Ranma no me pertenece pertenece a Rumiko Takahashi.
La canción "Entre flores" tampoco es mía, pertenece al grup Efecto mariposa.
Antes de nada agradecer la acogida de esta historia. No me lo esperaba la verdad. Hasta he tenido un comentario en inglés jijiji
El segundo capítulo me ha quedado creo que os gustará. ¡DECÍDMELO PLEASE! Tanto si es para bien como si es para mal…
Que extraño es el destino,
nos une y vuelve a separar
y entre tú y yo tan sólo flores.
Al abrir la puerta se topó con unos ojos marrones que lo miraban con desprecio. Akane sentada en la cama no pudo resistir ponerle mala cara.
– No estoy aquí por gusto que te quede claro – dijo dirigiéndose a la silla que le había provocado dolor de espalda semanas atrás. Él no dijo nada más, ella abrió la boca sólo para bostezar.
Akane dirigió su vista hacia la televisión para seguir viendo una telenovela cutre de adolescentes y Ranma abrió el libro que llevaba de "Marketing y dirección de empresas".
Hacía ya tres semanas que Akane despertó y era justo el mismo tiempo que Ranma y Akane no se veían.
Un viernes por la tarde Ranma llegó al hogar Tendô curvado por el dolor de espalda que arrastraba pensando que no podría aguantar una quinta tarde sentado en la silla de Akane, se había sentado en el suelo pero desde esa perspectiva no podía ver bien a la bella durmiente.
Oyó mucho ruido en el piso de arriba y al subir vio que venía de la habitación de Akane.
– No me creo que haya estado durmiendo casi una semana ¡no soy un Saotome! – escuchó antes de entrar, cuando acabó la frase todos rieron. Él también, era la voz de Akane y eso sólo podía significar que había pasado el peligro.
Al entrar vio que Akane había recuperado el color en sus mejillas y reía. Ranma no pudo evitar acercase a ella y abrazarla, sin importar que toda la familia les estuviera presente.
– Me alegro que estés bien Akane – dijo con un abrazo cariñoso. Ella se quedó inmóvil, es lo último que esperaba que Ranma hiciera. Pero no pudo evitar el pensar que si ella estaba así era por culpa de él.
– ¿En serio? Porque yo creo que me lo merecía – levantó su brazo derecho y le dio unas palmaditas en la espalda.
Las palabras cayeron sobre Ranma como una jarra de agua fría, no las esperaba. Pero las palmaditas en la espalda fueron mucho peores, no pensaba que Akane fuera tan rencorosa.
– Por supuesto que lo digo en serio. Me alegro porque por fin dejaré de sentarme en esa silla tan incómoda y malgastar mis tardes es esta habitación viendo dormir a una marimacho como tú – murmuró rompiendo el abrazo.
A Akane esa información le retumbó en la cabeza. Ranma había estado al lado de ella todas las tardes. Pero seguía siendo el mismo egoísta de siempre, para variar sólo pensaba en él y en que no soportaba la silla.
– Perfecto. Entonces ya puedes dejar de malgastar tu tiempo conmigo. Sal de mi habitación y no vuelvas nunca más – sus mejillas cada vez estaban más sonrojadas.
Tanto los padres, como las hermanas, la madre y el doctor Tofú se mantuvieron al margen de la conversación. Mirándose sin saber qué hacer o qué decir. Nabiki iba a abrir la boca cuando Nodoka le agarró del brazo y le dijo "no" con la cabeza.
– ¿Eso es lo que quieres? – Ella asintió con la cabeza – Pues venga que te vaya bien – soltó Ranma.
En la habitación de Akane se hizo el silencio que se rompió unos segundos más tarde por un portazo provocado por alguien en el piso de abajo.
– ¿No tenéis hambre?– preguntó Akane sonriente como si no hubiera pasado nada hacía un rato.
Y allí se encontraban de nuevo después de aquella discusión. Había pasado más de media hora y la situación se volvía cada vez más tensa. Akane llevaba más de quince minutos haciendo zapping intentando no mirar de reojo al chico que tenía al lado. Ranma había leído el mismo párrafo más de cien veces incapaz de concentrarse. Aún no podía creer que su madre le pidiera que pasara la tarde en la habitación de Akane habiendo presenciado lo que pasó aquel viernes.
– Por favor Ranma, hazlo por mí – suplicó su madre.
– Por ti haría cualquier cosa y lo sabes pero entiende que fue ella la que me dijo que no quería volver a verme. Además tengo que estudiar – dijo aun sabiendo que se moría de ganas por pasar un rato con Akane, nunca pensó que pudiera echar de menos a nadie de esa manera. Pero su orgullo era mayor al sentimiento de añoranza.
Y así iban pasando las tardes sin verse. Akane era una chica muy querida y siempre había gente en su habitación haciéndole pasar el rato. Ranma había visto subir y bajar a muchos compañeros de instituto y universidad, amigos, vecinos… que iban a visitar a Akane.
Cuando fueron pasando los días disminuyeron las visitas y empeoró el estado de salud de Akane. En un principio debía estar un mes encerrada pero la cosa se complicó y los doctores decidieron que permaneciera en reposo algún tiempo más.
La familia decidió que siempre habría un miembro de la familia a su lado por lo que pudiera pasar ya que tenían miedo de dejarla sola porque un día yendo al lavabo cayó al suelo desmayada y se hizo un esguince en el brazo. Ranma se negó a participar en el horario que habían establecido.
Subieron la televisión a su dormitorio ya que ella tenía prohibido estar en sitios donde hubiera corriente. Las tardes eran más amenas con la caja tonta pero no podía evitar pensar que su prometido no estaba allí en esos momentos tan difíciles. Ella se encontraba peor de lo que hacía creer a su familia y sentía la necesidad de hablarlo con él.
