Disclaimer: Ni Dragon Ball ni sus personajes me pertenecen...
Ángel Oscuro
(Dark Angel)
Un fic de Camaro
Traducción por Apolonia
Los pequeños dedos cayeron de su mejilla, los músculos rindiéndose y el cansado puño golpeando en el suelo de manera inerte. Vegeta miró en horror mientras la cabeza de su hijo rodaba a un lado, los ojos oscureciéndose con un fino brillo, mirando a la distancia y ya no viendo el mundo que ahora atrapaba a su cuerpo, pero ya no más a su alma.
Una clase de calidez huyó a través del Demonio mientras se arrodillaba al lado del cuerpo, como si diminutos brazos estuvieran envueltos alrededor de su garganta, la suave prensa de una húmeda mejilla contra la suya y luego la nada acompañándolo una vez más.
El trueno retumbó y ennegreció el cielo se rompió de repente, gotas de lluvia partiendo sobre el suelo y agrupándose sobre las suaves mejillas y los desorbitados ojos del niño muerto.
Pero no era lluvia. No era agua. Era sangre.
El cielo estaba sangrando, ríos de carmesí vertiéndose como lágrimas de Demonio, los mismos cielos llorando por una pérdida que ahora enterraba su peso sobre los hombros de Vegeta, sus propios ojos viendo nada en lo absoluto mientras la sangre hacía piscinas y golpeaba los abiertos ojos del niño.
Y luego escuchó un chasquido, su propia mente rompiéndose y una clase de luz rodeándolo. Miró hacia adelante, sus dedos enredados con la fría mano de Gohan, los ojos levantándose perezosamente por el cielo que gritaba arriba. Lágrimas de sangre manchaban sus ojos, inundando sus mejillas aunque ya no le quedaba más para llorar.
Dulce soledad. Dulce tranquilidad se encontró con él en los confines de su propia mente, mirando hacia adelante y hundiéndose más profundo en la nada que ahora ocupaba, rindiendo su mente al dragón que ahora rugía con todo su poder, rompiendo las cadenas que alguna vez lo sostenían y tomaban el control.
"¡Está sucediendo! ¡Está sucediendo!" Akasha gritó, su voz en un tono casi ensordecedor mientras saltaba en el aire, olvidándose la extrema incomodidad de las quemaduras que plagaban su arruinado cuerpo.
"¡Dracola mi amor! ¡Bienvenido al mundo que te espera!"
"¿De qué demonios está hablando?" Draco escupió, mirando a Goku curiosamente quien ahora agarraba los hombros de Bulma, levantando su tembloroso cuerpo del ensangrentado suelo y sosteniéndola firme.
"La mente de Vegeta finalmente se ha roto." Goku susurró como si fuera en incredulidad, los ojos angostándose mientras tomaba en consideración el mortal vacío en la mirada de los ojos del Demonio. Vegeta miraba a nada en absoluto, mirando en la distancia y refugiándose en sus rodillas y todavía apretando la mano de su hijo muerto.
"Él... se ha ido." Terminó, la voz rompiéndose mientras el peso de Bulma empezaba a ceder en su contra.
El viento azotó su cabello en el rostro de él mientras ella gritaba, colapsando contra él en su dolor. Luchó contra él ferozmente, golpeando su puño contra su pecho mientras se revolvía hacia la rota criatura que estaba todo sino completamente perdido de ellos.
"¡Bulma no!" El Ángel gritó, agarrando sus brazos a su lado mientras ella intentaba desesperadamente escapar de él. "¡No ayudará y lo sabes!"
"¡Tengo que llegar a él!" Gritó, mirándolo mientras tiraba de un lado a otro para ser liberada. "No lo ves. Tenemos que... que... ¡Maldita sea Goku! ¡Vamos a perderlo!"
"¡Él ya se ha ido Bulma!" gritó furioso, obligándola a mirar al destrozado Demonio. "¡Míralo! ¡Míralo!"
Se quedó quieta, el calor flotando sobre sus ojos mientras el abismo explotaba una vez más, peligrosamente cerca de Vegeta quien no veía nada de eso, mirando sin comprender al cielo, negros ojos sin parpadear, sin registrar. Muerto.
"Está perdido para nosotros Bulma." El Ángel susurró, envolviendo sus brazos a su alrededor en un feroz abrazo.
"¡Maldita sea Goku!" gritó ella, saliéndose de su agarre. "¡Ríndete si quieres! ¡Deja que pierda su mente completamente! ¡Siéntate aquí y MIRA CARAJO si debes!" Sus gritos se estaban volviendo histéricos, toda la magnitud de su temperamento cayendo en él como el sol que se levantaba. Incluso vio una buena cantidad de demencia quemar en sus ojos mientras golpeaba su pecho dolorosamente con los lados de su puño.
"¡Arde en el Infierno!" Escupió. "NO voy a sentarme aquí mientras se rompe."
"Estúpida Princesa." Akasha gritó, su voz repulsiva para el Ángel que ahora se volteaba con un mortal brillo en sus ojos enrojecidos. "¿No lo ves? Es demasiado tarde para salvarlo. Él no es nada más que un cuerpo ahora y sólo es cuestión de tiempo hasta que Dracola se de cuenta de ello."
Pero Vegeta no escuchó nada de esto, mirando las negras nubes llorar ríos de sangre, el mismo cielo llorando la hermosa criatura que ahora estaba perdida en él. ¿El cielo sufre dolor? Se preguntó para sí mismo en estos momentos, deseando que alguien, cualquier cosa entendiera este dolor que no tenía palabras para justificar su intensidad. Seguramente el cielo debe extrañar a sus pequeños niños cuando se van, llorando cuando otro deja su vista y este mundo detrás.
