Acto 9: Turning Point

En el apogeo de la Segunda Guerra Mundial, las cosas se estaban moviendo a favor de los aliados. La perspectiva de quitar a Italia de las Potencias del Eje resultó ser demasiado bueno para resistir una invasión aliada y se propuso una en Sicilia. Desde entonces, Italia se encontraba en una encrucijada del destino.

Era de noche en la isla italiana de Sicilia. Tanto Alemania como Italia estaban asando malvaviscos junto a una hoguera en la costa. De repente, Alemania se dio la vuelta y vio a unos intrusos en la isla. Los aliados, Estados Unidos e Inglaterra, habían llegado.

– ¡Alemania, mira! – Exclamó Italia, – ¡Estados Unidos e Inglaterra han llegado! –

– Italia, cállate, – respondió Alemania apresuradamente, – Estados Unidos, Inglaterra, denos una buena razón de porque están en la casa de Italia –

– Si quieres saberlo, estamos planeando utilizar Sicilia como un trampolín para la invasión a las potencias del Eje, – declaró audazmente América.

– Imbécil, pensé que habíamos dicho que esto era clasificado, ¡especialmente para el enemigo! – Gritó Inglaterra.

Para entonces, Alemania tenía su arma en sus manos, listo para disparar a voluntad. Por otra parte, Italia estaba agitando una bandera blanca en el aire.

– Italia, no voy a dejar que estos bastardos estén en tu casa, – declaró Alemania.

– Como el héroe que soy, ya tengo el plan establecido –, dijo América, – ¡Grecia yo te elijo! –

De repente, una nueva figura saltó a la escena. Era Grecia, ataviado con una camisa blanca y una chaqueta marrón que se negaba a llevar correctamente. Llevaba una cruz gigante, que representa el Monte Athos.

– Aunque soy amigo de Japón, invadiste mi hogar –, dijo un nada somnoliento Grecia, – no voy a perdonarte tan fácilmente. –

Grecia salto de nuevo, y aterrizó para dar una patada desde atrás al germano. Cuando Alemania intento levantar la cabeza, Grecia ya tenía su cruz apuntando a su barbilla. Italia sólo comenzó a aletear su bandera aún más frenéticamente.

– ¡Me rindo! ¡Me rindo! –, exclamó, – ¡pero por favor no me hagas daño! –

– Eso fue muy rápido – , comentó Inglaterra – , en realidad fue una victoria más grande de lo previsto inicialmente. –

– Ayuda... – gritó Italia, mirando hacia el cielo.

De pronto la figura fantasmal y gigante del abuelo Roma se elevó desde el océano. Se aclaró la garganta y comenzó a cantar:

En el Infierno
los ingleses son cocineros,
los alemanes son agentes de policía,
los franceses son ingenieros,
los suizos son amantes,
y los Italiaaaaanoooosssss son banqueros!

Cuando terminó, una multitud desconocida lo vitoreaba, aplaudiendo con frenesí. Pronto, Roma y los aplausos se desvanecieron tan pronto como llegaron. Para entonces, las dos potencias del Eje se habían ido de la costa ya.

– Maldición, nos han eludido una vez más, – maldijo Inglaterra, – y mi comida está fuera de toda comparación con el infierno. – agrego antes de que América dijera algo sobre ello.

En realidad, habían pasado de contrabando a un barco en la península italiana. Alemania estaba manejando con vigor el barco, mientras Italia volvió su mirada a Sicilia.

– Romano no estara muy feliz por la pérdida de Sicilia, – dijo Italia.

– No te preocupes, vamos a recupérala en algún momento – dijo un calmado Alemania – pero tenemos que llegar a Roma primero. Pero, ¿quién era ese hombre de antes? –

– El abuelo Roma, estoy seguro de ello, – respondió Italia.

– Pero en serio, hay que cumplir con nuestro cometido, – declaró Alemania, – basta con ver lo que pasa en casa y asegurarnos de todos los Juegos Olímpicos. –

Los aliados habían ocupado Sicilia y preparaban su asalto a la Italia continental. De regreso a Roma, el gobierno estaba haciendo planes sobre qué hacer a partir de ahí.

