Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Ángel Oscuro
(Dark Angel)
Un fic de Camaro
Traducción por Apolonia
"Mi papá solía llevarme a volar a veces incluso si mis alas eran demasiado grandes y se metían en el camino." La voz del joven Gohan había dicho.
"Ah Gohan, no deberías preocuparte tanto por eso." Se encogió de hombros. "Sabes... mis alas fueron siempre demasiado grandes para mí cuando era más joven."
"¡¿De verdad?!"
"De verdad."
"Sólo tienes esa triste mirada en tus ojos."
"Papá solía tenerla a veces. Se ponía triste cuando pensaba en mamá."
"Murió al tenerme. Ojalá la hubiera conocido."
"Papá decía que era realmente hermosa y cuando sonreía, los fuegos en el Infierno se volvían de un rojo más profundo, sonrojándose. Susurró una vez que cuando la conoció, supo que la vida nunca sería la misma y que incluso en el Infierno... incluso en el Infierno había encontrado el Paraíso."
"¿Extrañas a tu mamá?"
"Realmente no la conocí... murió probablemente cuanto tenía seis... tu edad."
"¡No tengo seis, estúpido! ¡Tengo ocho!"
"Mi hijo murió no muy lejos de aquí."
"¿Es por eso que tus ojos siempre se ven tan tristes?"
"¿Mis ojos se ven tristes?"
"Lo veo cuando miras lejos a veces."
"Ves a algo que no está allí y... y sabes que no está allí y tus ojos lo extrañan. Como..."
"Como algo que se supone que esté junto a ti y se ha ido."
"¿Es tu hijo el que está faltando?"
"Está bien Veggie... yo también extraño a mi papá."
El rostro de Goku fue arrastrado mientras el grueso, carnoso puño de la mano de Draco se arrojaba en él, dejándolo casi inconsciente mientras golpeaba el suelo con la cara, sus mejillas plantadas en la arena mientras yacía allí, apenas respirando mientras entendía toda la escena.
Vegeta se quedó quieto como se podría imaginar, semejante a una gárgola con sus alas levantadas ferozmente detrás de él, los ojos amplios con incredulidad y un dolor que nunca había sido visto antes. Movió sus pies, tan tranquilo y sin embargo tan audible con sus emociones erosionando en sus facciones.
"No..." susurró, los hechos pasando una y otra vez. La edad, el parecido, la situación. No... Dios, no.
Era como si estuviera viendo al niño por primera vez. Ya no era más Gohan: sino su hijo. No podía ser. Cada fibra, cada pulgada, cada capricho o deseo que pudiera pensar para decirlo Una mentira. Todo.
Pero el parecido no podía mentir tan bien como él podía, sus ojos entendiendo por lo que había sido la primera vez. La pequeña, afilada nariz del rostro del niño, profundos labios borgoña y un mentón tan parecido al suyo, parecía como si un tonto lo pudiera pasar por alto a primera vista. Y esos grandes, hermosos ojos, redondos y amplios como los de Akasha, demasiado grandes para su pequeña cara de cupido. Las suaves redondas mejillas, la ronca voz, fuerza más allá de lo que era normal para su edad. Y las alas, demasiado grandes, demasiado bien formadas, demasiado poderosas para alguien tan joven.
"Gohan." Sólo pudo susurrar, ya no más sintiendo la cadena alrededor de su muñeca, sino la trampa alrededor de sus adentros, enterrando cada emoción y la secreta creencia en lo que odiaba admitir podría verdaderamente ser. El dolor ya no registrado físicamente, sino mentalmente, ¿emocionalmente? Era como un vicio en su alma, pesando en él hasta que casi chocaba con sus rodillas, cada recuerdo apareciendo como un disco rayado.
Él había VISTO a su hijo quemarse. Podía todavía verlo morir, olerlo, escucharlo, incluso saborearlo en la parte de atrás de su garganta. Cada día lo desgarraba un poco más, permanentemente manchando, dejando cicatrices en su interior. Sabía que el dolor se había detenido, incluso en los días cuando tan febrilmente lo empujaba hacia abajo.