Aquella tarde tocaba a Nodoka hacerse cargo de Akane pero le había surgido un imprevisto. No había nadie más en la casa y no parecía que hubiera a haber ninguna visita. No le quedó otra que pedirle el favor a su hijo pero comprobó que su hijo era más cabezota de lo que imaginaba.
– Entonces no lo hagas por mí, hazlo por Akane – intentó otra táctica – sabes que los doctores dijeron que no podía quedarse sola por si tenía otro desmayo. Además en la habitación de Akane puedes estudiar. A no ser que quieras ir tú a la comisaría a buscas al maestro Haposai.
Ranma resignado aceptó la primera oferta.
En la habitación de Akane esta se dedicaba a hacer zapping porque el culebrón había terminado. Akane topó con un canal de videoclips donde acababa una canción y empezaban las primeras notas de una canción muy conocida para ambos. A Akane se le cayó el mando de la tele al oírla y Ranma por primera vez dejó su lectura para mirar la televisión. "¿La recordará?" pensaron ambos. Y sus recuerdos volaron años atrás.
– ¿Y eso qué es? – preguntó Ranma cuando entró al salón y se encontró a Akane mirando un paquete que había encima de la mesita.
– Un regalo – contestó Akane.
– Eso ya lo veo tonta, lo que quiero saber es de quien es – no era Ranma quien hablaba sino sus celos porque sabía que no era de nadie de la familia.
Ese día Akane cumplía dieciocho años y sabiendo que la familia pasaba un mal momento económico les dijo que no quería nada de fiestas ni regalos.
– Es de mi madre – dijo lentamente abriendo y cerrando los ojos – al cumplir los dieciocho mi padre nos da un regalo que mi madre preparó antes de su muerte. A Kasumi le regaló unos pendientes de perlas que pertenecían a mi abuela y a Nabiki su anillo de boda que perteneció a la familia de mi padre. Y aquí tengo el mío… – terminó con un gran suspiro.
– ¿Y qué esperas para abrirlo? – la chica levantó los hombros como diciendo "no lo sé" – ¿Lo hago yo?
Akane le acercó el regalo y él lo abrió notando como el papel viejo se deshacía entre sus manos. Dentro había solo una cajita de madera. Akane al verla se echó a llorar desconsoladamente. Ranma la tomó entre sus brazos y dejó que se desahogara.
Cuando Akane pudo hablar le explicó que aquello era una caja de música y que cuando era pequeña su madre la dormía mientras le cantaba la canción que sonaba en la cajita.
– Me trae tan buenos recuerdos – dijo al abrirla y oír aquella canción.
– Vamos que mi suegra sabía que te haría el mejor regalo – bromeó Ranma tocándole la mejilla con su dedo índice.
– Sí – rió ella – pero también es el único que me han hecho hoy.
– Fuiste tú quien lo quiso así – le recordó el chico aún abrazado a ella – pero yo llevo todo el día queriendo darte un regalo.
– Dije que no quería que me comprarais nada –refunfuño haciéndose la enfadada, pero que su prometido hubiera pensado en ella le halagaba.
– Es que no lo he comprado. Y la verdad es que no sé si el regalo es para ti o para mí… – dijo estrechando todavía más el abrazo.
Entonces se miraron a los ojos como tantas veces habían hecho antes pero esta vez por fin se vieron y entendieron más en una mirada que lo que un millón de palabras hubieran dicho. La vista de ambos bajó a los labios. Ojos, labios. Labios, ojos. Ojos, labios… beso. Se dieron su primer beso de verdad mientras sentían de fondo SU canción.
Aquella misma canción que sonaba en aquel videoclip cantada por una chica de grandes ojos azules con voz de ángel. Ranma no pudo evitar sonreír ante aquel recuerdo y por primera vez se giró a mirar a Akane.
Akane en un movimiento
rápido se tapó con las sábanas y mantas. Se acurrucó e intentó que su vigilante no se percatara que estaba sollozando, pero al sorber los mocos Ranma se percató de que algo no andaba bien. Se acercó a la cama de Akane y decidió que su orgullo no podía dominarlo.
– ¿Te… te pasa algo? – tartamudeó nervioso.
Akane dudó unos instantes pero se dijo a ella misma que no quería seguir callando.
– ¡Pues sí! – gritó destapándose dejando su cabello despeinado. Ranma pudo ver las lágrimas en sus ojos – me pasa que eres un idiota y no te das cuenta que no puedo seguir peleada contigo. Me pasa que cada día te echo más de menos y parece ser que para ti ni siquiera existo. Me pasa que soy imbécil y que contra más te quiero olvidar más te recuerdo – dijo todo eso casi gritando sin dejar que él pudiera decir nada. Entonces bajó la voz – y me pasa que lo único que quiero ahora mismo es que me abraces, me beses y me digas que este último mes nunca ha existido.
– De acuerdo. Por ti soy capaz de aceptar que este año sólo tiene once meses – dijo mientras limpiaba las lágrimas de Akane – y ahora déjame un huequito en tu cama para abrazarte y… besarte. Pero sólo porque tú me lo pides ¡eh!
Akane le dio un pequeño bofetón que más que bofetón pareció una caricia y se destapó.
– Bonitas sábanas. No sabía que te gustaran las flores rosa pastel – comentó Ranma acomodándose a su lado y le dio un besito en la punta de la nariz.
– Regalo de mi suegra – le informó Akane dándole un pequeño beso en los labios.
Continuará…