¿Es por eso que llueve tan a menudo?
No quería esto. No quería el dolor o la agonía de vivir con otro fracaso. ¿Los recuerdos? ¿Qué era la vida cuando todo lo que conocías era la muerte? Cómo podías ver el bien o la belleza en todo eso que te rodea cuando tus ojos contaban historias de sangre en masa y un dolor que ni siquiera podías describir así tuvieras mil años para hacerlo. ¿Era vida esto en lo absoluto? ¿Era vida del Infierno? ¿O era simplemente eso?... Una ausencia de toda vida, nada más que un mundo de caos, desorden, muerte y engaño.
Por primera vez pudo recordar, quería morir. No. Realmente quería morir. No era un impulso del momento suicida de su suplicio lo que lo encontraría despertar en una tina de baño empapado en su propia sangre. Sino un verdadero deseo, una oración para ser liberada completamente de la vida misma. ¡Todo lo que podía sentir era dolor! Todo lo que podía infringir era dolor.
Y así se dejó caer hacia atrás en la oscuridad de su mente, dejando la inconsciencia empaparlo, acunar a su roto corazón y alma, calmar los recuerdos y el dolor y la pena que no tenían fin. Lo sostenía cerca, como a un niño en el vientre de su madre, su cuerpo sintiéndose tan cálido y registrando nada a su alrededor.
Oscuridad. Oscuridad. Dulce oscuridad.
No escuchó nada, no vio nada. Bulma le gritaba, rogándole que luchara contra el Demonio, el dragón dentro que estaba ahora desatado. Podía sentirla luchar cerca de él ambos en cuerpo y en alma, aunque sólo sintió desapego de cualquier emoción dentro del dulce, dulce abismo en el que lentamente estaba cayendo. El viento azotaba su cabello de un lado a otro, la sangre que llovía cayendo sobre todo su cuerpo, manchando sus mechones plateados y empapando sus pies descalzos.
"Lucha... lucha."
Pero no podía. Había perdido esta guerra, ambas con él mismo y con su hermano. ¿Gohan, su esperanza, su amor, su todo yacía muerto en sus brazos y se suponía que debía luchar contra él? ¿Para qué? ¿Para vivir con el dolor, el recuerdo por la eternidad? ¿Para extrañar a su hijo más que a nada y ser torturado por su fracaso cada día que despertaba?
"Lucha por mí..." Algo susurró.
Sus ojos se deslizaron amplios y lentamente se giró hacia Bulma que estaba gritando actualmente obscenidades sin sentido al regocijo de Akasha. Bulma no había dicho eso.
"Lucha por mí." Dijo de nuevo. ¿Quién era? ¡¿Quién era?!
Su mente demandó una respuesta de la asexuada voz, el pequeño susurro que podría haber sido de un hombre, una mujer, un niño o una bestia por todo lo que sabía. Arrojó su cabeza de un lado a otro, su mirada finalmente aterrizando una vez más en Bulma que simplemente miraba en respuesta aturdida, sus ojos amplios mientras se daba cuenta que la estaba mirando directamente.
El mundo se quedó quieto en sus ojos, atrapándolo, abrazándolo, despertando su alma y su mente una vez más para comprender la realización de lo que debía hacerse.
"Lucha por mí siempre..." Vino la voz de nuevo, un perceptible susurro en la voz de un niño. Sin embargo no era Gohan. Una clase de calidez generada de Bulma, ardiendo directamente desde su núcleo, su vientre.
"Lucha por mi futuro... Padre."
Bulma saltó hacia atrás mientras Vegeta arrojaba su cabeza hacia el cielo, el trueno cayendo sobre él mientras él gritaba, su voz cruda y ensordecedora. Atravesaba el giratorio viento, llenando el mismo aire con su horrible sonido, tan torturado y adolorido que quería derrumbarse a su lado, sólo su miedo por Dracola manteniéndola a raya.
Gritó al sangrante cielo, truenos y rayos chocando, rompiendo estruendos que crepitaban a lo largo del suelo todo a su alrededor mientras su aura ardía y su energía arrancaba la arena y el polvo, dejando partículas sueltas a través del aire. El viento giraba en un ciclón a su alrededor, el tornado ferozmente pateando la seca y agrietada tierra, lava del mismo medio del ardiente abismo salió en el mortal torrente de viento.
El cielo gritó con el trueno, el choque tan fuerte que Bulma y Goku se arrojaron al suelo, agarrados del brazo del otro y temblando con miedo mientras sólo la voz de Vegeta parecida a un Dios podía abrumar el auge de las nubes.
"¡Dracola!" Akasha gritó, un miedo repentinamente despertando dentro de sus fríos ojos, uno que Goku notó rápidamente. El suelo comenzó a temblar debajo de ellos, su visión sacudiéndose mientras giraba y caía, un terremoto sacudiendo todo el Infierno con caos y muerte. Seis truenos rojo sangre de luz repentinamente cayeron alrededor de Vegeta, girando juntos como uno, girando y abrazando su cuerpo mientras todavía gritaba al cielo, carmesíes lágrimas sopladas por su propia ardiente energía y la ferocidad del viento.
"¡Vegeta!" Bulma gritó, arrancando su agarre de Goku mientras volaba haca él, el viento empujándola hacia atrás. Las fuertes manos del Ángel se agarraron alrededor de su cintura, jalándola contra su musculoso pecho mientras ella gritaba en su oído.
