¡Es momento Vegeta!" Draco gritó, una vez más poniendo a Bulma de pie de su cabello. Ella ni siquiera protestó, apretando sus dientes por el dolor y quedándose inmóvil y débil en sus brazos.
"Dame el trono o mírala morir." Bajó sus ojos.
"Haz. Tu. Elección."
El viento aulló, el sol cubierto por negras nubes y la oscuridad cayendo sobre la superficie del suelo, negras sombras trazando las montañas que los rodeaban. Su corazón latía en sus oídos, acompañado por el penetrante viento.
De repente el suelo comenzó a temblar, la temperatura subió vertiginosamente tan caliente como la lava arrojada a cincuenta pies en el aire, el latente abismo despertando. El viento era abrasadoramente caliente, moviéndose solo convirtiéndose en un desafío mientras el magma se lanzaba hacia arriba, olas de calor ardiendo sobre ellos. Y luego cayó de nuevo, chocando en el agujero una vez más.
Pero Vegeta no estaba allí. Al menos no mentalmente.
Estaba viéndola por primera vez.
El blanco cabello, feroces ojos, su resplandeciente tono de piel. No la rota, llorona criatura que era sostenida prisionera por su cruel hermano, sino la valiente niña que había venido al Infierno luchando, nunca rindiendo la esperanza, nunca olvidando de dónde era. Había luchado contra él implacablemente, haciéndolo odiarla, haciéndolo quererla.
Vio su primer beso, vacío, sin significado. Porque entonces, había sido todo un desafío para él. Superficial, estúpido. Sólo alcanzar lo inalcanzable. Llegar, conquistar lo imposible para decir que lo había hecho. Toda una gran conquista. Y luego había cambiado. ¿Cuándo lo había hecho? ¿Desde el principio? ¿A la mitad? ¿O simplemente se estaba dando cuenta de su potencial ahora?
El viento se movió a través de su cabello, caliente y ardiente, aunque ignoró su tacto, sintiéndola sólo a ella a su alrededor, los brazos apretados tan fuertemente alrededor de su vientre, apenas podía respirar. Oliendo su piel, escuchando su aliento, tocando su cabello. Lo inalcanzable alcanzado. Conquistado. Y sin embargo, recién había comenzado y sabía como había sabido dentro de las garras de su asfixiante abrazo, que la vida... la vida sin ella... no era vida en lo absoluto.
'Bulma...' Pensó en su mente, deseando poder llegar a ella, asegurarle, explicarle por qué tenía que hacer ahora, qué nunca pudo haber hecho antes. 'Rezo que entiendas algún día por qué tengo que hacer esto. Espero...' cerró sus ojos, sintiendo su corazón pesar dentro de él. "Espero que algún día me perdones."
Miró a Radditz, los ojos suplicando por una respuesta, por el gesto que podía llevarlo a la dirección correcta. El soldado simplemente bajó sus ojos, negándose a dar algún reconocimiento de los deseos de su Rey.
"Es tu elección Vegeta." Dijo con firmeza, sin encontrarse con la mirada del Demonio. "Elige."
Y mirándola, el corazón pesado con orgullo, sonrió, sinceramente, verdaderamente por primera vez que pudiera recordar. Pudo verla tensa, sus ojos incrédulos mientras sacudía su cabeza, shockeada.
"Estaré contigo." Susurró, apenas diciendo las palabras que enviaron un golpe a sus rodillas, lágrimas cayendo de sus mejillas y haciendo charcos en oscuros puntos en la arena. Arrojó sus puños a la tierra, dientes apretados mientras lloraba, párpados cerrados tan fuerte para luchar contra las lágrimas.
Vegeta sintió sus rodillas temblar debajo de él, encontrándose levantado en una pierna, y apoyado por su rodilla. Puso su mano sobre su corazón, apretando su puño hasta que se volvió blanco, sus dientes rechinando en su cabeza. Mirando a Draco de manera amenazadora, bajó sus ojos, susurrando palabras que siempre pensó que moriría antes de decir.
"Ya no eres más mi hermano. Sino mi Rey."
"¡HECHO!" Gritó Draco victorioso, moviéndose a través del Ángel que había colapsado en su dolor. Akasha se quedó completamente en silencio, mirando la escena con enferma diversión. Parecía como si el mundo no estuviera cambiando a su alrededor. Como si nada serio estuviera siquiera ocurriendo mientras ella simplemente se quedaba atrás y observaba una situación que podía cambiar a todo el universo. El Infierno sería gobernado por otro. Todos los tratados o posible equilibro serían arrojados en última instancia y una era más oscura que incluso ahora agarraría la tierra.
