Disclaimer: Naruto y sus personajes son propiedad de Masashi Kishimoto

Hola, gracias por entrar n.n

Seguimos con el fic, veremos cómo le va a Shikamaru en este nuevo intento. Estoy en condiciones de informar que la historia abarcará unos diez capítulos en total, con posibilidades de posteriores drabbles dependiendo del tiempo y la aceptación.

Un abrazo grande a courtheyhime, me alegro que sigas disfrutando de la lectura, gracias por leer y comentar n.n

Disculpen por los posibles fallos y gracias por leer :D


III

Será con… ¿jazmines?


En el espacioso despacho que le habían asignado, los rollos de pergamino aparecían dispersos y desplegados en diversos rincones del piso, mientras que las carpetas con documentos se apilaban desordenadamente en sillas, repisas y sobre el escritorio. El trabajo se acumulaba –y se atrasaba- cada día, y Temari no contaba con un asistente apropiado para ayudarle a sobrellevar semejante labor, ni lo quería.

No podía evitarlo, ponía cualquier cosa en cualquier lugar, de todas formas ella se entendía. Los tratados entre Suna y Konoha no hacían más que acrecentarse y podía identificarlos por el color de las carpetas que los contenían. Asimismo, las misiones para las que ambas aldeas se habían asociado, aunque fuesen de bajo rango, abundaban, y las identificaba por ser los pergaminos. Por su parte, los acuerdos para intercambios comerciales parecían reproducirse como conejos y los localizaba por el tipo de encuadernación. En una palabra, se había convertido en toda una experta administrativa, y que el cielo la perdone por ello.

Porque sólo ella sabía cuánto añoraba volver a sostener una pelea, aunque sea con uno de sus hermanos a modo de práctica. Necesitaba entrenar, sentía que sus articulaciones se resentían por la falta de ejercicio y que sus reflejos se hacían lentos y cambiaban de objetivo. Podía tomar una carpeta azul sin mirar, pero si llegaban a lanzarle un kunai por la cabeza de seguro se lo clavarían sin mayor esfuerzo.

Sumida en esas cavilaciones, se perdió en la lectura del documento de turno y tuvo que retomar desde donde la memoria le permitió. Cuando por fin logró concentrarse de nuevo, unos golpes en la puerta le advirtieron de una futura interrupción. Suspiró resignada.

-Adelante.

Cuál no sería su asombro al distinguir el perezoso rostro de Shikamaru asomándose detrás de la puerta. Esa visita sólo podía significar que el trabajo continuaría atrasándose, y tal pensamiento la mantuvo a salvo de debilidades tales como la alegría de verlo en medio de aquel papelerío, o el alivio de poder hablar con otro ser humano en lugar de leer para sí misma.

-¿Estás ocupada?

-¿Y tú qué crees? –repuso ella.

-Puedo volver más tarde si quieres.

-Sería lo mismo –se lamentó la joven.

-Pero al menos tendrías tiempo para adelantar algo.

Entonces Temari lo pensó de veras. Observó el panorama que la rodeaba y realmente consideró la conveniente propuesta de pedirle que se marche, pero cuando se fijó en el reloj cayó en la cuenta de que llevaba horas encerrada allí sin ver a nadie. Y recién en ese momento, además, se percató de que tenía hambre.

-Pasa –dijo finalmente. Se estiró hacia atrás en la silla y se refregó un poco la cara para deshacer las brumas del agobio y despabilarse.

Cuando Shikamaru entró pudo ver que traía algo consigo, una forma conocida. Temari se quedó de piedra. Aparte del hecho de que no vería satisfecha su necesidad de comida, pues era evidente que se iniciaría un nuevo round en la reñida puja que venían sosteniendo, ese chico comenzó a darle miedo.

-Vaya, Temari "La Ordenada" –se burló él después de observar en derredor.

-¿Y eso? –preguntó ella sin hacerle caso.