"¡Bulma no!" gritó, su propia voz sólo un mero susurro en comparación al grito del viento y la áspera voz de Vegeta. Los sonidos lo ahogaron mientras miraba hacia adelante, mirando la tierra romperse y agrietarse toda alrededor del Demonio, arena y sal rociándose en sus ojos mientras el suelo explotaba y caía debajo de ellos.
"¡Necesita esto Bulma!" Goku gritó, sosteniendo su mejilla contra la suya mientras el viento los ahogaba. "Por primera vez en su vida su amor y odio son igualmente fuertes."
Bulma se volteó hacia él, sus ojos llenos con miedo y confusión mientras Akasha comenzaba a derrumbarse de rodillas en incredulidad, Draco arrodillándose simplemente para evitar volar hacia atrás por la fuerza que su hermano estaba emitiendo.
"Vegeta está luchando contra sus propios demonios ahora y por primera vez lo está haciendo por la razón correcta." Goku tragó alzando su voz para ser escuchado sobre el ardiente viento. "Necesita esto Bulma. Por primera vez Vegeta siente el amor. Es libre Bulma. ¡Es libre!"
De repente el el cabello de Vegeta fue golpeado por un tremendo trueno de luz, las cortas mechas explotando con luz, incluso sus cejas volviéndose nada más que dos finas líneas de luz, creando la ilusión de un hilo dorado. Brillaba como fragmentos de polvo de hadas mientras el relámpago golpeaba una y otra vez, suave y poderoso.
Vegeta gruñó con vida, sacudiendo su cabeza, sangre, sudor y lágrimas siendo arrojados en el aire mientras gritaba violentamente, el cuerpo temblando. Sus alas estaban arqueadas y su espalda derecha mientras gritaba hacia el amenazante cielo, su cabeza completamente brillando con rubio. Bulma jadeó, mientras una oscura, siniestra voz lanzaba su camino alrededor de la de Vegeta, satánica e impía mientras era liberada en el mundo, un espíritu, un monstruo sin anfitrión.
"¡DRACOLA NO!" Akasha gritó, su propia voz terriblemente masculina mientras una oscura sombra era arrojada de su cuerpo, su forma nada más que una mancha de completa oscuridad que se deslizaba a lo largo del suelo.
Goku y Bulma cayeron en la arena, sus propias horrorizadas protestas llenando el aire mientras una oscura fuerza huía de ellos, como si sus ojos estuvieran siendo pelados por la mitad mientras la oscuridad se disparaba de sus cuerpos. Se derritió en el viento justo ante sus ojos, oscuridad como un enjambre de langostas, en la forma de un gran Demonio con terroríficas alas y rojos ojos de sangre.
"¡Vuelve a mí!" Akasha gritó, los dedos desesperadamente tratando de agarrar su aparición que empezaba a hundirse en el suelo, nada más que una sombra. "¡Te necesito!"
Estaba gritando en terribles niveles, su voz ya no era la de una persona, sino de un monstruo con dolor, el tono, el sonido de todo arrancado mientras era desgarrada en el suelo con sus quemadas uñas negras, Bulma arrastrándose hacia atrás mientras un gran grupo del cabello del Demonio caía inerte al suelo, pedazos de cuero cabelludo seco todavía adherido a las raíces.
"¡Dracola!" Akasha gritó, agarrando las finas, arrugadas mechas de su precioso cabello negro. Pero todo lo que quedaba era el gran dragón, Lucifer, Satanás, el Diablo, o Dracola era una mancha, un tinte de oscura grasa en el desértico suelo.
"¡Renuncié al Paraíso por ti!" lloró, su piel comenzando a agrietarse y caer en lugares, comenzando a zigzaguear con líneas y arrugada carne. Como una flor marchita se arrastraba en el suelo, su cuerpo inmóvil y el rostro deformado por el espíritu de Dracola en ella que ya no estaba. No era nada más que un cadáver caminante, sostenida por los años por el espíritu de un monstruo, ahora albergando sólo el corazón de uno.
Vegeta estaba de pie, su espalda a ellos, radiante con el cabello brillantemente rubio, sus fuertes músculos de sus hombros brillando en la luz que despedía, sombras danzando de sus alas.
"¿Qué ES él?" Draco gritó, tambaléandose hacia atrás mientras la cruda fuerza de la energía de Vegeta lo golpeaba de lleno, su esperanza disipándose en el viento justo como Dracola lo había hecho. Desesperadamente se sintió achicarse, sus pies trepando a lo largo del polvoriento suelo y cayó hacia atrás en terror, penetrantes ojos turquesa deslizándose hacia él. Congelaban su interior, enfriando cada área de su cuerpo que se deslizaba a lo largo, tan enormemente horrible que sintió paralizarse con miedo. Nunca había visto ojos así de azules. Ninguna pupila quedaba, los ojos un congelado azul frío, casi blancos en el medio, rodeados con satánico verde esmeralda en los bordes, apretándolo como si tuviera manos para hacerlo.
Bronceada piel brillando con la gloriosa melena de sobresaliente cabello rubio, casi blanco como la seda del Paraíso, y positivamente hermoso. Nunca había visto alto o alguien tan hermoso y los miserables ojos permanecían encerrados en los suyos, los carnosos labios borgoña curvados con dolor y sangrientas lágrimas secándose en las mejillas de Vegeta. Parecía inmaculado, como un dios, hermoso en sus extremos que no deberían siquiera existir en este plano mortal y Draco encontró su mirada tímida alejarse, el Santo brillo demasiado brillante, demasiado sorprendente para que sus ojos pudieran manejarlo.
"¿¡Qué eres tú?!" hirvió locamente, su propio miedo y cobardía desgarrando las vetas.
