14º La verdadera cara de Eleazar

Carlisle los acompañó escaleras arriba, los condujo hasta un pequeño salón que comunicaba las habitaciones de sus dos hijos y la suya propia, los dejó allí hablando y se dirigió en busca de Esme, no se sorprendió al encontrarla en la biblioteca, ese era su refugio.

Entró sin hacer ruido, ella estaba en pie, mirando por la ventana, sin ser consciente de que él estaba allí. Con sigilo llegó hasta ella y envolvió su cintura con sus brazos, aspirando el aroma que ella desprendía.

-Como echaba de menos sentir tu calor.

-¿Carlisle?- Ella se giró hacia él- Pero... ¿Cuando... Cuando... Cuando has vuelto...?

-Hace unos minutos, el gobernador nos ha dejado retirarnos para verte.

-¿Os ha dejado? ¿Eso quiere decir que...?- La sonrisa de Carlisle le sirvió de respuesta- ¿¡Donde están!? ¿¡Donde!?

-Están en el salóncito que comunica los dormitorios

Carlisle no tuvo tiempo de explicarle nada, ella salió corriendo hacia allí, abrió la puerta de golpe y saltó a los brazos de su hijo Edward y su hija Alice.

-¡Por fin estáis a salvo! ¡Tuve miedo de no volver a veros!

-En realidad, nunca hemos corrido peligro, madre- Sonrió Edward- Por lo rápido que has venido, creo que no has dejado que padre te explique nada.

-No, no he podido- Carlisle entró y cerró la puerta tras él.

-¿Qué hay que explicar?

-Madre, déjame que te presente a Bella Swan, la espada del mar- Edward señaló a Bella y esta hizo una pequeña reverencia.

-¿Bella? ¿Pero ella no es... No es la que os secuestró? ¿Qué hace aquí? ¡Debería estar presa!

-No madre, deja que te explique todo lo que ha ocurrido- Edward le contó toda la historia, desde el momento que zarparon hasta que habían desembarcado en Inglaterra- Así que, como ves, ella no es quien creías, y es más, ahora forma parte de la familia.

-Entonces, ¿tú eres Isabella?- Bella asintió- ¿La hija de Reneé?- Otro asentimiento- ¿Y te has casado con mi hijo?

-Así es, señora Cullen.

-¡Gracias a Dios!- Se acercó a ella y la abrazó- Llevamos tanto tiempo buscándote que no puedes hacerte una idea de lo feliz que me siento.

-¿Eso quiere decir que no le importa mi pasado?

-Después de lo que me han contado, y siendo ya la esposa de Edward, no podría ser capaz de reprocharte nada, ahora eres una hija más.

-Gracias señora Cullen- Bella le devolvió el abrazo con total sinceridad- No sabe lo nerviosa que estaba al pensar que usted no aprobara esto.

-Claro que lo apruebo, nunca he querido que Edward se casara con Tanya Vulturi, y mucho menos si ha encontrado a su verdadero amor- Esme se giró hacia Alice y Jasper- Y por lo que parece, tú también eres ahora hijo mío.

-Así es señora- Jasper besó su mano- Adoro a su hija con todo mi ser.

-Me gustaría que me contarais más cosas de vosotros, de vuestra vida, quiero conoceros mejor.

-Esme, tesoro, ¿por qué no lo dejamos para mañana? El viaje ha sido largo y estamos todos cansados- Le sugirió Carlisle.

-Ordenaré que preparen baños para todos- Dijo Rosalie caminando hacia la puerta con una sonrisa al ver aquella reunión familiar tan emotiva.

-Oh, no querida, tú también debes descansar, yo me encargaré.

Esme se encargó de todo mientras ellos se acomodaban en sus habitaciones, Bella y Edward ocuparon la habitación que había sido preparada para él semanas atrás, cuando se esperaba que contrajera matrimonio con Tanya.

Unos sirvientes se adentraron en el baño de la habitación y prepararon la tina, después los dejaron a solas. Edward arrastró a Bella hasta allí y lentamente retiró su vestido, la dejó totalmente desnuda y la introdujo en la tina, él hizo lo mismo y se unió a ella en el agua caliente.

Disfrutaron de un baño lleno de besos, caricias, entrega, placer y amor. Después se tumbaron en la cama, no quisieron salir a comer o que les subieran nada, se tumbaron en la cama y durmieron abrazados el uno al otro.

Alice y Jasper hicieron algo parecido, disfrutando de las comodidades que tenían en aquella gran mansión. Rosalie, por el contrario, se asomó a la ventana y dejó derramar alguna lágrima al pensar en Emmet, como lo echaba de menos, cada día se le hacía más duro pensar en que aun tardaría un tiempo en volver a su lado.

Carlisle y Esme, abrazados el uno al otro, se mecían frente a la chimenea, ambos en pie sentían el calor del ser amado, y sonreían. Las semanas de búsqueda habían sido un infierno para ellos, acostumbrados a amanecer juntos, amando cada momento juntos que habían disfrutado en el pasado, esas semanas habían sido un tormento.

-¿Eleazar os ha visto ya?

-Estaba con el gobernador cuando hemos llegado- Respondió Carlisle- No se como se lo habrá tomado, la verdad.

-¿Y que ocurre con Bella? ¿El gobernador tomará represalias contra ella?

-Él no tiene ni idea de quien es ella- Besó sus cabellos- Por eso debes llamarla siempre Isabella, y nunca hablar de su pasado, todos piensan que ella era una cautiva.