Y sin embargo ahora miraba en esos redondos, penetrantes ojos, sintiendo su cuerpo moviéndose hacia adelante, si sólo un poco más. A pesar de la incredulidad, el dolor que lo envolvía e incluso el dolor que lo desgarraba ante el parecido, también se quedó el secreto deseo de una verdad en declaración. Sí, estaba allí, justo el mismo, incluso mientras su mente volaba las piezas de la posibilidad. Profundo en las partes más oscuras de su alma, la porción más oscura de su corazón, tal vez incluso el lugar más importante, yacía muy vivo el DESEO de que esto sea cierto.
Lo odiaba tanto como lo amaba. La idea. La simplicidad de todo lo que podía ser curado a través de una verdad que nunca había considerado antes. Cuántas veces había deseado por un momento, sólo un segundo para ver a su hijo una vez más, para mirar en esos redondos ojos y susurrar palabras que su padre le había negado.
'Estoy tan orgulloso de ti.'
Y sin embargo aquí estaba la posibilidad, el prospecto, la oportunidad y él ni siquiera se podía obligar a creerlo.
"Yo... yo no te creo." Tartamudeó, sabiendo incluso en ese mismo momento que Akasha podía sentir la duda en su voz. Ella sabía que él quería creer. Sólo podía ser obvio mientras miraba a Gohan, el pequeño guerrero que sostenía con fuerza la mano de Akasha.
"VI a mi hijo quemarse." Susurró con odio, alejando la mirada de ellos. Sus hombros sacudiéndose con reprimida ira y confusión. ¿Cómo podía ser?
Draco simplemente miró, atónito, shockeado y estupefacto como los demás. La boca de Goku caía abierta como era característico de él y Bulma simplemente se sostenía a los lados de una gran piedra como si ponerse de pie fuera un desafío, debido a la pérdida de sangre y la mera magnitud de lo que estaba siendo obligada a meditar.
"¿Quieres decir el hijo de una puta?" Akasha rió, incluso el pequeño movimiento de su cuerpo obviamente doloroso mientras hacía un gesto de dolor, la sangre todavía hundiéndose en el suelo debajo de ella.
"¿El hijo de Toro?" dijo, bajando sus ojos casi con amor a Gohan. "Fue afortunado en verdad. Matar a su querida esposa, el pequeño Gohan envuelto en mis brazos. Tan embarazada estaba, y tan sola, mientras Toro estaba discutiendo disputas más que estar cerca del lado de su esposa. Pero por desgracia, salió bastante brillante. ¿o no, pequeño Gohan?"
El niño alzó su cabeza levemente por su nombre, los húmedos dedos de Akasha haciendo cosquillas en la suave piel debajo de su mentón de manera adorable mientras él simplemente lo permitía, porque toda su vida parecía totalmente sin miedo de todo lo que lo rodeaba.
"Fue bastante simple en realidad. Le arrebaté a su hijo de su vientre tan pronto él fue liberado de él, asfixiándola con su propia placenta y dejando al pequeño Gohan a los pies de su cama, tomando al otro conmigo. Como puedes imaginar, no fue un buen pensamiento pero pareció haber salido bastante maravillosamente a largo plazo," se detuvo para mirar a los lados al tembloroso Rey. Dio una sonrisa animal y continuó.
"Ver tu rostro tan inimaginablemente retorcido con dolor incluso mientras lo intentabas ocultar. Verte intentar tan duro pretender que no era nada, ese negro, podrido pedazo de carne en tu pecho negándose incluso la más mínima cantidad de dolor por el hijo que negabas. Cosechaste lo que sembraste Vegeta. Pagaste por esa mentira, por ese descuido, esa temeraria actitud. Y hubo un tiempo que podría haber sentido lástima por ti."
Sacudió su cabeza con desprecio, sosteniendo a Gohan más fuerte contra su muslo mientras él intentaba maniobrar su camino lejos de la sangre que chorreaba por sus piernas.