"Alíate al bien..." Goku susurró en el oído de Bulma, su voz siendo escuchada por todos los presentes incluso mientras el viento y el trueno volaban todo silencio que podría haber existido.
"Pesadilla para ti."
Un rayo golpeó el suelo, el sonido explotando en el suelo, el sonido explotando en el aire, la explosión cegando temporalmente los ojos del Ángel. Un grito ahogado rompió sus nervios mientras luchaba por su visión, escuchando la profunda, gruñente voz de Vegeta penetrar los sonidos alrededor de ellos.
"Mejor que la hagas irse." Vino la áspera voz de Vegeta, espesa con su acento y sin embargo tan increíblemente amenazadora, era como una promesa propia. Deslizando sus ojos en dirección a Draco, Goku jadeó, viendo a Bulma una vez más encerrada en sus brazos, retorcida de miedo. Parecía como si a pesar de su valentía y su obstinada ira hubiera regresado en ausencia de Dracola, el idioma que ella estaba emitiendo haciendo a Draco incluso bajar su mirada en ella dos veces en asombro.
"¡Al- aléjate de mí!" Draco gritó, empujando a Bulma de él mientras se tambaleaba hacia atrás, sus ojos amplios con increíble miedo. Sudor se vertía de su frente, cayendo en sus ojos mientras la movía de un lado a otro, sosteniendo su uña en su garganta y mirando a su hermano quien parecía totalmente no impresionado.
"¿Planeas mantenerla como rehén por la eternidad Draco?" Vegeta susurró, incluso su voz rodando con poder, tanto que no me atrevo siquiera a describirlo. "Porque eso es lo que vendrá. Nunca saldrás de aquí con vida, eso te lo prometo."
"Ah pequeño hermano," El Demonio más grande sonrió malvadamente, presionando su uña en la garganta de Bulma y sacando una pequeña gota de sangre de la punta. Incluso mientras ella apretaba su mandíbula, negándose a mostrar incluso la más mínima cantidad de incomodidad, negando el obvio dolor que sentía.
"Subestimándome de nuevo. Qué típico, carajo." Draco rodó sus ojos. "Justo como padre, demasiado estúpido para su propio bien. Demasiado arrogante. ¿Piensas que esta nueva forma te salvará de mí? ¿Piensas que la fuerza es lo único que importa?" Rió sin humor.
"Sólo has comenzado a vivir. No es siempre el fuerte el que sobrevive... Pero los sobrevivientes son fuertes. ¿Y yo Vegeta? Soy un sobreviviente."
"Eres un cadáver ambulante para mí." Vegeta escupió con arrogancia, sus ardientes ojos enterrándose en el Demonio que apenas se encogió de hombros. "Nada más, ni nada menos."
A pesar de su arrogancia con la que siempre se había adornado, la nueva forma de Vegeta era prácticamente imparable parecía, un hogar de poder, hambriento de venganza, sediento de su delicioso sabor. Disfrutaba de esta incomparable fuerza tanto como tenía su incontrolable masa, su propia forma pareciendo como sólo la punta de un iceberg. Era rico y espeso, profundo e interminable, este pozo sin fin lleno de material de energía.
"Tal vez sí Vegeta, tal vez." El Demonio más grande asintió, el collar de honor brillando fuertemente, el brillo por el poder de Vegeta reflejado en él. "Pero verás, ante tu amigo, enemigo, amante... lo que sea que Kakarotto es para ti, vino, descubrí algo..." sonrió malvadamente, bajando su vista. "Bastante valioso para mí."
Con eso deslizó su uña a través del cuello de Bulma, un fuerte jadeo y un ofensivo insulto respondiéndole inmediatamente mientras el Ángel gruñía con ferocidad, sonando tanto como un alocado animal en su rabia e indignación. Los pies de Goku se movieron hacia atrás en sorpresa mientas un rastro de sangre lentamente se mostraba en el propio cuello de Vegeta, en el mismo punto, la carne rasgándose abierta como su una invisible hoja estuviera partiéndola cuando sólo aire y viento picaba su piel.
El Rey Demonio frunció el ceño profundamente, los lados de su mandíbula juntándose mientras apretaba sus dientes juntos, feroces ojos brillando a su hermano que comenzaba a reír alegremente, sólo por el momento tomando consciencia de qué ventaja era esto que había descubierto.
"¡Justo como pensaba!" pronunció triunfante, su cabeza en alto mientras reía locamente. "¡Tan suyo como tuyo Vegeta! Una unión, por Dios, y pensé que no podías ser más estúpido." Rió alegremente, apretando a Bulma a su pecho mientras se sacudía con su felicidad.
"No es de extrañar que la mantuvieras a tu lado por tanto tiempo, tan cuidadosamente. Mirando cada movimiento suyo, durmiendo a su lado a la noche, dándole todo lo que su manchado pequeño corazón deseaba. Es una debilidad para ti, una vulnerabilidad todo el tiempo, ¿no?" se burló, su rostro arrugado con el gesto. "¡Y aquí todo el tiempo había pensado que realmente sentías algo por esta pequeña puta!"
Un bestial rugido sonó de Bulma que se retorcía de su agarre sólo lo suficiente para agarrar su muñeca entre sus dedos y hundir sus perlados blancos dientes en su mano, ganando un fuerte grito. Él se echó para atrás, arrancando sus dientes de su mano y sacudiéndola, ojos absolutamente ardiendo con rabia.
"¡Yo te haré sentir a TI algo!" Gritó ella, arrojando su codo en su ingle y siguiéndolo con una fuerte bofetada en el lado de su rostro. Su visión giró con el golpe de dolor, ningún aliento se escapó de él mientras intentaba con desesperación tomarlo. Se sentía como un cuchillo que lo hubiera desmembrado permanentemente, su ira ardiendo a niveles impensados, todo pensamiento y toda cordura alejado al precipicio de su abismo mental.