-Para qué preguntas si ya lo sabes –repuso Shikamaru, colocando el objeto en cuestión sobre el atestado escritorio.

Con cuidado, el ninja quitó el papel que envolvía la maceta donde se alzaba un hermoso jazmín. Temari se le quedó mirando como boba, al igual que siempre que le ponían una planta delante de los ojos, y al notarlo, Shikamaru sonrió con satisfacción.

-Supuse que un jazmín te gustaría.

¿Gustarle? ¿Sólo gustarle? Un jazmín tan bello y con un aroma tan característico la extasiaba, la volvía loca, le disolvía la voluntad hasta transformarla en una simple entidad admiradora de la naturaleza. A diferencia del rosal de la vez pasada el jazmín había florecido, exhibía elegante y orgullosamente su belleza excepcional.

Pero luego de esos arrobados instantes, además de conmoverla, ese jazmín vino a recordarle uno de los nuevos y problemáticos roles que ocupaba en el presente, aparte del de embajadora: era una chica requerida en amores, tenía un pretendiente que la rondaba con la firme intención de conquistarla. Si eso no la convertía en una mujer con todas las letras, entonces no lo haría nada.

Y no podía culpar a nadie, se lo había buscado ella misma al ponerse a bromear en el momento menos oportuno. Nunca se termina de aprender hasta dónde pueden llegar las consecuencias de una broma, aunque haya empezado de modo casual y sin intenciones dañinas. Temari, para su desazón, lo aprendería a fuerza de flores.

-¿No piensas decir nada? –preguntó Shikamaru.

-¿Qué debería decir? –replicó ella tratando de sostener a duras penas la obstinada barrera que todavía los separaba.

Shikamaru la observó con ojos entrecerrados. Y ahí va de nuevo… Pero esta vez no lo pillaría con la guardia baja, había estado investigando y tenía bien sabidos los motivos que lo llevaron a darle esa flor en particular.

Se había levantado temprano para comprarla en la florería de Ino, donde la joven lo recibió con el mismo revuelo entusiasta de la vez anterior. De nuevo soportó sus ademanes celebratorios de amoríos ficticios, sus pueriles muestras de aprobación y sus exaltadas palabras de ánimo y buenos deseos. Al menos sólo ella se había enterado de la situación. Si era lo suficientemente astuto, podría mantenerla con la boca cerrada durante algún tiempo más.

De todos modos, el frente más importante con el que tenía que lidiar no era Ino, sino Temari. La cosa no resultaría tan fácil ni tan sencilla, no iba a ganársela sólo con flores bonitas sino con lo que tuviera para ofrecerle con cada una de ellas.

-Averigüé que los jazmines tienen diversos significados dependiendo del lugar –empezó él para demostrarle que había estado estudiando-. En algunas naciones significa belleza, en otras significa felicidad. En determinadas latitudes, además, componen las guirnaldas nupciales.

Al oír esto último Temari se removió sobre la silla, incómoda. Shikamaru, en cambio, permaneció impasible. Estaba parado del otro lado del escritorio con su característica indolencia y examinaba su rostro con cuidado para no perder de vista ninguna reacción. Al notar su nerviosismo, sonrió para sus adentros complacido del pequeño logro.

-Tranquila, no pretendía llegar tan lejos –aclaró, y ella lo taladró con la mirada. Sin hacerle caso Shikamaru prosiguió con su exposición-. De entre los diversos significados que tiene el jazmín, hay uno que me motivó especialmente a obsequiártelo hoy, y es el de la amistad.

La joven lo miró con recelo al principio, pero al final tuvo que aceptar que rezumaba sinceridad, pues ése era un bonito significado. De pasada le venía muy bien como contraargumento, ya que implicaba una evidente contradicción con los verdaderos propósitos de su galán.

-¿Dices que me regalas este jazmín en honor de nuestra amistad?

-En parte sí.