"Eras inlastimable; invencible, mental y físicamente. Cada día era tu meta para ocultar cualquier emoción. Y podrías haber tenido éxito si no te conociera tan bien. Podrías haberme engañado, mi consentido Rey. Pero no ahora. Incluso ahora te veo rompiéndote en betas, todavía intentando tan patéticamente de agarrarte al último pedazo de dignidad, el último trozo de defensa. Viste a tu hijo morir en tu mente, y sin embargo yo lo mantuve con vida. Dime Vegeta... ¿puedes decir que no te importa ahora?"
Tomó un doloroso paso hacia adelante, mirando en abierto placer a cada simple expresión que hacía, el odio tan extremadamente obvio. Dio una risa ronca. "¿Puedes?"
Vegeta podía sentir al dragón agitarse sin descanso dentro de él. Y sí, como podrán haber imaginado, la ira era fuerte. ¿Pero esa tristeza? Oh, era más fuerte. Ni siquiera podía tragar, sus piernas sintiéndose inútiles y el estómago retorcido en irreparables nudos.
Imaginen su propia tristeza. Extrañar algo tanto cada día, cada segundo. Así piensan en ello en cada momento que presiona, pueden sentir ese vacío, cada vez que piensan en eso. Esa pérdida está allí, en burla y cómica que quieren abofetear lejos como lo harían con una mosca. No quieren hablar de eso, pensar en eso sino cuando están solos... ya no pueden negarlo más. Estar acostados en la cama, mirando al espacio. Intentar negar lo que su corazón, su alma sabe que les falta. alma sabe que falta. Intentar. Y díganme si pueden hacerlo por siempre.
Amor... como dije, no es algo que pueda envolverse en una caja, abofetear de un golpe y entregárselo a alguien. Dolor, el dolor es lo mismo. No es algo que simplemente pueden detener y decir "no puedo soportarlo más... así que voy a regalarlo. Eres demasiado fuerte para mí... Así que te lo pasaré a alguien que pueda lidiar mejor con eso que yo."
Amor. Dolor. ¿Qué son?
¿Son algo más que dos sentimientos separados que no pueden sobrevivir, uno sin el otro? ¿Coincidir? ¿Coexistir? ¿Amor? Amor no es anda más que una invitación al dolor. ¿Y el dolor? El dolor sólo se cura con amor.
¿Entonces se había acostumbrado al hecho que ocho años atrás había perdido a su hijo? ¿Qué piensan?
"No te creeré." Dijo, traicionando sus palabras con una temblorosa voz y empañados ojos, negándose a mirar a los ojos de Akasha.
"No me creas." Dijo, la voz vacía de nada. Estaba en silencio y levantó al niño, dando un pequeño gemido de dolor. Forzó una sonrisa canina. "Pero mira a sus ojos y DILE que no crees."
Esos mismos ojos se encontraron con los de él. Tan fuertes. Tan sin miedo. Recuerdos de acariciar ese desenredado cabello negro, espeso como la piel, hacía a sus dedos sentir cosquillas y su corazón derretirse del ártico caparazón que había aplicado a su alrededor. Cualquier amor, cualquier odio que hubiera siempre tenido, no importaba en ese momento. ¿Y esos que los rodeaban? No eran nada más que miradas interminables, tan confiadas, tan creyentes mirándolo directamente.
"Intenté muy duro decirme que te habías ido." Vegeta susurró, sangre goteando en su párpado inferior antes que pudiera parpadearla. Alzó su vista, sintiendo deslizarse por una de sus mejillas. Sus manos se retorcían y temblaban. La sangre goteaba en el suelo, una tras otra, sus ojos en su hijo.
"Y aunque todavía estás conmigo..." dijo en voz baja. "He estado solo todo el tiempo."
"Al final..." Gohan susurró, la voz sonando mucho más adulta que la de un niño de ocho años de edad. Vegeta se encontró mirando al rostro del niño, los mechones de cabello sobre sus ojos y los labios de querubín mientras se movían. "Todos estamos solos."