"¡Tú pequeña PUTA!"
Con eso se arrojó a ella a toda fuerza, su puño aterrizando en su mentón, un malvado corte enviándola directamente al abismo, inconsciente.
"Si un pequeño corte puede afectarte Vegeta," sonrió despiadado, todavía desplomado y agarrándose su entrepierna, respirando en pequeños jadeos. "Veamos lo que una pequeña muerte puede hacer."
Vegeta podía escuchar la risa incluso sobre el murmullo del viento mientras se arrojaba al lado del abismo, ardiendo a una vertiginosa velocidad tras el Ángel caído.
Más y más rápido se sumergía, como si una invisible fuerza estuviera empujándolo más y más de su agarre, o una desconocida energía estuviera acercándola más y más a sus malvadas garras. Las blancas plumas de sus alas ardían y un asqueroso olor impregnaba el ardiente aire mientras se hundía más, usando su energía para moverse más rápido.
Magma el color de la sangre hervida sólo a una corta distancia de Bulma, cayendo hacia la lava, la lava ascendiendo rápidamente para encontrarse con ella. El calor se movió a su alrededor, la ardiente energía que se había encerrado a su alrededor pero nunca tocando su carne, nunca ampollando su cuerpo como lo había hecho antes. Pero incluso mientras se empujaba a niveles de velocidad, rompiendo a través de cualquier límite o barrera conocida, ella se acercaba a las garras de la lava con la misma rapidez.
Más rápido, más rápido, más rápido... ¡MÁS RÁPIDO!
Arrojó sus alas al aire, concentrando toda su energía en sus pies, la presión del calor dándole náuseas mientras se tiraba de cabeza en él, la lava hirviendo directo frene al exhausto, casi incruento cuerpo de Bulma De repente fue envuelto por el fuego mismo, ¡su velocidad y campo de energía explotando en llamas! Sólo segundos... sólo segundos, segundos.
Llegaría demasiado tarde.
No... de ninguna puta manera. Nunca dejaría que eso suceda.
Cerrando sus ojos y apretando sus dientes, gritó con toda su fuerza, su campo de poder iluminándose mientras arrancaba a través calor hasta que prácticamente se sentía frío, envolviendo sus brazos alrededor de Bulma un milisegundo antes que fuera tragada por el magma. Cambiado su curso, rogó a sus alas por la fuerza para hacer esto, sabiendo todo el tiempo que si no se hubiera transformado en esto... este super Demonio rubio, nunca, NUNCA lo hubiera logrado. La velocidad, la fuerza, el poder estaban de su lado. Pero mayormente, mayormente la fuerza en su corazón lo impulsaba hacia adelante cuando la oscuridad intentó hacer remolinos en sus ojos, tentando a sus párpados a cerrarse y la dulce, dulce muerte encapsularlo en su descanso.
"Más rápido." Se ordenó, Bulma gruñendo en sus brazos mientras el caliente viento se vertía sobre ella, sólo las plumas en sus alas siendo lamidas por las llamas. La lava arrancando su camino hacia arriba, quemándolas, hambrienta de sangre, de víctimas.
"¡Debe ir más rápido!"
El tiempo se detuvo.
Fuego, lava, dolor, agonía, falta de fe. Lo empapaba, sólo su campo de energía manteniendo el familiar rostro de la muerte a raya mientras se arrojaba del medio del averno, las alas de cuero humeando y Bulma retorciéndose en sus brazos. El abismo RUGÍA a la vida, a cincuenta pies de pura derretida lava rociándose hacia arriba, gritando su odio y rabia por poder una comida tan divina.
Aterrizando suavemente sobre sus pies en el suelo, Bulma se derrumbó, los ojos disparaban sangre por la sequedad, el cuerpo convulsionando incontrolablemente con shock mientras luchaba el miedo que casi había drenado toda sensibilidad. Sudor empapó su frente, hundiendo su quemado vestido de encaje negro mientras se arrodillaba en el polvo, mirando a Draco con un odio que no me molestaré en describir.
"Tú loco hijo de pu-"
"Sal de esto Princesa." Vegeta interrumpió, su pierna apareciendo justo ante sus ojos mientras ella se agachaba a cuatro patas sobre el suelo.
"Esto es entre tú y yo Draco." Dijo con calma, cruzando sus brazos, todo el humor familiar, el temerario comportamiento y la arrogancia suicida idos. Parecía que en un momento en el tiempo había envejecido diez años, toda inmadurez ida de su serio porte, una gran cantidad de absoluto, sordo odio tomando su lugar.
Feroces ojos azules enterrados en el Demonio más grande, viendo a través de la suave carne bronceada, pasando los negros huesos debajo de la piel, pelando el mismo núcleo de Draco. Parecía como si estuviera desnudo ante esa monstruosa, impía mirada, la mirada de su hermano tan fría como la apariencia de sus ojos. Cualquier alma, cualquier corazón que se suponía que debía estar ahí, presente dentro de él, estaba siendo desgarrado, una pulgada a la vez.
"Esto es todo Draco." Vegeta dijo muy calmado, como si la tarea de aniquilar a su hermano mayor no fuera nada en lo absoluto. Sus pies dejaron el suelo mientras levitaba, sus feroces alas negras batiendo el caliente aire lentamente.
"El final de tu existencia. ¿Alguna última palabra?"
"¿Además de vete a la mierda?"
"Por supuesto." El Rey Demonio asintió.
