Capítulo II

Encuentros inesperados

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Phineas
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¡Mierda!

El estúpido despertador comenzó a taladrarme los oídos como si fuera de plástico. Era seguro; pronto me desharía de esa porquería.
Ferb se talló los ojos y me enseñó el pulgar hacia arriba en cuanto apague al despertador; él también odiaba a ese jodido aparato.
Me levante y reaccione en dos segundos.
—¡Yo pido primero la ducha! —y me sumergí en el baño

—¿Alguien más aparte de mí se dio cuenta del camión de mudanzas de ayer? —preguntó papá.
Di una mordida al filete y rodee los ojos.
—Yo me encontré ayer con una chica que tal vez ronda por mi edad. Ella es la nueva vecina.
—¿Viene con sus padres? —preguntó papá mientras masticaba la ensalada.
—No lo sé. Yo solo la ayude a que no se le escapara una foto.
Y mi mentalidad río por dentro.

"—Muchas gracias.
"—Emm… Sí… No deberías dejar que una foto te domine y huya de ti.
"—Bueno, parece que no soy fotogénica.

Fue estúpida esa parte de la conversación, pero en el momento se me hizo divertido.
—Solo sé que se llama Isabella y que viene de Nueva York —murmure mientras bebía el jugo.
—Apuesto a que viene sola —masticó el filete.
—¡Phineas, Laurent! Me están volviendo loca. Dejen de comer con la boca llena como si jamás los hubieran educado.
—No es para tanto —comentó Ferb mientras leía el periódico.
—Gracias, Ferb —recalco mamá con ironía.

—¿Y te agradó?
—Se me hizo interesante.
—¿Pero no te gustó?
—No puedo decir que me haya gustado; es decir, apenas intercambiamos unas cuantas palabras.
Subimos al autobús y tomamos asiento en frente de Baljeet y Buffort.
—Eso significa que te agradó.
—A lo mejor.
—¿Quién? —preguntó Baljeet.
—La nueva vecina.
—Anda que, ¿nueva vecina? No sabía que andabas por esos caminos, Phineas. ¿Y Ariana? —río Buffort.
—Un momento, yo jamás dije que la vecina me gustara. Ariana es mi novia y no hay vuelta de hoja.
—¿Entonces porque venían hablando de ella?
—Ferb solo me iba haciendo preguntas acerca de cómo era ella.
—Así que es Ferb el interesado. ¿Me equivoco? —pronunció Baljeet con burla.
—En lo absoluto. No creo que tenga algo de malo fijarme en las chicas. ¿No crees eso?
Supuse que ese fue un golpe bajo para Baljeet.
—¿Y cómo se llama? —preguntó Buffort.
—Isabella —respondí.

—No porque seas él segundo chico más popular de la escuela, signifique que nos puedas abandonar.
—¿El segundo?
—Ferb es el primero.
No es como si me hubiese sentido ofendido por ello. Ya estaba acostumbrado a eso. Ferb y yo construíamos cosas materiales desde los cinco años. Desde cohetes para viajar al espacio, hasta aparatos para desafiar a la gravedad.
La segunda cosa que hacía que fuéramos populares, era que yo era el tercer mejor en Básquet Ball. Mientas que Ferb era el numeró uno en el Arco.
Ferb y yo nunca nos consideramos guapos pero, al entrar al Bachillerato, supuse que las chicas se enamoraban de cualquier tipo que veían. Por lo que ellas nos agregaron a su lista "Galanes de la Escuela"
—¿Qué más da si me voy? Además Ferb tiene su práctica de Arco y ya se tiene que ir. Buffort ira a buscar problemas y sabemos que te llevara con él.
—Eso quiere decir que te iras con ellos
—¿Qué tiene de malo? Son mis amigos. No entiendo por qué a ninguno de ustedes les agrada. Ni siquiera les agrada Django que estuvo junto a nosotros en el verano de la primaria.
—Es que él ha cambiado.
—Qué estupidez
—Y tú amigo, Danny; él jamás me fue de fiar.
—Solo porque accidentalmente mojó tú tarea de Física no deberías de porque tenerle rencor.
—¡Yo vi cómo se reía mientras yo lloraba al ver mi tarea mojada, Phineas!
—Vamos Baljeet, Danny no es así.
—De acuerdo. Has lo que quieras Phineas. Vámonos, Buffort.
—¿De cuándo acá me das ordenes?
Y se alejaron.
—¿Tú también te has enojado, Ferb?
—No —susurró—. Pero Baljeet ha dicho la verdad en cuanto a Danny —y giró sobre sus talones para dejarme solo.