"Ya no." Vegeta dijo, sacudiendo su cabeza. "Ya no, Gohan."
Ferozmente giró su cabeza hacia arriba, ira hirviendo en sus ojos mientras la miraba, mirando con humor mientras ella retrocedía, a pesar que él todavía estaba encadenado.
"¿Por qué?" Escupió él, labios torciéndose en un sentido asco. La espesa frente bajó, haciendo los círculos bajo sus ojos saliendo y el rojo alrededor de sus pupilas parecían oscuros. Se arrancó hacia adelante y dio un rugido animal mientras intentaba moverse a través de los impedimentos. "¿Por qué todo esto? ¿Por qué mantenerlo vivo?" Le dijo.
"Por qué Vegeta, pensé que nunca preguntarías." Rió, sus dedos deslizándose lentamente para agarrar la parte de atrás del cuello del niño, sosteniéndolo firmemente.
"Fue una lástima que fueras tan despiadado en el momento de su muerte." Rió, y suspiró. Sus dedos se frotaron contra la joven piel del niño, las uñas rozándola levemente para hacer rojas marcas. "Si te hubieras preocupado lo suficiente, nada de esto estaría ocurriendo. Hubieras perdido tu mente con el dolor y simplemente me hubieras dado lo que quise todo el tiempo. ¿Pero me preguntas por qué?"
Un sordo dolor comenzó en el vientre de Vegeta, repentino miedo sintió mientras ella se movía levemente más cerca del abismo, Gohan arrastrado.
"¿Me preguntas por qué Vegeta?" Repitió, sus ojos enterrándose en los suyos como si queriendo una reacción. Echó su cabeza hacia atrás riendo.
"Por un momento, justo como este."
De repente su puño estaba en el cabello de Gohan, su chirrido escuchado a millas mientras ella hundía sus uñas en su cuero cabelludo dolorosamente, levantando su pequeño cuerpo del suelo con la última reserva de su fuerza. Sostuvo al muchacho agitando su pecho, tocando su cabello tranquilizadoramente y presionando sus labios llenos contra su frente de una manera maternal. Sostuvo el rostro de Gohan en su mejilla mientras miraba a Vegeta, los ojos ardiendo y los labios curvados en una maliciosa sonrisa.
"Besa a tu hijo Vegeta." Susurró a través de sus labios.
Arrojó a Gohan, sus piernas y brazos fallándole mientras él se movía de un lado al otro hacia el abismo, segundos antes que erosionara, sus gritos rasgando agujeros en el alma de Vegeta como si estuviera acompañado por el suyo propio.
Era ensordecedor, el grito en su propia mente, como si la misma alma de Vegeta estuviera siendo mutilada dentro de su cuerpo. Un repentino dolor, un repentino jalón y el grillete estaba cubierto en polvo, su muñeca apenas registrando que era libre hasta que los fragmentos del retorcido y roto metal estaban tintineando en el suelo, sus alas desplegadas mientras se lanzaba hacia el creciente calor, arrastrando a través del ardiente viento.
Más y más rápido, el pánico alzándose dentro de él pasando por todos los límites que creía conocido. Frenéticamente se arrojó hacia el abismo, mirando en cámara lenta mientras el magma y el fuego erosionaban, el pequeño cuerpo de Gohan desapareciendo dentro de las garras de amarilla y roja flama de sangre.
Podía escuchar y sentirse gritar, el calor inimaginable, el dolor penetrante como la punta de un cuchillo contra su pecho. Su sangre bombeando a través de sus oídos incluso mientras sus alas batían el aire, los ojos buscando por alguna mancha de oscuridad, algo que pudiera ser del joven guerrero. Gohan. Su hijo.
Y allí estaba.
Se arrojó en el ardiente calor, el hedor de su propia carne y cuero quemándose asaltando su nariz incluso mientras el dolor se volvía ardiente y cegador. Era terrible mientras obligaba a su cuerpo a seguir, sus dientes casi apretándose con el otro mientras su mandíbula se apretaba para alejar las lamidas del fuego y la lava que desgarraba en tajos a su carne. Sangre saltaba en sus ojos hasta que sólo pudo parpadearla, rogando a sus párpados a mantenerse abiertos, mirar por cualquier cosa. Algo.
