"Navidad, Horo es mi regalo de navidad"

Capítulo X: Perjuicio

Shaman King y todos sus personajes pertenecen a sus respectivos autores.

Advertencia: Universo alterno, en el que las edades y roles han sido modificados un poco para adaptación de este fanfic.

Intento de Yaoi ó lo que es lo mismo, relación hombre x hombre.

Este capítulo escrito unos cuántos años después, por el hecho de terminar, el estilo variara. No espero qué alguien lo lea, sin embargo gracias infinitas si alguien lo hace.

-)-(-

"diálogo"

-)-(-

Momentos aquellos en los que se pretende ser quién se espera, instantes en lo que pasas alientos contenidos por alcanzar las metas previstas, aquellas que ni tu propia persona conoce, la adición incesante de hubieras, el tiempo, el espacio, el momento… hubieras, meditas al atardecer, un día como cualquier otro, dirías, más empero, una gota del rocío vespertino ilumina aquellas penumbras que sucumben temerosas en lo alejado, lo casi moribundo de tu mente, espíritu.

Y comienzas…

"Él lo sabía, aun conociéndolo, le acepto, le buscó de inicio a fin, hiciste la mejor elección"

Aquello que no puedes contener más, ese peso golpeándote cual onda cargada al indigente de la plaza central, atado por los pequeños caprichosos, insensible en apariencia para el pre juicioso mundo en el que se desarrollan sus mentes siniestras.

Te golpea.

"Mis hijos, regresaron a casa" , informo el señor Asakura, antes de partir al sermón rebuscado del cual acreedores han sido, no faltaba decirte un adiós merecido," sereno como mereces."

Y lleno de heridas deambulas llorando, quizá, sufriendo, tal vez una angustia irreconocible, irreparable, la sangre brotando por las amoratadas marcas, así, vislumbrado eres por los transeúntes que sin más recato, apuntan a tu faz, aludiendo a lo fracasado de tu vida, sentenciando el destino que te espera, anunciando que eres lo que nunca debió ser, no les miras, bajas tu turbia ironía al piso, cuan orgullo muestra la madre del niño al saber su voz decir, no seré como él.

Suspiras.

No queda más llanto, no existe evidencia visible a los ojos foráneos de tales heridas, vistes con trajes caros, sonríes a toda persona cercana a tu paso, eres conocido, el titulo señor sustituye al real, vagabundo. Caminas por doquier siendo admirado por los logros alcanzados, en el fondo, lo real, sólo tu persona misma conoce su residencia, el oscuro callejón del olvido, que consumes, el amargo sabor de la mentira, que te alivia, el esperanzador reto de la vida, sólo tú sabes que ellos buscan con vehemente insistencia donde con la piedra machacar abriendo aún más el torrente de la no atendida llaga leprosa.

"Él sabrá, Umeko, por qué así debe serlo"

Huir, cuan cobarde, correr cuan valiente, escapar al final es lo que busca, irrelevante el método a usar, el objetivo es lo mismo al final, justo, injusto, empero real.

"En Tao, él sabrá qué es mi hijo"

Musita a espaldas mías, el hombre cuya vida se destrozó, cuan visible mostro vulnerabilidad, mientras la luz del sol carcomía sus entrañas gastadas pro la falta de alimento, motivación o energía; yo, apretaba la cinta que sostiene el palpitar humano, fingía serenidad ante un insensante ataque de nervios, la culpa descargando con venganza la vida, ahogándola en el río del dolor para permitir respirar y repetir el torturante proceso hasta qué los vientos dejaran el musculo sin respiración.

"Partiré ahora mismo, Usui, él sabrá que no es tu hijo"

Injusto, justo, empero, real.

-)-(-

Procuraba atender las diversas curiosidades infantiles predominantes en su estadía, desde aquel momento de reclamo, mismo de pasividad, el silencio sepulcral volvió a reinar, su voz acallada a la nada, su mirada inundada de nostalgia, su tacto instalado en la taza, el café humeante a su cara.

