Ranma no me pertenece pertenece a Rumiko Takahashi.
La canción "Entre flores" tampoco es mía, pertenece al grup Efecto mariposa.
Y una última cosilla… no me odiéis.
Capítulo 7
Te llevas mi sonrisa
te dejas todo lo demás
y estoy aquí entre malvas flores...
Akane caminaba por un largo pasillo acompañada de un doctor vestido con una bata blanca. Su elegante vestido rojo resaltaba en ese lugar que olía a desinfectante y donde el blanco y el gris perla de las puertas de las habitaciones era los únicos colores que los fluorescentes iluminaban.
El único sonido que se oía era el repicar de sus tacones y el de los pasos del doctor. De vez en cuando se escuchaba algún grito a lo lejos. "Qué pena… cuánta locura", pensaba Akane cada vez que los escuchaba ya que se le ponían los pelos de punta cada vez que sonaba uno.
– Hemos llegado señorita – el doctor del bigote se paró frente a una puerta numerada con el 147.
– Señora, si no le importa – contesta Akane más cortante de lo que ella quisiera.
– Perdone, señora. Es que la he visto tan joven que pensé… – Akane hizo un gesto con la cabeza haciéndole entender que no pasaba nada – En fin, aquí está la habitación que buscaba. Si no le importa, ya que ha pedido que no estemos en la habitación ninguno de los doctores de la clínica déjeme avisarla de su visita antes de permitirle entrar.
Akane asintió, comprendía lo que le decía pero estaba ansiosa por entrar.
La puerta se abrió minutos después.
– No sé si la reconocerá cuando la vea, está muy sedada. Quizás sea mejor así. Si surgiera cualquier cosa pulse el botón rojo que se encuentra en al lado de la puerta, yo me mantendré fuera por si me necesita – Akane se disponía a entrar cuando el hombre la agarra del brazo con brusquedad y se le acerca a su oreja – Sobretodo no la pongas nerviosa, nos costó meses que no reaccionara con violencia.
– Lo intentaré pero no te prometo nada – dijo soltándolo con la misma brusquedad – ella no tuvo ninguna consideración conmigo. Y menos con él…
Al entrar Akane no pudo evitar llevarse las manos al corazón. La imagen que vio la dejó compungida.
Aquella chica que estaba tumbada en la cama no era ni la mitad de lo que fue. Estaba muy delgada y más pálida de lo que siempre fue. Sus grandes ojos siempre llenos de vida y luz estaban casi escondidos en las cuencas del cráneo. Su largo pelo negro ya no le caía sobre los hombros. Lo tenía mucho muy corto, más que cuando a Akane en su adolescencia alguien se lo cortó. Tenía muchos mechones blancos que le daban un aspecto envejecido… era demasiado joven para estar así.
Akane que iba decidida a decirle todo lo que meses atrás no pudo. Decirle que le arruinó la vida. Decirle que se merecía lo peor. Decirle que él no se merecía aquello. Decirle que… que… que… que era una asesina…
Pero al verla allí supo que bastante castigo tenía ya y sólo una pregunta salió de sus labios.
– ¿Por qué lo hiciste? – Y por primera vez sus miradas se cruzaron y la mujer que se tendía en la cama sonrió.
– Pensé que nunca vendrías a verme. Por fin tienes la dignidad de venir a pedirme perdón – su voz sonaba casi en un susurro.
– ¿Pedir perdón yo? – La incredulidad de Akane crecía por segundos – ¡Pero por favor! Si la que acabó con su vida fuiste tú. Él no merecía lo que le hiciste… – y en aquel momento su mente voló hasta el día que cambió su vida.
Akane entró por la puerta de la iglesia con su reluciente vestido blanco, al estilo occidental pero que en Japón estaba muy de moda. Miraba a su alrededor a través del velo que le tapaba la cara y veía como sus familiares, amigos, compañeros de cientos de aventuras… la miraban, se sentía feliz y ni siquiera reparaba en que había dormido poquísimo.
Miró al altar y su apuesto prometido la esperaba con una mueca por sonrisa. Al acercarse a él descubrió la cara de cansado que tenía. Estaba tan agotado como ella y no puedo evitar el reír al pensar que se pasarían luna de miel durmiendo.
Cuando su padre ofreció su mano a Ranma él la cogió y dirigiéndose hacia el párroco la música dejó de sonar.
– Queridos amigos, nos hemos reunido aquí para unir a esta pareja en … – empezó a decir el cura con voz grave, una voz que resonaba entre los muros de aquella vieja iglesia.
Akane y Ranma no se quitaban ni un ojo de encima, Ranma sudaba la gota gorda. Akane pensó que se debía a los nervios que a él le afectaban así. Cuando vio que él dirigió una de sus manos a la barriga recordó que en la barriga también le afectaban y pensó que Ranma era mucho más vulnerable de lo que quería hacer creer a los demás.
Algunos sollozos la sacaron de sus cavilaciones.
– Con tanto lloriqueo esto parece más un funeral que una boda – murmuró Ranma sin mover mucho los labios.