El calor había comenzado a cobrar su factura, su estómago retorciéndose en nudos y náusea inundándolo. Los músculos de su garganta se apretaban como si induciendo al vómito pero lo tragó, arrojando un campo de fuerza de espesa energía alrededor de su cuerpo, aunque hizo casi nada para detener el paralizante miedo que agarró a su pecho como dos manos hundiéndose en su caja torácica y arrancando su corazón.
Apenas podía respirar. Apenas podía pensar. Y así se apresuró con mera concentración de sus músculos, batiendo sus alas y mirando por algo que pudiera ser su hijo.
A través del fuego y la lava que luchaba su camino, amarillos, rojos, naranjas y en ocasiones azules parpadeando ante sus ojos, ante el campo de energía que había puesto a su alrededor. Una enferma realización se le ocurrió, el vómito corriendo hacia arriba en su garganta hasta que lo tragó una vez más.
El grito se había ido.
Ido. Y una clase de silencio agarró el averno, las lamidas de las mismas llamas corriendo contra su campo de energía la única fuente de sonido. La sangre cuajando los gritos de un torturado niño que ya no estaba más. Silencio. Silencio.
Sintió un ruido dentro de su cuerpo, como... Como si algo hubiera sido prácticamente roto y yacía inútil en la boca de su estómago.
'Gohan.' Era todo lo que podía pensar. El único nombre que vino a su mente. 'Por favor Dios, no te lleves a Gohan.'
Y luego cualquier odio que sentía, aislamiento, pesar o rencor que hubiera conocido alguna vez del Paraíso se había ido, y se encontró rezando con cada respiro que podía tomar al Dios que lo había abandonado desde su nacimiento.
Sus alas golpeaban el aire violentamente, arrojando el penetrante magma y pulverizante calor. Y sin embargo sus ojos buscaban, su corazón oraba.
Oró por cordura. Por fuerza y por velocidad para salvar al único ser en este mundo que podía borrar el tormento que había soportado por tanto tiempo que apenas podía sentir completo sin él. Rezó por una clase de perdón, por el amor de un creador que nunca había conocido. Porque el amor prevaleciera, como se suponía que debía ser. to. Por suficiente amor para guiarlo al camino correcto, para salvarlo de su fracaso, de un futuro de permanente pérdida y perder la esperanza en sí.
Y rezó por la fe en ese amor, la fe en creer en un Dios que se había dicho incontables veces que no le importaba. Rezó mayormente por esa fe. Por esa inquebrantable fe en un amor que nunca había conocido.
El amor que conquistaba todo. El amor era todo.
Y el amor estaba muriendo dentro de él con cada momento que pasaba. Con cada respiro de caliente, ardiente aire, con cada jadeo y grito que reducía la esperanza, volando como el viento que cargaba sus oraciones al Paraíso.
"Llévame." Susurró, sintiendo el calor de su respiración sobre sus labios incluso mientras las llamas lo envolvían y lo cegaban completamente, quemando su sangre. Sus alas se estiraron en un impío arco y alzó sus brazos al cielo, el sudor y la sangre deshidratándose antes que pudieran subir por la piel. "Por favor Dios... llévame esta vez. Llévame."
Y mirando a los cielos arriba, susurró las palabras que nunca quiso decir... nunca quiso pedir.
"Perdóname."
El aroma de la sangre casi dejándolo inconsciente, la visión de un humeante cuerpo directamente ante sus ojos. Negro y rojo eran los únicos colores registrados en su mente mientras sus ojos contemplaban el rostro de Gohan, mirando hacia las nubes que giraban arriba, el cuerpo completamente en llamas con el fuego.