"Horo, ¿podemos hablar?", perdí insistencia en seguir un juego turbio ante la actitud inerte por él mostrada.

"Claro, Ren, tienes algo que decir, escucho", expectativas, quedaban en lo noctambulo de la muralla construida.

"En privado, por favor"

"Joven Lyserg, una especie muy particular de rosas ha florecido hoy, esas por la que usted mostro interés en conocer tan presto fuera posible"

"Me gustaría verlas, si fuera posible en este momento"

El vacío de la habitación comensal, silencio en la mesa principal, ninguno de los asistentes del comedor permanecían más a la vista, sólo él, sólo yo, solos.

"Vallamos a mi habitación, Horo, por favor"

Seguido por aquel, consternado por los años en los cuales, hermano mío fue, más en el momento presente, decirle sin tabú, que ya no lo es, no lo será.

"Qué se te ofrece Ren"

Para mí.

"Hablar"

Qué pensarás.

"Es por mi comportamiento, es por eso, más Ren, tu juicio puede ser calculado con la exactitud de certeza que tiene un amanecer, y aun así, equivocado estarías"

Descontrol.

"Sé qué es así, no te juzgo"

Improviso.

"Qué sentirías al saberte abandonado por tu padre, en la casa de su rival, a la merced de aquel hombre con quién compitió por el amor de una mujer, tu madre, y qué este a su vez, te trate cual hijo propio, atentamente y hasta tal vez, más amorosamente que al suyo. Que sentirías si descubres el manto de los ojos y notas que la vida una completa mentira ha sido, que un día de la nada aparece un hombre, tu padre, no te abandono, fue echado, desterrado de su simiente, convierte todo en confusión, qué sentirías si sabes que en verdad nadie te quiere a su lado por ti, sólo te quieren porque eres un recuerdo, no es a tu persona sino los fantasmas de ella. Qué sentirías Ren"

Helado.

"Qué estás diciendo"

Sentir la mirada clavada, mirarle cuestionando su habla, respuesta inmediata repleta de acusaciones innecesarias, dudar.

"Encontré la carta que mi madre dejó a tu padre antes de partir con mi padre, firma con el nombre de Umeko"

Vacío.

"Horo, yo te quiero… por qué no permite tu alma una rendición tal. Insistente rayando en lo necio, energético llegando a lo insoportable, casi irrespetuoso en pro de la verdad, te quiero porque eres la única persona con la que he estado a lo largo de los años, eres mi familia, más no mi hermano."

Atónico.

-)-(-

Le miraba sonriente, sonreía a su vez. Paseaba su mano por los prados florecientes indefenso de las espinas inherentes, miraba cálido la tez ajena, olvidando lo pasado en la institución a cargo de mi padre, o era que ya me habría olvidado.

Acercarme a tan perfecto cuadro, romper la armonía sería, sonreír anonadado, él sabría ofrecerle la inocencia de la que yo carecía, un perdedor qué busca recuperar el trofeo no ganado, yo no soy ese, no lo fui con los Tao por qué lo sería por un extranjero inglés.

Motivos no tuve para emprender un viaje a casa de los Tao, motivos… serían exigir una explicación de su pronta huida, más Chocolove al tanto de la situación me mantuvo, y yo fingí indiferencia, participante activo fui de la apuesta que con Horokeu se jugó.

"Lyserg…"

Inoportuna voz traidora, maldita alma soñadora, desgraciada esperanza moribunda qué en momento tan fatídico su nombre pronunciarme hizo, siendo escuchado por el oído del susodicho.

"Hao Asakura, qué demonios haces aquí, acaso no tendrás ya un nuevo interno a tu disposición y satisfacción completa"

La dureza decorada, atrapada en el amargo sabor de una espina atorada en su piel, presión tempestuosa forjó el allanamiento de la rosa.

"Te amo"

Maldito no contener, maldita debilidad… qué motivo tendría para emprender un viaje a donde los Tao, sólo él.

