5º El secuestro

Nueve años después

El carruaje recorría las calles del pequeño pueblo con lentitud, el traqueteo de las ruedas era lo único que se escuchaba en las calles a esas horas de la mañana. En su interior, Alice dormía sobre el hombro de su hermano mayor Edward, al igual que en los asientos de en frente lo hacían los gemelos Rosalie y Jasper Hale, sobrinos del gobernador.

Edward observaba las pequeñas casas desde la ventanilla del carruaje, en breves momentos cogerían un barco que los llevaría a Inglaterra, donde en menos de un mes se desposaría con la hija del gobernador, Tanya Vulturi.

Edward suspiró, su familia pasaba por apuros económicos, y con la intención de ayudar, su tío Eleazar había concertado su compromiso, sin consultar a nadie, haciendo que sus padres no pudieran echarse atrás, y obligándolo a él a seguir adelante con la boda.

El carruaje paró en cuanto llegó al muelle, los cuatro bajaron de él con el cansancio reflejado en el rostro, Edward sintió como temblaban sus piernas al ver el barco que le llevaría a su destino, quiso echar a correr, pero el brazo de Alice apretándole con fuerza le hizo coger fuerzas.

-Yo estoy contigo Edward- Le susurró al oído- No te preocupes, encontraremos una solución.

-No te preocupes, futuro primo- Dijo Rosalie, viendo temor en su rostro- Antes de que te des cuenta estaremos en Inglaterra y mi prima se desposará contigo, tal y como debe ser.

-Si, claro.

Edward bajó la mirada, sintiéndose mareado por momentos, Jasper cogió el otro brazo de Edward con fuerza, le dedicó una leve sonrisa y lo animó a entrar.

-Querido amigo, se que es difícil pero debemos subir y continuar con los planes de nuestros tíos.

-Para ti es fácil decirlo, no es tu vida la que quieren arruinar- Suspiró desolado.

-Es cierto, pero tampoco me dejan que elija a mi esposa, así que en algún momento estaré en tu situación.

Resignado, y con su hermana y su amigo acompañándolo, Edward cogió fuerzas y comenzó a subir por la pasarela, el barco del gobernador "El esplendor" los llevaría directos a Inglaterra, donde ya los esperaban sus padres y su tío Eleazar, al que odiaba desde que había provocado esa situación.

Desde la popa del barco, Edward abrazando a Alice observaba como se alejaba el pueblo en el que había vivido toda su vida, el pueblo en el que nació y se crió, todo lo que le importaba estaba en aquel pueblecito lluvioso, y no tenía más remedio que olvidarse de todo para aceptar su nueva vida en Inglaterra, junto a una mujer que apenas conocía y que le dio la impresión de codiciosa, malcriada y controladora.

Sus padres no lo estaban pasando mejor que él con la situación, su padre especialmente, que había tenido que abandonar la búsqueda de Isabella debido a la situación económica que pasaban y veía como su madre se sentía destrozada por eso.

Y entonces se percató de algo, en cuanto se uniera a Tanya se vería obligado a incumplir la promesa que se hizo siendo tan solo un niño, la de hacer todo lo posible por encontrar a Isabella y ver feliz a su madre, pues bien sabía que el gobernador no le permitiría moverse de Inglaterra sin Tanya y mucho menos en busca de otra muchacha.

Alice consiguió conducirlo hasta el comedor donde un pequeño banquete estaba preparado, Rosalie los esperaba ya sentada a la mesa, mientras que Jasper estaba en pie, esperándolos. Edward acompañó a su hermana a su asiento, junto a Rosalie, después él fue junto a Jasper y ambos se sentaron también.

-Habéis tardado mucho- Se quejó Rosalie sin dirigirles la mirada.

-Si, lo lamento, Edward y yo nos estábamos despidiendo de nuestro hogar.

-No se porqué le tenéis tanto cariño, es un lugar frío y lluvioso- Añadió Rosalie- Me parece un lugar horrible.

-Sin embargo para mi hermano y para mi es un lugar maravilloso donde hemos pasado los mejores momentos de nuestras vidas.

-Chorradas, en cuanto probéis la vida de Inglaterra os daréis cuenta de la penosa vida que habéis tenido en este lugar- Dijo con desprecio.

-Rosalie, modera tu lenguaje- La regañó con severidad Jasper- ¿A que se debe esta hostilidad?

-Se debe a que este estúpido no sabe apreciar lo que nuestra familia hace por la suya y el gran honor que tiene al desposarse con Tanya.

-Para mi no es ningún honor casarme con ella, y si lo hago es por mi familia, y bien poco me importa que te hayas sentido ofendida por mi, realmente creo que eres una mimada al igual que Tanya- Respondió Edward intentando permanecer tranquilo.

-¿¡Como te atreves!?- Miró a su hermano- ¿¡Lo has oído!? ¡Me ha llamado mimada!

-Rosalie, cállate y come, y haz el favor de no insultar a mi amigo y a su hermana, ¿entendido?