Arrancó a través de las paredes de la llama, el calor lentamente asfixiándolo, quemando sus pulmones, hirviendo su interior. Era tortuoso, ¿pero era el dolor exterior lo que se sentía que lentamente estaba siendo asesinado, o los segundos que tomaba hasta que el pequeño guerrero llegara, con brillantes ojos apagados lentamente? Segundos pasaron como traicioneras horas mientras batallaba ambas a la inconsciencia y a la misma muerte, gritando y llamando el nombre de Gohan aunque el joven niño no escuchó nada de eso.
Con un tremendo alzar el quemado cuerpo de Gohan yació en sus brazos, sus alas arrojando hacia abajo las flamas mientras las luchaba, el aroma del fresco aire acercándose aunque todo lo que podía ver era amarillo y rojo. Se estaba aislando en su esfera de energía, los mismos campos siendo despertados mientra su poder y concentración comenzaban a perder fuerza. Más y más duro empujaba, sintiendo las lamidas del fuego en sus mejillas mientras volaba a través de él, su propia fuerza disminuyendo mientras se acercaba más y más al mundo exterior, el pequeño cuerpo agarrado con tanta fuerza a su pecho en mil años que no lo persuadiría de soltarse.
Se disparó en medio de las llamas y la lava, su armadura quemada y ardiendo mientras golpeaba la tierra, el pequeño cuerpo de Gohan acunado en sus brazos, sostenido fuertemente mientras giraban una y otra vez para detenerse por completo, las partículas de arena aferradas a su húmeda y salada carne.
"¡GOHAN!... ¡GOHAN!" gritó, sacudiendo los pequeños hombros mientras los ojos del niño simplemente miraban hacia arriba, el inocente rostro milagrosamente intacto aunque las redondas, carnosas mejillas estaban completamente quemadas a los lados, venas y quemados músculos mostrándose debajo de la derretida carne. Pero los ojos todavía tenían su belleza y los diminutos labios estaban separados levemente como si en asombro.
Puso al niño en el suelo, la boca separada en una pequeña sonrisa y los brillantes ojos comenzaban a oscurecerse.
"¡Gohan!" gritó, tocando la suave piel en las mejillas del niño, sólo una pequeña porción todavía no tocada por el fuego. "¡No me dejes! No me dejes, ¡¿me oyes?!"
*"¿Es por eso que tus ojos siempre se ven tan tristes?"*
Escuchó la voz del diminuto Demonio una vez más en su mente, su garganta espesa con dolor. Gohan... Gohan. Estaba recordando.
Se vio volar, el joven soldado envuelto en sus brazos, sonriéndole con asombro, tan orgulloso, tan emocionado de estar cerca de él. El viento moviendo sus pinches ónice de cabello, las pequeñas mechas haciendo cosquillas en el mentón de Vegeta mientras miraba en irritación a la joven criatura que insistía en retorcerse sin cesar.
"Mi papá solía llevarme a volar a veces incluso si mis alas eran demasiado grandes y se metían en el camino." La joven voz de Gohan había dicho, almibarados ojos repentinamente bajos como si en vergüenza.
"Ah Gohan, no deberías preocuparte tanto por eso." Se había encogido de hombros, mirando hacia el destino ante ellos. "Ya sabes... mis alas eran demasiado grandes para mí cuando era más joven."
"¡¿De verdad?!" el niño había dicho, animándose considerablemente.
"De verdad."
Y ahora todo lo que quedaba de ese vivaz rostro eran vacíos ojos, mirando hacia arriba al ennegrecido cielo, una maldita tierra que nunca mereció tal inocente alma.
Quizá por primera vez, Vegeta acunó la cabeza de Gohan suavemente en su regazo, sus adentros derritiéndose, como si solamente hubieran quedado en las garras, en el núcleo del gran averno. Sintió sus hombros comenzar a temblar, su corazón siendo retorcido como si un puño se hubiera zambullido en su pecho y estuviera apretándolo. Nunca había conocido esta clase de dolor. Cada tortura, cada cosa abominable, horrible que le había hecho a alguien alguna vez. Le fue devuelta, duplicada ante el terror que sintió por dentro mientras lloraba, todo su cuerpo temblando.