"Yo no tengo nada que hablar con usted, ni porque escucharle"

El hombre alto miraba desconcentrado la acalorada discusión iniciada entre el hospedado y un perfecto entrometido, tal era su impacto que no cuestiono mi llegada.

"No pido que me hables, ni que me escuches, sólo diré lo que debí haber dicho desde que así lo sentí, aunque no escuches."

Silencio.

"Tu llegada a la región, fue un motivo para quedarme, pretendía conocer al poseedor de tan intrigantes ojos verdes, transparentes. Saber si tu sonrisa sincera podía ser para mí como se la ofrecías a Yoh, quería conocerte, más no se expresarme de otra forma, que la manera tan despreciable en la que … brutalmente te trate, no quería admitir que eres más de lo pude imaginar, importante no, indispensable para mi vivir, que eres tú, la persona por la que hoy estoy aquí, hace un momento me preguntaba el motivo de emprender una empresa hasta este apartado sitio, los Tao no eran, era la esperanza de verte, sonriendo, feliz, sin mí, porque yo no supe hacerte feliz, eche a perder la oportunidad y merezco que no se me hable y no se me escuche, merezco todo menos a ti"

Tal cual dijo, partió sin escuchar lo que enuncie, sin aceptar el mínimo de aquel corazón mío que ponía a sus pies, por primera, única vez, fui pisoteado, rechazado con su indiferencia directa, déjome hablando a la nada.

"Este espécimen de rosas, es particularmente interesante, no florecen los capullos en épocas primaverales, lo hacen en medio del clima inhóspito de invierno, tienen las espinas más grosor de las otras, los pétalos son excesivamente frágiles, a veces me pregunto, cuando paseo por los jardines que nadie frecuenta en estos tiempos, cómo es que a pesar de que florece una flor, cae, nace otra, de un rosal tan árido.
Si gusta pasar a la estadía, está a la izquierda al fondo"

El jardinero, nada más que un simple campesino humillaba a un Asakura de manera tan consoladora, un acto diplomático vil, perversamente ejecutado, un simple campesino dominaba el arte del habla, mantenía control del entorno y me tenía postrado a su invitación cordialmente irónica, presuroso a incitar a mi Lyserg podría, espacio en blanco, sin gratitudes o modales llegué a la estadía, sin vista de mis añoradas verdes esmeraldas irrespetuoso de la hospitalidad y relación de mi padre con los Tao me infiltré entre los corredores y las habitaciones abriendo y cerrando puertas tras mi recorrido, no descansaría mi ausencia de cordura hasta encontrar en su mirada el gesto que buscaba desesperadamente el alma mía, su luz tan solamente su luz de vida rescataría la mía de esta agonía, no más allá de ello, no pretendería más forzarle a nada, mas este impulso me dominaba de manera tal qué me gustaba no acallarlo, lo deseaba, le alimentaba con premura, le brindaba toda la energía que requiriera el recorrer aquel laberinto cuyo fin no veía, él se ocultaría tal vez, escaparía de mí, huiría a los brazos protectores y vilmente diplomáticos de un jardinero , por qué esa absurda idea recorría el palpitar sanguíneo haciéndome enfurecer, evidencia no tenía de aquel para con seducciones hacia el inglés, no importaba, la furia ya me consumía, la desesperación, la agonía, el faltante aire me sofocaba, sus esmeraldas eran mías, quería verlas clavadas en mí.

"Lyserg" grite casi en un murmullo, tan desgastado me encontraba. El ya miró con desden hacía mi llamado, frente la ventaba posaba con los tenues esbozos de sol acentuado la dulce miel en sus esmeraldas ya fijas por completo en el piso, ignorando mi inestable presencia, el debate mental, el infierno mismo llegó en el instante, intentar dar el paso, retroceder, avanzar, besarle, rogarle, implorarle, para ese momento ya había olvidado mi propio nombre, el estatus y el orgullo del hombre, en ese momento únicamente sus hermosos ojos de dulce mirar inundaban mi existencia, no había más que ellos para mi suerte maldita, todo razonamiento extensamente meditado y asentando yacia muerto en el jardín, no había más Hao Asakura, no había más dignidad qué pudiera devolverme a la realidad, frente mi con total molestia lucia su destilante armonía, el ser qué revivió mi humanidad, aquel que apago el infierno y que también lo encendió sin control, mi única fuente de agua, quería todo de él aunque eso fuera la condenación eterna, quería su absoluto bien, su completa sonrisa, le quería feliz.