Rosalie se sintió ofendida y traicionada por su propio hermano, Jasper siempre había defendido sus rabietas hasta ese momento. En silencio continuaron comiendo y poco después se retiraron a sus recámaras a descansar.

Cerca del atardecer, el barco se zarandeó de un modo extraño, se escucharon ruidos y golpes en cubierta. Preocupado, Edward caminó con sigilo hacia allí, descubriendo a un montón de hombres saqueando el barco.

-¡Mirad lo que me he encontrado en el salón de cubierta!- Gritó uno de aquellos hombres entusiasmado mostrando a Alice y a Rosalie- ¡Dos hermosas jóvenes!

Edward estaba dispuesto a salir a enfrentarse a ellos cuando notó unos fuertes brazos agarrándolo, impidiéndole la movilidad. Otro hombre arrastraba a Jasper hasta donde él estaba y los sacaban ante los demás.

-¡Pues yo me he encontrado dos ratas! ¿Qué hacemos con ellos?

-Yo propongo subir a las jóvenes damas a nuestro navío y a los chicos tirarlos al mar- Propuso el más joven del grupo.

Los demás gritaron entusiasmados, agarrando con fuerza a Alice y Rosalie, mientras arrastraban a Edward y Jasper hacia el borde del barco. Los maniataron para hacer más difícil el que pudieran sobrevivir, y los subieron a la baranda del barco riendo con ganas.

-¡Deteneos!- Gritó una voz femenina, todos se giraron hacia ella, incluidos Edward y Jasper- ¿Quien os ha autorizado a realizar semejante acto?

-He sido yo- Respondió el joven muchacho.

-¿Y con que derecho das esa orden? ¿A caso crees que puedes hacer lo que te venga en gana?- La chica de unos quince o dieciséis años, observó a las chicas y a los hombres- ¿Desde cuando nosotros hacemos ese tipo de cosas?

-Venga, si era solo para divertirnos.

-¿Para divertirnos? ¿Y por qué no saltas tú, a ver si te diviertes también?- Respondió ella con sarcasmo- Dije que solo había que subir y saquear, sin que nadie se enterara, sin víctimas, sin rehenes, y tú te has tomado mis órdenes a la torera- La chica cogió a aquel muchacho de sus partes íntimas con brusquedad y apretó, causándole un gran dolor- Espero que sea la última vez que sucede algo así Jacob.

-Si, capitana- Respondió él con la voz entrecortada por el dolor que sentía.

-¿Y los demás lo habéis entendido o tengo que repetírselo a alguno?- Hubo un silencio sepulcral- Bien, en ese caso, coged las cosas de valor que encontréis y subidlas a nuestro barco, y con respecto a ellos- Miró a los cuatro prisioneros- Han visto nuestros rostros, así que no podemos dejarlos marchar, los subiremos al barco hasta que decida que hacer con ellos, a la tripulación dejadla, están todos inconscientes- La muchacha habló con autoridad y de inmediato todos los hombres se movilizaron- Emmet, llévalos a mi camarote.

Un hombre corpulento cogió con un brazo a Edward y a Jasper y con el otro a Alice y Rosalie, caminó sin ningún problema hasta la tablilla que comunicaba los dos barcos, la cruzó sin dificultad y los llevó por la cubierta de aquel gran barco hasta los aposentos principales. Una vez allí, bajó a las mujeres sobre la cama y sentó a los hombres en dos sillas, se colocó junto a la puerta con los brazos cruzados, asegurándose de que ninguno de ellos intentara salir.

Escucharon gran revuelo cuando los hombres subieron de nuevo al barco, la chica entró en su camarote, seguida por algunos de los hombres que los habían asaltado. A la luz de la vela que iluminaba la estancia, la chica parecía poca cosa, flacucha y pálida, vestía con ropas de hombre, aunque eso no disimulaba las curvas de su cuerpo. Sin decir palabra, cogió una silla, puso el respaldo de cara a los prisioneros y se sentó a horcajadas en ella, mirándolos, examinando sus rostros.

-¿Quien es usted?- Preguntó Edward, un poco nervioso por el silencio que reinaba.

-¿Qué quien es? ¿No sabes quien es?- Preguntó el chico que casi los tira por la borda- Es la capitana de este barco, el temor de la marina, el azote de los siete mares, Bella, la espada del mar.

-¿Qué vais a hacer con nosotros?- Preguntó Alice temblando de miedo.

-Yo quiero divertirme un ratillo- Dijo otro de los hombres- Las dos chicas tienen muy buena pinta.

-¡Eh! ¡No seas avaricioso! ¡Yo también quiero probarlas!- Empezaron a gritar uno detrás de otro.

-¡Silencio! ¡Todos!- Ordenó la joven y todos callaron al instante- ¿Desde cuando sois así? ¿Veis dos caras bonitas y se os baja el cerebro a los huevos?- Todos bajaron la cara avergonzados- Salid y disponed dos camarotes para nuestros invitados, por el momento viajarán con nosotros.