¿Porque de qué servía el orgullo? ¿Qué era el honor? ¿Qué propósito había ya en ocultar las lágrimas que siempre había negado a su cuerpo de liberar? Todo lo que había soñado alguna vez se había convertido en piedra y era tan precioso para él ahora como la tierra debajo de sus rodillas que se agrietaba y volaba con el tumultuoso viento.
"Lo veo cuando alejas la vista a veces." La áspera infantil voz de Gohan dijo en su mente, en su recuerdo.
"Miras a algo que no está allí y... y sabes que no está allí y tus ojos lo extrañan. Como... como algo que se supone que tendría que estar a tu lado y se ha ido."
Vegeta jadeó, el dolor envolviéndolo como un río de tristeza, recientemente roto sobre el dique que lo mantuvo a raya por tanto tiempo.
"No me dejes Gohan." Rezó, tiernamente acariciando las mechas del cabello del pálido rostro de niño.
"¿Es tu hijo lo que extrañas?" La voz susurró en su recuerdo.
"No te vayas." Susurró al quemado cabello de su hijo, deseando que una vez más, sólo una vez más la suavidad sea restaurada y el fresco aroma de las suaves mechas de Gohan tocaran su recuerdo.
"No te vayas." Rezó una vez más, su propia voz extraña para él. "No me dejes de nuevo."
Arrojó su rostro al cielo, los labios torcidos con ira y los ojos ardiendo con dolor, con una justa ira que nunca había sentido tan fuerte en su vida.
"¡Ya dije adiós una vez!" gritó. "¡No te lo lleves! ¡No me lo quites!"
Lloró las palabras, su pecho levantándose y cayendo mientras ahogaba todo lo que siempre había querido decir, siempre había sentido dentro de su corazón que era cierto.
"¡Te desprecio!" gritó al Paraíso, hundiendo sus dedos en la ruda tierra del suelo. "Elijes y levantas a quien llevarte del mundo. Sólo tú tienes la llave de la eterna maldición o la eterna bendición a tu lado. Y sin embargo yo, yo quien tú creaste, tu engendro y desprecio de nacimiento, sólo yo me llamo monstruo por los mismos crímenes que cometes cada día con los niños que te aman más."
Comenzó a gritar las palabras, sus labios torcidos en odio mientras temblaba.
"Tú, tú el único que llaman el creador del mismo amor. Tú en el que confían, ¡tú en el que ponen su fe! ¡Su sol y estrellas, luna y cielo! ¡Amor y esperanzas mismas! ¿Me robarás a mi hijo? ¿Me negarás incluso eso? ¡PADRE!"
Arrojó sus puños en la arena, apretando sus ojos cerrándolos fuertemente, escuchando sus propios dientes molerse juntos en su boca. Inhaló aire, jadeando por una liberación de este dolor, esta angustia.
"¡No puedes quitármelo! No de nuevo." Susurró de manera prometedora. "Nunca más."
Levantando sus ojos miró a las nubes torciéndose arriba, como si mirando a una invisible criatura.
"Te desafío padre." Sacudió su cabeza, sus labios curvados en asco. "Gira tu rostro hacia mí ahora y nunca me vuelvas a mirar. Aíslame. Olvida a tu rechazado monstruo por la eternidad y otorga la bendición de la condena sobre mi alma como lo has hecho desde el día de mi maldito nacimiento. Pero dame a mi hijo."
De repente bajó su cabeza, bajando la vista al niño que miraba vacío al cielo arriba. Sus dedos formaron un apretado puño y lo puso en su corazón, sintiendo el estruendoso latido de la creación que había despreciado por tanto tiempo.
"Dame a Gohan." Dijo. "...te lo suplico."
"Vuelve a mí." Rezó, enterrando su rostro en el quemado cabello del niño, olvidando al universo que todavía giraba alrededor de ellos. "Vuelve a mí Gohan. Vuelve."