"Sólo una entonces," Draco dijo sonriendo. "Adiós."
"¡Vegeta cuidado!" Goku y Bulma gritaron al unísono.
El abismo estalló hacia arriba, las llamas y lava tragando a Vegeta por completo, un ahogado grito de sorpresa el único sonido escuchado sobre el rugir de las llamas. Pero incluso mientras Draco comenzaba a regocijarse, una engreída sonrisa cubriendo su rostro, no pasó mucho que fue cubierto con pura incredulidad mientras todo el completo averno comenzaba a girar alrededor de un feroz tornado de magma, impulsado por el inmaculado ser que estaba abrazado en su mismo vientre, brazos estirados amplios y penetrante cabello rubio y azules ojos sostenidos en el corazón de las llamas.
Draco se tambaleó hacia atrás mientras su hermano apenas le sonreía, el hermoso rostro torcido con locura. Y luego Vegeta desapareció de la vista, con una gran explosión de energía ardiendo hacia abajo en la boca del abismo.
Un gran temblor abundó alrededor de ellos, la tierra a sus pies temblando y el sonido de una molienda casi ensordecedor.
"¡¿Dónde está?!" Draco gritó, cayendo de un lado a otro, los ojos buscando frenéticamente por alguna señal de la criatura parecida a Dios que podía convencer al mismo universo de temblar. "¡¿DÓNDE está?!"
El suelo debajo de sus pies repentinamente se rompió, agrietándose y rociando las hojas de magma directo al aire, peligrosamente cerca de él. Se tambaleó hacia atrás, sus propios gritos de sorpresa asustándolo mientras la grita seguía cada movimiento, la lava levantándose debajo de sus pies.
"Él- ¡Está debajo del suelo!" gritó, moviéndose más y más rápido de las batallas de caliente magma chorreando de la arena y la mugre. Pero en donde pusiera su pie la grieta lo seguía, hasta que parecía que verdaderamente estaba danzando lejos de ella, moviéndose caóticamente mientras el pánico comenzaba a congelar sus movimientos.
"¡Sal!" el hermano mayor gritó, frenéticamente moviéndose lejos de la temblorosa grieta que copiaba sus movimientos. "¡Sal y pelea conmigo cobarde!"
El temblor se detuvo bruscamente, una clase de zumbido pasando a través del aire, haciéndolo espeso y denso mientras Vegeta aparecía, brillando ferozmente, la tierra partiéndose su camino mientras se levantaba a través de ella, a sólo pies del abismo que hervía sin parar.
"Así es tipo duro." Draco se burló, sus ojos bajando mientras se ponía en una postura de lucha. "Lucha contra mí como un hombre."
Era como si el Paraíso estuviera ardiendo, las dos malvadas fuerzas colisionando como un gran poder, Bulma y Goku agarrándose del otro dolorosamente mientras eran arrojados hacia atrás por la mera magnitud de la energía.
"¡Agárrate de mí!" Goku gritó, agarrándose violentamente a la mugre, hundiendo sus dedos en ella para mantenerse en la tierra. Bulma temblaba a su lado, los ojos casi cerrados mientras el viento arrojaba baldes de arena hacia ella.
"¡¿Quién está ganando?!" Gritó ella, su fuerte tono apenas escuchable mientras el viento giraba y se volteaba alrededor de ellos.
"Yo, ¡no lo sé!" El Ángel respondió honestamente, su voz temblando. Envolvió sus grandes alas de plumas alrededor de ella, ojos amplios a pesar de la dolorosa picazón de las partículas de arena.
"¡Te odio!" Draco gritó con voz ronca, su voz tan llena de odio y malicia que apenas parecía humana. Cada oscilación se perdía por Vegeta quien había adquirido una masiva cantidad de velocidad y agilidad a través de esta desconocida transformación.
"¡Por años no he tenido nada, mirándote con tu arrogante orgullo teniendo MI trono! ¡Era mi derecho, carajo!" Sus puños se conectaron con la sólida mejilla del glorioso super Demonio, la carne chocando con sus nudillos sintiéndose dura y tan suave como la roca, aunque los dientes del Demonio más joven se apretaron juntos mientras hacía una mueca de dolor.
"¡Yo nací por él! ¡Fui hecho para él!" ¡Mi destino y tú me lo quitaste! ¡CARAJO!" gritó, agarrando un puñado lleno del cabello de Vegeta y arrojándolo al suelo antes de ponerse a horcajadas sobre él.
"¡Era MI día pequeño pedazo de mierda! ¡MI DÍA! ¡Y tú me lo robaste de nuevo!" Con cada palabra que decía golpeaba el hermoso rostro de la criatura más joven, cada repugnante crujido de huesos golpeando la carne escuchada por Bulma y Goku quien miraban en absoluto horror. De un lado a otro el rostro de Vegeta era arrojado, su visión sacudida con la furiosa fuerza de su hermano.
"¡Voy a ARRANCARTE TU PUTO ROSTRO!" Draco gritó locamente, sumiendo sus duras, negras uñas en la fuerte carne de la mejilla de Vegeta. La criatura más joven gritó en dolor, su propia sangre quemando por el inmenso poder y disipándose mientras se levantaba de su piel.
"¡Pulgada por puta pulgada!" El hermano mayor gritó, toda cordura ida mientras arañaba a la hermosa criatura debajo de él. "Voy a pelar esa hermosa, engreída pequeña sonrisa. ¡¿No tan impresionante sin tu hermoso pequeño rostro, no niño lindo?!"
Las manos de Vegeta fueron agarradas a sus lados mientras luchaba con ferocidad, la suave carne lastimada y desgarrada mientras Draco lentamente clavaba sus uñas de arriba a abajo, dejando sangrientos rastros por donde sea que los dedos hubieran tocado.