Dentro de una habitación, las dos personificaciones de Italia estaban en audiencia con el rey Víctor Manuel II y varios otros ministros. Sin embargo, fue notable la ausencia del primer ministro Mussolini.

– Espere, deberíamos esperar al señor Mussolini antes de comenzar la reunión, – insistió Italia.

– ¡Olvídate de ese imbécil! ¡No voy a esperar más! – Gritó Romano.

– Su Majestad, si no hacemos nada ahora, los aliados pueden invadir Roma y tomar la capital, – advirtió un ministro.

– Todo el mundo, por favor, salga de la habitación, – declaro el rey – Deseo hablar con nuestra nación. –

Los otros ministros sólo asintieron y salieron de la habitación. Sólo Veneciano y Romano se quedaron en la habitación con su Rey.

– Veneciano, tu también –, dijo el rey, – Sólo quiero hablar con Romano. –

Veneciano puso mala cara y salió de la habitación. Una vez que se cerró la puerta, puso su oreja cerca de ella para escuchar la conversación privada.

– Romano, he emitido una orden de arresto para Benito Mussolini, – dijo el rey, – el Gran Consejo también ha decidido esta elección y el gobierno será cambiado de inmediato. –

– Wow, eso fue muy eficiente, – Dijo el italiano sureño, con algo de sarcasmo, – pero ¿por qué excluir a Vene? –

– Debido a que tiene fuertes lazos con Alemania, eso comprometería nuestra posición –, dijo el rey, – También quiero negociar con los aliados para que no ataquen Italia. –

– ¿Los aliados? – Exclamó Romano, – ¡Tienes que estar bromeando! ¡No recuerdo haber sido tan amable con esos idiotas desde la década de 1930 y espera que lo hagamos ahora! –

– Estoy tratando de evitar que se lleve una guerra en nuestro patio trasero –, dijo el rey, – Romano; no quieres que tu hermano confié en Alemania ¿cierto? –

– Sí... – Romano le dio la razón en aquello – Así que con los aliados de nuestro lado, no necesitamos inclinarnos ante el bastardo come papas nunca más ¿verdad?. –

– Y no antagonices a los aliados de ninguna manera, – le dijo el rey – Simplemente cumple con todas las exigencias que te dicen, si quieres salir con vida. –

A fuera, Italia estaba bastante preocupado por lo que acababa de oír.

– ¿Por qué el Rey y Romano quieren engañarme? – Se preguntó, – debe encontrar a Alemania y decirle... –

Entonces, Italia se volvió y observo un reloj en la pared. Indicando ser las tres de la tarde.

–... ¡Pero primero, la siesta! – declaro Italia, antes de desnudarse ahí mismo y echarse al suelo para tomar una.

Y así, romano volvió a Sicilia para concertar un armisticio con los aliados.

– Tiene el mismo aspecto hasta ahora... – comentó Romano, mirando a su isla, – si esos cabrones cambian un poco mi hogar, se las verán conmigo. –

Pronto, llego a un motel barato donde los aliados se habían reunido por el momento. Romano entró y se encontró con las fuerzas aliadas. Sobre la mesa, estaban; Estados Unidos, Inglaterra, Francia, Canadá y Grecia. Al mismo tiempo, Romano comenzó a temblar frente a los Aliados.

– Señor Inglaterra... – habló Romano.

– Romano, estás aquí, – noto Inglaterra – Vamos a comenzar la reunión, ¿de acuerdo? Por favor, toma asiento. –

Inglaterra hizo un gesto hacia el único asiento libre entre Canadá y Grecia. Romano rápidamente se sentó sobre él y puso sus manos en su regazo, temblando mientras un poco de sudor lo recorría.