—Me han informado que una alumna nueva se va a integrar al instituto —comentó Django.
—¿Y? No es como si estuviese sorprendido por ello —murmuró Danny.
—Es de nuestra edad.
—¿Cuál es la parte mágica de esto, Django? —preguntó Alex.
—Que él director le ha hecho compartir el horario de clases.
—¿Por qué haría eso? —pregunte.
—Dicen que no le dio tiempo de hacerle uno a ella.
—¿Y tú quieres ser el afortunado de compartir el horario de clases? —sonrió Luke.
—No. Solo digo que compadezco al que tenga que ver a la misma persona todos los días.
Me levanté del pasto y limpie mi pantalón.
—Ya me voy.
—Jamás vas a romper la racha de asistencia perfecta, ¿verdad? —se burló Danny.
—Efectivamente.
Di media vuelta y me fui a mi salón.
Danny era mi mejor amigo, pero a veces me sacaba de quicio.

—Phineas, ¿qué harás el lunes después de la escuela?
—Nada, creo.
—¿Vamos a dar una vuelta por el centro de Danville?
—Me parece estupendo. ¿Paso por ti a las cinco?
—Por supuesto.
—¿Quieres que pasemos juntos el descanso o quieres ir a darte una vuelta con tus amigas?
—Hoy se libre, Phineas. Ve con tus amigos.
—¿Segura?
—Sí. Jane me quiere contar una nueva oportunidad con Ferb. Ya sabes cómo se pone cuando el tema se centra en él.
—Sí. Entonces me voy —le di un rápido beso fugaz en los labios—. Nos vemos después, Ariana.
—Claro.
Al salir del salón, fui en busca de Ferb

—¿Estas ocupado?
—No, el entrenamiento ha terminado. ¿Qué sucede?
—Tengo noticias de ella.
Se sentó en la banca y me miro esperando respuestas.
—Hay posibilidades de que ella entre a éste instituto. Si es ella la alumna de intercambio, significa que es ella a la que le harán compartir el horario de clases. Es de nuestra edad por lo que sé. Así que puede que a ti te hagan compartir el horario de clases.
—Tiene sentido. ¿Pero por qué crees que ella es la estudiante de intercambio?
—Analízalo bien y veras que tiene sentido.

Al regresar a casa, me encerré en mi cuarto. Ferb tomó su guitarra y comenzó a tocar una canción española pero lenta y relajante.
Estaba fastidiado. En las últimas horas no había dejado de pensar en Isabella ya que buscaba información para Ferb.
Un segundo.
Solo ella me invadía la cabeza. Y su aroma a Lirios me estaba atontando.
Ferb me las pagaría; por su culpa no podía sacarme a una desconocida de la cabeza.
Dos segundos.
En cuanto Ferb dejara de tocar la guitarra, lo mataría.
Tres segundos.
Si Ferb no dejaba de tocar la guitarra, me iba a terminar enamorando de Isabella.
Cuatro segundos.
Los segundos más relajantes de mi vida.
Cinco segundos.
No bastaba decir algo más; eso sería absurdo. Las posibilidades de que, si llegamos con mucha tranquilidad a la escuela y hablamos de más, eso era más que suficiente para mi día; no necesitaba más palabras. El día había terminado, y no era necesario decir algo más, tenía que esperar a las bellas locuras y travesías de nuestro siguiente día.

Cuando me despedí de mi mamá el lunes por la mañana, sentí emoción.
—¡Motos semi acuáticas y semi terrestres voladoras! —grite mientas Ferb y yo apretábamos un botón de nuestro reloj digital y aparecieron dos motos oscuras flotando en el aire.
Nos subimos en ellas y nos dirigimos a la escuela.
Un lunes sin ir en el autobús.
Cuando llegue a mi primera clase que era Calculo Integral, Ariana me saludó con un beso y charlamos un rato.
En cuanto llego él maestro, todos se fueron a sus lugares.
—Buenos días. El día de hoy nos acompaña una alumna de intercambio. Ella viene de Nueva York. Sean amables con ella. Pasa.
Y supe que al fin había encontrado mi distracción.
Antes de mencionárselo a Ferb, jugaría un rato.
En cuanto Isabella me miró, yo le sonreí con todas mis intenciones saliendo a relucir.

Continuara…