-Déjame ver si entendí –dijo Temari acomodándose en la silla-. Dices que estás enamorado, que quieres conquistarme y que lo harás con flores, pero de repente se te ocurre obsequiarme un jazmín, el cual significa… amistad. Hay algo que no me cierra, Shikamaru.

-No lo entiendes porque pasas la mayor parte del día encerrada entre estas cuatro paredes.

-No lo entiendo porque considero que la amistad y el noviazgo son incompatibles.

-No lo entiendes porque no lo piensas con detenimiento –insistió él-. Si actualmente tenemos alguna chance en el amor, esa chance nació de nuestra amistad.

Aquí Temari hizo una mueca.

-Sé lo que vas a decir.

-No, no tienes idea de lo que voy a decir.

Al verlo tan seguro de sí mismo, la kunoichi vaciló. Realmente se lo estaba tomando en serio y ella no sabía si sentirse halagada o empezar a preocuparse de veras, porque no pensaba cambiar de postura dijera lo que dijese. Desde que oyó la construcción sustantiva "guirnaldas nupciales" su corazón se había estremecido, y no quería que el asunto se tornase más inconveniente o se le fuese de las manos.

Por su parte, Shikamaru tampoco pretendía cambiar de opinión. Sabía lo que quería, y el desafío que constituía Temari se había convertido en el epicentro de sus inquietudes. Con el correr de las horas había percibido mejor la profundidad y la calidad de sus sentimientos hacia ella, aquello que hasta hace apenas unos días le parecía una idea difusa e inasible. Ahora había capturado esa idea, la había nominado, y por nada del mundo se desentendería.

-Mira, mocoso…

-Eres difícil –la interrumpió él. Al fin podía decirlo sin sentirse un idiota por señalar lo obvio.

-Pues qué bueno que lo sepas –se crispó ella, que detestaba la naturalidad con la que señalaba sus defectos. Era como si en lugar de afectarlo lo estimulase, y eso era precisamente lo que quería evitar: darle expectativas.

Sin embargo, para aumentar su descontento, Shikamaru la miró fijamente componiendo una de sus peculiares semisonrisas.

-Quise decir que me gusta –reconoció como si no hubiese absolutamente nada de malo en ello.

Ahora Temari lo miró con la boca abierta. Maldito sea él, su extraña ternura y su concienzuda franqueza al hablar con tanto cariño de su personalidad. En adelante tendría que hacer un gran esfuerzo para no dejarse vencer por ese afectuoso empeño. Diablos, ¡si al menos hubiese dicho esas palabras unos tres años atrás!

-Continúa –se resignó.

Shikamaru acomodó en el suelo las carpetas que se amontonaban en la silla correspondiente a las visitas y se sentó con apatía, aunque sin apartar los ojos de ella. No era nada fácil conmover a una mujer de su temperamento, en su interior se sintió aliviado de poseer aún la habilidad que le procuraba una nueva oportunidad para intentarlo.

-Hemos sido amigos durante años, no creo que eso esté desconectado del hecho de que me haya enamorado de ti –explicó con parsimonia-. Tampoco creo que una amistad tan sólida se eche a perder por pasar al siguiente nivel.

-No estoy de acuerdo.

-Lo sé, sólo escucha –pidió él-. No estoy tratando de hacerte cambiar de parecer, simplemente quiero exponer los hechos y razonarlos contigo.

Temari tamborileó los dedos sobre el escritorio, insegura. Sin embargo, resultaba evidente que nada de lo que dijera influiría en la determinación del chico y, por otro lado, tenía curiosidad en saber lo que le diría, por lo que volvió a alentarlo con un gesto.

-El asunto es –prosiguió entonces Shikamaru- que hemos sido amigos íntimos durante mucho tiempo. Hemos desarrollado una relación de confianza estrecha, un vínculo que no se forma con cualquier persona y por cualquier motivo. Lo que hemos forjado es único y éramos demasiado jóvenes para tener conciencia de ello. Aún ahora nos cuesta entender esa profundidad.