Draco agarró el bicep de Vegeta, poniéndolo de pie y riendo furiosamente por su triunfo.
"¡Finalmente!" gritó, sus blancos colmillos brillando en la tenue luz, su cabello siendo volado por el áspero viento.
"¡El Infierno es mío como estaba destinado a ser!"
Con esa extrema presión fue aplicada a la parte de atrás del cuello de Vegeta, el collar de honor, el honor de la familia y el suyo fue arrancado, para no ser puesto nunca más en la garganta de cualquiera de su descendencia, una hermosa cadena de tenaces Reyes en su propia línea de sangre siendo reducida a la nada.
Vegeta mantuvo su vista baja, su mentón casi sobre su pecho mientras era llevado hacia la cueva, la arena azotando sus ojos.
"No importa." Dijo en un tono bajo. "En tanto y en cuanto la Princesa sea liberada."
"Y lo será." Draco le aseguró sonriendo. "Dije que la liberaría, y tú..." dijo malvadamente. "Vivirás. Y tú morirás sin libertad."
Los filosos ojos de Vegeta se dispararon a los de él, haciendo contacto, la boca puesta en una expresión de incredulidad.
"¿Quieres decir que no vas a matarme?" dijo patéticamente, inseguro de qué sería lo mejor. ¿Una vida de esclavitud, vergüenza, fracaso? ¿O una noble muerte por una causa más grande?
"¿Piensas que te bendeciría con tal final?" Draco susurró, su agarre apretándose dolorosamente, sus afiladas uñas hundiéndose en el cuero del brazo de Vegeta. "¿Piensas que después de todo lo que me has hecho, la desgracia, el trato, la traición-?"
"¡¿TRAICIÓN?!" Vegeta gritó con rudeza, girándose hacia su captor. "¡¿Te ATREVES a decirme tal cosa?! ¡Tú no eres más que una traicionera serpiente, un vil, bajo, ínfimo pedazo de basura que recurres a secuestrar por rescate para obtener algo que DEBERÍA ser conseguido por una batalla!" Se había detenido completamente, los ojos ardiendo con odio.
"Tú me traicionaste a MÍ, tu carne y sangre por una corona que podría haber sido obtenida a través de conquistarme. ¡Debilidad! ¡Penoso! ¡Patético!" escupió cada palabra como si fueran un párrafo por sí solas, cada una cortando como un cuchillo en su hermano. "¡Padre estaba tan PUTAMENTE orgulloso de ti! ¡Bueno mírate ahora! Mira al triste bastardo que se desmorona y recurre al chantaje paga recuperar lo que fue suyo en primer lugar. ¡Se arrancaría su propio corazón de la VERGÜENZA!"
La garra bajó contra su rostro, su visión arrojada hacia adelante a un lado y sangre rociando en sus ojos. El dolor no fue nada al principio, escalando a severas quemaduras, cálida humedad fluyendo por su cuello. Alzó la vista hacia el rostro de Draco también rociado con una fina bruma de carmesí, las hojas de la garra teñidas con sangre que goteaba.
"¡VEGETA!" Gritó Bulma, de repente a su lado, sosteniendo su rostro entre sus manos y deteniendo la sangre de brotar de su mejilla. Sus manos eran frías contra su ardiente carne, sus lechosos ojos azules relajándolo, calmando su interior.
Lágrimas fluían por sus mejillas en ríos, haciendo charcos y luego goteando hacia el suelo o deslizándose por su cuello. Sacudió su cabeza, sosteniéndolo más cerca, dejando que la sangre de su ardiente mejilla se mezclara con sus lágrimas.
"No hagas esto." Susurró en su oído, Draco de pie detrás y observándolos con ferocidad, su aliento saliendo en jadeos mientras contenía su propio temperamento. Fastidioso arrojó el honor en su garganta, agarrándolo firmemente en su lugar y sacando su pecho con orgullo.
"Por favor no hagas esto." El Ángel susurró a Vegeta, su voz temblando.
"Bulma," susurró él, cerrando sus ojos e ignorando el miserable dolor. "Bulma escúchame."
La tomó fuertemente contra él, por primera vez sin importarle quien miraba, quien sabía, quien podía decir cuanto se preocupaba por ella. Había una extraña libertad en eso. En saber que, incluso si era la última vez, el mundo lo sabría. El mundo vería y atestiguaría el cambio en él.
"Desde la primera vez que te vi supe que podías cambiarme." Susurró, sosteniéndola fuertemente contra él. "Eras tan hermosa..." Lloró.