– Francamente, esperaba que tu hermano viniera, – opino Francia, – Veneciano es siempre tan lindo. –

– Siempre se trata de ese stronzo... – comentó Romano: – Sólo salgan de mi orbita y de mi país, y vayan a pelear con Alemania. –

– Podemos tratar de hacerlo, pero si Alemania conquista sus tierras, habrá una guerra aquí – , respondió Inglaterra.

– ¡Haremos lo que dices, Romano! – Declaró el americano, interrumpiendo a su ex tutor – Simplemente no desafíen a los aliados y queremos hospitalidad para nuestras tropas. La guerra ha sido muy duro para ellos, ya sabes. –

– Bien, estoy de acuerdo con eso... – aceptó apresuradamente el latino menor, – Todo lo que digas, se llevará a cabo. –

– Entonces, me gustaría que el Reino de Italia pueda unirse a nosotros como parte de las fuerzas aliadas, – comento casual Inglaterra.

Una oportunidad para bajar a esa stronzo papa... quién podría resistirse... – pensó Romano.

– ¡Cuenten conmigo! – grito con fuerza Romano.

Con esto, podemos rodear a las Potencias del Eje y aplastar a Alemania –, pensó Inglaterra con satisfacción.

Y podemos retomar Normandía si Alemania se queda atascado en Italia, – pensó a su vez Francia.

Mientras tanto, Italia se aventuraba en los Alpes suizos en busca de Alemania. O más bien, acababa de regresar de la casa de Alemania, donde sólo Austria estaba allí.

Lo sentimos Italia, – dijo Austria – Alemania y los otros se han ido al frente oriental para luchar contra Rusia. Las cosas han ido mal desde Stalingrado, y siempre está por ahí en estos días. –

– No... Tengo que encontrar alguna manera de hablar con Alemania, – se dijo así mismo Italia – si no es así, él también puede estar en problemas. –

En ese momento, un disparo zumbó en el aire. Era Suiza, que se dirigió hacia Italia. Detrás de Suiza, estaba Liechtenstein, pero con los ojos cubiertos por sus manos.

– ¡Hermano mayor, ya puede ver! – exclamó Liechtenstein.

– ¡¿Cuántas veces te he dicho que no vengas a mi casa de esta manera?! – gritó el suizo.

Italia se sorprendió, pero miró hacia abajo para encontrarse a sí mismo sin sus pantalones de nuevo.

– Debo haber olvidado los pantalones después de mi siesta, de nuevo... – Hablo Italia y respondió a la pregunta – Y van 104 veces contando desde mi independencia. –

Aun con esa explicación el suizo todavía se encontraba enojado – no es así – hablo hacia Italia, y levantó su rifle nuevo.

– Son 105 veces contando esta, desde tu independencia – respondió, – lárgate ahora antes de la próxima bala termine en tus regiones vitales –.

– ¡Lo siento, lo siento! – lloró Italia.

En este punto, Alemania ya había entrado en escena también. Todavía enfundado en su abrigo de piel gruesa, que usaba para el combate en Rusia.

– Suiza, deja ir a Italia –, dijo, – voy a conseguirle unos pantalones en mi casa. –

Suiza bajó los brazos y tomó a Liechtenstein lejos con él. No paso mucho antes de que se quedaran solos, con el italiano ya temblando de frio.

– Alemania, ¿cómo supiste que estaba en Suiza? – pregunto Italia.

– Austria me dijo que estabas buscándome y que parecía urgente, – le respondió el alemán – ¿y qué es? ¿Herviste tus raciones de agua para pasta de nuevo? –

– ¡No, no, esto es sobre la guerra! – Grito Italia, – ¡mi rey y Romano están considerando unirse a los aliados! –

– ¿Qué? – Exclamó Alemania, – ¿estás seguro?, Mussolini nunca permitiría eso. –

– Pero ellos ya lo han arrestado, – hablo el latino – No sé qué hacer ahora... –

– Cálmate primero, vamos a resolver este problema por rozamiento publico – declaro el más alto con calma , – voy a llama a mi gente para rescatar a Mussolini primero, y luego vamos a establecer una República Social Italiana. –

– Gracias Alemania, – Italia le dio las gracias, – yo sabía que podría contar contigo. –

– Además, debemos eliminar los recursos de la península italiana para que los aliados no puedan conseguirlos, – continuó Alemania, – una táctica complicada que aprendí de Rusia en el frente del Este, pero es por el bien de la victoria. –

– ¡Voy a hacerlo por el bien de todos! – declaró alegremente el italiano.