Un paso atrás, uno más, le quería feliz, con el dolor tenía que virar el timón a ciento ochenta grados y seguir la marea.

"Hao" dijó con peso.

"Sí", continuo sin mucho énfasis, formalidad, formalidad de caballero.

"Escucharé lo que digas, sin embargo así como yo intentaré comprender tu explicación por favor tu intenta comprender mi situación, de otra manera no será posible dialogar Sr. Asakura" finiquito.

"Lyserg, hablar no expresará…, no tengo nada que decir." La explosión mental, las llamas ardientes del infierno deseoso, inestables emociones humanan que emanaban de desconocidos mágicos lugares recayendo en el mortal cuerpo o consolidando la esencia, le quería feliz y le quería todo, todo mío, feliz o mío.

"Vi el recorrido que hiciste por casa de los Tao, vi tu expresión, te vi, y no tienes nada qué decir." Guardo silencio como terminando la pregunta en retorica suspensiva.

"Entonces ve a tu casa y reivindica tu miserable vida Sr. Asakura", dijó, y a paso lente dispusosé a salir de la habitación, por mi lado debería pasar, por qué, tan cerca de este demonio que era aún irreconocible para mí, o terrible e insoportable maldición que su bendición de mirada a mi fúnebre ser se expresará, pasaba al lado, justo al hombro por la dimensión de la puerta, pase en seco un bocado del confuso cóctel que me brindaba su existencia, mis manos tomaron vida fuera de toda orden mental, posaronse en su cintura con tanta necesidad de ternura, inocentemente, casi se diría que con la inexistente pureza de Hao Asakura, el mentón descolocado también, recorrió su hombro con ansiedad loca, quería expresar tanto como pudiera que era real, absoluto, único, le quería feliz y mío, solamente mío, su alma, su todo, su control emancipaba sobre que yo tenía de mí.

Suspiro ahogado, se estremeció, pensó, tal vez, qué el intento igualitario a los pasados era, pensó tal vez muchas variantes de lo que Hao era, pensó con una llama a respuesta clavando sus ojos en los míos, los míos muertos por él, muertos y vivos llenos de aquel delirante cóctel, sus hermosas esmeraldas me veían con tal cercanía, con tal insistencia, con reclamo, con ese temor tímido y nítida seguridad, no me harás más daño, me decían. Tenía qué hacerlo, verle, mostrarle que tomaba de su copa desde tiempo, sin saberlo, que todo lo que yo fui no era, ya no era, era un recipiente captando un cóctel qué únicamente el servía, llenaba mi existencia, le daba sentido a un inerte vaso. Tenía que hacerlo.

Besarle.

-)-(-

En cuánto En miré a Horo, musitará toda la blasfemia posible arrancando las raíces de su padre, cuán terrible malestar es llamado vida, qué los dioses pretendiendo un teatro monótono repiten la historia de los seres en turbulentas revueltas sin un sentido mayor al olvido del qué son seguidos, muerte, muerte es el único fin seguro para todo individuo.

Su ganancia mayor era pues los recursos le favorecían, el tiempo parecía comprar con oro de noche y caballos de día, En Tao me aventajaba por mucho, más rendirme no permitiría, aun con los dioses de su lado, no desistiré, mi hijo sabrá la verdad de su vida.