-Ya habéis oído a la capitana, largo de aquí- Ordenó el muchacho sacándolos a todos.

-Tú también Jacob.

-¿Qué? ¿Crees que te voy a dejar sola con esos dos...?- Protestó.

-¡Ellos están aquí por tu culpa! ¡No acataste mis órdenes y lo jodiste todo! ¡Lárgate antes de que me arrepienta y te de tu merecido!- Jacob apretó los puños, furioso porque le hablara así delante de los prisioneros- Además no debes preocuparte, Emmet estará conmigo.

-¿Emmet? ¿El nuevo? ¿Vas a confiar en él antes que en mi?

-¡LARGO!- Gritó enfadada por el descaro de Jacob. Emmet lo sacó a empujones de allí y cerró la puerta, colocándose ante ella para que nadie entrara a molestar- Gracias Emmet- Bella se acercó a donde estaban los hombres, los desató sin más, luego fue hasta las mujeres, las soltó y les entregó unas mantas, las chicas corrieron a los brazos de Edward y Jasper.

-¿Qué van a hacer con nosotros? ¿Qué quiere? ¿Por qué nos hacen esto?- Rosalie estaba apunto de sufrir un ataque de pánico.

-Cálmese, no voy a hacerle ningún daño, ni el resto de mi tripulación tampoco.

-¿Y pretende que creamos en su palabra como si nada después de habernos secuestrado?- Jasper estaba muy tenso- ¡No son más que un atajo de piratas sin escrúpulos!- Emmet lo cogió con brusquedad de la solapa de la camisa y levantó el puño dispuesto a golpearlo con fuerza.

-No Emmet, no te preocupes- Bella paró su brazo con delicadeza, antes de girarse hacia ellos- ¿De verdad cree que somos eso que dice?- Sonrió abiertamente- O no ha visto piratas antes o está acojonado- Jasper frunció el ceño- ¡Si fuéramos como usted dice no estarían con vida ni a bordo de mi barco en estos momentos! ¡Así que mida un poco sus palabras porque soy honrada pero mi paciencia tiene un límite!

-¿Qué quiere de nosotros?- Habló Edward con calma- Si no nos necesita, ¿qué pretende hacer?

-En realidad, no tengo muy claro lo que voy a hacer, pero no podía dejaros en aquel navío para que dierais la voz de alarma al gobernador, solo cogemos lo necesario para sobrevivir.

-¿Y puedo saber a donde nos dirigimos o cuanto tiempo estaremos a bordo?- Preguntó Edward con total tranquilidad.

-Nuestro destino está a varios meses de viaje, dos al menos, puede que más, tenemos que alejarnos todo lo posible hasta no correr peligro cuando os dejemos marchar, y con respecto a donde, el nombre no voy a decirlo pero vamos camino a un hermoso paraje que nos sirve de lugar de descanso.

-¡Mi tío el gobernador os encontrará y os lo hará pagar! ¡Este hombre va a casarse con mi prima Tanya, la hija del gobernador! ¡Estáis perdidos!

-¿No me digas?- Bella empezó a reír como si la vida le fuera en ello- ¿No sabes en que barco estás preciosa?- Bella continuaba riendo- ¿Te suena de algo el "Tempestad"?- Rosalie se quedó pálida- Se lo quité a tu querido tío cuando tenía tan solo siete años en mi haber, así que no me hagas reír, y con respecto a la boda de tu primita y este hombre, me temo que por el momento tendrá que aplazarse- Siguió riendo- Emmet, llévalos a sus camarotes y asegúrate de que ninguno de nuestros hombres intenta hacer alguna estupidez- Él asintió y los acompañó, no los cogió y los empujó, simplemente les indicaba el camino, sin abrir la boca, sin mirarles, solo señalaba.

Alice y Edward entraron en uno de los camarotes y Rosalie y Jasper en el contiguo, Alice estaba muy asustada, se tumbó temblando en la cama y Edward la abrazó intentando calmarla, la besó en la mejilla y la acarició en los brazos hasta que ella cayó rendida de sueño.

Él, sin embargo, tenía la mente algo dispersa, sin saberlo, aquella mujer pirata había conseguido hacerle el hombre más feliz del mundo, había evitado la boda que tanto temor le causaba y de manera que no podrían echarle la culpa por intentar estropearla.

Aquí tenéis el siguiente, espero que os guste.

Muchas gracias a todos los que os habéis molestado en dejar reviews, la verdad, me han animado mucho para seguir escribiendo, que estaba un poco falta de inspiración.

¿Qué os parece Bella? ¿Os habéis fijado en Emmet? ¿Como creeis que será la convivencia en el barco? ¿Alguien se aventura a adivinar que va a suceder?

Como en el capítulo anterior, a los que se tomen la molestia de dejar un review les mandaré un adelanto dl siguiente capítulo, que subiré en dos días. Y por favor, si os decidís a mandarme un review, no lo hagáis solo por el adelanto, que algunos me han mandado una palabra como review.

Nos leemos pronto