-Nunca he pensado en ello porque lo tomé con naturalidad –repuso ella-, nunca me pareció raro ni cuestioné lo que me unía a ti.

-Lo que creo que no terminas de entender aún es que eso no se da siempre, ni con cualquiera. Somos afortunados, Temari.

-Eso lo sé.

-¿Entonces por qué habría de sorprendernos tanto que eso cambie un poco de color?

-¿Sólo "un poco"?

-Así es –afirmó Shikamaru-. Lo único que cambió, o lo que efectivamente cambió, fue mi modo de sentirme a tu lado. La confianza, la cercanía, la camaradería, mi forma de verte y entenderte no han cambiado en nada. Lo que me une a ti no se ha modificado, sino que se ha fortalecido.

Temari se le quedó mirando con el ceño fruncido, impresionada con sus palabras. Tuvo que admitir que incluso en el terreno de los asuntos amorosos el tipo sabía usar la lógica, o al menos había progresado bastante.

Por supuesto que eso no la convencería, únicamente la ayudaría a comprender el tipo de viraje que se había operado en él, viraje que ella todavía no experimentaba, o que no se permitiría experimentar. Una amistad podía ser un buen punto de partida, pero eso no significaba que todo permanecería igual.

Observó con detenimiento el hermoso jazmín que tenía enfrente y sopesó muy bien las palabras que le diría. Cualquier intención de dañarlo estaba lejos de su ánimo, pero siempre se dirigiría a él con la más pura verdad.

-Entiendo lo que dices, y lo celebro por ti, pero yo carezco de esa certeza –afirmó-. Para mí cambiar significa también sacrificar algo.

-No creo que eso sea tan malo como parece.

-¿Estás dispuesto a sacrificar la confianza que nos une?

-¿Por qué crees que esa confianza se destruiría?

-Porque una pareja se juzga a sí misma de una forma diferente a la que lo hacen los amigos –dijo ella con cierta exasperación-. Lo que los amigos toleran sin juzgar, en una pareja se busca eliminar porque genera discordia, lo sabes bien.

-Sabremos negociar.

-Somos implacables.

-Sin embargo, los dos podemos jactarnos de apelar con frecuencia al raciocinio.

-También conocemos al dedillo nuestros puntos flacos y sabemos muy bien cómo herirnos.

-Todo eso sólo significa que nos conocemos en profundidad –señaló Shikamaru-, nos conocemos porque hemos sido amigos durante tanto tiempo que sabemos perfectamente cómo tratarnos y hasta dónde tirar de la cuerda. Una pareja que se constituyó a la semana de verse por primera vez tiene todo por aprender, en cambio en nuestro caso esa etapa está cumplida, con todo y defectos.

Reservándose cualquier comentario al respecto, esta vez Temari se levantó de la silla y dio un rodeo nervioso por la habitación. Shikamaru guardó silencio y esperó con paciencia en su sitio que la joven se sosiegue.

En el ínterin, pensó en lo extraño y complejo que puede resultar el amor. Que sea difícil nadie podría discutirlo, pero la cadena de razonamientos que tenía que remontar a veces le resultaba espeluznante y terriblemente fatigosa. Solía decirse entre la gente que el amor es irracional, pero vaya si con Temari hasta esa simple idea podía ser discutible.

En el fondo, no obstante, agradecía que así fuese. Había una razón para que ella le gustase tanto, y era precisamente por ese reto constante que le representaba, sin lugar a dudas. Si Temari valiese menos que eso, ni siquiera consideraría hacer el esfuerzo.

La kunoichi por fin se serenó y volvió a tomar asiento.

-Muy bien, supongamos que acepto esos argumentos –dijo-, supongamos que la amistad es una base muy beneficiosa sobre la cual construir una relación de pareja. ¿Qué te hace creer que podremos sostenerla en el tiempo?

