Lo de siempre:
Ranma no me pertenece pertenece a Rumiko Takahashi.
La canción "Entre flores" tampoco es mía, pertenece al grup Efecto mariposa.
Gracias por los comentarios y perdón si os hice derramar alguna lágrima. SORRY! Jijijiji
Os traigo un capítulo muy muy corto donde nada es lo que parece. ¡Estoy muy atareada y no encuentro el momento de actualizar! Pero más vale esto cortito que nada ¿no?
Decidme qué os va pareciendo la historia. ¡Mil gracias!
Estoy aquí contigo
tan cerca y lejos a la vez
y se nos vuelve a hacer de noche.
Después de un nuevo día
me pesa aún más la vida, amor,
secaste mi voz
y sólo se que me quisiste tanto.
– ¿No vas a venir al cementerio? – preguntó Kasumi abriendo la puerta dejando pasar algo de luz a aquella habitación oscura.
– No – desde que murió su garganta sólo le dejaba decir monosílabos. Y ni eso le apetecía, lo único que quería era dormir y desaparecer del mundo.
– Es muy feo esto que estás haciendo – dijo Kasumi como si echara una regañina e intentando no sonar muy brusca.
– Ya – dijo "pero más feo es que me deje aquí y no me haya arrastrado a su tumba, porque eso es lo que hubiera preferido" pensó.
– Bueno, supongo que algún día encontrarás las fuerzas para despedirte… algún día. – Kasumi le acarició el pelo pensando que necesitaba un gesto de cariño, se equivocó al ver que retiró la cabeza.
Y el tiempo fue pasando… y quiso escuchar el consejo de los que le decían que el tiempo pasaba tan rápido que hasta el dolor se olvidaba. Pero el tiempo pasaba lento y su dolor no sanaba…
Y un día de invierno, antes de Navidad tuvo la necesidad de ir al cementerio.
El primer día sólo fue capaz de decir un débil "Hola" al acercarse a su tumba. Hacía tanto que no hablaba que casi había olvidado como sonaba su propia voz.
Los días restantes no dijo mucho más: "Buenas tardes", "Te traigo flores", "Buenas noches", "Feliz Navidad", "Feliz año nuevo", "Feliz día de San Valentín"… nunca decía "Adiós". Había borrado esa palabra de su vocabulario.
Lo único que hacía era sentarse allí al salir de la facultad, muy cerquita de él, sentarse y esperar a que se hiciera de noche recordando los momentos que vivieron juntos.
Con el tiempo fue soltando su garganta, pero sólo cuando estaban a solas. La última frase que oyeron de sus labios fue aquel "Sí, quiero" que hizo tan feliz a los Saotome y a los Tendo.
Desde entonces emitía solamente algún monosílabo o algún gruñido y con el paso de los meses ni eso. El resto del mundo pensaba que debía tener una especie de enfermedad que le había provocado mudismo, su padre lloraba sólo de pensarlo.
Dejó de ir a la facultad y desaparecía días enteros. No hablaba con nadie y vestía de riguroso negro. "La viuda negra" decían algunos vecinos con malas lenguas.
Un día de primavera se sorprendió vistiendo de rojo, era su color favorito y quiso darle una sorpresa. Dejó el negro apartado y se dirigió a su refugio de soledad.
– Buenas tardes – dijo al llegar, casi sonríe pero no lo hizo, no sonreía, era otra de las cosas que murió con su muerte – Te informo que hoy haríamos un año de casados.
Se acercó a la tumba y la besó.
Y recordó aquel frío día en el hospital del año anterior…
Cuando abrió los ojos y lo vio llorando encima de ella. Una máquina empezó a emitir un pitido que sonaba al compás de su corazón. Si ella hubiera podido hablar en aquel momento le hubiera dicho que jamás lo había visto tan guapo.
Ranma al verla limpió rápidamente los retos de lágrimas, no podía mostrarse débil delante de nadie, ni de ella. El chico duro quiso abrazarla, era lo que más anhelaba en ese momento, pero los médicos le dijeron que no era lo más adecuado en esa situación.
Estuvo tres días en observación y los médicos decidieron que ya estaba preparada para recibir visitas.
– ¿No te había dicho que no quería verte por aquí? – dijo Akane al verlo entrar.
– Nunca te hago caso, esta no iba a ser la primera vez – contestó acercándose a su lado.
Tras comprobar que no había nadie más en la habitación decidió que era un buen momento para darle aquel abrazo que le habían negado días atrás. Ella correspondió y se sintió protegida entre los brazos de su… seguía sin saber qué eran.
– Enamorados – susurró él en su oído.
– ¿Cómo? – preguntó ella intrigada. ¿Acaso eso era lo que eran?
– Recuerdas aquel día en tu habitación. ¿Cuando me preguntaste que qué éramos? – Ella asintió. – Pues cuando creí que te perdía me di cuenta que eso era lo que éramos, somos dos enamorados. Y en mi caso creo que sólo soy capaz de reconocerlo cuando creo que te pierdo.
– ¿Me… me … me… me es–to–y mu–rien–do? – tartamudeó Akane asustada. Ranma se apresuró a decirle que no. – Como lo estás reconociendo yo…
Ranma se puso a reír a carcajada limpia. No esperaba esa respuesta de Akane después de una declaración amorosa en toda regla. Akane le dio un mazazo al ver que su enamorado se reía de ella.
– No te estás muriendo – dijo él intentando aguantar su risa y al final logró ponerse serio – ¿y tú no tendrías que decirme algo también a mi?
– No, – se apresuró a decir – tú ya sabes lo que hay por mi parte no tengo porque decirlo.
Sabía que Akane también estaba enamorada pero si él era de pocas palabras ella más.
– Ya pero me gustaría porque yo ya me he cansado de perder el tiempo. Y no sé si este sea el mejor lugar pero hay algo que si no te digo reviento. – Ranma rebuscó en sus bolsillos y encontró una cajita roja, aquel color le gustaba, siempre le había dado suerte. Se arrodilló, cogió aire y lo soltó – Akane Tendo, ¿quieres casarte conmigo?
Ella iba a contestar cuando entró toda la familia y gritaron por ella: "Síííííííííííííííííííííííííí"
Continuará...