"¿Listo para morir niño lindo?" Gritó, empujando su rostro contra el sangrante debajo de él hasta que quedaron mirándose cara a cara. "Niño bonito... Eso es todo lo que fuiste alguna vez." Susurró.
"Eso es todo lo que alguna vez serás. Una pequeña cara bonita, un pequeño bonito débil. ¡¿Quieres saber por qué murió mamá?! ¡¿Quieres saber por qué padre la mató?!" Su mejilla estaba presionada contra la de Vegeta que miraba a un lado paralizado, viendo la arena azotar su camino de un lado a otro.
"¿Quieres saber por qué pasaste esa semana abajo en el calabozo después que ella muriera Vegeta? ¿Quieres saber por qué es todo tu culpa?"
Aunque el mundo dejó de girar alrededor de él, Vegeta sólo escuchaba las palabras de su hermano, viendo una vez más los horrores que había intentado olvidar con tanta fuerza.
"Porque ella te amaba." Draco dijo simplemente.
"Porque se preocupaba más por ti que por cualquier ser en este mundo, cuidándote como al mismo dios, quedándose a tu lado a la noche. Recuerdo que te abrazaba a su corazón cuando llorabas, susurrando y cantándote mientras te agarraba como a un débil a su pecho, alzando la vista como si fueras sólo dos en este mundo. A tu lado se quedaba, diciéndote el hombre en el que te convertirías, todo el bien que harías en este dominio Infernal."
Un amargo fruncir de ceño cubrió el rostro de Draco, celos y dolor revelados en sus ojos mientras comenzaba a nublarse una vez más.
"Yo entraba a la noche para encontrarla cepillando las pequeñas mechas de cabello de tus ojos, inclinada sobre tu cuna como alguna clase de enferma de amor, susurrando promesas de una mejor vida, contándote historias de Dios y de fe y de amor. Traicioneros susurros de completo engaño, ¡todo mentira! Tal esperanza tenía, tal amor y miedo sentía por ti. Sólo puedes imaginar la envida de Padre mientras apareció una noche detrás de ella, escuchando palabras que enfriaron su misma alma. Diciéndote que serías el elegido, el niño de la promesa que traería orden y paz al Paraíso y al Infierno. Que sería ella la que te haría lo fuerte suficiente para derrotar a padre."
Los adentros de Vegeta se congelaron, su sangre sintiéndose pesada mientras parecía enfriarse sólida en sus venas.
"Deseaba que él muriera, sabes." Draco susurró, odio lazado en su voz hasta que salió áspera y gutural. "Haciendo a Nappa prometer que te entrenaría cuando fuera el momento correcto, incluso si eso significaba ocultar tales tratos de la atención del Rey. Realmente no es de esperar que él la estrangulara al lado de tu cama, dejando su cadáver sobre ti hasta que tus gritos despertaran a todo el reino. El horror de ver su rostro, ojos apagados y blancos podían haber cerrado tu recuerdo, borrándola de tu mente completamente. ¿Tengo razón?"
Un desgarrador jadeo fue todo lo que se escuchó mientras Vegeta temblaba debajo de él, ahogados sollozos rompiendo su sistema nervioso.
"Cuanto te odiaba padre. Escuchando una y otra vez su secreto desprecio por él, libertad de un matrimonio sin éxito al que había sido obligada. Su fe en ti era todo lo que importaba, hasta el día que encontró sus dedos alrededor de su garganta, incluso entonces mirándote como si un niño de seis años pudiera de verdad defenderla de la ira del Rey. Siempre fuiste su favorito." Draco dijo con despecho. "El bonito, el prometido. ¿Sabes cuantas veces le pregunté quedarse a MI lado en la noche? ¿Quería que me cantara a MÍ?"
Agarró a Vegeta del cuello, levantando su cabeza del suelo antes de golpearla de nuevo contra él salvajemente.
"Y sin embargo había dicho simplemente que no. Como si ni siquiera fuera digno de una explicación."
Lentamente los ojos de Vegeta se centraron directamente en su hermano, el azul tan anormal, tan increíblemente espeluznante y extraño que Draco fue obligado a tragar la bilis que se había levantado en su garganta.
"Porque tu no lo eras." Vegeta dijo suavemente. "Ella tenía razón de todo, sabes." Sus ojos miraron en Draco, poniéndolo nervioso mientras una demente sonrisa tocó la boca del Demonio más joven.
"Sería ella la que me hizo lo fuerte suficiente para derrotar a Padre."
Con eso arrojó un puño brutalmente en el atónito rostro de su hermano, ganando un grito y volando arena mientras la criatura más grande era arrojada por la fuerza del ataque. Poniéndose de pie, ambos hermanos se estudiaron con nada menos que absoluta furia, un crudo odio sin emoción.
"Todo el odio, todo el dolor que sentí por su muerte, me dio la fuerza para matarlo." Escupió Vegeta, golpeando a su hermano que sólo podía bloquearse del fuerte ataque. "¡Hacer lo que tenía que hacer! Odiarlo justo lo suficiente, con la justa suficiente razón para matarlo tan brutalmente como lo hice. Ella me dio la fuerza en mi corazón. ¡Y ella lo SABÍA!" Sabía que esa sería la fuerza de impulso detrás del dolor que sentía, sabía todo el tiempo que me haría anhelar por esa dulce venganza por todo lo que él había hecho. ¡Lo sabía!" Gritó, aterrizando sus puños en la mejilla del otro hombre.