Mussolini fue rescatado rápidamente por los alemanes, y se instalo como Duce de la República Social Italiana. Por otra parte El Reino de Italia, mostro su aceptación por los Aliados, cuestión que hizo inevitable el enfrentamiento de los dos hermanos.

Romano estaba acompañando al resto de los aliados, que marchaban a la Península italiana. Su peor temor se había hecho realidad; Alemania había ocupado tierras en Italia en respuesta al armisticio.

Los aliados fueron liderados por Estados Unidos e Inglaterra; ambos estaban armados con pistolas. Francia mostraba una bayoneta; Canadá estaba armado con un rifle de asalto y con su uniforme blanco de verano. Grecia también estaba allí, ataviado con su chaqueta y con la cruz como su única arma. Romano se deslizó detrás de los aliados, sosteniendo una guadaña como arma.

– ¡Romano, ponte en frente! – Le grito el ingles – Eres tu el que esta familiarizado con el terreno. –

Romano se quejó un poco, pero aún así se obligó a estar enfrente con Estados Unidos e Inglaterra. Fue entonces cuando se encontraron con Alemania e Italia junto a él.

– ¡Veneciano! – Exclamó Romano, – ¡bastardo patatero, no debiste llevártelo! –

– Él vino a mí bajo su libre albedrío para informarme de sus planes, – respondió Alemania, – Romano, cuanto te conocí nunca me gustaste, y no podría importarme menos, pero a tu hermano…eso es algo nuevo para mí. –

– ¡Eres una mala influencia para Vene, así que tenía que hacer algo al respecto! – Le grito el latino sureño en defensa.

– Los traidores deben ser castigados... – hablo Alemania, – nuestra alianza no se romperá por tu culpa. –

Años más tarde, después de la Segunda Guerra Mundial, hubo debates dentro de Italia unida sobre el futuro de la nación.

– Romano, creo que deberíamos celebrar un referéndum sobre el gobierno aquí –, sugirió el menor de los Italia.

– ¡¿Qué, no es lo suficientemente buena nuestra situación ahora?! – exclamo Romano.

– He estado viendo los gobiernos de Francia y Alemania y una república se ve bien para nosotros –, dijo Italia.

– ¡Así que vamos a ir, tratando de copiar a esos hijos de puta! – Rompió en gritos Romano – Sus repúblicas nunca ha funcionado para ellos. Mira el caso de Alemania. ¡Su período de República de Weimar, fue lo que hizo que ese loco de Hitler tomara las riendas y nos arrojara a este agujero de miera! –

– Pero nuestro pueblo ha elegido la república, – hablo suavemente Veneciano, – Todos quieren que Umberto II abdique ahora. –

– Pero la gente en el sur no lo aceptara y querrán que retenga el trono, y estoy de acuerdo con ellos –, expresó Romano zanjando el tema, – Te han engañado de alguna manera, debe ser otra vez es bastardo de Alemania. –

– Romano, ¿cómo puedes ser tan cruel? – Le pregunto Italia al borde del llano – tengo el derecho de hacer mis propios amigos, ¿no? –

– ¡Y siempre te haces amigo de los matones! – Expuso sin dudar Romano – ¡Es por eso que nunca vas a sobrevivir este mundo! –

– . Romano... la elección se ha hecho. Ahora somos la República Italiana, – comunico Italia tratando de limpiarse las lagrimas – ¿No hemos sufrido bastante? No tenemos que esperar cien años para darnos cuenta que esto es los mejor, por favor –

– Bien, ¿qué más se puede hacer? – Acepto el Sureño, ya resignado..