– Yo quería una boda íntima sin tantos ex, ni padres llorones, fuiste tú quien no quiso fugarse – contestó ella de igual manera.
– Si no fuera por el dolor de estómago que tengo por culpa de tus malditos pastelitos te cogía ahora mismo y me fugaba contigo en brazos – susurró Ranma llevándose la mano al estómago.
– Excusas, tú siempre tienes excusas para todo – susurró Akane sonriente – y deja ya de decir lo de los pastelitos que yo no cociné ningún pastelito ayer.
– ¿Entonces de quien eran los pastelitos que había en tu habitación? – preguntó Ranma ya sin susurrar.
– Ni idea, yo sólo sé que nos estamos casando y que deberías prestar atención a lo que nos dice el padre – le dijo Akane dándole un codazo.
– ¿Decía usted padre? – preguntó Ranma dirigiéndose al cura.
– Decía que sí quiere a Akane como esposa en la…
– Sí, sí, conozco todo ese rollo, no hace falta que lo repita – dijo mientras miraba a Akane a los ojos. – Sí, quiero.
Tras el "Sí, quiero" de Akane, Ranma la tomó en sus brazos y la besó sin que el cura acabara de hablar, la iglesia entera rompió en aplausos y gritos de alegría.
Entonces las puertas de la iglesia se abrieron con un gran estruendo, tras ellas apareció Kodachi con un vestido de novia parecido al de Akane.
– Llevo un rato esperando y no oigo lo de "Si hay alguien que se oponga a esta boda que hable ahora o calle para siempre" – gritó mientras avanzaba por el pasillo.
– Para evitar situaciones como esta decidimos que esa parte nos la saltaríamos – respondió Ranma que instintivamente se había colocado delante de Akane extendiendo un brazo firmemente en posición de defensa.
– Oh amor mío, que guapo te has puesto para mi jojojo – rió Kodachi al ver a Ranma. – En cuanto esa muerta de hambre muera podrás casarte conmigo y acabarás con todo este paripé. Sé que tú me amaaaas jojojojo – gritaba mirando a Ranma.
Akane miró furiosa a Ranma que a su vez la miró como diciéndole que él no entendía nada.
– Ya verás mi querido Ranma como seremos felices dentro de un rato cuando te cases conmigo – decía mientras se acercaba a él, de repente miró a Akane y le preguntó – ¿Te gustaron los pastelitos que preparé para ti con todo mi cariño? jojojojoojojo.
Fue entonces cuando Ranma ató todos los cabos sueltos y entendió lo que había querido decir Kodachi, fue a hablar cuando su cuerpo empezó a convulsionar y empezó a subirle algo desde el estómago, empezó a sudar fríamente y sus manos temblorosas se dirigieron a su boca en el mismo instante en que vomitó algo negruzco y viscoso. Sus piernas dejaron de responder y cayó al suelo de rodillas.
Akane corrió a socorrerlo y lo alcanzó en el mismo momento en que él caía al suelo evitando un golpe mayor.
–Te quiero tanto – susurró Ranma mientras con una mano le acariciaba la cara. La mano entonces perdió la poca fuerza que le quedaba y cayó al suelo.
Ranma pereció allí mismo con los ojos abiertos contemplando a la persona que más había querido en su vida.
Akane al contemplar aquella escena no pudo hablar, no pudo gritar, no pudo llorar, no pudo moverse. Permaneció allí viendo morir al que fue, es y sería su gran amor.
Dejó de oír gritos a su alrededor donde los invitados llamaban a una ambulancia y varias personas intentaban retener a Kodachi que gritaba desesperadamente:
– Debiste ser tú la que comiese los pastelitos no él, lo has matado Akane Tendo y nunca te lo perdonaré…
Akane no la oyó, Akane no vió, Akane no sintió, Akane dejó de ser ella.
– En algo estamos de acuerdo. No debió ser él quien muriera – dijo Kodachi – todo estaba perfectamente planeado para la que muriera fueras tú. Te puse una cestita con dos pastelitos en una cesta con una tarjeta: "De tu amor para endulzar tu vida".
– Con lo que no contabas era con que Ranma iba y venía a mi habitación a su antojo y que pensó que aquello era para él. Tenían buena pinta y aún creyendo que los había hecho yo se los comió. – Akane acabó de explicar lo que Kodachi no sabía pero con el tiempo había deducido.
– Si lo hubieras comido tú no habrías llegado a ser su esposa ni un segundo. La cantidad de veneno para tu peso y altura era perfecta para que murieras mientras dormías. Cuando te vi en la iglesia pensé que quizás mi plan no hubiera resultado. Nunca creí que sería él quien… – una lágrima brotó entre sus ojos hundidos entre aquellas ojeras – en fin, en cuanto tenga ocasión te mataré con mis propias manos.
A Akane aquello no la sorprendió. Aquella mujer no tenía ningún sentido del bien y el mal.
– No hará falta. Me bastará con que me hagas un favor. Dame la receta – sentenció Akane fríamente. – Ya terminaré yo lo que tú no pudiste hacer.