Paso el tiempo requerido del viaje, para la distancia acortar no dormía, no comía, pues En con seguridad lo haría, estrategia adopte para compensar la falta de economía. A casa de los Tao arribé cuándo dormían, por los pasillos deambulé cual costumbre no perdida, puerta tras puerta con decoro y silencio recorría, hasta hallar a los hermanos Tao en los mismos aposentos, uno dormía, el otro me veía cual guerrero ansioso del aroma mortífero que una batalla anuncia, "Hablemos en el establo", se levantó y sin calzarse me guió.

"Padre, te haces llamar", y cortó, tras sí cerró el establo, sobre la puerta su peso recargo, pretendería su padre huir que tal acto requerido sería.

"La historia de tu raíz te he de contar, padre no huira sin que sepas la verdad, cruel puede ser en realidad, más esa opinión tuya será", no movió un ápice de sí.

Tu madre, mi amada Umeko, cortejada era por poderosos caballeros de esta región por su inigualable belleza y la grandeza de su espíritu. Más seriedad no había en las palabras de aquellos qué con vehemencia intentaban, pues mi dulce Umeko a corta edad sola quedó ante un pueblo cruel qué no rescata el corazón, qué destroza toda vida para su autosatisfacción, ella era conocida por los caballeros en eventos de baja reputación, no por ello fáltese al respeto a sí misma en ninguna situación, tu madre una dama siempre fue. De todos los caballeros qué buscaban pretenderla para momentos de ocasión había uno qué con amor verdadero la miró, sin importarle el compromiso adquirido por su familia para su próximo matrimonio, creo que habría sido capaz de cancelarlo pesé la deshora que implicaría sobre el prestigio de la gran familia Tao, él en verdad la amaba con certeza su bien pretendía, más las cosas no son como uno quiere por qué entonces tal vez los dioses no le llamarían a esto el teatro de la vida, a su merced estamos, para su exclusiva alegría.
La prometida señora de En enterase de lo que acontecía y a la intrigante dama fue saludar, al ver que de su agrado no era de que ella quería descartar, para aquel entonces cuándo la bruma de la incertidumbre se espesaba yo arribe a esta región y conocí a esa dulce doncella, la pureza de su alma anclo vida a tierra y convirtió mis arroyos en océanos, construyo un barco de esperanza para sobrevivir cualquier tormenta, ella también lo amaba, lo sé, lo supe, las señales de los dioses no les favorecían, su vida no estaba unida en esta tierra, ellos lo sabían, más él así como yo pensamos que podríamos mover el cielo mismo para que la lluvia no mojara su cabellera, ambos fuimos ilusos, ambos la perdimos. La prometida de En, la futura señora Tao se aseguró del bienestar de su familia, con suavidad invitó a su prometido para tratar de arreglar un posible finiquito al compromiso adquirido acompañados de vinos exquisitos y licores embriagantes, En yacía sujeto a ella, su primogénita venía en camino, más En no dejó de cortejar a Umeko, era el elixir de su respirar por ello la señora Tao preparo un desalojo acusándola de adulterio con los adinerados de la región, Umeko tal vez sintió qué En había decidido, qué era lo mejor para él, dispuesta estaba a abandonar su región por voluntad, sus ojos me vieron el alma, caí en su infinito mar, la llevaría dónde ella quisiera, haría todo por ella, la amaba, como tal ella no me amaba a mi más mis cegados ojos por el amor que le profesaba, mi egoísmo, la ignorancia, un simple forastero, eso era yo, ella estaba destrozada por la pérdida de aprecio del pueblo, casa negocio cerraba sus puertas para con ella y pronto la vente de los granos más básicos le eran negados, me encontró con sus profundos mares azules, traspaso las barreras que un extranjero construye y me convertí en lo que ella desearía que fuera… eso es lo que pensé, juntos huimos de este lugar, ella no me amaba ahora lo comprendo, amaba a En.

Tú eres mi hijo, por ti la vida daría sin un gesto formar, tú eres sangre de mí.