-¿Qué te hace creer a ti que el amor corta o suspende una amistad?

-¿Además de lo que ya dije? Pues el hecho de que una pareja subsiste con proyectos.

-¿Y?

-¿Cuál sería tu proyecto conmigo, Shikamaru?

El ninja se le quedó mirando durante unos instantes, pensativo. Quería analizar bien la pregunta, quería entender exactamente cuáles eran sus reparos y qué necesitaba escuchar. No obstante, presintió que si respondía ahora a un interrogante de esa naturaleza se arriesgaría mucho, y no podía permitírselo.

La plática ya había llegado demasiado lejos tal vez y no quería adelantar consideraciones que podrían atentar contra la obra que con tanto cuidado estaba construyendo. Además esa pregunta debería contestarla cuando estuviesen en otra instancia, cuando ambos hubiesen dirimido ya los asuntos que les preocupaban.

-¿Aún no te dejas convencer y ya quieres saber qué puedo prometerte? No soy tan tonto para caer en eso, Temari.

-¿Entonces?

-Lo único que tienes que saber es que no dejaremos de ser amigos nunca –aseveró él-, al menos en lo que me toca.

Después se puso de pie y empezó a recorrer la habitación en silencio para darle y darse tiempo de sosiego. En cambio, Temari quedó conmocionada. Para ella también había llegado demasiado lejos esa conversación y habían removido demasiadas emociones, por lo que lo más sano por el momento sería detenerse.

Sólo entonces fue conciente de que nunca había mantenido ese tipo de intercambio, porque justamente nunca había tenido una relación con un hombre que ameritase hacerlo. Era lo más insólito que le había ocurrido en mucho tiempo, y aunque se consideraba inteligente, sabía bien que le resultaría difícil ponerle freno a la resolución de Shikamaru.

Por todos los cielos, ¿desde cuándo había tanto afán en un sujeto que las tres cuartas partes de su tiempo se las pasaba holgazaneando? ¿Y por qué tenía que haberse fijado justo en ella? ¿A qué personaje fundamental de la historia humana había asesinado en alguna de sus vidas pasadas para tener que soportar tan inesperado asedio kármico?

Volvió a mirar la planta que tenía enfrente y la aromática flor que tan bellamente la engalanaba. ¡Para colmo de males le obsequiaba flores! ¡Nara Shikamaru! ¡A ella! Sin ninguna duda, eso sólo podía significar que en cualquier momento se desencadenaría el apocalipsis…

La cabeza comenzó a darle vueltas al igual que cada vez que se sentía contrariada. Sólo él tenía la capacidad de jaquearla, de ponerle el mundo de cabeza de un momento para el otro, cuando menos preparada estaba para enfrentar la situación. Y quién podía saber hasta dónde pensaba llegar el condenado sujeto.

Si hubiese sido cualquier otro ninja habría zanjado la cuestión hacía mucho y con menos de tres palabras, pero tratándose de Shikamaru nunca podía ser tan fácil, por supuesto que no. No cuando había tanto en juego, no cuando se removían tantos sentimientos, no cuando le resultaba casi imposible permanecer incólume e invulnerable a su acecho.

¿Por qué no podía ser todo un sueño, como en las películas? Maldita sea su suerte.

¿Y ahora qué hacía el muy descarado dando vueltas por su sacrosanto despacho? Temari odiaba que las personas metieran las narices en su trabajo.

-Escucha, niñato, ya dejaste muy en claro tu postura de galán de telenovela –ironizó-, así que te agradecería que ahora no vayas por ahí husmeando entre mis cosas.

Pero el tipo pasó por alto la reprimenda. Hacía tiempo que no entraba en ese recinto y se apiadó un poco de la sobreabundancia de papeles y la escasez de elementos motivadores.

-Quién podría creer que tu despacho se halla en este desorden tratándose de la Princesa de la Arena –se mofó mientras apilaba las carpetas en diversas columnas.

