Mmmm... no tengo perdón... pero es que olvidé del todo la historia. Pero lo importante es acabarla... algún día ;)

Ranma no me pertenece pertenece a Rumiko Takahashi.

La canción "Entre flores" tampoco es mía, pertenece al grup Efecto mariposa.


Capítulo 6


Tú, me dejas sin nada
todo se acaba hoy.
Cerraste los ojos
no te dije adiós

Tú, tú lo eras todo
te fuiste antes que yo
bailando a mi alrededor
porque tú, sólo tú, en mi corazón.

Aún recuerdo la cara que pusiste al escuchar mi respuesta. Yo susurré un "sí" que casi no se escuchó con el grito de nuestra familia. – Roza con la punta de sus dedos las letras en relieve de la lápida donde ponía "Ranma Saotome" y una lágrima solitaria rueda por su mejilla. – Aquí debería poner mi nombre y no el tuyo…

Después de la proposición de matrimonio los días de hospital para Akane resultaron más amenos. Mientras organizaba la boda y planeaba su luna de miel no pensaba en lo que los médicos le dijeron horas después.

Señorita Akane – dijo el doctor Kyo con una carpeta en la mano – tenemos el resultado de las pruebas. Ya sabemos el porqué de tus mareos y desmayos – El doctor hizo una pausa, Akane también tenía sus sospechas.

Ya… ¿me muero verdad? – dijo mirándose las manos que estaban sujetando con fuerza las sábanas que la cubrían llenas de revistas de bodas.

Me temo que sí. La resonancia magnética nos ha confirmado lo que temíamos. Hay un pequeño tumor en la zona derecha de su cerebro. Apenas alcanza unos milímetros, pero lo suficiente como para provocarte esos malestares. – Los ojos de Akane por fin dejaron de mirar sus dedos y se dirigieron al médico. – La fiebre no la provocó sólo la neumonía y tus bajas defensas hicieron que tardaras en curarte. Ahora mismo estás prácticamente indefensa porque tu cuerpo lucha contra el tumor.

¿Tiene cura doctor? – más que una pregunta parecía una súplica.

Actualmente no – Akane sollozó. – Pero la ciencia avanza a pasos agigantados. Y hay medicación que puede permitirle llevar una vida normal y …

¿Sabe que me voy a casar? – Akane cortó al doctor – de esto ni una palabra a mi familia – dijo muy seria.

¿Eres feliz? – le preguntó Ranma el día antes de la boda después de cenar en la cocina.

Claro – se apresuró a contestarle ella sentándose en el regazo de su prometido y rodeándolo con sus brazos – ¿A caso dudas que puedas hacerme feliz? Porque si es así anulamos la boda y tan contentos.

¿Y no será que eso es lo que tú quieres? Porque por lo que a mi respeta – aferró la cintura de su prometida más a él, se acercó a su oído y susurro – esta boda solo se anularía sobre me cadáver. – A Akane se le erizó la piel, como si aquello fuera un mal augurio.

¿Eres idiota o qué? Con esas cosas no se bromea. Además ni siquiera sé porque me preguntas si soy feliz, ¿es que no es obvio? – gritó enfadada.

Cualquiera lo diría hermanita – comentó Nabiki entrando a la cocina, abrió la nevera y cogió un yogurt – cuñadito mañana en vuestra luna de miel a ver si le quitas esa mala hostia a base de…

¡NABIKI! QUIERES IRTE Y DEJARNOS A SOLAS – gritaron enfurecidos y sonrojados los dos.

Nabiki con toda la calma del mundo cogió una cucharilla y se comió el yogurt lentamente ante la atenta mirada de su hermana menor y su futuro cuñado. Seguían rojos como un tomate e inmóviles. Optó por dejarlos a solas, decidió que las cámaras habrían filmado el porqué de aquellos gritos y que ya lo miraría más tarde.

Lo siento Akane pero desde que me declaré en el hospital que te veo rara. – dijo Ranma una vez se fue Nabiki – Te veo contenta pero no feliz. No puedo evitar pensar que yo tenga la culpa de algo y…

Akane lo acalló con un beso, lo besó desesperadamente como si no existiera nada más. Lo último que quería era que él se sintiera culpable por algo ajeno a él.

Soy feliz y punto. Yo te quiero, tú me quieres y mañana será el día más importante de nuestras vidas. No te sientas culpable más que de hacerme dichosa y ahora a dormir – lo besó en los labios dulcemente y salió hacia su habitación.

Subió las escaleras de dos en dos y rápidamente se echó en su cama y como todas las noches lloró y lloró pegada a su almohada evitando hacer ruido.

Se sentía culpable por ese gran secreto que portaba pero no quería que nadie sintiera lástima por ella. Además el doctor le dijo que había gente que había vivido más de cincuenta años con un tumor como el suyo. No tenía razón ninguna para preocupar a nadie. Y menos a su prometido…

La puerta de la habitación de Akane se abrió hacia las tres de la noche. Akane llevaba horas dando vueltas en la cama, al ver el rostro que la observaba des del umbral se mordió el labio inferior.

¿No sabes que da mala suerte que el novio vea a la novia el día de la boda? – susurró negando con la cabeza para dar más credibilidad a su pregunta.

Ranma se acercó a ella y se sentó a su vera.

Dentro de unas horas me caso contigo. Creo que no puedo ser más desgraciado, piénsalo bien Akane. Es que ni siquiera sabes cocinar. Hoy he tenido que comerme unos pastelitos que me han destrozado el estómago y por eso no puedo dormir – dijo masajeándose la barriga.

Tú sigue así que al final te dejo plantado en el altar. Además yo no he cocinado nada hoy. Eso te pasa por glotón. – susurró haciéndole una mueca.

No puedes dejarme plantado en el artar, no te lo perdonaría jamás. ¿No ves que llevo semanas yendo a clases de baile? – dijo con una sonrisa conquistadora – ¿Quieres que te enseñe como he mejorado? – preguntó tendiéndole una mano mientras se levantaba.

Akane se levantó y abrió su cajita de música. Y así se pasaron largo rato bailando entre risas y dedos índices que pedían silencio para no despertar a los demás. Cuando Ranma cayó de rodillas por el dolor de estómago que tenía decidieron que era el momento de dejar de bailar. Akane se mostró preocupada.

Sólo son nervios Akane ya sabes que siempre me afectan al estómago – dijo Ranma para tranquilizarla.

Pasadas las cuatro de la madrugada Ranma arropaba a Akane y aunque esta cerró los ojos apenas pudo conciliar el sueño. Aquel dolor de cabeza volvía a hacer de las suyas.

Ranma también se metió en la cama pero los calambres y el dolor que sentía en su vientre no lo dejaron descansar.

Allí estaban, cada uno en su dormitorio aunque ninguno de los dos había dormido apenas unos minutos cuando los despertaron para la gran ceremonia.

Bueno, basta ya de llorar. – Respira profundamente, se pone en pié y con la palma de mano borra los restos que quedaban de aquella lágrima impertinente. – Hoy toca ser valiente. ¿Sabes? Todo se acaba. Dentro de muy poquito estaremos juntos. Compartiendo las mismas flores…

Continuará...