De repente el abismo explotó una vez más, los ojos de Vegeta concentrándose y serios sobre él, levantando sus manos, la energía ardiendo y agrietando como hojas en un fuego a su alrededor. Lentamente la lava comenzó a moverse hacia él, olas de magma rojo sangre levantándose en el aire, peligrosamente cerca.
"¡Cuidado!" Bulma gritó, su voz apenas escuchada sobre el inmenso trueno que explotaba miserablemente alrededor de ellos.
Aún así el averno no se detuvo, retorciéndose en olas alrededor de Vegeta que pronto estaba dirigiéndola con su energía en una caótica esfera de lava y fuego. Se retorcía y giraba, ardiendo violentamente como si enfurecido con su obvia manipulación y control sobre ella. Giraba a su alrededor, retorciéndose como ríos de sangre, su brillante energía haciéndolo incluso más caliente.
"Y ella me da la fuerza ahora."
Vegeta susurró, arrojando la gigante esfera de lava hacia su sorprendido hermano que sólo gritaba en horror mientras lo devoraba, golpeando contra su cuerpo y erosionando. Envolviéndolo completamente, ninguna parte de su figura mostrándose hasta que las llamas danzaban alrededor de sus humeantes piernas y brazos, su torso y rostro yaciendo paralizado en el suelo
La fuerza había cobrado toda su factura en Draco, el dolor rápidamente debilitándolo mientras cada diminuta herida y quemadura se hacía conocida con la arena y el viento soplaba sobre ella, cada una rebosante con pegajosa sangre. Respiraba con dificultad y jadeaba por el tan necesitado aire, sus pulmones sintiéndose espesos e hinchados dentro de él mientras parecía no poder inhalar el suficiente oxígeno para mantener la inconsciencia a raya.
Vegeta se arrodilló sobre él, poderosos ojos azules brillando con electricidad y raro sentimiento, brillando a un hermano que nunca había conocido realmente. ¿Qué sería matar a este hombre, esta simple criatura que era un vínculo a quien era, el último de tu familia? ¿Podía hacerlo? ¿Tenía que hacerlo? Había otra manera. Tenía que haber otra manera.
Y sin embargo, mientras veía los ojos de Gohan aparecer en su mente, ardiendo en su memoria en un permanente recordatorio, dejó ir el dolor, alistándose para entregar el último golpe que enviaría a este monstruo debajo de él a un Infierno más profundo, si de hecho había tal cosa.
"Vegeta no..." Draco susurró, desesperadamente intentando abrir sus ojos, incluso mientras los párpados estaban quemados y ennegrecidos, sus pestañas quemadas por completo. "Estarás solo."
Vegeta sólo pudo sacudir su cabeza, sabiendo que incluso entonces Draco estaba ciego por el disparo de energía que lo había devorado.
"Siempre estoy solo." Susurró solemnemente.
"Pero Vegeta." Draco tosió, sus párpados abriéndose levemente para revelar ciegas, invisibles orbes de absoluto negro, moviéndose de un lado a otro, inseguras de si estaban abiertas o no. "Soy tu hermano. Yo... te salvé todas esas veces de papá. Estaba contigo cuando me necesitaste. Por favor, dejemos esto de lado."
Un cambio había tomado el negro corazón del primogénito, su súplica debilitándose con su respiración que fallaba. El Rey Demonio sintió su ira irse, incluso mientras deseaba por milésima vez que tal cosa ni siquiera existiera. Remordimiento y culpa eran una cosa horrible, había decidido, mirando a través de sus propios sangrientas rojas lágrimas a la hermosa criatura que siempre había envidiado, por la que siempre se había preocupado a pesar de todo lo que había sucedido entre ellos.
"No puedo perdonarte Draco." Dijo finalmente, la finalidad en su voz congelando mientras Draco sentía el aire sacudirse una vez más en una energía que se juntaba. "No puedo olvidar que intentaste matar a Bulma y no puedo pasar por alto el hecho que lo intentaste de nuevo."
"Pero..." Draco resolló, tocando sus dedos inseguro en la dirección de la voz, su mano aterrizando suavemente en los labios de Vegeta. "Soy tu hermano, No lo ves, somos iguales... iguales." Dijo suavemente, sus manos explorando las finas curvas y líneas del esculpido rostro de su hermano.
"¿Qué eres tú sin mí? Soy tu hermano."
Vegeta sólo sacudió su cabeza una vez más, sus ojos mirando a un lado.
"Yo tengo un hermano." Dijo seriamente. "Su nombre es Radditz y él..."
Su mirada aterrizó en la inconsciente forma de su guardia, su compañero, y su amigo, tomando en los amplios hombros en los que había aprendido tantas veces, llorado sobre todas esas noches que parecía como una vida diferente ahora. Tomando la suave piel y recordando la suave coz y presencia que se había quedado a su lado cuando más lo necesitaba.
"Él es toda la familia que alguna vez necesitaré."
Con eso hundió sus dedos en el pecho de su hermano como un cuchillo, las puntas de sus uñas enterrándose profundo en la caja torácica, incluso mientras sus oídos eran llenados con el agudo y doloroso grito. Tomando al palpitante miembro en su mano, lo desconectó, arrancando las venas y arterias hasta que el corazón estaba latiendo y bombeando chorros de sangre ante los ojos de Draco que no veían, ojos que no creían.
"Esto es por todas las veces que me hiciste fuerte... hermano."
Y arrojó la palpitante carne en la boca ampliamente abierta de su hermano, la sangre choreando de los labios mientras obligaba a la inerte mandíbula hacia arriba, haciendo a los dientes masticar el grueso, carnoso tejido.
"Cómete tu corazón."
Evanescence - Bring me to life