-)-(-

"Ran, cómo pudiste", grito exasperado, con qué fuerza de principio me reclamaba aquel que arruino la vida de su prometida, de sus hijos, el honor de su familia por alguien que muerta se encontraba y sin importar tal cuestión le defendía sin esbozo de cordura.

"Ella vino a esta casa, aquella noche, entró y pregunto a la servidumbre por ti."

"Eso no responde a nada, no justifica nada, qué eres tú Ran."

"Calla En, no eres digno de cuestionar quién soy con tal presunción, pues soy tu creación esposo mío. Ella preguntó por ti, después de años se atrevió regresar, nuestra familia estaba muy bien, no podía permitir que una cualquiera arruinara nuestro bienestar."

"Ran, cómo pudiste, qué clase de mounstro eres."

"Qué clase de mounstro eres tú En, tú y ella son lo peor, ustedes me obligaron, me orillaron, di todo por ti En, jamás me viste, no existí para ti, aun cuando ella yace en el sepulcro, no existe tu familia para ti, qué clase de hombre eres En Tao."

Sus ojos me miraban con rabia, desorbitados, con una incesante ira reventando sus palmas a la acción de la violencia, por mi familia tenía que hacer todo cuando pudiese.

"Trate de conservar la calma, la invité a pasar, preparaba el té, especialmente para que ambas pasáramos un momento agradable mientras esperábamos tu retorno, mi señor. Y ella empezó a divagar diciendo cuánta barbaridad, por los dioses, cuánta si razón había en sus labios, cuánto mal para tu familia, En, para tus hijos, tus hijos, los verdaderos hijos."

"Termina Ran, termina con esto, ya."

"Dijó que tenía un hijo, dijo qué ustedes habían sido muy cercanos en la juventud, y que su hijo no era tuyo, insistió en que era de un tal Usui, dijó que ella no tenía esperanza de vivir y qué su esposo había invertido todos sus bienes en buscar una cura para ella, dijo tantas estupideces En. Ese maldito bastardo es tuyo En, lo es, lo es, responde Señor Tao."

"No entiendo Ran, por qué piensas que te mentí, Usui es el padre de Horo."

"Por qué dejaste a tu familia fracturada por un mocoso, En Tao, abandonaste todo por él, por qué es de ella, por qué es tuyo, qué todo contigo son mentiras evidentes En Tao."

"Ran, qué pasó, por qué cuándo llegué Umeko agonizaba. Ran."

"Me enfurecio, era una amenaza para mi familia, nuestra familia En, por qué tendrías que hacerte cargo de un hijo ajeno, por qué sino era tuyo, y ella estaba con vida, era mi familia o ella."

"Qué estás diciendo Ran, quería trabajo para Usui, Umeko quería trabajo para Usui, el estaba en banca rota, necesitaba de nuestro apoyo por un tiempo, por un tiempo Ran. Qué hiciste."

"Puse veneno en su té, todo lo hice por mi familia. Y tú no eres capaz de ver por nosotros como tus importantes aunque ella este muerta. Qué esperas seguirla en el infierno."

"Ran, también pusiste veneno en mi te."

"Querido, no solo en tu té, no dejaré qué estén juntos. Así terminará todo."

"Ran, ahora nuestros hijos quedarán desamparados, pero tú y yo no estaremos en el mismo fuego infernal."

-)-(-

Horo bajó la mirada y reflexiono, "Necesito tiempo para organizar mis pensamientos, pronto amanecerá, que el Señor Tao no te encuentre, quédate en el establo te traeré desayuno en poco tiempo, para entonces tendré una réplica.

Dijó Señor Tao, no le llamo padre, los dioses por una vez de mi lado con compasión miraban, mi hijo podría reconocerme, llegué con él antes que En Tao, el tiempo de espera era ya tan breve que parecía eterno.

-)-(-

Horo entro a la habitación con pesadez, poso su mano sobre mi hombro "Ren", dijo quedo, "Horokeu, estoy despierto, qué pasa."