-De verdad, Shikamaru, deja eso, yo me entiendo –pidió ella, levantándose a su vez para ir hasta donde estaba y frenarlo.

Cuando llegó a su lado le sacó bruscamente las carpetas que en ese momento tenía en la mano y las dejó en cualquier parte. Antes de que Shikamaru pudiese disparar algún tipo de sarcasmo, lo tomó de los hombros, lo obligó a voltear de espaldas a ella y empezó a impelerlo amablemente hasta la salida.

-Gracias por tu interés pero no te necesito para esto –le dijo mientras lo "guiaba".

Shikamaru puso cara de hastío mientras era impulsado a salir.

-Lo sé, tú nunca necesitas de nadie –admitió con aspereza.

La joven fingió no haber detectado el leve tono de reproche -y quizá también de amargura- que se traslucía en su perezosa voz.

-No quiero pelear –le dijo cantarinamente, jalando del picaporte para abrir la puerta ante la cual ya habían llegado. Luego hizo una seña con la mano, invitándolo a marcharse.

Sólo entonces el joven se volteó para mirarla de frente.

-Supongo que sabes que volveré –le advirtió en medio de un gran bostezo.

Temari le sonrió con ironía.

-Supongo que sabes dónde encontrarme –replicó, poco dispuesta a dejarse amilanar por alguien tan desganado a pesar de sus grandilocuentes intenciones de conquista.

-Algún día necesitarás algo que sólo yo pueda hacer por ti –vaticinó él.

-Seguro –se burló ella-. Ya que lo mencionas, podrías traerme algo para comer.

-Eso es problemático.

-Pues tu pereza me matará de hambre.

-Y a mí me matará tu terquedad –retrucó el chico.

-¿Me traerás algo para comer o no?

-Qué pereza –masculló él por lo bajo, sin responder con precisión. Luego se marchó.

La kunoichi no lo podía creer. ¿Terca? ¿Ella era la terca? ¿Y cómo diablos habría que clasificarlo a él? Temari se atragantó con una serie de respuestas posibles que jamás pudo emitir.

Además, ¿le traería comida o no? ¡Qué sujeto tan exasperante! Y luego pretendía que ella lo aceptase como novio… Ninguna mujer en su sano juicio aceptaría a un vago como él.

Después cerró la puerta y miró en dirección a su escritorio. El jazmín seguía allí. Se acercó despacio, hechizada, y rozó la blanca flor con un dedo. Tantos significados posibles, tantas intenciones, la determinación, la posibilidad de una vida diferente, pero de una vida que podía ser, en definitiva, la que le correspondía tener... Y una incertidumbre del tamaño del universo.

Sí, la broma había llegado demasiado lejos. Una parte de ella, la parte humana –porque hasta una jounin de su carácter tenía una parte humana, y vaya si la había estado molestando a lo largo de la conversación-, quería detenerse a contemplar lo que se le ofrecía, quería dejarse tentar, quería permitirse ilusionarse. Sin embargo, la parte más racional todavía hablaba muy fuerte y se imponía sobre cualquier consideración sentimental. Aceptar pasar al siguiente nivel, como había dicho Shikamaru, acarrearía una serie de consecuencias.

Amaba a Suna y nunca podría dejar atrás a sus hermanos, por nada del mundo. Shikamaru podía ser maduro, inteligente, atractivo, incluso encantador a su modo, pero ninguna de esas razones podrían disuadirla de trasplantar sus raíces a un lugar tan diferente del propio. Si él no lo entendía por sí mismo, entonces tendría que hacérselo entender, aunque seguir rechazándolo terminara por acarrearle sentimientos de culpa.

Porque más allá de todo lo apreciaba mucho y no quería ser cruel ni ofenderlo de ninguna manera y bajo ningún aspecto. Nara Shikamaru, su precioso amigo… No quería perderlo, ni quería perderse a sí misma.

¿Qué harías tú en mi lugar, jazmín?