Akane salió del hospital con un papelito bien cogido entre sus manos. Al llegar al dojo se dirigió a la cocina. La familia la miró extrañada, primero por su ropa y segundo porque iba a cocinar. Al acabar los pastelitos no dejó que se enfriaran, los comió y salió hacia el cementerio.
– No sé bien que debo decir – dijo Akane sentada sobre la tumba de Ranma – sé que te sentirás orgulloso de mi, te oigo llamarme todas las noches mientras duermo. Me dices que vuelva a ti y eso haré… he esperado que el tumor haga su trabajo, hace tiempo que dejé de tomar la medicación pero los médicos no me dan una fecha exacta para poder estar contigo otra vez y por eso he decidido que lo justo es morir como tú lo hiciste. Pronto estaremos juntos…
Cerró los ojos y allí se durmió, no le importó el frío… no le importó el que dirán… sólo quería volverlo a ver.
Al abrir los ojos se encontró con unos ojos azules que la miraban acompañados de una gran sonrisa. Estaba en una habitación amarilla tapada con unas sábanas blancas con unas pequeñas flores de cerezo rosa palo.
Olía como el psiquiátrico al que fue a ver a Kodachi. Si no fuera porque pensaba que estaba muerta habría jurado que estaba en un hospital.
– Hola dormilona – dijo Ranma con toda la dulzura del mundo. – Como ves todo ha salido bien.
Akane levantó su mano lentamente para tocar a Ranma, tuvo miedo que al rozarlo él desaparecería pero no lo hizo. Acarició su rostro largo rato mientras él lo miraba extrañado.
– Cualquiera diría que hace años que no me ves – ironizó él.
– Estoy enamorada de ti, te quiero, no me vuelvas a dejar – Y aunque ella quiso que aquello fuera un grito sonó a susurros. Se encontraba muy débil y tenía tubitos que la rodeaban pero aquello no impidió que se aferrara al cuello de Ranma llorando desconsoladamente, como una niña que se ha perdido y no encuentra a sus padres.
Ranma le devolvió el abrazo y la consoló. Cuando ella logró tranquilizarse llamó a un doctor para que la revisara.
Cuando el doctor le aseguró que estaba todo en orden y que aquello parecía un milagro Ranma explicó a Akane que hacían allí.
Hacía casi un mes que estaba en coma, después de su aventura en la playa la llevó al hospital y estuvo ingresada. Le tuvieron que hacer una operación de urgencia porque encontraron un tumor en su cabeza que lograron extirpar. Aún así ella no recuperó el conocimiento hasta unos días después que empezó a hablar en sueños y delirando sobre bodas y pastelitos.
Algo pasó que hizo que dejara de hablar. Los médicos no entendían nada ya que la operación había ido bien y parecía que la paciente progresaba. Ranma le explicó que él estuvo allí día y noche. Un buen día empezó a explicarle cosas que le pasaban, cosas que le contaban… cualquier cosa era buena mientras oyera una voz conocida, le dijo un doctor. A veces intuía una sonrisa en el rostro de Akane pero no despertaba.
Akane se sentía aturdida por toda aquella información y pudo notar un vendaje en su cabeza mientras él le contaba todo aquello. Empezó a entender las cosas, cuando dejó de delirar fue cuando él murió en "su sueño". Las voces que creía oír eran ciertas… aquellas que le pedían que volviera a él. Ranma la salvó otra vez sin saberlo.
– Gracias por todo Ranma, creo que volví gracias a ti – dijo Akane cuando Ranma acabó su relato.
– Sé que tú hubieras hecho lo mismo por mí – contestó él con cierta petulancia.
– No seas tan creído Saotome – dijo Akane mientras pensaba que por él sería capaz hasta de acabar con su vida. – Y prométeme una cosa. Jamás de los jamases comerás pastelitos hechos por mi.
– ¡Lo prometo! – exclamó Ranma emocionado sin saber a que venía aquella petición. Lo único que sabía es que ya no tendría que comerse esa basura que cocinaba ella…
Iba a preguntar el por qué cuando ella le dio un beso.
Nodoka, Gemma y Soun entraron por la puerta en ese momento. Soun se puso a llorar y Nodoka abrazó a Akane mientras Gemma gritaba emocionado que al fin habría boda.
Fin
Sé que he tardado mucho…y como decía al inicio del capítulo: no me odiéis!
He tenido problemas con mi conexión de Internet, con el trabajo y la salud… y sobretodo problemas con mi inspiración y aunque la historia lleva muuuuuucho tiempo escrita no me atrevía a publicar. La verdad no me convencía el final que, al final sin saber si hice bien o no, cambié porque a veces te hartas de llorar demasiado y no os lo merecéis y menos los que lleváis tiempo queriendo un final decente para esta historia. Aquí tenéis el resultado! Espero hayáis disfrutado de la lectura, a mi me costó la escritura mis musas se fueron y hace tiempo que no me acompañan…
Besos enormes y espero volver algún día, ya tengo alguna historia nueva rondando por mi cabeza :)