Beso mi frente en repetidas ocasiones, la nariz, mejillas, el mentón con la ansiedad de quién sabe no habrá mañana con tanta calma y fiereza indescriptibles a la vez, su respiración se cortó, sentí su consumir de aire deficiente sobre mi cuello, poso sus labios con tal delicadeza qué todas las sensaciones emergían. Beso mi cuello de principio a fin, no tenía intenciones de detenerle sin saber que pasaba, pronto amanecería, deberíamos dejar esto si no queríamos que alguien viera algo y parecía no importarle, seguía recorriendo mis hombros.

No quería perderle por qué algún desconocido llamándose su padre pretendiera llevárselo, ya había desabotonado la camisa del pijama, estaba en su labor inspeccionando mi espalda. No quería que nos alejaran, no permitiría que mi padre u otro nos separaran, de no Horo.

Seguía marcando su suave toque por doquier de mi torso, sin holgazanear siguió hasta regresar a mi cuello, ya estaba sobre mí, sus manos se deslizaban con maestría no tengo razón de por dónde.

Mi respiración ya era grave, no dejaba el sentir de sus labios, el toque suave y cuidadoso en pero firme y reclamante, me tenía al borde de la locura. Se detuvo, me miró con tal paz, con tal nostalgia, le miré embriagado, había evitado mis labios, quería besarle, acercarme más a él, lo intenté, me detuvo, paso sus dedos sobre mi ansiedad descontrolada de tocar su boca, no quería qué nos separaran, no quería alejarme de él, me había dejado dominar por tal emoción, tal miedo, quería estar cerca antes de perderle, eso me decía, no tocó mis labios con los suyos, me detuvo, se detuvo, me miraba con animos de hacerlo y solamente besaba mi cuello con un tierno reclamo.

"Bésame, lo acepto, quiero que lo hagas y quieres hacerlo, hazlo." Quería estar cerca, no quería perderle por padres propios o ajenos.

Beso aún más insistentemente el cuello, ya no había control en él, era emoción. Hasta que el aire le falto y mi locura no podía contener más, me miro con duda. Tan cerca de, decidió retornar a la frente, mentón, mejillas, nariz, volvió a apartarse por el aire escaso, tomo mi mano entonces tome su rostro, estaba meditabundo, tome sus labios y no se resistió al tacto, insistió e insistí hasta qué el oxígeno fuera necesario para regresar a la labor, logre quitar su camisa, en igualdad de condiciones sus manos estremecían mi cuerpo y yo recorría el suyo. Cuándo Lyserg llamo a la puerta, acallar nuestras voces forzadas por la ausencia de aire, era una odisea, mas no nos detuvimos a atender el llamado, sin duda el sol había salido a anunciar el tiempo para las actividades del día, pero esto era una despedida acaso…una despedida qué no queríamos, terminarla era aceptarlo, no pensaba hacerlo yo y Horo compartía el pensamiento.

"Quédate" musite invadido por la férrea idea que algo nos alejaría. Me miró con tal gravedad como si quisiera no olvidarse de mí, sin responder regreso el control a sus labios, hasta qué el llanto broto en sus ojos.

"Es amor, Ren." Pregunto, me libero para responder pero siguió repasando mi torso. El aire no bastaba para pensar coherentemente.

"Te amo, quédate…" Dije y fui por el para ser yo quién le recorría esta vez, para ser yo quien le reclamaba, "…Horo", no dejaba el llanto y lo acrecentaba entre más le tocaba, mas no podía, no quería detenerme, quería estar tan cerca como pudiera.

"Ren, puedes hacérmelo si quieres, me gustaría." Dijo, no preste atención a su voz, ya la cordura me había abandonado, presuroso insistí aún más en acariciar y besar, esta vez todo su cuerpo, su si quieres empezó a hacer eco. Realmente él no lo quería. Miré fijamente su rostro, era hermoso sin duda, el tono carmesí que le inundaba, sus ojos cerrados aún llorosos, era demasiado hermoso en ese momento, tanto qué me quede embelesado mirándole hasta qué sus ojos se abrieron y me vio.