Una simple gota de sangre salpicó en el rostro del niño, el líquido escarlata haciendo un charco sobre la suave piel blanca justo debajo de su vidriosa mirada. Vegeta sintió su rostro, sus dedos volviendo a la empapada sangre, lágrimas, rasgadas, Demoníacas lágrimas que apenas notó fluir por sus mejillas, cayendo sobre Gohan.
Como si fuera un milagro, los grandes, vidriosos ojos se pusieron en contacto con los suyos, percibiendo una vez más el mundo que los abarcaba. Gohan parpadeó dolorosamente, sus formados, borgoña labios en una pequeña sonrisa y sus cejas levantadas con preocupación.
"¿No son hermosas?" vino un suspiro del pequeño guerrero, su rostro pálido e invisible. Vegeta sintió su interior girar mientras cubría su boca, ahogando un sollozo.
"¿No son... no son qué hermosas Gohan?"
El pequeño rostro se retorció levemente en confusión.
"No los ves Tío Veggie." El niño susurró. "Son tan... hermosas."
"No puedo verlas Gohan." Lloró, enredando su mano con la de Gohan, los dedos del niño apenas visibles en su gran palma. "¿Qué es tan hermoso?"
"Las nubes..." Gohan dijo. "Grandes nubes blancas hinchadas."
Vegeta se rompió, llorando en su palma mientras la realización lo golpeaba duro. Más duro que nada en su vida. Gohan estaba muriendo.
"Yo nunca..." El pequeño guerrero suspiró sin aliento. "Nunca he visto algo tan hermoso. ¿Puedes verlas Vegeta?"
El cuerpo de Vegeta estaba convulsionando violentamente, su pecho agitándose mientras su corazón latía dolorosamente desde adentro.
"Sí..." Escupió entre apretados dientes, su rostro enterrado en sus palmas. "Las veo. Las veo Gohan."
"Y tienes razón." dijo suavemente, tragando duro. "Son tan hermosas."
Las bien formadas cejas del niño se levantaron levemente y los grandes ojos se abrieron sólo una fracción.
"¿Así es como se ve el Paraíso?" dijo en el viento, mirando hacia arriba mientras el aire se volvía corto.
"Creo..." El Demonio logró susurrar. "Creo que sí Gohan."
Y alzando la vista, Vegeta acarició el cabello del rostro de Gohan, sus dedos haciendo suaves senderos a lo largo del cuero cabelludo del niño. Su corazón rompiéndose, su alma desgarrándose y sus propias lágrimas cayendo en su boca, dijo las palabras que parecían cortarlo a la mitad, desgarrarlo.
"Ve a ellas Gohan." Susurró. "Ve a las nubes, estaré contigo."
Cerró su palma alrededor de los dedos del niño, sintiéndolos enfriarse gradualmente.
"Sé valiente. Tienes que ser valiente."
Una lágrima carmesí tocó la superficie del rostro del pequeño Demonio, consciencia finalmente erosionando en los brillantes ojos. Y por sólo un momento, por sólo un segundo Gohan giró su vista completamente a Vegeta, ya no más viendo el Paraíso abrirse ante él, sino a su padre mirándolo, rojas lágrimas de sangre haciendo su sangriento río por su rostro y cayendo por su mentón. Los labios del Rey Demonio estaban manchados de sangre y temblando, sus ojos bordeados con círculos marrones y borgoña.
"No llores." Gohan dijo con voz ronca, las pequeñas lágrimas suyas cayendo sobre sus pestañas. Claras, saladas lágrimas. Lágrimas de un Ángel.
Vegeta sintió su corazón rendirse y más lágrimas salieron de sus párpados, cegándolo. Desesperadamente intentó parpadear, sacudiendo su cabeza y moviendo sus labios para ahogar el temblor de su cuerpo. Jadeó, evitando sollozos mientras la respiración de Gohan aminoraba, leves jadeos.
Los pequeños, regordetes dedos se levantaron del suelo, Gohan poniendo su pequeña mano al lado del rostro de Vegeta, limpiando una lágrima de sangre con su pulgar, sonriendo con tristeza mientras sus ojos se volvían fríos con la muerte.
"No llores... Papá."
Evanescence - My Immortal