-Está bien- Sonrió ella- ¿Volveremos pronto a casa? Ahora que ya no nos ata nada aquí, quiero volver a nuestro hogar.

-El gobernador quería conocer y hablar con Bel... con Isabella, como su madre había sido una dama de la corte muy reconocida y él la tenía en alta estima, quiere que le sea entregada su herencia cuanto antes, una vez eso ocurra, nos marcharemos a Forks para no volver.

-Eso espero, tengo ganas de volver y abandonar este lugar lleno de frialdad y avaricia.

Se besaron, fueron hasta la cama y abrazados se durmieron sonrientes, sintiendo que pronto se acabaría todo y podrían ser felices igual que lo habían sido antaño.

A la mañana siguiente, Esme se levantó temprano, estaba entusiasmada por colmar de atenciones a sus hijos y a los nuevos integrantes de la familia, incluso a Rosalie, Carlisle le había contado como había cambiado aquella joven al pasar el tiempo en el barco. Bajó a las cocinas y dio órdenes de que prepararan un desayuno especial y lo sirvieran en el pequeño saloncito que comunicaba los dormitorios. Después se dirigió a la biblioteca como cada mañana y mientras esperaba a que fuera la hora del desayuno, cogió un libro y comenzó a leer sin perder la sonrisa.

-Te veo muy contenta- Escuchó la voz de Eleazar muy próxima a ella, levantó la mirada y lo vio en la ventana mirándola con seriedad- ¿Como puedes estar así de contenta después de lo que ha sucedido?

-¿Y por qué no habría de estarlo?

-¿Es que no ves lo que significa esa chica? Isabella lo ha estropeado todo- Eleazar se acercó a ella con la furia reflejada en el rostro- El matrimonio de Edward y Tanya Vulturi era la única forma de salvar a la familia del apuro económico en el que se encuentra.

-Nosotros nunca hemos estado de acuerdo con ese matrimonio, así que deja de poner a la familia de excusa y di de una vez el verdadero motivo por el que estás tan enfadado.

-No se de que estás hablando- Eleazar empezó a sudar viéndose descubierto.

-Hablo de que cuando acordaste el matrimonio de Edward sin contar con nosotros o con él, no lo hiciste por la familia, si así hubiera sido, lo hubieras consultado antes, lo hiciste porque ansiabas el control de la mayor flota que conoce el mundo- Esme lo enfrentó sin temor- Y ahora que Isabella ha aparecido y Edward se ha casado con ella, sea por el motivo que sea, te has quedado sin nada, ¿verdad?

-¿Como puedes ser tan insensible después de todo lo que he hecho por vosotros? ¡Yo os acogí! ¡Estuve buscando a esa estúpida cría por ti! ¡Lo único que teníais que hacer a cambio era casar a Edward con la hija del gobernador! ¿¡Era eso mucho pedir!?

-¡Claro que era mucho pedir! ¡No puedes hacer lo que se te antoje con la vida de los demás, por mucho que creas que has hecho por ellos!- Esme se levantó y caminó hacia la puerta.

-¡Maldita desagradecida! ¡Tus hijos y esa estúpida cría lo han estropeado todo! ¡Pero esto no quedará así! ¡Pagarán por lo que me han hecho!- Una bofetada le hizo callar, Esme le había cruzado la cara con tanta fuerza que resonó en la biblioteca.

-No puedo creer que estés diciendo esas cosas tan horribles, son tu familia, tus sobrinos, más importantes que cualquier cargo, dinero o posición- Esme aguantó las lágrimas que amenazaban con salir de sus ojos- En cuanto el gobernador nos permita marchar, volveremos a Forks, desde ese momento puedes considerarnos extraños porque no querré volver a verte nunca más.

Dejó allí a su hermano sin palabras, corrió al piso superior, entró en el pequeño saloncito donde estaban los demás sonrientes, charlando mientras la esperaban para empezar a desayunar, al verla con ese aspecto tan apesadumbrado se agolparon a su alrededor preocupados, Esme les contó lo sucedido y lloró de frustración.

A pesar de eso, una vez se hubo calmado, disfrutaron de un desayuno tranquilo y bastante ameno, Esme sonreía a cada palabra de Bella y Jasper, le parecían encantadores.

-Disculpen- Asomó la cabeza una sirviente- El señor gobernador quiere que la señora Isabella vaya a verle, quiere mantener con ella una pequeña charla.

-Dígale que iré en cuanto me arregle- El sirviente se disculpó de nuevo y salió.

-No me gusta que vayas a estar con él a solas- Se quejó Edward- No me gusta ese hombre.

-No te apures, baja conmigo si lo deseas, no ha dicho que tenga que ser a solas.

-Pues vayamos a arreglarnos para bajar.

Los dos se retiraron a su habitación para vestirse apropiadamente, bajaron hasta el despacho y se adentraron, encontrando al gobernador en compañía de su hija Tanya, que los miraba con odio.

Perdón por el retraso, he tenido un comienzo de curso complicado. por las mañanas trabajo, por las tardes estudio y lo que me queda de día lo paso con mi hija, así que como veis no doy a basto, pero no os he olvidado, intentaré subir capítulo todos los fines de semana, si puedo incluso dos, pero no lo aseguro.

¿Qué os ha parecido Eleazar? ¿Qué esperáis que suceda con Bella?

Nos leemos pronto