"Adelante Ren." Él no lo quería, era eso amor, por los dioses, el pulso me hacía arder la sangre con un gusto exquisito, quería estar cerca y no perderle, eso era amor o qué otra emoción podría ser, qué tipo de amor en todo caso.

"Tú, no intentaste nada más que besar, Horo, y no querías hacerlo, por qué dices adelante, entonces.", y como respuesta me beso y jugueteó un poco conmigo antes de hablar.

"Yo no merezco hacer algo así, por qué no lo merezco, pero si quiero que seas tú Ren."

"Te iras." Solte.

"Ren."

"Responde"

"Solo hazlo, ya, hazlo."

"Respóndeme"

"Sí, solo quiero que lo hagas."

"Y eso es todo."

"Sí, sería de Ren, de nadie más, sería de Ren, pero tú no serías de mí."

-)-(-

Ren se levantó "Vete entonces" dijo, se diría a la ducha más regreso, me besó, "Vete", nuevamente, "vayámonos", una vez más, "nosotros", reiteradamente, "Sin ellos", suavemente "solamente nosotros", negociante, "aceptas", suplicante, "responde".

"Tú perteneces aquí, no yo, quiero ser de Ren más no qué algo como ello afecte tu vida."

Sin mirarme retomo su camino a la ducha.

Tenía que llevar una respuesta a mi padre. El señor Tao no tendría por qué seguir cuidando de mí y con las emociones qué Ren descerrajaba en mi era aún menos conveniente seguir en esta casa. Tome mis ropas y me dirigí a otra ducha. Cuando hube terminado no vi a Ren, llegue donde la cocina y lleve el desayuno prometido a mi padre, las circunstancias parecían jugarnos una mala pasada, una diversión de los dioses nada más, nada menos que eso. Lyserg a quién me tope en el pasillo, dijó que regresaba a casa de los Asakura pues restauro los vínculos con Hao.

"Lo más importante no es que otros te juzguen sino el juicio que hagas de ti mismo.", dijo el inglés con una amplia sonrisa, estrecho mi mano y se marchó. Al poco tiempo me encontraba en una de las salidas de la casa con mi padre.

"Soy tu deshonra", le dije, no podía callarlo.

"Eres mi hijo, nada que hagas me deshonrara."

"El hijo de En Tao."

"Qué pasa con él."

"Siento amor por él.", guardo silencio un momento.

"Lo sientes como tu hermano, como tu amigo, lo comprendo, con el tiempo tengo certeza en confiar que los dioses reunirán su camino, cuando ambos sean independientes."

"Lo amo, no cómo hermano, soy aberrante, una deshonra.", pensó antes de responder.

"No creo que sientas en tu corazón una emoción como esa, como la que yo sentí por tu madre, por autoengaño, él te corresponde." Cuestiono, le miré atónito, no me ha maldecido.

"Si"

"Bien, un día cuándo sean independientes podrán reencontrarse y comprobaran si están dispuestos a seguir juntos el camino de la vida o si el camino es diferente para cada uno, ve y dile a él.", incrédulo, corrí hasta los aposentos de Ren dominado por la aprobación de mi padre, Ren se vestía la camisa. Le abrace por la espalda.

"Mi padre nos aprueba, cuándo seas libre de decidir por ti, si aún crees que yo soy tu persona, si para ese entonces te gustaría que buscáramos encontrar nuestros caminos, yo te amaré hasta ese día."

"Horo…cómo sabré dónde encontrarte."

"En el pueblo natal de mi padre." Y así me despedí de él, por el tiempo qué fuera necesario.

-)-(-

Como podría no aceptar a mi hijo, perdí a mi amada, perdí todo, perder a mi hijo no era una opción, el jamás deshorara a su padre pues en baso a principios fomenta su vida, él es mi honra si camina al lado de una dama o de un caballero, es mi hijo Horokeu.

Terminado.

Gracias por leer.

X Asia