"Sólo... sólo tan hermosa y yo... sólo mirarte me hizo sentir algo. No sabía, qué era, por qué estaba allí, si había incluso estado allí antes, o si había estado allí todo el tiempo y tú simplemente lo despertaste dentro de mí. Pero había algo sobre ti y te odié por eso." Alzó la vista. "Dios, cómo te odié por eso. Más cerca venías, más lejos te alejaba."
Tragó duro, apretando sus dientes fuertemente. "Pero no puedo alejarte más." Su voz se quebró mientras aflojaba su agarre en ella, mirando a sus ojos. "Sé ahora que nunca podría alejarte. Más duro lo intento, más cerca vienes, más profundo dentro de mí. Eres parte de mí ahora, como yo lo soy de ti."
Levantó su mentón con su dedo, besándola profundamente, sintiendo la calidez de la sangre filtrarse en sus ojos mientras cerraba sus párpados.
"Y nunca te dejaré." Medio lloró, sus labios temblando mientras la acercaba más, su propio cuerpo temblando mientras ella convulsionaba, el cuerpo roto con su llanto. "Estaré contigo... ¿está bien?" dijo, sacando su cabello de su rostro y mirándola de manera aseguradora a los ojos.
"No." Susurró ella, sacudiendo su cabeza y mirándolo en incredulidad. "¡Me niego a esto! ¡No iré! ¡No me pidas que te deje aquí!"
"¡Bulma ve!" gritó él, empujándola al suelo lo más suave que pudo, su corazón rindiéndose con el dolor.
"¡No!" Gritó ella, levantándose sólo para ser agarrada por Akasha, quien la empujó hacia atrás, tomándola de Vegeta. Sintió su cuerpo ser arrastrado hacia ella, cada fibra de su ser rogando estar cerca de ella, sólo abrazarla una vez más. Sólo una vez más. Sólo por la eternidad...
"¡No Vegeta!" Siguió gritando, saltando hacia él incluso mientras era sostenida en el fuerte agarre de Akasha. "¡No!... ¡Lucha! ¡Lucha! ¡Sé que puedes! Sé..."
De repente se arrancó del agarre de Akasha, su fuerza sobrenatural mientras se lanzaba hacia él. Su mera fuerza solamente casi lo dejó inconsciente, sus brazos arrojados alrededor de su cuello mientras lloraba, sosteniendo su rostro en sus manos y besándolo.
"Volveré por ti." Susurró en sus labios. "Nunca te dejaré ir. Me mantendré luchando." Lloró, besando su boca de nuevo, dejando las lágrimas deslizarse por sus mejillas. "Siempre."
"Lo sé." Susurró él.
Con eso él la soltó, mirando mientras era empujada con fiereza por Akasha, sus propias muñecas siendo encadenadas a la base de la montaña, para siempre para mirar al abismo que fue la tumba de su hijo.
"Sólo quiero saber una cosa." Le dijo a Draco suavemente, los ojos todavía mirando a Bulma mientras ella lo miraba a él, siendo arrojada hacia atrás contra su voluntad. Draco estaba sonriendo mientras ponía el último grillete en la muñeca de su hermano. Irrompible metal, fuerte, doloroso y firme, sostenido y metido en el mismo núcleo de la montaña.
"Cómo." Dijo. "¿Cómo lo hiciste? ¿Cómo sabías todo lo que pasaba entre nosotros, dónde estaríamos, por qué iría a entregar todo por ella? ¿Cómo me envenenaste?"
Draco sonrió arrogante, apuntando hacia la entrada de la cueva que estaba a la izquierda de Vegeta, su brazo sostenido fuertemente por los grilletes y su espalda presionada contra la piedra de la base de la montaña.
"Podrás llamarme un cobarde Vegeta." Rió. "Pero al menos no soy un tonto ciego como tú. Tuve ayuda, por supuesto." Alardeó, sosteniéndose derecho. "Alguien que te conocía muy bien, alguien que siempre sabía donde estabas, qué pasaba, a quién querías, qué tomaría para derrotarte. Qué tomaría para que ella huyera de ti y se dejara abierta. O, dónde poner la Ceniza que lentamente te volvió loco."
Vegeta sintió su corazón endurecerse y sus ojos se ampliaron mientras una extraña, enferma idea vino a él.
"Realmente no conoces a todos tus soldados tan bien como piensas, ¿no es así Radditz?" rió.
El sonriente rostro de Radditz salió de la cueva, los ojos brillando con malicia.
"Buena elección." Sonrió con maldad. "Mocoso Rey."
